Personajes destacados de Envigado

Manuel María Uribe Ángel​ nació el 4 de septiembre de 1822, en La Magnolia, la hacienda de sus padres José María Uribe Arango y María Josefa Ángel Uribe, ​ ambos provenientes de notable y educada familia del municipio de Envigado, en lo que era entonces la Provincia de Antioquia, ahora el departamento de Antioquia. Como era costumbre en aquellos tiempos, fue bautizado al día siguiente en la iglesia parroquial de Santa Gertrudis en Envigado por Felipe de Restrepo, y 8 años más tarde, el 5 de agosto de 1830, fue confirmado en la fe católica por el primero Obispo de Antioquia Mariano Garnica y Dorjuela, quien se hallaba de visita pastoral.

Por línea recta paterna descendía el doctor Manuel, del español Don Martín de Uribe Echavarría y Ugarte, oriundo de la Villa de Leniz de Santa Eulalia, de la provincia vascongada de Guipúzcoa. El genealogista Gabriel Arango Mejía, que don Martín vino a América en 1685 con sus hermanos Juan y Vicente, el primero se radicó en El Socorro (Departamento de Santander) y el segundo, en el archipielago de Chiloé, en Chile.

don Martín en la Villa de la Candelaria de Medellín, donde el 15 de octubre del mismo año en que llegó, se unió en matrimonio con Doña Ana López de Restrepo y Guerra Peláez, hija de Don Marcos, primo del alférez Don Alonso, miembros de la élite minera y terrateniente de la provincia de Antioquia.

En cuanto al apellido Angel, el tronco familiar desciende del escribano español Don Félix Ángel del Prado, licenciado en derecho y abogado de la Real Audiencia, oriundo de las islas Canarias. Don Félix se casó con doña Catalina González de Amador y fue designado escribano público en Santa Fe de Antioquia, cargo que desempeñó hasta su muerte en 1686.  El segundo abuelo materno del doctor Manuel,  fue Don Luis Angel del Prado, uno de los primeros colonizadores o pobladores del territorio envigadeño.

Entre los consanguíneos más próximos del Dr. Manuel, figuran los hermanos Miguel, Pedro y José María Uribe Restrepo,primos segundos suyos. El primero fue médico, prócer y gran orador durante la Gran Colombia; y el segundo, gobernador de Antioquia en 1841.

Educación

Su educación comenzó en su ciudad natal y primero impartido por Alejo Escobar Correa, quien en los comienzos del poblado de Sonsón, fundó una escuela nocturna. El y su hermano José María fueron los maestros de la primera escuela oficial que se estableció en Envigado. Don Alejo Escobar, luego de quedar viudo, decidió ordenarse sacerdote y por tanto, ejerció como tal, en Envigado entre septiembre de 1840 y noviembre de 1842.

En su libro “La Medicina en Antioquia”, el doctor Manuel refiere la forma como inició su vocación por la medicina, sirviendo de secretario al médico empírico y autodidacta  José Nicolás de Villa y Tirado, quien residía en el paraje “Guayabal” (Barrio o zona actual de Medellín) en el camino que conducía de Envigado a Itagui.

Por apoyo económico de su tío paterno, Pedro Uribe Arango, rico comerciante establecido en Bogotá. El jóven Manuel a la edad de 14 años,  logró instalarse en la capital, donde comenzó sus estudios el 18 de octubre de 1836 en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, donde fue alumno con su hermano Wenceslao. Después de graduarse de estudios secundarios en el Rosario, continuó la carrera de medicina en el propio claustro del Rosario, y el diploma le fue emitido por la Universidad Central de la República, la cual le otorgó el título de médico cirujano, el 9 de diciembre de 1844.

Después de graduarse, se trasladó por un tiempo corto de nuevo a Antioquía, pero pronto comenzó a viajar, viviendo en Quito (Ecuador) donde recibió un doctorado honoris causa en Medicina por la Universidad Central del Ecuador, de allí pasó al Perú, los Estados Unidos, y finalmente a París (Francia), donde vivió durante dos años especializándose su formación médica. A su regreso a Antioquia se casó con Magdalena Urreta Saldarriaga en 1854, y permaneció en el país por un buen tiempo practicando la medicina, siendo en ese momento un hombre famoso en su campo.

Manuel Uribe Ángel desarrolló una fama reconocida no sólo como médico, sino como un hombre sociable, intelectual y versátil. En 1871, después de la creación del Departamento de Medicina de la Universidad de Antioquia, se incorporó a la institución como profesor de medicina, francés, anatomía humana, física, residentes, entre otros.7​ Fue miembro fundador, primer y tercer presidente de la Academia de Medicina de Medellín,​ y durante el primer Congreso Nacional de Medicina de Colombia fue designado presidente honorario de la congregación. Igualmente perteneció a la Academia Colombiana de la Lengua (española), y de la Academia Colombiana de Historia, y el 2 de diciembre de 1903 fue nombrado primer presidente de la Academia de Historia de Antioquia.

No obstante, jamás abandonó sus otros intereses científicos especialmente los referentes a la geografía, en los cuales invirtió mucha parte de su tiempo. Por igual le apasionaba la historia y sobre ella dejó un legado de investigaciones y escritos que levantó mucha tinta entre los intelectuales de su tiempo. Su interés por estos temas le permitió escribir y publicar en Francia el Compendio de historia y geografía de Antioquia (1885), libro que se convirtió en un referente historiográfico para sus herederos intelectuales en la Academia Antioqueña de Historia.

Su educación comenzó en su ciudad natal y primero impartido por Alejo Escobar, y durante su juventud trabajó como secretario del médico Nicolás de Villa Tirado; la falta de una educación adecuada en Antioquia obligó a Uribe a salir a la capital del país, Bogotá, donde comenzó sus estudios el 18 de octubre de 1836 en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, donde fue alumno de su hermano Wenceslao y de su tío Pedro Uribe Arango, que eran profesores de la institución. Después de graduarse del Rosario, se trasladó a estudiar medicina en la Universidad Central de la República, donde se graduó el 9 de diciembre de 1844 como Doctor en Medicina y Cirugía.

Después de graduarse, se trasladó por un tiempo corto de nuevo a Antioquía, pero pronto comenzó a viajar, viviendo en Quito (Ecuador) donde recibió un doctorado honoris causa en Medicina por la Universidad Central del Ecuador, de allí pasó al Perú, los Estados Unidos, y finalmente a París (Francia), donde vivió durante dos años especializándose su formación médica. A su regreso a Antioquia se casó con Magdalena Urreta Saldarriaga en 1854, y permaneció en el país por un buen tiempo practicando la medicina, siendo en ese momento un hombre famoso en su campo.

Casas de habitación

El doctor Manuel nación en una casa situada en la carretera (hoy carrera 43A, o avenida del poblado), que comunica Envigado con Medellín. La casa hacía parte de una finca mayor, llamada La Magnolia, la cual posteriormente fue urbanizada en el barrio del mismo nombre, desapareciendo en consecuencia la casa en 1953. Antes de su destrucción, en launa placa en su corredor principal, decía textualmente: “Auí nació el doctor Manuel Uribe Ángel, 1822, septiembre 4”.

En medellín, el doctor Manuel vivió en una casa de tres pisos, de estilo arquitectónico inglés, con buhardilla, de tres niveles, ubicada en el cruce de la calle Calibío (cra. 50A) y la carrera Palacé (Cra. 50), en el número 50-11. En el primer nivel instaló una botica en asocio con otros médicos y en el segundo y tercer nivel, fue su residencia.

En la Universidad de Antioquia.

Manuel Uribe Ángel desarrolló una fama reconocida no sólo como médico, sino como un hombre sociable, intelectual y versátil. En 1871, después de la creación del Departamento de Medicina de la Universidad de Antioquia, se incorporó a la institución como profesor de medicina, francés, anatomía humana, física, residentes, entre otros.​ Fue miembro fundador, primer y tercer presidente de la Academia de Medicina de Medellín,​ y durante el primer Congreso Nacional de Medicina de Colombia fue designado presidente honorario de la congregación. Igualmente perteneció a la Academia Colombiana de la Lengua (española), y de la Academia Colombiana de Historia, y el 2 de diciembre de 1903 fue nombrado primer presidente de la Academia de Historia de Antioquia.​

No obstante, jamás abandonó sus otros intereses científicos especialmente los referentes a la geografía, en los cuales invirtió mucha parte de su tiempo. Por igual le apasionaba la historia y sobre ella dejó un legado de investigaciones y escritos que levantó mucha tinta entre los intelectuales de su tiempo. Su interés por estos temas le permitió escribir y publicar en Francia el Compendio de historia y geografía de Antioquia (1885), libro que se convirtió en un referente historiográfico para sus herederos intelectuales en la Academia Antioqueña de Historia.

Política

En 1875 viajó de nuevo a los Estados Unidos, esta vez no sólo como un simple turista sino como representante de su gobierno frente al de los Estados Unidos para la ocasión del centenario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra.​ En esta ocasión, también viajó a México y las Antillas, y a su regreso al país, debido a los acontecimientos de la guerra civil colombiana de 1876, y las guerras similares ocurridas a partir de entonces, comenzó a aventurarse en el campo de la política como miembro del Partido Liberal Colombiano.

En 1877 Uribe participó como diputado de Antioquia durante la Asamblea Constituyente, convirtiéndose en su presidente, y el 10 de abril de ese año fue elegido presidente del Estado Soberano de Antioquia,​ uno de los que constituían los Estados Unidos de Colombia. Su administración fue desafiada por las crecientes tensiones entre liberales y conservadores, pues siendo Antioquia un estado conservador era atacada por el gobierno federal Liberal, y bajo la dirección militar de Julián Trujillo Largacha, quien sucedió a Uribe el 31 de octubre de 1877 en el poder después de derrotar a las fuerzas conservadoras.

Uribe Ángel fue enviado al Estado Soberano de Panamá para representar Antioquia en la ceremonia de inauguración de las obras del canal de Panamá el 1 de enero de 1880. En 1882, como miembro del Partido Liberal, Uribe Ángel fue elegido senador de Colombia.

Muerte

Manuel Uribe Ángel murió el 16 de junio de 1904 en Medellín a la edad de 81 años. Había estado ciego sus últimos siete años, y sólo le sobrevivió su viuda Magdalena, ya que nunca tuvieron hijos. Después de su muerte, su cuerpo fue enterrado en el cementerio de San Pedro.

La imagen de Uribe Ángel ilustró en muchas ocasiones las revistas de la época; su cabellera blanca se volvió un ideal de vejez, y su cosmopolitismo, ligado al respeto intelectual que obtuvo de sus contemporáneos, dio aliento a los escritores de la región para publicar un libro que lleva por título: Manuel Uribe Ángel y los literatos antioqueños de su época (1937).

Su memoria se mantiene viva como un hombre de sabiduría y de ciencia; el Congreso de Colombia aprobó una ley conmemorando su muerte y la asignación de una dotación especial para realizar dos pinturas al óleo en consagración su imagen, una para la viuda y la otra que se instaló en la Biblioteca de Zea. En su ciudad natal de Envigado hay tanto un hospital y un centro de enseñanza para la educación secundaria que lleva su nombre.

La Academia de Historia de Antioquia, honró su contribución mediante la creación de la medalla Orden del Centenario de Manuel Uribe Ángel, que otorga a las personas que contribuyen a la historia de Antioquia, su estudio o su conservación.

Por: Blanca Ruth Álvarez González

Miembro de Número del Centro de Historia de Envigado

De muchos se conoce muy poco, de otros nada; y todos ellos,  han dejado una huella imperecedera, aportando su granito de arena para el progreso de su pueblo, su departamento y su país. “Escribir es caminar, las palabras son la  huella que, sobre el papel dejamos al andar, los renglones son nuestro silencioso y alegre  camino”. Tomado de la cartilla  Renglones serie escritura. Editorial Norma.

Con ésta reflexión, me atrevo a escribir una semblanza biográfica de dos destacadas educadoras que, con amor, entrega y dedicación, hicieron de sus alumnas un emporio  intelectual y moral.  Son ellas Adelaida Correa E. y María Dolores González M.

ADELAIDA CORREA ESTRADA: Fundadora de la Institución que hoy lleva su nombre, antes, Escuela Adelaida Correa, en el año de 1865.

Es un referente en el campo de la cultura y educación de este municipio del Valle de Aburrá; inició su carrera en la docencia desde la temprana edad de quince años en el floreciente corregimiento de Sabaneta. Esta distinguida educadora, que aún perdura en la memoria de los sabaneteños, nació en Envigado el 1ro de mayo de 1850; hija de don Ramón Correa y doña Eudoxia Estrada; sus abuelos paternos fueron don Lucas Correa y doña Josefa Mejía; abuelos maternos, don Francisco Estrada y doña Catalina Quijano.

Fue muy admirada por sus alumnas, por sus dotes de maestra y orientadora; gozó del aprecio de quienes la conocieron y compartieron a su lado. Tuvo como compañeras a Dolores Ochoa Barreneche, Eva Díaz de Arango y Dolorita Alvarez; fue maestra de juventudes. Ejerció su labor en la misma Institución por espacio de 50 años; era maestra y sacristana; alternaba su trabajo en la parroquia con la realización de obras sociales.

En su familia hubo otros educadores: su hermana Josefa que fue maestra en La Ceja donde fundó un colegio con el nombre de “María”; en Yarumal fundó varios colegios por los años de 1877; en Fredonia, en 1879, en Envigado en 1882; en Jardín fundó otro colegio en 1912 con el nombre de “Los Sagrados Corazones”. Esta insigne institutora murió el 1ro de febrero de 1834.

Su hermano Eulogio, fundador y Rector del colegio de San Luis en el municipio de Caldas, fue, además, Rector de la Escuela de Artes y Oficios de Medellín, Inspector Provincial de Educación en el occidente del departamento, alcalde de Medellín y Fiscal Superior; actuó como militar en la Guerra de los Mil Días, donde alcanzó el grado de coronel; murió en Medellín el 22 de marzo de 1938.

Gonzalo, otro de sus hermanos, fue abogado, ingeniero, Alcalde de Medellín y Representante a la Cámara. La Institución Adelaida Correa, sigue siendo orientada con los principios humanos y cristianos que esta célebre educadora demarcó, distinguiéndose por su espíritu emprendedor, religioso, alegre, caritativo y capacidad de liderazgo. Murió Adelaida a la edad de 74 años el 11 de marzo de 1924. En homenaje a su memoria la escuela de niñas de Sabaneta lleva su nombre.

BIBLIOGRAFÍA: Manual del Ciudadano, Sabaneta 35 años. 1968- 2003. Trabajo de la Institución para complementar el P.E.I. “Anónimo”. Sacramento Garcés Escobar. Monografía del Municipio de Envigado. Tercera Edición. 1985

Edgar Antonio Aparicio M. Y Amelia Sánchez Durango, Miembros de número del Centro de Historia de Envigado

Nació en Envigado el 4 de noviembre de 1918 y murió en Bogotá el 3 de julio de 1991. Fueron sus padres Don Julio Londoño y Doña Rosa Mejía. Estudió en Envigado su primaria y su bachillerato en el Colegio de San José de la Salle en Medellín. Fue abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana donde se gradúa junto al expresidente Belisario Betancur Cuartas y el escritor y político Otto Morales Benítez. Hizo una Especialización en Ciencias Económicas.

En 1946 contrae matrimonio con Doña Ana Escobar de cuya unión nacieron 8 hijos. Don Carlos Mario vivió hasta 1951 en Samaria, una casa ubicada a la entrada de Envigado, a dos cuadras de la iglesia principal. De esa época recuerda con orgullo, reconocimiento y agradecimiento la mayor herencia que le pudo haber dejado su padre y que forjó su personalidad: «yo soy lo que soy gracias a la rigidez de mi papá», decía. Cuenta que en una ocasión él quiso dejar sus estudios, y en su gran sabiduría su padre le dice:

‘Bueno, si usted quiere, pero entonces me tiene que colaborar’. Lo levantó al otro día a las cuatro de la mañana y lo llevó a trabajar en una de las fincas cortando pasto y arreglando las matas de plátano. A las seis de la mañana, ya con las manos destrozadas por el trabajo, fue donde [su] papá y le dijo que prefería seguir estudiando.[1]

Desde ese momento se convirtió en un excelente estudiante. Siendo el mejor bachiller en su promoción, pronunció el discurso de despedida del curso. Inclinado pues a la vida intelectual y a la política, una vez sale de la Universidad, trabaja en varias entidades: director de la Biblioteca de la Universidad Pontificia Bolivariana, del Banco Alemán, del Departamento de Valorización de Medellín, Secretario de Gobierno de Antioquia, Diputado a la Asamblea, Concejal de Envigado. En 1952 viaja a Bogotá como Representante a la Cámara, en el gobierno del general Rojas Pinilla fue nombrado Secretario General de la Presidencia, gerente del Banco Central Hipotecario, fue el quinto gerente del Banco de la República cargo que ocupó desde enero de 1957 hasta junio del mismo año, reemplazando a ese gran benefactor de la cultura colombiana Luís Ángel Arango. Trabajó junto a el Doctor Belisario Betancur, fue profesor de la Universidad Nacional, del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Abogado de la Asociación Nacional de Industriales, Director Nacional de Prisiones, Director del Fondo de Estabilización de Aerovías Nacionales, Gerente de la Federación de Cafeteros, de la Flota Mercante Gran Colombiana, Presidente de la Comisión Revisora del Código de Comercio, Embajador en Portugal, Asesor de empresas alemanas, Gerente de la Corporación Financiera Popular, fundador de Seguros La Equidad. Además, colaborador en varias revistas nacionales y extranjeras.

Pero el gran aporte que dejó a sus conciudadanos, quedaron plasmadas tanto en su actuar personal como en el campo académico.

Fue un católico de profundas convicciones y hábitos. «Iba a misa diariamente y comulgaba siempre. Una de sus mayores alegrías espirituales fue haber conocido a Monseñor Escrivá Balaguer»,[2] cuenta su esposa. Por lo que participa en 1964 de la fundación de El Gimnasio de Los Cerros en Bogotá, siguiendo los principios del Opus Dei.

 Hombre serio, estricto y recto en sus cosas y en sus compromisos. Era introvertido a quien nunca se le escuchó una mala palabra y el vicio le aterraba. Siempre cumplió fielmente con su deber, pues «sin misión no hay hombres», como diría en uno de sus textos. Desde muy temprano se dedicaba a leer, y permanecía muchas horas en su cuarto de estudio.

Su gran pasión fue trabajar al servicio de los demás; vocación influenciada por la comunidad de los Hermanos Cristianos y fortalecida con sus estudios en la Universidad Pontificia Bolivariana. Su altruismo lo llevó a ayudar, sin demagogias, a mucha gente que no tenía dinero, y siempre estuvo pendiente de que quienes dependían de alguna forma de él, no tuvieran inconvenientes. Sus reflexiones lo llevaron a concluir en una profunda convicción de que el cooperativismo era el sistema económico útil y eficaz que necesitaba el país. Lo que lo llevó a cofundar Financiacoop.

Partiendo de este postulado le insertó a la actividad económica una nueva dinámica que le permitiera fuerza, expansión y comunicación, acorde con la modernización del capital social, donde lo que trataba fuera de que grandes masas de la población participaran en las inversiones de capitales y consideraba que uno de los medios de capitalización social, el más eficaz era el cooperativismo:

“…porque tiende a configurar todo un sistema abierto, frente al muy cerrado del capitalismo… Sin la acción capitalizadora de las masas, la política distributiva tendrá consecuencias adversas al desarrollo económico. Se necesita a la vez redistribución y desarrollo. Y no será posible lograrlo si conjuntamente con el poder político y sindical no se desenvuelve el poder económico de las masas y con ello su clara responsabilidad en el proceso de acumulación de capital.”[3]

Los movimientos cooperativos, no solo mejoraban la actividad económica sino que proporcionaban una profunda transformación del viejo capitalismo, pensaba, al analizar los cambios dados tanto en Europa como en los Estados Unidos. Tenía claro que las cooperativas para ser exitosas requerían de un proceso de educación y de adaptación del medio donde les tocare actuar. Era conciente que en los diversos sectores a operar requería vencer muchas resistencias, que se veían agudizadas por las ideologías y el cambio en las costumbres.[4]

Nunca le preocupó de donde vinieran las ideas, siempre y cuando la exposición de ellas, fuera coherente con las propuestas y diera solución a lo que, en su criterio y de acuerdo a sus hondas preocupaciones, era indispensable resolver desde la política y la economía. Admiró las ideas de Fernando González y del líder político Rafael Uribe Uribe, de quienes aprendió la honestidad, la creatividad y la independencia para resolver los problemas del país.

En 1965 viajó a la ciudad de Roma como conferencista invitado al Centro Europeo d´ ell” Educazione, al ll Curso Internacionale de Assistenza Técnica para hacer una serie de exposiciones acerca de la nueva economía iberoamericana y el cooperativismo.

Fue así, como en varios de sus textos introdujo todas las opiniones y análisis que sobre determinado tema se hubieran hecho. Vemos entonces ideas de personas tan diferentes a su pensamiento como Max Scheler, Wolfgang Goethe, José Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno, entre otros. “Acerca de porqué utilizó sus ideas para aclarar las propias, él dice que, aunque no fueron intelectuales cristianos, ‘también la vocación está en el centro de su pensamiento y de su vida’”.[5] Esto lo vemos en su libro “VOCACIÓN Y PROFESIÓN”.

Es autor de varias obras sobre temas financieros y de hacienda pública. Entre los cuales tenemos: – ECONOMÍA SOCIAL COLOMBIANA, de la que diría Francisco de Paula Jaramillo: “…esgrime una tesis que fue para mí absolutamente revolucionaria; nunca esperé que viniera de un hombre de la formación doctrinaria de Carlos Mario. El destino universal de los bienes en la tierra y, de ahí, la expropiación sin indemnización de los territorios improductivos. Todas esas tesis las elaboró a partir de su vocación cristiana y de su estudio de las encíclicas.”[6]

 

El Dr. Londoño Mejía, debido a su interés por la Justicia Social, buscaba “sistemas económicos que suplantaran al capitalismo y al consumismo y que valoraran a la persona humana por encima del dinero”.  En 1953 el Dr. Armando Escobar Muñoz a manera de comentario acerca sobre dicho libro dice:

Inicia su ensayo con un estudio sobre el derecho de propiedad. Asienta como principal basamento de la propiedad “que todas las cosas de este mundo son obra de Dios. Es Él quien las ha concebido y quien las ha realizado. De manera que su esencia y existencia proceden de Él únicamente”. De esta concepción, eminentemente católica, colige el autor como consecuencia lógica “que el cristiano debe enfocar su obra económica en dirección hacia el hombre y hacia Dios; es decir, en el orden de la justicia y de la caridad.[7]

Todo esto llevo a que el Dr. Alfonso Restrepo Moreno, gobernador de Antioquia, le pusiera en forma jocosa, el sobrenombre de Carlos Marx Londoño.

 – VOCACIÓN Y PROFESIÓN

– LIBERTAD Y POSICIÓN JURÍDICA EN LOS TERRITORIOS NACIONALIZADOS.

– DERECHO INDIVIDUAL DEL TRABAJO, 1959

– LA PARTICIPACIÓN DE LOS TRABAJADORES EN LOS BENEFICIOS DE LA EMPRESA, 1962

SOCIALIZACIÓN DE LA UNIVERSIDAD, 1979

Su último, ya estando enfermo, fue para conmemorar los 20 años de Financiacoop.

 

 

Por sus servicios recibió las siguientes condecoraciones: Orden Militar 13 de junio de la República de Colombia, Orden del Mérito de la República del Ecuador y el Collar del Cóndor de Los Andes de la República de Bolivia.

[1] http://pensamientoycultura.unisabana.edu.co/index.php/pyc/article/view/1105/2692

[2] Ibíd.

[3] LONDOÑO M., Carlos Mario. El Estado y la acción política del cooperativismo. S. f. s. e. págs. 30- 31.

[4] Ibíd., p.88.

[5] http://pensamientoycultura.unisabana.edu.co/index.php/pyc/article/view/1105/2692

[6] Ibíd.

[7] Ibíd.

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MAESTRA CONSAGRADA A LAS JÓVENES ENVIGADEÑAS.

Por: Blanca Ruth Álvarez González, Miembro de Número del Centro de Historia de Envigado

Nacida en Amagá Antioquia, el 29 de mayo de 1897, en el ejemplar  hogar de don Pedro Antonio Fernández y de doña Ana julia Montoya.

Conocida con el nombre de MAESTRA DE LAS JUVENTUDES.

Cuando dejan las hermanas religiosas la educación privada para jovencitas, en el convento, es escogida esa edificación, para abrir la instrucción pública a las niñas, desde 1836, cuatro años más tarde que la escuela Pública para niños, que estaba abierta desde 1832, con niños en edades entre 8  y 14 años, era una obligatoriedad, que todo niño o niña en  edad escolar asistiera a los Centros públicos a aprender las primeras letras, al menos a leer y a escribir con algo de matemática, retórica, historia, entre otras materias; entonces, es nombrada por decreto No 156, del 29 de marzo de 1937, la señorita María Dolores  Carolina Fernández Montoya, de 2da categoría, meritoria y competidísima maestra; para ocupar la dirección oficial de la escuela MARCELIANO VÉLEZ  BARRENECHE,  con un sueldo de 80 pesos, en reemplazo de Margarita Gómez quien pasó a otro puesto.

El 12 de febrero de 1938, nuevamente es ratificada en el puesto, ya  en primera categoría, mediante decreto No 70,  con un sueldo de 85 pesos. La señorita María Dolores Carolina Fernández Montoya, inició su carrera en el magisterio siendo muy joven, el 20 de enero de 1917, es  nombrada   para Amagá,  su tierra natal,  luego para Venecia  y Titiribí; fue trasladada para Envigado, pueblo que la recibió bondadoso, al que  entregó los mejores años de su existencia, se dedicó de lleno a la educación de las niñas  con mucho amor, inculcándoles una sólida moral  y religiosidad, única defensa para enfrentarse a la vida con decoro.

Esta educadora era feliz con su labor, de la cual decía: “Le tengo en mi corazón un altar, donde diariamente rindo tributo de mi gratitud, mi labor ha sido placentera, y si algunas amarguras he tenido, diré como el poeta: “Las espinas que me clavaste, por las rosas que te cogí”.

Le tocó el gran salto de la ESCUELA ANTIGUA TRADICIONAL, por la FUNCIONAL O ACTIVA, combinaba  muy bien las dos, aprovechando las ventajas de la una y de la otra, de las que sacaban muy buenos resultados en su labor, conceptuaba, no se debe desechar la primera, ni adoptarse incondicionalmente la segunda,  es conveniente que las jóvenes adquieran una variedad en sus conocimientos; pues la ignorancia en una mujer es causa de aburrimiento, es necesario crear en ella una personalidad, acostumbrarla a decir SÍ o NÓ  a saber porqué lo dice; criticaba con gran acierto LA EDUCACIÓN MODERNA diciendo que en ella veía muchas deficiencias, dejando en libertad a las jóvenes, para buscar las amistades, la diversión, los amigos, las salidas entre otros.

En cuanto al papel de la mujer en los destinos  gubernamentales del estado, opinaba: Las leyes sociales que nos excluyen de las escenas de la vida pública, nos corroboran más en la soberanía de la vida doméstica y privada; la familia es nuestro imperio, nosotros cuidamos de satisfacer sus necesidades, de dirigir sus ocupaciones, de mantenerla en paz y de mantener en el hogar el sagrado depósito de las buenas costumbres.

Opinaba sobre la educación de la mujer: la educación en la mujer debe ser más intensa, porque si ella no está bien educada, la base de la educación moral de los ciudadanos, será tan  falsa como los cimientos de una casa edificada sobre la arena.

Lo anterior son algunos apartes tomados de una entrevista que le realizo el inolvidable don Sacramento Garcés Escobar, para el periódico  AYURÁ, septiembre 30 de 1944, Edición No 2, página 7.

Ya jubilada, fue llamada por las directivas de la empresa COLTEJER, para ejercer la docencia, en la ESCUELA ROSELLÓN, que era para la enseñanza de los hijos de los trabajadores de dicha empresa, donde prestó sus servicios incansablemente y cariñosamente por 20 años más, donde la honraron con el “BOTÓN DE ESMERALDA”,  mención que otorgaba la empresa a sus eminentes servidores.

Una vez ya, en su retiro del magisterio y al final de su vida, en su casa del Envigado que tanto amó, dedicó sus esfuerzos al cuidado de los enfermos terminales por varios años, rodeada del afecto de los suyos quienes vieron en ella una fuente de entrega inagotable a los demás, pero muy en especial a los más necesitados.

La ciudad de Envigado por medio del H.H. Concejo Municipal, hizo un reconocimiento MERITORIO a su larga y servicial entrega por el bien de la comunidad envigadeña, en diversos campos,  concediéndole la MEDALLA DEL CIVISMO.

Muere ésta benemérita maestra y educadora, el 2 de agosto de 1977, dejando un vacío, no sólo en los suyos, sino también en una sociedad agradecida, que despidió conmovida, a la inolvidable  MAESTRA DE LAS JUVENTUDES, MARÍA DOLORES CAROLINA FERNÁNDEZ MONTOYA.

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS:

Sacramento Garcés Escobar. Monografía  de Envigado. Tercera Edición. 1985.

Jaime Fernández Montoya. Exmiembro de Número del Centro de Historia de Envigado. “Ensayo”. Carolina Fernández, presentado el 23 de abril del 2.001.

Por: Henry Gallo Flórez

La ciudadanía de Envigado debe darse por satisfecha en haber tenido entre sus hijos a preclaras figuras en el ámbito nacional y quienes prestaron valiosos servicios a la patria. Han sido muchos los personajes históricos que a partir del siglo XVIII en el cual el municipio inició como un núcleo urbano, se han dado por todo el  territorio nacional hechos que han tenido entre sus realizadores algún representante de este rincón de la patria.  No sólo hemos sido representados por generadores de cultura, de diversos campos de la ciencia y en los diferentes estamentos de la administración, sino también como defensores del idealismo de los pueblos en sus luchas partidistas o en defensa de la patria. Uno de estos hijos, se destacó como un gran “militar de carrera”, y como orgulloso representante de las primeras generaciones de envigadeños  que dieron lustre a su patria chica. En ello  se destaca la egregia figura del Coronel Luis Alfonso Garcés Ochoa, de quien comentaremos algo sobre su vida, material extractado de la Monografía sobre Envigado, de uno de los primeros miembros que tuvo el Centro de Historia de la localidad y quien se preocupó por conservar la memoria histórica de sus naturales más ilustres, nos referimos a don Sacramento Garcés Escobar.

Este pundonoroso militar como lo llama en su biografía, don Sacramento, nació en la Ciudad Señorial, un martes 30 de agosto de 1898, es decir finalizando el siglo. Fueron sus padres, don Pastor Garcés Molina y  doña Justiniana Ochoa; sus abuelos paternos Lucio Garcés y doña Ana Rosa Molina; maternos, Alejandro Ochoa y doña Hortensia Uribe. Contrajo matrimonio en Medellín con una distinguida dama de la sociedad doña Inés Bejarano el día 29 de octubre de 1928 y de este matrimonio vieron a este mundo sus hijos, Álvaro, Clara Beatriz, Consuelo del Pilar y Myriam.

Sus primeros estudios lo realizó en la Escuela Pública, fueron sus profesores: Don Manuel Ramírez, doña Mercedes Correa y doña Luisa Martínez. Los estudios secundarios, con los Hermanos de las Escuelas Cristianas, en el Seminario de Medellín y en el Liceo Antioqueño en donde terminó su bachillerato.

Tiempo después de haberse graduado quiso seguir la carrera militar, para emular a su pariente el General Jesús María Sosa, quien los visitaba en su residencia en Envigado y les contaba sobre sus hazañas cuando participó en la guerra de los mil días y fue héroe de la batalla de “Palonegro”, siendo herido y regresando a Medellín en estado de invalidez. Por este motivo se decidió por la vida castrense e ingresó como cadete en la Escuela Militar.

Su ascenso en el Escalafón Militar fue relativamente rápido. Como Alférez en 1921; Subteniente en 1922; Teniente en 1926; Capitán en 1930; Mayor en 1935; y en el año de 1940 cursó sus estudios superiores con magníficos resultados adquiriendo el grado y su diploma como Oficial del Estado Mayor y en el año de 1941 fue ascendido a Teniente Coronel y a Coronel el 20 de diciembre de 1945, en el cual el Honorable Senado de la República en su sesión de 23 de agosto de 1946 aprobó su ascenso. Su tesis versó sobre: “La guerra y el Derecho”, lo que dio pie para un concepto favorable por parte del Estado Mayor General del Ejército.

Su desempeño en el campo militar, fue trascendental, como veremos a continuación: Servicios en los regimientos de caballería “Guardia Nacional” y “Rondón No 2”; Regimiento “Ayacucho No 9”; “Boyacá No 12 “; “Huila No 19”; Comandante de la compañía de Cadetes y profesor de la Escuela Militar; 2° Comandante de los batallones “ Bomboná No 14”, “Girardot No 8”, “Ricaurte No 3”, “Nariño No 4”, “Córdova No 5”. También como Jefe de Estado Mayor en la 4° Brigada y en la Brigada de Institutos Militares. En el año de 1945 fue Sub- director de la Escuela Superior de Guerra.

En la penosa guerra con el Perú, por la posesión de territorio colombiano en el Amazonas, el Coronel Luis Alfonso Garcés, se distinguió en dicha contienda y fue uno de los “héroes” en – “Guepi” – en donde se venció al ejército peruano y al regresar a su tierra Envigado, se le tributó un merecido homenaje por parte de la municipalidad con un acto solemne y se le ofreció una hermosa tarjeta hecha en  plata. Fue además reconocido por la comandancia de la 4° Brigada de Medellín, en donde se le envió una honrosa nota:

“Es esta la mejor ocasión para manifestar a Ud. que es motivo de orgullo para todos sus compañeros del ejército y particularmente los de la 4° Brigada en la que Ud. ha prestado importantes servicios, los informes que tiene recibidos sobre su conducta en la frontera del Sur, en donde se mostró Ud. como Oficial de Honor y como verdadero patriota. Soy de Ud. Atto. Seguro Servidor y Compañero”

Firmado, Jorge Mercado, Coronel Comandante de la 4° Brigada.

Recibió durante su larga vida como militar, muchas condecoraciones, entre ellas las siguientes: Medalla de Servicios, Cruz de Nariño, por parte de Colombia y Orden del Libertador, conferida por el gobierno de Estados Unidos de Venezuela.

En el año de 1946, el Coronel Luis Alfonso Garcés Ochoa, se retiró del servicio activo, pasando a la reserva, después de haber contribuido por espacio de 27 años a las fuerzas armadas con una brillante hoja de servicios. De sus últimos años es poco lo que se conoce y se requiere mayor información sobre este eminente militar quien fue un digno hijo de la Patria y de su natal Envigado. Descansó en paz, el día 7 de septiembre de 1968, rodeado por su descendencia, familiares y allegados, dejándonos un historial de prestaciones. –

 

Referencias.

MONOGRAFÍA DE ENVIGADO.- Segunda edición -1964. Sacramento Garcés Escobar.

Entrevista personal con Doña Gertrudis Garcés Londoño – 2010.  Familiar del linaje directo del personaje..

Por: Sacramento Garcés Escobar (monografía de Envigado 1986)

Transcrito por José David Tabares Albarracín. Miembro Correspondiente.

El Dr. José Félix de Restrepo, patriota eminente, magistrado incorruptible, juez inmaculado, es sin duda alguna una de las más nobles y egregias figuras de la patria.

La partida de bautismo se encuentra en los libros de la Parroquia de Nuestra señora de la Candelaria; pero el hecho es explicable porque en el año de su nacimiento (1760) aún no había sido fundado el Municipio de Envigado y sus tierras en lo civil y en lo eclesiástico pertenecían a Medellín por lo cual el recién nacido fue llevado a recibir las aguas bautismales en la Parroquia de la Candelaria.

Nació en Envigado, en una casa situada en Sabaneta, cercana a la quebrada “La Dr.a”, que precisamente lleva este nombre en memoria de los cinco Dr.es, que nacieron en la solariega mansión, hijos de don Vicente de Restrepo y doña Catalina Vélez.

Envigado tiene a Restrepo como al hijo más ilustre y este quiso siempre a su patria chica con amor entrañable, como lo atestigua don Mariano Ospina Rodríguez su discípulo y amigo, quien escribió lo siguiente sobre su maestro: “En los postreros años de su vida, halagábale dulcemente la idea de volver a Envigado que llamaba siempre “Mi pueblo”, cuyos campos y montañas recordaba con tierno entusiasmo y vivir allí, libre de la asidua tarea diaria o de los grandes cuidados que habían ocupado todos los días de su larga y laboriosa carrera”.

La partida de bautismo tomada de los libros parroquiales de la Iglesia de la Candelaria dice textualmente: “El 28 de noviembre de 1760 el Dr. don Juan José de Restrepo puso óleo y chrisma a José Félix, antes bautizado, hijo legítimo de don Vicente Restrepo y doña Catalina Vélez. Fueron padrinos don José Echavarría y doña Manuela Vélez. Dr. Esteban Antonio de Posada, Cura”.

La frase “antes bautizado”, que trae la anterior partida, parece indicar que el niño, por causa de enfermedad, recibió las aguas del bautismo en su propia casa de Sabaneta y que luego fue llevado a Medellín  para completar su bautismo.

Fueron sus abuelos paternos: don Alonso de Restrepo y Méndez de Sotomayor, asturiano, quien llegó a las tierras antioqueñas en el año de 1681 y doña Josefa Guerra Peláez y Ruiz de la Cámara. Abuelos maternos: don Ignacio Vélez (Hijo del Capitán Juan Vélez de Rivero) y doña María Guerra Peláez.

Todas las enciclopedias y diccionarios biográficos traen al Dr. Restrepo como hijo muy ilustre de Envigado.

Los estudios

En la placidez de la señorial mansión donde naciera, recibió José Félix de Restrepo las primeras enseñanzas de su tío Cristóbal José Vélez de Rivero, quien a la par que le enseñaba las primeras letras le inculcaba el amor a la virtud y a las cristianas tradiciones de su raza.

A los trece años José Félix se separó de su familia y llegó a Santa Fé de Bogotá, en enero de 1773, para adelantar sus estudios filosóficos y políticos, pues en Medellìn no existía un centro de enseñanza superior.  Inscrito en las aulas prestigiosas del colegio de San Bartolomé, siguió al mismo tiempo los cursos de matemáticas que José Celestino Mutis dictaba en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Desde el primer momento se destacó en los claustros y fue tanta su aplicación al estudio que a los 18 años fue nombrado pasante en Filosofía y dos años después el Virrey lo nombró en propiedad para dictar esa cátedra.

En junio de 1776 se le otorgó el grado de Bachiller y el 7 de mayo de 1780 el de Dr. en Derecho civil. Después de recibir el grado regresó a su patria chica, en donde encontró el hogar atribulado por la muerte reciente de la madre.

El Maestro

Fue el Dr. José Félix de Restrepo uno de los grandes educadores de su tiempo. La sola labor docente que llevó a cabo en Popayán, Medellín y Bogotá sería suficiente para inmortalizarlo; basta anotar los nombres de sus discípulos para apreciar la magna tarea realizada, fueron ellos, entre otros: el Sabio Caldas, Torres, Pombo, Zea, Ulloa, Ospina Rodríguez y muchos otros.

El joven abogado recibió un buen día en su casa de Envigado una comprometedora carta del Excelentísimo señor obispo de Popayán, Dr. Jerónimo Antonio de Obregón en la cual le pedía que fuera a la ciudad de Belalcazár a dictar la cátedra de Filosofía, y Restrepo fue a Popayán provisto de su título de abogado y de su experiencia como Profesor en San Bartolomé.

En el Seminario de Popayán regentó cátedras con ejemplar sabiduría por largos años y allí fue profesor de Caldas, los Zeas, los Torres, los Pombos y demás patriotas de inmortal memoria. En la señorial ciudad el amor tocó a sus puertas y allí contrajo matrimonio el 30 de mayo de 1788 con doña Tomasa de Sarasti y Ante, sobrina de Agustín de Valencia, primer Conde de Casa Valencia.

Ilustre fue la descendencia de este matrimonio, fueron sus hijos los siguientes: León Félix, que murió joven; María Josefa, casada con don francisco Sarasti, su primo; Manuel que fue un notable abogado, casado con María Francisca Pardo; Mariano, casado con Genoveva Obeso y Cristóbal, casado con Dominga Fernández.

El Libertador de los esclavos

El profesor se trocó en estadista y el Dr. José Félix de Restrepo dejó su labor en las aulas para dedicarse a una intensa vida pública que los llevó a ocupar los más diversos cargos al servicio de la República: Consejero de Estado, Ministro de Relaciones Exteriores, Secretario del Interior, Parlamentario, Magistrado, Presidente de la Corte Suprema de Justicia. Prestó invaluables servicios a la causa de la Independencia.

En 1811 el ejército realista a órdenes de don Antonio Tenorio atacó la ciudad de Popayán, y el Dr. Restrepo se constituyó espontáneamente caudillo de los estudiantes y de su valor personal da fe el General José Hilario López, entonces estudiante, quien refiere: “Fue el primero que disparó su arma contra los asaltantes; y yo, a su ejemplo, hice fuego con la mía, admirando con entusiasmo la sangre fría del Dr. Restrepo, a quien miraba en esos momentos críticos como un semidiós”.

Su amor a la libertad en el más amplio sentido, lo llevó a emprender una campaña en favor de los esclavos y desde entonces consagró su vida a la realización de esta idea nobilísima. No entendía él como mientras se hacía una guerra contra España para lograr la libertad política aún subsistía la esclavitud en el suelo colombiano. Protestó en todo momento por este terrible comercio humano, por esa escandalosa trata, invocando razones de moral y caridad.

Primero fue en Antioquia en donde redactó el inmortal proyecto que presentó al dictador Juan del Corral, sobre “La manumisión de la posteridad de los esclavos africanos y sobre los medios de redimir sucesivamente a sus padres”. Este proyecto fue aprobado definitivamente por el cuerpo legislativo de Antioquia el 20 de abril de 1814. Los nacidos desde la fecha de la promulgación fueron declarados libres y sus nombres inscritos en los registros civiles.

