Barrio El Dorado

Está ubicado en el sur del municipio, y pertenece a la zona 7 junto con Las Antillas, El Trianón, La Loma del Barro y La Paz. En el 2016 esta zona tenía una población total de 48.275 personas, y el Dorado era el sector de mayor densidad poblacional y concentración, con 18.198 personas.[1] Tendencia que ya se veía desde el año 2011, cuando su población ascendía a 16.074 habitantes.[2]

Para llegar al «nacimiento» del barrio es necesario remontarnos hasta el 19 de julio de 1953 cuando viajó a Bogotá una comisión compuesta por el médico Alberto Robledo Clavijo, Manuel Londoño Londoño, Hipólito Uribe Jaramillo y Bernardo Agudelo Bohórquez, quienes fueron elegidos por la alcaldía municipal y la Junta Asesora del Municipio para invitar al entonces presidente, General Gustavo Rojas Pinilla, para que hiciera una visita a Envigado en el marco de una gira que iba a hacer por Antioquia. Además de exponerle algunas necesidades del municipio, querían que el Instituto de Crédito Territorial ofreciera un plan de vivienda «de interés social».

Gracias a la intermediación del presidente, el instituto aprobó sin dilaciones la inversión, para lo cual el gerente regional Roberto Salazar recomendaba que: 

“(…) para la construcción de estas viviendas, el sistema de las pequeñas parcelas, es decir: casas que tengan además su terreno para huerta, gallinero y prados adyacentes. Por (roto) con su lote de terreno adyacente, constituye la mejor manera de tener al hombre en sus horas libres, ocupado en el arreglo de la huerta, gallinero o jardín, arrancándolo de las tabernas y los vicios a donde los empuja el tormento de una casa sin aire ni espacio adicional.”[3]

El Instituto de Crédito Territorial o ICT fue creado en 1939 con la tarea inicial de mejorar las viviendas de la zona rural colombiana dadas las bajas condiciones higiénicas y estéticas que tenían los hogares, con el Instituto se pretendió el mejoramiento general de las viviendas campesinas. Sin embargo, en 1942 se comienza la labor en el área urbana con programas estatales dirigidos a superar el déficit de la vivienda popular urbana, dada la creciente migración del campo a la ciudad como consecuencia de la oferta de trabajo en las urbes. El método que se propuso fue la adquisición de terrenos con buenas condiciones para la construcción, edificar las viviendas y venderlas a plazos con precios asequibles para la población obrera. El plan de acción propuesto por ICT para la fase urbana tenía los siguientes factores:

“(…)capacidad de pago del adjudicatario, durabilidad de la construcción por encima del plazo estimulado para amortizar su valor, especificaciones mínimas de la vivienda que satisficieran los requisitos de higiene, de moral y de comodidad, ubicación cuidadosa de los barrios de las distintas categorías sociales dentro de las ciudades, en concordancia con los planos reguladores de las mismas a fin de contribuir al armónico desarrollo urbano, estímulo al aumento de las industrias de materiales de construcción fomentando la producción de materiales nacionales relacionados con la construcción.”[4]

Las casas construidas por el ICT fueron ampliamente criticadas por el tamaño que tenían y los materiales con que eran construidas, pues diferían mucho de las casas de antaño que contaban con grandes solares, paredes gruesas y techos altos; críticas en las que Envigado no fue la excepción. En 1959 cuando se dio por terminada la primera etapa de la construcción del barrio El Dorado, que para ese momento aún era conocido como Urbanización La Toro, con un total de 128 casas que contaban con los servicios de agua y luz pero las calles sin asfalto ni aceras. El Inscredial dijo que las casas quedaban a $15.000 pesos cada una, a lo que:

“(…) políticos envigadeños dijeron que esas pesebreras eran caras por ese precio, por lo cual el alcalde de Envigado Darío Melguizo Mejía devolvió la totalidad de los formularios al Inscredial, cuando todas las casas eran para envigadeños, exclusivamente.

El Inscredial las adjudicó desde Medellín a quienes con el lleno de todos los requisitos, estaban listos para tomarlas, con una cuota inicial de tres mil pesos, a 15 años, y con un descuento de la cuota inicial de cien pesos, por cada hijo o hija que tuviera el adjudicatario.”[5]

El ICT, luego de 42 años de existencia, liquidó su acción en 1991 y fue reemplazado por el Instituto Nacional de Vivienda de Interés Social y Reforma Urbana, Inurbe.[6]

En Envigado, los terrenos de la finca La Toro en la parte alta de la quebrada La Mina y 100 metros antes del cementerio de Envigado, que posteriormente se conocería como Urbanización La Toro y después tomaría el nombre definitivo de barrio El Dorado pertenecían a don Luis Toro, quien en el año 1953 le vendió al municipio un total de 20 cuadras por $180.000 pesos, valiendo cada vara $85 centavos. La compra es cubierta con el auxilio que el gobierno nacional le había otorgado al municipio de Envigado para tal fin, por un monto de $200.000 pesos. Los terrenos fueron otorgados al Fondo Obrero con el fin urbanizarlos con casas para los obreros del municipio. Siguiendo esta lógica en febrero de 1955 la cooperativa Rosellón en su semanario Lanzadera comunica a sus trabajadores que de las 500 casas o más que estaban planeadas para construirse en La Toro por parte del Instituto de Crédito Territorial, alrededor de 50 estaban planeadas para ser entregadas a los cooperados que presentaran la correspondiente solicitud y que cumplieran las condiciones, además advertía que:

“Como es de todos bien sabido, el instituto edifica, y entrega la casa mediante el recibo de un tanto por ciento de su valor, y el resto, mediante prenda hipotecaria, será pagado por el poseedor en veinte años (…)

(…) la cooperativa toma desde ahora medidas y hace algunas advertencias a quienes piensen desde ahora suscribir petición: a esas personas se comunica que el contado inicial lo va a financiar la Cooperativa con las cesantías que el solicitante posea, y que en esas condiciones quienes piensen edificar próximamente, o adquirir terrenos, deben abstenerse de retirar sus dineros, puesto que ellos darían base para ser otorgada la solicitud.”[7]

Seguido a la compra del terreno, la junta de valorización en presidencia de Bernardo Agudelo Bohórquez junto con el Dr. Francisco Restrepo Molina y Antonio Escobar, jefe de valorización aprobaron los planos de construcción y se pusieron en contacto con el ICT para iniciar la construcción de la primera etapa del barrio[8], a la entrada de este.[9] Los planos fueron aprobados en 1956[10] bajo la dirección del arquitecto del ICT Delio Jaramillo Restrepo, las primeras casas fueron adjudicadas en diciembre de 1959. En este punto surgieron los primeros problemas.

El primer inconveniente fue que las casas se hicieron con tejas de Eternit por lo que el Fondo Obrero no quiso aceptarlas, además el ICT se negó a construir las obras complementarias como asfaltar las calles y hacer los alcantarillados, lo que incumplía el código de construcción del municipio, solicitando a su vez que las obras fueran construidas por medio del sistema de valorización, cosa que el municipio rechazó y finalmente el Instituto los construyó.

La adjudicación de las viviendas tenía todo un sistema para determinar las familias beneficiadas y hasta costos de las casas, se hacía por medio de puntaje que se movían más o menos así: las familias que tuviera hijos hombres, 4 puntos; las hijas mujeres, 3 puntos; por cada hijo se rebajaban 100 pesos y debía haber como mínimo 4 hijos. La cuota inicial era de $3.500 pesos, la amortización mensual de $60 a $100 pesos y cada vivienda costaba entre $14.000 y $20.000 pesos.[11]

Entre el 20 y el 31 de diciembre de 1959 llegaron a La Toro más o menos 15 familias que recibieron el año nuevo en sus nuevas casas, entre ellos:

“don Eugenio Ospina Ángel, don Carlos Toro, don Darío Carvajal Yepes, almacenista general de Obras Públicas Nacionales, Héctor Gómez Gallego, periodista y funcionario de Inscredial, con doña Nelly y quienes serán sus hijos Pubenza, Vladimiro, Marta, Juan Rafael, Adriana y Carlos Alberto, don Moisés Álvarez Arcila funcionario del Banco Popular, con doña Flor y luego sus hijos Ángela María, Luis Fernando, Mara Lucia, don Jaime Echeverri González empleado público y luego personero de Envigado con doña Luz y luego sus hijos Porfirio, Jaime Alberto, César, Gleny, Luz Angela, Beatriz, Olga María y Marta, don Alfredo Montoya Calderón agente de seguros con doña Marta y luego serán sus hijos Marta, Esteban, Víctor, Fernando, Rodrigo, Pilar, Marina y Adriana, don Manuel Bernal inspector de Obras ICT, doña Gabriela Arias de Cárdenas docente jubilada, madre del gran Hernando Cárdenas Arias, don Darío Alzate, don Aureliano Echeverri, trabajador del Ferrocarril de Antioquia, padre de Leoncio Echeverri, de Los Ayer’s, don Arturo Hernández Murillo, cerrajero, y esa inolvidable familio Orozco, con Alain a la cabeza, don Sacramento Bonilla Rico, de Curtimbres de Itagüí, con doña Nora y sus hijos, Patricia, Anita, Marcela, Mauricio, entre los más recordados.”[12]

La primera familia en llegar al barrio fue la familia de Salvador Orozco.[13]

La primera etapa del barrio fue construida en un sector conocido como El Mango; la segunda etapa – con 36 viviendas – fue construida en inmediaciones del terreno donde sería construida años después la Unidad Deportiva; la tercera y última en el “bolsillo” – con 50 casas – en la frontera de lo que se constituiría como el barrio La Paz en años posteriores.[14]

