Barrio El Dorado

Por Héctor Gómez Gallego, periodista y miembro de la Sociedad de Mejoras Públicas

Don Luis Toro era el propietario de la  Finca La Toro, en la parte alta de la Quebrada La Mina y 100 metros antes del Cementerio de Envigado, y quien le vendió esos terrenos, unas 20 cuadras, a un peso metro cuadrado, al Instituto de Crédito Territorial, en Medellín, en la suma de $180.000.00, con el compromiso ante el Municipio de Envigado de construir viviendas para obreros. El ICT estaba gerenciado por el Doctor Costar Arango Mesa.

Los planos fueron aprobados en 1958 para tres etapas, siendo la primera de 128 viviendas, bajo la dirección del Arquitecto del ICT Doctor Delio Jaramillo Restrepo, etapa terminada en 1959, con agua y luz pero las calles aún sin asfalto y sin aceras. Cuando el Inscredial dijo que las casas quedaban a $15.000.00 cada una, políticos envigadeños dijeron que esas pesebreras eran caras a ese precio, por lo cual el Alcalde de Envigado Darío Melguizo Mejía devolvió la totalidad de los formularios al Inscredial, cuando exclusivamente todas las casas eran para los envigadeños.

El Inscredial las adjudicó desde Medellín a quienes con el lleno de todos los requisitos, estaban listos para tomarlas, con una cuota inicial de $3.000 pesos a un plazo de 15 años, y con un descuento de la cuota inicial de cien pesos m.c. por cada hijo o hija que tuviera el adjudicatario.

Entre el 20 y el 31 de Diciembre de 1959 llegamos a La Toro más o menos unas 15 familias que aquí recibimos el año nuevo de 1960, entre las cuales recordamos a la de Don Eugenio Ospina Ángel, Don Carlos Toro, Don Darío Carvajal Yepes, Almacenista General de Obras Públicas Nacionales, Héctor Gómez Gallego, Periodista y funcionario del Inscredial, con Doña Nelly y quienes serán sus hijos Pubenza, Vladimiro, Marta, Juan Rafael, Adriana y Carlos Alberto, Don Moisés Álvarez Arcila funcionario del Banco Popular, con Doña Flor y luego sus hijos Angela María, Luis Fernando, Marta Lucía, Don Jaime Echeverri González empleado público y luego Personero de Envigado, con Doña Luz y luego sus hijos Porfirio, Jaime Alberto, César, Gleny, Luz Angela, Beatriz, Olga María y Marta, Don Alfredo Montoya Calderón Agente de Seguros, con Doña Marta y luego serán sus hijos Marta, Esteban, Víctor, Fernando, Rodrigo, Pilar, Marina y Adriana, Don Manuel Bernal Inspector de Obras ICT, Doña Gabriela Arias de Cárdenas Docente jubilada, madre del gran Hernando Cárdenas Arias, Don Darío Álzate, Don Aureliano Echeverri, trabajador del Ferrocarril de Antioquia, padre de Leoncio Echeverri, de Los Ayers, Don Arturo Hernández Murillo, Cerrajero, y esa inolvidable familia Orozco, con Alaín a la cabeza, entre los más recordados.