Luego llevó su acción en favor de los esclavos a toda la nación y como presidente del primer Congreso de la Gran Colombia, reunido en Cúcuta en 1821, presentó el proyecto de Ley sobre manumisión de esclavos y lo defendió en forma elocuente, aduciendo textos de la Sagrada Escritura. El proyecto triunfó, fue Ley de la República y José Félix de Restrepo pasó a la posteridad con el honroso título de “Libertador de los esclavos”.

El Magistrado

Si la personalidad de José Félix de Restrepo fue multifacética y descolló en varios campos del saber humano, no cabe duda de que se destacó más que todo como magistrado incorruptible, como juez inmaculado, como modelo de jurisconsulto, como abogado probo y sabio, que ejerció su profesión con una honradez acrisolada y una rectitud y desinterés ejemplares.

Dictó desde la Corte Suprema de Justicia y desde la Corte Marcial fallos trascendentales que lo han mostrado a la posteridad como ejemplo de magistrado integérrimo. Habiendo fallado adversamente un caso en contra de una viuda, se convenció más tarde del error de la sentencia, entonces de su escaso peculio personal indemnizó íntegramente, en capital e intereses a la viuda. Así obraba este hombre ejemplar.

Sus fallos son modelo de sabiduría, moderación y prudencia. Absolvió por falta de pruebas a José María Obando y >José Hilario López, del tremendo crimen que se les imputaba contra la ilustre vida del Mariscal Sucre, cobardemente asesinado en la montaña de Berruecos.

No quiso votar la pena de muerte contra el Coronel Leonardo Infante por la muerte del teniente Francisco Perdomo, sino la de diez años de presidio. En cambio condenó a muerte al General José María Córdoba, mientras los demás lo absolvían, por la muerte que dio al soldado Valdés en Popayán. A este propósito copiamos a continuación la preciosa anécdota que con el título de “Un León y una Paloma” escribió al Dr. Rafael Núñez:

“Don Félix de Restrepo el Arístides colombiano dio su voto por el fusilamiento del General Córdoba, que tenía sobre sus sienes, frescos aún, los laureles de Ayacucho. Conocido es para todo el que haya leído la historia de Colombia, el veredicto que fue la absolución.

Pocos días después estando Córdoba en el balcón de su casa pasó Restrepo por la acera fronteriza:

-Adiós Dr. Le gritó Córdoba. ¿Conque usted votó porque me fusilaran?

-Yo, no, respondió Restrepo. Yo no… la Ley.

-¿Quiere usted Dr. Que esta tarde demos los dos solos un paseo?

-Con gusto, General, contestó don Félix.

Por la tarde iban de bracero Córdoba y Restrepo, un León y una Paloma, por uno de los barrios al oriente de Bogotá.

¿Qué será, decían en Bogotá, de la suerte del Dr. Restrepo al lado de ese hombre acostumbrado a mandar legiones de héroes y a poner en jaque a los mejores capitanes? ¡Pobre Dr. Restrepo!

Entretanto ellos paseaban tranquilamente, queremos decir el valor y la probidad. Sentáronse en una piedra que aún se conserva, hablaron de muchas cosas pero ni una palabra sobre el juicio. Fuéronse a un ventorrillo, comieron algunas pastas y las remojaron con una copa de jerez.

Toda Bogotá les vio regresar de bracero y conversando amistosamente. Al despedirse, Córdoba miró de hito en hito a Restrepo, anciano, débil y valetudinario, se abalanzó sobre él y le dio un abrazo que fue correspondido. Se estrecharon las manos y Córdoba le dijo:

-¡Sálvese el magistrado para la ley!

-¡Sálvese el héroe para la patria!

Contestó Restrepo, y se encaminó al gabinete a continuar la interrumpida lectura de un capítulo del evangelio de San Juan”.

Su muerte

El Dr. José Félix de Restrepo murió en Bogotá el 23 de septiembre de 1832 a los 72 años de edad. Dice así su partida de defunción:

“En Bogotá a 25 de septiembre de mil ochocientos treinta y dos se sepultó en la Iglesia de Santo Domingo el cadáver del señor Dr. Félix de Restrepo, casado con la señora Tomasa Sarasti. Se administró. Doy fe – Juan de la Cruz Gómez Plata”.

Las exequias fueron solemnísimas, asistieron las autoridades civiles y eclesiásticas, sus numerosos discípulos, los esclavos que habían sido liberados gracias a sus gestiones, y el pueblo bogotano en general que admiraba a este hombre extraordinario, modelo de rectitud y probidad.

Amó la Justicia hasta los últimos momentos de su vida. Al decir de su ilustre biznieto, don Antonio Gómez Restrepo, poco tiempo antes de morir, ya ciego y enfermo, llamó a su hijo Manuel, también abogado y le dijo: “Tú serás llamado algunas veces a juzgar; que la justicia dirija todos tus actos; si es necesario cometer una injusticia para que no se trastorne el universo, deja que se trastorne el universo antes de  cometer la injusticia”.

Era el Dr. Restrepo de pequeña estatura, ancho de espalda, frente espaciosa, rostro ovalado, ojos pequeños, nariz recta, cejas enarcadas, boca pequeña, su fisonomía inspiraba simpatía a la vez que respeto.

fuentes:

Herrera Restrepo, Daniel “El Pensamiento Filosófico de José Felix de Restrepo”, Biblioteca Colombiana de Filosofía, Universidad de Santo Tomás, 2006.

Garces, SAcramento MOnografía de Envigado, edición de 1964

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POR: LUIS ALBERTO RESTREPO MESA, Miembro de número del Centro de Historia de Envigado

¡Qué grande y satisfactoria tarea!, es la de resaltar las grandes personalidades de mi pueblo Envigado; al hacerlo cumplo con la labor cívica  y con la fidelidad de los designios bíblicos del Eclesiástico ( Alabemos a los hombres grandes.) Alabemos pues a los varones gloriosos que vivieron en el curso de los tiempos y situémoslos en la galería de los hombres ilustres en el curso de las edades, a ellos el señor les confirió magnificencia porque por sus consejos guiaron a su pueblo que lo vio nacer y vivir, fueron honrados entre sus coterráneos e insignes en sus días, muchos de ellos dejaron gran nombre para que se les cante sus alegrías  y sus alabanzas.

El Médico Israel Rendón Carmona, era hijo de don Valentín Rendón  y doña Isabel Carmona, nació el viernes 11 de febrero de 1.910; sus abuelos paternos fueron don Miguel Rendón y doña Ángela Santamaría, y los paternos don Anselmo Carmona y doña Encarnación Vasco.  Cursó sus estudios primarios en la escuela de su pueblo Envigado y los secundarios y profesionales en la Universidad de Antioquia. Recibió el título de doctor en la Universidad de Antioquia,  el 22 de noviembre de 1.948,  con el titulo de Médico y Cirujano con una interesante tesis  sobre Hepatitis infantil; se especializó en enfermedades tropicales, ejerció su profesión de médico con brillo y honorabilidad  en los municipios de Turbo, Cisneros, Envigado y Amagá; en Amagá fue muy amigo de la familia Ramírez quien lo albergó en su distinguida casa  por sus valores ciudadanos y cívicos.

Las donaciones de sangre me llevan a recordar, tal como éstas salvan vidas, que fue este el trabajo diario del doctor Rendón que he de hacerlo notar en su biografía, debido a que fue un extraordinario médico que encierra las enseñanzas cristianas  de amor y solidaridad enmarcadas  en la esencia de la vida, con ellas salvó el doctor Rendón muchas vidas en las intervenciones las quirúrgicas, igual desempeño en las transfusiones sanguíneas admirables  de un paciente a otro, como una entrega de su propia vida, que confiere, por decirlo así como una especie de paternidad compartida.

Algo a de haber en la comparación, con la esperanza de vivir con él  y recibir la bendición; porque la misma naturaleza se confunde, porque el mundo es pequeño y su sangre también se mezcló con la mía, porque sus hijos son los primos de mis sobrinos y esto hace parte de un árbol  genealógico común de nuestros apellidos antioqueños.

Se preocupó intensamente por su tierra natal. Fue miembro muy distinguido del Cabildo Municipal, llegando a ocupar el cargo de presidente del Concejo en dos oportunidades, además miembro de la Sociedad de Mejoras Públicas  de Envigado y también miembro del número del Centro de Historia de Envigado.

Contrajo matrimonio con la distinguida dama doña Aurora Arbeláez el 7 de julio de 1.940 y de este matrimonio nacieron siete hijos todos muy distinguidos y honorables.

El doctor Israel Rendón Carmona, fue muy querido por sus cualidades personales, de caballerosidad, tuve el honor de ser su secretario general en el Directorio Liberal, que desempeñó con lujo de detalles en la presidencia del mismo. En el barrio Uribe Ángel, de este municipio; el centro de salud lleva su nombre como un homenaje a sus virtudes ciudadanas por haber sido un médico eminente y un envigadeño que ayudó a su pueblo.

Con la muerte del doctor Rendón, Envigado perdió uno de sus más esclarecidos hijos y los pobres también perdieron a un benefactor, su muerte ocurrida el 10 de febrero de 1.992, y en el templo de Santa Gertrudis se verificaron sus exequias, con una nutrida concurrencia de parientes y amigos y una copiosa ofrenda floral. Al lamentar sinceramente el deceso de este benemérito médico, el Centro de Historia de Envigado registró en el boletín número 16 página 195 tan lamentable suceso, debido a  que él fue uno de sus socios de número más representativo. La dicha perdura en su linaje y la heredad pasa  a los hijos de sus hijos. Su familia se mantiene fiel a la alianza. Su cuerpo fue sepultado en la paz del creador y su nombre vive de generación en generación. Los pueblos se hacen lengua en su sabiduría y todos los días las asambleas pregonan sus alabanzas.

Fue un envigadeño probo y un antioqueño intachable. PAZ EN SU TUMBA.

Por: LUIS ALBERTO RESTREPO MESA, Miembro de número

“Los hombres verdaderos, son los hombres de conocimiento, los hombres que  saben ver, les conocen la verdadera realidad de las cosas a través de los sueños”.

En el transcurso de mi vida he visto desfilar a muchos de mis compañeros, pero se me nublan los ojos cuando viene a mi mente el imborrable recuerdo de la persona de SAMUEL ARTURO MEZA Y POSADA. Al partir dejó huérfanos a sus amigos, a su Envigado del alma y al Centro de Historia de Envigado, a quien le entregó el fruto sazonado de una vida cargada de experiencias.

Se fue el capitán, que Dios lo tenga en la gloria eterna y en su seno, como lo tenemos nosotros en el corazón. Carly dice: “El genio es el infinito arte de trabajar con paciencia”, así trabajó incansablemente Meza y Posada, como un noble varón  de virtudes cristianas.

Nació en Medellín el 14 de enero de 1.894. Al analizar su figura, es situarse en un ser superior en el sentido de la palabra, de clara inteligencia y de completísima formación histórica, desde su juventud conoció la Literatura y compuso versos, se ubicó en el cuadro de los médicos colombianos, conocía a perfección la Medicina, obtuvo el título de Médico Cirujano en la Universidad de Madrid en España, y se especializó en Alemania; era exquisito en su trato, tenía conciencia de su autoridad, muchas gentes sabían que podrían recurrir a él con la confianza de encontrar en su persona el sapiens, el utilis y el conciliarium.

Pertenecía a una de las familias más distinguidas de Medellín, de prosapie  como hombre de visión, venía de  ascendencia de hombres y mentes organizadas y prácticas.

Fue uno de los grandes de la poesía, lo conocieron en Aránzazu en la Séptima Feria de la Cabuya cuando participó con su famoso poema: “ELOGIO A LA CABUYA”, ocupando un puesto destacadísimo, cuando dijo:

”Yo vengo a saludarte con métrica sencilla,

oh Fique, oh agave, oh pita, industria y maravilla

bajo el paraguas rubio de corruscante sol,

diadema de plantío que ostenta el embeleco,

sin dolo ni inquietudes, ni inquinas de arrebol.”

Este poema consta de diez y siete estrofas todas muy bien concatenadas y que hoy reposan en la literatura del Departamento de Caldas, con el premio de un cetro por su decir castizo. Es de admirar que por sus esfuerzos históricos e investigativos era tal su erudición que se quedaba uno estupefacto por su capacidad de conocimientos de la Historia Colombiana y Universal.

Amigo de los archivos, construía ciencia auténtica, la hacía avanzar como pocos lo han hecho y fueron muy sabias las lecciones aprendidas de un buen Historiador de su talla.

Era un intelectual de la más pura estirpe, toda vez que era sobrino del doctor Andrés Posada Arango, prestigioso científico, botánico y naturalista, de reconocimiento internacional: una planta de la familia de las cucurbitáceas lleva su nombre científico llamadas:”posadae spheracorpa” cuyo nombre vulgar es, el Tarralí.

Es autor de varios libros: Minas de Antioquia, Elogio de los Animales, La Parálisis Infantil, que vino a ser su tesis de grado, Biografías Sintéticas de Médicos Antioqueños, Gestas de Amor y de Sangre, sobre la guerra de Marruecos, los Médicos de la Colonia y la Independencia, Léxico Médico Popular de Colombia.

El doctor Meza y Posada es socio fundador del Centro de Historia de Envigado y fue su primer Presidente, el que desempeñó con lujo de detalle, igualmente la Secretaria del Centro de Historia, llegando a ser secretario perpetuo, se firmaba con el seudónimo “Álvaro de Galamanca y el Bachiller Oviedo”.

Ingresó a la Academia de Historia de Antioquia como Socio Correspondiente, en diciembre 4 de 1.941 y Socio de Número en noviembre de 4 de 1.958; perteneció a varias Academias y Centros de Historia  a nivel Departamental y Nacional.

Escribió en varios periódicos tales como el Colombiano, Obrero Católico y varias revistas de medicina e Historia.

Ejerció la medicina en varios municipios de Antioquia y en Manizales cuando se vinculó a campañas parasitarias y adelantó múltiples acciones sanitarias de educación popular y sus últimos años de vida se los dedicó a la Historia en donde desempeñó el cargo de profesor en varios colegios.

Falleció en su querido Envigado el 6 de enero de 1.965 donde se le dio cristiana sepultura.

También llevó encomiables iniciativas desde la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín. Fue condecorado con la medalla de oro de la Cruz Roja de Envigado en el año de 1.947 ya que era uno de los que más colaboraba con dicha institución a nivel Departamental y Nacional. Fue delegado al III Congreso Hispanoamericano de Historia celebrado en Cartagena de Indias en el año de 1.961.

Se especializó en Neumocardiología y adelantó sus prácticas sobre la materia en los hospitales de San Juan de Dios, San Carlos y en Madrid siendo médico de cabecera de los Reyes de España.

Posteriormente se matriculó en la Escuela de Tisiología y se hace discípulo de los distinguidos médicos Verdés, Montenegro, Mut y Calandre y en España toma parte de algunas actividades académicas.

Regresa a Colombia y empieza el ejercicio de su profesión como legista de la infancia en Medellín y Santa Fe de Antioquia.

En Medellín fundó la revista de la Cruz Roja y publicó algunos folletos entre los cuales se destacan: la religión y la ciencia, son muy interesantes algunos sobre las quebradas de Envigado, (la Ayurá y la Doctora) escribió en el periódico Ceibas de Envigado varios artículos de valor histórico para ciudad.

Fue un gran enamorado de los animales y por tal motivo fundó en Medellín la sociedad protectora de los animales, saco varios trabajos importantes como el estudio histórico del caballo.

Sólo a la luz del espíritu, la historia del hombre adquiere una explicación satisfactoria; y por eso la anécdota toma vivencia de su tradición como un esfuerzo creador que hace grande a la persona, y pone de presente que vale vivir al servicio de los demás; sea nuestra familia quien obtiene el valor de su sangre o por el desconocimiento que se tiene del compañero de aventuras o en su muerte, o la amistad cuando emana caridad. Pero la Historia nos enseña que no todo está perdido pues heredé para estos tiempos el sitial de Socio de Número del Centro de Historia de Envigado, que él tuvo a bien fundar.

Por: Elizabeth Redondo Benítez, Miembro de Número 

El Envigado de antaño vio crecer entre sus hijos a uno de sus ciudadanos más comprometido con el desarrollo de su pueblo en todos sus aspectos.

Su calidad humana se manifestó siempre en su profunda religiosidad y amor a Dios, en su vida cristiana, en la oportuna ayuda solidaria para con sus semejantes más necesitados, el aporte a la cultura con su inspirada poesía y en su misión de servicio comunitario a través de su periódico” EXPRESIÓN “.

Don Pastor Garcés Londoño, es un envigadeño de pura cepa, nacido el 30 de octubre de 1915, y destacado líder cívico desde su primera juventud hasta su muerte ocurrida el 1 de septiembre de 1979, en la “Ciudad Señorial”, que tanto amó. Su partida de bautismo se encuentra anotada en el libro 027, folio 066, Nº 0185 de la Parroquia de Santa Gertrudis.

Sus padres don Jesús María Garcés Molina y doña María Jesús Londoño Restrepo, conformaron un hogar profundamente cristiano, que fue el crisol donde se formó don Pastor, como hombre íntegro, ciudadano ejemplar siempre dispuesto a trabajar por el engrandecimiento de su municipio y el bienestar de sus conciudadanos, lo que le permitió destacarse como uno de los envigadeños notables del pasado siglo XX.

Por su precaria salud, no completó su educación escolar en la Escuela Modelo (hoy Fernando González), pero su espíritu de superación, la dedicación de su padre y la colaboración del sacerdote Manuel José Jaramillo Flórez, lo convirtieron en autodidacta, lo que le permitió ejercer tanto su profesión de comerciante, regentando por muchos años el Almacén Ideal (calle 39 A sur), como su vocación de poeta, escritor y periodista.

En su obra como poeta nos legó dos folletos con lo mejor de su producción: “ SOLEDAD “ de profundo contenido religioso, publicado en 1966 y “ATARDECER” dedicado a Envigado con motivo del bicentenario de su fundación en 1975.

Destacamos algunas estrofas que nos muestran su sensibilidad poética emotiva, religiosa y patriótica:

 

FELIZ HALLAZGO

(POEMA DEDICADO A SU ESPOSA)

 

Cuando ayer errabundo, vacilante,

Anhelaba una dulce compañera

Algo más en edad que quinceañera

Y de finos modales y elegante.

 

Te encontré de improviso y delirante

Vi en mi mente grabado todo un mundo

Tan hermoso, tan vasto, tan profundo

Que imposible decirlo en un instante.

 

Y con tal embeleso el pensamiento

Me instó con ansia y devoción a amarte

Que sumido quedé en arrobamiento;

 

Y hube de ver con íntimo contento,

A juzgar por la dicha de mirarte,

Que serías mi bien, mi complemento.

 

QUE  CONTRASTE

 

“Tú clavado en la cruz y desangrado

Y yo libre, Jesús, y envilecido…?

¿ Cómo cabe que mueras suspendido

Y que yo pecador no esté clavado….?

 

Cómo puedes, mi Dios y dulce amado,

Tolerar impasible tal absurdo…?

Tú en madero de infamias tosco y burdo

Porque yo,  miserable he pecado?

 

No, Señor, imposible: que me espanto

Aceptarlo no puedo, moriría….!!!

Y si amarme deseas, mide un tanto

 

Ese amor infinito, tierno y santo;

Porque tanto, mi Dios me humillaría

Y me harías verter copioso llanto.

 

 

 

CANTO A ENVIGADO

( Fragmento )

 

“ Envigado, Envigado, Envigado

Pueblo grande de nombre inmortal

Tu presente y glorioso pasado

Son de fama y honor nacional.

 

En tus campos y ricas praderas

La belleza sentó su dosel,

Y armonizan allí charreteras

Ciencia, ruanas, virtud y carriel.

 

Tengan paz y cosecha tus campos

Y tus prados follaje y verdor,

Y habrá luces, aromas y cantos,

Remembranzas, ternuras y amor.

 

“Se de Antioquia, indomable y bravía

Gran fortín y precioso mural;

Ama el bien, se de Cristo y María

Y serás la ciudad SEÑORIAL.

Como periodista colaboró en distintas publicaciones: “ CEIBAS “. “VIGAS” “ y  “ EL COLOMBIANO”  y desde su periódico “EXPRESIÓN” que publicó 50 ediciones, lideró campañas en pro del mejoramiento material y cultural de su amado municipio; desde esta tribuna de opinión contribuyó al engrandecimiento de Envigado, utilizando siempre un lenguaje respetuoso, que no ofendiera a sus opositores.

Las ediciones completas de este quincenario se encuentran en la Biblioteca “ José Félix de Restrepo”, gracias a la donación de su familia, y en sus artículos se puede apreciar el profundo amor por su ciudad, sus gentes y su progreso y bienestar que fueron un interés relevante en la vocación de servicio de don  Pastor.

Como hombre de bien, conformó su hogar con doña Lucelly Sierra García, con quien se casó el 30 de octubre de 1950, en La América, de cuya unión nacieron 10 hijos. Su amor por su esposa y sus hijos, lo demostró tanto con sus actos como con sus bellos poemas en los que exaltaba su felicidad familiar.

Como ciudadano hizo parte de múltiples organizaciones culturales y de acción social, y de prestigiosas entidades cívicas del municipio entre las que se destacan:

 

LA SOCIEDAD DE MEJORAS PÚBLICAS DE ENVIGADO, desde la cual impulsó numerosas  obras de beneficio común para el municipio.

EL CLUB ROTARIO DE ENVIGADO, del cual fue socio fundador y desde el cual trabajó con entusiasmo por el engrandecimiento de su amado terruño.

LA SOCIEDAD DE SAN VICENTE DE PAÚL, a la cual perteneció por más de 40 años, y en la cual ejerció la caridad sin límites en pro de los desvalidos a los cuales amó cumpliendo el mandato de Jesús, de amar a nuestros hermanos como Él nos había amado. También fue presidente de la misma.

Fue tal su dedicación a esta benemérita institución, que las directivas nacionales, lo designaron “Presidente Honorario de Colombia”, en reconocimiento a su apostolado constante y a su lucha por mejorar el nivel de vida de los pobres, cumpliendo a cabalidad con la filosofía de esta institución.

EL CENTRO DE HISTORIA DE ENVIGADO, entidad a la cual perteneció como miembro de número y en la cual se destacó por su entusiasmo por la historia, su sobriedad al escribir importantes biografías de envigadeños destacados, obras que fueron publicadas en el “ BOLETIN HISTÓRICO”, el órgano informativo del Centro, que se publica anualmente.

Perteneció además a la Junta de  ACCIÓN SOCIAL del templo de San José, de la cual fue tesorero e impulsor entusiasta de la construcción de este bello templo, dineros que no solo manejó con lujo de honradez, sino que de su propio bolsillo pagó muchas veces a los obreros, con el fin de acelerar la obra y alcanzar su oportuna culminación.

Por su espíritu de servicio a la comunidad, el Concejo Municipal lo condecoró con la MEDALLA CÍVICA DE ENVIGADO”, galardón creado para exaltar la labor de las personas más destacadas en pro de la cultura y el progreso del municipio.

Tras penosa enfermedad don Pastor falleció el 1 de septiembre de 1979, confortado por su profunda fe cristiana y convencido como lo manifestó en los numerosos poemas religiosos que escribió de su próximo encuentro con el Creador.

Su familia, los ciudadanos comunes, la administración local y las numerosas instituciones a las que sirvió, lamentaron su fallecimiento y despidieron al padre, al amigo y al ciudadano ejemplar que dejaba con su partida un gran vacío en sus corazones, pero cuyo trabajo incesante a favor de los necesitados y del progreso material y cultural de su pueblo, los impulsaba a continuar la encomiable labor realizada, por quien no solo fue un cristiano cabal, sino un líder cívico, gloria envigadeña del siglo XX..

El Centro de Historia de Envigado emitió una Resolución de condolencia, dirigida a su familia y a la Sociedades de Mejoras Públicas y de San Vicente de Paúl.

También decretó que un retrato al óleo de don Pastor Garcés fuera colocado en la Pinacoteca del Centro de Historia, donde se destacan los personajes ilustres del municipio.

Hoy a 29 años de su muerte, el Centro de Historia “JOSÉ MANUEL RESTREPO”, en reconocimiento a sus invaluables servicios cívicos  a su patria chica, a su meritoria labor caritativa y a su gran aporte a la cultura, como escritor y poeta, quiere destacarlo como envigadeño ejemplar, al lado de otros notables personajes del siglo XX que  contribuyeron con su trabajo y talento a hacer de Envigado una ciudad destacada en el ámbito regional y nacional.

Por: Carlos Enrique Jurado Giraldo, exmiembro de Número 

El martes cuatro (4) de noviembre de dos mil tres (2003), luego de padecer  una dolorosa enfermedad, falleció en esta ciudad don Bernardo Agudelo Bohórquez, uno de las figuras más destacadas de la sociedad, del civismo y la política de Envigado, en la segunda mitad del siglo XX.

Nació, don Bernardo,  en el municipio de  Jericó el primero (1°) de septiembre de 1915, pero desde los veinticinco (25) años se vinculó, en forma indisoluble, a la vida pública de Envigado.

Concejal desde 1943, impulsó con entusiasmo obras de singular trascendencia para el progreso municipal, como el Hospital Manuel Uribe Ángel, el Instituto Nocturno de Bachillerato, el Liceo La Paz, el Colegio de La Salle, la Normal de Señoritas y el Colegio Femenino de Envigado, ocupando en reiteradas oportunidades la presidencia de la corporación edilicia.

Diputado principal  a la Asamblea de Antioquia, en el período de 1962 a 1964, Personero de Bello, Secretario del Consejo Administrativo de Envigado en 1954, Personero Municipal de Envigado en dos oportunidades y Contralor de la Ciudad en 1979.

Durante su fecunda existencia fue un promotor entusiasta de proyectos culturales de tanta significación como la adopción del Himno de Envigado y la creación de la ‘Coral Ciudad de Envigado’.

Fue fundador del ‘Comando de Juventudes Conservadoras’, miembro del Directorio Conservador Municipal y su Presidente en varios ocasiones, distinguiéndose por su lealtad inquebrantable a esa ideología, actuando siempre en el sector ospinopastranista de ese partido,  pero, también, profesando especial  respeto y consideración por sus adversarios en las difíciles lides políticas.

Presidente del Centro de Historia de Envigado, por espacio de nueve años, posición en la cual desarrolló una fructífera tarea de rescate de los valores culturales de nuestros mayores, presidió la IX Asamblea de Centros de Historia de Antioquia, promovió la fundación de corporaciones académicas de este tipo en otras localidades del departamento  y organizó un excelente Fondo de Publicaciones, que incluyó la tercera edición de la incomparable “Monografía de Envigado”, escrita por don Sacramento Garcés Escobar,  la obra del padre Julio Jaramillo titulada “Lo que tú no sabes de Envigado” y cinco (5) números del “Boletín Histórico del Centro”.

Escritor prolífico, con documentados estudios históricos y literarios, recogidos en periódicos y revistas locales;  autor, además, de dos (2) libros autobiográficos: “Retazos de una Vida” y “El Diario de Un Viejo”.

Ciertamente su paso por la administración pública y por las posiciones más destacadas de la vida social en Envigado, no le significó bienes de fortuna, como se acostumbra en el enrarecido mundo contemporáneo, pero sus lecciones de ética, de servicio comunitario y de trabajo solidario, nos permiten afirmar, sin vacilación, que don Bernardo se ha constituido en un baluarte de la raza antioqueña y un faro hacia el que, indefectiblemente, deben mirar los buenos envigadeños si se quiere rescatar nuestra identidad y el respeto de todos nuestros compatriotas.

A quienes tuvimos el privilegio de contarnos entre sus amigos y colaboradores, siempre nos sorprendía con su calidez humana, con el dinamismo que imprimía a todas sus empresas y actividades, con su honestidad a toda prueba y con un entrañable amor por esta Ciudad Señorial de Antioquia.

Su partida nos dejó en la orfandad.  Como no recordarlo  hoy, con gratitud y admiración. Como olvidar su extraordinario  elogio de Envigado,  cuando afirmó: “a este puerto espiritual que sería tan amado por mi corazón me trajo un día la marea de la vida: llegué a su plaza que aún no tenía asfalto y bajo la sombra verde de una ceiba inmensa sacudí el polvo de mis sandalias de peregrino sin posada.  Miré arriba y las palomas cruzaban un cielo azul. Al frente tenía las torres blancas y toscanas de su templo de Santa Gertrudis y atrás, más arriba, estaban las montañas verdes y azules que el maestro León Posada pintaría después en un óleo de Fernando González ….Y desde entonces ésta es mi querencia; aquí quiero vivir junto a mis amigos queridísimos a cuyo lado he envejecido casi sin sentirlo; aquí quiero seguir al lado de mis amigas, mujeres adoradas que han hecho dichosa la parábola febril de mi vida de luchador. Aquí quiero seguir, caminando por estas calles historiadas que me recuerdan mis tiempos de joven amor y de gloriosa bohemia juvenil; aquí quiero recordar las veces que he desfilado hasta su camposanto para despedir seres queridos e inolvidables; aquí quiero seguir entrando reverente a su templo para pedir a Dios que me ayude en mis años otoñales, porque nada como la vejez necesita el báculo divino. Y aquí quiero, por último, dejar la liviana carga de mis huesos, y como dijo el poeta de mi tierra, Julio Galán, en su hermoso poema ‘La Elegía del Retorno’: Aquí quiero morirme, dormir bajo esta bruma, dormir bajo esta luz, y que tan sólo graben en mi piedra una pluma, un libro y una cruz”.

Con motivo de su fallecimiento, el Centro de Historia de Jericó, envió una bella misiva recordando al ilustre desaparecido, en la cual se consignaron estas reflexiones:

“Un faro dejó de alumbrar, pero la nave tenía ya la ruta segura para llegar a puerto. Es lo menos que el Centro de Historia de Jericó le dice a su homólogo de Envigado, con motivo de la desaparición de ese creador de cultura que palpitó con el nombre de BERNARDO AGUDELO BOHÓRQUEZ, de honra raíz jericoana que Envigado acogió con aquel amor que esa ciudad brinda al llegado, sin contraprestación de nada.  Y decimos que a pesar de apagarse su luz,  la nave con ese gran bagaje de realizaciones que Bernardo dejó para la posteridad en esa Paisa-Hidalga ciudad, surca las aguas sin riesgo de tormenta. Este hombre que deja sus vivencias escritas en los libros ‘Retazos de una vida’ y ‘El Diario de un Viejo’, constituyen su testimonio para que lo asimilen la juventud y los congéneres de caminos ya recorridos pero que aún les corre la sangre por las venas. Jericó se honra con el aporte de una de sus raíces a esa sin igual Envigado de querencias perennes por todo lo que es antioqueñidad pura”.

Gracias, don Bernardo. Su tesón, su recia personalidad de noble servidor público, su dinámica consagración a las mejores causas de Envigado, lo hace merecedor de la gratitud perenne de sus conciudadanos.  Gracias, en suma, por ser un antioqueño integral.

Francia Marietta Garcés Giraldo, Miembro Correspondiente 

Nuestro mundo actual es un devenir de falsos valores, hoy no se respeta nada,  las virtudes morales enseñadas por los grandes hombres de nuestra tierra se han vuelto solo un recuerdo. La dignidad, la ley, el honor fueron el emblema emplazado dentro de un pedestal en cada hogar que conformaban nuestros ancestros, personajes como don Pacomio Vélez Gómez, nos evoca la vida ejemplar de nuestra raza, un hombre que sin ser envigadeño vivió y prosperó en nuestro municipio.

Nacido el 19 de julio de 1925 en el municipio de Andes (Antioquia), sus padres don Bernardo Vélez y Esther Gómez, sus hermanos Rodrigo y Conrado Vélez Gómez. Termina sus estudios en el Liceo de Andes (Ant.), queda huérfano a la edad de doce años y siendo el mayor de sus hermanos toma la responsabilidad de su hogar.

En el año de 1944 llega con su familia a nuestro municipio Envigado y fija su residencia en el barrio obrero; se le ha considerado como un ciudadano ejemplar, exitoso empresario, hombre cívico por excelencia , concejal de la ciudad, miembro muy activo de la Sociedad de Mejoras Publicas, participo en la fundación del Asilo de Ancianos “Revivir”, por sus méritos, es designado Presidente Perpetuo de la Fundación “Horacio de J. Restrepo” dedicada al cuidado de las jóvenes de escasos recursos económicos,  miembro honorario de El Centro de Historia de Envigado y de la Biblioteca José Félix de Restrepo, así como del Comité Municipal de Cultura y retomando el calificativo que le dio el Excelentísimo Monseñor Luis Augusto Castro Quiroga  Arzobispo de Tunja fue “fundador de vida cristiana en su forma más perfecta”.

De igual manera  incursionó por su propia cuenta y con acierto en el perfil urbanístico de la ciudad, ornándola con grupos escultóricos que recogen valores de nuestra tradición folklórica como “el monumento a los arrieros” y también hizo ejecutar importantes obras de amueblamiento urbano en la Vía Las Palmas, mereciendo por todo lo anterior, unido a su natural sencillez y transparencia, la admiración y el respeto general de la ciudadanía de Envigado.

Don Pacomio Vélez Gómez encontrándose cara a cara con la luz de la Fe contrajo matrimonio con la distinguida dama Leticia Quintero formando un hogar íntegro con sus cinco hijos Armando, Beatriz, Jhony, Conrado y Adriana Vélez Quintero.

Inicia su vida laboral, como trabajador en la fábrica de Rosellón, filial de Coltejer industria dedicada a la incursión textil y en sus ratos libres dedicaba su tiempo a fabricar lámparas para alumbrar imágenes: Utiliza un pequeño taladro manual, un esmeril y una lima triángulo que partió en dos, sacándole  punta y calentándola al rojo vivo en el fogón de su casa, las cuales introduce en aceite para templarlas. Sus primeros trabajos los realiza con el taladro perforando unas coquitas de vidrio que compraba, fabricando con ellas las primeras lámparas, para ser vendidas por docenas en el comercio de Medellín. Posteriormente es trasladado a Sedeco como supervisor pero finalmente termina su etapa de empleado en la empresa Fatesa en Medellín, en esta Compañía sobraban unos conitos plásticos, los cuales despertaron  su interés, los  compra y combina el vidrio con el plástico, para elaborar otras lámparas.

Al retirarse el Señor Pacomio de esta Empresa, empezó en firme a sacar éstas y otros modelos de su imaginación y aprovecha toda esta experiencia laboral para realizar el sueño de ser administrador de su negocio y por iniciativa propia fundó el 17 de octubre de 1946 la cristalería “Pavezgo”.  En un comienzo la empresa se constituyó como un establecimiento de comercio a nombre de persona natural, su inicio fue en forma empírica y con herramientas muy rudimentarias.  De esta manera con un espíritu emprendedor y la permanente colaboración de su esposa, Leticia Quintero, la industria progresó.

Después de tener su empresa, varios años en el municipio de Medellín, exactamente en Manrique Oriental, pero sin perder  contacto con el Municipio de Envigado, puesto que su madre y sus hermanos continuaban viviendo allí,  vendía al por mayor como lo dice la historia y no veía la hora de trasladarse nuevamente a Envigado.

El deseo de ser grande nos invade a todos, pero los límites que en ocasiones nos imponemos a voluntad nos hacen retroceder en la meta, no fue este el destino de Don Pacomio, quien se dedicó con esfuerzo, constancia y dedicación a capitalizarse, cuando logró reunir suficientes recursos económicos, no desaprovechó la oportunidad y compró un terreno pequeño ubicado en el Barrio Jardines de Envigado, donde actualmente se encuentra  la empresa, es así como logra trasladarse a nuestro municipio en donde se le considera pionero en la industria de Lámparas; esto ocurre entre los años 50 – 60 aproximadamente, desde entonces comienza a vender al “detal” y hace publicidad en las agencias de viaje para que le enviaran los turistas que venían de Centro América, Las Antillas Holandesas, Curazao y República Dominicana.

Posteriormente la empresa se transformó como sociedad limitada el 02 de junio de 1975 bajo escritura pública No. 556 de la Notaria Primera de Envigado y por último se convierte en Sociedad Anónima bajo escritura pública No. 350040 de la Notaria Segunda de Envigado del 09 de mayo de 1998. Hoy en día con la participación de sus hijos la fábrica ha seguido floreciendo y consolidándose.

Hoy la compañía se fortalece como una de las empresas familiares más prestigiosas que distinguen y dan fulgor a Envigado, pues no solo ha sido una importante fuente de empleo para los habitantes de nuestra ciudad sino que su proyección se ha extendido a los campos de la cultura, el trabajo social y el civismo, cumpliendo con el mandato constitucional de garantizar que la propiedad privada tenga una verdadera función social.

Es su permanente vinculación con toda buena causa en campos: religioso, social, educativo, cultural, turístico, deportivo y cívico  así como con el patrocinio para la publicación de varios libros de carácter cultural y en múltiples oportunidades el  apoyo brindado a Cortiple para la realización del Encuentro Nacional, en donde la generosidad de don Pacomio y de Pavezgo se hizo presente de manera constante para con nuestra ciudad.

En nuestro mundo moderno existe el riesgo de no conocer el verdadero significado del servicio por el otro, el hombre domina cada vez más el universo material pero el conocimiento de si mismo cada vez menos. Don Pacomio Vélez Gómez alcanzó el desarrollo de sus valores dándole jerarquía a su estilo de vida, y lo que mejor lo identifica es el legado que tenemos en nuestra ciudad: INDUSTRIAS PAVEZGO. El sueño de un hombre consiste en la consecución del señorío absoluto de su existencia y él la logró.

Según sus propias palabras “…me lleno de íntima y profunda satisfacción, por el indudable hecho afortunado para mí, de ver a todos mis hijos laborando unidos hombro a hombro, en este mismo empeño familiar, la vida, es una celebración, y debe ser un acto de compromiso y capacidades, en el noble empeño de construir una patria más amable y justa para todos.”.

En la Monografía sobre Envigado, “Entre la Montaña y el Río” los autores se expresan: “Sin duda en la presencia de don PACOMIO VÉLEZ GÓMEZ tiene Envigado uno de sus indiscutibles pilares sociales y en PAVEZGO un activo bien importante para nuestra Ciudad, lo que les merece sin ambages, bien de la Patria y el reconocimiento de gratitud de sus conciudadanos.”

Fue un hombre de espíritu libre que supo abrir su corazón y fortaleza a Dios, esto le ayudó en su tarea misionera, porque sólo un alma que se conmueve con el dolor ajeno puede comprometerse con la sociedad como lo hizo en vida nuestro ilustre conciudadano.

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Por: J. Jairo Hoyos Ochoa, Periodista, hijo del Personaje.
El Primer maestro de Don Martín Hoyos fue don Heráclio Ramírez, Padre de Monseñor Damián Ramírez Gómez. Ingresó al Colegio San Luis Gonzaga, el cual lleva hoy el nombre de IDEM Pbro. Luis Rodolfo Gómez, allí estudió hasta 1939. Era un estudiante inquieto por los
asuntos culturales y periodísticos y dirigió su propio periódico semanal en manuscrito, el cual se leía en las reuniones del Centro Cultural del centro educativo.

Fue miembro de la Sociedad de Mejoras Públicas de El Santuario, su patria chica, entre 1938 y 1941. El 12 de octubre de 1951 contrajo matrimonio con Ofelia Ochoa Vélez, de cuya unión conyugal hay 6 hijos.  Siempre estuvo colaborando en materia periodística con la Revista EL SANTUARIANO y para PERFILES HISTORICOS, Revista del Centro de Historia de El Santuario. Desde 1954 se vinculó a la Sociedad de San Vicente de Paúl, a  pertenecer a la Conferencia Vicentina de “Nuestra Señora del Carmen” de Manrique. Un año  más tarde sería nombrado Secretario de la misma hasta 1960. En 1977 por decisión del Padre Damián Ramírez Gómez, Presidente de la Colonia Santuariana en Medellín,  fue vinculado a ésta benemérita entidad como Secretario, cargo desempeñado hasta mediados del 2004. Posteriormente, al radicarse en Envigado, se vinculó a la Sede Vicentina de éste Municipio, institución a la cual prestó sus servicios como Secretario General desde 1986 hasta el 2004. Luego fue vice-presidente
primero de la Conferencia Vicentina San Marcos.

Para despedir a MARTIN HOYOS GALLO se necesitan muchas frases referidas a lugares comunes que usa la oratoria. Se requieren muchísimas metáforas que alcancen a ayudarnos a entender lo que significó su paso por éste mundo. Pero mal haríamos en dejar silencios a esta hora. MARTIN HOYOS deja una gran huella como resultado de su existencia, empezando por la herencia moral y ética que nos deja a su esposa Ofelia y a sus 6
hijos, a sus coterráneos de El Santuario, a los Miembros del Centro de Historia de Envigado, en el cual por 20 años fue su Fiscal y Miembro de la Junta Directiva, a todos los que hacen parte de la longeva Sociedad de San Vicente de Paúl. Lo despedimos con gratitud con Dios y con su larga
vida llena de enseñanzas. Nos enseñó a ser honestos, éticos, responsables, cumplidos, organizados, solidarios y amorosos con él prójimo. Su mejor discurso fue: EL EJEMPLO.
Nació el 16 de octubre de 1919 en El Santuario, Antioquia. Murió el día 8, del mes 8 del año 2008 y había cumplido 88 años.  Su vida de servicio al prójimo la enseñó a su grupo familiar inmediato, y a todos los demás familiares que lo rodearon, con todos sus vecinos y amigos. Fue fácil
hacer tareas con él pues como gran lector y conocedor de la historia y la política siempre tenía sus aportes propios.

Fue Secretario General del Colegio San Marcos de Envigado, localidad en la cual residió la última mitad de su vida. Se entregó con gran pasión a la parroquia de San Marcos. También deja su sello, su nombre y su buen recuerdo en toda la comunidad envigadeña. Lo que hizo en sus 88 años de fructífera vida fue: SERVIR. Fue un gran escritor y todas las asociaciones mencionadas y muchas otras lo preferían para que fuera su Secretario o su Fiscal. Eso hablaba bien de él. Siempre estaba levantando un acta de algo o escribiendo su libro familiar con todos los datos y fechas importantes que iban sucediendo. Tranquilo en el andar y reflexivo al intervenir, no se dejaba amilanar por sus contendores, pues su prodigiosa memoria siempre lo sacaba adelante. Este fue Martín Hoyos Gallo un Santuariano un trabajador, alegre, gocetas y refranero como buen paisa. Su mente fue
brillante hasta el último instante. Su cuerpo, como todo lo material se fue desgastando hasta extinguirse. Lo extrañamos, pero sigue presente en la memoria de muchos que tuvimos el placer y orgullo de compartir su paso por ésta tierra.