Escuela John F. Kennedy

En 1960 el barrio El Dorado aún estaba en construcción y la asociación de los vecinos estaba apenas en sus cimientos, por eso aunque el Instituto de Crédito Territorial ya tenía el terreno, un lote de 18.000 metros[15] en el que iba a ser construida la escuela del barrio, no había sido adjudicado por la incipiente organización barrial, así lo expresaba la prensa local: “(…) realmente para qué recibe el municipio ese terreno si en el barrio no hay una organización que trabaje por la obra para la cual está destinado el terreno”.[16] Sin duda esa unidad se fue fortaleciendo, puesto que el 8 de febrero 1962 por orden del decreto Nro. 64 se iniciaron matriculas el día 22 en la sala de una casa vecina, y se iniciaron clases el 6 de marzo con 35 alumnos de primer grado en un local prestado. El 14 de ese mismo mes comenzaron los preparativos para abrir el segundo grado que tenía como aula la capilla del barrio. Así el 20 de mayo se realizó la primera reunión de padres de familia y el 8 de julio el municipio hizo entrega de un local con dos aulas y el material didáctico y mobiliario necesario para el funcionamiento de la naciente institución educativa.[17]

La construcción de la escuela se hizo en gran parte por la gestión del señor Eugenio Ospina, quien precedía el Centro Cívico del barrio[18] y por administración directa de la personería municipal.[19] Se fundó con apoyo fiscal del concejo municipal que en febrero de 1962 inyectó a la construcción de locales escolares la suma de $20.000 pesos.[20] El primer nombre que tuvo la institución educativa fue Escuela Urbana Doloritas Álvarez Montoya, en honor a la profesora Dolores Álvarez Montoya quien realizó sus estudios primarios en Envigado y los secundarios en la Escuela Normal de Medellín, se le conocía como “Maestra de la Juventud”.[21] La escuela tuvo por primer director a don Bernardo Posada, a quien lo sucedió don Félix Marín.

Un año después, en enero de 1963 por medio del Acuerdo Nro. 3 se invirtió la suma de $15.000 pesos para la construcción de nuevas aulas en la escuela.[22] Para ese momento era la única escuela en el barrio, por lo que debió ser compartida por las niñas y niños del sector, alternando su asistencia en diferentes jornadas; situación que se mantuvo hasta 1964 cuando con fondos de la Alianza para el Progreso se construyó la Escuela Urbana de Niñas John F. Kennedy.[23] Por lo que el 16 de marzo de ese año se separa la escuela de niñas de la de niños y en octubre se inauguran dos nuevas aulas en la Escuela de Varones, que fueron construidas por esfuerzo del plantel y algunos aportes municipales.[24]

Una vez liberado el plantel de la Escuela Doloritas Álvarez, es utilizado como comando de la Policía Nacional.[25] La construcción y consolidación institucional estuvo guiada desde el inicio por la comunidad y el plantel docente. Las mujeres jugaron un papel protagónico, siendo estas rectoras de la Institución desde 1964 hasta 1979 cuando se unen con la de niños y se convierte en la Escuela Integrada John F. Kennedy,[26] unión que se hace oficial con el decreto Nro. 1542 del 1 de septiembre de 1980.[27] La primera maestra rectora fue Ligia Ocampo entre 1964 y 1965; a ella le siguió Lucila Echeverri que ejerció la posición rectoral entre 1965 y 1966; seguida por Berta Ocampo de C. entre 1966 y 1968; después Consuelo Ramírez de Ramírez desde 1968 a 1976; y finalmente, Eufemina Zapata de Hernández quien estuvo al mando de la escuela desde 1976 hasta su integración en 1979. Otras mujeres memorables de la escuela según Héctor Gómez fueron Edelmira Tamayo de B, Dioselina Diosa Román, Marina Franco Molina, Hermilda Echavarría, Marina Arredondo de Mejía, Consuelo Gallego E. y Luz Nelly Benjumea de Sánchez.[28]

Todo el proceso de crecimiento de la escuela estuvo acompañado por el municipio a través del concejo, por ejemplo a finales de 1966 se le trasfirió a la institución la suma de $15.000 pesos para la construcción de aulas,[29] y en 1967 se invirtió la suma de $408.95 pesos en suministros eléctricos para la escuela que fueron pagados al almacén “El Rápido” (Martín Botero y Cía.).[30] Entre los años 1965 y 1970 en la escuela funcionaron los primeros cuatro años de la educación básica con alrededor de 30 alumnos y 5 profesores.[31] Dadas las pésimas condiciones tanto estructurales, fiscales y de docentes muchos de los estudiantes se veían obligados a trasladarse a otras escuelas como la del barrio La Paz o la Normal Superior de Señoritas ubicada en el centro del municipio. En 1969 en vista de las pésimas condiciones de la escuela el alcalde Roger Herzig asignó un auxilio de $10.000 pesos de los cuales por orden del mismo alcalde se debían invertir así: $6.000 pesos en instalación eléctrica y $4.000 pesos en la construcción de mobiliario como closets, pero el desembolso nunca que hizo efectivo.

Ya en 1970 el alcalde de la época, Alberto Correa, considero que las necesidades de la escuela no eran tan urgentes en comparación con otras aun cuando la energía eléctrica que se utilizaba era de contrabando, según información dada por un concejal en plenaria; situación por la cual el concejo decidió dar un auxilio de $25.000 pesos a la institución que para ese momento contaba con 600 estudiantes.[32] En ese mismo año, el municipio de Envigado estaba estudiando un programa con el Instituto Colombiano de Construcciones Escolares con el que se buscó dar un impulso a la educación del municipio con fondos se ascendían a $920.000 pesos, entre los planes se proyectó la reconstrucción total de la Escuela de Niños de El Dorado, en ese momento, abril de 1970 el contrato ya había sido adjudicado a la firma Martínez Valda faltando solo el lleno de los requisitos legales para dar comienzo a la obra.[33] No fue posible determinar mediante las fuentes si este proyecto se llevó efectivamente a cabo, pero si se sabe que en la década del 80 se hicieron algunas reformas. (Me falta terminar de procesar esta información).

El 2 de agosto de 1972 para celebrar los primeros ocho años de vida de la escuela se hizo una fiesta que incluyó un acto de la Orquesta Médica Antioqueña compuesta por médicos de la ciudad de Medellín, y una violista, Rocío Gómez Gallego; además un reinado con las alumnas del plantel educativo. En el siguiente año, el 5 de marzo de 1973 Héctor Gómez Gallego hace entrega del himno institucional a la escuela, escrito por él mismo y que permanece vigente hasta la actualidad;[34] mismo año en que la Comisión de Educación del Municipio en un recorrido que hizo por todas las escuelas pudo determinar que para la escuela de varones de El Dorado hacía falta invertir alrededor de $40.000 pesos y para la escuela John F. Kennedy la misma suma porque hacían falta cerca de 500 pupitres y una actualización del mobiliario.[35] En el siguiente año, 1974, el alcalde municipal junto con el personero y tesorero municipales se dirigió al concejo con un mensaje de interés por la administración fiscal de los programas educativos como construcciones, mejoras, ampliaciones y reformas en diferentes instituciones educativas como la construcción del salón de actos de la escuela John F. Kennedy y enmallar la Escuela de Niños de El Dorado. Años después, en 1979 se acondicionó la escuela de El Dorado para que funcionara allí el bachillerato comercial en el que se encontraban laborando alrededor de 270 alumnos.[36]

Años después la administración municipal seguía invirtiendo en educación, por eso en 1997 se habían invertido en diferentes establecimientos educativos la suma de $2’000.000 de pesos en el mejoramiento de las instalaciones y la construcción de aulas, baños, placas deportivas, cafeterías, reparaciones generales y de redes eléctricas en diferentes escuelas del municipio entre ellas la John F. Kennedy.[37] En 1997 la escuela John F. Kennedy celebró bajo la dirección de Federico Morales, y con la participación de 720 estudiantes y 19 docentes sus bodas de coral (ver imagen 1), es decir, 35 años de existencia bajo el lema “Educando para la vida”. La celebración inició el lunes 15 de septiembre con una misa oficiada por el padre Julio Uribe, párroco de la iglesia San Rafael, además se guardó un minuto de silencio por las maestras que hasta ese momento habían fallecido.[38]

Imagen 1. Bodas de Coral Institución Educativa John F. Kennedy 1997. Fuente: Periódico Ceibas, Nro. 175, octubre de 1997, pág. 4.

Parroquia San Rafael

Las parroquias son parte fundamental de la vida espiritual, social y comunitaria tanto de los barrios como de los municipios, pueblos y comunidades. El barrio El Dorado no fue la excepción así que, desde el inicio de su poblamiento los adjudicatarios de las viviendas hicieron las gestiones necesarias para la construcción de un templo en el barrio. Tal era la necesidad de tener una capilla que la primera misa que se hizo en el barrio fue cuando aún se llamaba La Toro, se celebró en una zona verde a la derecha de la entrada del barrio por el párroco de Envigado padre Pablo Villegas López, a cuyo llamado asistieron únicamente hombres porque el párroco no aceptaba que las mujeres asistieran de jeans, por lo que ninguna mujer del barrio asistió a la congregación.