Ya desde la primera semana de Enero de 1960 otras familias llegaron: las de Don Francisco Rodríguez, Don Daniel Marín, Docente, Don Alberto Villada, Mecánico, con Doña Mariela y serán sus hijos Oscar, John Jairo, Iván Darío, Rocío, Yamile y la inolvidable Sonia,  Doña Lía Jaramillo, Don Antonio Betancur, Tendero, Don Tulio Granada, Docente, con Doña Fabiola y serán sus hijos Ocaris, Iván Darío, Héctor, Amparo, Ovidio, Inés y Lucía, Don Eduardo Murillo, Fotógrafo, con Doña Adela y luego con sus hijos Carmenza, John, Silvia, Patricia, Mauricio, Claudia, Viviana, Jaime, Gustavo y Alejandro, Familia Gallego Zapata, Jesús M. Vásquez Henao, Inspector de Obras ICT, Don Eduardo Villalba Álvarez, hombre muy vinculado a las actividades radiales, Don Jesús Arango Isaza, una familia llena de méritos por sus aportes cívicos, sociales y culturales a la Comunidad, como la del Señor Pérez García, esposo de Doña Lucía Soto, fallecido él cuando apenas se instalaban en la zona de El Mango, padres de esos distinguidos Pérez Soto, Máximo, Nicolás, Juan Carlos, Hernán, Ana Leonisa, Claudia y Román, tan vinculados a la Universidad Cooperativa de Colombia, Don Humberto Buitrago, Jefe de Tráfico de Avianca en el Aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, Don Juan de Dios Adarve, Familia Monrroy, Don Vicente Jaramillo, Docente, Don Manuel Herrera, de Cementos Argos, Don Luis Pérez, Personero Municipal, Don Francisco Mejía, la Familia Arcila, Familia Santamaría, Familia de Don Rafael Uribe (Industria del Bocadillo) con Francisco y Sonia, Don Hernando Jurado, de Cementos El Cairo,  Don David Henao Arenas, Periodista, Familia Araque, Don Humberto Restrepo (Heladería), Don Justo Zapata, Don Luis García, Familia Jaramillo (Productora de Morcilla), Familia Ríos (Gloria y Margarita), Henry Arango Morales y su hermano el Doctor Héctor Arango Morales, Ex Registrador Departamental del Estado Civíl y la Familia Cárdenas Gómez que tanto enaltece el Doctor Juan Guillermo Cárdenas Gómez, con ese inmenso recorrido en la Rama Judicial y actual Magistrado del Tribunal Superior de Antioquia. Con los años llegó ese gran amigo, veterano Concejal de Envigado, Don José Lubín Maldonado Sánchez y su distinguida Familia, precisamente en el Parque El Mango, donde se asentó para mayor honra y crédito del Barrio El Dorado, Don Jairo Villegas Giraldo, Docente y posteriormente Don Libardo Alzate con Doña Sofia y sus hijos Luz Elena, Rubiela, Libardo y John Jairo, Don Daniel Marín, Docente, etc. Imposible citar tantos como lo merecen. El ICT acertó plenamente porque la totalidad de las familias adjudicatarias correspondieron a la tradición de Envigado, y EL DORADO es hoy una zona residencial respetable, ejemplo de cultura, civismo, orden y progreso.

Hubo entonces, Deportistas como Gerardo Moncada, “El Alemán”, del Atlético Nacional, cuyo padre murió un Jueves Santo en la mañana, atropellado por un carro en el Puente de la Quebrada “La Mina”, llamado “Puente de Chunga”, personaje popular que en otros tiempos fabricó allí Tapetusa para la venta al público, salida de Envigado hacia el Cementerio, canalizada donde está hoy el Parque Infantil; el futbolista Pedro Alzate, más conocido cuando jugó para el Santa Fé, el Atleta Martín Gallego, Hernando Gutiérrez Ángel, Levantamiento de Pesas, vinculado a Rosellón, Francisco Pérez “Pachito”, del Cúcuta Deportivo, Libardo Vélez, quien fue portero del Atlético Nacional, Beatriz Echeverri Montoya, cantante, Industriales, Comerciantes y muchos otros de diferentes profesiones, como Don Salvador Vallejo, de la Secretaría Departamental de Educación, Don Gustavo Tamayo Tangarife, de Rosellón y después Alcalde de Cisneros, con Doña Luisa y quienes serán sus hijos Orlando, Omar, Álvaro, Magnolia, Beatriz, Hugo y Nidia, Médico Doctor Héctor Castaño, Doctor Jaime Murillo, Ingeniero Luis Fernando Álvarez Galeano, Político Doctor Máximo Pérez Soto, Concejal de Medellín, Don Marco Antonio Castrillón Suárez y su distinguida esposa Doña Magdalena Sierra de Castrillón, de Administración de Correos y Telégrafos, Don Luis González, Inspector de Policía de Envigado, etc.

La primera Misa en el Barrio La Toro fue celebrada por el Párroco de Envigado Padre Pablo Villegas López, cuando aún no se había creado la Parroquia de San Rafael, y fue en la zona verde, a la derecha de la entrada al Barrio. El Padre Pablo en la misa del domingo siguiente en Envigado dijo que en La Toro no había visto mujeres, sino hombres, únicamente. Sucedió que el Padre Villegas no podía aceptar que las mujeres vistieran bluyines, y muchas ya vestían con esta moda.

