Envigado durante la dominación española

Por Edgar Restrepo Gómez, Historiador.

Para entender el desarrollo de Envigado durante la corona española se ha establecido una convención cronológica y espacial entre los historiadores,  entre la etapa rural, mucho más antigua y primera con la apertura de caminos y tierras y la urbana, con la creación de la plaza, las manzanas y las primeras calles. La primera comprende entre  1600 y 1776, y la segunda, desde este año hasta el presente.

La ocupación del Valle del Aburrá comienza con la encomienda del conquistador Gaspar de Rodas, en 1574, obtiene del cabildo de Santa Fe de Antioquia, tres leguas de tierra para fundar hatos y estancias de comidas, y en 1579 había obtenido una capitulación con la corona, para la “gobernación, población y reedificación de las provincias de Antioquia, Ituango, Nive y Bredunco y otras de entre los dos ríos” (Magdalena y Cauca). Rodas estuvo facultado para repartir tierras, solares, estancias y huertas entre las personas que contribuyeron con él, en el descubrimiento y población del territorio. (Ver: Alvarez, Victor Poblamiento y población en el Valle de Aburrá y medellín, 1541-1951. En Historia de Medellín, tomo I, p. 58-59)

Después de la muerte de Rodas en 1607, sus tierras y hatos ganaderos fueron heredados por sus hijos Alonso y Ana María. el marido de ésta, Bartolomé Suárez de Alarcón, heredó la gobernación y consolidó el hato. En 1610 se rematan las tierras y entra a ocupar y trabajar las tierras otros habitantes blancos.

Hacia 1616 el visitador Francisco de Herrera Campuzano forma el poblado y resguardo de San Lorenzo de Aburrá, con 80 indios de diferentes etnias: yamesíes, béjicos, noriscos, maníes, aburraes. El resguardo abarcaba toda la parte central del valle, en ambos lados del río Aburrá, la parte sur del Ancón (la estrella):

Y de allí todo el camino que adelante que va al Ancón de los Yamecíes hasta llegar a la quebrada que llaman de La Sal que baja del dicho Ancón…y de allí en volviendo por las cabeceras del dicho valle y lomas y cumbres altas  (Sabaneta, Envigado, El Poblado) hasta caer otra vez al primer lindero de la dicha quebrada de Aguasal (Santa Elena) hasta donde se juntan con el dicho río de Aburrá“. (Archivo Histórico de Antioquia, tomo 75, documento 2091)

El 2 de marzo de 1616, el visitador Francisco Herrera Campuzano,  recibió la orden de la audiencia de Santa Fe de Bogotá,  de reunir a los indigenas en algunos resguardos, por ello, funda el pueblo de indios San Lorenzo de Aburrá, (actual parque del Barrio El Poblado), primer resguardo indígena del Valle de Aburrá, y en el que se agrupaban las etnias Aburráes, Yamesíes, Ebéjicos, Peques y Noriscos. Luego en 1649, por despoblamiento de San Lorenzo, el primer cura párroco don Juan Gómez de Ureña, con autorización del visitador del obispado, don Pedro de Herrera y Gaitán, se hace el traslado de la Parroquia al sitio de la quebrada de Aná, donde se habían asentado diferentes grupos de mestizos y blancos.

Ocupación de los territorios de Envigado

Estos territorios estuvieron deshabitados durante el siglo XVI, el censo oficial de 1675, solo menciona 10 familias en Itagui. Efectivamente solo se inicia una lenta ocupación del territorio hacia la segunda mitad del siglo  XVII, cuando el visitador Herrera Campuzano adjudicó los terrenos de Envigado, el Ancón de los Yamesíes e Itagüí a Doña María de Quezada, viuda del capitán Juan Dazza. Es decir, que los actuales municipios de Envigado, Itagüí y la Estrella, lo conformaban un mismo territorio o tierras con un único dueño. Fueron apareciendo más pobladores y colonos cuando se dio a la venta diferentes lotes. Españoles, blancos criollos con algún caudal, herederos de familia, en compañía de sus esclavos y una gama de mestizos, negros libertos, mulatos, se fueron ubicando en la zona.En los mismos años se repartieron nuevas propiedades.