Siendo arzobispo de Medellín el monseñor Tulio Botero Salazar[39] en el año 1961 fue creada la parroquia San Rafael bajo la vocación al patrono San Rafael Arcángel[40] (ver imagen 2) – que según las creencias teológicas significa medicina de Dios, aquel que “cura” todas nuestras necesidades –[41] por decreto Nro. 232 del 2 de febrero de 1961 bajo la tutela de su primer párroco el presbítero Jaime Buitrago Salazar quien permaneció allí desde el 2 de febrero de 1961 hasta el 15 de abril de 1962, siendo sucedido por el presbítero Guillermo Escobar que permaneció entre el 15 de abril de 1962 hasta el 8 de junio de 1975 a quien le correspondió todo el proceso de construcción del tempo y de la casa cural. A él lo reemplazó desde el 29 junio de 1975 hasta el 27 de noviembre de 1978 el presbítero Orlando Arango. De ahí siguieron los sacerdotes Rodrigo Gómez, Hernán Muñoz, Fabio Carmona Moreno,[42] Gabriel Jaime López Gutiérrez, Alberto Maldonado y Julio Ernesto Uribe.[43] En los últimos días del mes de octubre del año en que se decreta la existencia de la parroquia, 1961, se celebró la primera fiesta patronal conocida como la Festividad de las Cuarenta Horas, con multitudinaria participación de los vecinos.[44]

La parroquia comenzó en el lote de la manzana No. 1 de la urbanización, con la nomenclatura – actualizada – carrera 42 # 40 DD, en la esquina que se conoce como “El Mango” espacio que fue cedido por la señora Margarita de Álvarez para una construcción provisional. La primera piedra del templo se colocó donde actualmente se encuentra la Cancha de Futbol de La Merced, pero el piso tenía mucha humedad por lo que el padre Guillermo Escobar no aceptó que se construyera allí y se corrió a donde se encuentra actualmente en la calle 40f Sur #39a-31, es decir por el costado oriental de la cancha (ver imagen 3).[45]

El lote donde se construyó la parroquia fue donado por el Instituto de Crédito Territorial, se comenzó la construcción del templo en abril de 1962 y se terminó en junio de 1965, parte de los recursos para la construcción del templo fueron recogidos por la comunidad a través de bazares y diferentes actividades como la recolección del peso parroquial que se hacía en manos del padre Guillermo Escobar y los niños del barrio, las fiestas con pólvora, recamaras, vaca loca, “reinados pro-parroquia”, bailes, concursos y venta de empanadas, de las cuales habían unas muy celebres que se llamaban “La empanada de don José” cuyos ingredientes se recogían pasando de casa en casa pidiendo “La papa parroquial”[46] no por nada se decía que el barrio había sido construido a punta de empanadas.[47]

En el barrio había diferentes grupos católicos de niños y jóvenes como La Legión de María, Acción Social, San Vicente de Paul, Grupo de Lectores, y una comunidad de hermanas de María Mediadora quienes tenían un kínder.[48] Como datos anecdóticos tenemos que la primera persona que nació en el barrio fue Bernardo Augusto Monroy Ortiz. El primer bautizo fue de Flor Ángela Hernández Ángel el día 12 de febrero de 1961. El primer matrimonio se celebró el 19 de marzo de 1961 entre la señora Mariela Pérez y Luis Jaramillo. La primera defunción fue de Julia Uribe viuda de Taborda el 2 de enero de 1962. Y en el año 1980 se fundaron consultorios médicos parroquiales en los que se atendía a personas necesitadas.[49]

Imagen 2. Parroquia San Rafael Excelso patrono. Fuente: Periódico Expresión, Nro. 12, 12 de noviembre de 1961, pág. 2.

Imagen 3. Parroquia San Rafael 1999. Fuente: Periódico El Envigadeño, Nro. 1, junio de 1999, pág. 3.

Unidad Deportiva El Dorado

La Unidad Deportiva del barrio El Dorado es uno de los espacios más insignes e importantes no solo del barrio sino de todo el municipio. La primera vez que se hace referencia a la construcción de un campo de deportes es en agosto de 1959 cuando en sesión del concejo se dice: “el municipio puede aprovechar un terreno destinado en los planos a servicios comunales, para construir allí un campo de deportes.”[50] Su construcción inició por intermedio de Obras Públicas de Envigado, las primeras obras que se realizaron en el terreno fueron la explanación, otorgada bajo contrato a Antonio Molina, propietario de un bulldozer, y la construcción de un muro de contención que duró muy poco tiempo, por lo que el municipio tuvo que volver a construirlo, ahora con ayuda de la Acción Comunal.[51]

La necesidad de escenarios deportivos en el municipio fue advertida por los habitantes, por la administración municipal y por organizaciones no gubernamentales, con el objetivo de brindar a los jóvenes espacios de dispersión, recreación y aprendizaje, para que enfocaran sus energías en potenciar sus capacidades y no se metieran en malos pasos, alejándolos del vicio y del ocio improductivo. Por tanto, en marzo de 1963 el concejo municipal autorizó a la Junta Municipal de Deportes para que junto con el jefe de valorización y el personero municipal procediera a la remodelación del lote que el municipio poseía en la carrera 14 con la avenida 15 en el barrio El Dorado. El lote sería destinado a la Unidad Deportiva Ciudad de Envigado a cargo de la administración municipal. El dinero para las obras salió del fondo para deportes.[52] Dicho lote fue transferido por el Instituto de Crédito Territorial al municipio porque no contaba los recursos económicos para urbanizarlo, aunque con el compromiso de que dichos predios no fueran ser construidos, vendidos o cedidos a nadie y debían ser destinados única y exclusivamente al deporte, recreación y cultura del barrio.[53] Así es como el 1 de mayo de 1963 fue bendecida y colocada la primera piedra del Campo de Deportes de El Dorado,[54] acontecimiento que fue celebrado por toda la comunidad e incluso se hizo un desfile desde el centro de la ciudad hasta el barrio donde finalmente se puso la piedra.[55]

En septiembre de 1965, en el Club Rotario de Envigado se abre la discusión de cuáles son las obras en las que la organización debería poner sus esfuerzos, según el socio Héctor Calle, eran un campo de deporte, un parque infantil y la colonia para la recuperación de menores, pese a todo el abanico de opciones el Club Rotario decidió apoyar la construcción del campo de deportes en el lote que tenía el municipio en una cañada en el barrio El Dorado. De inmediato se comenzaron los tramites con el municipio para acceder al terreno y, a finales de ese año ya el municipio había aprobado en primer debate un proyecto de acuerdo mediante el cual se cedía dicho lote al Club. En enero de 1966 hubo otro debate en el concejo respecto a la verdadera participación del Club en la construcción de la obra porque la Junta de Deportes manifestó al personero municipal la preocupación de que el Club Rotario les quisiera a quitar la administración sobre la Unidad Deportiva, pues en las obras colaron una pancarta que decía: “esta obra la construye el Club Rotario de Envigado”, omitiendo que se hacía con el patrocinio del municipio de Envigado,[56]  sin embargo en el debate que se dio en plenaria se dijo que: el único propósito del club era colaborar con el municipio en la construcción y luego entregar la obra para que la administrara el municipio bien por medio de la Junta de Deportes. Entre otras cosas porque el club no proporcionaba ayudas económicas propias sino que gestionaba y coordinaba el aporte de empresas privadas.[57] Así, en febrero de 1966 fue sido aprobado el proyecto de acuerdo en tercer debate y se comenzaron las gestiones ante el personero municipal para proceder con la construcción del campo de deportes. Los trabajos duraron más de tres años, comenzando en marzo de ese año, 1966, con la explanación y excavación del lugar con el apoyo económico del municipio, la empresa privada y la ayuda de Manuel Londoño, socio del club, quien jugó un importante papel como promotor y gestor de la Unidad Deportiva, se encargó entre otras cosas de rescatar el espacio, que era una cañada y no permitía la comunicación entre el parque y La paz y menos aún con El Trianón por lo que estas obras ayudaron con la urbanización y la comunicación del centro con el sur del municipio en barrios como El Dorado, La Paz y El Trianón. Con el fin de recolectar fondos para la obra en junio de 1966 se aprobó en el concejo la propuesta de la Junta Comunal de Deportes de celebrar la Fiesta del Carriel que había sido oficializada por la resolución nro. 17 del 2 de noviembre de 1961, con las fiestas se esperaba recaudar entre $30.000 a 50.000 pesos.[58]

No es hasta un año después de iniciada la explanación, en enero de 1967 que se comenzó con el levantamiento de los planos topográficos de la Unidad Deportiva con los que se esperaba que las obras avanzaran más rápido. En julio de ese año se empezó a hablar de hacer canchas de futbol, basquetbol y un parque infantil de manera que la Unidad Deportiva fuera más integral y cubriera las necesidades de mayor cantidad de población. De ahí en más todo avanzó de buena manera, y para 1968 ya estaba construida la cancha de futbol y se adelantaban negociaciones con la Compañía Pavimentadora Nacional el costo del vaciado para la cancha de basquetbol, contando con una inyección de presupuesto que había sido aprobado en febrero de ese año en el concejo por $30.000 pesos; en septiembre se adjudicó el contrato para la construcción del parque infantil y la instalación de los tableros de la cancha de baloncesto y, en diciembre de ese mismo año se aprobaron otros $130.000 pesos para la Unidad Deportiva. [59]  

