Envigado en el siglo XIX

A finales del siglo XVIII, el sitio de Envigado entra en la administración colonial. En 1766, durante la gobernación de José Barón de Chaves, se crea el partido de Santa Gertrudis de Envigado, dependiente de la villa de la candelaria de Medellín,  y nombra alcalde pedáneo en Manuel Correa, y se fijaban los primeros límites. Estos cambios respondían al desarrollo del valle de Aburrá y de Medellín, que impulsaron por influencia el crecimiento también de Envigado, ya que para 1808, contaba con una población de 9.551 personas, donde la mayoría residía  en casas de teja y tapia y otra parte con casas de paja. Existiendo una porción de familias de esclavos, al servicio de un sector blanco en sus propiedades[1]. En esa época, la jurisdicción de la Villa de Medellín comprendía  Envigado, La Estrella, San Cristóbal, Hatoviejo, Copacabana y Barbosa.

Será ese crecimiento poblacional y la concentración de la tierra en Envigado, el que produzca los primeros movimientos migratorios de los colonizadores hacia el suroeste. Iniciado por cuarenta familias pobres, según el oidor y visitador de la Provincia de Antioquia Antonio Mon y Velarde, hacia la fundación de Amagá, llamada San Fernando de Borbón en 1788:

Santa Gertrudis de Envigado, que se halla como a tres leguas de su cabecera, es una población numerosa y aunque dispersa como las demás, se hallan bastantes familias colocadas en el mismo sitio; su situación es llana, temperamento templado, clima sano y su terreno fértil y abundante para todo género de frutos; y así se ve más cultivado que ninguna otra parte de la Provincia, sobrando gente y faltando tierras para trabajar, por lo que se han retirado al sitio de Amagá más de cuarenta familias para hacer allí nueva población, lo que se les ha permitido por considerarlo muy importante al servicio de ambas majestades y alivio de aquellos infelices vasallos[2].

Luego de Amagá, otras corrientes de familias envigadeñas necesitadas de terrenos baldíos para cultivar se dirigieron a Heliconia, Abejorral, Fredonia y Titiribí.

En 1812, en plena gobernabilidad e independencia de la corona española, se estableció la Constitución Política del Estado de Antioquia, donde se estipulaban los “derechos del hombre en Sociedad”, los “deberes del ciudadano” y la organización ejecutiva y legislativa (Senado y Cámara). En este contexto,  de conformación del poder político autónomo de la Provincia, en 1814 ocurren la solicitud de los vecinos de Envigado  para que el poblado obtuviera el título de Villa.   Al parecer la Cámara provincial que estudiaba la elaboración de la nueva constitución política de 1815, negó la solicitud por razones de inconveniencia de unir mejor los pueblos de Rionegro, Marinilla, Santa Fe de Antioquia y Medellín, ante las amenazas de reconquista española. Además para no crear mayores divisiones y rivalidades al interior de la provincia. De igual forma, los principales dirigentes de Medellín, se oponían a que su ciudad se debilitara en su poder y gobernabilidad, dándole a Envigado el título de villa.

La propuesta en la Junta Superior Provincial de Antioquia fue la siguiente: dividir la provincia en ocho departamentos y no cinco como existía, se propuso que se segregara Envigado de Medellín, y haciéndola Villa  y anexándole Amagá y Titiribí. Por otro lado, separaba a las poblaciones de los “altos” de santa Fé de Antioquia, y erigiendo a Santa Rosa de Osos en Villa, igual Sonsón de Rionegro. Algunos vocales creyeron que no era necesario y conveniente, otros pensaban que no era una medida para defender mejor el territorio y “los señores Carrasquilla, Salazar y Uribe”, se manifestaron a favor, creyendo en que era “útil y necesaria, y convenientísima a las circunstancias del día” (Archivo Histórico de Antioquia, Actas de la Junta Superior Provincial, Vol. 824, Documento No. 13003).

En la mañana del 6 de junio de 1812,  la sala de la Junta volvió a estudiar las solicitudes del Título de Villa para Envigado y Santa Rosa de Osos y decidió obtener pruebas y evidencias de los requisitos para obtar al título: los medios, recursos e ingresos económicos para sostener el poblado,  el número de ejidos o tierras públicas disponibles, la disponibilidad de casa o construcción de la misma para el ayuntamiento o concejo, una propuesta de límites o demarcación con los lugares anexados.

Otra medida adicional del 15 de julio tomó la Junta al pedir informe a los cabildos de Santa Fe de Antioquia y Medellín sobre la necesidad de otorgar el título de Villa a ambas poblaciones (Archivo Histórico de Antioquia, Actas de la Junta Superior Provincial, Vol. 824, Documento No. 13009 y 13019. Ver tambien, Boletín Histórico, No. 7, de 1979, p. 181 y 182).

Y aunque la comunicación llegó el 15 de julio, solo se vino a estudiar en el Concejo de Medellín, el 27 de julio. (Archivo Histórico de Medellín, 1812, Acta del Concejo de Medellín, Tomo 79, 77v-78v. ). Sin embargo, los vecinos de Envigado no  obtuvieron el título de Villa. Aunque cumplían con los requerimientos de la Junta, la solicitud no fue aprobada debido en parte a la inestabilidad política de la época, a la amenaza de la reconquista española y los celos y oposición de la élite burguesa de la Villa de Medellín.