 

Blanca Ruth Álvarez González. Miembro  de Número del Centro de Historia  de Envigado.

  “Recordar es regresar a un pasado; es trasegar por el camino mágico de la  Historia para escribir y refrescar el pensamiento, extrayendo el recuerdo de aquellos que marcaron con sus huellas una senda de luces, aliento del pensamiento y la cultura de los pueblos; ejemplo para las futuras generaciones y grandeza para la patria”

 “No fue envigadeño de nacimiento, pero adoptó a Envigado como su patria chica, la quiso, se aferró a ella y le entregó los mejores años de su existencia. Se  residenció en  Envigado, desde la edad de 19 años. Acá se enamoró,  formó su hogar y todos sus hijos son envigadeños”. Así empieza la biografía que sobre este importantísimo personaje escribió el Dr. Samuel Arturo Mesa y Posada.

Nació este importante e ilustre  maestro educador en La Estrella el 9 de Febrero de 1896.  Fue su padrino de bautismo el Pbro. Pedro Antonio Gutiérrez, su pariente. Hijo de don. Ángel Garcés Baena y doña Carmen Escobar Mejía.  Fueron sus abuelos paternos, Jesús María Garcés Gutiérrez y Josefa Baena Garcés; abuelos maternos, Eleuterio Escobar Mejía y Ramona Mejía Baena.

Comenzó su formación moral e intelectual  en su tierra natal, las primeras letras  bajo la dirección de don Francisco Arango; con quien empezó a perfilar sus grandes dotes morales intelectuales y civiles, las que lo acompañarían a todo lo largo de su meritoria carrera de  servicios.

Los estudios  secundarios, los adelantó en el Colegio de don Luis Escobar Isaza; sus estudios profesionales en el Seminario de Medellín y en la Normal de Institutores de la misma ciudad. En el Instituto de Bellas Artes de Medellín adelantó estudios de música y canto, bajo la dirección de don Jesús Arriola, don Germán Posada y don Eusebio Ochoa Isaza. En estos Centros Educativos adquirió el respeto profundo por lo intelectual, lo moral, las sanas costumbres y las tradiciones, además la vocación de servicio desinteresado a la comunidad y al municipio de Envigado, formando hombres de bien para el progreso de la Patria; dando un claro ejemplo de honorabilidad, exactitud en el cumplimiento del deber, hasta más allá de su obligación, como todo envigadeño, profundamente enamorado de su parcela.

A la edad  temprana de 17 años ya era  educador en el corregimiento  Sabaneta de Envigado; fue nombrado en el año de  1912 mediante el decreto No 201 de diciembre  del mismo año; se trasladó a la cabecera por recomendación e invitación del Visitador de Instrucción Pública, Pbro  Jesús María Mejía,  dadas sus cualidades  musicales, con el fin de que se desempeñara  como  corista en la iglesia de Santa Gertrudis,  tocando en el  recién  comprado órgano traído de España de la marca Xuclá y  que, escucharlo, se constituía en una novedad.

El  nombramiento como maestro para la cabecera,  aparece con el No 259 de agosto 17 de 1915.  Comenzó a prestar sus servicios  a  la  Escuela Pública, donde trabajó incansablemente en  la campaña de  la construcción  de la nueva escuela,  que llegó  a llamarse Escuela Modelo, fue diseñada según los avances de la cultura y la innovación pedagógica de comienzos del siglo, de acuerdo a los modelos europeos desde su construcción en 1920, hasta que por iniciativa de éste  Gran Maestro, siendo concejal, solicitó que la escuela Pública cambiara de nominación, como se estaba haciendo con otras en la cabecera; su propuesta tuvo acogida ante los Honorables Concejales, la que  a la  vez, en las oficinas de Instrucción Pública del  departamento y en la Honorable Asamblea de Antioquia, tuvo eco, también fue acogida, pasando a llamarse “Escuela Fernando González de Envigado”, para honrar la memoria perenne de su gran amigo, escritor y filósofo envigadeño, Don Fernando González Ochoa, ratificada  por  la ordenanza No 21 del 28 de noviembre de 1959; siendo presidente de la DUMA don Bernardo Trujillo Calle. Era secretaria doña Gilma Gómez Ramírez y  Secretario de Instrucción Pública era el doctor Carlos Posada G.

Fue  el primer maestro y director seccional en la Escuela  Modelo; por asignación de la administración municipal se trasladó con sus alumnos, aún estando el primer salón en tierra pisada y con obreros trabajando en él,  a mediados de 1920.  Más tarde se trasladó su compañero don Aureliano Carvajal.  Don Sacramento no sólo se preocupó por el crecimiento moral e intelectual de sus alumnos sino también por el bienestar y presentación personal hasta el punto de extraerles las niguas, plaga que azotaba en las primeras décadas del siglo 20 a las personas y las demás plagas que se encontraban en los patios y pisos antihigiénicos de recientemente inaugurada  escuela. Usaba siempre una navaja para extraer las mentadas niguas.  Fue el único educador que  prestó sus servicios  en la misma escuela,  en la misma aula, desde la fecha anterior hasta su  retiro en el mes de mayo de 1945, por  motivo de su jubilación; esa aula es actualmente la sala de profesores, anteriormente era el aula No 30 en la Institución; es la que está al lado izquierdo, adyacente a la entrada principal.

Ya realizados sus sueños fue gran admirador de la obra. En su primera Monografía, editada en 1930, se expresa refiriéndose a la Escuela Modelo “Es  amplia, bien construida y ocupa toda una  manzana; pocas escuelas poseen un local de éstas condiciones”.

Desempeñó en Envigado los siguientes cargos: Institutor durante 32 años; fue el primer maestro que enseñó en la Escuela “Modelo” que antes se llamaba Escuela Pública; fue Síndico del Asilo de Ancianos; fue Mayordomo de la Parroquia de Santa

Gertrudis; jefe de archivo parroquial, asentando las partidas bautismales de todo niño que nacía en Envigado, les enseñaba en los bancos escolares y en los liceos les atendía cuando ya mayores.  Secretario del H. Concejo; Secretario del Jurado Electoral; Secretario de la Junta de Higiene; Jefe del Archivo Parroquial; Director de la Escuela Nocturna; Inspector local de las Escuelas del Municipio y Suplente del Alcalde.

Fue miembro de las siguientes Corporaciones: del Cabildo Municipal en dos ocasiones; de la S. de M. P.; de la Junta Parroquial; del Patronato Escolar: del Liceo Pedagógico; del Centro Bolivariano; miembro fundador y de número del Centro de Historia de Envigado del cual fue muy digno Vicepresidente; miembro correspondiente de la Academia de Historia del Magdalena (Santa Marta).

Fue, además, Director  del  periódico local “Avance”, colaborador en otros periódicos,  revistas    ensayos  y  publicaciones para las secciones de historia  y  de  academia, también colaboró en la importante sección “Calendario Histórico”; fue nombrado miembro correspondiente de la Academia de Historia de Antioquia.

Como investigador infatigable en bibliotecas y archivos oficiales y eclesiásticos, escribió su importantísima y admirable obra   “MONOGRAFÏA DE ENVIGADO”, en la cual reseñó el glorioso pasado histórico y las tradiciones del municipio; obra que fue publicada  por primera vez en 1930, la segunda  edición en  1964, previa revisión por la Academia Antioqueña de Historia, la tercera edición la fue editada  en 1985.

Como talentoso músico, alternó sus estudios de música con el  magisterio, dictando clases de música y canto a sus alumnos, quienes admiraban su gran  habilidad  al piano, en aquellas ocasiones en que los llevaba hasta su casa  para deleitarlos con sus melodías; ofició, por más de 30 años, como corista  en la  parroquia de Santa Gertrudis.

Entre sus discípulos, que se cuentan por millares, hubo: sacerdotes, médicos, abogados, ingenieros, maestros, contadores, músicos, entre otros, los cuales lo recuerdan  con un gran  sentimiento  de gratitud y admiración.

 

Cristiano ejemplar, fue un hombre bueno  que  procuraba siempre el bien para los demás; maestro modelo, brillante y auténtico forjador de juventudes; ciudadano y padre de buenas costumbres; desvelado servidor público; inspirador de la casa de  la  Cultura;  promotor del progreso espiritual e intelectual de Envigado. La placidez de su semblante era el reflejo característico de un  varón justo, que revelaba la paz interior de su espíritu complacido por el deber cumplido.

El Gobierno Departamental le concedió en el 1928 un Diploma de Honor; el Liceo Pedagógico lo postuló para el premio José Félix de Restrepo. Después, con ocasión de sus Bodas de Plata profesionales le fue adjudicada una Medalla. Fue designado “Maestro de la Juventud de Envigado”. El texto del honroso y merecido pergamino lujosamente enmarcado que se entregó a Don Sacramento, el 29 de septiembre de 1944 día de su consagración, es el siguiente: “Al Sr. Don Sacramento Garcés Escobar, los maestros, alumnos y ex alumnos de Envigado como un tributo a sus méritos de ciudadano y gran institutor adquiridos durante treinta años en la patriótica, delicada y excelsa misión de formar la inteligencia de varias generaciones, lo consagran en esta fecha como “Maestro de la Juventud”.  Envigado, Septiembre 29 de 1944” – Tiene varios centenares de firmas, de todo lo más selecto, honorable e intelectual de Envigado. Dicho pergamino le fue entregado en solemne acto en la fecha Clásica de la Fiesta del Maestro.

Aún sus alumnos vivos lo recuerdan con gratitud; en la reinauguración  por remodelación de la vieja escuela modelo, el 28 de octubre de 1997, se hicieron presentes con una hermosa placa que fue fijada en uno de los paredones, con la siguiente leyenda: “LOOR Y GLORIA AL INOLVIDABLE MAESTRO DON SACRAMENTO GARCES ESCOBAR”. Exalumnos  médicos.

 

Don Sacramento contrajo matrimonio en primeras nupcias con la distinguida dama doña Camila Uribe Estrada; de cuya unión nacieron: Ángela, Hernando, Camila y Héctor ya fallecidos, se casó por segunda vez con doña Emma Correa Vélez, en éste matrimonio fueron seis sus hijos: Juan y León, fallecidos,  Emilia, Sacramento, Gabriela,  y  Lía; enviudó nuevamente, lo que lo llevó a contraer terceras nupcias, con doña Graciela Correa Múnera, con quien tuvo tres hijos: Francisco Alonso, José Gonzalo y  Álvaro. Todas sus esposas fueron  piadosas y virtuosas mujeres de hogar.

 

Entre sus hijos; Don Hernando Garcés U. inteligente pedagogo, inspirado poeta y muy ilustrado historiador; doña Gabriela  se profesionalizó en Ciencias Económicas; doña Emilia Garcés Correa de Ramírez, famosa soprano que cantó en el coro Mixto de Santa Gertrudis; Don Juan,  notable  raidista, que  hizo en bicicleta un viaje hasta Buenos Aires (Argentina), Francisco Alonso notable abogado, escritor y catedrático universitario; actualmente Notario en la Notaría Cuarta de Medellín.

 

Don  Sacramento fue un escritor ameno, erudito, educativo; por sus escritos se ganó la confianza de cuantos lo leían; aun recuerdan los que viven las enseñanzas de su inolvidable maestro. Su bondad era inmensa, su corazón  magnánimo y noble, dotado de memoria prodigiosa,  fue un apóstol de la enseñanza; muchos, pero muchos, fueron sus discípulos, que aprendieron de él,  sabias y grandes cosas.

Fue uno de los benefactores del progreso envigadeño. Su vida constituyó un claro ejemplo de vida  a seguir en  lo social, cultural, ético, moral  y artístico.

En el año de 1996; las instituciones envigadeñas, como el Centro de Historia, El Club Rotario, La Biblioteca, La Casa de la Cultura, como también muchos amigos y allegados exaltaron la memoria perenne del Ilustre Maestro de las Juventudes Envigadeñas, en su centenario natalicio.  Fue todo un acto importante  la recordada fecha; en la que se hizo honor a su meritoria carrera en los 55 años de tesonera laboriosidad por su querida y adoptiva Patria Chica.

Murió en Envigado, el 18 de octubre de 1970.

“Tengamos en la memoria a este insigne  educador, que fue ejemplo de sabiduría, de honestidad, de amor por las juventudes de Envigado, por Envigado,  por  Antioquia y por Colombia “

Referencias

 Escobar Garcés Sacramento. Monografía de Envigado.1964. Págs. 122- 123. Escrito por Samuel Arturo Mesa y posada.

Boletín Histórico. Órgano del Centro de Historia de Envigado. No 3. Año de 1972. Págs. Se lamenta su muerte y se Honra su Memoria. Págs. 4, 5, 6.

Centro de Historia de Envigado. Recordatorio del Centenario Natalicio 1996.

Ibidem. Ensayo.

Garcés Correa Francisco Alonso. Hijo. Testimonio oral

Por: LUIS ALBERTO RESTREPO MESA. Miembro del número del Centro de Historias de Envigado.

Nació en Envigado, el 15 de abril de 1902, sus padres fueron Ildefonso Mejía y Susana Montoya Garcés. Alfonso realizó sus estudios primarios en la escuela Manuel Uribe Ángel; los secundarios en el liceo de la Universidad de Antioquia, donde culminó su carrera de Derecho. Su tesis de grado se llamó “Esbozo económico-jurídico de la propiedad horizontal”, trabajo destacado por ser el primer estudio sobre el tema.

El doctor Alfonso Mejía Montoya, es descendiente del raigambre vizcaíno y segoviano, refrescado por las brisas del Duero y la estirpe de los Mejías, aparece un ancestro en Colombia en el año de 1.620, en la persona de don Juan Mejía Tovar y radicado en Santa Fe de Antioquia, y quien más tarde se extendiera por el territorio patrio, y algunos de sus descendientes fijaran sus tiendas en la prospera ciudad de Envigado, cuna y gloria de este distinguido profesional.

Cuan grande y satisfactorio es recordar estos valores egregios de Envigado, que le dan grandeza a su ciudad y a la Historia. Ejerció el doctor Mejía el don de señorío y fue famoso por su honor y su inteligencia, fue un historiador sin tacha, manejaba las cosas con buen tino, amigo de todos en sus trece años, como presidente del Centro de Historia de Envigado, y nos dejó como herencia el ejemplo y el amor por su Envigado que tanto amó.

Su cuerpo fue sepultado en paz para eternizar su recuerdo, pero su ejemplo, como auténtico linaje  que va de generación en generación, y quienes tuvimos el honor de conocerlo, podemos dar testimonio de su sabiduría y su bondad exquisita, cada uno de los miembros contemporáneos del Centro de Historia.

Durante trece años ocupó la presidencia del Centro, tuve la oportunidad de conocerlo profundamente, por su dedicación a la investigación histórica, y a la que obsesivamente rindió culto, produciendo sus frutos sazonados para futuras generaciones envigadeñas.

Trasegaba siempre por la biblioteca, buscando afanosamente los datos que le permitieran conocer algo nuevo y de valor para sus investigaciones históricas.

Amaba a sus amigos y con ellos fue leal y sincero, a veces los regañaba por no estudiar o porque no le cumplieran con el Centro de Historia; les exigía cumplimiento con todas las tareas que demandara la Institución, y después de las reuniones mensuales del Centro, le gustaba tomarse unos tragos, y recordar en tales oportunidades pasajes de su tierra natal, anécdotas de sus contemporáneos; le agradaba que le contaran los retazos de su juventud. Grave fue su indignación cuando en  alguna ocasión  en la esquina del parque principal, frente a la Casa Cural, sembraron un pino, se dio a la tarea de hablar con las autoridades  del municipio, casi todos los días para que lo cambiaran por una Ceiba, tanto fue su lucha que lo consiguió y se sintió muy contento, porque él decía que Envigado era la tierra de las ceibas, saco una famosa carta felicitando las autoridades por tal hecho.

Tenía un gran espíritu de mando, exigía cumplimiento a todos los miembro de número y correspondientes del Centro de Historia, lo mismo que a las autoridades del municipio, llegó a ocupar el cargo de Alcalde Honorario en los días del centenario de la ciudad (1975), estuvo atento en todas las festividades, era una personalidad portentosa, se esmeraba por su pueblo ya que lo quería y se sentía el mejor envigadeño.

Su patria chica la llevo siempre en sus pupilas y en su corazón; se deleitaba escribiendo de las figuras egregias de Envigado, su conversación era amena y a veces nos recitaba sus famosas décimas de la Defensa del Canecida”, que la recordaba con lucidez, ya que era un poeta de gran inteligencia, en “Las gradas del mismo Concejo Municipal llego a recitar la famosa décima, cuando fue despedido como abogado de la personería de Envigado en el año de 1.942; también fue muy recodado cuando en el mismo año fue concejal y presentó el famoso acuerdo para crear el liceo Manuel Uribe Ángel en Envigado.

Le tocó editar bajo la presidencia del Centro de Historia,  seis boletines de historia, en los cuales honró la memoria de los doctores: José Félix de Restrepo y José Manuel Restrepo, así como la de los padres de la Calle  (Jerónimo, Alberto María y José Miguel) describiéndolos como las figuras más connotadas de la Historia de Envigado.

El trabajo de posesión como miembro correspondiente de la Academia de Historia de Antioquia, versó sobre la vida y obra de Alejandro Vélez Barrientos, de un valor trascendental en  Envigado, inflamado con un verbo ardoroso por su pluma en donde da muestras de ser un valioso historiador. Merece especial reconocimiento el trabajo sobre la industria textil en Antioquia y en especial en su Municipio, en donde sostiene que fue el padre Cristóbal de Restrepo primer párroco de Envigado, el fundador de la industria textil en Antioquia, y que los primeros telares se crearon en Envigado y que esto es un aporte vital al bienestar económico y social para los antioqueños, sirviendo de base a la moderna y poderosa industria textil y lo califica como un prueba apodíctica, por tratase de una declaración del ilustre Cabildo de Medellín.

El doctor Alfonso Mejía, nació en el año de 1.902, y se graduó de abogado en la universidad de Antioquia en el año de 1.927, su tesis para recibir el grado versó sobre la “Propiedad Horizontal”. Se casó con la matrona Carlina Cuervo Restrepo en el municipio de Ituángo, de cuyo matrimonio dejó varios hijos que viven en Envigado y entre ellos se destacó el doctor Augusto Mejía Cuervo, en la profesión de abogado habiendo egresado de la Universidad Bolivariana de Medellín.

Su padre Ildefonso Mejía

Su padre Ildefonso (La Estrella, 23 de enero de 1874-18 de junio de 1928, Medellín), fue abogado, y tuvo varios cargos oficiales: en 1895,  prefecto de la provincia del centro, juez municipal de Medellín, juez de los circuitos de Titiribí, Sopetrán, Amalfi y Yolombó. Ayudó a fundar la primera casa correcional de menores “San José” en 1914.

Además fue muy activo como periodista en 1902, en plena guerra de los mil días, al fundar y dirigir  un semanario llamado “La Palabra”, de orientación conservadora. Alcanzó a tener diez ediciones, cuando fue clausurado por el gobernador Rafael Giraldo Viana. En el Boletín Histórico del Centro de HIstoria de Envigado, No. 7 de 1979, se reprodujo el artículo “El Tren del Domingo”, como respuesta a la polemica con otro periodista y columnista de otro periódico “La jóven Antioquia”.

En el Centro de Historia

Siendo presidente del Centro de Historia de Envigado, en 1969, reiniciar sus labores, luego de estar suspendido durante 15 años, desde 1954.  Entre sus estrategias fue la publicación del Boletín Histórico, por lo cual publicó cinco ediciones con los trabajos de sus miembros.

Organizó y coordinó la IV asamblea de los centros de historia de Antioquia, que se realizó en Envigado, dentro de la programación del Bicentenario de la ciudad , entre el 14 de julio de 1975 y el 11 de abril de 1976. Con apoyo del concejo municipal, mediante acuerdo No. 30 de 1975, publicó el libro “Semblanzas de los vicarios superintendentes José Jerónimo, Alberto María y José Miguel de la Calle” (abril, 1977. Editorial Argemiro Salazar & Cía Ltda.)

Describió con gran admiración los pro-hombres de Envigado que han ocupado la Gobernación de Antioquia, sostiene que don Juan Santamaría quien fue bautizado en la capilla que construyó don Francisco Ángel de la Calle, en la loma de San Rafael; fue gobernador de Antioquia en el año de 1.936, a la vez fundador y padre de Jericó en Antioquia.

El presidente Mejía Montoya participó y llevó la representación en los congresos nacionales de historia en 1969 en Bucaramanga; en Ocaña en 1970; en Cúcuta en 1971; Pasto en 1973; Medellín en 1974; y en Santa Fe de Antioquia en 1978.  de Igual manera estuvo en las asambleas de historia de Rionegro, Marinilla, Sonsón, Envigado, Santa Fe de Antioquia y Jericó.

En el Congreso de Historia de Medellín en el homenaje ofrecido por el Centro de Historia de Envigado en el jardín botánico asombró a los visitantes con la declamación de sus famosas décimas: – defensa del canecida -, un alegato que presentó al juzgado penal de Copacabana en el año de 1.946 en donde demostró su famosa defensa, sobre la muerte por envenenamiento de un perro y donde se condenaba a un carnicero por daño en cosa ajena; muy conocido en la prensa nacional en donde alegó como abogado penalista que no había ninguna determinación legal que impidiera la presentación de un alegato en verso y ajustado en derecho en su formulación penal, para que el juez permitiera que el demandado quedara libre de toda culpa. La concurrencia a tan recordado acto se rió con buena gana, y aplaudieron al doctor Mejía por tan majestuosa obra en décimas, dado a la obra por su perfección, lo que le valió la aceptación por parte del juez  y quedó en los anales de la jurisprudencia como doctrina penal y a la vez literaria.

orden al mérito

El 2 de agosto de 1.976 el Colegio de Abogados de Antioquia le confirió la orden al mérito profesional como abogado, condecoración muy meritoria por cierto, ya que el doctor Mejía Montoya se desempeñó por largos años como profesor de derecho penal en la Universidad de Medellín y ,hoy por hoy, varios abogados egresados de dicha universidad lo recuerdan con cariño como son los doctores – Francisco Santamaría y Alfonso Mejía Maya.

Ocupó los cargos de investigador en la Oficina de Investigaciones Criminales, secretario privado del rector de la Universidad de Antioquia, oficial escribiente de la Asamblea de Antioquia, inspector tercero de policía, Juez Tercero Civil Municipal, Juez promiscuo de Yolombó, Abogado de la personería de Medellín por doce años, Magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de Rionegro, Concejal de Envigado y de Bello, destacado periodista, director de Ceibas en Envigado, Alcalde Honorario de Envigado en el bicentenario, fue miembro de número de la Academia Antioqueña de Historia y del Centro de Historias de Envigado, publicó el libro: “Semblanzas de los Varones Ilustres  de Antioquia”, el doctor Alfonso Mejía Montoya, supo amar, y logró ser amado, su bondad como una de sus cualidades humanas, era generoso, amable, caritativo y muy buen amigo, se difundía como se esparce el perfume y penetraba hasta lo más profundo de su alma, los miembros del Centro de Historia de Envigado le reconocieron su actitud y sus cualidades como un historiador de destacadas cualidades, a ėl le debo lo conocimientos como un discípulo que le aprende al maestro, ¡gracias apreciado maestro! por esa inolvidable experiencia que tuve en mi vida y que gracias a este noble amigo, es por lo que soy y he sido dentro del Centro e Historia, porque me enseñó cómo se ama a mi ciudad, que dignamente la llevo en mi alma y en mi corazón. – Siempre llevaremos el recuerdo inolvidable del amigo, del compañero y del historiador.

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Por: Pedro Nel García Arroyave, Miembro de número del Centro de Historia de Envigado

Para quienes conocimos a Eladio Cañas, uno de los más importantes gestores culturales en el municipio de Envigado y tal vez el mejor exponente del cine callejero, nos trae a la memoria su entusiasmo y abnegación por su trabajo como baluarte en la proyección del séptimo arte en diferentes escenarios públicos y privados de la localidad.

Escuelas, tabernas, parques, bibliotecas, asilos, entidades de la tercera edad, corporaciones culturales,  eran los escenarios predilectos en que se sentía a plenitud en el oficio que llevaba en su corazón y con el cual sería recordado y admirado por los amigos y aficionados en estos menesteres de brindar esparcimiento por una vocación artística y humana.

Nacido en una reconocida familia envigadeña, – mi padre fue un artesano que elaboraba las sillas de las tradicionales peluquerías locales –,  comentaba con orgullo Eladio de José Cañas Vanegas su padre, el muy recordado “J C” y de Doña Consuelo Restrepo Cárdenas su madre, matrona muy envigadeña. Había llegado a este mundo un 12 de Abril de 1970, y de él lo hicieron marchar, pero no para el recuerdo de sus amigos, en el amanecer de un trágico 4 de Enero de 2004, cuando los jinetes del apocalipsis cabalgaban como “machos cabríos” por estos parajes del Sur del Valle de Aburrá.

“Cine Andariego”, el celuloide llevado a los escenarios donde las personas amantes del séptimo arte lo requerían, fue su maravillosa propuesta en que estuvo inmiscuido y en la cual brindaba todo su entusiasmo por que “disfruto lo que hacía” y además, se sentía pleno al llevar el cine como era antes de que existieran las salas de exhibición que ahora conocemos; cine transeúnte, de un paraje, una aldea, un corregimiento, un pueblo a otros, más allá, donde lo permita el escenario, a lomo de mula, a pie. Es que así era como se conoció el cine en nuestro medio. Era sinónimo de libertad; la que Eladio quiso ejemplarizar a través de su noble oficio de llevar esparcimiento, cultura, conocimiento, mundos idos y por venir. La magia del cine.

La estirpe de nuestro entrañable amigo: su timidez como síntoma de nobleza. Su sinceridad como principio básico de humanismo. Su laboriosidad como complemento de su entusiasmo.

Y es que la mejor táctica para publicitar sus películas era “radio memba”, como solía decir a sus amigos. Desesperado para que su público se enterara de sus novedosas proyecciones, era el contacto verbal con los eventuales asistentes a sus funciones, que le permitía conocer personas,  películas, vínculos culturales. y qué no decir del tejemaneje al proyectarlas:

“Llevó su virtuosismo a saberlo todo acerca del cine. Conocía desde el alma de un proyector de Lumiére hasta las intimidades de las cámaras digitales. Fue coguionista de argumentales, camarógrafo y extra en un cortometraje. En “Cine Andariego”, era técnico, conferencista, el de las reseñas y los contactos, recordó Uver Valencia, en crónica para El Tiempo. El todero Eladio cobraba el córner y hacía el gol de Cabeza”. Así escribió para El Colombiano Oscar Domínguez Giraldo, en su columna de opinión “Columna Desvertebrada”, sobre su personalidad.

Porque, también, como expresaba otro de sus más fervientes contertulio y amigo:

“Se la pasaba hablando de cine, podía hacer un análisis técnico de las máquinas de proyección,…un recuento de los cineclubes a lo largo de la historia de la ciudad, o un catálogo de las grandes producciones clásicas o contemporáneas de la cinematografía universal; podía quedarse horas hablando de un director, de una película, de cómo fue filmada, de los premios que ganó o de los textos que sobre ella escribieron especialistas y críticos”, rememora Sergio Restrepo J. su compinche de “Otraparte”

O como lo explora Faber Cuervo, en unas notas escritas en honor a su memoria sobre su quehacer artístico y humano: “Para Eladio no había película mala. Él hacía sospechar al espectador de que más bien había ojos que no sabían mirar aspectos sutiles de las cintas. Claro que Eladio, casi siempre, proyectó películas de una buena calidad, cine no comercial, no apto para masas consumidoras del último grito en taquilla”.

Fueron varias las instituciones universitarias en las que estudio nuestro amigo: Alumno de ingeniería mecánica en la Universidad Nacional de la cual creemos adquirió la habilidad para manipular y descubrir los mecanismos de los aparatos en que proyectaba las cintas. Más adelante se matricula en la Universidad de Antioquia, en comunicación social, que  “cuando se dio cuenta de que el enfoque era periodismo y de que no había posibilidad de hacer video se retiró también, cuando ya llevaba cinco semestres”, recuerda su hermano Miguel Ángel.

En su recorrido con “Cine Andariego” trabajó en diferentes proyectos de fomento audiovisual con la fundación “Stultífera Navis”, la corporación Casa Museo “Otraparte”, la Universidad Nacional, Metroseguridad,  la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín, la Corporación Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia en la que participo en varias muestras de cine y en otros varios proyectos e instituciones culturales.

Escribió uno de sus biógrafos sobre su quehacer que: “Entró a un taller de apreciación cinematográfica organizado por la corporación “Región” y asesorado por Dunav Kuzmaniv, tiempo durante el cual tomo la decisión definitiva: Eladio quería vivir del cine”.

De esta forma conformó con un grupo de amigos la corporación Primera Mirada, institución que se dedicaría a hacer video y en la cual comenzó produciendo Cara y Crisis, un argumental sobre la redistribución de la pobreza en el caso de dos hombres solitarios, dueños de unas cantinas y sin clientes para atender”, argumenta Uver Valencia en una nota sobre el amigo ido.

Recuerda uno más de sus admiradores:

“Lo malo de uno morirse – o de que lo maten-, es que uno no termina muriéndose del todo. Se pasa a ser parte del recuerdo de los familiares y amigos que lo vieron vivir a uno. Por eso me indignó un poco asistir a este velorio. Todos tratando de regresar un poco a ese ser que falta desde ahora y para siempre. Armando todos lo que creemos recordar para reafirmar la existencia de quien recordamos. Es inútil, aunque cierto decir que quedás entre nosotros. En el recuerdo vivo de todo lo que vivenciamos que hiciste, en la imagen vívida de todo lo que supimos que fuiste, Eladio”. Reitera en la soledad del amigo, Gabriel Jaime Lopera.

Estas líneas, son a la vez básicas, pero también insuficientes, para describir el carisma, la bondad, el amor por su quehacer cultural a través del cine,  de éste enviado de los ángeles que siempre será recordado por quienes lo conocimos y del cual nos sentiremos orgullosos de haber compartido un pedazo de su existencia.

Por: Demetrio Quintero Quintero

Miembro de Número del Centro de Historia de Envigado

 

Introducción

En el año 1995 la ciudad de Envigado se movilizó con la totalidad de sus estamentos para la conmemoración de un centenario, el del nacimiento de uno de sus hombres sobresalientes en las letras, Fernando González Ochoa, hecho acaecido el 24 de abril de 1895. Con tal motivo, el Concejo de Medellín propuso el concurso nacional de ensayo Gran mulato americano, sobre algún aspecto de la vida o de la obra de Fernando González. Su vida se desarrolló hasta la séptima década del siglo XX, por lo cual lo ubicamos como uno de los envigadeños notables de ese siglo.

Con diferentes epítetos lo han calificado sus seguidores y los estudiosos de su obra: el pensador envigadeño, el mago de “otra parte”, filósofo de la autenticidad, lo llama Javier Henao Hadrón.[1]

 

Niñez y primeros estudios de Fernando González

Biznieto, por parte de madre, de don Lucas Ochoa, nació, como se dijo antes, el 24 de abril de 1895 en el hogar de  de don Daniel González y de doña  Pastora Ochoa, como lo atestigua él mismo en su obra De los viajes o de las Presencias.[2]

El aprendizaje de primeras letras lo inició en el colegio de la Presentación, plantel establecido desde 1891, cuando el Padre  Jesús María Mejía puso frente a la formación de las niñas de Envigado a seis religiosas francesas encabezadas por la Madre Enmelina. Fue matriculado por sus padres para realizar sus estudios secundarios con los Padres Jesuitas en el Colegio de San Ignacio de Medellín. No terminó allí por haber sido expulsado debido a su actitud de desacato a las prácticas religiosas que exigía el reglamento del plantel. A este hacho se refirió en los siguientes términos: Cuando me echaron del colegio lo hicieron con mucha prudencia; llamaron a mi papá y le dijeron que mandara por el pupitre de Fernando. Me echaron porque en la clase negué el Primer Principio. En la carta de expulsión enviada a su familia por el Padre Enrique Torres se insinúan las tendencias que aflorarían más tarde en Fernando González, según afirmación de su biógrafo Javier Henao Hidrón.[3] En la Universidad de Antioquia concluyó los estudios para ser bachiller, cursó los de abogacía y obtuvo el título correspondiente en 1919. Su tesis de grado fue prohibida por el Arzobispo Manuel José Caicedo.

Aun siendo estudiante hizo parte del grupo de los “panidas”. Panida se llamaba una revista que empezó a publicarse en febrero de 1915, en la que participaron jóvenes intelectuales de la época, ensayistas y poetas, en principio diez y llegaron hasta trece. La revista que editaban también fue prohibida por Monseñor Caycedo por lo irreverente de los temas publicados.

 

 

 

Contexto físico y espiritual

Toda obra escrita lleva implícita parte de  la conciencia, parte del alma del escritor: es el mensaje que comunica quien escribe a quien lee. Para comprender ese mensaje tenemos que acercarnos al interior del escritor, en este caso, escudriñar las entrañas  de Fernando González, para interpretar sus escritos. El recuento de lo que vió, vivió y experimentó en su niñez y en su adolescencia nos acerca a esa comprensión.

El viajero que en 1895 procedente del norte, desde Medellín se dirigía a Envigado, dos kilómetros antes de pisar sus calles, veía allá en la planicie el pequeño poblado circundando las imponentes torres del templo de Santa Gertrudis, ya próximas a ser terminadas. Un poco al oriente de este templo, en la casa señalada con el número 15-44 de la calle 20, nació, dio los primeros pasos y balbuceó las primeras sílabas Fernando, en compañía de cuatro hermanos, dos de ellos mayores que él.

Cumplidos siete años fue matriculado en el plantel regentado por las Reverendas Hermanas de la Presentación, situado en el mismo lugar que hoy ocupa……

Con los pies descalzos y pantalón corto, camisa muy limpia y bien aseado caminó por las polvorientas calles, entre casas de techos bajos  y amplios espacios interiores, engalanadas con cortinas de zaraza en puertas y ventanas, a escuchar las enseñanzas de las preceptoras entre quienes estaba la Hermana Belén a la que más tarde recordará con especial afecto. A ese plantel asistió durante cuatro años.[4]

Para sus estudios de bachillerato lo llevaron sus padres al colegio de San Ignacio, de los Padres de la Compañía de Jesús. Desde  1885 se abrió este colegio en Medellín por contrato firmado el año anterior entre los Jesuitas y el gobernador Marceliano Vélez. La planta de estudio era el espacio contiguo al templo de San Ignacio, costado sur; hoy es un centro de atención de Comfama. Además, tenían los estudiantes para su recreación una hermosa quinta, jardines y campos para deporte, llamada “Miraflores” en la parte alta del barrio Buenos Aires.[5]

Los doce kilómetros que separaban a Envigado de Medellín, hace 100 años, constituían una distancia difícil de recorrer, así que Fernando González estudiaría como alumno interno en el colegio de los Jesuitas o alojado en casa de algún familiar. Desde 1715 el Cabido de Medellín había comisionado a don Diego Gómez de Abreu para que construyera dos caminos a una y otra orilla del río, de 30 varas de ancho cada uno, de ancón a ancón, entre el espeso monte y el sinuoso cauce. El coche tirado por caballos negros  de don Juan Bautista Escobar Montoya rodó siglo y medio después por esos caminos.  Por el río Medellín de entonces trasportaban en balsas de madera y cañabrava, yuca, panela, aguacates y plátanos, desde Sabaneta  hasta un embarcadero ubicado en donde cruza la calle Colombia.[6]

Este era el paisaje que embelesaba a Fernando González en su repetido viajar de Envigado a Medellín y viceversa. Cuando regresaba a descansar de sus estudios observaba como, a trechos en las cercanías del camino, se había despejado el bosque para sacar vigas o para construir cómodas viviendas y cultivar los campos. Allí se veían, “Casamora”, de don Bernardo Mora;”Alsacia”, rodeada de esbeltas palmeras;  “La Casona”, de los señores Escobar; la del alemán Walterio, la más sencilla, en la que puso sus ojos Fernando González y la compró luego  para transformarla en su apacible “Atraparte”; “La Concha” de la familia Jaramillo; “Pontevedra”, del doctor Jesús María Marulanda”; “Casablanca”, de la Pintora Débora Arango y “Andalucía”, casa natal de Miguel Uribe Restrepo, hoy Casa de la Cultura.[7]

Su inteligencia se sacudía por opuestas manifestaciones de la naturaleza física y del comportamiento humano. Siendo niño supo de las atrocidades de la guerra de los Mil Días. De su conciencia no desaparecía la cicatriz de la herida causada por la expulsión del colegio de los Jesuitas. Sus lecturas de universitario lo abocaron al análisis de la literatura centenarista, de escritores  que ni en lo político ni en los social profundizaron para conocer las causas de un siglo de caos en el país y formular proyectos para un futuro distinto; en consecuencia, el tema para el trabajo que debería realizar para graduarse de abogado estaba claro: El derecho a desobedecer. “Su grupo de amigos era el más heterogéneo: escritores, sacerdotes, niños, nadaistas, monjas, profesionales”, dice Leonel Estrada.

            También surgieron Los Nuevo, nombre de su revista cuyo primer número apareció el 6 de junio de 1925, quienes marcaron huella más profunda inclusive en la política, como Alberto Lleras Camargo. Ya empezaba el país a afianzar su gobierno más en administradores y financistas notables y menos en los escritores y poetas como lo fue el siglo XIX.

            Culminó sus estudios de Derecho y Ciencias Públicas en la Universidad de Antioquia. A la facultad se le llamaba Escuela de Derecho; tenía su sede frente a la plaza José Félix de Restrepo. Más tarde, a partir de 1925 empezó a levantarse  su sede de la calle Girardot entre las calles 48 –Pichincha- y 49 –Ayacucho-, que ha servido a otras instituciones, como al Liceo Javiera Londoño, entre otras.

 

Primeros empleos y vida de familia

Muy recién graduado empezó su recorrido por los empleos públicos, uno de ellos, quizá el primero, el de Magistrado del Tribunal Superior de Manizales, en 1921. Desde esta ciudad regresó en 1922 para contraer matrimonio con doña Margarita  Restrepo Gaviria, hija del expresidente de la República Carlos E. Restrepo y de doña Isabel Gaviria. 5 fueron los hijos del matrimonio González Restrepo. Pilar, la única mujer, y 4 varones: Alvaro, Fernando, Ramiro y Simón. Una anécdota  sobre las relaciones entre Fernando González y su suegro es la siguiente. Fernando González opinó que Carlos E. Restrepo  con sus ideas de tolerancia y republicanismo se quedaría solo, como el Libertador, a lo que aquel le respondió con un telegrama, así: Bogotá, 27 de febrero de 1931. Fernando González Medellín. Abrazos para todos. Me fue muy bien en Espinal. Recibí carta del 23, descachada como todas las que vienen de ese querido lugar. Gracias por la comparación con Bolívar, el solitario. Carlos E. Restrepo.[8]

Las exigencias de la vida familiar en torno a su hogar distanciaron durante algún tiempo a Fernando González de su accionar como lector, pensador y escritor para dedicarse a las tareas de funcionario en diversos empleos: fue Juez de Circuito de Medellín, Cónsul de Colombia en diferentes lugares de Europa, Génova y Marsella, 1932, 1934; Rótterdam y Bilbao, 1953, 1956, circunstancias que enriquecieron su conocimiento de la psicología humana, porque, ejerciendo esos cargos nunca se distanció de las bibliotecas, tampoco de las personas sobresalientes de la cultura.

Aun siendo joven, 22 ó 23 años, sostenía interesantes pláticas con el Padre Jesús Mejía, conversaciones en las que el escritor intuía ideas que, decantadas por la reflexión, aparecieron después como parte de sus escritos, sobretodo aquellos salpicados de teología, religión y sociedad.

Estuvo muy cerca de don Tomás Carrasquilla. De nuestro gran novelista corrió la fama por su modo de escribir con estilo agradable acerca de los más recónditos comportamientos de las familias antioqueñas. A pesar de la diferencia en sus edades, Fernando se aproximaba a él, para escucharlo, primero y intercambiar ideas, luego, acerca de la literatura de nuestros pueblos y también de la de Colombia. Ambos tuvieron interés en un mutuo conocimiento.

 

Sus escritos

Su primera obra, Pensamientos de un viejo,  es, como dice Luis Javier Villegas, la obra de su juventud en la que Fernando optó por hacerse su propio camino.[9]

Más adelante, por su estadía en Europa se enteró de la política, del pensamiento y de las tendencias literarias de ese tiempo, con lo cual acrecentaba el bagaje y la ilustración para venirse a pensar y a escribir. Vi  a Grecia y vi a Florencia y me volví para Envigado…la patria de los grandes agonizantes.

A su estadía en Italia y Francia corresponden tres de sus obras. La primera de ellas, Don Mirócletes, escrita en 1932, dedicada a las ceibas del parque de su ciudad natal. La segunda, El hermafrodita dormido con atrevidas alusiones al régimen del gobierno de Italia, Benito Mussolini, que lo convirtió en persona no grata de aquella nación.    La tercera, Mi compadre, publicada en 1934, cuyo personaje central es el dictador venezolano, Juan Vicente Gómez.

En 1935 escribió El remordimiento que toca problemas de teología, y la serie epistolar,  Cartas a Estanislao. En 1936 escribió Los negroides e inició la revista Antioquia que perduró hasta 1938, con 17 entregas. En 1940 escribió Santander, cuando se cumplió el centenario de la muerte del prócer Francisco de Paula Santander.