En 1969 las obras estaban prácticamente concluidas, sin embargo, por cuenta del mal uso de la comunidad, el deterioro de las instalaciones fue notorio y sin ser terminada se tomó la decisión de enmallar toda la Unidad Deportiva aun sin haber sido entregada oficialmente, por lo que se decide que es el gobierno municipal quien debe hacerse cargo de la terminación de las obras y la administración del complejo deportivo. Cuando el Club Rotario hizo entrega de la obra tenía en completo funcionamiento una cancha de futbol, dos de baloncesto y un parque infantil. Esta es considerada por el Club como una de las más importantes en sus primeros 13 años de vida.[60] El Estado de abandono en el que se encontraban las obras en 1969 se debía, según debate en el concejo a la falta de constancia por parte del Club para la construcción de las obras, “el parque infantil que quedaba en la Unidad Deportiva (…) En la actualidad está lleno de oxido y en completo estado de abandono”[61], aunque se reconocía la labor del Club se consideraba que “son personas sumamente ocupadas para dedicarse a una sola obra, como es la Unidad Deportiva”.[62] En un afán de la administración municipal por cuidar el parque en septiembre de 1969 se crea por orden del concejo un puesto de celador para que vigile el manejo que la comunidad le daba a los espacios tanto de día como de noche,[63] sus funciones eran vigilar las obras construidas y velar porque se mantenga en perfecto estado las zonas verdes, canchas de futbol y todo lo relacionado con la buena presentación de la cancha, su sueldo era de 1.000 pesos como empleado municipal. En diciembre de ese mismo año se crea la Junta Administrativa de la Unidad Deportiva Ciudad de Envigado, integrada por: el alcalde, el personero, ingeniero jefe de valorización, presidente de la sociedad de mejoras públicas y presidente de la Junta Comunal de Deportes. Cuyas funciones eran programar la obras que técnicamente requiriera la Unidad Deportiva con el fin de llenar los mínimos requerimientos de la construcción; presentar al concejo los planos que fueran elaborados y el presupuesto de las obras que se proyectaran y tramitar con entidades cívicas, personas naturales o jurídicas que quisiera o pudieran prestar algún servicio para el desarrollo de los deportes en el municipio.[64]

En marzo de 1970 (ver imagen 4) se esperaba que en pocos días se reanudaran los trabajos – que habían sido suspendidas hace más de un año cuando el Club Rotario entregó la responsabilidad al municipio – y la Unidad Deportiva fuera terminada en pocos meses, lo cual sería tarea exclusiva de la Junta Administradora, en ese momento se disponía de un presupuesto de $250.000 pesos recaudados en el municipio y otros $200.000 pesos como parte de un auxilio de Coldeportes. Una de las primeras obras que se iban a ejecutar una vez reanudados los trabajos era el cercado general de la Unidad Deportiva, después la construcción de tribunas y demás obras internas como tuberías y drenajes.[65]

La urgencia de la Unidad Deportiva se justificaba en la necesidad de los deportistas del municipio que no contaban con un escenario propicio, aun así se habían formado grandes deportistas con mucho esfuerzo ya que las canchas de futbol eran inapropiadas, las bicicletas en las que entrenaban eran prestadas y tenían que ir hasta el estadio de Medellín, para entrenar en pista o practicar natación, la pretensión era que con los escenarios deportivos propios el municipio tuviera mejores y más formados deportistas y entrenadores. La prensa nos ayuda a dilucidar sobre la preponderancia que había estado adquiriendo el deporte en el municipio. En 1969 existían en Envigado 23 equipos de futbol, con 506 jugadores y 115 dirigentes; en 1970 eran 26 equipos, 564 jugadores y 92 dirigentes; había 16 equipos de basquetbol en la categoría masculino mayores con 195 jugadores, 16 entrenadores y 55 dirigentes; en la categoría juvenil masculino había 4 equipos, 52 jugadores, 4 entrenadores y 16 dirigentes; y en el infantil eran 7 equipos, 80 jugadores, 7 entrenadores y 26 dirigentes. Quedando plenamente justificada la Unidad Deportiva, pero cuyos trabajos seguían sin reanudarse por diferentes motivos a saber: “el municipio tiene que legalizar la cesión del terreno que hace don Mario Posada a cambio de una faja que entrega el municipio. Pero dizque no ha habido forma de que los funcionarios municipales respectivos cumplan esta misión”, y además había una fuente de agua que debía ser drenada pero no había sido posible, pese a que Coldeportes ya había depositado $66.666.66 pesos o sea la tercera parte de los $200.000 pesos prometidos además de los fondos ya dispuestos por el municipio para tal fin.[66]

Los envigadeños tendrían que esperar hasta septiembre de 1970 para la reanudación de los trabajos cuando después de una reunión en la personería municipal el 8 de septiembre se autorizó la contratación de obras por un valor de $650.000 pesos, las primeras labores fueron la construcción de un muro de contención en el estadio de futbol, los cimientos del coliseo cubierto y la estructura metálica para el mismo con un peso de 45 toneladas, con esto se esperaba que las obras estuvieran listas en tres meses más, cabe anotar que para el momento la Junta de la Unidad Deportiva había recibido por parte de Coldeportes $350.000 pesos y la promesa de que antes de terminar el año harían otro desembolso por $600.000 pesos más con el fin de terminar rápidamente la Unidad Deportiva, es decir, más de lo prometido inicialmente.[67] Con todo esto en enero de 1971 las obras no habían sido terminadas y, el muro de contención que se había hecho en la cancha de futbol estaba cediendo por cuenta de las malas prácticas de la constructora.[68] Problema que es advertido por el personero municipal en una sesión del concejo en la que argumenta que el municipio ha sido estafado en el contrato firmado con Coltécnicas Ltda.

“(…) pues al conocer el contrato celebrado con la firma antes mencionada, claramente se ve que no es correcto que se hayan invertido $ 79.000 cuando una de las cláusulas del contrato dice que la obra podía recibirse por etapas. Otro de los puntos objetivos de que adolece el contrato es que según consta en el mismo éste debería ser aprobado por un Interventor, el alcalde, el Personero y el jefe del Almacén y nada de esto se ha hecho. En este momento, no se deben sino $16.000 únicamente y la obra no se encuentra terminada con el agravante de que uno de los muros construidos se haya dislocado en más de 0.05 cmtrs.”

Aun así los contratistas pidieron al municipio más fondos con el fin de construir otro muro que sostuviera el muro que estaba cediendo. Por tanto, se pidió desde el concejo municipal que no se volviera a contratar con dicha firma y que para evitar más perdidas se contratara a un ingeniero para que supervisara las obras, pues hasta el momento habían estado a cargo de Iván González, designado por la Junta de Deportes. Se determina finalmente que el Personero debía asesorarse por dos ingenieros que pudieran decir cuál es el estado real de las obras y además que la Junta de Deportes no podía seguir al frente de la obra,[69] pues según dictamen de los ingenieros había razones para dudar del desempeño de dicha junta. Lo que causó malestar en la comunidad, sin embargo el 21 de enero de 1971 se fijó como la fecha en la que se nombraría la nueva junta encargada de la supervisión de las obras de la Unidad Deportiva.[70] No es hasta más de un año después que se encuentra en los archivos referencias al proceso de la Unidad Deportiva, y es que en noviembre de 1972 se confirma la existencia de $1’000.000 de pesos como parte del presupuesto del año 1973 para la construcción del polideportivo por parte de Coldeportes quienes debían ejecutar la obra y entregarla al municipio para su administración y supervisión.[71] En diciembre de ese mismo año se reconoce por vigencias expiradas la suma de $15.000 pesos a Juan José Londoño por un contrato que tuvo con el municipio para el movimiento de una tierra en la Unidad Deportiva.[72]

Imagen 4. Maqueta de la Unidad Deportiva de Envigado 1970. Fuente: Periódico Presencias, Nro. 2, 22 de marzo de 1970, pág. 6. En 1979 según informe dado por el alcalde municipal en abril de ese año la terminación de las instalaciones de la Unidad Deportiva estaba clasificada como “obras en proyecto”.[73] Es en el segundo semestre de este año que se instala la iluminación de la Unidad Deportiva con un costo de $140.000 pesos, además se construyó la casa del deporte donde se invirtieron alrededor de $30.000 pesos.[74] En el siguiente año se hace una inversión mayor en iluminación por un valor de $500.000 pesos que permitiría que la obra finalmente se diera al servicio, oficialmente, el 8 de noviembre de 1980.[75] Finalmente, para el año 1981 el costo de la iluminación de la Unidad Deportiva había ascendido a $1’000.000 de pesos[76], lo que convertiría a la cancha de El Dorado en la única, hasta ese momento, que se encontraba totalmente iluminada. Además se destinaron $3’000.000 de pesos para la construcción de las galerías de las canchas.[77] En 1982 se aprobó en primer debate en el concejo un proyecto de acuerdo propuesto por el concejal Pablo Escobar Gaviria, con el que se pretendía que la administración de los escenarios deportivos pasase a manos de la Junta Municipal de Deportes, dicha junta estaría integrada por 7 miembros: el alcalde municipal, un representante de las Juntas de Acción Comunal, dos representantes elegidos por los deportistas, un representante del concejo, un representante del magisterio y un representante de Coldeportes; el objetivo de la junta seria organizar eventos deportivos con el fin de recaudar recursos para la ampliación y mantenimiento de dichos escenarios.[78]


[1] Alcaldía de Envigado, Situación de salud 2016, 50

[2] Alcaldía de Envigado, Población por zonas y barrios. Municipio de Envigado. Año 2011, 4.5.

[3] Sin autor. (31 de octubre de 1953). Lote de veinte cuadras. La Verdad, pág. 1.