Envigado en la Constitución de la Provincia de Antioquia de 1815

Desde 1812, Antioquia había establecido una constitución política propia en la ciudad de Rionegro y luego al año siguiente proclamó su independencia absoluta de la corona española en la ciudad de Santa Fé de Antioquia, bajo la gobernación de Juan del Corral.

En vista de la reforma del pacto federal realizada en Tunja por el congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada realizada en septiembre de 1814, se requería reformar la constitución de Rionegro, por tanto, el Colegio Constituyente y electoral de Antioquia fue convocado por el nuevo gobernador Dionisio Tejada para la ciudad de Rionegro, pero en vista de la oposición de la ciudad capital Santa Fe de Antioquia, que argumentaba que allí residían los poderes públicos según la constitución de 1812; se decidió realizarla en Medellín, pero de nuevo el cabildo de Santa fe se opuso, por lo que se trasladó a la parroquia de Envigado.

La constitución de 1815 decía que la provincia de Antioquia era un “estado libre, independiente y soberano”. Creaba una legislatura unicameral, que tendría cinco miembros y establecía el cargo de teniente gobernador. Esta constitución, era mucho más equilibrada y realista que la anterior, y fue redactada por cinco miembros de los criollos ilustrados: José Félix de Restrepo, abogado y docente; Pantaleón Arango, abogado de la provincia de Santander;  José Manuel Restrepo, abogado y autor con su tío José Félix del acta de independencia; Francisco Javier Gómez, sacerdote de la ciudad de Marinilla; y José María Ortiz, abogado y secretario del dictador Juan del Corral, quien firmó también el acta de independencia.

Veamos el Título I: forma de gobierno.

“articulo 1.  La provincia de Antioquia es parte integrante de la República libre, soberana e independiente de la Nueva Granada.

artículo 2. El congreso de las provincias unidas es la autoridad suprema de la nación: a éste corresponden todas las atribuciones conferidas por el acta federal, y los ramos de hacienda y guerra concentrados por la ley del 23 de septiembre de 1814.

artículo 3. la provincia ha reservado en si, y ejercerá con absoluta independencia por medio de sus diputados y demás funcionarios, todas las atribuciones de la soberanía que expresamente no haya delegado en el congreso.

artículo 4. su gobierno será popular y representativo.

artículo 5. la representación se compone de diputados elegidos constitucionalmente por los pueblos para ejercer el poder legislativo; a ellos está delegada la soberanía, pues los poderes ejecutivo y judicial son sus emanaciones y los que ejecutan sus leyes.

artículo 6.  los poderes legislativo, ejecutivo y judicial estarán separados, y no podrán ser a un mismo tiempo ejercidos por una sola persona ni por un solo cuerpo.

artículo 7. la religión católica, apostólica, la única divina y verdadera, que sirviendo de freno a las pasiones hace a los magistrados obrar con justicia y a los súbditos obedecer a la ley, es la religión de la provincia de Antioquia: ella será conservada en toda su pureza e integridad, y protegida por el gobierno. “.

La constitución de Envigado de 1815 tiene según varios constitucionalistas, los siguientes rasgos:

a. combina las dos soberanías, la nacional y la provincial, que debían ejercer separadamente sus atribuciones, de acuerdo al pacto del Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada.

b. mantiene varios artículos parecidos a otras constituciones de la época.

c. hay adelanto en el lenguaje jurídico, debido a la intervención de José Félix y José Manuel Restrepo.

d. el afianzamiento en la religión católica, con la esperanza de “frenar las pasiones” e inculcar una moralidad en el comportamiento.

e. en el poder ejecutivo señalaba en el Presidente del Estado de Antioquia, acompañado de dos consejeros.

f. En el poder judicial establecía un supremo tribunal de justicia, compuesto de cinco ministros y un fiscal, que llevaría al mismo tiempo la vocería en lo civil, en lo penal y en el gobierno y hacienda pública.

[1] Restrepo, José Manuel. Relación de Antioquia en 1808.  Editado por Víctor Manuel Álvarez Morales. Impregón S.A. Medellín, p. 25

[2] Robledo, Emilio. Bosquejo biográfico del señor oidor Juan Antonio Mon y Velarde, visitador de Antioquia: 1785-1788, Imprenta del Banco de la República, Bogotá, 1954.

Poveda Ramos, Gabriel Historia económica de Antioquia. Ediciones autores antioqueños, volumen 41. Medellín, 1988. Capítulo V: Crecimiento y redistribución demográfica a principios del siglo XIX, pp 69-70.

