parroquia de san marcos

En enero de 1961 la Curia Arquidiocesana expidió el decreto No 232 por medio del cual fueron creadas 29 nuevas parroquias y entre ellas San Marcos, San Mateo y San Rafael en Envigado, y fue entonces cuando el Excelentísimo Sr. Tulio Botero Salazar, Arzobispo de Medellín, llamó al Padre Eugenio Villegas y le encomendó la fundación de la Parroquia de San Marcos cuya jurisdicción fue demarcada en el Barrio La Magnolia y sectores inmediatos y circunvecinos.

el primer paso fue la construcción de una pequeña ramada en una calle, la cual sirvió de primera Capilla en donde se instaló el Santísimo Sacramento y se administraban todos los demás sacramentos eclesiásticos.  Valga la pena sí, tener en cuenta que para la fundación de la nueva Parroquia encontró una comunidad muy entusiasta y muy colaboradora si se tiene en cuenta que entre los hombres se constituyó una junta de caballeros que se dedicaron a colaborar activamente con el nuevo párroco en las distintas actividades y el sector femenino también desplegó su actividad, conformando el famoso Comité de las Empanadas, el cual aportó muchos beneficios a favor de la ejecución de tan magna obra.

En aquel entonces, el padre Villegas se hospedó en la casa de Doña Nena Gómez, al frente de los terrenos donde sería levantada la primera capilla, casa en la que  en un principio se guardaba el Santísimo Sacramento. Viendo el Sr. Carlos Ángel Tamayo, la precaria situación del nuevo Párroco, le ofreció una casa para que viviera en ella. Allí fijó su residencia el Cura Párroco, y un corredor era a la vez comedor, sala de despacho parroquial y salón de clase, en donde un pequeño grupo de chiquillos, bajo la dirección amable de Sor Benita, religiosa de las Siervas de Cristo Sacerdote, dio comienzo a la obra de enseñanza porque en aquel tiempo se carecía de un plantel educativo. Posteriormente, la comunidad de religiosas ayudaría en la obra educativa del colegio.

Fueron aquellos días en los que se iba levantando la capilla hasta que fue una realidad el templo parroquial en terrenos cedidos con la generosidad de algunos feligreses, tales como los de la familias Jaramillo, con doña Concha a la cabeza, gran benefactora. También se pudo establecer y construir el colegio o Unidad Educativa San Marcos, obra en la cual el padre Eugenio logró con los políticos de Envigado conseguir los fondos necesarios para su construcción. Igualmente hay que destacar la colaboración muy eficaz de Don Pacomio Vélez, quien donó las lámparas para el nuevo Templo. Este Templo del Señor, y en honor a San Marcos, fue inaugurado el 15 de agosto de 1967.

UN CURA SERENATERO:

El padre Eugenio, para conseguir fondos para la construcción del Templo, se ideó un programa para llevar serenatas a las familias pudientes del barrio y de esta manera conseguir los medios que tanto necesitaba.

Su eslogan era: “Escuche esta serenata que otros seguirán su ejemplo. Es San Marcos quien la ofrece para levantar su templo”.

Esta era la primera estrofa de un bambuco compuesta por el mismo padre Villegas y la cual le servía de introducción a las serenatas que durante algunos meses se escucharon por todo el barrio. En una de sus homilías anunció a sus nuevos feligreses que llegaría personalmente a la puerta de sus casas para cantar una serenata con canciones colombianas, por la que cobraría la suma de cincuenta pesos destinada a la obra del Templo. Se acompañaba del tiple, y era para sus gentes una novedad ver a un cura joven cantando bambucos, se dice que muchos de sus feligreses lloraban de emoción y estos empezaron acompañarlo en las noches inclusive si llovía o bajo torrenciales aguaceros.

En esta maravillosa y motivadora labor musical, el Padre Eugenio llegó hasta cuatrocientas serenatas, con un total de dos mil doscientas canciones, lo que le produjo en ese entonces (1961), la no despreciable suma de veinte mil pesos con la que formó el primer fondo para empezar a construir la Parroquia que hoy día, es orgullo de Envigado y sus gentes. Aunque no faltaron quien lo criticaba y llevaron sus notas a la Curia, con acusaciones manifiestas por su proceder, pero ellas fueron desestimadas por las autoridades eclesiásticas.  Una manera de defenderse de sus acusadores fueron sus magníficas palabras: “Dios es música, Reverendísimo Padre, y los párrocos no podemos cruzarnos de brazo a esperar que con solas limosnas, en una Parroquia que inicia, se hagan milagros. Estoy honrando a Dios y procurando que Él llegue en verdad al corazón de mis feligreses, en plan de educación y en música de mi patria.”

Cuando El Obispo Auxiliar, Monseñor Miguel A. Medina fue a visitarlo y conocer de cerca su obra, pudo constatar cómo vivía pobremente y al escuchar sus canciones y sus guitarras, encontró que eran todas, perlas musicales que levantan el espíritu, dignifican el amor y hacían más sólida la unión de la familia cristiana. Reconoció su labor y le dijo que no hiciera caso de aquellas personas que no lo comprenden y continuara con su labor apostólica y cristiana.

EL EDUCADOR:

A la vez que se levantaba la nueva parroquia, se comenzó a gestar la labor educativa y pastoral en bien de la comunidad. El decía: “Soy hijo de un Maestro, de un Educador, de un hombre ungido por Dios, a quien colmó de prerrogativas y de dones especiales, que supo poner al servicio de los demás, para el brillo de las obras que dan gloria a Dios en la vendimia de sus frutos.”  Fue así como se esforzó para realizar su principal legado para la juventud del barrio y que ha de ser siempre recordada.