Mesa Jaramillo

En Envigado, el establecimiento de Rosellón propició principalmente el desarrollo del sector oriental de la ciudad, entre otros y la ampliación de su sector tradicional, alrededor del parque, abrió nuevas calles y zonas futuras de expansión urbana, como el barrio Mesa Jaramillo (1923-1926), el Barrio Obrero, la margen nororiental de la quebrada La Ayurá, las lomas del Escobero y las Brujas, La Mina y Chinguí. De igual manera, en el sector de El Salado, la fábrica requirió la apertura del camino que conducía a sus instalaciones, lo que propició el surgimiento de casas a lo largo del mismo y la urbanización de las tierras aledañas (Gómez, 2010, p.29).

El Barrio Mesa Jaramillo, fue impulsado por la casa comercial Heliodoro Medina y Cía, accionista de Rosellón, con el fin de dar vivienda a sus empleados y ensanchar la calle que conducía a la fábrica. Para tal efecto, se aprobó un contrato entre el Municipio de Envigado, a través de su Personero Pedro Pablo González y la casa comercial, mediante acuerdo del Concejo No. 26 del 24 de julio de 1923. El acuerdo estipulaba los siguientes aspectos:

  1. Urbanización del Barrio “Mesa Jaramillo”, en honor del educador e historiador José María Mesa Jaramillo, fue director del Archivo Departamental de Antioquia, docente de catedra de la Universidad de Antioquia y miembro de la Academia Antioqueña de Historia.
  2. Urbanizar o sea construir casas, ensanchar la calle de Rosellón, cesión y venta de las calles y carreras del barrio, a igual que la apertura, arreglo, encascajado, arborización, suministro de agua y alcantarillado.
  3. La casa comercial cedía la propiedad y posesión de las calles y carreras que estaban demarcadas y las futuras: la “Avenida Central”, “Carrera de Camilo Torres”, “Carrera de Nariño”, “Carreras Sucre, Policarpa y Caldas”.
  4. Venta de faja de terreno de “once varas y cincuenta centímetros de anchura, en toda la extensión en que su dicho terreno bordea el camino de Rosellón, y cuya área total es de 3.499 varas cuadradas, de ochenta centímetros cada una.
  5. El precio del terreno, según el valor de la vara a 40 centavos de oro legal, fue de $1.399 pesos, los cuales debió pagar el Municipio con sus intereses del 12% anual, en 48 mensualidades, contadas a partir de la firma de la escritura.
  6. En cuanto al municipio, este se comprometía: a la variación o el desvío del acueducto, a dar en arrendamiento a sus habitantes hasta media paja de agua por cada edificio, a arreglar las calles y arborizar en un año, a iluminar eléctricamente el barrio, construir el alcantarillado.
  7. El valor total del contrato fue estimado en $3.500 pesos oro legal.

La creación del Barrio Mesa Jaramillo obedecía también a la implementación del Plano de Envigado Futuro, según ordenanza departamental No. 15 del 2 de abril de 1918 y donde se establecía el ensanche futuro de Envigado, con proyecto de nuevas vías, plazas y bosques, y especialmente avenidas (Acuerdo No. 23, del 29 de septiembre de 1919). Y en ese proceso de planeación del municipio, cercano al Barrio Mesa Jaramillo, se emprendió la tarea de proyectar por cuenta del municipio la construcción de “habitaciones para obreros”, por eso mediante acuerdo No. 16 del 10 de julio de 1921, se declaró de utilidad pública la adquisición de la finca de propiedad de la señora Mercedes Restrepo de Pareja, situada en el costado oriental o sureste de Envigado (Archivo Histórico del Concejo de Envigado, acuerdos, 1921).

El Plano fue diseñado por la firma de arquitectos Olarte, Vélez y Cía, quienes remodelaron el famoso Teatro Bolívar, que se ubicaba en la calle Ayacucho, con jardines interiores, una magnifica acústica y con una capacidad de 1278 personas.  En el Teatro Bolivar concurrían estudiantes y personas de la élite a conferencias, recitales poéticos y conciertos.   Los aficionados al teatro, la ópera y el ballet pudieron apreciar en el Teatro Bolívar orquestas, concertistas, compañías de ópera y zarzuela y grupos de teatro extranjeros y del país.