A finales del siglo XVIII, el sitio de Envigado entra en la administración colonial. En 1766, durante la gobernación de José Barón de Chaves, se crea el partido de Santa Gertrudis de Envigado, dependiente de la villa de la candelaria de Medellín,  y nombra alcalde pedáneo en Manuel Correa, y se fijaban los primeros límites. Estos cambios respondían al desarrollo del valle de Aburrá y de Medellín, que impulsaron por influencia el crecimiento también de Envigado, ya que para 1808, contaba con una población de 9.551 personas, donde la mayoría residía  en casas de teja y tapia y otra parte con casas de paja. Existiendo una porción de familias de esclavos, al servicio de un sector blanco en sus propiedades[1]. En esa época, la jurisdicción de la Villa de Medellín comprendía  Envigado, La Estrella, San Cristóbal, Hatoviejo, Copacabana y Barbosa.

Será ese crecimiento poblacional y la concentración de la tierra en Envigado, el que produzca los primeros movimientos migratorios de los colonizadores hacia el suroeste. Iniciado por cuarenta familias pobres, según el oidor y visitador de la Provincia de Antioquia Antonio Mon y Velarde, hacia la fundación de Amagá, llamada San Fernando de Borbón en 1788:

Santa Gertrudis de Envigado, que se halla como a tres leguas de su cabecera, es una población numerosa y aunque dispersa como las demás, se hallan bastantes familias colocadas en el mismo sitio; su situación es llana, temperamento templado, clima sano y su terreno fértil y abundante para todo género de frutos; y así se ve más cultivado que ninguna otra parte de la Provincia, sobrando gente y faltando tierras para trabajar, por lo que se han retirado al sitio de Amagá más de cuarenta familias para hacer allí nueva población, lo que se les ha permitido por considerarlo muy importante al servicio de ambas majestades y alivio de aquellos infelices vasallos[2].

Luego de Amagá, otras corrientes de familias envigadeñas necesitadas de terrenos baldíos para cultivar se dirigieron a Heliconia, Abejorral, Fredonia y Titiribí.

En 1812, en plena gobernabilidad e independencia de la corona española, se estableció la Constitución Política del Estado de Antioquia, donde se estipulaban los “derechos del hombre en Sociedad”, los “deberes del ciudadano” y la organización ejecutiva y legislativa (Senado y Cámara). En este contexto,  de conformación del poder político autónomo de la Provincia, en 1814 ocurren la solicitud de los vecinos de Envigado  para que el poblado obtuviera el título de Villa.   Al parecer la Cámara provincial que estudiaba la elaboración de la nueva constitución política de 1815, negó la solicitud por razones de inconveniencia de unir mejor los pueblos de Rionegro, Marinilla, Santa Fe de Antioquia y Medellín, ante las amenazas de reconquista española. Además para no crear mayores divisiones y rivalidades al interior de la provincia. De igual forma, los principales dirigentes de Medellín, se oponían a que su ciudad se debilitara en su poder y gobernabilidad, dándole a Envigado el título de villa.

La propuesta en la Junta Superior Provincial de Antioquia fue la siguiente: dividir la provincia en ocho departamentos y no cinco como existía, se propuso que se segregara Envigado de Medellín, y haciéndola Villa  y anexándole Amagá y Titiribí. Por otro lado, separaba a las poblaciones de los “altos” de santa Fé de Antioquia, y erigiendo a Santa Rosa de Osos en Villa, igual Sonsón de Rionegro. Algunos vocales creyeron que no era necesario y conveniente, otros pensaban que no era una medida para defender mejor el territorio y “los señores Carrasquilla, Salazar y Uribe”, se manifestaron a favor, creyendo en que era “útil y necesaria, y convenientísima a las circunstancias del día” (Archivo Histórico de Antioquia, Actas de la Junta Superior Provincial, Vol. 824, Documento No. 13003).

En la mañana del 6 de junio de 1812,  la sala de la Junta volvió a estudiar las solicitudes del Título de Villa para Envigado y Santa Rosa de Osos y decidió obtener pruebas y evidencias de los requisitos para obtar al título: los medios, recursos e ingresos económicos para sostener el poblado,  el número de ejidos o tierras públicas disponibles, la disponibilidad de casa o construcción de la misma para el ayuntamiento o concejo, una propuesta de límites o demarcación con los lugares anexados.

Otra medida adicional del 15 de julio tomó la Junta al pedir informe a los cabildos de Santa Fe de Antioquia y Medellín sobre la necesidad de otorgar el título de Villa a ambas poblaciones (Archivo Histórico de Antioquia, Actas de la Junta Superior Provincial, Vol. 824, Documento No. 13009 y 13019. Ver tambien, Boletín Histórico, No. 7, de 1979, p. 181 y 182).

Y aunque la comunicación llegó el 15 de julio, solo se vino a estudiar en el Concejo de Medellín, el 27 de julio. (Archivo Histórico de Medellín, 1812, Acta del Concejo de Medellín, Tomo 79, 77v-78v. ). Sin embargo, los vecinos de Envigado no  obtuvieron el título de Villa. Aunque cumplían con los requerimientos de la Junta, la solicitud no fue aprobada debido en parte a la inestabilidad política de la época, a la amenaza de la reconquista española y los celos y oposición de la élite burguesa de la Villa de Medellín.

Envigado en la Constitución de la Provincia de Antioquia de 1815

Desde 1812, Antioquia había establecido una constitución política propia en la ciudad de Rionegro y luego al año siguiente proclamó su independencia absoluta de la corona española en la ciudad de Santa Fé de Antioquia, bajo la gobernación de Juan del Corral.