De Mi Simón Bolívar, –1930- afirman los comentaristas que fue la obra de características más ajustadas al talante del autor. Es su héroe, es su prócer, es su Simón Bolívar; en ella hay que reconocerle su capacidad de biógrafo y de historiador. Fernando González escribió Mi Simón Bolívar poseído por el personaje. La idea de hacer el libro se la lanza su hermano Alfonso en febrero de 1930, tras haber recibido una insinuación en este sentido del escritor francés Romain Rolland.[10]

Viaje a pie – 1929- es, quizá, de los libros de Fernando González el que ha merecido más conceptos de críticos colombianos y también extranjeros, aunque no  siempre de aplauso. Con “Viaje a pie” se produjo un desgarramiento en la literatura colombiana. Atrás la retórica centenarista; a un lado el costumbrismo… es asimismo, un desgarramiento como separación y como laceración y herida en la visión de la vida colombiana y antioqueña. Aquí arranca el proceso crítico que llevó a González a enfrentarse con su mundo.[11]

El maestro de escuela, de 1941, vida del maestro don Manjarrés. La obra es una reflexión acerca  de la dificultad de mantener la independencia intelectual y a la vez gozar de aceptación social y de cierta comodidad económica.[12]

En relación con el fondo filosófico de la obra de Fernando González opina Carlos Jiménez Gómez: No se detiene en las formas: sus obras ninguna indicación darían al que las enfrentara como curso de una filosofía. No se dejan aprisionar en los geometrismos  de una didáctica…..El de Fernando González es un mundo absolutamente original; suyo, reveladoramente suyo ese afán “diabólico” de reconstruir el mundo, de ir dándole a luz en un víacrucis de sacudimientos intelectuales. No se tendrá a esta altura y hecha la odisea de estas adivinaciones interiores, el primer plano de sí mismo y de la autenticidad?[13]

La tragicomedia del padre Elías y Martina la velera, -1962-. Salomé, novela escrita en Marsella en 1934. Don Benjamín el jesuita predicador, serie de escritos por entregas y publicado en forma de libro en 1984.

En síntesis, esta es apenas una nota biográfica de este envigadeño que inquietó con su proceder, tanto como con sus escritos, a sus coetáneos y continúa motivando a los intelectuales que quieren ahondar en su pensamiento y extraer la esencia de sus ideas. En el firmamento de la cultura de esta próspera ciudad, Fernando González brillará indefinidamente con tanto brillo como aquellas lumbreras que le antecedieron y que alumbraron con rayos de sapiencia y  civilidad los caminos  de la naciente república.

 

 

 

Agosto de 2008.

 

 

[1]  Título de la obra sobre este personaje cuyo autor es el doctor Javier Henao Hadrón.

[2]  Garcés Escobar Sacramento. Monografía de Envigado, sin pié de imprenta, sin año de edición. Pág. 151.

[3]  Javier Henao Hadrón. Fernando González, filósofo de la autenticidad. Medellín, 1988.

[4]  Sacramento Garcés Escobar. Monografía de Envigado. Tercera edición, 1985, p.ág. 151.

[5]  Agapito Betancur. La ciudad., 1675-1925. Tipografía Bedout, Medellín, 1925, pág. 66.

[6]  El río Medellín, Historia Gráfica. Instituto Mi Río, 1997.

[7]  Alfonso Restrepo Londoño. Artículo El tranvía de Medellín a Envigado y sus antecedentes. Boletín  Histórico del Centro de historia de Envigado nº 19, pág. 90.

[8]  Carlos E. Restrepo. Una publicación de la Lotería de Medellín. Coordinador Adolfo León Gómez. Imprenta departamental de Antioquia. Medellín, junio de 1982.

[9]  Villegas B. Luis Javier. Viajando hacia la intimidad. Segundo puesto concurso “Fernando González, gran mulato americano”, 1995.

[10]  Ernesto Ochoa Moreno. Artículo Un Bolívar tibio y palpitante, 1993.

[11]  Ernesto Ochoa Moreno. Artículo Un viaje de desgarramiento, febrero de 1994.

[12]  Texto en la contratapa de El maestro de esuela, editorial Universidad de Antioquia, 1995.

[13]  Carlos Jiménez Gómez. Artículo Fernando González, un camino hacia nosotros mismos

Por José David Tabares Albarracín, Miembro Correspondiente 

El 18 de octubre de 2018 el arte y la sociedad antioqueña perdieron a uno de sus mejores exponentes, el Maestro Francisco Antonio Madrid Quiroz, quien  dedicó gran parte de su vida a la docencia y a engrandecer la plástica colombiana.

Nació el 9 de noviembre de 1922 en Envigado, porque a su mamá “la cogió la noche en este municipio cuando vino a visitar a unas tías”, recuerda Francisco.1
La pobreza extrema acompañó sus primeros años. La madre, Imelda Quiroz, una humilde modista oriunda de Yarumál, Antioquia, debió trasladarse a Medellín después de que Nicolás, su padre, los abandonara. Asumió la dirección del hospicio en la casa de pobres de esa ciudad, regido por las Hermanas de la Presentación, y atendía un almacén de artículos litúrgicos de los curas de San Antonio, haciendo ornamentos, bordando y pintando figuras. Allí Francisco compartió varios años de su vida con quien se convertiría en su gran amigo, el también pintor, Ramón Vásquez Arroyave, con él cursó la primaria en el Colegio de los Hermanos Cristianos de la Salle, cerca de la Placita de Flórez, en Medellín, donde sólo llegó hasta quinto grado.  Para ese entonces vivía en el barrio Boston de esa ciudad.

En este colegio tuvo la fortuna de encontrarse al hermano Luis Javier, quien apreció  en el niño aptitudes de dibujante y lo impulsó. En quinto de primaria le permitía dibujar en el tiempo de otras materias, inclusive de religión. Fue así como Francisco se ganó en 1935 el primer premio entre los concursantes de todas las escuelas de Medellín, organizado por la Gobernación de Antioquia. “El hermano Luis Javier me aconsejó qué hacer: dibujar al natural. Me dijo que plasmara algo que me llamara la atención y yo me fui al mercado. En la Plaza de Cisneros de Medellín vi una vendedora de revuelto (plátanos verdes y maduros, yuca y otras cosas) que me pareció simpática. Hice un apunte y luego lo pasé a un cuadro grande con lápices de colores. Ese fue un factor esencial para mi proyección futura”2. Aunque reconoce la influencia de su progenitora: “Mi madre tiene que ver algo por su sensibilidad artística, tenía una gran habilidad con el dibujo”3  El premio se lo entregó la señora Paulinita Posada de Escobar, hija de una de las figuras más emblemáticas de la ingeniería en Antioquia, Juan de la Cruz Posada Restrepo: bajo su dirección ideó los proyectos económicos más importantes de Antioquia en su tiempo, entre ellos el Ferrocarril de Antioquia y la Ferrería de Amagá. Esta dama más adelante sería definitiva en la vida del Maestro y de Ramón Vásquez.

Terminada la escuela primaria Francisco debió suspender sus estudios para trabajar y ayudar a su madre. A los 13 años consigue trabajo como mandadero con “Vitaliano de los Ríos y el Expreso Tobón en Medellín. Luego pasa a la oficina del Ingeniero José Posada Ramírez. Por su habilidad empezó a ayudarle en los planos.

Andaba por los 17 años cuando haciendo fila por alguna diligencia, una distinguida dama le toma del brazo y ante su sorpresa reconoce a doña Paulinita Posada de Escobar, quien luego de enterarse que no siguió estudiando pintura, lo lleva al Instituto de Bellas Artes, “Aquí le traigo este muchacho que tiene capacidades para el dibujo y la pintura para que me le dé una matrícula”4. El Director se niega a recibirlo argumentando que había trascurrido varios meses de iniciado el curso. La señora Paulinita insiste  y agrega: “es más, no tiene con qué pagar matricula ni estudio pero no se equivoca al permitir su ingreso al Instituto”.

Ingresa becado en 1940 hasta 1942. Tuvo como maestros a Eladio Vélez en pintura, Carlos Gómez Castro en dibujo y después Gustavo López. Su salida del Instituto obedeció a que no compartió el estilo de enseñanza del Maestro Pedro Nel Gómez, quien llegó a reemplazar a Eladio Vélez. Entre sus compañeros, eminentes figuras de la plástica y las letras: Débora Arango, Emiro Botero, Hernando Escobar Toro, Hernán Merino, José Horacio Betancur, Aníbal Upegui, Horacio Ochoa, Camilo Isaza, Ramón Vásquez, León posada, León Echavarría, Eduardo Villa, Mardoqueo Montaña, Manuel Mejía Vallejo, entre otros.

En 1941 se gana una mención honorifica en el Instituto de Bellas Artes. Viendo la desenvoltura que tenía, el Maestro Eladio Vélez lo recomienda como profesor ante Monseñor Sierra, Rector de la Universidad Católica Bolivariana, hoy Universidad Pontificia Bolivariana. Iba a cumplir 18 años. Luego fue docente en el Colegio San Ignacio, Universidad de Antioquia, Instituto Central Femenino, posteriormente en el Instituto de Bellas Artes por varios años.

Mientras la mayoría de sus compañeros en el Instituto partieron a Europa por recomendación de Eladio Vélez, Francisco Madrid se quedó en Medellín dedicado a la supervivencia en diversos trabajos.

Continuó siendo “Pintorcito dominguero”5 como le decían sarcásticamente sus compañeros dedicados de tiempo completo a la pintura. Salía con otros amigos los domingos a pintar al Bosque, hoy Jardín Botánico, y a varios municipios.

Contrajo matrimonio en el año 1950 con Ligia Arango de cuya unión hubo 6 hijos: Francisco Antonio, pintor de profesión, Luis Guillermo, Margarita y Ana Cecilia, odontólogas, Álvaro, Diana, pintora. Años más tarde se casó por segunda ocasión con Amparo Gómez Mejía.

Trabajando en publicidad y decoración solventó su maltrecha economía en los tiempos en que la bohemia ocupó un lugar importante en su vida. Hizo dibujos originales para las estampaciones de telas de las empresas textileras Coltejer, Fabricato y Tejicóndor. “Me arrepiento de muchas cosas que he dejado de hacer en el arte por sinvergüenciar, por tomar traguito, por las tertulias con los amigos y demás. Me arrepiento de perder mucho tiempo en mi juventud, sin algo que me sustentara, que me afianzara, que me concretara en el punto debido”.6 Sin embargo no era lo que le nacía, entonces regresó a sus orígenes, al óleo, pastel, lápiz, técnicas aprendidas en el Instituto de Bellas artes, y la acuarela a la que llega debido a que “Los estudiantes de Bellas Artes iban en bus de escalera a los alrededores de la ciudad a buscar paisajes… A veces, en el transporte se les dañaba la obra o ensuciaban a la gente con pintura fresca, de modo que los buseros los rechazaban. “Si queremos seguir pintando en las afueras de la ciudad –se dijeron–, debemos optar por la acuarela, que se seca de inmediato y no pintamos a nadie en el bus”.7 Destreza asimilada viendo a sus compañeros, y siguiendo las enseñanzas de Eladio: “en acuarela hay que dejar respirar el papel. No retocar mucho, para que el color sea más vaporoso”. Con perseverancia, logró un nombre como acuarelista de gran limpieza y transparencia. Paradójicamente es por la acuarela por la que se le conoce más desde la presentación de algunas de estas en su primera exposición.

Hasta la década del 60 para el maestro, pintar no fue más que un pasatiempo. Empezó a sentirse artista a los 40 años con el éxito de su primera exposición individual en la Galería Artecto, en la que vendió algunos cuadros. “Desde esa noche me sentí pintor”, dijo.

Su obra alcanzó reconocimiento regional en 1974 debido al éxito de las pinturas sobre el Medellín antiguo. Con el resultado de la venta de sus reproducciones adquiere una máquina litográfica para fundar su propia empresa.  Su nombre quedó inscrito entre los artistas plásticos más destacados de Antioquia en 1996 con la tercera entrega de la colección “¡Vivan los Creadores!” de la Secretaría de Educación y Cultura de Medellín y el Concejo de esa ciudad, donde se hace un homenaje a su vida y obra.

La figura humana sobre todo fue el objeto de su pintura, siempre con modelos. Las tradiciones paisas como el juego,  Motivos campestres,  el empuje antioqueño, la arriería, la minería pasaron también por su pincel. Murales suyos hay en el IDEA, en la Escuela del Maestro en Medellín, en Itagüí, en la Alcaldía de Envigado el mural “Envigado, su entorno y sus sueños”.

En 1944 participa en la primera exposición colectiva en el Instituto de Bellas Artes, Medellín. Su primera exposición individual la realiza en 1969, en la casa de Gobierno – Curacao.

El artista y Curador de arte, Juan José Saldarriaga, fue el encargado de seleccionar los cuadros que integraron la que sería la última exposición individual retrospectiva del Maestro en agosto de 2016, “Tributo a la vida y obra del maestro Francisco Antonio Madrid Quiroz”. La muestra compuesta por desnudos, escenas costumbristas, de pescadores y otras, En técnicas de acuarela y óleo”, se realizó en el hall de la Alcaldía del Municipio de Envigado.8 Ciudad en la que dictó clases de pintura en la Casa de la Cultura y en diversas academias privadas.

Entre las condecoraciones que recibió el Maestro Madrid, se destaca la entregada por el Concejo de Medellín por sus 50 años de actividad artística, 1942 – 1992.  La entregada por la Alcaldía de Medellín. Medalla Porfirio Barba Jacob, categoría Oro de la Cultura en 1997. En el municipio de Envigado le entregaron dos reconocimientos en 1997: la Orden Ciudad de Envigado  y Homenaje y reconocimiento a un insigne artista. Condecoración de la Asamblea de Antioquia, Medalla Mariscal Robledo Categoría Oro 2004. En la Noche Envigadeña de los Valores, ceremonia en la que la administración municipal reconoce a sus mejores ciudadanos cada año, fue exaltado como Envigadeño ejemplar en 2011.

Fue Miembro de la Asociación Antioqueña de Acuarelistas.
Miembro de la Asociación del Artista Colombiano en las artes plásticas ACAP; Miembro del Centro de Historia de Envigado.

Consiente de la fugacidad del ser humano, de la necesidad de estar vigente, más allá de las palabras y el razonamiento, quiso producir hasta el final. En los últimos tiempos la añoranza de una vida dedicada al arte fue su consuelo cuando situaciones de salud menguaron sus fuerzas. Su impecable memoria le permitía recordar instantes importantes, fechas que marcaron su vida y hasta los momentos de bohemia. “Yo fui bohemio puro de noble corazón y gran cabeza. Aquel que sin ambages declaraba que sólo ambicionaba robarle inspiración a la tristeza”, declamaba jocosamente parodiando el poema de Guillermo Aguirre y Fierro, El brindis del bohemio.

Siempre fiel a sus principios, pintó lo que le nació. No se dejó absorber por la moda o las tendencias del momento. A eso le atribuyó el reconocimiento de su obra. Sobresalió por Su talento innato aunado al esfuerzo por superarse, la tenacidad, su constancia en el trabajo y algo de azar. Tuvo la convicción de que “El arte debe tener contenido, lectura, expresión. Debe mostrar cosas que susciten algo, que den ideas”.9

Su pintura posimpresionista llena de colores vivos, pinceladas colmadas de emoción y expresión, con trazos perfectos y armonía en las formas, presenta una visión más subjetiva del entorno.

Francisco Madrid, el retratista, el pintor del entorno, un acuarelista autodidacta que dedicó gran parte de su vida a la docencia y a engrandecer la plástica colombiana, afirmó en una entrevista. “Yo prefiero vivir de remordimientos por lo que hice y no por lo que dejé de hacer”.10

 

1http://www.elcolombiano.com/historico/madrid_es_mas_que_un_acuarelista-MVec_182068 publicación del 15 mayo de 2012 por Liliana Vélez de Restrepo

2 Entrevista realizada en 2010 por la revista virtual Gotas de Tinta

3http://www.elcolombiano.com/historico/madrid_es_mas_que_un_acuarelista-MVec_182068 publicación del 15 mayo de 2012 por Liliana Vélez de Restrepo

 

4 Francisco Madrid, el talento y el azar en el arte. Alcaldía de Medellín 1996. Jaime Tobón Villegas

5 Francisco Madrid, “el talento y el azar en el arte”. Alcaldía de Medellín 1996 Luis Pérez Gutiérrez

6 Entrevista realizada en 2010 por la revista virtual Gotas de Tinta

7 Periódico El Colombiano. 27 de julio de 2016. Artículo de John Saldarriaga

8 Periódico El Colombiano. 27 de julio de 2016. “Abren exposición de Francisco Madrid en Envigado” .John Saldarriaga.

9 Periódico El Colombiano. 15 de mayo de 2012. “Madrid es más que un acuarelista”. Liliana Vélez de Restrepo.

10 Periódico el Mundo de Medellín

Bibliografía

Francisco Madrid, el talento y el azar en el arte. Alcaldía de Medellín 1996

http://gotasdetinta.co/2/arte_madrid.html  http://franciscomadridquiroz.blogspot.com/

Periódico El Colombiano. 27 de julio de 2016

Periódico el Mundo de Medellín

Por: LUIS ALBERTO RESTREPO MESA, Miembro del número del Centro de Historia de Envigado.

“La ley de la vida  exige sinceridad para con Dios. La severidad para consigo mismo, la justicia para con todos, y el socorro a los ancianos: gentileza para con los jóvenes, buen consejo a los amigos, indulgencia para los enemigos, indiferencia hacia los locos y respeto a los sabios”.

Envigado ha tenido y seguirá teniendo hombres que serán representativos a escala nacional y cuyas obras merecen un reconocimiento a sus actividades que son un paradigma de los valores humanos de su querido pueblo envigadeño.

El Centro de Historia de Envigado, terminado el año 2.000, estimulando la participación de sus hombres y mujeres, que por sus virtudes intelectuales han aportado durante el siglo XX ese amor por su ciudad y ha estimulado esa participación valorativa y defendió los hombres de los envigadeños eminentes del siglo y entre ellos se destacó el doctor FRANCISCO RESTREPO MOLINA, cuando todos sus esfuerzos se extendieron a todos los ciudadanos, sin distingos de clases, por que compartió con los pobres y con los humildes. La Institución Histórica dentro de sus deberes y obligaciones estatutarias son las de investigar, corregir y divulgar la historia en general y en particular lo referente a sus hijos preclaros que le hacen honor a su pueblo y a su historia.

El hombre es una fuerza y de él parten los impulsos que transforman los modos de la cultura y la ciencia, la investigación de la naturaleza y lo que corresponde en su tarea social.

El honor encomendado por el Centro de Historia de Envigado, frente al problema de la solidaridad me engrandece espiritualmente y me lleva a pensar que la fuerza y el motor de esta gran virtud la aplicó en Envigado el doctor Francisco Restrepo Molina, lleva a los envigadeños sus enseñanzas  y quien preparó el terreno y los enfrentó por esos pequeños caminos del entendimiento hacia sus semejantes.

En la sesión del Centro de Historia celebrada en su sede central, la señora presidenta en el orden del día, tuvo a bien lanzar el proyecto: “Envigado ciudad educadora de valores ciudadanos” y fue muy bien acogida la idea por los honorables académicos y fuí nombrado para llevar la palabra y elaborar la biografía sobre el medico envigadeño Dr. Francisco Restrepo Molina, enfocado sobre la solidaridad, y no escatimé esfuerzos, ya que me llené de orgullo por que el Dr. Restrepo Molina encarna las mayores virtudes de un profesional de la filantropía y sin lugar a dudas será modelo de sensibilización en la comunidad de Envigado, en donde nos dejó como ejemplo la caridad con un espíritu desprendido y según la frase de Salomón en la sagrada Biblia: “lo que consigue éxito en la bendición de Dios, nuestro sólo afán no logra nada”.

El doctor Restrepo es descendiente del abolengo de los Restrepo asturianos. – Asturia es una región montañosa de España que constituyen las provincias de Oviedo,  formó un reino independiente en el año 718, en que Pelayo y sus montañeses, iniciaron la reconquista de España hasta el año 1.307 en que se unió al reino de castilla.

El apellido Restrepo es importante por el gran número de varones ilustres que han merecido la gloria y el honor en Envigado; descendientes del notable patriota y primogénito que llevaba el apellido, Don Alonso López de Restrepo, natural de San Lucas de Bárrameda, hijo legitimo de Don Juan López de Restrepo y de Inés Méndez de Sotomayor: Vino a esta tierra antioqueña en los galeones de la armada  mandada por Don Carlos de Ibarra, se sabe que estuvo en la Habana en el año de 1.646 en compañía de su primo hermano don Marcos y se vino a las indias cuando poseía los 25 años de edad.

Se radica en el Valle de Aburra, en lo que es el paraíso de las orquídeas, la denominada hoy por hoy, la villa de la Candelaria de Medellín.

En aquel tiempo era un humilde lugar del trópico, un simple caserío que a veces mostraba en la mañana el humo de los fogones, se  denominaba Aná o San Lorenzo de Aburrá.

Desde su llegada Don Alonso contribuyó a la erección del sitio de Aná y más tarde a la fundación de la Villa de la Candelaria de Medellín, en donde desempeñó hasta su muerte el cargo de alférez real. Era quien representaba al rey, mandaba el ejército como un general. Estos títulos los concedían los Virreyes y confirmado por el monarca y fueron como tantos de la India, se conseguían en virtud de las donaciones pecuniarias pero caían en personas de hidalguía debidamente probadas.

Dice las genealogías de Antioquia, haber contraído matrimonio con Josefa de Guerra Peláez, de cuyo matrimonio hubo nueve hijos, tronco del cual vino a este mundo el descendiente Dr. Francisco Restrepo Molina Fue don Alonso el progenitor de una familia que se extendió por toda la Geografía Colombiana y que le ha dado renombre en el ámbito nacional e internacional, basta mirar esa honrosa lista de hombres ilustres para uno darse cuenta que ha sido una raza de gentes que imponen respeto por su tierra y le dieron culto a lo que hoy es Colombia, son hombres de ciencia, legisladores, médicos, figuras de estado y descendientes ilustres los que hacen honor a su apellido.

Tomo como emblema, el trabajo realizado sobre el doctor Francisco Restrepo Molina, el de la solidaridad que encarna el perfeccionalismo de los pueblos en un discernimiento de civismo y de ayuda mutua como nos lo enseñó el maestro de las ciencias médicas, “Hipócrates”, que consigo lleva la virtud  de actuar en sentido solidario para inculcarle al pueblo que mediante esfuerzos conjuntos y su propia felicidad con los postulados evangélicos de paz y de justicia.

Todos debemos aprender a conocer a plenitud la vida divina, solo hay una diferencia, la vida material y la vida espiritual, existe el conocimiento del mundo y del hombre y están fundidos en lo divino y en lo humano.

El hombre, realidad espiritual y psíquico, es metido por el análisis de los sabios, es estudiado en lo corporal especialmente en el campo de la investigación médica, y lo puso al ordenamiento de las fuerzas biológicas, para la práctica del sentimiento humanitario. La vida del Dr. Francisco Restrepo Molina, es alabada y recordada, se parece al diáfano cobre de la historia, a un cielo estrellado donde es imposible contar el brillo esplendoroso de sus estrellas, para pasar a la historia es necesario la muerte, es una congregación, y nos lo dice Balzac, por que pasó al templo de la inmortalidad y de la gloria, su nombre solamente bastará como un ejemplo en la faz de Envigado para iluminar como una antorcha radiante en la historia y de la vida de todos los envigadeños, por siempre y para siempre, y eso es precisamente su historia.

Los grandes hombres siempre perseveran a toda prueba y no se cansan de exigirse en sus estudios y para llegar al éxito se dice: ”la constancia vence lo que la dicha no alcanza” y la experiencia ha demostrado que tenía razón en la perseverancia para llegar al triunfo, Dios no le regala a nadie premios fácilmente todo requiere luchas, por eso siente un gran deseo espiritual en darle a la persona el gozo para conseguir su profesión.

La figura del Dr. Francisco Restrepo Molina, es reconocida por todos los envigadeños, y el Centro de Historia de Envigado lo nombró como uno de los más representativos hijos de la intelectualidad y de la filantropía en la historia de Envigado durante el siglo XX, dispuso que uno de sus miembros de número se encargara de hacer su biografía para cumplir con los preceptos de difundir sus virtudes ciudadanas de uno de sus hijos preclaros para que todos sus ciudadanos lo conozcan y sirva de ejemplo a las juventudes en todos los tiempos. Son los designios de Dios que todo hombre esté llamado a desarrollarse por que la vida es una vocación, “dotándolo de inteligencia y libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su salvación.”

El doctor Restrepo Molina afrontó los problemas con dignidad, puso su corazón para emplear sus energías en las luchas de los enfermos, y el Maestro de la Vida y de la Muerte, le prometió como le promete a los hombres dóciles, de hacerles participes del triunfo definitivo de la vida, por eso la moral del Médico no está en las cosas, está en sus acciones, por ello supone una cuestión de conciencia personal.

Vivía en una casa sin ostentaciones, como cualquier ciudadano humilde en su digno hogar, de tapias altas y tejas a la salida de su puerta principal. ¿Qué lástima haberla derribado?…… porqué podría haber sido parte del patrimonio cultural de la ciudad que lo amó y lo vió nacer, sería muy digno el que hoy estuviera en pie, para hacerle honor a la ciudad que lo vió crecer; era de ventanas grises y arrodilladas, dos puertas, la del hogar y la  montada en un estribo, que daba al consultorio, éste era una esfera pequeña con taburetes en fila y una lámpara en el techo que emitía una luz callada y el gabinete con la camilla para atender a sus pacientes, y una vitrina de libros, y en la pared el juramento de Hipócrates, y el diploma enmarcado con las respectivas firmas de la facultad de medicina de la Universidad de Antioquia, el recetario blanco, su estilógrafo parker y su tintero. Escribía sus fórmulas elegantemente herméticas, cuyos dibujos descifraba el boticario sin mayor esfuerzo. Su consultorio comunicaba con el patio que dejaba ver las azaleas y bifloras de varios colores que adornaban su casa solariega y un pedazo de corredor con jaulas de turpiales y sinsontes, y de sillas tapizadas de mayas, en donde recibía a sus amigos para conversar de tertulias filosóficas y algunos dicen en el parque principal que el Dr. Restrepo se murió de todo, y eso mismo afirman los que visitan el Parque, que era amigo de los gatos, de los perros, y de los loros, y que  su casa que era un perfecto zoológico.

Estaba actualizado en cuestiones clínica, todos los diplomas y menciones honoríficas reposan en el liceo que lleva su nombre, por expresa voluntad de su familia; acataba con veneración y respeto sus diagnósticos, era un hombre de “ojo clínico”. Lo apodaban el “micrófono de Dios”, cuando hablaba, acostumbraba llevarse la mano a la boca, a manera de micrófono, era un gesto muy común y de allí le viene el apodo.

El techo de su casa era de madera rojiza invadida de comején y en el año de 1.935 le tocó el cambio de madera y les tocó a los armadores: Moisés Ochoa y don Enrique Uribe, su casa estaba diagonal a Comfama.

Los estudios del doctor Restrepo Molina, no fueron fáciles, era de gran pobreza, la primaria la cursó en la escuela urbana de Varones de Envigado bajo la tutela de don Pedro Pablo González Arango, sus tres profesores fueron, don Quico Calle, don Manuel Ramírez Uribe y don Francisco Mejía, cargó en su billetera siempre el retrato de don Quico Calle, quien le enseñó la ortografía de Marroquín, y la sabía de memoria, y tenía caligrafía de letra inglesa con perfil grueso, la enseñanza de la urbanidad de Carreño y la doctrina del padre Astete. Parte del bachillerato lo cursó en el colegio Manuel Uribe Ángel de Envigado, hasta segundo año, este colegio quedaba en lo que es ahora plaza de mercado, fue a Medellín donde terminó su bachillerato en la Universidad de Antioquia. La carrera de médico la curso en la facultad de medicina de la Universidad de Antioquia y la misma universidad le confirió el título de médico.

El profesor Miguel María Calle, fue su médico que le prestó una labor meritoria y científica, erudito científico de la higiene terapéutica y un caballero del ejercicio profesional.

La universidad de Antioquia por intermedio de la facultad de medicina le confirió el título de Medico Cirujano, el 23 de noviembre de 1.927. Con la presentación de su tesis de grado “Arpegiolosis bronco pulmonar”. El presidente de tesis fue el doctor Miguel María Calle quien como profesor le enseñó trato y amabilidad restaurada para la psiquis moral del enfermo y la erudición en la clínica, la terapéutica, competencia y responsabilidad en todas las gestiones como Médico al servicio de la humanidad.

Francisco Quevedo decía: “Retirado de la paz de estos desiertos, con pocos, pero doctos libres juntos y escuchó con los ojos a los muertos”.

Este hijo ilustre de Envigado nació el 9 de junio de 1.898, Su partida de bautismo reposa en la Parroquia de Santa Gertrudis de Envigado, en el libro 23, al folio 398 y bajo el número 1616.
El bautismo fue el 12 de junio y el bautizante el Padre Francisco Montoya. Padrinos fueron Manuel Molina y Mercedes González era hijo de un exalcalde de Envigado, estaba casado con Graciela gonzalez Ochoa, hermana del doctor Fernando González. Fueron sus hijos: María Graciela, Francisco Daniel, Beatriz del Socorro, Luis Javier, Alberto de la Cruz, Inés Gertrudis, Marta Lía y José Ignacio. se casaron in facie Ecclesiæ en el templo de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en Medellín, el 2 de febrero de 1929.

Don Francisco fue una persona que se ganó el cariño de los ciudadanos y se dedicó al alivio y las dolencias de todos los envigadeños y está ligado a la historia de la ciudad en el ámbito del civismo y de la solidaridad.

Desde el año de 1.950 fue profesor de medicina de la Universidad de Antioquia sobre “clínica tropical” para honrar su memoria un importante colegio lleva su nombre, con su muerte se le entrega a la madre tierra los despojos mortales del ciudadano que más amó a su pueblo ya que vivió en función de amor y de servicio, fue uno de los tesoros más sagrados que tuvo esta patria chica, gloria de la medicina ejemplo de filantropía y de solidaridad efímera, honra y pres de un alma que habitaba en los contornos de los corazones de sus conciudadanos y que los acogió en su alma inmortal para colmarlo de ternura y de amor fraternal.

Un negro regalo nos trajo la parca de sus ojos insoldables la insólita desesperación de este insigne envigadeño como lo fue el del doctor Francisco Restrepo Molina, una pérdida para lo sociedad y para todos los que tuvimos el honor de conocerlo. Sabio, recto, bondadoso, viajó a las razones del espíritu y a los predios del más allá y como dice el poeta:

“En los zarzales del camino deja alguna cosa cada cual, la oveja su blanca lana, y el hombre su virtud”.

                            (Dicho popular)

DISTINCIONES CONCEDIDAS:

EL INSTITUTO URIBE ÁNGEL DE ENVIGADO le concedió un DIPLOMA DE HONOR, el 31 de mayo de 1916.
LA UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA le confirió el título de BACHILLER EN LETRAS Y FILOSOFÍA en Medellín, a 6 de
febrero de 1919. tor de Instrucción Pública, Juan B. Londoño.
LA UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA, le otorgó el título de MÉDICO CIRUJANO, el 23 de noviembre de 1927.
LA UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Y LA FACULTAD DE MEDICINA le confirieron el título de PROFESOR DE MEDICINA
INTERNA, el 7 de junio de 1949.
LA CIUDADANÍA ENVIGADEÑA le hizo entrega de UN PERGAMINO al cumplirse el 25º aniversario de su apostolado
profesional. Esto fue el 23 de noviembre de 1952.
EL CENTRO DE HISTORIA DE ENVIGADO lo nombró SOCIO HONORARIO de dicho Centro, Envigado 22 de noviembre
de 1952.

OTRAS DISTINCIONES
LA ALCALDÍA MUNICIPAL DE ENVIGADO se asoció a un HOMENAJE EN SU HONOR, con motivo de sus bodas de plata profesionales. Ello, mediante la resolución # 50 del 23 de noviembre
de 1952.
LA JUNTA CONSULTIVA MUNICIPAL DE ENVIGADO, el 23 de noviembre de 1952, con la Resolución # 2, SE ASOCIÓ A LAS MISMAS EFEMÉRIDES. 1952.
LA JUNTA DE VALORIZACIÓN DE ENVIGADO, en noviembre de 1952, SE ASOCIÓ A LAS MISMAS EFEMÉRIDES.
EL COMITÉ MUNICIPAL CONSERVADOR DE ENVIGADO en 1952, SE ASOCIÓ A LAS MISMAS EFEMÉRIDES.
EL DIRECTORIO CONSERVADOR DE ANTIOQUIA el 5 de Diciembre de 1952, SE ASOCIÓ A LAS MISMAS EFEMÉRIDES.
LA SOCIEDAD DE SAN VICENTE DE PAÚL, el 23 de noviembre de 1952, SE ASOCIÓ A LAS MISMAS EFEMÉRIDES.
EL CENTRO DE HISTORIA DE ENVIGADO, por resolución #21, del 25 de marzo de 1952, SE ASOCIÓ A LAS MISMAS
EFEMÉRIDES.

EL CENTRO LITERARIO MIGUEL URIBE RESTREPO, en 1952, SE ASOCIÓ A LAS MISMAS EFEMÉRIDES.
LA SOCIEDAD ANTIOQUEÑA DE MEDICINA INTERNA en septiembre de 1960, lo hizo MIEMBRO DE NÚMERO DE DICHA SOCIEDAD, LA FEDERACIÓN MÉDICA COLOMBIANA le otorgó en Bogotá, el 3 de diciembre de 1968, un DIPLOMA DE BODAS PROFESIONALES DE RUBÍ.
LA UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA lo nombró PROFESOR HONORARIO. Se firma el documento en Medellín, el 9 de octubre de 1972.

EL CENTRO DE HISTORIA DE ENVIGADO lo felicitó por haber sido nombrado PROFESOR HONORARIO DE LA UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA, Envigado 10 de octubre de 1972.
LA ACADEMIA DE MEDICINA DE MEDELLÍN lo nombró MIEMBRO HONORARIO de dicha institución, en junio 5 de 1974.
LA GOBERNACIÓN DE ANTIOQUIA le concedió la ESTRELLA DE ANTIOQUIA EN CATEGORÍA DE ORO, otorgada
por el Gobernador de Antioquia el 28 de noviembre de 1975.
EL CONCEJO DE ENVIGADO, le otorgó el ESCUDO DE ENVIGADO mediante la Resolución # 20 del 1º de noviembre de
1975.
EL LICEO FRANCISCO RESTREPO MOLINA descubrió UN ÓLEO SUYO y le otorgó UNA MEDALLA. Fue ello en 1975.

Después de su muerte se produjeron varios decretos por parte de las diversas entidades.
EL ALCALDE MUNICIPAL DE ENVIGADO, con el Decreto # 0045 de junio 13 de 1976, SE ASOCIÓ AL PÉSAME POR SU MUERTE.
LA COMISIÓN DE LA MESA DEL CONCEJO MUNICIPAL DE ENVIGADO, con la Resolución 030, de junio 25 de 1976, SE
ASOCIÓ AL PÉSAME POR SU MUERTE.
EL DIRECTORIO CONSERVADOR DE ENVIGADO, mediante la Resolución # 9 de junio 14 de 1976, SE ASOCIÓ AL
PÉSAME POR SU MUERTE.
LA PERSONERÍA MUNICIPAL DE ENVIGADO, con la Resolución 003, de junio 14 de 1976 SE ASOCIÓ AL PÉSAME
POR SU MUERTE.

EL DIRECTORIO CONSERVADOR DE ANTIOQUIA, mediante la Resolución 0740 de julio 2 de 1976, SE ASOCIÓ AL PÉSAME POR SU MUERTE.
FUE MIEMBRO MI PADRE DE MUCHAS JUNTAS:
Junta del Hospital Manuel Uribe Ángel.
Junta del Colegio Jesús María Mejía.
Junta del Asilo de Ancianos.
Junta de la Parroquia de Santa Gertrudis.
Junta del Concejo Municipal de Envigado.
Junta del Directorio Conservador de Antioquia.
Junta del Fondo Obrero Municipal.
Junta de Valorización.
Junta de Caminos Vecinales (hoy Catastro Municipal).
Junta de la Conferencia de San Vicente de Paúl.
Junta de Jesús de la Buena Esperanza.
Junta pro Construcción del templo de San José.
Junta de las Festividades pro centenario del Padre Mejía.
Muchas veces fue Presidente o Jurado de Tesis de Grado
en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia.

Por: Carlos Enrique Jurado Giraldo

Miembro de Número y Secretario del  Centro de Historia de Envigado.

En la progresista localidad de Jericó, tan íntimamente vinculada al devenir histórico de Envigado, nació don Guillermo el 12 de mayo de 1916, en el cristiano hogar formado por don Aureliano Ángel y doña María González.

Desde muy joven se distinguió por su inquietud intelectual, por su consagración al estudio, por su espíritu de superación y por su insaciable deseo de comprender y aprender las más disímiles disciplinas del conocimiento humano.

 

Adelantó sus estudios en el Seminario de Jericó y luego los continuó en el Seminario de Manizales, aunque finalmente no llegó a ordenarse como Sacerdote, que era su propósito inicial.  Su verdadera vocación siempre fue la docencia.

Trabajó incansablemente por promover la educación de la juventud antioqueña. Fue promotor de la fundación del Liceo Palermo de Támesis, se desempeñó  como profesor del Liceo “Marco Fidel Suárez”, del Colegio San Ignacio de Medellín y del Colegio de La Presentación de Envigado.  Regentó, además, sendas cátedras en las Universidades de Antioquia, de Medellín y Pontificia Bolivariana. Hizo parte del Consejo Directivo de la Universidad de Antioquia y fue el primer rector del Instituto “Jesús María Mejía”.

Sus compañero de labores, sus discípulos, sus amigos y todos los que tuvimos el privilegio de conocerlo personalmente, podemos dar testimonio fehaciente de su erudición, de sus aquilatadas virtudes intelectuales, de su profunda formación humanística y de su apostolado en bien de la cultura y la educación en Antioquia y, muy especialmente, en Jericó, su tierra natal, y en Envigado, su querida patria adoptiva, comunidades que amó entrañablemente y a las cuales sirvió con desinterés y admirable civismo.

Su presencia vital en Envigado significó progreso e impulso en los más diferentes frentes. Fundador del “Liceo Manuel Uribe Ángel”, impulsor de la biblioteca pública “José Félix de Restrepo”, concejal de la ciudad, en el período 1960-1962,  Alcalde de Envigado en el año 1962, presidió los solemnes actos del bicentenario del ilustre repúblico, don José Félix de Restrepo.

También se caracterizó por su profundo amor por las disciplinas históricas, dedicando buena parte de su fecunda existencia a la investigación y recopilación de importantes datos que han servido para esclarecer nuestra historia local y nacional.

 

Fue miembro fundador del Centro de Historia de Jericó e integrante de la Academia Antioqueña de Historia y de otras instituciones académicas dedicadas a la misma finalidad.

Quiso dejar una obra perenne en el campo del desarrollo cultural e histórico de Envigado. Y a fe que lo logró.  Muchas serían las páginas que se podrían escribir sobre el itinerario de don Guillermo.  Pero queremos detener en su decisión de fundar en Envigado una entidad que se encargara de inventariar, corregir y divulgar nuestro devenir como sociedad organizada y rendir culto a la Historia que es la patria enclavada en el pasado, que se nutre del presente y se proyecta con convicción hacia el porvenir.

Allí encontramos la nota “CENTRO DE HISTORIA”, publicada en la edición del periódico “Ceibas”, el sábado 7 de julio de 1945, escrito por don Guillermo bajo el seudónimo de Germán de Gales, en la cual hacía una fervorosa invitación a los envigadeños más destacadas de la época para que participaran en la creación de esa institución.

 

Como respuesta a esa iniciativa de don Guillermo, el 3 de Noviembre de 1946, en el recinto de sesiones del Honorable Concejo Municipal, se instaló solemnemente el Centro de Historia de Envigado, entidad que tanto ha contribuido a preservar la memoria cultural de nuestra Ciudad Señorial.

Pero la acción de don Guillermo no se quedó en la simple fundación del Centro. Ejerció, con singular competencia, la Presidente de la institución de 1952 hasta 1954 y de 1979 a 1981.

 

Durante su gestión se llevaron a cabo realizaciones de tanta trascendencia como la creación de un capítulo juvenil denominado “Brigadas de la Historia”, la publicación de la edición príncipe de la obra de don Manuel Uribe Ángel titulada “La Serrana”, la organización de la pinacoteca de Hijos Ilustres de la Ciudad, la fundación de “La Orden Restrepia”, al Mérito Ciudadano, el concurso sobre la vida del prócer civil José Manuel Restrepo, la publicación del Boletín Histórico y muchas más.

Quienes tuvimos la ocasión de verlo trabajar por el Centro de Historia y por la cultura de Envigado, nos sorprendíamos por su vitalidad, por el coraje en su actuar, por la franqueza en su diálogo y por la tenacidad con que supo acometer todos los obstáculos y todas las inesperadas decepciones que trae la difícil labor cívica en nuestro medio.

 

Nos dio ejemplo y testimonio de lo que se puede hacer cuando hay ideales, cuando hay grandeza de miras y cuando han decisión de dejar una impronta para bien de toda una comunidad social.

En el escenario de hoy, cuanta falta nos hace el rememorar aquellas recias personalidades que en el pasado dejaron su huello imborrable en nuestro acontecer citadino.  Hoy, cuando nos debatimos en esta profunda crisis de valores, en esta incertidumbre sobre el destino que nos depara el mañana, en esta incesante orgía de violencia e intolerancia, tenemos que volver a retomar el aliento que nos permita continuar nuestro camino y que su acicate en el libro abierto de nuestra historia, que tantos ejemplos de tenacidad, de heroísmo, de solidaridad, nos ofrece como dignos de imitación.

 

Dentro de ese contexto se levanta la figura egregia de don Guillermo Ángel González.  Fue su vida una entrega constante, sin vacilaciones, sin ambiciones, sin sombra ninguna, a la labor tesonera y fructífera de SERVIR a sus conciudadanos, en todo momento, en toda actividad, en todo lugar.

“Los pueblos se tejen coronas con los atributos de sus hijos; y que así sea Envigado, para instaurar el reinado de la paz desde el palaciego eneágono de la auténtica cultura”, afirma con convicción en uno de sus escritos don Guillermo.

Al contemplar, desde la distancia, las ejecutorias de ese Ciudadano Esclarecido que fue don Guillermo Ángel González, no nos queda sino cultivar  la esperanza de que las generaciones del presente no sean inferiores a su destino y que sepan seguir por la senda del servicio y el desprendimiento que nos tazara tan valioso personero de la cultura en Envigado.

 

Don Guillermo:  Su voz permanecerá en el eco y su acción en el mejor de nuestros recuerdos…Honor a don Guillermo porque su desaparición física el 18 de Junio de 1991, significa que hoy ocupa un sitial privilegiado en nuestra Historia Local y desde allí estamos seguros seguirá siendo guía espiritual de este su querido terruño envigadeño.

Por: Rocío Agudelo Salinas, Miembro de Número y expresidente del Centro

Son tres los amores de mi vida: el primero, mi Familia, la  de mis padres y la que yo formé;  el segundo, mi Envigado del alma;  y el tercero, la Universidad de Antioquia”. Es ésta la declaración que compendia el universo de los afectos del ilustre envigadeño que nos ocupa – el médico Hernando Botero Barrera- quien hoy frisa los 93 años y sigue tan campante como en sus años mozos.