En 1931 se levantó el Monumento a Cristo Rey,  situado en su avenida principal, convirtiendose en uno de sus más importantes simbolos y referentes culturales y urbanos del barrio. Igualmente, es el testimonio, entre otros, de la formación religiosa de los habitantes de Envigado.  Fue una iniciativa de los obreros de Rosellón y de la juventud católica, un grupo ferviente de creyentes que deseaban establecer entre el medio obrero una mentalidad profundamente religiosa.  Desde la creación de la Doctrina Social de la Iglesia, el cristianismo católico había iniciado una serie de programas y estrategias para imponerse sobre la población y los nuevas corrientes de progreso industrial. Sacerdotes y diferentes grupos y comunidades religiosas, como los Hermanos Lasallistas, las Hermanas de la Presentación, los grupos Marianos, así como la Juventud Católica, permearon la cultura, la mentalidad, la moral y el pensar de los obreros.

La Juventud Católica se fundó en Medellín en 1913 para estimular y fortalecer en los jóvenes varones la doctrina católica y prepararlos como baluarte y vanguardia en defensa del catolicismo, en tiempos de profundas transformaciones sociales y económicas. Era difundir el mensaje cristiano entre los obreros “por medio de la pluma y la palabra”. Los diferentes grupos de jóvenes católicos estaban inscritos y centralizados en la gran Asociación de la Juventud Católica Colombiana (Londoño, Patricia. Religión, Cultura y Sociedad en Colombia. Medellín y Antioquia, 1850-1930, p.129.)

El Guáimaro en la huelga de 1936

En casa de campo denominada El Guaimaro y cercana a la fábrica funcionaban las oficinas del sindicato y en sus alrededores, al aire libre, los obreros han montado cocinas donde las obreras preparan constantemente alimentos para proporcionarles a los obreros, los cuales permanecen atentos a los mandatos de sus directivas. De forma adicional, los huelguistas recibieron apoyo de los campesinos y el gremio de los matarifes (Alfonso Diez, Desiderio Montoya, Luis y Alberto Ochoa) con el suministro gratuito de los víveres durante el tiempo de duración del movimiento. También se organizaron bazares con el fin de colectar fondos con destino a los obreros. A los reporteros del Heraldo les aseguraban que el sindicato poseía fondos suficientes para sostener el paro hasta por tres meses. También habían recibido auxilio de las poblaciones de La Estrella, Itagüí y Caldas, en donde funcionaban comisiones de propaganda encargadas de levantar el entusiasmo en favor de la huelga.

Los huelguistas organizaron una manifestación ante el Concejo Municipal, en número de dos mil personas, según la prensa, hizo que la corporación manifestara al gobernador “el descontento que reina en la población por los atropellos que han cometido algunos funcionarios públicos; y haciéndose interprete del sentimiento popular sin distinción de clases, solicitar por su digno conducto del señor Ministro de Industrias, el envío de un funcionario de la Oficina General del Trabajo, que contribuya a solucionar la huelga con equidad, ya que el movimiento que llevan a cabo dichos obreros no es de carácter comunista y está causando graves perjuicios a la sociedad”. (El Heraldo de Antioquia”, Medellín, Lunes 20 de enero de 1936, año X, número 3032, páginas 1 y 4.)

En el contexto del conflicto laboral, el gobierno nacional  de Alfonso López Pumarejo (1934-1938), en cabeza de su ministro de gobierno Alberto  Lleras Camargo, planteaba la necesidad de reprimir o contener por lo menos la agitación comunista, dado su posible influencia en el movimiento obrero y la amenaza de un levantamiento con participación de este sector social. Por ello, el gobernador comenzó a impulsar una nueva etapa de negociación. Primero visitó el campamento de los obreros en el Guaimaro, en Envigado, donde conversó con ellos de la necesidad de acercarse de nuevo a la mesa de negociación.