En vista de la reforma del pacto federal realizada en Tunja por el congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada realizada en septiembre de 1814, se requería reformar la constitución de Rionegro, por tanto, el Colegio Constituyente y electoral de Antioquia fue convocado por el nuevo gobernador Dionisio Tejada para la ciudad de Rionegro, pero en vista de la oposición de la ciudad capital Santa Fe de Antioquia, que argumentaba que allí residían los poderes públicos según la constitución de 1812; se decidió realizarla en Medellín, pero de nuevo el cabildo de Santa fe se opuso, por lo que se trasladó a la parroquia de Envigado.

La constitución de 1815 decía que la provincia de Antioquia era un “estado libre, independiente y soberano”. Creaba una legislatura unicameral, que tendría cinco miembros y establecía el cargo de teniente gobernador. Esta constitución, era mucho más equilibrada y realista que la anterior, y fue redactada por cinoc miembros de los criollos ilustrados: José Felix de Restrepo, abogado y docente; Pantaleón Arango, abogado de la provincia de Santander;  José Manuel Restrepo, abogado y autor con su tío Jose Felix del acta de independencia; Francisco Javier Gómez, sacerdote de la ciudad de Marinilla; y José María Ortiz, abogado y secretario del dictador Juan del Corral, firmó también el acta de independencia.

 

 

[1] Restrepo, José Manuel. Relación de Antioquia en 1808.  Editado por Víctor Manuel Álvarez Morales. Impregón S.A. Medellín, p. 25

[2] Robledo, Emilio. Bosquejo biográfico del señor oidor Juan Antonio Mon y Velarde, visitador de Antioquia: 1785-1788, Imprenta del Banco de la República, Bogotá, 1954.

Poveda Ramos, Gabriel Historia económica de Antioquia. Ediciones autores antioqueños, volumen 41. Medellín, 1988. Capítulo V: Crecimiento y redistribución demográfica a principios del siglo XIX, pp 69-70.

Por Edgar Restrepo Gómez.

Entre las razones que impulsaron el proceso colonizador están: la escasez de tierra en el valle de la Villa de Medellín y otros sitios; el crecimiento demográfico en la provincia; la existencia de nuevos territorios desiertos y deshabitados con montes incultos, que se convertían en una oportunidad para vecinos que no tenían recursos para su manutención; familias necesitadas de terrenos baldíos para cultivar; la esperanza de encontrar el sitio perfecto con muchas riquezas para preparar el porvenir familiar; el descubrir y aprovechar minas de oro; la distancia con Medellín y otros curatos como el de Amagá o Envigado; existir colonos avecindados en sitios como Amagá y Titiribí; la necesidad de brazos para cultivar en muchos de los lugares, y el continuar la apertura de montes.

Oidor Mon y Velarde con sus medidas del siglo XVIII favoreció la migración, al “obligar a los dueños de minas, el asentamiento de pobladores y pequeños agricultores propietarios; en especial el movimiento hacia el suroeste de Medellín, iniciado por cuarenta familias pobres de Envigado hacia la fundación de Amagá, llamada San Fernando de Borbón en 1788” [1].

El oidor y visitador de la Provincia de Antioquia, Antonio Mon y Velarde, comenta de Envigado en su informe de 1788, un sitio con cura propio:

Santa Gertrudis de Envigado, que se halla como a tres leguas de su cabecera, es una población numerosa y aunque dispersa como las demás, se hallan bastantes familias colocadas en el mismo sitio; su situación es llana, temperamento templado, clima sano y su terreno fértil y abundante para todo género de frutos; y así se ve más cultivado que ninguna otra parte de la Provincia, sobrando gente y faltando tierras para trabajar, por lo que se han retirado al sitio de Amagá más de cuarenta familias para hacer allí nueva población, lo que se les ha permitido por considerarlo muy importante al servicio de ambas majestades y alivio de aquellos infelices vasallos”.

Este grupo se había mudado recientemente a través de la baja cresta divisoria que está a la cabecera del Valle de Medellín, hacia Amagá (1392 metros de Altura), con el propósito de fundar una población”[2]. Quienes eran? En el archivo parroquial se puede mirar los bautizos y matrimonios de principios del siglo XIX, para la procedencia de los habitantes. Mirar texto de Robledo Emilio Bosquejo biográfico del señor oidor Juan Antonio Mon y Velarde, visitador de Antioquia: 1785-1788, Imprenta del Banco de la República, Bogotá, 1954. )

Las tierras de Amagá, fueron otorgadas en concesión por  la corona por medio de remate, a “precios irrisorios”, porque las consideraba de poco valor, por “ser lejanas, inhóspitas, selváticas y despobladas”[3]. Estas tierras fueron concedidas con el propósito de establecer en ellas explotaciones agrarias con colonos pobres que se constituyeran en la mano de obra de las haciendas; bajo estas condiciones, se presenta simultáneamente un proceso de apropiaciones de hecho por parte de colonos venidos de Itagüí y Envigado.