De figura menuda, tez blanca, porque en su juventud fue rubio;  ojos de color azul intenso y recia personalidad, el doctor Hernando Botero recorre las calles de éste su querido pueblo, por donde hasta hace poco, le vimos conduciendo su automóvil. Visita diariamente a los  colegas del laboratorio del Doctor Andrés Ossaba donde expide algunos certificados;  y deleita a sus contertulios con la inagotable riqueza de los  conocimientos sobre las historias del pueblo natal, al que vio crecer y desarrollarse, a la par con el discurrir del siglo XX.

Nació el 13 de abril de 1916,  en el hogar formado por don Rafael Botero Escobar y la señora Martina Barrera Botero, quienes eran primos entre sí. La prole de los esposos Botero Barrera estaba conformada por siete hijos,  cuatro mujeres y tres hombres.  Quien esto escribe, por razones de trabajo, conoció personalmente a uno de los varones de esta familia, el abogado Rafael Botero, recién fallecido, cuando desempeñó  el cargo de Personero Municipal de Envigado; y puede dar fe del señorío, la distinción y honorabilidad que caracterizaron a este consanguíneo de nuestro biografiado.

Relata el Doctor Botero que la casa paterna estaba situada a 30 metros de la esquina de Guanteros, sobre la carrera denominada “Cristóbal de Restrepo”, que corresponde a la carrera 41 de la nomenclatura actual. El  padre, Don Rafael, tenía la tienda más grande del pueblo, ubicada en el costado sur de la plaza de mercado. Era el mes de febrero del año 1923, cuando su papá lo llamó una mañana para llevarlo a la escuela; y “de contrabando”,  dice nuestro entrevistado, logró matricularse a los  seis años, porque la norma era ingresar a los siete años cumplidos; y con su chispa habitual, agrega : “Aquí donde me ves, yo soy más recorrido que el sarampión” y  “tengo más mundo que San Antonio el viejo”

En este pueblo, que para entonces tenía aproximadamente 7.000 habitantes, la Escuela Urbana de Varones, o Escuela Modelo,  se hallaba ubicada donde hoy es el nuevo Palacio de Gobierno Municipal;  establecimiento que más adelante tomó el nombre del escritor y filósofo de Otraparte, Fernando González, como lo conocemos hoy. Acude a su mente el recuerdo vivo del primer director, Don Domingo Aristizábal, de quien recuerda que era un envigadeño raizal que luego de retirarse de la docencia, prestó valiosos servicios a la comunidad, porque era poseedor de grandes virtudes cívicas.

Al terminar el ciclo de primaria,  el niño Botero fue matriculado en el Colegio Uribe Ángel, también oficial, ubicado donde hoy es la Plaza de Mercado. “Allí se cursaban dos grados y ya no quedaba más que hacer en este pueblo”, expresa el Doctor Hernando Botero y continúa : por lo tanto, era necesario volver los ojos a Medellín. Entonces, doña Martina, su señora madre, consiguió, con el municipio de Envigado, una beca de estudios para ir a la capital del departamento. Era un auxilio de veinte (20) centavos para cada día en que hubiera clase. Así logró matricularlo en el Liceo de la universidad de Antioquia, localizado en la Calle 49, Ayacucho;  al cruce con la carrera 43, Girardot.

Terminado el ciclo básico de cuatro años de secundaria, los grados 5º y 6º (10º y 11º de hoy) contemplaban un programa especial considerado preuniversitario, al cual denominaban “Filosofía y Letras”. Manifiesta el Doctor Hernando, que durante este período se contó con la presencia de destacados pedagodos como fueron: el maestro José María Bravo Márquez, Alfonso Mora Naranjo y Julio César García, entre otros.

Al culminar su bachillerato, el joven Hernando ingresa a una escuela de Comercio y empieza estudios de contabilidad, pero luego se da cuenta de que no es ésta su vocación. Entonces,  toma la decisión de entrar a la facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, situada en la avenida Juan del Corral, como hasta nuestros dias . Allí existía una gran severidad en los programas académicos. “ No había clemencia por nadie”, comenta el Doctor Hernando Botero, y agrega : “teníamos que estudiar sábados y domingos”. 

Egresado en 1947, regresó en 1948 para hacer su trabajo de Tesis. Llega directamente a la Clínica Ginecológica a cargo del Doctor Pedro Nel Cardona Correa, también envigadeño, y aunque tuvo buena acogida por parte de su coterráneo, poco le entusiasmó esta especialidad.

Se dirigió luego al pabellón infantil “Clarita Santos”, cuyo jefe era el médico Gustavo González Ochoa, nacido en Medellín pero descendiente de envigadeños, como que era primo hermano del escritor  Fernando González.  Allí se despertó su entusiasmo por la pediatría y desde entonces comenzó a trabajar con la medicina infantil, aunque también colaboraba en cirugía y ortopedia. Hizo su trabajo de tesis sobre  “Convulsiones Infantiles”. Una vez titulado, pasó a atender el consultorio infantil del Hospital Universitario San Vicente de Paúl, donde ejerció la ciencia de Hipócrates, por espacio de 48 años y simultáneamente atendía a sus pacientes en su consultorio particular en Envigado

En la década del 60, aunque no tiene la fecha exacta, recuerda el doctor Botero, que llegó a Medellín un siquiatra e hipnólogo argentino, llamado Isaac Euvel quien dictó en el hospital Universitario San Vicente de Paúl algunas conferencias sobre hipnosis. El tema despertó gran interés entre un grupo de colegas suyos, de los cuales recuerda al médico Antonio Parra París, especializado en  obstetricia. Comenzaron a investigar, a buscar literatura médica sobre la hipnosis y alcanzaron a trabajar por algún tiempo con este método curativo, pero sin decir a los pacientes de qué se trataba, porque en aquel entonces, existían bastantes prejuicios respecto de este método curativo.

En su caso particular, nuestro médico e historiador, nos cuenta que tuvo bastante éxito con varios de sus pacientes aplicando la hipnosis, sobre todo en casos de niños con enuresis nocturna, luego de haber descartado la posibilidad de algún problema orgánico. Igualmente  hizo curaciones de pacientes con tics nerviosos, con verrugas, en niños y adultos; y llegó a curar un caso de encopresis (incontinencia de esfínter anal). En síntesis, comenta que fue una experiencia muy interesante, pero aclara que era algo muy superficial, porque, para él, la hipnosis es una estado en donde la conciencia permanece conservada y la base de ésta es la sugestión.

Finalmente, respecto del ejercicio médico, asegura que casi todo el pueblo (de Envigado) pasó por su consultorio y que tuvo buena suerte como pediatra, porque sólo recuerda haber firmado uno o dos certificados de defunción en toda su vida profesional.

Desde su época estudiantil, el joven Hernando incursionó en la política, donde  hizo parte del grupo de “Juventudes liberales”. Fue concejal del municipio por dos períodos y perteneció a las Juntas que para entonces existían en el pueblo:    Junta de Valorización, que era la encargada de dar el visto bueno a las solicitudes de construcción, conforme a las normas existentes sobre urbanismo. Junta de Festejos, a la cual correspondía la organización de todas las fiestas para las conmemoraciones cívicas y patrióticas del municipio.  También hizo parte de la Sociedad de Mejoras Públicas y fue miembro fundador del Centro de Historia, creado en noviembre de 1946; donde  se le hizo un reconocimiento en la celebración de los 60 años de esta institución, en atención  a sus méritos como conocedor de la historia, y  único testigo vivo de esta fundación.

Como se dijo al principio, al doctor Hernando Botero le tocó ver crecer el pequeño pueblo donde nació. Le tocó ver el surgimiento del Barrio Mesa Jaramillo, el más tradicional de Envigado, en el año de 1924, en un lote que define como extensa explanada que se conocía como “La Manga de Las Parejas”, estaba completamente cercado y tenía una sola  una puerta de acceso, ubicada al pie de la escuela Fernando González.

Porque “creció con el siglo” como lo  expresa el cantautor Piero,  nuestro querido galeno recuerda también que, a comienzos del siglo XX, las posibilidades de educación estaban limitadas a unos pocos establecimientos. existían en su natal Envigado: La Escuela Modelo y la Presentación, para los niños y las niñas pobres; y el Colegio de la Presentación, para las niñas ricas. También existía el Colegio de Las Álvarez, cerca al parque principal; el Colegio Uribe Ángel y unas pocas escuelas rurales.

El doctor Botero está casado con la señora Teresa Penagos Estrada, y en este hogar fueron procreados cuatro hijos: Ángela María, Beatriz, María Teresa y José Mauricio.

La Administración Municipal de Envigado, consciente de los valores humanos, profesionales y cívicos que se conjugan en este dilecto hijo, le ha hecho objeto de varios homenajes. El 18 de diciembre de 2007, dio  el nombre del Doctor Botero a uno de los edificios públicos, situado en la calle 38A Nº 43-36 en cuyo frente se encuentra una placa con la siguiente inscripción:

 

Sede Administrativa

Hernando Botero Barrera

En reconocimiento a su incansable labor

 de 60 años  como médico,

 dedicados al servicio de los envigadeños

Igualmente, el 6 de septiembre de 2006, fue distinguido como uno de los “Envigadeños de Valores”, en el acto que anualmente realiza la municipalidad, para destacar a sus más preclaros hijos. Son homenajes en vida, que es la mejor oportunidad.

Nuestro personaje se declara melómano irreductible, pero advierte que sus preferencias en materia musical se inclinan exclusivamente hacia la música clásica, en especial la sinfónica y las grandes obras del repertorio religioso de élite, como son los oratorios y  las misas solemnes. Al respeto nos cuenta que, en su época de estudiante en la facultad de Medicina, cuando no había clases, se pegaba la escapadita al centro de la ciudad, en compañía de su inseparable amigo y condiscípulo, Miguel Zapata, para ir al “Café Milano” situado en la Plazuela Uribe Uribe, a tomar tinto y a escuchar música clásica, porque era el único establecimiento con esta especialidad.

Recuerda con nostalgia la partida del musicólogo Hernán Restrepo Duque, con quien sostuvo una gran amistad y aprecia mucho entre los regalos de éste, el último que fue la Misa de Réquiem del compositor Cherubini. De igual manera, se refiere al investigador musical Don Hernán Caro,  con quien ha mantenido unas buenas relaciones en el mundo de la música.

“Bueno ole, tenemos que tomarnos otro tinto para que hablemos más cháchara de este pueblo”. Así nos dice el Doctor Botero al despedirnos,  con la esperanza de tenerlo por muchos años más entre nosotros, con esa memoria y lucidez mental tan envidiables. o.

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DARÍO CANO ARREDONDO: artista y restaurador.

Por Edgar Restrepo Gómez

Cuando se ganó el concurso de Prismacolor y recibió el premio de las manos del filósofo Fernando González, este le profetizó que no dejaría de pintar. En ese entonces Darío Cano Arredondo tenía ocho años y aunque era un niño, cargaba desde entonces con una gran responsabilidad: ayudar económicamente a su mamá.

Luego del concurso: “en su casa organizó un taller para dibujar aunque su familia se opuso desde el principio a su incipiente vocación con el pretexto de que en esta profesión tendría un futuro incierto. De manera simultanea se interesó por la restauración, oficio que empezó a practicar reparando las cosas rotas de su propia vivienda”. (Dario Cano: De Envigado a Nueva York. Periódico El Puente Latino, New York, Vol.2 Año 2, No. 10, junio de 1998).

Hijo de Marco Fidel Cano Tobón, pionero del arte popular en Antioquia, y Rosario Arredondo de Cano (Maruja). Como se podrá deducir, de su padre tuvo una influencia importante “fue un dibujante nato, pues decoraba con maestría y colorido los carros de escalera de la época, carros de la empresa de don Carlos Ángel Tamayo, que hoy todos conocemos como Sotrames”. De su madre, tiene los recuerdos con mayor gratitud : “a pesar de su poca formación académica, fue una mujer con mucho intelecto; fue mi guía moral, quien me ayudaba a mí y a todos en la familia a tomar decisiones” ( El Informativo Aburrá Sur, No. 278, noviembre 2013)

Darío ha estudiado y trabajado toda la vida en el mundo del arte. Estudio en la escuela Fernando González y luego termino en el liceo Manuel Uribe Ángel.   En esa etapa escolar, desde los diez años se destacó en el dibujo, pues sus compañeros y sus mamas le solicitaban su ayuda para hacer carteleras, igual de otras escuelas y colegios.

Como estudiante trabajó como caddie en el Club Campestre, donde pronto encontraría a sus primeros ángeles: los Echavarría. Gracias a su destreza en todo lo que le ponían a hacer, don Carlos Echavarría se lo llevó a trabajar a su empresa de Arquitectos en Medellín. “Tenía 13 años pero como era acuerpado parecía mayor. Me fui a trabajar con él, entre arquitectos e ingenieros donde aprendí mucho”, recuerda con una gratitud eterna.

Trabajaba en la empresa de arquitectos y estudiaba por su cuenta. Consideraba que cada minuto era valioso y devoraba todos los textos que llegaban a sus manos. Don Carlos Echavarría al ver su interés por el dibujo y el diseño gráfico, le otorgó una beca para estudiar en el Instituto de Bellas Artes de Medellín. Entró al Instituto, pero solo aguantó un año, se retiró por creer que era obsoleto su metodología de enseñanza: “Me limitaban en lo que hacía y además me decían que lo que yo hacía no era arte” (Un pintor que vive entre ángeles y santos en Nueva York. Por: Liliana Vélez de Restrepo, El Colombiano, 26 de julio de 2013), página. 28, sección tendencias).

Se dedicó entonces a dibujar en su taller casero contando con el apoyo de su padre Don Marco Fidel Cano Tobón, estupendo dibujante y uno de los pioneros en la decoración de chivas o buses de escalera de Envigado. Su hermano Pedro llamado “Perucho” heredó también su inclinación por el arte.

Cuando terminó el bachillerato en el MUA, se fue a la Universidad de Antioquia como asistente para estudiar anatomía y artes plásticas.  El paso por el alma mater me permitió la relación con Medellín y entre los años 1970 y 1976 vendía afiches de Fidel Castro y del “Che” Guevara que yo mismo hacía en el papel mantequilla que me regalaba el arquitecto Carlos Echavarría, quien me vinculó como delineante a la firma Aristizábal Echavarría. Durante esa década de 1970 tumbaron la joya arquitectónica que era el Teatro Junín; ese hecho me marcó y generó en mí un profundo amor por conservar y preservar el patrimonio histórico, el poco que queda, sobre todo en nuestro medio que no tiene o no gusta de tener memoria”. “Los títulos no me importaban. Lo que quería era aprender las técnicas”.

En 1979 se encuentra con Pacho Rojas, escultor envigadeño, quien lo invita a hacer parte de la fundación del Grupo de Artistas de Envigado, con sede en la Casa de la Cultura Miguel Uribe Restrepo, bajo la dirección de Luz Alicia Botero. La idea era crear una sala de arte como homenaje a Débora Arango Pérez. Otros artistas destacados del grupo fueron: el padre Julio Jaramillo, Gildardo Humberto Castaño, Rodrigo Monsalve David, Martha Ortiz de Sieguel y el sacerdote y artista Francisco Eduardo Toro.

Durante varios años estuvo en Europa aprendiendo el arte de restaurar en Barcelona, Rotterdam y Bruselas. En Ámsterdam tuvo la oportunidad de conocer de cerca el trabajo de Rembrandt y Van Gogh, que han influido en su labor artística. Como asistente de restaurador estuvo trabajando y aprendiendo en el Museo de Louvre en Paris. Por su experiencia formó parte del grupo que trabajó en la restauración de la Vieja Habana. Como parte de su profunda convicción religiosa participó en la restauración de las 14 estaciones del Viacrucis en la Iglesia de San Antonio de Padua en Passaie (Orgullo Colombiano: Darío Cano, Hecho Positivos, marzo 2000).

A su regreso a Colombia, pasó por la frontera entre Brasil y Venezuela, en la selva amazónica y se estableció por un tiempo en la reserva indígena El Gury. Este encuentro con la naturaleza lo llevó a una profunda e intensa madurez pictórica y artística. En Envigado instaló su propio taller, lo que le dio la posibilidad de participar en la restauración de la casa de la cultura del municipio de Caldas, en Antioquia en 1969, aprovechando sus conocimientos aprendidos en Europa.  “Fue una obra que se convirtió en un reto para mí, lastima que para terminarla decidí renunciar, porque para mí primero está mi honor que ceder a cosas deshonestas que me propusieron en el manejo del contrato” (El Informativo, No. 278, noviembre de 2013) También se volvió muy aficionado a la música salsa, de moda por la época, coleccionando discos de sus artistas y orquestas favoritas.

Desde 1991 reside en Nueva York donde fue considerado uno de los cinco artistas expertos en restauración de bienes muebles e inmuebles: pinturas, esculturas y monumentos públicos (Ver: “Darío Cano exhibe en el consulado de Nueva York”, Periódico El Colombiano, 1998, pagina 2C). De igual forma en el país del norte ha tenido la oportunidad de hacer amistad con grandes representantes de la salsa y el jazz como los maestros José Mangual Jr. y Leopoldo Fleming (percusionista de Myriam Makeva y de Nina Simone)

En 2006 fue nombrado Artista del Año en Nueva York.  Y entre aquel año y 2008 fue restaurador de la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes en Nueva Jersey. Por ello, fue elegido para restaurar la antigua iglesia de San Anselmo, en el Bronx. Esta iglesia, patrimonio de la Gran Manzana, tiene 120 años y es considerada una joya arquitectónica: “Es la única que combina el estilo mezquita con la arquitectura otomana en estilo bizantino. En ella sobresalen murales y frescos de la Escuela Montecassino”, detalla Darío Cano. En definitiva, es un artista devoto y feliz, que hoy tiene el reconocimiento del New York Landmark Conservancy.

POR: HENRY GALLO FLÓREZ, Presidente del Centro de Historia de Envigado
El profesor Jesús Uribe Palacio, nació en Jericó pero de progenitores envigadeños. Su padre don Manuel Uribe Díez fue un notable ciudadano y en su juventud se distinguió como un pundonoroso militar al servicio de la Patria, con el grado de capitán participó en los históricos
combates de Peralonso, Enciso y Palonegro y posteriormente prestó sus servicios como Alcalde en diferentes municipios del Departamento de Antioquia entre ellos la Estrella.

De su matrimonio con la matrona Doña Teresa Palacio Vélez hubo 24 hijos. Fueron éstos además descendientes en su tronco genealógico de su
familia, del prócer Miguel Uribe Restrepo y del médico y sabio humanista Manuel Uribe Ángel. Su hermano Manuel Uribe Palacio fue un distinguido ciudadano, quien desempeñó por muchos años el cargo de Tesorero Municipal en Envigado, siendo su esposa Doña Camila Garcés, hija de don Sacramento Garcés Escobar, benemérito historiador y autor de una sobresaliente monografía de ésta ciudad, además de haber contribuido como socio fundador a la creación del Centro de Historia de la localidad.

El profesor Uribe Palacio, cursó estudios secundarios en la Universidad de Antioquia y en el Colegio de San Ignacio y los profesionales en la escuela
Normal Superior de Medellín, en donde obtuvo en el año de 1933 el título de Institutor Nacional. Se especializó posteriormente en Docencia Comercial y obtuvo su diploma el año de 1934 y el de experto en Comercio en la Escuela Departamental de Comercio de Medellín y en la Escuela de Comercio de Cali, el año de 1940, se graduó como Taquígrafo Corresponsal. Además estudió Auditoría en el Instituto de Auditoría y Contabilidad de Medellín en 1949 y en el 59 obtuvo el título como Contador Juramentado, expedido por el Gobierno Nacional por mediación de la Junta de Contadores de Medellín.
Durante su largo e ininterrumpido ejercicio de su profesión como catedrático trabajó en diferentes instituciones educativas del departamento, como fueron la Universidad de Antioquia, el Colegio de San Ignacio, la Universidad Pontificia Bolivariana, el Colegio de la Presentación, El Cefa, el de San Agustín, el Gimnasio Caycedo, el Instituto Pardo Vargas, el Instituto Popular, la Escuela de Comercio Moderno y la Escuela de Comercio Remington. En el año de 1950, fue nombrado Subsecretario General del Ministerio de Educación, en el cual se distinguió por su eficaz y buena marcha en esa importante rama de la administración pública.

Por todo ello adquirió fama como buen catedrático y eminente administrador. Una de sus obras más meritorias y a las que mayor intensidad y  consagración dedicó el profesor Uribe Palacio, en la mayor parte de su vida, fue la dirección del Liceo Comercial de Colombia, destinado a la capacitación
y formación de la mujer en las áreas de comercio, la cual fue creada por iniciativa de él en Medellín en el año de 1933 y que se denominó inicialmente Escuela Nacional de Comercio y se le cambió el nombre en 1955. Por iniciativa del presbítero Monseñor Pablo Villegas López, ilustre sacerdote y párroco de la Iglesia de Santa Gertrudis la Magna, quien viendo las necesidades y los problemas que ofrecía para las mujeres del municipio de Envigado su educación en estas labores del comercio y tratando de buscar solución a ello, resolvió solicitar ayuda del profesor Uribe Palacio, para crear en el municipio una seccional del Liceo Comercial y a ello se dedicó el ilustre maestro durante muchísimos años, para beneficio de la comunidad envigadeña. La vinculación del profesor Jesús Uribe Palacio a la educación en la “ciudad señorial”, fue definitiva. De esta manera adquirió renombre no sólo
como educador, sino como hombre cívico.

El profesor Uribe deja así su huella como preclaro hombre que apoyó con su sapiencia la formación de la mujer envigadeña, junto a otro emérito como lo fue el párroco Jesús María Mejía por haber fundado el “Colegio de Jesús”, que posteriormente pasó hacer el Colegio de la Presentación y que tuvo entre sus profesores a personajes tan ilustres como el presidente Marco Fidel Suarez y eminentes educadores como Alejandro Vásquez Uribe, Alejo Marulanda y el ilustre historiador José María Mesa Jaramillo.

En el año de 1958, el Gobierno Nacional, le condecoró con la Medalla Camilo Torres para los educadores de mérito por el decreto No 3.678 de 5 de septiembre. Y al cumplir los 30 años de existencia el Liceo Comercial de Colombia, la Cámara de Representantes y el Senado de la República, aprobaron moción de felicitación a su fundador y Rector, con la siguiente leyenda: “Al educador Jesús Uribe Palacio, el Senado de la República tributa homenaje de reconocimiento con ocasión de su arribo a los treinta años de labor profesional en beneficio de la cultura patria”. Su espíritu cívico fue encomiable, entre las instituciones a las que perteneció, podemos mencionar:
Miembro de la Sociedad de Mejoras Públicas de Envigado; miembro cofundador del Centro de Historia de Envigado y su presidente por tres períodos; el Centro Cívico Sofía Ospina de Navarro le confirió el diploma de Méritos Cívicos; miembro correspondiente del Centro de Estudios Históricos de Cuenca (Ecuador). Además escribió muchos trabajos didácticos, históricos, sobre comercio, artículos de prensa sobre varios aspectos culturales y técnicos, además dictó conferencias sobre diversos temas en diferentes instituciones.

Nuestro personaje estuvo casado con la señora Fanny Ochoa de Uribe quien fue su colaboradora en su labor profesoral e igualmente contó con la colaboración de su hermana Doña Lucila Uribe de Zea especialmente en la seccional de Envigado del Liceo Comercial de Colombia.

nuestro ilustre educador, falleció el 7 de mayo de 1982, después de realizar durante su larga vida una fecunda labor en bien de la educación, en especial hacia la capacitación de la mujer para el servicio del comercio y la industria en general. Su brillante hoja de vida, lo enmarca dentro de los hombres cívicos que con mayor arraigo trajo para este municipio progreso y bienestar. Por ello es necesario rendirle un tributo a su memoria y debe dársele a conocer como ejemplo a la juventud.

El Centro de Historia del Municipio, se enorgullece de haber tenido como su presidente durante varios períodos a este ilustre hijo de Jericó, pero que gran parte de su vida la dedicó a este terruño envigadeño, patria de sus ancestros y en la cual culminó su labor como educador y como hacedor de cultura y progreso en lo civil y en lo educativo. El pueblo envigadeño está en mora de hacerle un reconocimiento a su memoria y se espera en el futuro se le distinga como uno de sus ciudadanos que han dejado huella imperecedera en y para las próximas generaciones.

 

Por: Sacramento Garcés Escobar (monografía de Envigado 1986) Transcrito por José David Tabares Albarracín. Miembro Correspondiente. El Dr. José Félix de Restrepo, patriota eminente, magistrado incorruptible, juez inmaculado, es sin duda alguna una de las más nobles y egregias figuras de la patria. La partida de bautismo se encuentra en los libros de la Parroquia de Nuestra señora de la Candelaria; pero el hecho es explicable porque en el año de su nacimiento (1760) aún no había sido fundado el Municipio de Envigado y sus tierras en lo civil y en lo eclesiástico pertenecían a Medellín por lo cual el recién nacido fue llevado a recibir las aguas bautismales en la Parroquia de la Candelaria. Nació en Envigado, en una casa situada en Sabaneta, cercana a la quebrada “La Dr.a”, que precisamente lleva este nombre en memoria de los cinco Dr.es, que nacieron en la solariega mansión, hijos de don Vicente de Restrepo y doña Catalina Vélez. Envigado tiene a Restrepo como al hijo más ilustre y este quiso siempre a su patria chica con amor entrañable, como lo atestigua don Mariano Ospina Rodríguez su discípulo y amigo, quien escribió lo siguiente sobre su maestro: “En los postreros años de su vida, halagábale dulcemente la idea de volver a Envigado que llamaba siempre “Mi pueblo”, cuyos campos y montañas recordaba con tierno entusiasmo y vivir allí, libre de la asidua tarea diaria o de los grandes cuidados que habían ocupado todos los días de su larga y laboriosa carrera”. La partida de bautismo tomada de los libros parroquiales de la Iglesia de la Candelaria dice textualmente: “El 28 de noviembre de 1760 el Dr. don Juan José de Restrepo puso óleo y chrisma a José Félix, antes bautizado, hijo legítimo de don Vicente Restrepo y doña Catalina Vélez. Fueron padrinos don José Echavarría y doña Manuela Vélez. Dr. Esteban Antonio de Posada, Cura”. La frase “antes bautizado”, que trae la anterior partida, parece indicar que el niño, por causa de enfermedad, recibió las aguas del bautismo en su propia casa de Sabaneta y que luego fue llevado a Medellín para completar su bautismo. Fueron sus abuelos paternos: don Alonso de Restrepo y Méndez de Sotomayor, asturiano, quien llegó a las tierras antioqueñas en el año de 1681 y doña Josefa Guerra Peláez y Ruiz de la Cámara. Abuelos maternos: don Ignacio Vélez (Hijo del Capitán Juan Vélez de Rivero) y doña María Guerra Peláez. Todas las enciclopedias y diccionarios biográficos traen al Dr. Restrepo como hijo muy ilustre de Envigado. Los estudios En la placidez de la señorial mansión donde naciera, recibió José Félix de Restrepo las primeras enseñanzas de su tío Cristóbal José Vélez de Rivero, quien a la par que le enseñaba las primeras letras le inculcaba el amor a la virtud y a las cristianas tradiciones de su raza. A los trece años José Félix se separó de su familia y llegó a Santa Fé de Bogotá en donde prosiguió sus estudios en las aulas prestigiosas del colegio de San Bartolomé. Desde el primer momento se destacó en los claustros y fue tanta su aplicación al estudio que a los 18 años fue nombrado pasante en Filosofía y dos años después el Virrey lo nombró en propiedad para dictar esa cátedra. En junio de 1776 se le otorgó el grado de Bachiller y el 7 de mayo de 1780 el de Dr. en Derecho civil. Después de recibir el grado regresó a su patria chica, en donde encontró el hogar atribulado por la muerte reciente de la madre. El Maestro Fue el Dr. José Félix de Restrepo uno de los grandes educadores de su tiempo. La sola labor docente que llevó a cabo en Popayán, Medellín y Bogotá sería suficiente para inmortalizarlo; basta anotar los nombres de sus discípulos para apreciar la magna tarea realizada, fueron ellos, entre otros: el Sabio Caldas, Torres, Pombo, Zea, Ulloa, Ospina Rodríguez y muchos otros. El joven abogado recibió un buen día en su casa de Envigado una comprometedora carta del Excelentísimo señor obispo de Popayán, Dr. Jerónimo Antonio de Obregón en la cual le pedía que fuera a la ciudad de Belalcazár a dictar la cátedra de Filosofía, y Restrepo fue a Popayán provisto de su título de abogado y de su experiencia como Profesor en San Bartolomé. En el Seminario de Popayán regentó cátedras con ejemplar sabiduría por largos años y allí fue profesor de Caldas, los Zeas, los Torres, los Pombos y demás patriotas de inmortal memoria. En la señorial ciudad el amor tocó a sus puertas y allí contrajo matrimonio el 30 de mayo de 1788 con doña Tomasa de Sarasti y Ante, sobrina de Agustín de Valencia, primer Conde de Casa Valencia. Ilustre fue la descendencia de este matrimonio, fueron sus hijos los siguientes: León Félix, que murió joven; María Josefa, casada con don francisco Sarasti, su primo; Manuel que fue un notable abogado, casado con María Francisca Pardo; Mariano, casado con Genoveva Obeso y Cristóbal, casado con Dominga Fernández. El Libertador de los esclavos El profesor se trocó en estadista y el Dr. José Félix de Restrepo dejó su labor en las aulas para dedicarse a una intensa vida pública que los llevó a ocupar los más diversos cargos al servicio de la República: Consejero de Estado, Ministro de Relaciones Exteriores, Secretario del Interior, Parlamentario, Magistrado, Presidente de la Corte Suprema de Justicia. Prestó invaluables servicios a la causa de la Independencia. En 1811 el ejército realista a órdenes de don Antonio Tenorio atacó la ciudad de Popayán, y el Dr. Restrepo se constituyó espontáneamente caudillo de los estudiantes y de su valor personal da fe el General José Hilario López, entonces estudiante, quien refiere: “Fue el primero que disparó su arma contra los asaltantes; y yo, a su ejemplo, hice fuego con la mía, admirando con entusiasmo la sangre fría del Dr. Restrepo, a quien miraba en esos momentos críticos como un semidiós”. Su amor a la libertad en el más amplio sentido, lo llevó a emprender una campaña en favor de los esclavos y desde entonces consagró su vida a la realización de esta idea nobilísima. No entendía él como mientras se hacía una guerra contra España para lograr la libertad política aún subsistía la esclavitud en el suelo colombiano. Protestó en todo momento por este terrible comercio humano, por esa escandalosa trata, invocando razones de moral y caridad. Primero fue en Antioquia en donde redactó el inmortal proyecto que presentó al dictador Juan del Corral, sobre “La manumisión de la posteridad de los esclavos africanos y sobre los medios de redimir sucesivamente a sus padres”. Este proyecto fue aprobado definitivamente por el cuerpo legislativo de Antioquia el 20 de abril de 1814. Los nacidos desde la fecha de la promulgación fueron declarados libres y sus nombres inscritos en los registros civiles. Luego llevó su acción en favor de los esclavos a toda la nación y como presidente del primer Congreso de la Gran Colombia, reunido en Cúcuta en 1821, presentó el proyecto de Ley sobre manumisión de esclavos y lo defendió en forma elocuente, aduciendo textos de la Sagrada Escritura. El proyecto triunfó, fue Ley de la Republica y José Félix de Restrepo pasó a la posteridad con el honroso título de “Libertador de los esclavos”. El Magistrado Si la personalidad de José Félix de Restrepo fue multifacética y descolló en varios campos del saber humano, no cabe duda de que se destacó más que todo como magistrado incorruptible, como juez inmaculado, como modelo de jurisconsulto, como abogado probo y sabio, que ejerció su profesión con una honradez acrisolada y una rectitud y desinterés ejemplares. Dictó desde la Corte Suprema de Justicia y desde la Corte Marcial fallos trascendentales que lo han mostrado a la posteridad como ejemplo de magistrado integérrimo. Habiendo fallado adversamente un caso en contra de una viuda, se convenció más tarde del error de la sentencia, entonces de su escaso peculio personal indemnizó íntegramente, en capital e intereses a la viuda. Así obraba este hombre ejemplar. Sus fallos son modelo de sabiduría, moderación y prudencia. Absolvió por falta de pruebas a José María Obando y >José Hilario López, del tremendo crimen que se les imputaba contra la ilustre vida del Mariscal Sucre, cobardemente asesinado en la montaña de Berruecos. No quiso votar la pena de muerte contra el Coronel Leonardo Infante por la muerte del teniente Francisco Perdomo, sino la de diez años de presidio. En cambio condenó a muerte al General José María Córdoba, mientras los demás lo absolvían, por la muerte que dio al soldado Valdés en Popayán. A este propósito copiamos a continuación la preciosa anécdota que con el título de “Un León y una Paloma” escribió al Dr. Rafael Núñez: “Don Félix de Restrepo el Arístides colombiano dio su voto por el fusilamiento del General Córdoba, que tenía sobre sus sienes, frescos aún, los laureles de Ayacucho. Conocido es para todo el que haya leído la historia de Colombia, el veredicto que fue la absolución. Pocos días después estando Córdoba en el balcón de su casa pasó Restrepo por la acera fronteriza: -Adiós Dr. Le gritó Córdoba. ¿Conque usted votó porque me fusilaran? -Yo, no, respondió Restrepo. Yo no… la Ley. -¿Quiere usted Dr. Que esta tarde demos los dos solos un paseo? -Con gusto, General, contestó don Félix. Por la tarde iban de bracero Córdoba y Restrepo, un León y una Paloma, por uno de los barrios al oriente de Bogotá. ¿Qué será, decían en Bogotá, de la suerte del Dr. Restrepo al lado de ese hombre acostumbrado a mandar legiones de héroes y a poner en jaque a los mejores capitanes? ¡Pobre Dr. Restrepo! Entretanto ellos paseaban tranquilamente, queremos decir el valor y la probidad. Sentáronse en una piedra que aún se conserva, hablaron de muchas cosas pero ni una palabra sobre el juicio. Fuéronse a un ventorrillo, comieron algunas pastas y las remojaron con una copa de jerez. Toda Bogotá les vio regresar de bracero y conversando amistosamente. Al despedirse, Córdoba miró de hito en hito a Restrepo, anciano, débil y valetudinario, se abalanzó sobre él y le dio un abrazo que fue correspondido. Se estrecharon las manos y Córdoba le dijo: -¡Sálvese el magistrado para la ley! -¡Sálvese el héroe para la patria! Contestó Restrepo, y se encaminó al gabinete a continuar la interrumpida lectura de un capítulo del evangelio de San Juan”. Su muerte El Dr. José Félix de Restrepo murió en Bogotá el 23 de septiembre de 1832 a los 72 años de edad. Dice así su partida de defunción: “En Bogotá a 25 de septiembre de mil ochocientos treinta y dos se sepultó en la Iglesia de Santo Domingo el cadáver del señor Dr. Félix de Restrepo, casado con la señora Tomasa Sarasti. Se administró. Doy fe - Juan de la Cruz Gómez Plata”. Las exequias fueron solemnísimas, asistieron las autoridades civiles y eclesiásticas, sus numerosos discípulos, los esclavos que habían sido liberados gracias a sus gestiones, y el pueblo bogotano en general que admiraba a este hombre extraordinario, modelo de rectitud y probidad. Amó la Justicia hasta los últimos momentos de su vida. Al decir de su ilustre biznieto, don Antonio Gómez Restrepo, poco tiempo antes de morir, ya ciego y enfermo, llamó a su hijo Manuel, también abogado y le dijo: “Tú serás llamado algunas veces a juzgar; que la justicia dirija todos tus actos; si es necesario cometer una injusticia para que no se trastorne el universo, deja que se trastorne el universo antes de cometer la injusticia”. Era el Dr. Restrepo de pequeña estatura, ancho de espalda, frente espaciosa, rostro ovalado, ojos pequeños, nariz recta, cejas enarcadas, boca pequeña, su fisonomía inspiraba simpatía a la vez que respeto.

Nació en Envigado el 30 de diciembre de 1781 y murió en Bogotá el 1 de abril 1863. Fueron sus padres, don José Miguel Restrepo Puerta y doña Leonor Vélez Calle, ambos oriundos de familias antiguas y que dominaron el panorama social y económico de la colonia en el valle del Aburrá: Los Restrepo, los Vélez y los Calle (recordar los padres José Miguel de la Calle, y sus tíos Jerónimo y Alberto de la Calle), dueños de extensiones importantes del territorio, comercio y minas. Su padre fuera agricultor y dueño de minas de oro, en cuyos trabajos se ocupó siempre.

En su autobiografía refiere su constitución física, su carácter y sus estados emocionales: “concediole la naturaleza un cuerpo alto y siempre delgado, un color blanco entre pálido y rosado; cabellos rubios en la juventud, castaños en la edad media y blancos en la vejez; rostro aguileño, nariz larga y recta, boca regular y barba poblada…un buen estómago y excelente digestión”; “metódico, ordenado; regular en sus actividades”. ( Autobiografía,  Apuntamientos sobre la emigración de 1816 e índices del “Diario Político” (Bogotá: Presidencia de la República, 1957. Obra que fue escrita entre 1855 y 1862).

El Historiador Humberto Barrera ampliando la virtud de Restrepo de ser un hombre metódico dice: su traje era siempre igual, de riguroso color negro, de corte idéntico. cada año, sin falta, en la misma fecha, mandaba a hacer uno nuevo, y regalaba a un necesitado el más viejo que tuviera. Regla invariable era ejecutar cada cosa a determinadas horas. Después del trabajo de la tarde salía a dar un paseo, a una hora prevista”. ( prólogo al libro de Restrepo: “Ensayo sobre la geografía..”, editorial Eafit, Medellín, 2007, pp. 8-9)

Por las ocupaciones familiares de la agricultura, se explica que su primera infancia transcurre en una hacienda remota y que su educación temprana fuera, por fuerza, descuidada. En su autobiografía cuenta que su educación estuvo a cargo de su familia materna, su madre, sus tios, Gertrudis y José Ignacio y su abuelo, Don Cristobal Vélez.  De su tío José Ignacio cuenta que: “era muy aficionado a leer, especialmente historia. (y por ello) comenzó a leer en aquellos libros, y en breve tuvo pasión por la lectura de la historia“.

José Ignacio le comentará al sacerdote Alberto María de la Calle, tío de doña Leonor Vélez, madre de José Manuel, la afición del niño por la lectura: “El doctor
Calle, que era un eclesiástico ilustrado y de mucha virtud, lo examinó y quiso saber su opinión sobre el mérito de algunos generales, cuyos hechos de armas refieren los comentarios del marqués de San Felipe. Es de inferirse que las respuestas de José Manuel gustaron al doctor Calle, y que deduciría de ellas que tenía su sobrino alguna inteligencia y juicio. Inmediatamente dijo a don José Miguel Restrepo “que sería lástima que su hijo José Manuel no siguiera la carrera de estudios y cultivara su inteligencia más bien que ser agricultor o minero”; se ofreció al mismo tiempo a dirigir sus estudios y a cuidar de su educación. El padre de José Manuel convino gustoso en este arreglo y dejó a su hijo en el Envigado, en la casa de su abuelo. Su amor a la lectura decidió de su profesión y ejerció un grande influjo sobre el resto de su vida; tenía entonces doce años, o trece”. (Autobiografía, p. 7 y 8)

De 1793, a sus trece años hasta que cumplió 19 ( 1799),  se entregó a los estudios de gramática latina y de los principales poetas y clásicos latinos en compañía del padre Alberto María de la Calle, quien tenía a su cargo otros jóvenes.  En el desarrolo de estos primeros estudios, intervenía el acceso  a las bilbiotecas que poseía el padre de La Calle, su tío José Ignacio y de sus tíos paternos: Cristóbal y Carlos Restrepo. Estas pequeñas bibliotecas además de contar con libros de la catequesis religiosa, tenían algunos ejemplares que el despotismo ilustrado permitía circular en el continente. Uno de aquellos autores fue Benito Jeronimo Feijoo, un monje benedictino quien escribió su obra más importante Teatro crítico universal, una colección de opúsculos polémicos que llamó discursos (de discurrir, esto es, disertar libremente) y que fueron publicados entre 1726 y 1740. A esta circunstancia se refiere José Manuel: ” La lectura
de las obras críticas de Feijóo le fue muy útil y lo estimuló en el estudio, dándole algunos principios de crítica y despejando su entendimiento de muchas rancias preocupaciones de aquel tiempo”.

Estos principios de crítica que menciona Jose manuel, es el avance del Racionalismo en la producción del conocimiento, es la exigencia de distinguir entre lo falso y lo verdadero:

Aunque mi intento solo es proponer la verdad, posible es que en algunos asuntos me falte penetración para conocerla y en los más fuerza para persuadirla. Lo que puedo asegurarte es que nada escribo que no sea conforme a lo que siento. Proponer y probar opiniones singulares sólo por ostentar ingenio téngolo por prurito pueril y falsedad indigna de todo hombre de bien. En una conversación se puede tolerar por pasatiempo; en un escrito es engañar al público. La grandeza del discurso está en penetrar y persuadir las verdades; la habilidad más baja del ingenio es enredar a otros con sofisterías. (Feijoo, «Prólogo» al Teatro crítico universal, vol. I)

Estudios en Bogotá

A la edad de diez y nueve años, viaja a Bogotá, donde comienza estudiando un curso de Filosofía o ciencias naturales, “cuando ya su juicio estaba un poco maduro”, que duró tres años (octubre de 1799 a octubre de 1802), con el “doctor don Crisanto Valenzuela, luego siguió otro curso de derecho civil; después derecho canónigo, de don Frutos Joaquín Gutiérrez, finalizando sus estudios, obtuvo el grado de Bachiller, licenciado y doctor en derecho canónigo, conferidos
en la universidad dominicana de Santo Tomás de Aquino. “Todos sus estudios los hizo como colegial de San Bartolomé, estimado siempre por sus superiores porque era exacto en cumplir sus deberes” (Autobiografía, p. 9).

