Sacerdote Jesús María Mejía Bustamante

Por: José Fernando Flórez Álvarez, Miembro de Número y vicepresidente.

De Sonsón y de la propia entraña del pueblo llegó el más grande forjador del alma de Envigado para dejarle a esta ciudad como herencia: su vida consagrada, su ejemplo y una obra meritoria que todavía se recuerda.

Nació este noble sacerdote el 8 de julio de 1845, en Sonsón (Antioquia). Hijo de Don Pedro y de doña Januaria. Abuelos paternos: Miguel Mejía y Rita Aristizábal; abuelos maternos: Ignacio Bustamante y Josefa Duque.

Inició sus estudios primarios en la escuela de su tierra natal, donde también se dedicó a las labores del campo para ayudar a sus padres que vivieron con él la pobreza. En Manizales aprende sus primeras lecciones de latín con el Párroco José Joaquín Baena, oriundo de Abejorral. En 1865 ingresa al Colegio de Jesús en Medellín donde tiene el privilegio de contar como su maestro al Doctor Pedro Justo Berrío y entre sus compañeros de clase al periodista y literato Don Fidel Cano Gutiérrez, con él cual conservaría una gran amistad por vivir éste en la Fidelena de Sabaneta.

El 17 de diciembre de 1868 recibe las primeras órdenes y es nombrado Prefecto de estudios del Seminario. El 7 de marzo de 1869 es ordenado sacerdote en Medellín por Monseñor Valerio Antonio Jiménez y tiene su primer contacto con Envigado en la Semana Santa de ese año, cuando acompaña al Padre Liborio de Hoyos en los oficios litúrgicos de la Parroquia de Santa Gertrudis, antes de viajar a Manizales para presidir su primera eucaristía, el 15 de abril.

De regreso a Envigado, fue nombrado cura excusador para ayudar al Padre Julián María Upegui, mientras iba al Seminario a complementar sus estudios eclesiásticos. El Padre Mejía ejerció como Prefecto general del Seminario del 1 de Febrero de 1874 hasta el 12 de junio del mismo año, cuando fue nombrado Párroco de Jericó y posteriormente lo fue de Aguadas (hoy, Departamento de Caldas). Luego, se dedicó a la enseñanza del Evangelio en misiones populares, antes de ser nombrado Rector del Colegio Oficial de Manizales.

El 29 de noviembre de 1880, el tercer Obispo antioqueño que rigió la diócesis de Medellín, Monseñor José Ignacio Montoya (1816-1884), oriundo de la Ciudad Señorial, lo nombra en propiedad como Párroco de Santa Gertrudis de Envigado, permaneciendo en este cargo hasta el 3 de junio de 1918. A partir de este año, el Arzobispo Manuel José Cayzedo lo nombra Canónigo de la Catedral Metropolitana de Medellín.

El Padre Mejía Bustamante dejó como su principal obra en la Ciudad Señorial, el templo parroquial de Santa Gertrudis. A esta obra grande de la arquitectura religiosa antioqueña le invirtió más de 20 años de esfuerzos, antes de su consagración por manos de Monseñor Joaquín Pardo Vergara, el 25 de Febrero de 1897.

A esta obra se une, la colocación de la primera piedra para el templo de Santa Ana de Sabaneta, el 27 de Agosto de 1896, estableciendo las bases para la fundación de esta pequeña porción de territorio que hoy avanza, luego de ser municipio en 1968, para convertirse en una pequeña ciudad. Mientras el Padre Jesús María estuvo de Párroco, Sabaneta recibió su asistencia espiritual. En uno de sus viajes a Europa, trajo los planos para la construcción de lo que él llamó la Capilla de Sabaneta. Atendiendo la sugerencia del Padre Clemente Guzmán (1840-1920), sacerdote sabaneteño y Párroco muchos años de Apía (Caldas), había solicitado la autorización eclesiástica para la construcción de un templo en la fracción de Sabaneta, en honor de Santa Ana y del Sagrado Corazón de Jesús.

Su contacto permanente con Don José María Ceballos Botero (el maestro marinillo), con doña Adelaida Correa Estrada (educadora envigadeña) y con la familia de Don Fidel Cano hicieron posible que el templo estuviera en uso antes de su muerte. El Padre Mejía, decía la Señorita Paulina Garcés, lideraba los remates de San Isidro y los convites para recoger fondos y avanzar en la construcción de la obra.