A mediados del siglo XVIII, la Corona concede y remata grandes extensiones de terrenos (en Amagá y Tiritiribí) a vecinos y propietarios blancos de Medellín y Envigado;  entre 1757 y 1778 como Joseph Palacio de Estrada, Joseph Vélez de Rivero, Ignacio Javier de La Calle y Pedro de Restrepo, todos con vínculos de parentesco.
Las concesiones se hicieron en la zona de frontera de la jurisdicción del Valle de Aburrá, en las tierras realengas y baldías de la Quebrada de Sinifaná y hacia el río Cauca. Estas adjudicaciones se hicieron por merced y remate, y fueron objeto de negociaciones por parte de los propietarios. En 1760, las tierras entre el Alto de la quebrada de Amagá y la quebrada de Sinifaná fueron adjudicadas por remate a Joseph Vélez de Rivero por 30 pesos de oro, el cual las vendió en 1778 a sus parientes Nicolás y Joseph Vélez.

Para 1768 a Joseph Antonio Isaza Pérez se le hace merced de un pedazo de tierras de montaña, realengas y baldías, en Amagá, “por un lado en dos leguas y por otro en una”, por valor de 40 pesos de oro. En el sitio de la Guaca se le hace merced de un pedazo de tierra, por valor de 50 pesos, a Francisco Ángel de la Calle. Y en las cabeceras del río Sinifaná, a Juan Flórez Paniagua se le adjudican tres leguas de tierras realengas.

Estas tierras fueron concedidas con el propósito de establecer en ellas explotaciones agrarias con colonos pobres que se constituyeran en la mano de obra de las haciendas; bajo estas condiciones, se presenta simultáneamente un proceso de apropiaciones de hecho por parte de colonos venidos de Itagüí y Envigado (referencia: Pimienta Restrepo, Luz Eugenia Colonización en el suroeste antioqueño (1750-1870): Titiribí y Fredonia, una comparación de dos procesos de colonización, Universidad Nacional-sede Medellín, trabajo de doctorado, 2013).

Colonización envigadeña en el siglo XIX

Envigado a principios de 1800:

“Debe su nombre a la ordenada disposición de la selva primitiva (ceibas y vigas). Agricultores de la villa de Medellín dieron origen a esta población desde el año de 1710. En 1774 tomó el carácter de Sitio con el nombre de Santa Gertrudis, bajo la dependencia de la villa de Medellín. En 1814 entró en la vida política como Distrito, y en 1850 tenía 4,000 habitantes. Estos son notables agricultores. A pesar de su proximidad a la ciudad de Medellín, de la riqueza agrícola de su  territorio y de muchas artes que cultivan con perfección sus hijos, el progreso de Envigado ha sido sumamente lento. Sus habitantes emigran con frecuencia y son utilísimos colonos. La construcción de un suntuoso templo y su conservación, así como el sostenimiento del culto, han obligado a los envigadeños á hacer gastos que han desequilibrado sus facultades económicas, con perjuicio del progreso material del pueblo. La tradicional afición de los habitantes de esta población al juego de gallos ha influido desgraciadamente en sus costumbres sociales. En Envigado nació el Dr. José Félix de Restrepo, justamente llamado el Patriarca antioqueño” (Álvaro Restrepo Eusse (1903) en su Historia de Antioquia (departamento de Colombia) desde la conquista hasta el año 1900. Imprenta Oficial , Medellín).

Al principio del año de 1800 la población de la Provincia de Antioquia era de cien mil habitantes, distribuidos en seis agrupaciones políticas que se denominaban: Antioquia, Santiago de Arma (le Río Negro, Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín, San José de Marinilla, Cáceres y Zaragoza.  La villa de Medellín,  cuya jurisdicción se extendía por todo el valle de Aburrá, contenía las siguientes poblaciones: Barbosa, llatograude, Hatoviejo, Copacabana, Envigado y Estrella.

Las jurisdicciones de Antioquia, Cáceres y Zaragoza contenían una población de ochenta mil habitantes; Río Negro, doce mil; Medellín, cinco mil, Marinilla, tres mil almas.  El gobierno político, judicial y administrativo estuvo conformado por un Gobernador que moraba en la ciudad de Antioquia; por Tenientes de Gobernador, nombrados por éste, en las ciudades y villas; por Alcaldes Ordinarios y Jueces’ Pedáneos, nombrados por Los Cabildos, en las demás poblaciones.

Por este mismo tiempo (1811) se introdujo la Imprenta y se publicó en Medellín el primer periódico, que se denominó Gaceta Ministerial; y más tarde, Estrella de Occidente y Gaceta de Antioquia.

Entre 1820 y 1830, los envigadeños Juan Bautista y Manuel Mesa Ruiz emigraron con varias familias a explotar un salado en Betulia (ver: imágenes de Envigado, p. 18). Se menciona a José Manuel Restrepo como accionista en la Sociedad minera El Zancudo en Titiribí.

“hasta 1829, la región que comprende a Fredonia, llamada entonces Guarcitos, hacía parte del distrito de Santa Bárbara. Pero en el año siguiente se fundó una parroquia en el sitio donde está la población actualmente…sus pobladores eran principalmente de Envigado, Itagüí, Medellín y Amagá”[4].