Esta expansión de la ocupación de las tierras del Valle con la formación de haciendas y hatos ganaderos se basaba en que sus productos encontraban venta en los distritos mineros de Antioquia, Cáceres y Zaragoza. Y eso ocurrió a pesar de la crisis minera de 1630, pues llevó a muchos propietarios de minas y de esclavos a diversificar sus inversiones para producir ganado, caña, maíz y productos agrícolas. Para 1650, el descubrimiento de oro en Los Osos (Santa Rosa de Osos) y Guarne, revitalizó la economía del valle de Aburrá, para el abastecimiento de productos hacia esas zonas nuevas de explotación.

Entre 1680 y 1700, se habían asentado varias familias como los Vélez de Rivero, los Perez de la Calle, los Restrepo López, Los Ochoa, los Benítez, los Sotos, los Isazas,  los Fernandez, entre otros, quienes conformarían las primeras generaciones de pobladores de toda la zona sur del Valle del Aburrá.   Las primeras unidades de producción agraria son haciendas que incorporaban todas las actividades propias, con establos, pesebreras, sementeras o parcelas con cultivos de pan coger, casa de molienda y alojamiento de los esclavos. Un ejemplo típico es la Casa de la Cultura, “Miguel Uribe Restrepo” que conserva su estructura y disposición espacial de la tradicional casa de hacienda española.

El censo de 1675 o padrón de los habitantes de la jurisdicción de la Villa de la Candelaria, se realizó por cédula real de la Reina Ana de Austria, para creación el 2 de noviembre de 1675  y muestra los principales familias y pobladores con el número aproximado de personas, entre hijos, agregados y esclavos. Entre las poblaciones censadas se encontraba los territorios de Envigado, Ancón e Itagui. La jurisdicción eclesiástica y el gobierno sobre ellos, se ejercía desde la Villa de la Candelaria.

De los informes oficiales se infiere que la mayor parte de los pobladores vivía dedicada a la agricultura: “pero donde residen el mayor número de cultivadores y algunos ganaderos es en los curatos de Medellín y de Embigado: aquí, en el corto espacio de cinco leguas quadradas de tierra, la mayor parte plana y de vega, se mantienen 18.000 habitantes despedazando de continuo el ceno ferox de la tierra” (Censos, tomo 343, documento 6538, folio 8v. A.H.A. Patiño Millán, Beatriz Riqueza, pobreza y diferenciación social en la Provincia de Antioquia durante el siglo XVIII, U. de A., agosto 2011, p. 137)

Familias y haciendas en el Envigado rural

El desarrollo de la agricultura se concentró en la hacienda como centro de la vida productiva. Por los registros de archivo, se puede identificar varias zonas identificadas con sus familias:

A) En el sector de San Rafael, dirigida por la familia De la Calle y su principal cabeza, Don Francisco, construyen una capilla en su hacienda en 1750, dedicada a Nuestra Señora de los Dolores. Previamente habían obtenido autorización eclesiástica y justificado con el número de personas (cuatrocientos habitantes) y el difícil traslado hasta la Villa de la Candelaria para los oficios religiosos.

B) En el sector de Sabaneta, estaba la familia del capitán Juan Vélez de Rivero, llamado “El Mielero”. Su  hija María Teresa contrae matrimonio con Juan Pérez de la Calle, principal tronco de la familia de La Calle y aliados de clase.   De Francisco Angel y de su hermano Vicente de la Calle, descienden los sacerdotes José Jeronimo, Alberto María y José Miguel, sobretodo éste último participó activamente en los primeros movimientos de independencia.