El benemérito sacerdote se asoció con el gramático Alejandro Vásquez Uribe y el también educador Alejo María Marulanda para iniciar el Colegio de Jesús, donde dictó clases el ex presidente Marco Fidel Suárez. El Hospital, el Colegio de la Presentación y  el Templo de Santa Ana de Sabaneta fueron obras que tuvieron la impronta de tan benemérito sacerdote.

Durante su curato, trajo a las Hermanas Dominicas de la Presentación y fueron muchas las vocaciones sacerdotales y religiosas que nacieron para la vida de la Iglesia. Como bien lo dice Don Sacramento Garcés: “…Fue incansable centinela de la moral pública y celoso operario de la viña del Señor…”

Durante su curato, el templo de Santa Gertrudis se vio engalanado con el retablo del altar mayor, el púlpito, la imaginería religiosa europea y con el órgano que trajo del viejo continente en 1909, uno de los pocos existentes en tierras de América.

Dejó el Padre Mejía un inmenso legado espiritual. Fundó organizaciones piadosas para la mujer, para el hombre y para los jóvenes. Promovió las vocaciones religiosas y acrecentó la práctica de las virtudes cristianas. Se destacó como excelente orador

Fue el Padre Mejía un hombre culto, que aprovechó el púlpito como herramienta educativa, sembrando semillas de amor y  de esperanza para todos los habitantes del lugar. Como gran educador, amo entrañablemente la educación. Como buen cultor del arte, promovió los coros y en general la música. Benigno A. Gutiérrez en su libro “De todo el Maíz” lo menciona como parte de un grupo ocasional de serenateros en Sonsón, siendo todavía adolescente. Fue un hombre con sensibilidad artística: amante de la lectura sana, la pintura y el teatro.

Su amor por los pobres lo llevó a la fundación de la obra solidaria más grande que ha tenido Envigado, la Sociedad de San Vicente de Paúl. El 28 de julio de 1883 se puso al frente de un grupo de apóstoles de la caridad, entre los cuales sobresalían: Don Pascual y Don Juan de Dios Ochoa, Don Tristán M. Ossa y Don Alejandro Vásquez Uribe. Durante 35 años, el Padre Mejía orientó la obra vicentina, dejándola con 50 socios activos y 82 contribuyentes, antes de llenar la vacante de Canónigo de la Venerable Curia Arquidiocesana, por el fallecimiento de Monseñor Ángel María Gómez Ángel, el 3 de junio de 1918.

Envigado lo recuerda por el papel protagónico en la fundación de la empresa Rosellón en 1912, empresa que tuvo como su primer gerente Don Roberto Medina. Inolvidable para la Ciudad Señorial el acompañamiento espiritual del virtuoso sacerdote a la población obrera que allí ganaba su sustento, en los albores de la industria local.

Modeló el Padre Mejía el carácter y modo de ser envigadeño. Fue un párroco ejemplar, un pastor de almas, un alma consagrada al sagrado ministerio; de consejo oportuno, fue un guía, un maestro, un padre de todos. Llamaba la atención con una autoridad que nadie discutía.

Viajó tres veces al Viejo Continente y las experiencias de estos viajes las consignó en un libro titulado: “Reminiscencias de un viaje a Jerusalén”.

Con ocasión de las bodas de oro sacerdotales en 1919, el Papa Benedicto XV felicitó al Padre Jesús María y le otorgó la bendición apostólica, extendiéndola a toda su familia.

El 14 de marzo de 1918 le había entregado el curato de Santa Gertrudis de Envigado al Padre Isaac Ángel Uribe, sobrino del  médico historiador Manuel Uribe Ángel. Como Párroco benemérito de la Ciudad de las Palomas, estuvo al tanto del acontecer de Envigado, mientras ejercía como Canónigo de la Catedral.

El Padre Jesús María muere el 21 de Febrero de 1927 en Envigado, dejando en el corazón de los envigadeños un recuerdo que perdura por lo que hizo, enseñó y dejó como legado espiritual a los habitantes del Balcón de la Raza.

Envigado mantiene vivo el recuerdo del Padre Mejía en la estatua de bronce que preside el atrio de la iglesia principal y también conserva sus cenizas, junto con las de su progenitora, Doña Januaria.

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