El martes 28 de enero de 1936, luego de 16 días de paro general en Rosellón, las partes se sentaron junto con la mediación del gobernador J. Echeverri Duque, para acordar las bases de la negociación, especialmente con la mediación del concejal de Envigado, Pedro Nel Santamaría. Y entre el miércoles 29 y jueves 30 en las horas de la noche se realizó el acuerdo amigable: “en virtud del cual, los empresarios de Rosellón acceden a casi todos los puntos contenidos en el pliego de peticiones primitivo” (Periódico “El Heraldo de Antioquia”, Medellín, viernes 31 de enero de 1936, año X, número 3043, páginas 1 y 3.)

Urbanización el Guáimaro (1952)

Un sector del barrio Mesa Jaramillo  se levantó cuando la familia González Arango dueños de los terrenos decidieron fomentar su urbanización con el nombre de Urbanización El Guaimaro. Fue creada mediante escritura No. 5173 de 27 de junio de 1952 de la notaria cuarta de Medellín. Pedro Pablo González, con poder de su hermano el Presbítero Antonio[1], es quien comienza la comercialización. El terreno fue comprado en mayor extensión a Faustina Arango de González[2]. La Urbanización fue dividida en cuadro manzanas con sus lotes enumerados: la A con tres lotes, la B con 10, la C con 18 y la D con 23[3].  Otro parte del barrio Mesa Jaramillo, fue el sector de “La Escuadra”, donde se levantaron casas para los empleados de la fábrica. Según entrevista al presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas, Leoncio Oquendo, las personas que vivieron en este sector fueron: Martín Mejía, Roberto Álvarez, Guillermo Ramírez, Heriberto Uribe, Gabriel Pajón, Nicanor Posada, Ricardo Oquendo, Ricaredo Uribe, Jaime Lotero, Darío Jaramillo, entre otros[1].

[1] Entrevista a Leoncio Oquendo, presidente de la sociedad de Mejoras Públicas, 27 de octubre de 2020. Comenta que la cooperativa Rosellón inició enseguida de la portería Rosellón, y luego en el sitio actual, donde está el CEFIT. Al lado quedaba la tienda de Jesús María zapata. Finca el consuelo detrás de la cooperativa, al lado de la finca del canónigo Marceliano Ochoa, al lado quedaba la finca del doctor Luis navarro Ospina (Almacenes Navarro Ospina en el centro de Medellín). El padre de Leoncio, Ricardo, vivió también en la escuadra y era revisor fiscal de Rosellón.

Algunas ventas e hipotecas fueron encontradas en el archivo de la notaría de la Urbanización para su posterior investigación y profundización de su historia, fueron:

-cancelación de hipoteca por valor de $1.500 pesos de marco Aurelio López #541 del 18 de mayo de 1956), hipoteca registrada en Medellín, según escritura de la notaria cuarta #4269 del 28 de mayo de 1954;

-venta en hipoteca (# 731, abril 17 de 1964), sobre tres lotes situados a Cipriano Antonio Giraldo Mejía, distinguidos con los números 4, 5 y 9 de la manzana C, del plano respectivo que se protocoliza con esta escritura el valor de la venta fue de $45,136 y que tiene recibidos de contado $9.136 pesos, el resto de los $36,000 pesos se pagarán en 30 meses, al 1% mensual;

-cancelaciones de dos personas a urbanización El Guáimaro Juan de J. Montoya y Gilberto González, escrituras #112 y 113 de 1960;

– escritura #72 de enero 20-1958, urbanizadora El Guáimaro Ltda. a municipio de Envigado, pago de $18,474,74 mil pesos un pagaré comercial de 90 días; de acuerdo a la clausula 5ta de la escritura #1031 del 3 de septiembre de 1956, notaria 1era de envigado, el municipio se constituyó deudor de la urbanizadora El Guáimaro Ltda.;

-escritura #1836, octubre 23/61, Lázaro, Juan y Rosa Angela Brand Echavarría venden en hipoteca a Marino de Jesús Gutiérrez Zapata, lote de terreno con casa de habitación de material y tejas, en la urbanización El Guáimaro, marcado con el lote #3, con un área total de 382 varas cuadradas, por valor de $18 mil pesos. Este bien inmueble fue comprado a la urbanizadora según escritura #5879 de julio 23/53, notaría cuarta de Medellín.