C) En el sector central, la familia de los Restrepo, descendientes del asturiano Alférez Alonso López de Restrepo (asturiano), y que tuvo como tronco principal a Don Vicente de Restrepo y Guerra Peláez casado con doña Catalina Vélez, de los cuales desciende José Felix, y quien recibió educación primera de su tío materno don Cristobal José Velez Rivero. Este matrimonio es representativo de unión entre dos importantes troncos familiares, de gran trascendencia para Envigado y la región.

D) En la parte central, la familia de Don José Antonio Isasi Atuesta (posteriormente llamado Isaza) :  casado con doña Josefa Pérez de Rivero. Otra rama de alianzas de los Vélez Rivero. 

E) en el oriente, la familia de Don Lucas de Ochoa y López de Alday (1747- ¿?), abuelo del gran progenitor envigadeño Don Lucas de Ochoa Tirado, tronco de la numerosa familia Ochoa de Antioquia. Ochoa Tirado fue hijo de don Nicolás de Ochoa y de doña María Ignacia Tirado, vecinos de Medellín. Tuvo cuatro matrimonios y 30 hijos.

Creación de la Parroquia de Santa Gertrudis La Magna.

Desde 1772, se inicia el proceso de erección de la parroquia en el parque principal mediante la gestión de las principales familias blancas, hacendados y de clase alta, que hemos señalado, para obtener los permisos eclesiásticos de la Diocesis de Popayán,  jurisdicción a que pertenecía la villa de la Candelaria de Medellín y por ende el territorio de Envigado.

El cura vicario de la villa Juan Salvador de Villa y Castañeda hizo la solicitud ante el obispo de Popayán, Jeronimo Antonio Obregon y Mena, en 1772, para erigir dos parroquias nuevas por incremento de los pobladores y dificultades para administrar los servicios espirituales: el sitio de Envigado y el de Hato Viejo (Bello). En ese mismo año, y como parte del proceso,  se levantó el expediente eclesiástico para corroborar las condiciones de erección. Se comisionó a José Jerónimo de la Calle, miembro principal de la élite local, para que reuniera la información necesaria, y es así como se levanta un censo en Envigado, dando como resultado 2.163 personas y el testimonio de varios de los representantes de la sociedad rural envigadeña, quienes declararon las condiciones del sitio y las posibles rentas y recursos para el sostenimiento de la nueva parroquia. Entre ellos, tenemos a Don Vicente Restrepo, cabeza del tronco familiar, del cual desciende José Felix y Cristobal, el primer sacerdote de la parroquia. Otros testimonios fueron: José Palacio Estrada, Antonio Arango y Don José Antonio Isasi Atuesta. Este donaría las tierras donde se levantaría a partir de 1776, la plaza, calles y manzanas del casco urbano de la ciudad.

Luego de estudiar el proceso eclesiástico, El 13 de julio de 1773, el obispo de Popayán  decretó la erección de la nueva parroquia, ratificado por el gobernador de la provincia Juan Jerónimo de Encizo, en septiembre del mismo año. Sin embargo la capilla construida en el sector de San Rafael continuó prestando sus servicios hasta tanto no se construyera la nueva iglesia en los terrenos donados por Isaci Atuesta, para iniciar el nuevo poblado urbano. Es allí en San Rafael, donde comienza a ejercer su ministerio el padre Cristóbal José Restrepo Vélez, desde diciembre de 1775.

¿porque se eligió a la santa y monja alemana Gertrudis como patrona del nuevo templo en el plaza principal?

Según el decreto del 13 de julio de 1773, por parte del obispo Jeronimo Antonio Obregon y Mena y el expediente eclesiástico presentado a la Diocesis de Popayán para corroborar las condiciones de erección de la nueva parroquia, y por sugerencia del sacerdote Cristobal José Restrepo Vélez en carta al obispo del 11 de diciembre de 1775, se estableció a Santa Gertrudis La Magna como Patrona de la nueva parroquia. Sin embargo, en el contexto del siglo XVIII, se puede leer varios aspectos que ayudaron:  la proclama del rey Felipe IV de España como la santa patrona de las indias occidentales; el descarte de la Virgen de Nuestra Señora del Rosario, pues ya las parroquias de Hatoviejo (Bello) y La Estrella lo tenían; la extensión de su culto por toda América en el siglo XVIII, el caracter místico de la monja y su devoción por la figura de Cristo representado en el sagrado corazón.