Entre los fundadores de Fredonia se encuentran los envigadeños José Antonio Escobar Trujillo, y los sacerdotes hermanos José Antonio y José María Montoya de la Calle. José Antonio era cura interino de Santa Bárbara, comisionado por monseñor Garnica para señalar el lugar para el templo y presidio la votación del vecindario para elegir al primer párroco, que recayó en la persona de su hermano José María.

El 20 de agosto de 1830 mediante decreto del prefecto del departamento de Antioquia, Alejandro Vélez Barrientos, se dio la creación legal de Fredonia[5].   “Por su parte las tierras de la actual Fredonia, llamada “Guarcitos”, pertenecieron a vecinos de Arma desde 1540, luego en 1774, pasaron a la jurisdicción de Envigado y por último, en 1786 a Santa Bárbara hasta su fundación. Fueron estas dos localidades el asiento de colonos que posteriormente continuaron la colonización hacia otros puntos del suroeste”[6].   [7]. (Constitución de la provincia de Medellín de 1853). fue un proceso de apertura de tierras, de la banda oriental del río Cauca, desde el sur del Valle de Aburrá, terrenos que van a entrar al proceso de ampliación de la frontera agrícola con la apropiación y adecuación de nuevas tierras desde el siglo XVII.

División político administrativa de Envigado en el Siglo XIX

Provincia de Antioquia (1821 – 1830); y (1832 – 1851); Prefectura del Departamento de Antioquia (1830 – 1832); Gobernación o Presidencia del Estado Soberano de Antioquia (1856 – 1886); Gobernación del Departamento de Antioquia (1886 –1967); Gobernación de las Provincias de Córdoba, Medellín y Antioquia (1851 – 1855).

[1] Poveda Ramos, Gabriel Historia económica de Antioquia. Ediciones autores antioqueños, volumen 41. Medellín, 1988. Capítulo V: Crecimiento y redistribución demográfica a principios del siglo XIX, pp 69-70.

[2] Parsons, James. (1979). La colonización antioqueña en el occidente de Colombia. Bogotá: Carlos Valencia, p. 110

[3] pimienta Restrepo (2013), p. 42

[4] Uribe Angel, Manuel Geografía General del Estado de Antioquia.

[5] Sánchez, p.150

[6] Luz Eugenia pimienta Restrepo(2013), Colonización en el suroeste antioqueño (1750-1870): Titiribí y Fredonia, una comparación de dos procesos de colonización, Universidad Nacional, sede Medellín

[7] Jaramillo, Roberto Historia de Antioquia. 1984: 16  Jaramillo Barrientos, Guillermo. (1984). “Monografía de Fredonia”. Fredonia Histórica. Año 1. No.1. Centro de Historia. Fredonia. Agosto de 1984

iniciativa privada en la colonización envigadeña

Lo que empezó con unas cuantas concesiones de territorio en algunos sitios no explorados del territorio de la gobernación antioqueña y allende a ésta; terminó por ser uno de los procesos demográficos más acelerados de la historia de Colombia, así como un proceso interesante de control y apropiación de nuevos territorios, y de geografía política para el Estado de Antioquia y de Colombia, de disputas de frontera con el Estado del Cauca y la creación de nuevos capitales por la concesiones de baldíos, primero a personas con patrimonios importantes (v. gr. los Aranzazu, González, los Uribe, Echeverri y Santamaría, entre otros) y luego a colonos que no habían participado de las rentas del Estado o de los instrumentos de renta fija de éste. En este sentido resultan ser concluyentes las palabras que el gobernador de la provincia de Antioquia, Juan María Gómez (1842-1845) comunicaba con pesimismo a la cámara provincial de Medellín, las cuales se referían a la colonización como un proceso que iba a quedar por mucho tiempo “confiado al celo del interés individual”[1], celos que exacerbaron los ánimos de monopolización patrimonial de algunos y que impidió un proceso de poblamiento más equitativo y menos violento en algunos lugares del país.

Desde finales del siglo XVIII se pueden encontrar algunas semillas de este proceso por medio de concesiones de globos realengos (de títulos de propiedad concedidos por las autoridades reales de la corona española) a algunos vecinos y súbditos; entre éstas la que más problemas trajo fue la de Felipe Villegas, un español ibérico que se hizo además con una gran cantidad de tierras por la herencia de su suegro Sancho Londoño (de Rionegro) y cuya concesión causó inquietud para la ciudad de Arma y sus habitantes, conflicto que confundió a unos y otros en medio de la disputa de los títulos reales que tenía la ciudad de Arma Viejo (ubicado hoy en el norte del departamento de Caldas) y el poblamiento en el Valle de San Nicolás el Magno (donde está ubicado actualmente Rionegro), a donde finalmente pararían los títulos reales de la primera.