[1] Escritura #267, feb 14 de 1964, era un poder general para que “administre sus bienes, recaude sus productos y celebre contratos; para que exija, cobre o recauda sus productos; para que pague a los acreedores del poderante”.

[2] Escritura # 828 del 10 de junio de 1959 de la notaria primera.

[3] Planos en la escritura # 731, abril 17 de 1964.

Actualmente

Historia del barrio Mesa de Envigado.

Carlos Mario Correa, Mario Hernando de Jesús Uribe, Johny, John Jairo Uribe, (apodado Perico), William Uribe y Jesús Alberto Tirado, entre unos 6 más que se turnaban llegando y yéndose, son amigos de toda la vida, estudiaron juntos en la antigua escuela Carlos J. Echavarría, patrocinada por Coltejer y su filial en esta zona: empresa textil de Rosellón. (información obtenida a partir del articulo tomado del periodico gente: http://gente.com.co/historia-del-barrio-mesa-de-envigado/)

Para Carlos Mario y gran parte de los pobladores del barrio Mesa, la vivienda obrera fue impulsada y financiada en parte por las directivas de la empresa, como comenta:

“Casi todo el barrio trabajaba allá. El 80 % de los trabajadores de Mesa era de Coltejer (entre Rosellón, la Corporación Educativa para el Desarrollo, Cedeco, y Planta de Acabados). A la empresa se le atribuye todo el impulso no solo de sus empleados, sino de esto por acá”.

Existió  además una manzana llamado ‘el barrio de los empleados’, a los alrededores se levantó la Cooperativa de Rosellón, que se dió su espacio al CEFIT, entre las calles 39 y 40 sur y las carreras 34 y 34 A.  Las antiguas mangas y casas fincas dieron paso a los nuevo barrios. Eran mangas y calles empedradas, que utilizaban los chicos como “patio de recreo”,  en galladas de amigos, agarrando mangos, naranjas, mandarinas y pomas de cada árbol.

El otro parche era ver televisión en blanco y negro, pero tocaba pagarle al que tuviera televisor en casa, y si no era eso, pegaban para la quebrada La Mina a pescar y asar corronchos, aunque lo mejor casi siempre era jugar fútbol. La primera cancha (aparte de la que les montó Coltejer en la escuela) que adaptaron fue la de la manga de El Consuelo, luego en la JJ (actual hospital MUA) y la más sofisticada fue la de Grulla (hoy, Éxito de Envigado).

Eran muchos los recuerdos que iban llegando a la mesa en la que estábamos en Cristo Rey. Y sobre ese nombre nos mostraron fotos viejas de cuando fue ubicada la estatua de Cristo Rey en la vía principal del barrio: la calle 38A sur. Eso fue el 25 de octubre de 1931 y en una placa hoy todavía se puede leer: “La juventud católica del pueblo envigadeño a Cristo Rey, como homenaje de gratitud y amor”.

Coltejer tuvo que ver con la salud y la alimentación, a propiciar la creación de la clínica de Santa Gertrudis y la proveeduría y el comisariato (tipo tienda y almacén de carácter cooperativo). El médico de los seguros sociales y de la fábrica realizaba visitas a las familias en sus casas, donde  recetaba la adquirían por medio de la cooperativa de Rosellón. En diciembre los niños recibían su aguinaldo en diciembre, y el festejo especial en el día de la niñez y la mediamañana en la escuela. Las madres  vestían a los hijos con telas de Rosellón, adquiridas a bajos precios en el almacén.

Viven en el paraíso
Entre esas mismas fotos antiguas que nos dejaron ver, y que hoy están colgadas en las paredes del bar que los recibe cada tarde, señalaron las primeras vías que pasaron de ser de piedra a carreteras delimitadas, pero sin pavimentar. Y recordaron algunos de los barrios que los rodeaban cuando el de ellos estaba tomando cara y cuerpo: Guáimaro, el centro, Los Naranjos, San Mateo y Obrero (este obtuvo el nombre por ser el barrio creado para los obreros encargados de las calles y otras obras aledañas a la empresa).

Varios pobladores coinciden en que: “Vivimos en el mejor barrio del municipio. Sí, Envigado es un paraíso, Mesa es el paraíso de Envigado”.

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