La historia de la santa, empieza con su nombre, pues Gertrudis en su idioma significa “fiel defensora” (ger = defensora, trud = fiel), vivió en el siglo XIII entre 1256 y 1302, donde muere en el monasterio de Helfta, a la edad de 47 años. Fue la primera gran mística de quien se tenga historia (la Iglesia llama místicas a las personas que se dedican a tratar directamente con Dios por medio de fervorosísimas oraciones, y a recibir de Él, mensajes y revelaciones).

Su culto llegó a ser tan extendido que su nombre fue puesto a muchas niñas en la pila bautismal, fue tomado como nombre de profesión de monjas y frailes, se les dio como apelativo a barcos, a misiones, a pueblos, a colegios, a recogimientos y a parroquias. Sin duda esta difusión popular del nombre y de la imagen iba paralela a una divulgación del culto, y su auge se puede observar en la primera mitad del siglo XVIII. (“La más amada de Cristo Iconografía y culto de santa Gertrudis la Magna en la Nueva España”, ver: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-12762003000200001)

La presencia de esta santa alemana del siglo XIII en el mundo ibérico está inmersa dentro del proceso de expansión de la Contrarreforma, siendo utilizada su vida y sus escritos, en especial en Alemania con la publicación de su autobiografía y de sus escritos en la Cartuja de Colonia en 1536.

No fue hasta 1599 que su influencia comenzó a crecer en la península Ibérica a raíz de la edición latina de sus obras compiladas por Juan de Castañiza en Madrid. Luego en 1603, salió impreso el primer volumen, que contenía los primeros tres libros de sus obras en castellano, y pronto salieron los dos restantes, hecho que tuvo un fuerte impacto tanto en la difusión de su culto como en la de su imagen.

Este renacimiento se reforzó en varios hechos: en 1663 el jesuita Alonso de Andrade publicaba en Madrid la Vida de la gloriosa virgen y abadesa santa Gertrudis, en 1677 la santa era inscrita en el Martirologio Romano y, a partir de entonces, a lo largo del siglo XVIII, se difundieron numerosos opúsculos sobre ella impresos en Madrid, Murcia, México, Puebla, Lima y otras ciudades de la península y del imperio español.

La tendencia a utilizar la imprenta como un medio de catequización masivo dio a esta devoción su nuevo impulso. Las prácticas promovidas por este tipo de literatura influyeron poderosamente en el reforzamiento de la función milagrosa de la santa y también en la difusión de sus imágenes. Aunque desde el siglo XVII santa Gertrudis era solicitada como abogada de la buena muerte, pues se le atribuían poderes para evitar todo peligro, incluyendo la misma condenación eterna, no fue hasta el siglo XVIII cuando aparecieron menciones explícitas en impresos sobre su exitosa intercesión en la salvación de sus devotos.

De seguro en las casas de habitación de las principales familias señaladas, existía un sitio de culto a manera de retablo con las representaciones de la santa, en las bibliotecas personales de algunos de ellos, existían libros de oraciones con fragmentos de sus escritos, biografías de la santa publicadas en Madrid, difundidas y comercializadas en América. Los inventarios de esas bibliotecas darían cuenta de la existencia de innumerables obras religiosas, entre ellas unas dedicadas a Santa Gertrudis. Aun falta por investigar en los testamentos de los patriarcas, registros de esos libros e informaciones de sus devociones familiares.

Etapa urbana, la demarcación.