Además de estas iniciativas privadas, que trataban de impulsar los intereses de la administración pública por apropiarse del control de terrenos no poblados, también hubo cierta preocupación por las autoridades de finales del siglo XVIII, principalmente desde la segunda administración de Francisco Silvestre, para iniciar controles efectivos de la población y de los terrenos vacíos en diferentes partes de la provincia, lo que hace de esta colonización un avance algo desorganizado con múltiples direcciones, algunas a tierras de montaña, otras a orillas de los ríos, donde posiblemente comenzaron a obtener pieles de nutria y otros animales para adornar y darle un distintivo especial a los guarnieles antioqueños[2]. En este sentido el carriel moderno aparece como una síntesis material del proceso de colonización, pues en él no sólo están los estilos originales señalados anteriormente en la introducción de este informe, sino también los tegumentos silvestres que la caza y la ocupación de otras zonas, les iba dejando a los colonos el camino. En el carriel también se encuentra el saber artesanal europeo del manejo del cuero y el arte de la caza y del aprovechamiento de las pieles de los animales que es tan propio de los pueblos nativos del territorio nacional.

Pero la actividad más destacada por la historiografía tradicional de la colonización antioqueña no se dio en dicha época, sino en los eventos que empezaron desde la segunda década del siglo XIX (principalmente por las acciones de la sociedad comercial “González, Salazar y cia.”, continuadores de los intereses de la familia Aranzazu) cuando se ven en diversos relatos de la época y en las descripciones de los diarios de viajes de algunos extranjeros menciones a arrieros, mineros y baquianos con carrieles; y aunque en dicha época aparece el protagonista de todas las novelas de caballería antioqueñas, protagonizadas por el paisa colonizador y arriero blanco, de machete al cinto, tiple, camándula, rosario y su “morena”, fue a finales del siglo XIX y principios del XX que apareció lo que se conoce como “la épica antioqueña” con la ocupación de las tierras del Quindío, la etapa de mayor intensidad de este proceso.

Para el suroeste antioqueño el proceso de colonización se inició concomitante a la época de la concesión Aranzazu e implicó la participación de importantes vecinos del valle de Aburrá que participaron de las rentas públicas, cuando todavía la nación se encontraba en medio de la recuperación de fondos públicos después de la guerra de independencia, y por medio de concesiones para construcción de caminos; entre estos sobresalen Gabriel Echeverri, Santiago Santamaría y Pedro Antonio Restrepo Escobar, que tuvieron un papel muy destacado en la historia de la formación del departamento del Suroeste del Estado soberano de Antioquia. Aunque se tratan de asentamientos más cercanos al Valle de Aburrá que los terrenos de la concesión Aranzazu, el desarrollo histórico del poblamiento en estos terrenos fue más tardío y no implicó las cuotas de violencia que dicha concesión trajo a los habitantes de la región, como la quema de propiedades, desplazamientos, asesinatos con alevosía y demás. Unas dos décadas después de que se liquidara dicha concesión, el proceso en la región del suroeste se dio como terminado con la creación del departamento del Suroeste, cuya capital era Jericó[3], y con la erección de varias parroquias; para finales del siglo XIX la población de Jericó era la quinta más importante del Estado de Antioquia en términos demográficos[4] y la población principal desde la creación del departamento del Suroeste y para el visitador eclesiástico Joaquín Isaza lo era también por la “feracidad de sus terrenos y por la moralidad de sus habitantes, que se distinguen por la pureza de sus costumbres y por su religiosidad”[5].

Cuadro 1. Número de habitantes en las mayores poblaciones del Estado Soberano de Antioquia, 1883

 

Poblaciones Número de habitantes
Medellín 37237
Manizales 14603
Sonsón 13935
Rionegro 11809
Jericó 11593
Aguadas 11294
Fredonia 10376
Santa Rosa 10059
Yarumal 10005
Titiribí 9214

Cuadro 2. Transformación demográfica de los distritos del suroeste, 1846-1912

Distrito 1846 1851 1859 1864 1912
Andes 396 3084 5275 18438
Bolívar 2250 9702
Jardín 7835
Jericó 630 4650 6993 15205
Nueva Caramanta 769 1514 2312 1196 4802
Pueblorrico 11161
Támesis 1097 9931
Salgar 8550
Valparaíso 4679

Fuente: Vélez Rendón, Los pueblos, Tabla 6.1, 128.

 

De la minería al latifundismo y la demanda de cueros

Es bien sabido que la explotación minera marcó la pauta de las actividades comerciales en la provincia de Antioquia, así como de la fundación y formación de centros de poblamiento. Aunque la colonización antioqueña moderna también obedeció a otras lógicas, el poblamiento del Suroeste tampoco estuvo exento de la búsqueda de yacimientos auríferos. Los primeros afluentes migratorios a la zona estuvieron motivados, como informaba el entonces gobernador Mariano Ospina Rodríguez, por la abundancia de ricas “fuentes de oro” que estaban ubicadas principalmente en aluviones pues la explotación en excavaciones y en veta tuvo que esperar debido a los altos costos para iniciar en esta técnica de extracción; en términos numéricos, las fuentes reflejan que las minas de Andes, Jardín, Nueva Caramanta y Valparaíso tenían una concentración mucho menor a las minas de Titiribí y Segovia aunque un buen rendimiento de producción[6]. Comparado con otra actividad, la minería tuvo una concentración de fuerza de trabajo menor al desmonte de bosque secular, actividad que demandaba el mayor número de fuerza de trabajo, a la ganadería y a la agricultura[7], de manera que las acciones inherentes al proceso de ocupación territorial devinieron en las principales actividades económicas de la zona, lo que terminó por marcar la temprana vocación agrícola y ganadera de la región y su integración al mercado provincial de Antioquia[8]. De ahí que a principios de la década de 1870 un importante ciudadano como Teodomiro Llano en un artículo de su autoría que versaba sobre el papel económico de la región del suroeste, tomó como ejemplo a esta zona para desvirtuar el mito muy difundido de que en Antioquia sólo había minería “porque no había algo más que hacer” y defendió la riqueza de las rentas de los suelos y, principalmente, del trabajo agrícola y ganadero que éstos permitían por encima de la riqueza de la actividad minera[9]. También Rafael Uribe Uribe, estudioso de la economía política clásica, concebía el trabajo como la principal fuente de la riqueza y a la tierra como su amiga inseparable[10]. No era esto un argumento peregrino, para dicha época los títulos de propiedad de tierras seguían siendo una de las principales fuentes de riqueza y uno de los stock de capital más importantes en el mundo. Antioquia, aunque llegaba tarde a esa lógica de mercado, no era la excepción.