Siendo Arzobispo de Medellín Monseñor Tulio Botero Salazar por Decreto de Febrero 2 de 1961 creó la Parroquia de San Rafael, cuando ya era Gerente del Inscredial el Doctor Ignacio Molina Giraldo. El primer Párroco fue el Padre Jaime Buitrago Salazar, de Febrero 2 de 1961 a Abril 16 de 1962; le sucedió el Padre Guillermo Escobar Escobar, de Abril 15 de 1962 a Junio 8 de 1975, luego el Padre Orlando Arango Posada de Junio 29 de 1975 a Noviembre 27 de 1978, y le siguieron los sacerdotes Rodrigo Gómez, Hernán Muñoz Herrera, Fabio Carmona Moreno, Gabriel Jaime López Gutiérrez, Alberto Maldonado y Julio Ernesto Uribe, en Diciembre de 2002.

Porque el nombre al barrio?

En ese tiempo no había Juntas de Acción Comunal sino Centros Cívicos y entonces creamos el nuestro en La Toro, trabajando intensamente para cambiarle ese nombre, pues en el Parque de Envigado cuando veían a las muchachas de esta urbanización decían: “ahí vienen las terneras de La Toro”. Yo propuse unas elecciones entre todos los adjudicatarios ya instalados aquí, para que el nombre no fuera capricho o decisión de alguien; los vecinos dieron a la Junta Directiva varios nombres, entre otros EL DORADO, sugerido por Don Darío Carvajal Yepes, pero yo hice campaña para que se aceptara este nombre, por la Emisora La Voz Katía, de Envigado, por el periódico EL CORREO, de Medellín y de casa en casa, nombre entonces de mucha actualidad por la construcción e inauguración del Aeropuerto El Dorado en Bogotá, y no por ningún otro motivo como se ha dicho sin ningún fundamento.- El triunfo fue para EL DORADO e inmediatamente dimos aviso de nuestra soberana decisión al Concejo Municipal de Envigado, a la Alcaldía, al Centro de Historia de Envigado, a la Gerencia Seccional del ICT en Medellín a cargo del Doctor Ignacio Molina Giraldo y a la Gerencia General del ICT a cargo del Doctor Fabio Robledo Uribe, en Bogotá, quien ordenó el cambio de nombre a todo lo relacionado con esta Urbanización y las Escrituras Públicas y documentos siguientes.

El Centro Cívico de EL DORADO presidido por Don Eugenio Ospina trabajó entonces por una Escuela, por lo cual el Municipio acondicionó la “Dolores Álvarez Montoya” mientras se construyó la “John F. Kennedy” en 1964 por la Alianza para el Progreso, Movimiento Cultural de los Estados Unidos, la cual albergó niños y niñas dejando el local que ocupaba para el Comando de la Policía Nacional Estación Envigado, por muchos años después.

Para las campañas cívicas Hernando Cárdenas Arias y Héctor Gómez Gallego fundamos el periódico “ESFUERZO”, que publicamos hasta cuando me vinculé a la Junta Central de las Fiestas del Carriel llamado por la Sociedad de Mejoras Públicas de Envigado, a beneficio de la Biblioteca “José Félix de Restrepo”, en Agosto de 1960; y llegó como Concejal de Envigado Don Eugenio Ospina Ángel. Droguerías Aliadas le compró 10 viviendas al Inscredial para sus empleados, entre los cuales llegó también Don Sigifredo Arrubla, con Doña Elba y serán sus hijos Beatriz, Nicolás, Juan Carlos, Hilda y Gabriel Jaime, Don Salvador Villa con Doña Luisa, padres de ese gran Médico el Doctor Luis Fernando Villa y sus hermanos Álvaro, Beatriz, Silvia, Luz Marina, Olga, Ángela y María Elena y Don Alfonso Rave Monsalve.

Será mejor contar en este punto que en 1972 fui electo Concejal de Envigado, también fui Presidente del Concejo, y desempeñé las Comisiones de Becas, Bicentenario de Envigado, Fiestas Patrias, Valorización y MASA (Municipios Asociados del Valle de Aburrá) en Representación del Municipio de Envigado. Fue entonces cuando logré convenir con el Doctor Ditter Castrillón Oberndorfer, Gerente Seccional del Inscredial en Medellín que le hiciera cesión al Municipio de Envigado de todas las Zonas Verdes en El Dorado. Aceptó pero dejó constancia en la Escritura que el Municipio no puede construir sino un Parque Infantil sobre la Quebrada La Mina y nada más, y la condición de que si se viola esta cláusula, el ICT o el INURBE hoy, readquieren el poder sobre estas tierras, en esa Escritura Pública que personalmente entregué en el Concejo y de la Notaría Cuarta de Medellín.