El ambiente de la capital del virreinato estaba agitado por las diferentes tertulias de jóvenes inquietos de la generación de José Manuel: una sociedad  de pares para compartir y obtener el buen gusto, a partir de aprender los principios de la literatura. Esta agrupación dio origen a la tertulia “El Buen Gusto”, dirigida por el padre del periodismo don Manuel de Socorro y Rodríguez, con quien realizaron diferentes escritos y “memorias sobre diferentes puntos que les daba y corrigiéndoles sus escritos”.  Fueron miembros de esta sociedad, los jóvenes J. María Grueso, Francisco López Aldana, José María Gutiérrez, José María Salazar y José Manuel Restrepo. Al mismo tiempo, Jose Manuel no se limitaba a los cursos de derecho, “Un año estudió francés, otro italiano, otro geografía y otro principios de literatura “.

Arreglo su matrimonio mediante poderes en enero de 1811, con doña Mariana Montoya, hija de una de las familias más poderosas y ricas de Rionegro, la del patriarca y hombre influyente en este importante centro urbano del oriente de Antioquia: Don José María Montoya. (Ver: “La familia Montoya y su figuración política”.  Historia de Antioquia, editorial suramericana, edición de 1991, página 103)

Estudió jurisprudencia en el Colegio de San Bartolomé. Fue colaborador de la Expedición Botánica, asesor interino del gobernador Francisco de Ayala y miembro y secretario de la Junta Suprema Provincial.

Formó parte de la Junta Suprema de Gobierno, entre 1811-1812, fue representante por Antioquia en el Congreso de las Provincias Unidas, en 1813 asesor de la gobernación, secretario de gracia y justicia en el gobierno del presidente dictador, Juan del Corral. Junto con los representantes de otros gobiernos revolucionarios neogranadinos, Restrepo y Corral participaron en la discusión y redacción del Acta de Federación, que fue suscrita finalmente el 27 de noviembre de 1811 y dio origen a las Provincias Unidas de Nueva Granada.

Pocos días después, y ante la oposición de Antonio Nariño al proyecto confederativo, viajó con sus compañeros a la ciudad de Ibagué. Allí intentó promover y consolidar la Unión y propugnó por la adopción de diferentes medidas para asegurar la defensa del Reino. Cansado muy pronto de las adversidades que impedían la instalación de un gobierno general, renunció a la diputación y retornó a su provincia natal junto con Juan del Corral.

En su regreso a la provincia se estableció formalmente con su esposa doña Mariana Montoya  en 1812, hija del primer presidente del Estado de Antioquia (29 de julio a 11 de octubre de 1811), se estableció con ella en la ciudad de Rionegro.  En mayo de 1813 sufrió la perdida de su primer hijo, por falta de un “médico facultativo”.
No obstante, habiendo sido nombrado su padre José Miguel Restrepo a la cabeza del poder ejecutivo, el joven José Manuel intervino activamente en la administración, aconsejando y “ayudando privadamente a su padre con sus consejos”( Autobiografía… p.14)

Con la designación de Juan del Corral como presidente dictador el 31 de julio de 1813, Restrepo fue nombrado secretario de gracia y justicia,
cargo que continuó desempeñando después del fallecimiento de Juan del Corral (7 de abril de 1814) durante la administración del brigadier Dionisio
Tejada.

En 1815 fue miembro secretario del Colegio Constituyente, que se reúne en Envigado, y produce una constitución política de poca duración y vigencia.

Hasta ese momento se esforzó Restrepo con la mayor actividad por frustrar la invasión, excitando el patriotismo de los ciudadanos y estimulándolos a enrolarse en el ejército, discutiendo las medidas más indicadas para la defensa del territorio, ordenando la conducción de pertrechos, la fabricación de sombreros, el recaudo de las rentas y el internamiento de las mercancías almacenadas en las bodegas. Finalmente, y temeroso por la suerte que podría corresponderle en virtud de sus comprometimientos, tomó la decisión de emigrar hacia Popayán con el propósito de ganar los Andaquíes y el Brasil

Se escapa de la provincia de Antioquia en 1816 hacia Popayán en compañía del padre José Miguel de la Calle y Sinforoso García.

“Estaba Restrepo en Ansermaviejo con sus compañeros de viaje, uno de ellos el señor Sinforoso García, cuando recibieron cartas de Rionegro llamándoles, alegando que los realistas que ,’habían ocupado la provincia de Antioquia “no manifestaban intenciones malas contra los patriotas”. Esta noticia y la persuasión de que no había puerto ni camino alguno por donde escapar, obligaron a Restrepo y a sus compañeros a tomar la arriesgada resolución de volver a Rionegro, donde se presentaron al comandante español don Francisco Warleta. A pesar de que tenía un carácter duro y cruel, según lo manifestó después, le hallaron afable; hasta entonces, que era el mes de mayo, había tratado bien a la provincia; temía exasperar a los pueblos, y que la fama de sus hechos le cerrara la entrada a la provincia de Popayán, para donde debía seguir muy pronto.”

En la conmutación de la pena, intervino la influencia y la mediación de su familia política, lo cual también determinó su regreso y la disposición de recibir el castigo de Warleta, de participar y dirigir los trabajos de caminos en las montañas de Sonsón para comunicar a Mariquita junto al ingeniero Manuel Antonio Jaramillo y  1.500 peones.  Durante esos meses de 1816, abrieron el camino hasta Mariquita y lo mejoraron en lo posible,fabricando puentes de madera en los ríos San Pedro, Samaná y Moro. ( Ver: Gutiérrez Ardila, Daniel El arrepentimiento de un revolucionario..”)

A pesar de la conmutación de la pena y la zozobra por el posible fusilamiento, José Manuel desconfiando de los gobernadores españoles Enrile y Lima, decide escapar al extranjero por el río Cauca, de Yarumal a Cáceres, luego a Magangué, y después a Santa Marta, donde llegó el 26 de noviembre de 1816 y con la ayuda de don Pedro Sáez, concuñado, se ocultó en casa de Lucas Medivil. El 1 de diciembre se embarcó en el bergantín Lord Rodmey con destino Kingston.  Ingreso al barco pasadas las ocho de la noche, “vestido de marinero y asociado con otros de la misma clase. Había el riesgo de que el gobernador, malicioso ya, mandara registrar el buque, cuya carga era de asnos y caballos. Estos recelos no eran vanos, pues de las nueve a las doce de la noche fue registrado dos veces: la primera, por un oficial, y la segunda, por un comisario de policía”.

El Exilio

En Kingston vivió con sus hermanos políticos Francisco y Juan Antonio Montoya, y con el señor Joaquín Mosquera, su antiguo amigo. El apoyo económico de la familia Montoya fue crucial para sostenerse en la isla pues con la toma de Cartagena por el general Morillo, perdió cinco mil pesos en mercancías inglesas.  Solo contaba para todos sus gastos y los de su familia con igual suma, que tenía en poder de don Pedro Sáenz, y que este le salvó añadiendo un nuevo servicio a los demás que le había hecho. Su vida en Kingston comenta él mismo: “fue monótona y cansada”, alternada en el estudio del francés e inglés. “Vivía con amigos y compatriotas, y su franca y amena conversación era su única distracción. Cansado de esta vida y debilitada un poco su salud, determinó Restrepo hacer un viaje a los Estados Unidos para fortificarla a ver si podía aprender algo que le fuera útil mientras que duraba su emigración,o en lo venidero, que se le presentaba muy oscuro”.
El viaje a Estados Unidos fue financiado por su cuñado Francisco Montoya, quien le facilitó el dinero necesario para “vivir seis meses” de forma austera.  En el paso del bergantín por la Habana, Jose Manuel estuvo a punto de ser capturado, pues la marina española de la isla interceptó el barco y realizó un registro en busca de armas para los corsarios: “Un marinero conoció que Restrepo era español y le obligaron a que pasara a bordo del bergantín. El comandante, que era un
joven fino, le trató bien y después de examinarle y de reconocer los papeles del barco que llevó el capitán de nuestro buque, les permitió regresar a su bordo y que continuaran su viaje”.

Llegó el 25 de julio de 1816 a Nueva York, donde se maravillo de la bahía . Allí  continuó sus estudios del idioma, y para ello, contrato un maestro, leía los periódicos, y busco conocer la ciudad y sus alrededores.  No podía viajar mucho, dado que contaba con una suma a penas para sus mínimos gastos. En  agosto realizó un recorrido por el río Hudson, en un bote de vapor, “El río es hermoso y pobladas sus márgenes. En septiembre visitó a Baltimore, y quiso también llegar a Washington, pero se desanimó pues se enteró que el congreso no estaba reunido.  En Bristol buscó el apoyo del ministro español Luis Onis para su regreso a la Nueva Granada. No se sabe el resultado.

En los días siguientes se interesó en estudiar las manufacturas de  las telas y el “arte de teñirlas”, para lo cual viajó a Wilmington, ciudad situada a la derecha del río Susquehannah; en sus cercanías estában los célebres establecimientos de Brandiwine. Esperaba de su aprendizaje, instalar algún tipo de industria en el país.
En su balance del viaje, José Manuel comentò: “Gastó en su viaje siete meses completos (habla en tercer persona). Conocer un poco el país; aprender a hablar regularmente el inglés, y haber pasado una vida más variada que en Jamaica, fueron las únicas ventajas que obtuvo”.

Regreso a la Nueva Granada e indulto en 1818

Seis meses vivió en Kingston, desde donde comenzó a gestionar el indulto de las autoridades españolas en cabeza del virrey Montalvo. Y para ello,  otorgó en un poder general a favor del comerciante español Don José Iglesias,  quien confió el caso cinco días más tarde al procurador Matías Carracedo. El procurador escribió una interesante representación siguiendo las instrucciones del propio Restrepo. En ella se presenta al principal revolucionario de la provincia de Antioquia como una víctima de las conmociones del Nuevo Reino. Veamos qué decía ese alegato a favor de José Manuel:

En primer lugar, aquella gobernación solo se había contagiado de los desórdenes en último momento. En segunda instancia, la junta allí erigida había obedecido a la remoción de las autoridades legítimas en Santa Fe y había sido presidida por el magistrado legítimo, por lo cual la secretaría asumida entonces por Restrepo no podía reputarse como infidencia. En cuanto a la diputación al Congreso del Reino asumida por el prófugo, esta no podía constituir tampoco un delito, pues se había desarrollado “con la expresa condición” de que aquella asamblea se reuniese “bajo los auspicios del soberano ausente” El ejercicio de la secretaría de gracia y justicia a partir de julio de 1813 había sido, según la representación de Carracedo, fruto exclusivo de la coerción y del apremio, lo mismo que la suscripción por parte de Restrepo de la declaración de independencia: “Todos los actos, pues, que signó y autorizó en adelante como tal secretario, fueron obra de la fuerza del dictador (Juan del Corral), y en que no intervenía con más responsabilidad, que la que es de imputarse a un escribano, notario o todo otro secretario público que es obligado a dar simplemente fe de que el juez dictó aquella providencia por inicua e ilegal que sea.” (Gutiérrez Ardila, Daniel El arrepentimiento de un revolucionario)

Regresa pues, al país, a Cartagena, donde residió por varios meses, desde junio de 1818. Fue bien recibido por el brigadier y gobernador español don Gabriel de Torres y por “los demás españoles”, donde se ocupó de ejercer su profesión de abogado y realizar transacciones comerciales desde Jamaica, apoyándose en su cuñado Francisco Montoya.

Para recuperar sus labores de abogado, emprendió nuevos trámites y gestiones en Santa Fe,  a cargo del procurador José Antonio Maldonado y del abogado Estanislao Vergara, quienes consiguieron la rehabilitación a comienzos de septiembre de 1818.59 Comunicada tal resolución a las autoridades de Cartagena, estas la dieron por buena el 21 de octubre del mismo año (Ver: Gutiérrez Ardila, Daniel El arrepentimiento de un revolucionario, En: Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura,  vol. 40, n.º 2 – jul. – dic. 2013 * issn 0120-2456 (impreso) – 2256-5647 (en línea) * colombia * págs. 49-76 )

Después de la batalla de boyacá, el 7 de agosto de 1819, el teniente coronel José María Córdova es encargado por Bolívar de recuperar la provincia de Antioquia, el 22 de agosto. Nombra a José Manuel el 31 de agosto, que al principio se niega a aceptar debido a la desconfianza por el curso de los acontecimientos. Sin embargo, Cordova insistió ya que como le decía a Bolívar: “el doctor Restrepo es el hombre que más se estima en esta provincia, es muy patriota, muy hombre de bien y lo adornan mil bellas cualidades, lo que digo a V.E.,para que si lo tiene a bien apruebe mi elección en cualquiera forma que se le dé al gobierno”. (Duque Betancur, Francisco Historia de Antioquia, Editorial Albon Interprint, segunda edición corregida, 1968, p.543)

Como gobernador de Antioquia, José Manuel se preocupó por obtener recursos monetarios y proveer así a las tropas de Cordova; posicionar los ideales republicanos entre la población  para contrarrestar la influencia negativa de los clérigos críticos.  Según el historiador Jaime Sierra García, esta labor fue dificil en sus inicios: “todavía no había prendido el entusiasmo por la independencia, y Restrepo encontraba difícil obtener recursos y reclutar voluntarios. Le escribió a Bolívar: “si usted cuenta con el paisanaje para defender esta provincia, deseche semejante pensamiento: todo o la mayor parte son muy cobardes y hay pocos hombres decididos a morir o ser libres; cada uno emigra a los montes y nadie es capaz de juntar una guerrilla de veinte y cinco hombres en momentos de peligro”. ( Melo, Jorge Orlando (coordinador), Historia de Antioquia, Editorial Suramericana, 1996, reedición, pág. 96)

Durante su gobernación, se realizó la elección de los diputados al Congreso de Cucuta de 1821.  Los quince electores se reunieron en Medellín donde eligieron a: Francisco Antonio Zea, Felix de Restrepo, Vicente Borrero, Pedro Francisco Carvajal y nuestro personaje, José Manuel Restrepo. En su reemplazo estuvo Don Avelino Uruburo, aunque no ejerció, por lo que en el comandante coronel Pedro Acevedo, estuvo el poder civil y militar de la provincia.

También fue administrador de la Casa de Moneda, director general de estudios, miembro del Consejo de Estado de Bolívar. En 1851 se retiró de la vida pública.

Obras

Su primera obra: “Ensayo sobre la Geografía, Producciones, Industria y Población de la Provincia de Antioquia en el Nuevo Reino de Granada”, publicada, en 1809, en el Semanario del Nuevo Reino de Granada que dirigía Francisco José de Caldas.

Sus siguientes trabajos, se elaboraron entre 1819 y 1858, como el diario detallado de los hechos políticos y militares del país durante la independencia, la cual tomó el nombre de “Historia de la Revolución de la República de Colombia”; luego publicaría  “Historia de la Nueva Granada”.

otros trabajos fueron:

Autobiografía, apuntamientos sobre la emigración de 1816, Bogotá, 1957.

Referencias

Melo, Jorge Orlando  José Manuel Restrepo : primer historiador de Colombia.  En: Revista Credencial No.3, marzo – 1990.

“Ensayo sobre la geografía..”, editorial Eafit, Medellín, 2007.

La familia Montoya y su figuración política“.  Historia de Antioquia, editorial suramericana, edición de 1991

Autobiografía,  Apuntamientos sobre la emigración de 1816 e índices del “Diario Político” .Bogotá: Presidencia de la República, 1957

Gutiérrez Ardila, Daniel El arrepentimiento de un revolucionario, En: Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura,  vol. 40, n.º 2 – jul. – dic. 2013 * issn 0120-2456 (impreso) – 2256-5647 (en línea) * colombia * págs. 49-76 )

Por: Amelia Sánchez Durango, Historiadora y Miembro de número

 Nació en el Distrito de El Envigado, Antioquia, en un paraje llamado “El  Palmar” el día 8 de febrero de 1862. Su padre fue don José María Mesa Ruiz, descendiente de don Antonio de Mesa[1], minero de  Osos y de acuerdo a los datos de este mismo autor “fue dueño del terreno donde hoy está el parque de Bolívar” de Medellín. Y su madre fue doña Martina Jaramillo y Velilla, descendiente del español don Juan Jaramillo, casado a su vez con doña Juana del Centeno Hidalgo.

Sus primeros estudios los recibió de su abuelo materno don Juan Ignacio Jaramillo, quien lo crió, luego del fallecimiento de su madre, cuando apenas contaba con pocos años de edad. Es posible que este aprendizaje temprano que le inculcó su abuelo de crianza, le sirviera al joven José María para mostrar su inclinación por los libros y no aventurarse a entrar al ramo de los negocios, emulando así a su abuelo paterno.

De entre la limitada gama de posibilidades profesionales que existían para la época referida, José María se mostró inicialmente atraído por la carrera docente, manifestando esta vocación desde niño, luego de algunos descalabros económicos que sufriera su padre y que obligaron al joven estudiante a dictar clases a un grupo de jóvenes en su propia casa, donde fundó una escuela donde enseñaba a unos 12 niños[2].

En 1880 el presbítero Jesús María Mejía, canónico de la catedral Metropolitana fundó el colegio de Santa Gertrudis, en Envigado, cuyo fin esencial era contrarrestar las doctrinas laicas que se habían impuesto en los colegios oficiales, por el gobierno de la época[3]. Este colegio era auxiliado mensualmente con cincuenta pesos ($50.00) por el Obispo de Medellín, José Ignacio Montoya (1816-1884)[4].  Fueron profesores: Marco Fidel Suárez, Alejandro Vásquez, el Pbro. Alejo Marulanda y Juan Pablo Bernal.

En esta institución continuó estudiando el joven Mesa Jaramillo, actividad que alternaba dictando clases de castellano y geografía en el mismo colegio y paradójicamente aplicando el método “lancasteriano”, diseñado por Joseph Lancaster (1778-1838) en Inglaterra, quien innovó la educación, modelo en el que Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander mostraron profundo interés[5] y el cual consistía en que los alumnos más aventajados le impartieran clases a los principiantes, supliendo de esta manera, la carencia de maestros. Para la época referida, fungían como profesores de este colegio, los señores: Marco Fidel Suárez, Alejandro Vásquez, el presbítero Alejo Marulanda y Juan Pablo Bernal.

Es de advertir que el método lancasteriano reforzaba las ideas liberales, contrarias a la doctrina de la Iglesia Católica. Durante el devenir del siglo XIX, este método fue reemplazado por el del suizo Heinrich Pestalozzi (1740-1827).

Siguiendo una costumbre colonial de la élite antioqueña –Antioquia carecía de Centros de Educación Superior-,  como era la de enviar a sus hijos y parientes a continuar sus estudios fuera de la provincia, fue así como José María se trasladó a Santa Fe de Bogotá, para completar su educación en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, en donde -se afirma- brilló por sus capacidades intelectuales. Al culminar sus estudios se dirigió al Departamento de Santander donde continuó desempeñándose como educador en la población de Piedecuesta, por algún tiempo, para luego dirigirse a Venezuela, patria de Bolívar, de quien se declaró, ferviente admirador.

Al parecer, José María Mesa, tuvo la oportunidad de viajar fuera del país, de ahí que al encontrarse en México en 1885, le llegaran noticias de la guerra civil y por tanto, como miembro activo del partido conservador participó en ella.

De fuertes raíces conservadoras, consideraba un deber defender la religión católica, por lo que partió rumbo a su país para hacer parte de la guerra político-religiosa que se desató entre los radicales de Santander y el gobierno central que presidía Núñez, quien triunfó sobre los radicales tras el combate de la Humareda en donde participó el joven José María, al mando de Quintero Calderón, donde obtuvo el grado de Coronel, el cual no quiso reclamar, quedándose con el de Sargento Mayor.

Al restablecerse el orden público[6], Mesa regresó a Antioquia, donde nuevamente se dedicó a la instrucción pública como director en las escuelas de Concordia y Caldas, de donde fue llamado por el doctor Marceliano Vélez para ocupar el cargo de Jefe de Estadística de Antioquia.

El 17 de noviembre de 1892 fue nombrado Director del Archivo Departamental –cargo que ocupó hasta el final de sus días- y el 27 de febrero de 1903 se posesionó en la cátedra de historia en la Universidad de Antioquia, del cual se dice fue el primer profesor de esa disciplina.

Sus actividades archivísticas lo indujeron hacia la investigación labor que ejecutó con dedicación y que más tarde fue fundamental para dedicarse a remover escritos y documentos ignorados y que lo llevaron a aprender paleografía de la mano de su amigo íntimo, el doctor Manuel Uribe Ángel.

 

Monseñor Samuel Álvarez Botero, cura de la catedral de Rionegro y Presidente del Centro de Historia de esa ciudad, en un discurso que pronunció en 1975 con motivo de un descubrimiento del retrato al óleo de José Miguel de la Calle, se refirió a Mesa Jaramillo, en estos términos: “Vienen Uds., señores envigadeños, de la tierra fecunda que ha dado no sólo a su terruño sino a la patria colombiana, tantos hombres ilustres y grandes historiadores como José María Mesa Jaramillo, quien en su cerebro acopió vastos conocimientos de toda índole, pero especialmente los históricos”[7].

Indudablemente, Mesa Jaramillo fue un destacado estudioso y hombre de variadas facetas que lo llevaron a desempeñarse tanto en el campo de la instrucción pública, el militar, el político, el de funcionario público, el historiador, entre otras importantes actividades, como el de escritor.

Con su trabajo en ese archivo, el cual creó, José María Mesa Jaramillo rehizo en parte la Historia de Antioquia. El informe que presentó como archivero, al Secretario de Gobierno de Antioquia y el cual fue reproducido por la Revista Forense en los Nº 4 y 5 en 1898, fue objeto de grandes elogios por parte de esta revista, exaltando con ello el trabajo paciente y minucioso del otrora ilustre profesor.

En el periódico “Colombia” fundado en Medellín por don Alejandrino Cárdenas en septiembre de 1906 y hasta el 15 de junio de 1909, Mesa Jaramillo, escribió muchísimo sin revelar nunca su nombre.

Entre los trabajos que realizó, tenemos los siguientes: “Ascendientes del Historiador José Manuel Restrepo”; “El Padre y la casa de Girardot”; “Reseña Histórica de la ciudad de Medellín, capital del Departamento de Antioquia”; “Retoques históricos”; “Minas de Antioquia: catálogo de las que han titulado en 161 años desde 1739 y hasta 1900”[8]. “José Miguel de la Calle”, donde hace una corta reseña de la vida a quien le tocó sancionar la “Ley sobre Libertad de los Esclavos”.

Mesa Jaramillo, en referencia a las obras que trabajó el doctor José Manuel Restrepo Vélez, anotó lo siguiente: “no contento con haber consagrado a la República todo el poder de sus talentos, de sus ciencias y de sus energías, guardó en su historia, como en una urna santa, las glorias venerandas de la Patria y las glorias de todas las naciones creadas por el gobierno de Bolívar”[9].

También hizo una reseña histórica de la Universidad de Antioquia, enviada por él mismo al Ministerio de Relaciones Exteriores.

Otro de los cargos que ocupó fue el de Secretario de la Academia Antioqueña de Historia, que dirigió inicialmente con don Januario Henao y don Sebastián Hoyos y más tarde dirigió las publicaciones de la Revista Repertorio Histórico, de esta misma Academia.

De entre las tantas disciplinas a las que se dedicó don José María, su pasión, al parecer, la afincó en la docencia: “Aquello era para verlo y oírlo, no para contarlo. Desde la tribuna ilustraba y ante todo educaba; ese era su centro; allí, transformado, en olvido absoluto de sus recónditos pesares, el maestro difundía luz, desdoblaba su espíritu que, cual manto ideal, cobijaba a sus hijos espirituales…”[10]

Sus estudios por la historia lo llevaron a conocer otras civilizaciones y culturas, como Egipto, Grecia y Roma. Amante del arte, recitaba versos y en sus ratos libres fabricaba objetos de arte.

Casó don José María Mesa Jaramillo con doña María Josefa Mesa, de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos, de los cuales no se conocen más datos.

Con respecto a su personalidad y aspecto físico algunos de sus biógrafos comentan que don José María Mesa Jaramillo fue un hombre simpático y de delicados modales, “de talla regular cabeza aunque abultada bien puesta y cubierta de cabellos crespos; ojos oscuros, vivos, que denunciaban al investigador tenaz; de músculos vigorosos y frente espaciosa y noble”[11].

Falleció en la fracción de El Poblado el 10 de julio de 1918 a los 56 años de edad, como consecuencia de las graves dolencias que afectaron su salud los últimos diez años de su vida, Aunque  no le impidió desempeñar las funciones de archivero y docente en la universidad de Antioquia. impidiéndole escribir otras obras donde constaran “sus profundos conocimientos históricos y geográficos”.[12]

Sus exequias estuvieron revestidas de mucha solemnidad, a la que concurrieron muchas personas de diversa índole; tomando la palabra importantes personajes como el rector de la Universidad de Antioquia, doctor Miguel Calle, entre otros.

Como un homenaje al ilustre hombre, su fotografía aparece en el Concejo y en el Centro de Historia de Envigado, además, un barrio de esta ciudad también lleva su nombre.

[1]CADAVID RESTREPO, Tomás. Varones Ilustres de Antioquia, Biografías de los Académicos fallecidos 1903 -3 de diciembre- 1978, Editorial Universo, Medellín, p. 131 y ss. Según este autor, don Antonio era procedente de Jerez de la Frontera, quien al parecer, formó parte de la junta de vecinos notables en 1649, convocados por el primer cura de Medellín, Juan Gómez de Ureña, ante la solicitud del visitador del Obispado, don Pedro de Herrera Gaitán.

[2]Ibíd.,  p. 132.

[3] Entre 1880 y 1900 se desataron algunos de los conflictos más sonados de la historia de Colombia, luego de las cuatro guerras civiles que se iniciaron en 1876, año en que la guerra se da “en defensa de la religión y como protesta contra la tiranía docente del Estado” interrumpiendo la reforma de ésta, donde escuelas y universidades fueron cerradas por dos años y convertidos sus locales en cuarteles de guerra. La modernización de la educación que empezó a imponerse en 1870 luego de un esfuerzo del gobierno, se vino al traste por las reacciones religiosas y las contradicciones políticas en que se vio envuelto el radicalismo, luego de la guerra del 76. JARAMILLO URIBE, Jaime. El proceso de la Educación en la República (1830-1886) en Nueva Historia de Colombia, Planeta Editorial S. A., 1989, Bogotá, D.E., p., 223-250.

[4] “Montoya fue un obispo para afrontar la guerra”, dirigió una circular a los sacerdotes de Antioquia, acerca de los males que amenazaban a la Iglesia y a la patria. En: “Mitras, sotanas y fieles en la guerra civil colombiana de 1876-1877, de ORTIZ MESA, Luís Javier. Profesor asociado. Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, documento impreso, s.f. ARBOLEDA M., Carlos. Pbro., opina que “el partido conservador se apropia de los símbolos religiosos católicos, como representante del partido de la religión. El partido liberal, por principios ideológicos, no asume los símbolos religiosos católicos…” Lo que rechazan es la ingerencia de los curas en política a favor del partido conservador…abogando por una mayor educación del pueblo. Dios, Religión y Política, documento impreso, s. f.

[5] CF. GARCÍA, Julio César. Historia de la Instrucción Pública en Antioquia, Medellín, 2ª edición, 1962, editorial Universidad de Antioquia, p. 59-60.

[6] La Constitución de 1886 estableció (artículo 38) “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación: los poderes públicos la protegerán y harán que sea respetada, como esencial elemento del orden social”.  TIRADO MEJÍA, Álvaro. El Estado y la Política en el siglo XlX, en Nueva Historia de Colombia Planeta Editorial S. A., 1989, Bogotá, D.E., p., 155-183.

[7] Semblanzas de los Vicarios Superintendentes José Jerónimo, Alberto María y José Miguel de la Calle. Homenaje del Concejo de Envigado en el Bicentenario de la Fundación de la ciudad, Medellín, editorial Argemiro Salazar & Cía. Ltda., abril, 1977, p. 140.

[8] Medellín, Imprenta Oficial, 1906.

[9] Instrucción Pública de Antioquia, año IV, Nº 37-38, Medellín, julio de 1911, p. 853.

[10] CADAVID RESTREPO, Tomás. Op. Cit. P. 136.

[11] Ibíd., 140.

[12] Op. Cit., Pág.134.

Por:  LUIS ALBERTO RESTREPO MESA. Miembro del Centro de Historia de Envigado

“La inspiración del hombre es la supuesta gloria,

 la gloria lo hace grande y la virtud hace lo divino”.

Presento algunos apuntes biográficos  de un ciudadano  que en Envigado fue ejemplar, y deseo con este artículo rendirle un sincero homenaje a su familia que desde lejanos lustros y hasta el presente han sido ilustres y como dijo Jesucristo: “El yugo suave y la carga ligera” (Mat. XII 29) muchas veces va coronado de punzantes espinas y con una cruz de peso imponderable.

 

No se quiere hacer un escrito extenso, si no corto y sintético, para que sea conocido uno de los hombres lúcidos y culto de este Envigado, por que no podemos pasar por alto que su obra fue benéfica para la ciudad, y muchas de sus gentes se vienen beneficiando de su grandiosa labor y de su recuerdo va de generación en generación en este Envigado, ya que fue uno de sus hijos epónimos de una sociedad tan necesitada.

Nació en el año de 1.884, hizo sus estudios en la Universidad de Antioquia  ejerciendo el magisterio y posteriormente se graduó en Bogotá donde se licenció en química y farmacia, fundó en Envigado la conocida farmacia Sucre que funcionó en la esquina sur-este del parque de Envigado en donde vivió hasta finales de la década de los años 40 cuando se traslado con su familia para vivir en Medellín en donde residió hasta su fallecimiento el 7 de febrero de 1.972.

Contrajo matrimonio en la parroquia de Santa Gertrudis de Envigado en 1.906 con la distinguida Matrona Mercedes Uribe Diez y de esta unión nacieron varios hijos. Jaime uno de los menores fue presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas en el año de 1.950,  entre sus hijos se destacó el eminente Médico Gustavo Vásquez y como abogado el Doctor Pedro Vásquez y sus dos hijas Olga y Elena.

Don Esteban Vásquez se dedicó con gran entusiasmo a realizar obras imperecederas, como la sociedad de mejoras públicas, en la que fue su fundador y presidente por varios períodos. Participó también en la fundación de la sociedad de San Vicente de Paúl y también fue cofundador del viejo e inolvidable colegio “Manuel Uribe Ángel” que estaba ubicado en la actual plaza de mercado en el año de 1.912, origen del liceo departamental del mismo nombre.

Por varias ocasiones fue miembro del Concejo Municipal y Presidente de esa corporación en distintos períodos. En la rama de servicios públicos fue administrador de Hacienda Nacional, poniendo en ésta, al igual que las demás actividades, su timbre indeleble de pulcritud y civismo a toda prueba; por su señorío daba gusto tratar con él.

LA SOCIEDAD DE MEJORAS PÚBLICAS DE ENVIGADO fue su obra cumbre y en el año de 2.005 cumplió sus 80 años de existencia enmarcándolo todo, su fin primordial fue la de crear y sostener siempre y con la ayuda del municipio un sitio del conocimiento donde las gentes con su mente se nutrieran saboreando la literatura y que la literatura infantil tuviera su espacio para todos los niños de Envigado y que las entidades municipales también tuvieran un lugar para sus reuniones como lo es hoy la biblioteca José Félix de Restrepo.

 

La fundación de la Sociedad de Mejoras Públicas fue la obra cumbre de don Esteban Vásquez en el año de 1.920,  cuando se desempeñaba como Concejal de Envigado, fue un hombre visionario del futuro de Envigado y a quien se le debe varias obras destacadas que  viven hoy por hoy al servicio de la ciudadanía y como se conoce el dicho: “por las obras los conoceréis” fue la obra de un quijote, cuando hoy andamos en un mundo convulsionado y revuelto e incomprensible, ese grupo de hombres de la actual sociedad, no han soltado las amarras de la barca y siguen cabalgando con las instituciones a un feliz puerto, con consciencia ciudadana por los senderos de la ciencia con toda responsabilidad, con las ideas que nos dejó como herencia ese patriarca del civismo que muchos lo conocimos como ejemplo de civismo.

Dejo pues para la posteridad y el recuerdo de la ciudadanía de Envigado, la hoja de vida de un ciudadano que dio lustre a las instituciones en que participó o ayudó a fundar. Su memoria ha de ser digna como las demás personalidades que han cobijado este terruño y su obra imperecedera un ejemplo para las futuras generaciones.

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Por: Rocío Agudelo Salinas

Este gran oficiante del arte de Euterpe, nació en Envigado el lunes 16 de noviembre de 1.884, hijo de Doña Rosa Santamaría Restrepo. Aprendió las primeras letras en la escuela pública de su tierra natal y posteriormente recibió instrucción musical con notables profesores como lo fueron su tío, el famoso tenor, Pedro Nolasco Santamaría y la distinguida profesora de piano, Doña
Luisita Uribe de Uribe, sobrina del Doctor Manuel Uribe Ángel y progenitora de los destacados músicos Luís, Daniel y Samuel Uribe.
La vida artística del maestro Luis transcurrió por entero en su Envigado nativo. En 1907 se inició en el cargo de Maestro de capilla del templo de Santa Gertrudis, nuestra parroquia madre, donde apenas existía un armonio para dar realce a las solemnidades religiosas. En el año de 1909, llega el órgano tubular traído desde Barcelona, España. Es el maestro Santamaría quien hace su estreno y
se convierte en su exclusivo ejecutante hasta el momento de su muerte, ocurrida el 15 de junio de 1957.
Además de ser el organista de planta, nuestro coterráneo fue también Director de la banda Parroquial fundada por el canónigo Jesús María Mejía, quien fue cura párroco de este municipio por espacio de medio siglo. Igualmente, al maestro Santamaría se le debe la
creación de un grupo musical llamado “El Cuarteto”, del cual hacían parte: Don Sacramento Garcés Escobar como violinista; Don Antonio Baena, contrabajista; Don Antonio Arenas, intérprete de la flauta traversa; y maestro Luís, como pianista. Este grupo artístico hacía la musicalización de las películas, que para comienzos del siglo XX, pertenecían al cine mudo. Dicho trabajo
requería un estudio previo del libreto y del desarrollo escénico de cada filmación con el fin de seleccionar los temas musicales adecuados al género y características de la respectiva cinta. Fue profesor de música del colegio “La Presentación” y según lo expresa don Sacramento Garcés, en su obra Monografía de Envigado; “El maestro Luis fue músico de elevada inspiración y buena técnica. Dejó en su haber varias obras musicales de gran mérito, como Colecciones de Motetes, Oficios fúnebres, Trisagios, Salves, Rosarios e Himnos Escolares, que han sido muy elogiados”

Nuestro querido músico contrajo matrimonio con la señora Rafaela Londoño Sáenz. Como buenos envigadeños, conforme a la leyenda de la fertilidad atribuida a las aguas de la quebrada La Ayurá, esta pareja tuvo 12 hijos, cinco hombres: Jorge, Santiago, quien fue un famoso escultor, Camilo, Guillermo e Iván; y siete mujeres: Gilma, Lucía, Benilda, Dolores, Ruth, Cecilia y Bertha. Esta última, fue la única heredera del arte de su padre y quien le sucedió como organista de Santa Gertrudis a la muerte del mismo. Nos relata el médico Hernando Botero Barrera, que recuerda desde su infancia al maestro Luís Santamaría, a quien veía pasar todos los días  camino al templo de Santa Gertrudis. Era un señor de contextura gruesa, bastante simpático y tomador de pelo. Por su parte la propia hija, Doña Bertha Santamaría, única heredera del arte de su progenitor, manifiesta que su padre era un hombre dedicado a su música y a su hogar. Que su único “vicio” eran los cigarros. Aquellos famosos “Habanos” importados de Cuba, que venían empacados en  lujosas cajitas de metal y cuya picadura exhalaba un exquisito aroma, que en algunas ocasiones eran de manzana y en otras de breva. Para la época era precisamente su hijo Samuel Santiago, el escultor, quien le enviaba periódicamente los cigarros desde Bogotá, para satisfacer los pequeños antojos del amado progenitor.

Fuentes:
Garcés Escobar Sacramento “Monografía de Envigado”, 3ª edición.
Entrevistas con:

Doña Berta Santamaría Londoño, hija del Maestro.
Doctor Rafael Botero Barrera

Por: Centro de Historia de Envigado

Partida de bautismo en la Parroquia de la Candelaria de Medellín:

“Certifico, que en el libro 30 de Bautismos, folio 223 dice: “En 19 de enero de 1727, el Dr. Miguel María de Molina, bautizó, puso óleo y crisma a Lucas Javier, hijo legítimo de don Nicolás de Ochoa y María Ignacia Tirado. Fueron padrinos, D. Lucas de Ochoa y doña Bárbara del Maso. Esteban Antonio de Posada. Rubricado”. Es copia fiel. Medellín 24 de julio de 1962. Juan de J, Gutrimino”.

Casa solariega de los Ochoas

Don Lucas de Ochoa y Tirado, se radicó en Envigado. Tenía dos casas, dos cuadras arriba de la plaza principal entre las calles 20 y carrera 15; la una donde está hoy el mercado cubierto y la otra al frente, muy grande, estilo español. Ésta tenía una pieza alta, que miraba a lo que hoy es Barrio Mesa Jaramillo, desde ésta inspeccionaba los trabajos de agricultura, donde trabajaban sus hijos y sus esclavos. Dicha casa fue parcelada y la parte que quedaba en el crucero de las avenidas ya dichas, perteneció al Pbro, Jesús María Mejía, donde murió; hoy todo está en edificios comerciales.

La hacienda principiaba ahí y comprendía todo el barrio Mesa Jaramillo y todo lo que comprendía entre las quebradas Ayurá y Sebastiana, hasta la cordillera. Muerto don Lucas se dividió dicha hacienda entre sus hijos y nietos. Hoy son muy pocos los herederos que poseen pequeñas parcelas de ella.

Anécdotas o recuerdos de familia, que nos dan a conocer el carácter de don Lucas de Ochoa.

Contrajo D. Lucas, cuatro veces matrimonio como veremos más adelante. La primera esposa fue doña Luisa Vélez de Rivero y Posada; al pensar en el primer matrimonio con la Sta. Vélez, su futura suegra, doña Jerónima de Posada, rancia y linajuda dama envigadeña, se opuso tenazmente al matrimonio, alegando que su hija era de mejor familia que el pretendiente. Terco y enérgico y además herido en su amor propio, don Lucas callada y rápidamente viajó a la madre España, registró los archivos de Sevilla y de ahí trajo, debidamente documentados y probados, los pergaminos y papeles referentes a su abuelo Don Lucas de Ochoa y Alday de la villa de Madrid, mostrando “Que no tenía sangre mora ni judía, que había servido al Rey nuestro Señor por varios años, en asuntos de guerra y en la villa de Madríd” y probado con su noble abolengo, que no sólo merecía la mano de la bella dama doña Lucía, sino que superaba, humillando por decirlo así a doña Jerónima; poco después se celebró el deseado matrimonio.

Se cuenta de don Lucas, que cuando murió su primera esposa, la señorita Ignacia de Posada que lo había acompañado y ayudado en la enfermedad de su esposa, por la tarde fue a entregarle las llaves de toda la casa y escaparates y le preguntó don Lucas “Por qué?” y ella le contestó “que ya no era conveniente que ella permaneciera ahí”. Guardó silencio don Lucas y después de pensar un rato le dijo “Bueno, yo iré esta semana a su casa para que arreglemos el asunto y a los pocos días la hizo su esposa.

La segunda vez que quedó viudo, dejóle su esposa un niño recién nacido, al tratar de la madrina algunos pensaron en la señorita doña María Jesús Escobar, su vecina, y él se opuso, porque con ello contraía parentesco espiritual, lo cual podía ser impedimento para reemplazar la difunta, como ya lo había pensado, y con la cual se casó efectivamente.

Cuando perdió su tercera esposa, uno de sus hijos (Don Pablo), preparaba el matrimonio de uno de sus esclavos y quería hacerles por tal motivo una gran fiesta e invitó entre otras personas a la señorita Ignacia Arango y ésta le contestó: “No voy, porque ese viejo Lucas, apenas hace quince días que enviudó y de seguro que asiste a la fiesta y hasta se le ocurrirá a ese viejo antipático, que me case con él”

Tranquilizóla don Pablo, pues sería imposible que su padre asistiera a tales bodas, acabando de enviudar. Fue la dama y bailó con don Lucas, arreglaron ahí el matrimonio y pocos días después, se casaron y fue muy feliz con el “viejo antípático”.

Al salir de la iglesia el día de su último matrimonio, estaba el atrio lleno de curiosos y él al verlos dijo en alta voz “La otra vez que me case, lo haré a media noche para dejarlos burlados”, pero no le salió, pues su última esposa, le sobrevivió mucho tiempo.

Visitaba en una ocasión a don Lucas, la señora doña Catalina Vélez de Rivero, madre de los cuatro doctores Restrepo y conversando con él, en la parte alta de la casa, donde se divisa toda la hacienda donde en ese momento trabajaban todos sus hijos, manejando el arado; y le dijo que por qué no los mandaba al colegio como había hecho ella; a ésto le contestó él: “Si todos los hombres se hacen doctores, quién trabaja la tierra? Dios dijo: Ganarás el pan con el sudor de tu frente”.

(Lo que sigue lo escuché de labios de uno de sus hijos, que era mi abuelo).

Era don Lucas muy cuidadoso de la educación moral y religiosa de sus hijos. Después de suspender los trabajos de campo, tomaban lo que entre nosotros se llama la comida y se rezaba el santo rosario, entonando siempre don Lucas; se disponían los trabajos para el día siguiente y después los dejaba salir a la plaza, con estricta obligación de estar en la casa a las 8 p.m. y ¡ay de aquél que se demorara!, cuando llegaban a la plaza sonaban las ocho en el reloj y tenían que salir a la carrera para la casa. Por fortuna, decía mi abuelo, su madre doña Ignacia, era más compadecida y sin que don Lucas se diera cuenta les abría la puerta a los rezagados.

Era don Lucas, gran aficionado a los caballos y poseía algunos hermosos ejemplares, entre los cuales se hallaba “El Palomo”, su predilecto y únicamente para su uso personal, envidia de unos y objeto de admiración de todos, cuando el viejo lo cabalgaba usando arreos lujosísimos.