[4] Ramírez Nieto, «Instituto de Crédito Territorial (ICT)». Credencial Historia Nro. 349.

[5] Gómez Gallego, Por el camino de las huellas, 61.

[6] Ramírez Nieto, «Instituto de Crédito Territorial (ICT)». Credencial Historia Nro. 349.

[7] Sin autor. (26 de febrero de 1955). Negociación relacionada con construcciones, formalizó la Cooperativa Textil Rosellón. Lanzadera, pág. 1.

[8] Según Héctor Gómez la primera etapa contó con 128 casas y según Luis Alberto Restrepo fueron 159.

[9] Restrepo Mesa, Mi historia de Envigado y otros escritos, 57.

[10] Según Gómez Gallego los planos fueron aprobados en 1958.

[11] Restrepo Mesa, Mi historia de Envigado y otros escritos, 58.

[12] Gómez Gallego, Por el camino de las huellas, 62

[13] Restrepo Mesa, Mi historia de Envigado y otros escritos, 58.

[14] Sin autor. (1 de diciembre de 2009). Barrio El Dorado, 50 años de historia. La Piedra de La Ayurá. Pág. 2.

[15] Acta Nro. 4. 30 de enero de 1962. Carpeta “Actas 1962 – 1965”

[16] Sin autor. (28 de noviembre de 1960). Lo que sucede en “El Dorado”. Expresión, pág. 5

[17] Sin autor. (8 de marzo de 1970). Escuela de Niños El Dorado. Presencias, pág. 6.

[18] Gómez Gallego, Por el camino de las huellas, 64.

[19] Acta Nro. 7. 6 de febrero de 1962. Carpeta “Actas 1962 – 1965”

[20] Acta Nro. 7. 6 de febrero de 1962. Carpeta “Actas 1962 – 1965”

[21] Restrepo Mesa, Mi historia de Envigado, 58.

[22] Acuerdo Nro. 3. 15 de enero de 1963. Carpeta “Acuerdos 1960-1964”

[23] Sánchez Bustamante, “Segunda parte: de la ciudad joven a la gran ciudad”, Envigado. Entre la montaña y el rio Tomo I, 379.

[24] Sin autor. (8 de marzo de 1970). Escuela de Niños El Dorado. Presencias, pág. 6.

[25] Gómez Gallego, Por el camino de las huellas, 64.

[26] Sánchez Bustamante, “Segunda parte: de la ciudad joven a la gran ciudad”, Envigado. Entre la montaña y el rio Tomo I, 379.

[27] Sin autor. (octubre de 1997). Cumplió las bodas de coral la Escuela “John F. Kennedy”. Ceibas, pág. 9.

[28] Gómez Gallego, Por el camino de las huellas, 66.

[29] Acta Nro. 12. 16 de diciembre de 1966. Carpeta “Actas 1965 – 1967”

[30] Acuerdo No. 5. 9 de febrero de 1967. Carpeta “Acuerdos 1963-1966”

[31] Sin autor. (8 de marzo de 1970). Escuela de Niños El Dorado. Presencias, pág. 6.

[32] Sin autor. (5 de abril de 1970). La escuela de niñas John F. Kennedy de Envigado. Presencias, pág. 4.

[33] Sin autor. (5 de abril de 1970). Gran impulso a la educación de Envigado, da el alcalde. Presencias, Pág. 2.

[34] Gómez Gallego, Por el camino de las huellas, 66.

[35] Acta Nro. 18. 25 de enero de 1973. Carpeta “Actas noviembre 1972 – septiembre 1974”

[36] Acta Nro. 17. 2 de agosto de 1979. Carpeta “Actas 1979”

[37] Sin autor. (junio de 1997). Dos mil millones de pesos para establecimientos educativos. El Informativo de Envigado, Pág. 5.

[38] Sin autor. (octubre de 1997). Cumplió las bodas de coral la Escuela “John F. Kennedy”. Ceibas, pág. 9.

[39] Gómez Gallego, Por el camino de las huellas, 63.

[40] Montoyo del Valle, Informe del desarrollo y avance de investigación en el desarrollo de la catedra envigadeña, 178.

[41] Ídem, 182.

[42] Restrepo Mesa, Mi historia de Envigado y otros escritos, 58.

[43] Gómez Gallego, Por el camino de las huellas, 63.

[44] Sin autor. (12 de noviembre de 1961). Parroquia San Rafael. Expresión, pág. 2.

[45] Ídem, 59.

[46] Montoyo del Valle, Informe del desarrollo y avance de investigación en el desarrollo de la catedra envigadeña, 182.

[47] Betancur. (2 de diciembre de 1999). El Dorado no dejará dormir. El Colombiano, pág. 3E.

[48] Montoyo del Valle, Informe del desarrollo y avance de investigación en el desarrollo de la catedra envigadeña, 183.

[49] Restrepo Mesa, Mi historia de Envigado y otros escritos, 59.

[50] Acta Nro. 52. 10 de agosto de 1959. Carpeta “Actas 1959”

[51] Restrepo Mesa, Mi historia de Envigado y otros escritos, 58.

[52] Acuerdo Nro. 11. 7 de marzo de 1963. Carpeta “Acuerdos 1960-1964”

[53] Del Valle Montoyo, Informe del desarrollo y avance de investigación en el desarrollo de catedra envigadeña, 179.

[54] Sin autor. (10 de mayo de 1963). Campo deportivo. Expresión, pág. 5.

[55] Garcés Escobar, Monografía de Envigado, 100. (López Vélez & García , 2007)

[56] Acta Nro. 16. 14 de agosto de 1980. Carpeta “Actas 1980”

[57] Acta Nro. 66. 25 de enero de 1966. Carpeta “Actas 1965-1967”

[58] Acta Nro. 81. 13 de junio de 1966. Carpeta “Actas 1963-1966”

[59] López Vélez y Rodrigo de J. García, Historia del Club Rotario. Envigado 1957-2007, 64-68.

[60] López Vélez y Rodrigo de J. García, Historia del Club Rotario. Envigado 1957-2007, 64-68.

[61] Acta Nro. 26. 5 de septiembre de 1969. Carpeta “Actas 1968 – 1970”

[62] Ídem.

[63] Acta Nro. 28. 11 de septiembre de 1969. Carpeta “Actas 1968 – 1970”

[64] Acuerdo Nro. 38. 20 de diciembre de 1969. Carpeta “Acuerdos 1963-1966”

[65] Sin autor. (22 de marzo de 1970). Maqueta de la Unidad Deportiva de Envigado. Presencias, pág. 6.

[66] Sin autor. (28 de junio de 1970). Envigado, Segunda Ciudad Deportiva De Antioquia. Presencias, pág. 8.

[67] Sin autor. (13 de septiembre de 1970). Envigado, Obras para la Unidad Deportiva contratadas. Presencias, pág. 1.

[68] Acta Nro. 14. 4 de enero de 1971. Carpeta “Actas 1970 – 1972”

[69] Acta Nro. 15. 5 de enero de 1971. Carpeta “Actas 1970 – 1972”

[70] Acta Nro. 20. 18 de enero de 1971. Carpeta “Actas 1970 – 1972”

[71] Acta Nro. 7. 23 de noviembre de 1972. Carpeta “Actas 1970 – 1972”

[72] Acuerdo Nro. 11. 14 de diciembre de 1972. Carpeta “Acuerdos 1970-1973”

[73] Acta Nro. 7. 2 de abril de 1979. Carpeta “Actas 1979”

[74] Acta Nro. 17. 2 de agosto de 1979. Carpeta “Actas 1979”

[75] Acta Nro. 1. 1 de noviembre de 1980. Carpeta “Actas 1980”

[76] Acta Nro. 1. 1 de enero de 1981. Carpeta “Actas 1981”

[77] Acta Nro. 7. 22 de abril de 1981. Carpeta “Actas 1981”

[78] Acta Nro. 6. 25 de noviembre de 1982. Carpeta “Actas 1982”

Reseña breve de Hector Gómez Gallego

Don Luis Toro era el propietario de la  Finca La Toro, en la parte alta de la Quebrada La Mina y 100 metros antes del Cementerio de Envigado, y quien le vendió esos terrenos, unas 20 cuadras, a un peso metro cuadrado, al Instituto de Crédito Territorial, en Medellín, en la suma de $180.000.00, con el compromiso ante el Municipio de Envigado de construir viviendas para obreros. El ICT estaba gerenciado por el Doctor Costar Arango Mesa.

Los planos fueron aprobados en 1958 para tres etapas, siendo la primera de 128 viviendas, bajo la dirección del Arquitecto del ICT Doctor Delio Jaramillo Restrepo, etapa terminada en 1959, con agua y luz pero las calles aún sin asfalto y sin aceras. Cuando el Inscredial dijo que las casas quedaban a $15.000.00 cada una, políticos envigadeños dijeron que esas pesebreras eran caras a ese precio, por lo cual el Alcalde de Envigado Darío Melguizo Mejía devolvió la totalidad de los formularios al Inscredial, cuando exclusivamente todas las casas eran para los envigadeños.

El Inscredial las adjudicó desde Medellín a quienes con el lleno de todos los requisitos, estaban listos para tomarlas, con una cuota inicial de $3.000 pesos a un plazo de 15 años, y con un descuento de la cuota inicial de cien pesos m.c. por cada hijo o hija que tuviera el adjudicatario.