Radioaficionados

El Barrio El Dorado aportó a la Liga Colombiana de Radioaficionados para su Seccional de Envigado, presidida por Héctor Gómez Gallego, los siguientes Radioaficionados:

Nora Soto de Bonilla HK-4-CTK; Héctor Gómez Gallego HK-4-AZR; Giovanni Dettorre Jácome HK-4; Jairo Cuervo Sánchez HK-4; Carlos Ossa Lema                        HK-4; Marco A. Castrillón Suárez HK-4; Nélson Montalvo Martínez HK-4.

Por allá en 1960 el Ingeniero Alejandro Correa le prestó al Centro Cívico el bulldozer del Municipio, porque nosotros soñábamos con unir a Envigado directo desde el atrio de la Iglesia de Santa Gertrudis, hasta nuestra urbanización, por la hoy Carrera 42, llenando con tierrita la cañada de la Quebrada La Mina. El aparato llegó con la condición de que nosotros pagábamos el bulldocero y los combustibles, con el producto de las empanadas y los billeticos que cordial y patrióticamente daban los carros particulares que entraban al barrio y admiraban y estimulaban nuestro trabajo. El bulldozer empezó a trabajar aquella mañana de sábado y… se rodó.

Como en Fuenteovejuna, todos éramos responsables, pues el aparato tenía que estar trabajando con el Municipio de Envigado el lunes a primera hora. Hubo que multiplicar la producción de empanadas, comprarlas y consumirlas en grandes cantidades para financiar otro bulldozer que vino a la operación rescate.

Eso fue un sueño, otra frustración, porque yo había traído antes unos ingenieros de ARMCO Colombiana, conocedores de este tipo de trabajos como lo hicieron con el Viaducto de Cajamarca a Ibagué, y me dijeron que este trabajito costaba apenas un millón de pesos, que traducido a la producción y consumo de empanadas constituían una venturosa eternidad. Desde hace muchos años esta canalización y unión con Envigado está hecha por Valorización.

Y… Unas noticas curiosas:

A las mujeres de una familia residente en las inmediaciones del Parque del Mango, los vecinos las apodaron “Las Tambochas”, porque éste es el nombre de las terribles arrieras que el escritor José Eustasio Rivera menciona en la Novela “La Vorágine”, que en minutos destrozaban árboles o animales, y estas damas se llevaban las maticas del jardín, por donde pasaban.

Con el fin de contribuir en algo a los fondos del naciente Centro Cívico del Barrio El Dorado, Leoncio Echeverri (hoy “Los Ayer´s”), Hernando Cárdenas Arias y otros, daban serenatas los sábados, a un peso cada una y ese dinero se cobraba los domingos.

Finalmente, hubo un residente a quien los vecinos apodaron “La Bachué”, y él con publicidad desde un carro, con alto parlantes a todo volumen molestó al vecindario, siendo además inamistoso y prepotente.

Y, entre esas familias Velásquez, había una, en la cual correteaba un niño que sería muy importante en la vida política y administrativa de Envigado. Era la familia del adjudicatario en la primera etapa Don Antonio Velásquez y ese niño era Álvaro Velásquez Cano, quien estudiaba en la Escuela Fernando González, luego hizo Secundaria en el Liceo “Manuel Uribe Ángel” (MUA) donde obtuvo su título de Bachiller y terminó Economía en la Universidad Autónoma Latinoamericana, de Medellín.

El Doctor Álvaro Velásquez Cano hizo un recorrido laboral por toda la Administración Municipal de Envigado, desde Archivo Municipal, Tesorero Municipal, Secretario de Hacienda, Servicios Generales, Gobierno, de Transito, en Planeación, Contralor Municipal, Diputado a la Asamblea Departamental de Antioquia y dos veces Alcalde Municipal, la última por el periodo de 2001 a 2004.-

