Wellco grulla

     

El origen esta en la creación de Grulla en 1939,  mediante escritura pública No. 1929 del 13 de julio. Sus fundadores fueron Ricardo López, Rafael Montoya, Eduardo Londoño, Ricardo Vélez O.

Su capital inicial fue $200.000 mil pesos. En 1985, según monografía de Sacramento Garcés, la compañía  tenía un capital de $4.500.ooo pesos; $1.800.000 en acciones cuyo valor nominal era de $2,50 peso y en el mercado bursátil se cotizaban a $12,50 pesos, para 300 accionistas.

Contaba con 1000 trabajadores  en tres turnos de trabajo, producía  16.000 pares de zapatos diarios, de las “acreditadas marcas”: Wellco, Midas, Proceso 82 y Grulla Europeo. La compañía se preocupaba por el bienestar laboral de sus trabajadores teniendo como prestaciones sociales: primas de navidad, de defunción, de matrimonio, auxilios por calamidad domestica, becas en escuelas y colegios, escuela primaria para los hijos de los trabajadores, restaurante, ayudas gratuitas para vivienda, asistencia social.

Según el periódico El Tiempo, en diciembre de 1995 se daban “los últimos pataleos de Grulla” ( Fuente: Periódico El Tiempo, 4 de diciembre de 1995)  La sociedad había culminado con éxito un arreglo de pago con sus acreedores, lo que le representaba un respiro en medio de las dificultades financieras en que se encontraba y lo que le permitía, de paso, continuar con la producción y mantenerse en el mercado.

La realidad, sin embargo, fue muy diferente. Ni siquiera el concordato pudo sacar a flote a esta empresa antioqueña, instalada hace 56 años en el municipio de Envigado al sur del Valle de Aburrá. Hoy sus accionistas están buscando una fórmula salvadora, pero para liquidar a los 320 trabajadores, porque sencillamente Grulla no es viable. En las actuales circunstancias, reactivar la compañía es prácticamente una utopía. Grulla no generaba los suficientes fondos para continuar produciendo y una inyección de capital, que sería la única solución, era definitivamente imposible.

Los accionistas ya pusimos lo que podíamos y buscar nuevos socios es realmente difícil, porque no creo que a alguien le interese, con la actual situación de la industria del calzado, invertir en esta sociedad“, reconoció uno de los principales accionistas de la compañía. Por otro lado, ya los bancos prestaron una vez y nadie quiere soltarle un peso a Grulla. Para 1995 el cierre fue definitivo, a pesar de que la sola idea causaba escozor entre los trabajadores, pensionados, acreedores financieros y proveedores. Para el gerente de la compañía, Héctor Mejía, todo el problema se reducía a la falta de capital de trabajo.

Para ese momento Grulla estába fabricando 1.300 millones de pesos en zapatos al mes, pero tenía pedidos por el doble. Lo lamentable es que no podían atender esa demanda porque no tenían capital.

La verdad es que el problema no era nuevo, desde hacía cinco años la compañía venía con dificultades de generación de fondos. Incluso, en 1993 se había firmado un concordato con los acreedores y una inyección de capital de 2.000 millones de pesos, que pusieron los accionistas, pero la suma resultó insuficiente, los costos laborales, financieros y de producción eran mayores. Por ejemplo, los primeros se derivaba de la antiguedad de sus trabajadores, en promedio 25 años, pertenecientes al antiguo regimen laboral.

Las cesantías acumuladas de los trabajadores de Grulla ascendían a 800 millones de pesos y el valor del fondo pensional sumaba 1.200 millones de pesos. La nómina mensual valía alrededor de 300 millones de pesos.

En 1995 se intentó aplicar diferentes fórmulas para intentar salir de la crisis. Sin embargo, el margen de maniobra era pequeño, pues las deudas con el sector financiero, proveedores y trabajadores (pasivo concordatario) ascienden a 12.000 millones de pesos.

En vista de los pasivos, los accionistas decidieron la liquidación de los activos para cancelar las deudas a los trabajadores. Se estimó que el valor comercial de los bienes raíces de la empresa ascendía a 7.000 millones de pesos, miemtras el  valor comercial de la maquinaria se estimaba en unos 6.000 millones.

Por otro lado, se negoció el lote en donde estaba ubicada la planta en el municipio. Con esto se obtendrían los recursos necesarios para responder por la indemnización de los trabajadores, en caso de dar por terminados sus contratos. La idea es buscar un cliente dispuesto a adquirir el lote, lo que podría ser viable, teniendo en cuenta la ubicación y dada la escasez de tierra en el Valle de Aburrá. La esperanza es que un urbanizador se interesara en el negocio. Sin embargo, esto aún está pendiente de la aprobación de los bancos, pues Grulla debe garantizarle a las entidades financieras y demás acreedores que responderá por las deudas pendientes. Con la venta de otros activos la empresa podría garantizar dichos pagos, dijo un accionista. Para las directivas y en general, los dueños de la empresa, una buena salida sería reducir el tamaño de Grulla Por esto se ha planteado también la alternativa de trasladar la maquinaria para una bodega en donde la empresa puede comenzar a operar en condiciones diferentes, con menos personal y menores cargas.