Entre el 20 y el 31 de Diciembre de 1959 llegamos a La Toro más o menos unas 15 familias que aquí recibimos el año nuevo de 1960, entre las cuales recordamos a la de Don Eugenio Ospina Ángel, Don Carlos Toro, Don Darío Carvajal Yepes, Almacenista General de Obras Públicas Nacionales, Héctor Gómez Gallego, Periodista y funcionario del Inscredial, con Doña Nelly y quienes serán sus hijos Pubenza, Vladimiro, Marta, Juan Rafael, Adriana y Carlos Alberto, Don Moisés Álvarez Arcila funcionario del Banco Popular, con Doña Flor y luego sus hijos Angela María, Luis Fernando, Marta Lucía, Don Jaime Echeverri González empleado público y luego Personero de Envigado, con Doña Luz y luego sus hijos Porfirio, Jaime Alberto, César, Gleny, Luz Angela, Beatriz, Olga María y Marta, Don Alfredo Montoya Calderón Agente de Seguros, con Doña Marta y luego serán sus hijos Marta, Esteban, Víctor, Fernando, Rodrigo, Pilar, Marina y Adriana, Don Manuel Bernal Inspector de Obras ICT, Doña Gabriela Arias de Cárdenas Docente jubilada, madre del gran Hernando Cárdenas Arias, Don Darío Álzate, Don Aureliano Echeverri, trabajador del Ferrocarril de Antioquia, padre de Leoncio Echeverri, de Los Ayers, Don Arturo Hernández Murillo, Cerrajero, y esa inolvidable familia Orozco, con Alaín a la cabeza, entre los más recordados.

Ya desde la primera semana de Enero de 1960 otras familias llegaron: las de Don Francisco Rodríguez, Don Daniel Marín, Docente, Don Alberto Villada, Mecánico, con Doña Mariela y serán sus hijos Oscar, John Jairo, Iván Darío, Rocío, Yamile y la inolvidable Sonia,  Doña Lía Jaramillo, Don Antonio Betancur, Tendero, Don Tulio Granada, Docente, con Doña Fabiola y serán sus hijos Ocaris, Iván Darío, Héctor, Amparo, Ovidio, Inés y Lucía, Don Eduardo Murillo, Fotógrafo, con Doña Adela y luego con sus hijos Carmenza, John, Silvia, Patricia, Mauricio, Claudia, Viviana, Jaime, Gustavo y Alejandro, Familia Gallego Zapata, Jesús M. Vásquez Henao, Inspector de Obras ICT, Don Eduardo Villalba Álvarez, hombre muy vinculado a las actividades radiales, Don Jesús Arango Isaza, una familia llena de méritos por sus aportes cívicos, sociales y culturales a la Comunidad, como la del Señor Pérez García, esposo de Doña Lucía Soto, fallecido él cuando apenas se instalaban en la zona de El Mango, padres de esos distinguidos Pérez Soto, Máximo, Nicolás, Juan Carlos, Hernán, Ana Leonisa, Claudia y Román, tan vinculados a la Universidad Cooperativa de Colombia, Don Humberto Buitrago, Jefe de Tráfico de Avianca en el Aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, Don Juan de Dios Adarve, Familia Monrroy, Don Vicente Jaramillo, Docente, Don Manuel Herrera, de Cementos Argos, Don Luis Pérez, Personero Municipal, Don Francisco Mejía, la Familia Arcila, Familia Santamaría, Familia de Don Rafael Uribe (Industria del Bocadillo) con Francisco y Sonia, Don Hernando Jurado, de Cementos El Cairo,  Don David Henao Arenas, Periodista, Familia Araque, Don Humberto Restrepo (Heladería), Don Justo Zapata, Don Luis García, Familia Jaramillo (Productora de Morcilla), Familia Ríos (Gloria y Margarita), Henry Arango Morales y su hermano el Doctor Héctor Arango Morales, Ex Registrador Departamental del Estado Civíl y la Familia Cárdenas Gómez que tanto enaltece el Doctor Juan Guillermo Cárdenas Gómez, con ese inmenso recorrido en la Rama Judicial y actual Magistrado del Tribunal Superior de Antioquia. Con los años llegó ese gran amigo, veterano Concejal de Envigado, Don José Lubín Maldonado Sánchez y su distinguida Familia, precisamente en el Parque El Mango, donde se asentó para mayor honra y crédito del Barrio El Dorado, Don Jairo Villegas Giraldo, Docente y posteriormente Don Libardo Alzate con Doña Sofia y sus hijos Luz Elena, Rubiela, Libardo y John Jairo, Don Daniel Marín, Docente, etc. Imposible citar tantos como lo merecen. El ICT acertó plenamente porque la totalidad de las familias adjudicatarias correspondieron a la tradición de Envigado, y EL DORADO es hoy una zona residencial respetable, ejemplo de cultura, civismo, orden y progreso.

Hubo entonces, Deportistas como Gerardo Moncada, “El Alemán”, del Atlético Nacional, cuyo padre murió un Jueves Santo en la mañana, atropellado por un carro en el Puente de la Quebrada “La Mina”, llamado “Puente de Chunga”, personaje popular que en otros tiempos fabricó allí Tapetusa para la venta al público, salida de Envigado hacia el Cementerio, canalizada donde está hoy el Parque Infantil; el futbolista Pedro Alzate, más conocido cuando jugó para el Santa Fé, el Atleta Martín Gallego, Hernando Gutiérrez Ángel, Levantamiento de Pesas, vinculado a Rosellón, Francisco Pérez “Pachito”, del Cúcuta Deportivo, Libardo Vélez, quien fue portero del Atlético Nacional, Beatriz Echeverri Montoya, cantante, Industriales, Comerciantes y muchos otros de diferentes profesiones, como Don Salvador Vallejo, de la Secretaría Departamental de Educación, Don Gustavo Tamayo Tangarife, de Rosellón y después Alcalde de Cisneros, con Doña Luisa y quienes serán sus hijos Orlando, Omar, Álvaro, Magnolia, Beatriz, Hugo y Nidia, Médico Doctor Héctor Castaño, Doctor Jaime Murillo, Ingeniero Luis Fernando Álvarez Galeano, Político Doctor Máximo Pérez Soto, Concejal de Medellín, Don Marco Antonio Castrillón Suárez y su distinguida esposa Doña Magdalena Sierra de Castrillón, de Administración de Correos y Telégrafos, Don Luis González, Inspector de Policía de Envigado, etc.

La primera Misa en el Barrio La Toro fue celebrada por el Párroco de Envigado Padre Pablo Villegas López, cuando aún no se había creado la Parroquia de San Rafael, y fue en la zona verde, a la derecha de la entrada al Barrio. El Padre Pablo en la misa del domingo siguiente en Envigado dijo que en La Toro no había visto mujeres, sino hombres, únicamente. Sucedió que el Padre Villegas no podía aceptar que las mujeres vistieran bluyines, y muchas ya vestían con esta moda.

Siendo Arzobispo de Medellín Monseñor Tulio Botero Salazar por Decreto de Febrero 2 de 1961 creó la Parroquia de San Rafael, cuando ya era Gerente del Inscredial el Doctor Ignacio Molina Giraldo. El primer Párroco fue el Padre Jaime Buitrago Salazar, de Febrero 2 de 1961 a Abril 16 de 1962; le sucedió el Padre Guillermo Escobar Escobar, de Abril 15 de 1962 a Junio 8 de 1975, luego el Padre Orlando Arango Posada de Junio 29 de 1975 a Noviembre 27 de 1978, y le siguieron los sacerdotes Rodrigo Gómez, Hernán Muñoz Herrera, Fabio Carmona Moreno, Gabriel Jaime López Gutiérrez, Alberto Maldonado y Julio Ernesto Uribe, en Diciembre de 2002.

Porque el nombre al barrio?

En ese tiempo no había Juntas de Acción Comunal sino Centros Cívicos y entonces creamos el nuestro en La Toro, trabajando intensamente para cambiarle ese nombre, pues en el Parque de Envigado cuando veían a las muchachas de esta urbanización decían: “ahí vienen las terneras de La Toro”. Yo propuse unas elecciones entre todos los adjudicatarios ya instalados aquí, para que el nombre no fuera capricho o decisión de alguien; los vecinos dieron a la Junta Directiva varios nombres, entre otros EL DORADO, sugerido por Don Darío Carvajal Yepes, pero yo hice campaña para que se aceptara este nombre, por la Emisora La Voz Katía, de Envigado, por el periódico EL CORREO, de Medellín y de casa en casa, nombre entonces de mucha actualidad por la construcción e inauguración del Aeropuerto El Dorado en Bogotá, y no por ningún otro motivo como se ha dicho sin ningún fundamento.- El triunfo fue para EL DORADO e inmediatamente dimos aviso de nuestra soberana decisión al Concejo Municipal de Envigado, a la Alcaldía, al Centro de Historia de Envigado, a la Gerencia Seccional del ICT en Medellín a cargo del Doctor Ignacio Molina Giraldo y a la Gerencia General del ICT a cargo del Doctor Fabio Robledo Uribe, en Bogotá, quien ordenó el cambio de nombre a todo lo relacionado con esta Urbanización y las Escrituras Públicas y documentos siguientes.

El Centro Cívico de EL DORADO presidido por Don Eugenio Ospina trabajó entonces por una Escuela, por lo cual el Municipio acondicionó la “Dolores Álvarez Montoya” mientras se construyó la “John F. Kennedy” en 1964 por la Alianza para el Progreso, Movimiento Cultural de los Estados Unidos, la cual albergó niños y niñas dejando el local que ocupaba para el Comando de la Policía Nacional Estación Envigado, por muchos años después.