Y, hacer un esfuerzo para recordar a la Escuela “John F. Kennedy” de El Dorado resulta un verdadero placer, porque es para pensar en ese grupo de maestras, dirigidas primero por Ligia Ocampo de 1964 a 1965, Lucila Echeverri de 1965 a 1966; Berta Ocampo de C. de 1966 a 1968, la inolvidable e insuperable Doña Consuelo Ramírez de Ramírez de 1968 a 1976, Doña Eufemia Zapata de Hernández de 1976 a 1979, debiendo destacar también a Edelmira Tamayo de B, Dioselina Diosa Román, Marina Franco Molina, Hermilda Echavarría, Marina Arredondo de Mejía, Consuelo Gallego E. y Luz Nelly Benjumea de Sánchez; cuando la Escuela cumplió sus primeros 8 años de vida, a cuya celebración me pude integrar cuando traje para el Acto la Orquesta Médica Antioqueña compuesta  totalmente por médicos de Medellín, varios de ellos muy conocidos especialistas, y con una sola mujer, violinista, Rocío Gómez Gallego, mi hermana, el 2 de Agosto de 1972, y un reinado interno del alumnado, del cual fuimos jurados con la Concejal Doña Amparo Giraldo de Lopera y Don Ignacio Muñoz, Director de la Escuela “Fernando González”.

El 5 de Marzo de 1973 compuse el Himno de la Escuela “John F. Kennedy”, vigente en la actualidad, el 10 de Agosto de 1973 siendo yo Presidente del Concejo Municipal de Envigado traje al Cónsul de los Estados Unidos y a su Esposa, quienes le regalaron la bandera de su país, para recordar con gratitud ese plan de ayuda cultural que fue la Alianza para el Progreso, que construyó la Escuela, y amenizamos el acto con un grupo musical que fuimos a contratar con Don Camilo Arango en Amagá.

En este punto también hay que recordar con gratitud ese meritorio grupo de maestros y maestras de la Escuela de Niños, como a Don Félix Muñoz, Doña Isabel, don Bernardo Posada, Gilma Cárdenas y Patricia Lara, porque allí estudiaron mis hijos Juan Rafael Gómez, periodista hoy Director del periódico LA PIEDRA y Carlos Alberto Gómez Ingeniero Mecánico vinculado a Universidad Salazar y Herrera. Todo, hasta la integración con la Escuela John F. Kennedy en 1979.

Olvidaba registrar que, cuando la Escuela John F. Kennedy cumplió 40 años, me envió una tarjeta que dice: “Gracias… Señor Héctor Gómez Gallego, su nombre está grabado en las páginas doradas de la Institución y su pensamiento en versos imborrables”

Tengamos en cuenta que el Barrio El Dorado nació en Diciembre de 1959 con el nombre de La Toro, por lo cual, en 1999, a los 40 años de fundado la Junta de Acción Comunal El Dorado-La Merced me hizo llegar un bello Pergamino de Reconocimiento “Por su labor Cívica y su permanente apoyo al Barrio El Dorado”, y otro Pergamino a mi Familia “Por la labor realizada y el gran interés demostrado para el avance, progreso y desarrollo de la Comunidad”.

Muchas gracias para tanta buena gente, y aquí valen las palabras “HONRAR, HONRA” por lo cual apreciamos tanto estos mensajes, y apenas repetimos que todo fue hecho porque nos salió del alma, siempre con un espíritu constructivo y con fervientes deseos de engrandecimiento y progreso para todos.

Envigado, Mayo 20 de 2017.

El Dorado brilla por su buen vivir

(Articulo tomado del periódico El Mundo, periodista Maria Alejandra Castro Bohórquez, 4 de Enero de 2012)

Fue construido en tres etapas. En una de ellas se hizo la iglesia San Rafael Arcángel, uno de los lugares que más recibe feligreses durante los fines de semana. Se trata de un barrio tranquilo, de familias que se conocen entre sí.  Es un barrio de 15.000 habitantes. Hecho en tres etapas, una de ellas fue terminada en 1960 cuando el párroco Jaime Buitrago lideraba la iglesia. Es un punto de encuentro y tradición envigadeña.

Se fundó en 1959 y antes de convertirse en lo que es hoy, uno de los lugares más tradicionales del municipio de Envigado, era un paraje de árboles de los que se sacaban la madera para las vigas de las casas y los puentes de la época, de ahí el nombre del municipio.

La zona 7, conocida como El Dorado, hacía parte de La Toro, una finca que fue comprada a don Luis Toro por el Instituto de Crédito Territorial durante el gobierno del General Gustavo Rojas Pinilla. El barrio recibió su nombre en memoria de la leyenda de El Dorado, que tantos conquistadores europeos buscaron sin éxito en sus expediciones a las selvas vírgenes del sur del continente.  Además uno de los principales obras del presidente general era el aeropuerto y por tanto, reforzaba aún más su aporte, rindiendole un homenaje con el mismo nombre de su principal obra de gobierno.