A iniciativa del cura vicario de Medellín, Salvador de Villa y Castañeda, se debe la gestión para establecer la nueva parroquia en el territorio de Envigado, mantuvo correspondencia con el gobernador Francisco Silvestre y motivó a este para evaluar el mejor sitio. La antigua capilla dentro de la hacienda de la familia La Calle, resultaba insuficiente para el crecimiento de la comunidad.  Era indispensable que la nueva iglesia impulsara la creación de un nuevo centro urbano.

Sin embargo, entre los principales troncos familiares y dominantes de la región, los Restrepo, encabezados por Don Vicente Restrepo  y los De la Calle, por Francisco de la Calle, se presentaron diferencias en la elección del lugar. Los De la Calle deseaban que se levantara el nuevo centro urbano en el sector del Barrio El Dorado, una pequeña planicie más hacia el sur, zona de mayor desarrollo económico y centro del mundo social de la familia; mientras que los Restrepo, querían que se ubicara en la meseta más cercana al camino real y a salvo de las inundaciones del río Aburrá.

Ambas familias tuvieron que esperar a que el gobernador de la provincia de Antioquia Francisco Silvestre, hombre ecuánime, buen administrador y visionario, realizara una inspección de los lugares propuestos para decidir el punto más acorde, como así lo hizo mediante auto del 16 de abril de 1776. La comitiva que acompañó al gobernador estaba compuesta por el cura vicario de la Villa Salvador de Castañeda, los vecinos de Envigado, los alcaldes ordinarios del cabildo de Medellín, el alférez real, el procurador y el escribano Juan Joseph Lotero.

Dice así el auto del gobernador: “practicado personalmente la diligencia de reconocer el terreno donde sería más a propósito para que se lograsen los fines de la división y nueva creación del curato del Envigado e Itagüí, con el titulo y bajo el auspicio de Santa Gertrudis la Magna, su patrona, erigir y construir la iglesia, resolví después de considerarlo y meditado la que me pareció más conveniente que esta se levantase en el llano que comprende, el mencionado sitio de envigado, que parece ser tierras propias de Don José Antonio Isasi…fabricada que fuese dicha iglesia, que muchos o la mayor parte de feligreses de aquel beneficio fuesen haciendo y levantando sus casas junto a ella para tener donde aposentarse a lo menos cuando concurriesen a misa…se trató de señalar ocho cuadras medidas con alguna diferencia  y solicitando lo más igual del terraje hacia el bordo de dicho llano, que mira hacia el río de esta villa, las que les ofreció sin embargo del perjuicio que se le seguía Don José Antonio Isasi franca y generosamente, para que en ella fuesen dividiéndose solares, los cuales se hallaba pronto a vender a precios justos y regulares a los particulares que se los quisieren comprar para avecindarse, a excepción de media cuadra que graciosamente daría para la fábrica de la iglesia y sacristía, y para que hiciera su casa el cura presente Doctor Don Cristóbal de Restrepo y Vélez, y una cuadra entera para plaza pública, a cuya oferta se aceptó dando las gracias.” (Archivo Histórico de Medellín, 1776, creación del curato de Envigado)

En 1785, el visitador Mon y Velarde comentaba sus apreciaciones sobre la población: “Santa Gertrudis del Envigado, que se halla como a trece leguas de su cabecera, es una población numerosa; y aunque dispersa como las demás, se hallan bastantes familias colocadas en el mismo sitio; su situación es llana, temperamento templado, clima sano y su terreno fértil y abundante para todo género de frutos; y así se ve más cultivado que ninguna otra parte de la provincia, sobrando gente y faltando tierras para trabajar, por lo que se han retirado al sitio de Amagá más de cuarenta familias para hacer allí una nueva población, lo que se les ha permitido por considerarlo muy importante al servicio de ambas majestades y alivio de aquellos infelices vasallos”. ( sucinta relación de lo ejecutado en la visita de Antioquia por el oidor Juan Antonio Mon y Velarde. Tomado del libro Biografía de Mon y Velarde, de Emilio Robledo)