En mala hora lo vio Tolrá, gobernador de Antioquia y señor de vidas y haciendas y quiso tenerlo para lucirlo y lucirse en unos regocijos que se celebraban en la villa de Medellín. Pasó mensaje a don Lucas, pidiéndole una buena bestia, sin mencionar “El Palomo”, Don Lucas le remitió uno muy bueno, pero este no fue del agrado de Tolrá, que devolvió el caballo e hizo saber por escrito a don Lucas que se trataba única y exclusivamente de “El Palomo”. El viejo recibió la comitiva encargada de conducir el caballo, no obstante su indignación, los atendió con mucha cortesía, y dejando comprender su deseo de complacer al tirano, pidió permiso para ir al establo a preparar el animal, e invitó en seguida a los militares, para que lo acompañaran al establo. Después de algunas exhibiciones referentes a la educación del animal, del cuidado que prestaba a la voz de su amo, lo acarició y sacando repentinamente la pistola, sin dar tiempo de obrar a los oficiales, se la descargó en la oreja, causándole la muerte inmediatamente, y diciéndoles estas palabras se retiró del establo. “Diganle a Tolrá de mi parte, que en las ancas de “El Palomo” solo se han sentado las n….. de Lucas de Ochoa.

 

Otra anécdota

Se cuenta que alguna vez una de sus hijas, tenía el proyecto de casarse. Tenía varios pretendientes y entre ellos había un profesional, un doctor. Le pidió consejo a don Lucas, quien le resolvió rápidamente el problema; “Hija, le dijo, esos doctorcitos no sirven para nada, cásese con un hombre que sepa cultivar la tierra, que se gane el pan fácilmente. Los doctores a veces no soy muy trabajadores y es mejor un hombre del campo, un agricultor, un hombre práctico”.

El doctor Arturo Mesa y Posada al tratar del apellido Ochoa de Envigado dice al hablar de don Lucas Ochoa Tirado.

“Don Lucas se sabe que un hombre laborioso, un hombre ejemplar, honrado como los viejos caballeros de Castilla, un ciudadano modelo, un cariñoso padre de familia, un esposo perfecto. Hemos tenido el dolor de no encontrar su tumba. Parece muy probable, por las averiguaciones que hemos hecho, que sus restos fueron depositados en un osario común. Desde este periódico hacemos un reclamo a los envigadeños. Sobre todo a las autoridades civiles. Don Lucas de Ochoa debía tener en Envigado una estatua. Lo merece como fundador de una familia dignísima, ilustre por muchos títulos, que es honra de la República y de la raza que ha dado tantos hombres eminentes.

Sobre su heráldica diremos, que es muy expresica y meritoria. Su escudo de armas tiene un lobo pintado, animal simbólico que representa el valor y el heroísmo; tiene además una flor de lis, que significa nobleza y varios cuarteles en el campo, también de significación honorable y plausible.

Concluyamos este breve esquicio lamentando como asunto deplorable que no haya una biografía completa de don Lucas Ochoa, que no haya un busto, ni una estatua, ni en Envigado ni en Antioquia que recuerde su nombre y que es una familia muy española, muy digna de sus méritos y cualidades, muy honorable y de una nómina de hijos ilustres. Mucho falta por escribir sobre este apellido, mejor diré falta la historia del apellido Ochoa.

Damos esa idea a los historiadores jóvenes que la escribirían con opulencia de datos, con orgullo y con gusto en honor de la lógica y de la historia. La Familia Ochoa, es semejante a algunos árboles frutales, que tienen también flores, es decir, perfuman la historia y fructifican con provecho, irradian fecundidad y lozanos frutos y ponen una aureola de luz y belleza en el libro majestuoso de la historia de Colombia. Cuando se había con la verdad y la justicia siempre se tiene razón”. Samuel Arturo Mesa y Posada.

Partida de defunción de don Lucas de Ochoa,

Parroquia de Santa Gertrudis

El Infrascrito

Certifica

 

Que en el libro 5 de defunciones, folio 11 N° 120, se encuentra una partida que a la letra dice: “En el Cementerio de la Parroquia de Envigado, a tres de abril del año de mil ochocientos treinta y ocho se dio sepultura eclesiástica con entierro mayor, al cadáver del señor Lucas de Ochoa, casado con la señora María Ignacia Arango, se le administraron los Santos Sacramentos de la penitencia, comunión y extremaunción. Doy Fe. José Joaquín Escobar Pbro. Rubricado. Expedido en Envigado el 6 de mayo de 1963.

Darío Villegas L. – Pbro.

 

Genealogía de los Ochoas

Casó don Lucas de Ochoa y Tirado cuatro veces.

La primera en Medellín el 28 de enero de 1769 con doña Luisa Vélez de Rivero, de este matrimonio se procrearon 4 hijos. Don Pablo, don Valeriano, doña Juana, y Doña Josefa. Era doña Luisa hija de Ignacio Vélez y Doña Jerónima de Posada.

Caso segunda vez don Lucas en Medellín el 30 de diciembre de 1781 con doña María Ignacia Posada, hija de don Miguel Jerónimo Posada y doña Rosalía Mauris; se criaron 7 hijos: don Fabián, don Lucas, don Manuel, don Baltasar, doña María Antonio o Antonina, doña María Jesús y doña Juana.

Casó tercera vez don Lucas el 12 de septiembre de 1796 con doña María Jesús Escobar, hija de don Manuel Escobar y Micaela Angel, solo tuvo dos hijas: doña María Antonia y doña María Rita.

Casó don Lucas cuarta vez el 17 de noviembre de 1800 con doña María Ignacia Arango, hija de don Manuel Arango y doña Angela Roldán; de este matrimonio quedaron 7 hijos: don Juan de Dios, don Pedro, don Alberto, don Nicolás, don Tadeo, don Juan Antonio y doña Irene.

Fuentes:

Pbro. Marcelino Ochoa Ochoa. Don Lucas de Ochoa, Genealogía del gran progenitor de los Ochoas de Antioquia y Caldas. Medellín Editorial Granamerica 1963, p 26 -30.

Campuzano, Jairo Andres (Compilador) Fuentes documentales para la historia empresarial. Universidad Eafit, Testamento de lucas de Ochoa y Tirado, julio 17 de 1834.

Por: Edgar Antonio Aparicio M. ,Miembro de Número.

El General y doctor Marceliano Vélez Barreneche
nació en Envigado el 18 de junio de 1832 y murió en
Medellín el 13 de abril de 1923 a la edad de 91 años. En
1864 contrajo matrimonio con doña Concepción Pizano,
su “amada Concha” con quien compartió su larga vida. De
esta unión hubo tres hijos.
Fue el primer abogado titulado por la Universidad
de Antioquia. Católico convencido y practicante y un gran
luchador civil que lo demostró tanto en su actuar militar
como político en el Partido Conservador. Líder
indiscutible durante años, perteneciente a la corriente de
los llamados “Históricos”. Ocupó los siguientes cargos:
fiscal, juez de circuito, rector de la Universidad de
Antioquia, senador de la república y gobernador de
Antioquia, entre otros.
Mostrando ejemplos de tolerancia, tan escasa en
nuestros días, nunca confundió lo que eran sus ideas con la
verdadera amistad. Así, no obstante su frecuente
participación en los campos de lucha, mantuvo amistad
sincera con muchos de sus adversarios políticos, de
quienes recibió señaladas muestras de admiración.
Para las actuales y futuras generaciones es
importante resaltar algunas actuaciones suyas que destacan
su ejemplo de valor, patriotismo, carácter y honestidad
en sus ideas. Siendo gobernador en 1862 cuando el
desastre de las tropas antioqueñas en Cartago, Valle,
reclamó para sí la total responsabilidad, alegando que,
como gobernante, había comprometido a su pueblo en una
hazaña que terminó con mala ventura. A nadie más debía
enjuiciarse. Era él el mandatario y, por lo tanto, el actor
principal y quien merecía castigo. Ante esta actitud
Mosquera le pidió que continuara gobernando. La
respuesta fue simple: no comparto sus ideas, y, por lo
tanto, no puedo acatar su solicitud. Hace evidente cómo
era la concepción ética que se tenía de los deberes
doctrinarios de quien gobernaba.
Ocupando tal cargo, 1885-1889, le ordenaron
construir una carretera que podía influir en comodidades
para una pequeña finca que tenía cerca de Envigado.
Entonces, la vendió a un precio mucho menor
perjudicando sus propios intereses, pues opinaba que los
encargados de regir los destinos de un pueblo necesitan
no sólo ser honrados sino evitar hasta las sospechas
inevitables.
También cuando el presidente Reyes quiso
concederle una pensión de jubilación, en momentos de
angustias económicas, él la rechazó en estos términos:
“Me sentiría indigno de mi Patria, de mi partido y de mis
antepasados, si sintiéndome aún con vigor para ganar el
pan, aceptara una pensión… y si yo aceptara esa pensión,
interrumpiría mi sueño de hombre honrado, el tintineo de
las cadenas del presidio.” En ese entonces tenía más de
setenta años.
Estos son ejemplos que dignifican la historia para
quienes pretendan dirigir los destinos nacionales puesto
que representan el simple resplandor ético, que se volvía
conducta.
Y era que el “arisco montañés”, educado en el seno
de una familia donde el trabajo honrado fue su mejor
ejemplo, consideraba que la riqueza material, “que
sacrifica frecuentemente el honor y la virtud”, debía ser un
medio para evitar las penas de la miseria: adquirirla era
una previsión contra la invalidez de los años y contra las
enfermedades; pero jamás debía hacerse de ella el fin
primordial de la vida. Por lo que, el trabajo honrado,
además de fortalecer interiormente, era el medio más
eficaz para poder llevar una vida laboriosa, sin apuros
económicos.
Fue pues un hombre que enalteció su investidura
de abogado y político, ejemplo por sus virtudes, quien
ciñó con honor la espada del guerrero y maestro en todo el
sentido de la palabra. Sus últimos años los paso con cierta
dificultad económica; pues él a pesar de haber ocupado las
más altas dignidades nunca utilizó ese poder para su lucro
personal. Su poder político nunca lo confundió con
intereses de grupos económicos. Su existencia es espejo en
el cual se puede mirar la República.
Este paradigma de virtudes debería ser estudiado
prolijamente por la juventud que intenta dar sus
primeros pasos en su vida profesional, y podría servir de
norma, sin restricción, a cuantas personas figuran en el
escalafón de los estadistas y administradores de la cosa
pública.
Aunque el General Marceliano Vélez nació en el
siglo XIX, es necesario incluirlo entre los personajes
envigadeños del siglo XX, por su destacado desempeño en
esta centuria. El General Vélez Barreneche hizo parte de
un grupo de antioqueños prestantes, quienes dejaron las
bases políticas y económicas del desarrollo, tanto de
Antioquia como de Colombia para el siglo XX y lo que va
del XXI.
En este orden de ideas, recordamos tres de sus
valiosos legados, y que aún tienen vigencia en nuestro
actual desarrollo nacional.
1.- Su lucha por recuperar la margen oriental del
Atrato, Golfo de Urabá y mar de las Antillas que habían
sido arrebatadas a Antioquia, por medio de actos
provisionales y transitorios, desde 1846 y avalado en el
Gobierno de José Hilario López en 1851. Por ello en 1886
envía una exposición sobre dicho tema al Consejo de
Delegatarios. En ella hace una excelente defensa de los
límites del territorio antioqueño, en la parte noroeste y
norte.
Después de un recuento histórico y apoyado en
actos legislativos y administrativos, consideraba ese acto
contrario a la ley y se lamentaba por los funestos efectos
que para la riqueza general del país y de Antioquia
generaba este hecho. Y además, que debido a esa situación
los intentos por abrir un camino para la prosperidad de esa
región hubieran fracasado. Igualmente, veía en un futuro
no muy lejano las grandes ventajas que para esta región
traería la construcción del Canal de Panamá.
Termina el Doctor Vélez solicitando que se
reconociera el hecho de que un Decreto ejecutivo
transitorio, expedido para salvar dificultades
administrativas, no tenía carácter definitivo, ni era
superior a la ley y a la tradición; y que, en consecuencia,
los límites del Estado de Antioquia al Noroeste y Norte,
son los que señalaban las leyes anteriores a 1846. Pero fue
sólo durante el gobierno de Rafael Reyes, 1904-1909,
cuando Antioquia logra conquistar este propósito.
Esta región fue pues para el General Vélez uno de
sus mayores retos, ya que había comprendido bien la
importancia de este territorio, cuyas “selvas seculares,”
dice él mismo, “inexploradas absolutamente, depositarias
de inauditas riquezas en los tres reinos, han vegetado en el
aislamiento y en la soledad, secuestradas del mundo como
las regiones del Africa Central.” Por lo que se propone
abrir nuevos horizontes a los emprendedores habitantes
del Departamento, con cuyo fin dispuso se prolongase el
camino de Occidente hasta un río navegable, por el cual se
pusiera en rápida comunicación con el Atlántico.
Siendo gobernador entre 1885-1889, su mayor
preocupación fue pues la carretera al mar; abriendo un
camino a Occidente desde Dabeiba hasta aguas navegables
‘que condujeran a Urabá’; para vincular aquellas regiones
cuyas “poblaciones languidecen en terrible inacción”.
Podría decirse entonces que es allí donde está la génesis de
la carretera al mar.
Con el objeto de continuar el camino de Occidente
celebró un contrato para la construcción del Puente de
Occidente, que uniría la ciudad de Antioquia con las del
centro del departamento, el cual fue concluido en 1895.
Refiriéndose a esta obra, el periodista Oscar
Domínguez expresó: “la hermosa estructura que dentro del
sueño visionario del general Marceliano Vélez no sólo
puso a besarse una orilla con la otra, sino que integró el
interior paisa con el ninguneado Occidente”.
En 1995, cuando se celebró el centenario de su
inauguración, se estaba a las puertas de iniciar la
construcción del túnel de Occidente; hoy hecho realidad.
Dos momentos históricos diferentes pero un mismo
objetivo: integrar a Antioquia y buscar para Colombia un
más efectivo acercamiento al mar Caribe, por la vía al
golfo de Urabá. Lo anterior, ha llevado a considerar a
Marceliano Vélez, como uno de los grandes impulsores
del desarrollo de la región de Urabá.
2.- Se destaca su participación en la reforma
constitucional de 1910. El siglo XX tuvo un inicio muy
poco agradable: en sus primeros tres años tenemos la
guerra de los Mil Días y la separación de Panamá. Por tal
motivo, los grupos dominantes del país pensaron que si se
quería acabar con la pobreza generalizada y alcanzar la
prosperidad, era necesario hacerle reformas a la
Constitución del 86; éstas estarían dirigidas a reformar,
tanto la estructura política como económica del país.
Estos cambios fueron encabezados por el grupo
dirigente antioqueño en asocio con líderes de similar
mentalidad en otras regiones del país. Los principales
entre el grupo de los antioqueños estaban: Carlos E.
Restrepo, Pedro Nel Ospina y Marceliano Vélez, entre
otros.
Les correspondía por lo tanto, a los antioqueños,
ser los líderes de este movimiento, ya que durante todo el
período habían mantenido una línea de oposición con
grandes dificultades. Con ella, alcanzaron una gran
cohesión política a su alrededor.
Allí quedaron plasmadas varias de las reformas que
desde 20 años atrás, venía proponiendo el Dr. Vélez y la
élite antioqueña: prensa y sufragio libre, seguridad
personal, elección popular del cuerpo legislativo, entre
otras.
Luchó pues el General Vélez por un ideal de
gobierno que mediante la legalidad y la legitimidad
garantizara, de modo cierto los derechos políticos y
sociales a los asociados: seguridad personal, familiar,
garantía de la propiedad, en una palabra, inviolabilidad a
la vida humana y a los derechos inherentes a ella.
Puede decirse entonces, que las actividades
políticas del mencionado grupo dirigente, durante los años
1908 y 1910, estuvieron orientados a construir, paso a
paso, el edificio de las instituciones; para lo cual primero
era necesario recuperar los derechos individuales, luego
darle el carácter de representación popular a las
instituciones, y, por último, reformar la Constitución, de
tal modo que fuera la Carta común y nacional donde se
sintieran expresados los partidos.
Con la reforma política de 1910 se demostró la
posibilidad de relevo pacífico de los partidos en el
poder; y cómo una Constitución podía primar sobre los
intereses de los partidos. Se inicia entonces un nuevo
período en la historia política del país, para que las
generaciones posteriores conformaran un Estado-Nación,
que todavía se sigue buscando.
3.- Por último, tenemos la Ley 4 de 1913 sobre
régimen político y municipal, donde el Doctor Marceliano
Vélez fue el presidente de la comisión encargada de
redactar dicha Ley. Esta fue publicada en el Diario Oficial
No. 14.974, del 22 de agosto de 1913.
Esta Ley fue consecuencia del retorno a los
fundamentos de la organización territorial anterior al
General Rafael Reyes, que buscaba iniciar una etapa de
estabilidad legislativa.
En el TITULO I. DISPOSICIONES
PRELIMINARES y en su ARTICULO 1o. dice: “La
legislación relativa al ejercicio de las facultades
constitucionales de los Poderes Legislativo y Ejecutivo; a
la organización general de los Departamentos, Provincias
y Municipios; a las atribuciones de los empleados o
corporaciones de estas tres últimas entidades; a las
atribuciones administrativas del Ministerio Público, y a las
reglas generales de administración, constituye el régimen
político y municipal”.
Esta Ley conocida como “Código de Régimen
Político y Municipal” colombiano, sirvió para
complementar y potenciar la Ley 130 de 1913 que
estructuró la Jurisdicción Contencioso-Administrativa, la
cual con posteriores reformas constitucionales estableció
y diferenció la estructura y función de la Jurisdicción
Especial o Administrativa de la Jurisdicción Ordinaria.
Sin embargo, la Ley 4ª como vemos trasvasó su
intitulado, puesto que regulaba materias nacionales,
provinciales, departamentales y municipales y no solo en
aspectos jurídico-administrativos como parecía hacer
referencia puntual su intitulado.
Aunque este estatuto contiene disposiciones sobre
asuntos de carácter nacional, algunas todavía vigentes, la
mayor parte estuvo dedicada a las materias
departamentales y municipales que fueron sustituidas en
1986 por el Código de Régimen Departamental y el
Código de Régimen Municipal.
La legislación colombiana en materia de derecho
administrativo, comienza entonces su trabajo en el siglo
XX, desde la expedición de la Ley 4ª de 1913. Con
posterioridad a la expedición de esta Ley se siguieron
dictando leyes sobre estos asuntos como las de 1920,
1928, 1941, 1982, Reforma Constitucional de 1968, Acto
Legislativo Núm. 1 de 1986, entre otras.
La Ley 4ª fue modificada por la Ley 19 de 1958,
Decreto 2274 de 1988 y la nueva Constitución de 1991.
A partir de esta Constitución se da una
proliferación normativa que prosiguió en el sendero de la
potenciación del régimen jurídico administrativo del
municipio, con la expedición de la Ley 136 del 2 de junio
de 1994, “Por el cual se dictan normas tendientes a
modernizar la organización y el funcionamiento de los
municipios” y así se reglamenta al Municipio como
“Entidad Territorial” autónoma en el plano político,
administrativo y financiero. Prosiguiendo con las leyes 28,
134 y 152 de 1994, 200 de 1995, 610, 614 y 617 de 2000,
entre otras leyes dictadas durante estos ocho años del siglo
XXI.
Ha de tenerse en cuenta que el régimen políticoadministrativo de los municipios se reguló básicamente
por la Ley 4ª de 1913, con modificaciones posteriores que
se le hicieron hasta el año 58.
Como bien puede apreciarse este Código ha tenido
capital importancia en nuestra legislación, que hoy, con
muchas reformas, aún rige en nuestro ordenamiento
jurídico.

Por: Rocío Agudelo Salinas, Miembro de Número del Centro de Historia de Envigado y Miembro de Número de la Sociedad
Bolivariana de Antioquia.
Los más altos intereses de la comunidad como lema de vida del Doctor Joaquín Vallejo Arbeláez, llevaron a este grande e inolvidable colombiano a
proponer y defender ante la Honorable Asamblea de Antioquia, la creación de un bachillerato femenino. Esta idea fue cristalizada mediante la ordenanza Nº 37 del 24 de julio de 1935, por la cual se creó El Instituto Central Femenino, primer plantel oficial de educación formal para
la mujer colombiana Aunque ya existían en Medellín otros colegios femeninos como María Auxiliadora, La Presentación y la Enseñanza; el Instituto Central Femenino, fusión de la Normal de Institutoras y el Colegio Central de Señoritas, se convirtió en la primera institución educativa de donde
egresaron las primeras bachilleres que hubo en el país, con la posibilidad de incursionar en la universidad.
Para regir los destinos de un plantel, cuyos programas educativos rompían los esquemas culturales existentes, al proponerse “Hacer Pasar a la Mujer de las Agujas a los Libros”, era necesario contar con líderes educativas que estuviesen a la altura de los nuevos retos.
De ello tuvo plena conciencia el fundador; y por tal motivo, se entrevistó en París con la pedagoga española Enriqueta Séculi Bastidas, quien luego aceptó la convocatoria hecha por los consulados de Colombia en el exterior y se convirtió en la primera rectora de la naciente
institución, a la cual imprimió su huella de avanzada con una franca apertura en las posibilidades de capacitación para la mujer.
Luego de la mencionada educadora, distinguidas pedagogas antioqueñas ocuparon la rectoría de este claustro. Entre ellas se destacan: Mercha Quintero, MaríaBetancur, Lola González y María Ceballos Uribe. Esta última, fue nombrada el 23 de enero de 1951 mediante Decreto Nº 53, firmado por el gobernador de entonces, Doctor Braulio Henao Mejía; y ejerció el cargo hasta el  año de 1957, cuando fue reemplazada por la abogada Amparo Múnera Arango.

Doña María Ceballos Uribe, pertenecía a una distinguida familia envigadeña, formada por Don Sacramento Ceballos Gallo, senador de la República; y Doña Trinidad Uribe Montoya. Nacida el 21 de octubre de 1893, María cursó las primeras letras en la escuela oficial de Envigado, y luego realizó estudios secundarios en la Escuela Normal de Institutoras de Medellín, donde recibió el título de “Maestra de Escuela Superior” en el mes de
noviembre de 1913.

Inició entonces su carrera docente en el año de 1914 en la “Agrupación Segunda de Niñas”, de Medellín.  En 1920 fue nombrada directora de este mismo establecimiento; y, mediante Decreto 126 del 03 de noviembre de 1932, suscrito por el Secretario de Educación, Doctor Julián Uribe; fue promovida a la Dirección de la escuela Anexa a la Normal de Señoritas, en reemplazo de Mercedes Yepes Isaza quien había fallecido.
Pero la carrera de esta insigne educadora no se detiene allí. El 23 de enero de 1951, mediante Decreto Nº 53, expedido por el gobernador de  Antioquia, Doña María Ceballos recibió el nombramiento de Directora del Instituto Central femenino, en reemplazo de la educadora,
doña Lola González.
En este destacado centro de Educación femenina, de donde egresaron las mujeres que posteriormente se convertirían en las primeras profesionales de Colombia, Doña María Ceballos sobresalió por sus capacidades de administradora educativa, al integrar un equipo líder que permitió romper los esquemas tradicionales en la formación de la mujer, para dar continuidad al camino trazado por sus antecesoras, dando énfasis a la formación
y capacitación de sus congéneres para el ingreso a la universidad.

Ubicada en el contexto socio-cultural de la época – mediados del siglo XX- no podía ser menos que una dama de costumbres austeras, recatada,  discreta, prudente, pero de gran firmeza en sus decisiones y bastante moralista, como lo recuerdan quienes fueron alumnas del Central
Femenino y del Instituto Isabel La Católica, como se llamó posteriormente a la institución, por aquellos años.
También se dice de ella que fue una gran lectora, con preferencia por los clásicos de la literatura y los místicos españoles.  Su estricta concepción de la moral cristiana, la llevó a extremos tales como el veto del capítulo correspondiente a la reproducción, en el área de Biología y Anatomía, en la convicción de que estos conocimientos, en lugar de ayudar a la formación de la juventud femenina, contrariaban las normas de la moral y las sanas
costumbres. Dichas posiciones extremas, aunque bien intencionadas y de buena fe, empezaron a generar cierto inconformismo entre el estudiantado y en los mismos docentes encargados de las mencionadas áreas. Este descontento llegó hasta el extremo de generar un movimiento de protesta estudiantil, que a la postre produjo la salida de la rectora Ceballos Uribe, en cuyo período se había producido el cambio de nombre de la Institución educativa, de Central Femenino por ISABEL LA CATÓLICA, nombre que tuvo bastante rechazo entre la comunidad educativa, porque simbolizaba el revivir del colonialismo español. Sin embargo debe aclararse que la rectora Ceballos Uribe, en nada tuvo que ver con estos cambios,  provenientes, presumiblemente del capricho o interés particular de algún político de turno.
El movimiento estudiantil de protesta, ocurrido durante la rectoría de la educadora María Ceballos Uribe, ha sido considerado como la primera huelga estudiantil femenina que se produjo en nuestro país. Fue un hecho de gran impacto social que contó con el apoyo de los estudiantes de la Universidad de Antioquia, en su sección de Bachillerato. En medio de todo este acontecer, es justo destacar la circunstancia de que nos hallábamos frente a los dos establecimientos educativos oficiales de educación secundaria, con el mayor nivel académico del  departamento, entre las  instituciones educativas oficiales y las privadas: El Instituto Isabel La Católica y la Universidad de Antioquia.
La brillante carrera de la educadora Ceballos Uribe y sus grandes aciertos administrativos, posteriormente la hicieron merecedora del  nombramiento para regir los destinos de la educación en Antioquia, como Secretaria del ramo. A pesar de la huelga estudiantil, que en nada
demerita el desempeño de la rectora Ceballos Uribe, puede afirmarse que esta educadora dejó una institución orgullo de Antioquia, en donde, como se dijo al comienzo, se formaron las primeras y más destacadas profesionales del departamento y del país, quienes indudablemente han
dejado una impronta, a su paso, por las universidades, las instituciones políticas, económicas, sociales, académicas y científicas, siempre con el orgullo de ser egresadas del Central Femenino, Isabel La Católica o del Centro Educacional Femenino de Antioquia CEFA.
Durante cuarenta años sirvió a la educación Doña María Ceballos Uribe, dejando un gran legado de interesantes escritos sobre temas pedagógicos, para cuya publicación jamás pidió ayuda oficial, dada su exagerada modestia. Así mismo, se cuenta que en sus conferencias, siempre hizo gala de una buena capacidad de improvisación. Las altas calidades personales y profesionales de Doña María Ceballos Uribe, la hicieron acreedora del
nombramiento de “MAESTRA DE LA JUVENTUD FEMENINA DE ANTIOQUIA”, titulo otorgado mediante decreto Nº 397 del 08 de octubre de 1959, expedido por el  Gobernador de Antioquia, Doctor Alberto Jaramillo Sánchez. Esta máxima distinción para un educador, que se
mantiene hasta nuestros días, y que tiene carácter de vitalicia, se concede bajo las siguientes exigencias:
a). Haber ejercido la docencia en cualquiera de los grados de instrucción, en establecimientos oficiales o privados, por un tiempo no menor de 20 años.
b). Haber observado una conducta edificante que pueda considerarse como dechado de vida del genuino educador.
c). Haber sobresalido por la labor docente y la elaboración de alguna obra didáctica de mérito, a juicio del jurado, compuesto por el Secretario de Educación, el Presidente de la Comisión de Educación de la Asamblea Departamental, dos rectores de Institutos de Bachillerato nombrados por el Gobernador; y el Jefe de Enseñanza Secundaria. Con el lleno de los requisitos anteriores, la Gobernación se ciñe al resultado de las elecciones  echas
por los distintos integrantes del cuerpo directivo y profesoral, en fecha señalada por la misma entidad degobierno, dentro del mes siguiente a la muerte del Maestro o Maestra de Juventud que se pretende reemplazar. Los electores participan de la forma que se expone a
continuación:
1. Voto de los rectores y profesores de todos los establecimientos oficiales y privados, de bachillerato, enseñanza normalista, comercial e
industrial, del departamento.

2. Voto de los Jefes de enseñanza primaria y secundaria y los visitadores escolares de ambos grados de instrucción
3. voto de los maestros jubilados que hubiesen ejercido el cargo por más de cinco años en el grado de secundaria.
4. Voto de los Centros de Estudios Pedagógicos (uno por cada Centro). El docente que obtenga este galardón, aparte del estímulo económico, se convierte en asesor para los estudios de problemas educativos, cuando la secretaría del ramo así lo requiera. Por su parte, el Gobierno Nacional, otorgó a la docente María Ceballos Uribe, la medalla “CAMILO TORRES”, máxima condecoración que se otorga en el campo educativo: y así mismo, el Gobierno departamental le concedió la medalla “PADRE MIGUEL GIRALDO”, que es otro galardón al mérito en la docencia.

Fuentes:
Gacetas Departamentales Nº 3954, 6786 y 8.034,
Archivo Histórico de Antioquia.
Ordenanza Nº 27 de diciembre 14 de 1959,
Archivo Histórico de Antioquia.
“Monografía de Envigado”, Sacramento Garcés.
“Semblanza de Joaquín Vallejo Arbeláez, fundador
del CEFA”, ensayo de Margarita Restrepo Olano.
“Personajes de Antioquia”, Julián Pérez Medina
Entrevista con los educadores Víctor Durán
González y Conchita Domínguez de Durán, esta última,
egresada del Instituto Isabel La Católica; quienes tuvieron
conocimiento directo de la biografiada.

Por: Martín Hoyos Gallo, Miembro de número del Centro de Historia de Envigado

Fue un ciudadano y sacerdote ejemplar,  hasta el punto que el papa Juan Pablo II le dió el título de “Prelado de honor”. Fue de prodigiosa memoria, elocuente y convincente predicador del Evangelio, además de destacarse como un extraordinario orientador de juventudes, no sólo en el aspecto académico sino también en el campo espiritual. Todo lo cual son título suficientes para catalogar a nuestro personaje, como gloria del oriente antioqueño y orgullo de la ciudad de Envigado.

Cupo al municipio de el Peñol la suerte de arrullar su cuna, teniendo en cuenta que allí nació, en el hogar formado por los distinguidos y cristianos esposos Don Leocadio Villegas y Doña María Luisa Giraldo, el día 10 de abril de 1926, correspondiéndole el número 13 de sus 19 hermanos entre hombres y mujeres, de los cuales, dos fallecieron siendo aún niños.

EL ESTUDIANTE:

El niño Eugenio, a imitación de Jesús de Belén, fue creciendo al lado de sus padres, y desde muy temprana edad empezó el estudio de las primeras letras en el Colegio León XIII de su tierra natal y terminó el ciclo de primaria en La Escuela “Joaquín Antonio Uribe” de Medellín a donde se había trasladado con su familia.

En la edad adolescente cursó sus estudios de bachillerato en el Seminario Menor de la Arquidiócesis, en donde además cursó algunas materias propias del ciclo de preparación al presbiterado para luego pasar al Seminario Mayor en donde cursó los estudios de filosofía y teología, culminando esta etapa con la sagrada orden del Diaconado que recibió del prelado Arquidiocesano el 1° de noviembre de 1962.

EL SACERDOTE:

Un año más tarde, es decir en 1953, el Excelentísimo Señor Joaquín García Benítez, titular de la Arquidiócesis consagró al diácono Eugenio Villegas Giraldo como “Sacerdote Eterno según el Orden de Melquicedec” y así, el nuevo sacerdote, antes de iniciar su meritoria misión apostólica cantó su primera Misa solemne con el alborozo de su familia y coterráneos, el 1° de enero de 1954, en el Templo Parroquial de El Peñol, su tierra natal.

Y es así como a principios de 1954 le corresponde iniciar su labor sacerdotal en la Parroquia de N.S. del Rosario de Bello, donde más tarde pasó a la Parroquia principal de Itagüí hasta completar tres años, es decir hasta el año de 1957 cuando llegó por orden superior a Envigado como cooperador del Padre Pablo Villegas López, en la Parroquia de Santa Gertrudis la Magna, con la satisfacción de haber cumplido una misión muy importante a favor espiritual de las dos Parroquias en donde le correspondió iniciar el pastoreo de las almas.

Cuatro años aproximadamente le correspondió ejercer su apostolado en la Parroquia de Santa Gertrudis en donde se destacó no sólo como gran orientador espiritual haciendo gala de su oratoria y su capacidad de convencimiento ante su auditorio, sino igualmente como orientador de la niñez y de la juventud, como quiera que su misión apostólica no se concretó a la Parroquia sino también a la de director del Liceo Restrepo molina.

EL FUNDADOR:

Su período en Santa Gertrudis no fue muy largo, pues en enero de 1961 la Curia Arquidiocesana expidió el decreto No 232 por medio del cual fueron creadas 29 nuevas parroquias y entre ellas San Marcos, San Mateo y San Rafael en Envigado, y fue entonces cuando el Excelentísimo Sr. Tulio Botero Salazar, Arzobispo de Medellín, llamó al Padre Eugenio Villegas y le encomendó la fundación de la Parroquia de San Marcos cuya jurisdicción fue demarcada en el Barrio La Magnolia y sectores inmediatos y circunvecinos.

Su primer paso en el esfuerzo de la parroquia de San Marcos fue la construcción de una pequeña ramada en una calle, la cual sirvió de primera Capilla en donde se instaló el Santísimo Sacramento y se administraban todos los demás sacramentos eclesiásticos.  Valga la pena sí, tener en cuenta que para la fundación de la nueva Parroquia encontró una comunidad muy entusiasta y muy colaboradora si se tiene en cuenta que entre los hombres se constituyó una junta de caballeros que se dedicaron a colaborar activamente con el nuevo párroco en las distintas actividades y el sector femenino también desplegó su actividad, conformando el famoso Comité de las Empanadas, el cual aportó muchos beneficios a favor de la ejecución de tan magna obra.

En aquel entonces, el padre Villegas se hospedó en la casa de Doña Nena Gómez, al frente de los terrenos donde sería levantada la primera capilla, casa en la que  en un principio se guardaba el Santísimo Sacramento. Viendo el Sr. Carlos Ángel Tamayo, la precaria situación del nuevo Párroco, le ofreció una casa para que viviera en ella. Allí fijó su residencia el Cura Párroco, y un corredor era a la vez comedor, sala de despacho parroquial y salón de clase, en donde un pequeño grupo de chiquillos, bajo la dirección amable de Sor Benita, religiosa de las Siervas de Cristo Sacerdote, dio comienzo a la obra de enseñanza porque en aquel tiempo se carecía de un plantel educativo.

Fueron aquellos días en los que se iba levantando la capilla hasta que fue una realidad el templo parroquial en terrenos cedidos con la generosidad de algunos feligreses, tales como los de la familias Jaramillo, con doña Concha a la cabeza, gran benefactora. También se pudo establecer y construir el colegio o Unidad Educativa San Marcos, obra en la cual el padre Eugenio logró con los políticos de Envigado conseguir los fondos necesarios para su construcción. Igualmente hay que destacar la colaboración muy eficaz de Don Pacomio Vélez, quien donó las lámparas para el nuevo Templo. Este Templo del Señor, y en honor a San Marcos, fue inaugurado el 15 de agosto de 1967.

UN CURA SERENATERO:

El padre Eugenio, para conseguir fondos para la construcción del Templo, se ideó un programa para llevar serenatas a las familias pudientes del barrio y de esta manera conseguir los medios que tanto necesitaba.

Su eslogan era: “Escuche esta serenata que otros seguirán su ejemplo. Es San Marcos quien la ofrece para levantar su templo”.

Esta era la primera estrofa de un bambuco compuesta por el mismo padre Villegas y la cual le servía de introducción a las serenatas que durante algunos meses se escucharon por todo el barrio. En una de sus homilías anunció a sus nuevos feligreses que llegaría personalmente a la puerta de sus casas para cantar una serenata con canciones colombianas, por la que cobraría la suma de cincuenta pesos destinada a la obra del Templo. Se acompañaba del tiple, y era para sus gentes una novedad ver a un cura joven cantando bambucos, se dice que muchos de sus feligreses lloraban de emoción y estos empezaron acompañarlo en las noches inclusive si llovía o bajo torrenciales aguaceros.

En esta maravillosa y motivadora labor musical, el Padre Eugenio llegó hasta cuatrocientas serenatas, con un total de dos mil doscientas canciones, lo que le produjo en ese entonces (1961), la no despreciable suma de veinte mil pesos con la que formó el primer fondo para empezar a construir la Parroquia que hoy día, es orgullo de Envigado y sus gentes. Aunque no faltaron quien lo criticaba y llevaron sus notas a la Curia, con acusaciones manifiestas por su proceder, pero ellas fueron desestimadas por las autoridades eclesiásticas.  Una manera de defenderse de sus acusadores fueron sus magníficas palabras: “Dios es música, Reverendísimo Padre, y los párrocos no podemos cruzarnos de brazo a esperar que con solas limosnas, en una Parroquia que inicia, se hagan milagros. Estoy honrando a Dios y procurando que Él llegue en verdad al corazón de mis feligreses, en plan de educación y en música de mi patria.”

Cuando El Obispo Auxiliar, Monseñor Miguel A. Medina fue a visitarlo y conocer de cerca su obra, pudo constatar cómo vivía pobremente y al escuchar sus canciones y sus guitarras, encontró que eran todas, perlas musicales que levantan el espíritu, dignifican el amor y hacían más sólida la unión de la familia cristiana. Reconoció su labor y le dijo que no hiciera caso de aquellas personas que no lo comprenden y continuara con su labor apostólica y cristiana.

EL EDUCADOR:

A la vez que se levantaba la nueva parroquia, se comenzó a gestar la labor educativa y pastoral en bien de la comunidad. El decía: “Soy hijo de un Maestro, de un Educador, de un hombre ungido por Dios, a quien colmó de prerrogativas y de dones especiales, que supo poner al servicio de los demás, para el brillo de las obras que dan gloria a Dios en la vendimia de sus frutos.”  Fue así como se esforzó para realizar su principal legado para la juventud del barrio y que ha de ser siempre recordada.

En acatamiento a la orden de su superior jerárquico, en el mes de febrero de 1998, el padre Eugenio se le traslada a la Parroquia principal de Envigado, Santa Gertrudis la Magna, después de servir durante 27 años en su parroquia de San Marcos. Fue nombrado Párroco principal y allí también dirige los destinos del Liceo Francisco Restrepo  Molina, en una labor educativa envidiable, donde se distinguió por su orientación espiritual para la niñez y juventudes en dicho plantel educativo.

Fuera de ello, se dedica a su labor Pastoral Social, reorganizando el servicio gratuito de mercados y atención médica para las familias carentes de recursos. Se preocupa igualmente el padre Eugenio, en el mantenimiento y enlucimiento del Templo. Dotó a la parroquia de una emisora en estéreo para promover y divulgar el evangelio y para transmitir los actos especiales de la Semana Santa, las fiestas patronales y eventos culturales. Además de realizar múltiples acciones para mejorar las dotaciones educativas con las cuales contaba la parroquia.

 FALLECIMIENTO:

Muere el 20 de septiembre de 1996, un viernes a la una de la tarde.  Fue un hábil administrador, visionario. Educador, infatigable en su labor pastoral, emprendedor e intachable levita de Cristo. Uno de los más inspirados oradores, comprensivo confesor, insigne maestro.

El último año del Padre Eugenio al frente de la Parroquia y del Liceo tiene tintes quijotescos: conservó una inquebrantable voluntad de servir, que recogía en una de sus últimas homilías: “Señor, Quiero vivir más. Para servir más” y decía en otra ocasión: “Las personas pasan, pero las obras quedan”. Su obra fue de gran trascendencia para la iglesia, para la educación y para el progreso de la Ciudad Señorial.

Todavía en su lecho de enfermo, alimentaba en su corazón proyectos y luchaba con heroísmo contra el dolor, sin abandonar sus labores, hasta que tuvo que dejarlos por encontrarse casi inmóvil.

Fue una pérdida irreparable para los envigadeños, de este Levita, lleno de amor por su prójimo y dado al servicio de los demás, persona incansable en sus labores y destinado por la Providencia hacer desde sus primeros años la voluntad de su Creador, cuando lo destinó al servicio religioso, para que continuara con una labor apostólica que fue su meta y que conservó hasta el final de su existencia.

TÍTULOS Y CARGOS OBTENIDOS.

  • Sociólogo Universidad Pontificia Bolivariana.
  • Máster en Educación Administrativa de la Universidad de Antioquia.
  • Sociología Religiosa en la Universidad de Salamanca, España.
  • Coadjutor, Vicario Colaborador, Párroco, Monseñor.
  • Profesor de bachillerato del Seminario Mayor de Medellín
  • Delegado por la Arquidiócesis para la educación a congresos educativos en varios países.
  • Decano de bachillerato de la U.P.B.
  • Director de las Escuelas Eucarísticas de Medellín.
  • Miembro de juntas de varias instituciones cívicas.

 SÍNTESIS CRONOLÓGICA.

  • Nace en El Peñol, el 10 de abril de 1926.
  • Es ordenado sacerdote el 1° de noviembre de 1953. Obtuvo el grado de Sociólogo de la Universidad Bolivariana.
  • Cantó su primera misa el 1° de enero de 1954.
  • Entre 1953 y 1957, es el Vicario Cooperador en las parroquias de Nuestra Señora del Rosario en Bello y en la Parroquia de Itagüí.
  • En 1957 llega como Coadjutor del Párroco de Santa Gertrudis en Envigado.
  • Durante el año de 1961 se crea la nueva Parroquia de San Marcos y es nombrado párroco.
  • En 1966 viaja a los Estados Unidos y consigue un mimeógrafo para las publicaciones del Templo y del Colegio.
  • En 1967 se inaugura el nuevo Templo de San Marcos en Envigado.
  • En 1977, funda el Consejo Pastoral en su Parroquia.
  • En 1978 fallece su hermano Jairo Humberto Villegas Giraldo, profesor y benefactor de UNESAM.
  • El 27 de octubre de 1981, fallece su otro hermano el Dr. Arturo Villegas Giraldo quien fue representante a la Cámara.
  • Durante el año de 1983, fallece víctima de un atentado, el Dr. Oscar Arturo Villegas Giraldo otro de sus hermanos.
  • En febrero, de 1988 El Padre Eugenio se despide de la Parroquia y asume como Párroco de Santa Gertrudis y de Rector del Liceo Francisco Restrepo Molina.
  • En 1990, participa en las celebraciones de los 30 años del Liceo Francisco Restrepo Molina con programación especial durante todo el año.
  • 1991, fue director designado por la Iglesia Arquidiocesana, de las Escuelas Populares Eucarísticas. Eran ocho centros educativos con 1.420 alumnos en barrios marginados de Medellín.
  • Recibe en el año de 1991, de su Santidad Juan Pablo II, el honroso título de “Prelado de Honor de su Santidad”.
  • En 1996, año de su partida, se despide de su feligresía y fallece, el 20 de septiembre del mismo.