Pero para que hubiese una integración efectiva del suroeste antioqueño al Valle de Aburrá y a otras subregiones del departamento, así con poblados de la provincia del Cauca, era necesaria la creación de buenos caminos para facilitar la salida y la entrada de productos. El problema de las comunicaciones en Colombia (que se verá con más cuidado en el siguiente capítulo) fue resuelto durante mucho tiempo por el ánimo y la actitud tesonera de los arrieros, buhoneros, silleteros y demás aventureros que sin más se lanzaban a los peligros de los caminos y de la geografía quebrada del territorio colombiano para hacer posible la integración de un mercado interno.

Para el siglo XIX el proyecto de integración nacional demandaba una mejor red de caminos y menos dependiente del sistema de arriería. A este proceso se sumó la formación del mercado regional del suroeste antioqueño que, como se ha mencionado, descansaba más que todo en la actividad agropecuaria y que, al igual que otras regiones del territorio de la jurisdicción del Estado de Antioquia, terminó por integrarse al Valle de Aburrá, donde se encontraba la capital del Estado al igual que otras poblaciones ubicadas al sur de este Valle. Es curioso señalar, sin embargo, que en la administración de la Iglesia Católica, la jurisdicción de la diócesis de Medellín no tuvo control sobre la población del Suroeste[11], quien solo le rendía cuentas a la diócesis de Santa Fe de Antioquia hasta 1915 cuando se erigió la de Jericó[12].

[1] Biblioteca Nacional de Colombia (BNC), Fondo Pineda, 478, Pieza 2, “Memoria de gobernador de Antioquia a la cámara provincial en sus sesiones de 1843”, 7. El documento está citado de manera equivocada en la traducción del libro de James Parsons. Véase: La colonización antioqueña, 154 Nota 3.

[2] Víctor Manuel Patiño, Historia de la cultura material en la América equinoccial (Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1993) Tomo IV, 222.

[3] Aunque fue señalado primero Titiribí y luego, de acuerdo a la ley L de 1877, se ratificó a Jericó. Juan Carlos Vélez Rendón, Los pueblos allende el río Cauca: La formación del Suroeste y la cohesión del espacio en Antioquia, 1838-1877 (Medellín: Imprenta departamental, 2011): 336-337

[4] DANE, Dirección General de Censos, Colombia Dirección General de Censos de la República de Colombia (1883). Citado también por Patricia Londoño Vega, Religión, cultura y sociedad en Colombia. Medellín y Antioquia 1850-1930 (Bogotá: FCE, 2004), 18.

[5] José Joaquín Isaza, “Informe al Ilustrísimo señor Obispo diocesano doctor Valerio Antonio Jiménez, del estado de las parroquias que ha visitado. En: El Heraldo, Nos. 121 y 123, Medellín, 31 de marzo y 21 de abril de 1871. Citado también por: Vélez Rendón, Los pueblos, 170, nota 29.

[6] Camilo Botero Guerra, Ensayo de estadística general del Departamento de Antioquia (Medellín: Imprenta del Departamento, 1888): 285.

[7]Es importante anotar, como recuerda Juan Carlos Vélez, que “la minería fue [no obstante] una actividad importante, porque impulsó la monetización de algunas economías locales y promovió la circulación de algún capital en una zona carente de actividad económica productiva”, 82.

[8] Marco Aurelio Arango, Informe del secretario de fomento del Estado soberano de Antioquia (Medellín: Imprenta del Estado, 1875).

[9] Teodomiro Llano, “Algo sobre la minería de Antioquia” En: El heraldo, No. 121, Medellín, 31 de marzo de 1871, 500. Citado por: Vélez Rendón, Los pueblos, 95-96.

[10] Rafael Uribe Uribe, Estudios sobre el café (Medellín: Universidad de Medellín, [1900] 2014).

[11] Camilo Botero Guerra, Ensayo de estadística general del Departamento de Antioquia, 96-97.

[12] C. E. Mesa Gómez, “Trayectoria histórica de la Iglesia”,391. En: Historia de Antioquia.