Los vecinos advierten que, aunque no viven entre piezas de oro, son personas de una suerte millonaria por las ventajas y beneficios que obtienen de su barrio, en general tranquilo, de familias tradicionales y cerca de todo, el parque, el hospital, el Metro.

Los primeros pobladores resultaron ser maestros de escuela, militares y obreros de Coltejer, empresa textil que quería que sus empleados tuvieran un lugar tranquilo para cuidar a sus familias sin tener que desplazarse hasta muy lejos.  El Rastrojo de Envigado, así le decían a ese sector según se lee en los primeros archivos del municipio. Los fundadores recuerdan que era casi todo lo que había por allí, altos pastizales que ardían en tiempo seco y levantaban un humo que se veía desde lejos.

El tiempo no ha pasado en vano. El Dorado ha sido premiado como el barrio más organizado y arborizado de Envigado. Viviana Álvarez Matta, una de sus habitantes, dice que es un lugar agradable y tranquilo para salir a caminar, con jardines que le dan un toque de frescura, incluso en los meses más soleados.

Fútbol

Otra actividad que ha estado ligada al barrio es el deporte. Tienen la segunda cancha más importante, después del Polideportivo de Envigado, y durante los últimos tres meses le han estado realizando adecuaciones para que sea una cancha sintética. La inversión del Inder asciende a 1.200 millones de pesos. La gente se declara feliz porque su cancha, antes de arenilla, era punto de encuentro de diferentes grupos, no solo de los gomosos del fútbol sino de los vecinos en  general.

El servicio de transporte es uno de los más completos, aunque en varias ocasiones los habitantes le han pedido a la Administración que trasladen algunas rutas de buses a otras calles. Según José Julián Rodríguez, quien vive en El Dorado hace más de 10 años, a pesar de que en los últimos meses han aumentado los atracos, el barrio siempre ha sido tranquilo y los vecinos han sido solidarios. En ese barrio casi todo lo que brilla sí es dorado, dicen los vecinos sonriendo.

ASÍ EMPEZÓ A BRILLAR EL DORADO

artículo tomado del periódico Gente.com.co, Envigado, Abril 21, 2017 (http://gente.com.co/historia-del-barrio-el-dorado-de-envigado/)

Poco más de 56 años vivió ese laurel sembrado al frente de la casa de los Rave Uribe. Fue el año pasado, antes de que llegara a los 57 en diciembre, cuando, por complicaciones naturales y otras de infraestructura, tuvo que ser podado. Pero no se fue del todo; sus raíces y la base de su tronco se conservan aún sobre la cra. 42 (con cl. 40C sur) como prueba del origen de uno de los barrios tradicionales del municipio, esos donde su gente se define como envigadeña de cepa. En su tronco don Alfonso Rave instaló una placa que anuncia: “Nace El Dorado. Diciembre 1959”.

Historia de El Dorado, uno de los barrios más tradicionales de Envigado.

El señor llegó en esa fecha con la mujer con quien se casó hace 65 años, Lucila Uribe. Venían de El Poblado. Allá vivieron hasta que el Crédito Territorial les facilitó la adquisición de una propiedad en el todavía desaprovechado rincón de Envigado al que se pasaron con 5 de sus 10 hijos, en el que tuvieron a los otros 5 y en el que se instalaron para siempre. Allá se conservan como la tercera familia en llegar a la carrera 42, una cuadra despoblada, con vías destapadas y mangas arborizadas por donde se volteara a ver. Y allá, en la sala ya muy modernizada de una tradicional casona, nos recibieron para recordar sus primeros días en el barrio.

En las mangas mencionadas jugaban los niños luego de sus clases en un colegio de religiosas, y en esas mangas también se rebuscaban la mecateada de las tardes, que variaba entre pomos, mandarinas y mangos. Y aunque los pequeños disfrutaban la nueva vida, para la pareja del hogar (él, oriundo de Girardota, mientras que su compañera de vida regresó a su natal municipio) acomodarse al comienzo no fue fácil.

Por ejemplo, no tenían servicio de electricidad y el agua no era limpia, en ocasiones bajaba con lombrices a los tanques donde la recogían y debían, por supuesto, hervirla en fogones de leña. Como vieron que no había iglesia para celebrar la misa se encargaron de dar forma (una decente y apropiada para fervorosas ceremonias) a una ramada en una de las esquinas del emergente sector.