Para las campañas cívicas Hernando Cárdenas Arias y Héctor Gómez Gallego fundamos el periódico “ESFUERZO”, que publicamos hasta cuando me vinculé a la Junta Central de las Fiestas del Carriel llamado por la Sociedad de Mejoras Públicas de Envigado, a beneficio de la Biblioteca “José Félix de Restrepo”, en Agosto de 1960; y llegó como Concejal de Envigado Don Eugenio Ospina Ángel. Droguerías Aliadas le compró 10 viviendas al Inscredial para sus empleados, entre los cuales llegó también Don Sigifredo Arrubla, con Doña Elba y serán sus hijos Beatriz, Nicolás, Juan Carlos, Hilda y Gabriel Jaime, Don Salvador Villa con Doña Luisa, padres de ese gran Médico el Doctor Luis Fernando Villa y sus hermanos Álvaro, Beatriz, Silvia, Luz Marina, Olga, Ángela y María Elena y Don Alfonso Rave Monsalve.

Será mejor contar en este punto que en 1972 fui electo Concejal de Envigado, también fui Presidente del Concejo, y desempeñé las Comisiones de Becas, Bicentenario de Envigado, Fiestas Patrias, Valorización y MASA (Municipios Asociados del Valle de Aburrá) en Representación del Municipio de Envigado. Fue entonces cuando logré convenir con el Doctor Ditter Castrillón Oberndorfer, Gerente Seccional del Inscredial en Medellín que le hiciera cesión al Municipio de Envigado de todas las Zonas Verdes en El Dorado. Aceptó pero dejó constancia en la Escritura que el Municipio no puede construir sino un Parque Infantil sobre la Quebrada La Mina y nada más, y la condición de que si se viola esta cláusula, el ICT o el INURBE hoy, readquieren el poder sobre estas tierras, en esa Escritura Pública que personalmente entregué en el Concejo y de la Notaría Cuarta de Medellín.

Radioaficionados

El Barrio El Dorado aportó a la Liga Colombiana de Radioaficionados para su Seccional de Envigado, presidida por Héctor Gómez Gallego, los siguientes Radioaficionados:

Nora Soto de Bonilla HK-4-CTK; Héctor Gómez Gallego HK-4-AZR; Giovanni Dettorre Jácome HK-4; Jairo Cuervo Sánchez HK-4; Carlos Ossa Lema                        HK-4; Marco A. Castrillón Suárez HK-4; Nélson Montalvo Martínez HK-4.

Por allá en 1960 el Ingeniero Alejandro Correa le prestó al Centro Cívico el bulldozer del Municipio, porque nosotros soñábamos con unir a Envigado directo desde el atrio de la Iglesia de Santa Gertrudis, hasta nuestra urbanización, por la hoy Carrera 42, llenando con tierrita la cañada de la Quebrada La Mina. El aparato llegó con la condición de que nosotros pagábamos el bulldocero y los combustibles, con el producto de las empanadas y los billeticos que cordial y patrióticamente daban los carros particulares que entraban al barrio y admiraban y estimulaban nuestro trabajo. El bulldozer empezó a trabajar aquella mañana de sábado y… se rodó.

Como en Fuenteovejuna, todos éramos responsables, pues el aparato tenía que estar trabajando con el Municipio de Envigado el lunes a primera hora. Hubo que multiplicar la producción de empanadas, comprarlas y consumirlas en grandes cantidades para financiar otro bulldozer que vino a la operación rescate.

Eso fue un sueño, otra frustración, porque yo había traído antes unos ingenieros de ARMCO Colombiana, conocedores de este tipo de trabajos como lo hicieron con el Viaducto de Cajamarca a Ibagué, y me dijeron que este trabajito costaba apenas un millón de pesos, que traducido a la producción y consumo de empanadas constituían una venturosa eternidad. Desde hace muchos años esta canalización y unión con Envigado está hecha por Valorización.

Y… Unas noticas curiosas:

A las mujeres de una familia residente en las inmediaciones del Parque del Mango, los vecinos las apodaron “Las Tambochas”, porque éste es el nombre de las terribles arrieras que el escritor José Eustasio Rivera menciona en la Novela “La Vorágine”, que en minutos destrozaban árboles o animales, y estas damas se llevaban las maticas del jardín, por donde pasaban.

Con el fin de contribuir en algo a los fondos del naciente Centro Cívico del Barrio El Dorado, Leoncio Echeverri (hoy “Los Ayer´s”), Hernando Cárdenas Arias y otros, daban serenatas los sábados, a un peso cada una y ese dinero se cobraba los domingos.

Finalmente, hubo un residente a quien los vecinos apodaron “La Bachué”, y él con publicidad desde un carro, con alto parlantes a todo volumen molestó al vecindario, siendo además inamistoso y prepotente.

Y, entre esas familias Velásquez, había una, en la cual correteaba un niño que sería muy importante en la vida política y administrativa de Envigado. Era la familia del adjudicatario en la primera etapa Don Antonio Velásquez y ese niño era Álvaro Velásquez Cano, quien estudiaba en la Escuela Fernando González, luego hizo Secundaria en el Liceo “Manuel Uribe Ángel” (MUA) donde obtuvo su título de Bachiller y terminó Economía en la Universidad Autónoma Latinoamericana, de Medellín.

El Doctor Álvaro Velásquez Cano hizo un recorrido laboral por toda la Administración Municipal de Envigado, desde Archivo Municipal, Tesorero Municipal, Secretario de Hacienda, Servicios Generales, Gobierno, de Transito, en Planeación, Contralor Municipal, Diputado a la Asamblea Departamental de Antioquia y dos veces Alcalde Municipal, la última por el periodo de 2001 a 2004.-

Y, hacer un esfuerzo para recordar a la Escuela “John F. Kennedy” de El Dorado resulta un verdadero placer, porque es para pensar en ese grupo de maestras, dirigidas primero por Ligia Ocampo de 1964 a 1965, Lucila Echeverri de 1965 a 1966; Berta Ocampo de C. de 1966 a 1968, la inolvidable e insuperable Doña Consuelo Ramírez de Ramírez de 1968 a 1976, Doña Eufemia Zapata de Hernández de 1976 a 1979, debiendo destacar también a Edelmira Tamayo de B, Dioselina Diosa Román, Marina Franco Molina, Hermilda Echavarría, Marina Arredondo de Mejía, Consuelo Gallego E. y Luz Nelly Benjumea de Sánchez; cuando la Escuela cumplió sus primeros 8 años de vida, a cuya celebración me pude integrar cuando traje para el Acto la Orquesta Médica Antioqueña compuesta  totalmente por médicos de Medellín, varios de ellos muy conocidos especialistas, y con una sola mujer, violinista, Rocío Gómez Gallego, mi hermana, el 2 de Agosto de 1972, y un reinado interno del alumnado, del cual fuimos jurados con la Concejal Doña Amparo Giraldo de Lopera y Don Ignacio Muñoz, Director de la Escuela “Fernando González”.

El 5 de Marzo de 1973 compuse el Himno de la Escuela “John F. Kennedy”, vigente en la actualidad, el 10 de Agosto de 1973 siendo yo Presidente del Concejo Municipal de Envigado traje al Cónsul de los Estados Unidos y a su Esposa, quienes le regalaron la bandera de su país, para recordar con gratitud ese plan de ayuda cultural que fue la Alianza para el Progreso, que construyó la Escuela, y amenizamos el acto con un grupo musical que fuimos a contratar con Don Camilo Arango en Amagá.

En este punto también hay que recordar con gratitud ese meritorio grupo de maestros y maestras de la Escuela de Niños, como a Don Félix Muñoz, Doña Isabel, don Bernardo Posada, Gilma Cárdenas y Patricia Lara, porque allí estudiaron mis hijos Juan Rafael Gómez, periodista hoy Director del periódico LA PIEDRA y Carlos Alberto Gómez Ingeniero Mecánico vinculado a Universidad Salazar y Herrera. Todo, hasta la integración con la Escuela John F. Kennedy en 1979.

Olvidaba registrar que, cuando la Escuela John F. Kennedy cumplió 40 años, me envió una tarjeta que dice: “Gracias… Señor Héctor Gómez Gallego, su nombre está grabado en las páginas doradas de la Institución y su pensamiento en versos imborrables”

Tengamos en cuenta que el Barrio El Dorado nació en Diciembre de 1959 con el nombre de La Toro, por lo cual, en 1999, a los 40 años de fundado la Junta de Acción Comunal El Dorado-La Merced me hizo llegar un bello Pergamino de Reconocimiento “Por su labor Cívica y su permanente apoyo al Barrio El Dorado”, y otro Pergamino a mi Familia “Por la labor realizada y el gran interés demostrado para el avance, progreso y desarrollo de la Comunidad”.

Muchas gracias para tanta buena gente, y aquí valen las palabras “HONRAR, HONRA” por lo cual apreciamos tanto estos mensajes, y apenas repetimos que todo fue hecho porque nos salió del alma, siempre con un espíritu constructivo y con fervientes deseos de engrandecimiento y progreso para todos.

Envigado, Mayo 20 de 2017.

El Dorado brilla por su buen vivir

(Articulo tomado del periódico El Mundo, periodista Maria Alejandra Castro Bohórquez, 4 de Enero de 2012)

Fue construido en tres etapas. En una de ellas se hizo la iglesia San Rafael Arcángel, uno de los lugares que más recibe feligreses durante los fines de semana. Se trata de un barrio tranquilo, de familias que se conocen entre sí.  Es un barrio de 15.000 habitantes. Hecho en tres etapas, una de ellas fue terminada en 1960 cuando el párroco Jaime Buitrago lideraba la iglesia. Es un punto de encuentro y tradición envigadeña.