Durante cuatro décadas, Grulla tuvo una fuerte presencia en el mercado del calzado en Colombia. La empresa fue líder en la producción de zapato de trabajo, destacándose las famosas botas Grulla. Prácticamente la compañía dependió durante treinta años del negocio del zapato de trabajo. En los últimos años la empresa incursionó en el segmento del zapato deportivo con la concesión de varias marcas internacionales. Más recientemente, entró al     mercado del calzado colegial.


Las dificultades, sin embargo, comenzaron a llegar hasta que la compañía no tuvo otra salida que solicitar ante la Superintendencia de Sociedades, un concordato obligatorio, proceso que mantuvo en vilo a la empresa durante casi dos años, hasta que en junio del 94 se logró sellar el acuerdo con los acreedores. Pero a la cada vez más deteriorada situación financiera de la empresa, se sumaron problemas de contrabando, de piratería de marcas y una mayor competencia como consecuencia de la apertura económica. Todo esto fue minando la capacidad de la compañía, aunado a serias dificultades para interesar a nuevos inversionistas. Por el contrario, el sindicato antioqueño se retiró de la sociedad en donde era accionista, pocos meses antes de que esta entrará en concordato. A los viejos accionistas les correspondió la capitalización por dos mil millones de pesos, realizada el año pasado, con lo que se supondría Grulla arrancaría su nueva etapa productiva. Sin embargo, la empresa hoy presenta pérdidas por 1.500 millones de pesos, lo que hace definitivamente imposible de recuperar y la acerca a su final.

1997. GRULLA CUELGA LOS GUAYOS

Por: CLAUDIA BEDOYA MADRID periódico el tiempo,  7 de noviembre de 1997.

La liquidación de Grulla fue ordenada por la Superintendencia de Sociedades mediante auto expedido en Bogotá el pasado 21 de octubre y ratificado el 27 de octubre en la Superintendencia de Sociedades en Medellín.  La entidad resolvió declarar incumplido el acuerdo concordatario suscrito entre Grulla y sus acreedores el 3 de junio de 1994, dos años después de haberlo solicitado. Una vez declarado el incumplimiento el organismo de control decretó la apertura del trámite de liquidación obligatoria de los bienes de la compañía y, en principio, nombró a Diego Reinel Mejía como liquidador, quien no se posesionó. Sin embargo, ayer se posesionó, en Barranquilla, Luis Alberto Camargo Puerto, quien comenzará a ejercer funciones a partir del próximo lunes 10 de noviembre.

Grulla, fundada hace 58 años en el municipio de Envigado, al sur del Valle de Aburrá, incumplió el concordato ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo posconcordatario que incluía tres condiciones indispensables: la capitalización por 1.400 millones de pesos por parte de los accionistas, la disminución de unos intereses por el lado de los acreedores financieros y el traslado de los trabajadores al régimen de la Ley 50 de 1990.

La compañía, especializada en la producción de calzado de trabajo en cuero y caucho, tiene 230 trabajadores, 40 empleados y obligaciones con 49 jubilados. El promedio de antiguedad de los trabajadores es de 26 años.

Aníbal Román, presidente del Sindicato de Trabajadores de Grulla, explicó que los trabajadores no se acogieron a la Ley 50 porque las directivas de la empresa no garantizaron la viabilidad económica de la compañía. No podíamos pasar por la experiencia de los trabajadores de Paz del Río o de Colcarburos que se trasladaron y ahora están a punto de perderlo todo. En dos asambleas, los trabajadores decidieron no acogerse a la Ley 50 ni entregar los derechos convencionales , dijo Román. Según el dirigente sindical, los trabajadores defienden el derecho al trabajo en condiciones dignas y por eso presentaron varias propuestas que no fueron tenidas en cuenta tales como el perdón de la totalidad de la deuda concordataria o el aplazamiento de la convención colectiva por un año.

En 1997,  la empresa laboraba con  activos valorados en 8.509 millones de pesos, pasivos totales por 20.824 millones de pesos y un pasivo pos-concordatario de 3.091 millones de pesos. Las acreencias laborales estaban estimadas en 5.500 millones de pesos, incluyendo la indemnización de los trabajadores. El proceso era irreversible. Los trabajadores esperaban que el liquidador comenzará a ejercer sus funciones y por ello se declararon en máxima alerta para defender la maquinaria y la planta de Envigado que son ahora el único rastro que queda de la compañía.

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