Por la estrecha vía que lo atravesaba y que llevaba a Sabaneta (en ese entonces, corregimiento de Envigado) no entraban carros ni bestias y qué problema para los vecinos (en pocos días el número de familias superaba las 15), que trabajaban, casi todos, en Medellín.

Menos mal el tiempo trae soluciones y con él llegaron unos carritos pequeños para transportarlos (se llamaban ‘arrieritas’), así como el servicio de luz eléctrica y, poco a poco, la instalación del acueducto. Sin embargo, las mejoras parecían no ser suficientes para este grupo de vecinos reconocidos en el centro del municipio y en Medellín por su oficio de obreros. Los llamaban ‘los de las palomeritas’, “ya que a nosotros nos recibieron como gente rara. Y vea, hoy vivimos en el que, al menos para mí, es el mejor barrio de Envigado“, afirma don Alfonso, que en 1959 —mientras trabajaba en Droguerías Aliadas— pagó 16.000 pesos por su casa esquinera.

A pocos metros de su casa actual vive doña María Dolores Betancur. No fue precisamente miembro del grupo fundador, pero sí le tocó esa época en la que al barrio lo llamaban ‘el de obreros’, aunque también decían que era de jubilados. Como fuera, humilde y apenas surgiendo, para ella siempre ha sido tremendo vividero.

Llegó de Laureles hace 40 años con su esposo (fallecido hace 32), Juan Eugenio López, y sus 3 hijos. Eligieron este punto al sur de Medellín porque don Juan sufría del corazón y el médico le había recomendado una vida tranquila y silenciosa, contraria a la que llevaban en su antiguo sitio, por el que pasaban muy cerca los aviones.

Recuerda que la cancha de fútbol de El Dorado (tan famosa hoy por ser la segunda en importancia después de la del estadio del Polideportivo Sur) era solo un terreno con una barranca ancha para llegar al centro de Envigado, y si no era así tocaba dar una gran vuelta.

Su esposo solo disfrutó 8 años de la calma del nuevo barrio, pero esto no hizo que doña María se fuera. Al contrario, se quedó disfrutando por los 2, por los suyos en general, porque ni al crecer sus hijos quisieron dejar el municipio. Y eso que no fue sencillo para ella adaptarse cuando recién llegó, pues sintió que pasó de la ciudad a un pequeño pueblo “y resulta que este ‘pueblo’ es lo más hermoso que he podido conocer. Es un barrio en el que nadie se mete con nadie y todos son pendientes. Ahora estoy enferma y no deja de sonar la puerta de mi casa, la gente preguntando por mí. Esto por acá es muy unido y humanitario, además de seguro (siempre, donde sea, uno teme ser robado —ríe—), esto por acá es una delicia”, asegura.

Desde que llegaron los Rave Uribe, y demás fundadores, las casonas del barrio fueron siempre de 1 piso y variaban solo entre 3 o 4 colores. Doña María Dolores, en cambio, fue testigo del cambio. Un día su esposo empezó a levantar un segundo nivel, y fueron varios los que lo siguieron. Según sus cálculos, hace unos 30 años empezó a darse el cambio de casas tradicionales a edificios. “Y de todos modos la vecindad nunca se fue, la gente siguió unida, esto no nos afectó”, dice ella.

Al parecer esa unión nació con el sector. Don Alfonso Rave siempre lo notó, pero lo pudo confirmar el día en que en las manos de los habitantes cayó una gran responsabilidad: bautizar el lugar que los había acogido y al que ninguno quería conservar con el que lo encontraron: La Toro, heredado de la finca que antes ocupaba el terreno.

Con frecuencia ya se venían haciendo reuniones entre las primeras familias; de hecho, ya tenían identificados quiénes se perfilaban a líderes. Así que la forma de escoger el nuevo nombre no podía ser otra: se juntaron los vecinos y se puso a votación. Don Alfonso no recuerda las demás opciones de la lista y tampoco por qué estaba en ella ‘El Dorado’. Lo cierto es que ese, con brillo propio, fue el ganador, y hoy por hoy en la ciudad (y pasa también por fuera de ella) no hay quien no lo haya escuchado mencionar. La historia y la rutina barrial viven en sus casas, sus edificios y, cómo no, en sus ya pocas casonas.

Luisa Fernanda Angel
Luisaan@gente.com.co

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