Se fundó en 1959 y antes de convertirse en lo que es hoy, uno de los lugares más tradicionales del municipio de Envigado, era un paraje de árboles de los que se sacaban la madera para las vigas de las casas y los puentes de la época, de ahí el nombre del municipio.

La zona 7, conocida como El Dorado, hacía parte de La Toro, una finca que fue comprada a don Luis Toro por el Instituto de Crédito Territorial durante el gobierno del General Gustavo Rojas Pinilla. El barrio recibió su nombre en memoria de la leyenda de El Dorado, que tantos conquistadores europeos buscaron sin éxito en sus expediciones a las selvas vírgenes del sur del continente.  Además uno de los principales obras del presidente general era el aeropuerto y por tanto, reforzaba aún más su aporte, rindiendole un homenaje con el mismo nombre de su principal obra de gobierno.

Los vecinos advierten que, aunque no viven entre piezas de oro, son personas de una suerte millonaria por las ventajas y beneficios que obtienen de su barrio, en general tranquilo, de familias tradicionales y cerca de todo, el parque, el hospital, el Metro.

Los primeros pobladores resultaron ser maestros de escuela, militares y obreros de Coltejer, empresa textil que quería que sus empleados tuvieran un lugar tranquilo para cuidar a sus familias sin tener que desplazarse hasta muy lejos.  El Rastrojo de Envigado, así le decían a ese sector según se lee en los primeros archivos del municipio. Los fundadores recuerdan que era casi todo lo que había por allí, altos pastizales que ardían en tiempo seco y levantaban un humo que se veía desde lejos.

El tiempo no ha pasado en vano. El Dorado ha sido premiado como el barrio más organizado y arborizado de Envigado. Viviana Álvarez Matta, una de sus habitantes, dice que es un lugar agradable y tranquilo para salir a caminar, con jardines que le dan un toque de frescura, incluso en los meses más soleados.

Fútbol

Otra actividad que ha estado ligada al barrio es el deporte. Tienen la segunda cancha más importante, después del Polideportivo de Envigado, y durante los últimos tres meses le han estado realizando adecuaciones para que sea una cancha sintética. La inversión del Inder asciende a 1.200 millones de pesos. La gente se declara feliz porque su cancha, antes de arenilla, era punto de encuentro de diferentes grupos, no solo de los gomosos del fútbol sino de los vecinos en  general.

El servicio de transporte es uno de los más completos, aunque en varias ocasiones los habitantes le han pedido a la Administración que trasladen algunas rutas de buses a otras calles. Según José Julián Rodríguez, quien vive en El Dorado hace más de 10 años, a pesar de que en los últimos meses han aumentado los atracos, el barrio siempre ha sido tranquilo y los vecinos han sido solidarios. En ese barrio casi todo lo que brilla sí es dorado, dicen los vecinos sonriendo.

ASÍ EMPEZÓ A BRILLAR EL DORADO

artículo tomado del periódico Gente.com.co, Envigado, Abril 21, 2017 (http://gente.com.co/historia-del-barrio-el-dorado-de-envigado/)

Poco más de 56 años vivió ese laurel sembrado al frente de la casa de los Rave Uribe. Fue el año pasado, antes de que llegara a los 57 en diciembre, cuando, por complicaciones naturales y otras de infraestructura, tuvo que ser podado. Pero no se fue del todo; sus raíces y la base de su tronco se conservan aún sobre la cra. 42 (con cl. 40C sur) como prueba del origen de uno de los barrios tradicionales del municipio, esos donde su gente se define como envigadeña de cepa. En su tronco don Alfonso Rave instaló una placa que anuncia: “Nace El Dorado. Diciembre 1959”.

Historia de El Dorado, uno de los barrios más tradicionales de Envigado.

El señor llegó en esa fecha con la mujer con quien se casó hace 65 años, Lucila Uribe. Venían de El Poblado. Allá vivieron hasta que el Crédito Territorial les facilitó la adquisición de una propiedad en el todavía desaprovechado rincón de Envigado al que se pasaron con 5 de sus 10 hijos, en el que tuvieron a los otros 5 y en el que se instalaron para siempre. Allá se conservan como la tercera familia en llegar a la carrera 42, una cuadra despoblada, con vías destapadas y mangas arborizadas por donde se volteara a ver. Y allá, en la sala ya muy modernizada de una tradicional casona, nos recibieron para recordar sus primeros días en el barrio.

En las mangas mencionadas jugaban los niños luego de sus clases en un colegio de religiosas, y en esas mangas también se rebuscaban la mecateada de las tardes, que variaba entre pomos, mandarinas y mangos. Y aunque los pequeños disfrutaban la nueva vida, para la pareja del hogar (él, oriundo de Girardota, mientras que su compañera de vida regresó a su natal municipio) acomodarse al comienzo no fue fácil.

Por ejemplo, no tenían servicio de electricidad y el agua no era limpia, en ocasiones bajaba con lombrices a los tanques donde la recogían y debían, por supuesto, hervirla en fogones de leña. Como vieron que no había iglesia para celebrar la misa se encargaron de dar forma (una decente y apropiada para fervorosas ceremonias) a una ramada en una de las esquinas del emergente sector.

Por la estrecha vía que lo atravesaba y que llevaba a Sabaneta (en ese entonces, corregimiento de Envigado) no entraban carros ni bestias y qué problema para los vecinos (en pocos días el número de familias superaba las 15), que trabajaban, casi todos, en Medellín.

Menos mal el tiempo trae soluciones y con él llegaron unos carritos pequeños para transportarlos (se llamaban ‘arrieritas’), así como el servicio de luz eléctrica y, poco a poco, la instalación del acueducto. Sin embargo, las mejoras parecían no ser suficientes para este grupo de vecinos reconocidos en el centro del municipio y en Medellín por su oficio de obreros. Los llamaban ‘los de las palomeritas’, “ya que a nosotros nos recibieron como gente rara. Y vea, hoy vivimos en el que, al menos para mí, es el mejor barrio de Envigado“, afirma don Alfonso, que en 1959 —mientras trabajaba en Droguerías Aliadas— pagó 16.000 pesos por su casa esquinera.

A pocos metros de su casa actual vive doña María Dolores Betancur. No fue precisamente miembro del grupo fundador, pero sí le tocó esa época en la que al barrio lo llamaban ‘el de obreros’, aunque también decían que era de jubilados. Como fuera, humilde y apenas surgiendo, para ella siempre ha sido tremendo vividero.

Llegó de Laureles hace 40 años con su esposo (fallecido hace 32), Juan Eugenio López, y sus 3 hijos. Eligieron este punto al sur de Medellín porque don Juan sufría del corazón y el médico le había recomendado una vida tranquila y silenciosa, contraria a la que llevaban en su antiguo sitio, por el que pasaban muy cerca los aviones.

Recuerda que la cancha de fútbol de El Dorado (tan famosa hoy por ser la segunda en importancia después de la del estadio del Polideportivo Sur) era solo un terreno con una barranca ancha para llegar al centro de Envigado, y si no era así tocaba dar una gran vuelta.

Su esposo solo disfrutó 8 años de la calma del nuevo barrio, pero esto no hizo que doña María se fuera. Al contrario, se quedó disfrutando por los 2, por los suyos en general, porque ni al crecer sus hijos quisieron dejar el municipio. Y eso que no fue sencillo para ella adaptarse cuando recién llegó, pues sintió que pasó de la ciudad a un pequeño pueblo “y resulta que este ‘pueblo’ es lo más hermoso que he podido conocer. Es un barrio en el que nadie se mete con nadie y todos son pendientes. Ahora estoy enferma y no deja de sonar la puerta de mi casa, la gente preguntando por mí. Esto por acá es muy unido y humanitario, además de seguro (siempre, donde sea, uno teme ser robado —ríe—), esto por acá es una delicia”, asegura.

Desde que llegaron los Rave Uribe, y demás fundadores, las casonas del barrio fueron siempre de 1 piso y variaban solo entre 3 o 4 colores. Doña María Dolores, en cambio, fue testigo del cambio. Un día su esposo empezó a levantar un segundo nivel, y fueron varios los que lo siguieron. Según sus cálculos, hace unos 30 años empezó a darse el cambio de casas tradicionales a edificios. “Y de todos modos la vecindad nunca se fue, la gente siguió unida, esto no nos afectó”, dice ella.

Al parecer esa unión nació con el sector. Don Alfonso Rave siempre lo notó, pero lo pudo confirmar el día en que en las manos de los habitantes cayó una gran responsabilidad: bautizar el lugar que los había acogido y al que ninguno quería conservar con el que lo encontraron: La Toro, heredado de la finca que antes ocupaba el terreno.

Con frecuencia ya se venían haciendo reuniones entre las primeras familias; de hecho, ya tenían identificados quiénes se perfilaban a líderes. Así que la forma de escoger el nuevo nombre no podía ser otra: se juntaron los vecinos y se puso a votación. Don Alfonso no recuerda las demás opciones de la lista y tampoco por qué estaba en ella ‘El Dorado’. Lo cierto es que ese, con brillo propio, fue el ganador, y hoy por hoy en la ciudad (y pasa también por fuera de ella) no hay quien no lo haya escuchado mencionar. La historia y la rutina barrial viven en sus casas, sus edificios y, cómo no, en sus ya pocas casonas.

Luisa Fernanda Angel
Luisaan@gente.com.co

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