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Por: Miguel Peláez Posada, Miembro de número del Centro de Historia de Envigado

 La historia, siempre fiel a la verdad, recoge las huellas iluminadas de los hombres que han cumplido un protagonismo en los pueblos.

Para Antioquia y en particular para Medellín y Envigado es un honor contar con la vida de este eximio ciudadano que honró con su ministerio sacerdotal a la Iglesia colombiana y con su sabiduría al pueblo antioqueño. Este benemérito varón es el padre Germán Montoya Arbeláez, cura párroco de la Candelaria por muchos años, colaborador de los arzobispos José Manuel Cayzedo y Joaquín García Benítez, promotor social de la doctrina de la Iglesia Católica, asesor espiritual de los grupos obreros de la ciudad de Medellín y sacerdote de altas virtudes cristianas.

Nace en Envigado el 15 de mayo de 1885 y muere en Medellín el 19 de junio de 1967.

Sus  progenitores pertenecen a una familia de noble rango social. Su padre, el doctor Justiniano Montoya y Ochoa, descendiente directo de don Lucas de Ochoa. Estudió en el Colegio Seminario de Santafé de Antioquia y se graduó de médico en Santafé de Bogotá cuando apenas contaba 19 años. Se especializó en cirugía en París. Fue profesor de Anatomía en Medellín y Rector del colegio de San José de Marinilla, semillero de hombres ilustres que han honrado a la Iglesia, a la Patria y a las Letras. Fue representante al Congreso Diputado a la Legislatura Antioqueña, Prefecto de la Provincia de Oriente.

Participó en la guerra civil y obtuvo el grado de Coronel. Su madre fue la matrona María de la Luz Arbeláez, hermana, hermana de Monseñor Vicente Arbeláez, Arzobispo de Bogotá y de Eliseo, el héroe de Carolina.

 

Es bautizado en la Iglesia de Santa Gertrudis la Magna y recibió el nombe de Germán Isidro Bernardino. Su infancia la pasó en la hacienda La Primavera, rodeado del afecto de sus padres. Cursó sus estudios de primaria en las escuelas de Envigado y luego en el Colegio San Ignacio de Medellín, bajo la dirección espiritual de los Padres Jesuitas. Allí recibió con fervor amoroso a Jesucristo y preparó su corazón para servirlo con humildad y señorío. Correspondió modelar su alma al Padre Luis Javier Muñoz, gran orador, educador de la juventud y más tarde Arzobispo de Guatemala.

Por motivos de salud viaja a la ciudad de Popayán y se matricula en la universidad. Pasa luego al Seminario de Manizales, con el amparo y protección de Monseñor Gregorio Nacianceno Hoyos, amigo de sus padres y finalmente se traslada a Medellín, para terminar su formación apostólica y prepararse para recibir su Ordenación Sacerdotal de manos de Monseñor Manuel José Caicedo, Arzobispo de Medellín, el 1 de noviembre de 1910.

 

Este joven sacerdote cumple una tarea muy activa: es nombrado Prefecto General del Seminario, Síndico, Profesor y Vicerrector por espacio de 10 años.

Capellán de la Escuela Tutelar Departamental, de la Casa del Bue3n Pastor. Director Arquidiocesano de la Ación Católica, Director del Patronato de Obreras, de las Salas Cunas, fundador de la Congregación de Obreros de San José y de la Juventud Católica, Director y fundador de la Casa de Protección de la Joven, fundador y miembro de la Junta Directiva y profesor de la Normal Antioqueña de Institutores, Asesor de la Sociedad de San Vicente de Paúl de Medellín y Cura de la parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria, por muchos años, Parroquia de la Catedral. En 1935, uno de los principales organizadores  del II Congreso Eucarístico de Medellín.

 

Puede afirmarse que el padre Germán era el vocero del señor Arzobispo de Medellín en todos los movimientos sociales y el auténtico asesor espiritual de los mismos. Siempre se le reconocía su sabiduría, su prudencia, su actividad apostólica y su disponibilidad para la formación de los grupos laicales que ya empezaban a establecer en la ciudad su protagonismo.

 

Al Padre Germán se le confiaron las más difíciles tareas para solucionar los conflictos sociales, para resolver los problemas y enfrentamientos entre los grupos eclesiales, para proteger los derechos de los obreros y de los grupos más débiles en  los estamentos sociales.

Se le reconocieron sus dotes de gran organizador. Con temple majestuoso, sin matices despóticas, solucionó todos los problemas y supo con señorío manejar el temperamento autoritario de los señores arzobispos Manuel José Cayzedo, Tiberio Salazar y Herrera y Joaquín García Benítez. Estos arzobispos estaban formados para imponer una rígida disciplina eclesial y su palabra tenía que ser acogida sin reservas. El padre Montoya supo dialogar con todos y su consejo fue acogido con respeto. Merced a su aplomo la Conferencia Episcopal de Colombia le encomendó una misión difícil para entrevistarse con el Cardenal Eugenio Pacelli, Secretario de Estado de su Santidad Pío XI, y con el Cardenal Pizzardo, para rendirles un informe detallado sobre asuntos confidenciales de la política nacional. Colombia enfrentaba una crisis social complicada con motivo de la reforma del Concordato y el Clero estaba dividido en dos frentes: uno que lo apoyaba y otro que lo rechazaba. La misión del Padre Germán Montoya fue discreta, sabia y amistosa con todos.

 

Su participación no mostró recelos ni tampoco se prestó a divisiones en la jerarquía episcopal. Por esta razón, el Padre Montoya, fue uno de los sacerdotes más respetados en la Arquidiócesis. Por derecho propio fue un líder actualizado. Mostró talento, energía, vitalidad y hombría en cada uno de sus actos.

 

El Padre Manuel José Sierra, en unión con el Padre Germán Montoya Arbeláez y distinguidos jóvenes promovieron la fundación de la Universidad Católica Bolivariana, como una respuesta a serios enfrentamientos entre profesores y estudiantes de la Universidad de Antioquia. Años más tarde, la Santa Sede le confirió el honor de Universidad Pontificia.

 

El Padre Sierra, como Director de la Juventud Católica, funda el periódico La Defensa, Semanario Católico, como vocero de este movimiento. Lo reemplaza el Padre Montoya y de Semanario lo transforma en diario. Años más tarde, este periódico se convierte en vocero oficial del Partido Conservador de Antioquia. El Padre Montoya no se deja contaminar de la política, abandona la dirección y funda el Obrero Católico, como vocero de las reivindicaciones sociales de los obreros y empleados. Inicia una campaña a favor de la educación de la niñez abandonada, de la rebaja del costo de la vida, defensa del salario de los trabajadores, crea bolsas para empleo de los obreros, defiende la moralidad de la ciudad y abandera una campaña global para combatir la prostitución.

 

Cuando este Semanario entra en crisis económica, auspicia la fundación del Heraldo Católico y apoya a don Arturo Palacio Mejía y a José López Henao para que esta tribuna católica sea el paradigma de la juventud cristiana de esta ciudad. No contento con su obra, el padre Montoya, establece la formación de la niñez y la juventud, creando Escuelas Dominicales para la formación, alfabetización y cultura de los adultos.

 

El Padre Germán Montoya Arbeláez se preocupa por la doctrina social de la Iglesia y tomando como base fundamental para su estudio la Encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII, funda un grupo de laicos para investigar estas enseñanzas y practicar estas doctrinas en la ciudad. El Arzobispo Joaquín García Benítez toma en serio este magisterio de la Iglesia, estimula la acción del Padre Germán, lo nombra Director y Presidente de la Acción Social y de la Acción Católica Arquidiocesana y dispone la fundación de un Instituto Obrero para la capacitación de los trabajadores. Colaboran en esta obra los profesionales laicos y dan principio a un movimiento sindical, para defender a los obreros. Se fundan los sindicatos de Barberos, de Choferes, de Loteros y de Lustrabotas para defender sus derechos y velar por su bien económico y moral. Visita a las empresas y propone a éstas capacitar a sus trabajadores. El proyecto es respaldado por los industriales y comerciantes. Centenares de trabajadores de ambos sexos asisten a las clases nocturnas y reciben su formación hasta obtener diplomas que los acreditan para mejorar en sus oficios y ascender en la escala salarial. Organiza un Dispensario de consulta médica, una farmacia para venderles los medicamentos a precios moderados y establece consultorios médicos para atender a los más necesitados. Su acción es cada vez mayor: Organiza la Unión Caritativa de San Pablo para atender a los sacerdotes enfermos o ancianos. Instituye la Casa de la Protección de la Joven, como residencia para niñas huérfanas o desamparadas y organiza Hogares para los jóvenes que vienen de los pueblos a estudiar o trabajar en la ciudad, bajo la dirección de Comunidades Religiosas entre ellas, los Hermanos de María Inmaculada.

 

Una de sus obras preferidas es la Congregación de los Obreros de San José, fundada por los Padres Jesuitas en 1848. En este instituto se prestaron servicios a los obreros, como Caja de Ahorros, mutuos auxilios para enfermedad, estudio, entierros, pago de bóvedas en los cementerios y préstamos para sus necesidades domésticas. Se establecen filiales en los pueblos. Con el Padre Luis Eduardo Gómez, Cura de la Catedral, en Jericó

desarrolla una labor similar muy exitosa.

Su labor más benéfica es la creación del Instituto “Juventud Obrera Católica” –JOC- de tanto renombre en el país. Los obreros reciben instrucción gratuita en diversos oficios, industrias y artesanías. Se les infunde un espíritu de servicio, solidaridad, compañerismo, con disciplina rígida, casi militar. Para atraer a la juventud organiza excursiones periódicas al campo, durmiendo bajo carpas. Cada grupo prepara sus alimentos y aprenden a vivir en comunidad. Los que vienen de los pueblos encuentran hogares que los acogen, mediante el pago de una modesta pensión. Esta obra se alimenta de la caridad cristiana.

 

Se fundan Casas Campesinas para acoger a los artesanos y campesinos que vienen a vender sus productos en la ciudad. Se les ofrecen servicios de comedor y dormitorio los primeros viernes de cada mes y los sábados y domingos.

 

Difícilmente encontraremos un sacerdote de esta calidad en Colombia. Ya anciano es removido del curato de la Candelaria. Fue dolorosa su separación de esta parroquia. Personalmente se sintió afectado en su sensibilidad y esto agotó sus fuerzas vitales. Sus obras sufrieron la separación de su protector y hoy sólo quedan recuerdos de su apostolado. Puede afirmarse: pocos como él; ninguno igual a él.

 

En 1942 la Santa Sede separa la Diócesis de Jericó y Santa Fe de Antioquia. En la primera nombra como Obispo a Monseñor Antonio José Jaramillo Tobón, un virtuoso y santo sacerdote. En la terna presentada al Santo Padre figuró la noble persona del Padre Germán Montoya Arbeláez. En la segunda se confirmó la persona de Monseñor Francisco Cristóbal Toro Correa, carismático pastor antioqueño.

 

El Padre Germán estuvo en el curato de la Candelaria desde 1931 hasta 1958.

 

Para comprender mejor su misión, veamos un concepto de Sagredo, periodista de El Tiempo:

 

“La sacristía de su templo es consultorio espiritual de los medellinenses, y oficina de larguezas corporales: allí acuden los jerarcas en ruego de consejo; allí los sacerdotes en busca de calor fraternal; allí las altas autoridades en demanda de colaboración; allí los religiosos en petición de sosiego a su conciencia; allí los padres de familia en requerimiento de orientación para sus hijos; allí los intelectuales en postulación de luz guiadora; allí los universitarios en súplica de ayuda; allí las viudas en solicitud de protección; allí los periodistas en instancia de dirección y en plan de apostolado; allí los obreros en conjuro de sostén para la reivindicación de sus derechos conculcados; allí los magnates en ofrenda de ayuda, con sus bienes; allí los desocupados en petitoria de recomendación para un empleo; allí los pobres en pedimento de limosna; allí los angustiados en deprecación de socorro; allí los niños en pido inocente de bienhechora bendición; allí las heteras, cuya conversión ha iniciado en su mismo sitio de pecado, en plegaria de paz y perdón.”

 

El Padre Montoya aspiró a recluirse en la Cartuja de Montealegre, en Barcelona. Solicitó a Monseñor Cayzedo permiso y licencia para desvincularse de la Arquidiócesis. El Arzobispo no consintió en separarse de este santo sacerdote y le escribió :

 

“ Que el Señor me lo guarde mil y mil años y que en pago de lo que usted trabaja en bien de mi rebaño, le aumente su amor, del que es fruto el celo por las almas. Dígame, hijo mío: si usted se hubiera ido, se habría hecho todo esto! Y quiero callar todo lo demás… Con lágrimas en los ojos le envío mi paternal bendición.”

 

En 1949, el Padre Germán visitó a la Madre Laura Montoya Upegui, en su lecho de muerte. La asistió en su agonía y la despidió con amor hacia ese tránsito de vida terrenal al reino de los cielos.

 

 

Para terminar esta semblanza, quiero transmitir algunas palabras de Monseñor Juan Manuel González, su gran amigo y confidente:

 

“Si viera como  gozo con sus cartitas, pero no es por lo que me cuenta, es porque en ellas bulle su alma que es lo más interesante para mí. Hasta ese cabello ondulado, esas manos finas y largas, ese “porte alcantarino”, ese dramatismo suyo tan apostólico, tan hondo y tan sincero que viene retratado en ellas. Si Germancito, pensar que Jesús tiene allí, en el cofre de su pecho de usted, un corazón que siente, palpita, se mueve, lucha como el suyo, por la gloria del Padre, es un júbilo para mi alma. Y cuando me dice que trabaja como en sus mejores años, yo le digo, no es usted, es la gracia, el celo de su gloria, el amor de Él, lo que no le deja calma para envejecer. A reposar en el cielo…El suyo va a ser muy grande…Jesús se complace en su sacerdocio.”

 

El padre José Gabriel Tisnés J., escribió una biografía del Padre Germán Montoya Arbeláez y en ella puso no sólo su inspiración, sino todo el corazón para el amigo, el colega, el pastor y el gran confidente de todos sus afectos.

Han pasado muchos años y aún no se ha encontrado en la Arquidiócesis de Medellín  un sacerdote de esta talla, un servidor de Jesucristo en la plenitud de su ministerio.

Necesitamos hombres y en particular sacerdotes que irradien la luz espiritual de este benemérito hijo de Envigado, gloria de Antioquia y de Colombia.

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Por: Carlos Enrique Jurado Giraldo, exmiembro de Número.

nació en el municipio de Titiribí (Antioquia), el día ocho (8) de noviembre de 1931. Fue hijo de don Vicente Arango Restrepo y doña Carmen
Luisa Montoya Díaz. Su familia se ha Después de participar en varias obras evangelizadoras se desempeñó como Director del Museo
Etnográfico “Miguel Ángel Builes” de Medellín y fue Director de La Revista Etnia, dedicada a la divulgación del pasado y el presente de nuestra población indígena.

Perteneció a La Academia Colombiana de Historia Eclesiástica y a la Asociación Colombiana Indigenista. Ingresó como Miembro Correspondiente a la Academia Antioqueña de Historia, el 2 de Junio de 1987 y fue promovido a la dignidad de Miembro de Número de esa benemérita institución, el 1 de Marzo de 1994. Por sus méritos como erudito investigador e historiador fue designado Presidente de la Academia Antioqueña de Historia en dos períodos, de 1995 a 1997 y de 1997 a 1999.
En el Centro de Historia de Envigado ejercicio la Presidencia de la institución, en el bienio comprendido entre 1999 y 2001, realizando una encomiable tarea para fortalecer institucionalmente esta entidad académica.
Autor de las siguientes obras “Atlas Indigenista de Colombia”, “Breve Monografía Eclesiástica de Buenaventura”, “Indígenas de Colombia”, “Lenguas Indígenas del Vaupés”, “Mitos, leyendas y realidades de los indígenas de Colombia”, “Vistazo sobre la vida y la personalidad de Monseñor Miguel Ángel Builes” y “Quinientos años caminando con los indígenas”.

Comentando el esfuerzo de investigación y recopilación de datos inéditos que hiciera el Padre Francisco, el notable intelectual Carlos E. Mesa G., cmf, consignó este elogio del destacado levita:“Para esta faena de alto velamen el Padre Arango tiene la preparación remota de su cultura eclesiástica y la preparación cercana de veinte años por las más distantes comarcas del país –llanuras, bosques, ríos- a donde lo han llevado sus andanzas y excursiones de evangelizador y su amor de colombiano y de cristianismo a ese apasionante mundo del indigenismo”
El día martes diecinueve (19) de junio de dos mil siete (2007), en la ciudad de Medellín, falleció el Padre Francisco, dejando sumidas en la tristeza a su distinguida familia, a sus amigos y a las instituciones a las que sirvió con tanta dedicación y desprendimiento.

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Por: José Fernando Flórez Álvarez, Miembro de Número y vicepresidente.

 

De Sonsón y de la propia entraña del pueblo llegó el más grande forjador del alma de Envigado para dejarle a esta ciudad como herencia: su vida consagrada, su ejemplo y una obra meritoria que todavía se recuerda.

Nació este noble sacerdote el 8 de julio de 1845, en Sonsón (Antioquia). Hijo de Don Pedro y de doña Januaria. Abuelos paternos: Miguel Mejía y Rita Aristizábal; abuelos maternos: Ignacio Bustamante y Josefa Duque.

Inició sus estudios primarios en la escuela de su tierra natal, donde también se dedicó a las labores del campo para ayudar a sus padres que vivieron con él la pobreza. En Manizales aprende sus primeras lecciones de latín con el Párroco José Joaquín Baena, oriundo de Abejorral. En 1865 ingresa al Colegio de Jesús en Medellín donde tiene el privilegio de contar como su maestro al Doctor Pedro Justo Berrío y entre sus compañeros de clase al periodista y literato Don Fidel Cano Gutiérrez, con él cual conservaría una gran amistad por vivir éste en la Fidelena de Sabaneta.

El 17 de diciembre de 1868 recibe las primeras órdenes y es nombrado Prefecto de estudios del Seminario. El 7 de marzo de 1869 es ordenado sacerdote en Medellín por Monseñor Valerio Antonio Jiménez y tiene su primer contacto con Envigado en la Semana Santa de ese año, cuando acompaña al Padre Liborio de Hoyos en los oficios litúrgicos de la Parroquia de Santa Gertrudis, antes de viajar a Manizales para presidir su primera eucaristía, el 15 de abril.

De regreso a Envigado, fue nombrado cura excusador para ayudar al Padre Julián María Upegui, mientras iba al Seminario a complementar sus estudios eclesiásticos. El Padre Mejía ejerció como Prefecto general del Seminario del 1 de Febrero de 1874 hasta el 12 de junio del mismo año, cuando fue nombrado Párroco de Jericó y posteriormente lo fue de Aguadas (hoy, Departamento de Caldas). Luego, se dedicó a la enseñanza del Evangelio en misiones populares, antes de ser nombrado Rector del Colegio Oficial de Manizales.

El 29 de noviembre de 1880, el tercer Obispo antioqueño que rigió la diócesis de Medellín, Monseñor José Ignacio Montoya (1816-1884), oriundo de la Ciudad Señorial, lo nombra en propiedad como Párroco de Santa Gertrudis de Envigado, permaneciendo en este cargo hasta el 3 de junio de 1918. A partir de este año, el Arzobispo Manuel José Cayzedo lo nombra Canónigo de la Catedral Metropolitana de Medellín.

El Padre Mejía Bustamante dejó como su principal obra en la Ciudad Señorial, el templo parroquial de Santa Gertrudis. A esta obra grande de la arquitectura religiosa antioqueña le invirtió más de 20 años de esfuerzos, antes de su consagración por manos de Monseñor Joaquín Pardo Vergara, el 25 de Febrero de 1897.

A esta obra se une, la colocación de la primera piedra para el templo de Santa Ana de Sabaneta, el 27 de Agosto de 1896, estableciendo las bases para la fundación de esta pequeña porción de territorio que hoy avanza, luego de ser municipio en 1968, para convertirse en una pequeña ciudad. Mientras el Padre Jesús María estuvo de Párroco, Sabaneta recibió su asistencia espiritual. En uno de sus viajes a Europa, trajo los planos para la construcción de lo que él llamó la Capilla de Sabaneta. Atendiendo la sugerencia del Padre Clemente Guzmán (1840-1920), sacerdote sabaneteño y Párroco muchos años de Apía (Caldas), había solicitado la autorización eclesiástica para la construcción de un templo en la fracción de Sabaneta, en honor de Santa Ana y del Sagrado Corazón de Jesús.

Su contacto permanente con Don José María Ceballos Botero (el maestro marinillo), con doña Adelaida Correa Estrada (educadora envigadeña) y con la familia de Don Fidel Cano hicieron posible que el templo estuviera en uso antes de su muerte. El Padre Mejía, decía la Señorita Paulina Garcés, lideraba los remates de San Isidro y los convites para recoger fondos y avanzar en la construcción de la obra.

El benemérito sacerdote se asoció con el gramático Alejandro Vásquez Uribe y el también educador Alejo María Marulanda para iniciar el Colegio de Jesús, donde dictó clases el ex presidente Marco Fidel Suárez. El Hospital, el Colegio de la Presentación y  el Templo de Santa Ana de Sabaneta fueron obras que tuvieron la impronta de tan benemérito sacerdote.

Durante su curato, trajo a las Hermanas Dominicas de la Presentación y fueron muchas las vocaciones sacerdotales y religiosas que nacieron para la vida de la Iglesia. Como bien lo dice Don Sacramento Garcés: “…Fue incansable centinela de la moral pública y celoso operario de la viña del Señor…”

Durante su curato, el templo de Santa Gertrudis se vio engalanado con el retablo del altar mayor, el púlpito, la imaginería religiosa europea y con el órgano que trajo del viejo continente en 1909, uno de los pocos existentes en tierras de América.

Dejó el Padre Mejía un inmenso legado espiritual. Fundó organizaciones piadosas para la mujer, para el hombre y para los jóvenes. Promovió las vocaciones religiosas y acrecentó la práctica de las virtudes cristianas. Se destacó como excelente orador

Fue el Padre Mejía un hombre culto, que aprovechó el púlpito como herramienta educativa, sembrando semillas de amor y  de esperanza para todos los habitantes del lugar. Como gran educador, amo entrañablemente la educación. Como buen cultor del arte, promovió los coros y en general la música. Benigno A. Gutiérrez en su libro “De todo el Maíz” lo menciona como parte de un grupo ocasional de serenateros en Sonsón, siendo todavía adolescente. Fue un hombre con sensibilidad artística: amante de la lectura sana, la pintura y el teatro.

Su amor por los pobres lo llevó a la fundación de la obra solidaria más grande que ha tenido Envigado, la Sociedad de San Vicente de Paúl. El 28 de julio de 1883 se puso al frente de un grupo de apóstoles de la caridad, entre los cuales sobresalían: Don Pascual y Don Juan de Dios Ochoa, Don Tristán M. Ossa y Don Alejandro Vásquez Uribe. Durante 35 años, el Padre Mejía orientó la obra vicentina, dejándola con 50 socios activos y 82 contribuyentes, antes de llenar la vacante de Canónigo de la Venerable Curia Arquidiocesana, por el fallecimiento de Monseñor Ángel María Gómez Ángel, el 3 de junio de 1918.

Envigado lo recuerda por el papel protagónico en la fundación de la empresa Rosellón en 1912, empresa que tuvo como su primer gerente Don Roberto Medina. Inolvidable para la Ciudad Señorial el acompañamiento espiritual del virtuoso sacerdote a la población obrera que allí ganaba su sustento, en los albores de la industria local.

Modeló el Padre Mejía el carácter y modo de ser envigadeño. Fue un párroco ejemplar, un pastor de almas, un alma consagrada al sagrado ministerio; de consejo oportuno, fue un guía, un maestro, un padre de todos. Llamaba la atención con una autoridad que nadie discutía.

Viajó tres veces al Viejo Continente y las experiencias de estos viajes las consignó en un libro titulado: “Reminiscencias de un viaje a Jerusalén”.

Con ocasión de las bodas de oro sacerdotales en 1919, el Papa Benedicto XV felicitó al Padre Jesús María y le otorgó la bendición apostólica, extendiéndola a toda su familia.

El 14 de marzo de 1918 le había entregado el curato de Santa Gertrudis de Envigado al Padre Isaac Ángel Uribe, sobrino del  médico historiador Manuel Uribe Ángel. Como Párroco benemérito de la Ciudad de las Palomas, estuvo al tanto del acontecer de Envigado, mientras ejercía como Canónigo de la Catedral.

El Padre Jesús María muere el 21 de Febrero de 1927 en Envigado, dejando en el corazón de los envigadeños un recuerdo que perdura por lo que hizo, enseñó y dejó como legado espiritual a los habitantes del Balcón de la Raza.

Envigado mantiene vivo el recuerdo del Padre Mejía en la estatua de bronce que preside el atrio de la iglesia principal y también conserva sus cenizas, junto con las de su progenitora, Doña Januaria.

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Por: Carlos Alberto Rendón Calderón

Pedro Pablo Santamaria Vasco nació en Envigado, el 29 de junio de 1886. Miembro de una familia con profundos intereses en la música (su padre fue por muchos años organista y director del coro en la parroquia de Envigado, y su hermano Jaime fue muy popular director, pianista, gestor musical e impulsor de compañías escénicas en la capital antioqueña).

Desde muy niño, mostró sus cualidades, facilidad e inclinación para la música, por lo que en la antigua Escuela de Música de Santa Cecilia de Medellín, recibió formación inicial con los profesores Gonzalo Vidal, Germán Posada Berrío y Jesús Arriola, estudios que no interrumpió pese al cierre de la institución por la Guerra de los Mil Días. Al reabrirse la Escuela, continuó su educación musical formal, y fue tan aventajado discípulo, que pronto fue nombrado en la cátedra de instrumentos de viento.

Por decreto del 10 de marzo de 1915, el maestro Santamaría fue nombrado como “Músico Mayor de la Banda Militar del Regimiento # 8 – Girardot”, acantonado en Medellín y dirigido por el maestro Gonzalo Vidal. En 1917, fue confirmado como subdirector de la Banda y nombrado Profesor en el Instituto de Bellas Artes de Medellín.

Al suprimirse la Banda Departamental, el maestro envigadeño fundó “La banda Josefina”, que dirigió por dos años, animando gran cantidad de retretas. Desde entonces, su producción original también empezó a llamar la atención del público y de la crítica.

Pedro Pablo Santamaría hizo parte de la generación post-centenarista, que vio en la grabación de discos, una interesante oportunidad de difundir su trabajo artístico, en las voces y las agrupaciones orquestales que, desde Nueva York, México y otras ciudades del orbe, registraban y difundían la mejor música popular de los creadores americanos.

Fruto de ese ambiente, Santamaría logró imponer lo que entonces se llamaron “éxitos de ventas”, piezas instrumentales y vocales de gran popularidad y reconocimiento. Entre ellas, destacó un ciclo de Canciones, sobre textos del poeta y periodista Augusto Duque Bernal, uno de los más famosos letristas del Cancionero colombiano. Estas hermosas piezas vocales se han conservado en históricas grabaciones, en las voces de los más famosos cantantes de la época. Evelio Pérez, entre los locales, y Carlos Mejía y Margarita Cueto, entre los extranjeros, fueron sus intérpretes estelares.

En 1924, el maestro Santamaría presentó una obra al concurso musical realizado con motivo de la Feria Exposición Nacional celebrada en Medellín. Era su Sonata para piano en Do mayor, con la que obtuvo el segundo puesto en el certamen. El primer lugar, reservado para una pieza orquestal, fue ganado por el maestro Vidal.

Esta interesante partitura fue rescatada del olvido, en el Suplemento Musical de la Revista Universidad de Antioquia, a fines de 1987, en edición facsimilarde una copia manuscrita. En dicha publicación, escribió el maestro Rodolfo Pérez González: “En el tratamiento de la forma sonata con amplio desarrollo, así como en las modulaciones y el tratamiento técnico del instrumento, se descubre Santamaría como compositor de grandes ejecutorias. No cabe duda de que se trata de uno de los más notables ejemplos de la literatura pianística en Colombia y por ende en Antioquia, donde este género ha sido tan escasamente cultivado”.

La Sonata para piano en Do mayor del compositor antioqueño Pedro Pablo Santamaría está integrada por los clásicos tres movimientos, propios del género (1. Adagio, 2. Andante y 3. Allegro con brío). Se escuchó en versión de concierto, realizado el 26 de agosto de 1986 en la Sala de Música del Banco de la República de Medellín, por Guillermo Rendón Calderón al piano.

 Otros reconocimientos y distinciones que recibió el maestro Santamaría, fueron los siguientes: En 1934, con ocasión de la inauguración de los equipos transmisores de La Voz de Antioquia, ganó el primer premio en el concurso abierto por la emisora, con su Fantasía en re mayor para piano y orquesta, y un premio adicional con un Bambuco sobre versos de María Luisa Carnelli. Su Danza del Remordimiento fue premiada en un importante concurso, pieza que fue adaptada para el drama “Si hablaran los perros” de Emilio Franco. En abril de 1937, Santamaría obtuvo un rutilante triunfo en el concurso abierto para premiar la mejor obra musical sobre el bello himno patriótico LaTierra de Córdoba de Jorge Isaacs, cuando Medellín celebró el centenario del natalicio del poeta (recordemos que a este himno también puso música su maestro Gonzalo Vidal, 30 años antes). En julio de 1937, con ocasión del Segundo Congreso Nacional de Música celebrado en Medellín, ganó el premio único con su composición titulada Chinita, sobre versos del poeta Libardo Parra Toro (Tartarín Moreyra). En 1945, su Himno Oficial constituyó uno de los mejores números del homenaje al centenario del Padre Jesús María Mejía. Así mismo, fue ganador del premio “Emilio Murillo” con su Canción Escolar.

En su labor musical, el maestro Pedro Pablo Santamaría fue también organista en las poblaciones de Fredonia y La Ceja y, por muchísimos años, Maestro de Capilla en la Iglesia La Candelaria de Medellín.

En su Catálogo se cuentan unas 120 partituras en total, destacándose, además de las mencionadas y escuchadas, una Fantasía sobre Aires Colombianos; las canciones Toda en mi ser y Amor y brasa, también sobre versos de Augusto Duque Bernal; la danza  instrumental Exótica, varios himnos y villancicos; algunos arreglos para banda y orquesta, y un valioso inventario de obras pertenecientes al ámbito de la música religiosa.

Santamaría fue actor de significativa importancia en el desarrollo de la vida artística de la ciudad de Medellín, estimuló la práctica de la música coral, participó activamente en las festividades religiosas más importantes y merece una mención especial su desempeño como formador de juventudes.

En enero de 1958, Santamaría renunció a su cargo como organista en la iglesia de la Candelaria de Medellín, y dos años después, el 29 de marzo de 1960, falleció en Medellín a los 74 años de edad.

 Su cuarteto de cuerdas es  un verdadero ejercicio académico, en cinco movimientos, siguiendo los cánones clásicos, guiado por Gonzalo Vidal y concluido en octubre de 1917. Concebido inicialmente como un “estudio” para Cuarteto de Cuerdas, como dice en la primera página de la partitura manuscrita original, “el maestro Vidal, después de felicitar a su discípulo y amigo Pedro Pablo Santamaría, declara que este trabajo es la revelación de un talento excepcional, unido a una tenacidad sin precedentes en la historia del Arte en Colombia”.

 

En el año de 1960, la obra fue interpretada por el Cuarteto de Cuerdas Antioquia, y luego de un injusto olvido, fue rescatado por los organizadores del Festival Internacional Música de Cámara Colombiana, y presentado en dos ediciones de este certamen (octubre de 2004 y agosto de 2006). Son sus movimientos: 1. Tiempo de Minueto; 2. Andante; 3. Allegretto; 4. “Elegía lunar” (Lento), y 5. Allegro Moderato.

 

 

La Obra del Maestro:

 

  • Sonata en Do mayor para piano
  • Fantasía en re Mayor para piano y Orquesta
  • Danza del remordimiento, obra destinada al drama “Si hablaran los perros”
  • Obra llamada Chinita
  • Una fantasía sobre aires nacionales
  • Varias canciones bellísimas con texto de Augusto Duque Bernal
  • Algunos Himnos y villancicos
  • Pasillo Rojo
  • Pasillo Triny
  • Cuarteto para Cuerdas
  • Habanera o Danza “Sueño del Ruiseñor”

Bibliografía:

Grupo Interdis, Universidad Nacional, Medellín

Investigador: Luis Carlos Rodríguez

Historiador: Heriberto Zapata Cuencaapibus leo.

Este abogado envigadeño nacido en 1951, aspiró  en 1992  por segunda vez al Senado de la República por el Partido Liberal. Ejerció su profesión por espacio de doce años, fue concejal del municipio de Envigado entre 1974 y 1990 ; en 1991 logra llegar a la Cámara de Representantes.

En 1994 salió elegido senador y desde este cargo ha apoyado importantes iniciativas legislativas como la ley 100, el subsidio para la tercera edad, el subsidio de retiro para indígenas mayores de 50 años no pensionados. Fue presidente de la comisión séptima del Senado sobre asuntos laborales.

Ha sido ponente de la ley del deporte, la ley de la juventud y de la de actualización de pensiones. Impulsó la iniciativa de despenalizar los casos de delitos contra la administración pública cuando el particular confeso denuncie al funcionario estatal que cometió el delito.

Votó en contra de que se declarara el enriquecimiento ilícito como un delito autónomo. Estuvo a favor de la aprobación del narcomico , y apoyó la aprobación de la extradición sin retroactividad. Sin embargo, en la última votación para aprobarla se abstuvo de pronunciar su opinión. Finalmente, estuvo del lado de los congresistas que votaron a favor de aprobar la ley de extinción de dominio sin límites en el tiempo.

El Comunicador Social nació el 12 de diciembre de 1952 (muere el 13 de enero de 2010), en el municipio de Envigado, hizo sus primeros estudios en el Colegio La Salle de esa localidad, y luego ingresó a la Universidad de Antioquia para cursar la carrera de periodismo. Un hombre de reconocido entusiasmo por la información por este oficio se dedicó en sus primeros años profesionales al periodismo radial, y se le consideró uno de los alumnos aventajados de don Miguel Zapata Restrepo, en su noticiero Clarín.

Desde el principio mostró inclinación y preferencia por las informaciones económicas y políticas, y se destacó entre sus compañeros de oficio y en las empresas radiales como un hombre ponderado, de infinita paciencia, tranquilidad y buena redacción de textos periodísticos

Conciliador, sereno, amable con todos, Javier Vanegas también destacaba por su prudencia, capacidad de síntesis para la información y por sus buenos contactos para la consecución de las informaciones.

Además del Radioperiódico Clarín, Javier Vanegas Montoya trabajó en Supernoticias de Antioquia, al lado del Juan B, Cataño, en el Noticiero Económico Antioqueño, de Jota Enrique Ríos, y en Ondas de la Montaña, antes de transitar durante dos décadas por el Servicio Informativo de Caracol Radio en Antioquia, donde fue Jefe de Redacción.Llegaste de primíparo al Politécnico, si mal no recuerdo a Contaduría.
Rápidamente te diste cuenta que eso no era lo tuyo y migraste a la de
Antioquia a iniciar tus estudios de Comunicación Social. De manera
prematura te vinculaste a los medios donde si te sentías como pez en el agua:
Mundo al día, Todelar, Radio Super, Noticiero económico antioqueño con
Jota Enrique. Incursionaste en la televisión como reportero local de noticieros
nacionales y tal vez en Teleantioquia. Llegaste a Caracol a cubrir la franja
política y desde allí te catapultaron a la Jefatura de Redacción.
Más que el título de Comunicador te interesaba tu licencia de periodista, lo
que te llevó a aplazar algún tiempo tu graduación. Cuando obtuviste el
diploma ya eras un ducho en materia periodística”. (Evocando al negro: http://javiervanegas.weebly.com/uploads/3/5/6/6/3566684/evocando_al_negro.pdf)

cuenta su hermano German: “

Apasionado por la información política nunca tuvo distingos ni favoritismos entre los partidos, líderes y jefes de los colectivos políticos, pese a su cercanía y amistad con todos los dirigentes del departamento

A la cadena radial Caracol en Medellín ingresó el dos de octubre de 1986 y, siendo Editor Regional, se retiró el siete de septiembre de 2003, tras gestionar su pensión laboral.

Estaba casado con la señora Marta Cecilia Arias, con quien tuvo una hija, Carolina, quienes le sobreviven, junto a sus hermanos Alfredo, Fray Rubén Darío, Luz Elena, Marina, Raúl, Álvaro, Carlos Mario, Germán y Hernando

PERIODISTA jUAN PAZ: “Se cumplieron el pasado jueves, en Jardines Montesacro, las exequias del colega Javier Vanegas Montoya, quien falleció en la tarde del miércoles 13 de enero de 2010, a consecuencia de un aneurisma cerebral que lo sorprendió en su residencia del barrio Belén-Las Violetas, en la mañana del 30 de diciembre. El periodista envigadeño, de 54 años, prestó sus servicios a las cadenas radiales Súper y Caracol y al Noticiero Económico Antioqueño, NEA, que dirige Jota Enrique Enrique Ríos. El acto constituyó una verdadera demostración de pesar. Juan Paz le hace llegar su voz de condolencia a su esposa, doña Marta Cecilia Arias, a su hija Carolina y a todos sus hermanos, familiares y amigos. Enero 16, 2010

Votó en contra de que se declarara el enriquecimiento ilícito como un delito autónomo. Estuvo a favor de la aprobación del narcomico , y apoyó la aprobación de la extradición sin retroactividad. Sin embargo, en la última votación para aprobarla se abstuvo de pronunciar su opinión. Finalmente, estuvo del lado de los congresistas que votaron a favor de aprobar la ley de extinción de dominio sin límites en el tiempo.”

Luis Alberto Mogollón Gil: En Caracol Radio, su segunda casa trabajó durante muchos años…era un hombre de paz, conciliador y con gran espíritu de servicio y lealtad.

fuentes: http://javiervanegas.weebly.com/mensajes.html

 

Por: GUSTAVO MONTOYA MARÍN, Miembro correspondiente

He aquí una semblanza del Sacerdote Franciscano,
Poeta, Compositor y eminente escritor, padre Rubén
Darío Vanegas Montoya, extractado de mi libro – El
Diccionario sobre los MONTOYAS (Páginas 268-269)
El padre Rubén Darío, nació en Envigado,
Antioquia, el 25 de mayo de 1942. Fue ordenado sacerdote
el 22 de agosto de 1968, durante el Congreso Eucarístico
Internacional, en Bogotá, por su Santidad Pablo Sexto. Se
graduó en filosofía en la Universidad de San Buenaventura
de la Capital Colombiana, en 1963, y luego cursó
Teología. Posteriormente adelantó estudios de Dirección y
Pedagogía Musical, en la Escuela Superior de Música del
Rin en Colonia, Alemania, entre 1974 y 1976. En el año
de 1990 realizó la Maestría en Universitología, con la
Asociación colombiana de Universidades, Ascun.
Uno de los aspectos importantes en la vida y obra
de este sacerdote, es su afición a la música a la que ha
dedicado gran parte de su tiempo componiendo muchos
hermosos villancicos, en los cuales él es el autor de la
música y sus letras realizados con bellos poemas místicos;
además es autor de la Primera Misa Folclórica
Colombiana, estrenada después del Concilio Vaticano
Segundo. Con esta obra dio motivo para algunos
comentarios polémicos en la prensa escrita; es autor de
numerosos Himnos Marciales para diferentes instituciones
educativas. Los coros que han interpretado sus creaciones,
han sido el de los Filósofos y Teólogos Franciscanos de la
Porciúncula, y el de Santa Francisca Romana, ubicados en
Bogotá. En 1967 con el coro de Niños Cantores de
Colegio Virrey Solís de la capital de la República, uno de
los más renombrados en el momento, acompañó a Fray
José Francisco de Guadalupe Mujica, el famoso tenor
mejicano, nacido en San Gabriel Méjico y fallecido en
1974 en Lima, Perú. Se trataba de presentar en el Teatro
Méjico de Bogotá y en el Junín de Medellín, la película
“Seguiré tus pasos”, de carácter vocacional, producida en
1966.
Es preciso recordar aquí, como el Teatro Junín, fue
demolido pocos años después para dar paso a la construcción de la torre para el edificio Coltejer. En donde se presentaron tres conciertos en el cual el Padre Rubén Darío, dirigió los coros, para la presentación con el tenor José Mujica; simultáneamente ha estado vinculado a los
colegios de la orden Franciscana y a la Universidad de San Buenaventura, de la cual fue su rector por espacio de un lustro, entre los años de 1991 a 1996.
Su labor pastoral, se ha desarrollado en diversas parroquias, entre las cuales, es pertinente mencionar a San Antonio y San Benito en Medellín; además se desempeñó como Secretario del Instituto Teológico Pastoral del Celam en Medellín, entre 1978 y 1982, y Vicepresidente
de las Misiones Franciscanas, en la Curia General de la  Orden en Roma, entre 1985 y 1986.

Como escritor, tiene a su haber varias obras, entre las que se destaca un simpático libro, de corte costumbrista, titulado “Del Carriel y la Guayaba”,
dedicado a narrar las costumbres de su tierra natal Envigado, a mediados del siglo XX. Se destaca además por ser un poeta de fina y elegante versatilidad, tiene a su haber más de trescientos poemas con exquisito sabor lírico.
No sobra decir, que Fray Rubén Darío Vanegas, es un virtuoso pianista y organista y como tal, ha brindado
animación a numerosas novenas de aguinaldos, con preciosos villancicos muchos de su autoría como ya lo
habíamos mencionado, salidos de su inspiración poética y musical. Ha publicado diez LP de carácter religioso y tres
CD de corales y villancicos de sus composiciones, en sus letras y música. Desde 2008, ejerce su ministerio, en la
Parroquia de San Benito en nuestra capital Antioqueña.

Como emérito hijo que ha sido de éste terruño de la Patria, el Padre Rubén Darío, hemos querido contribuir en dar a conocer parte de la vida y obra, del benemérito sacerdote, escritor y músico, quien honra al pueblo envigadeño. Su importante libro sobre las costumbres e Historia del Envigado durante algunos años en el siglo XX – “DEL CARRIEL Y LA GUAYABA” -, es una obra que incumbiría conocerla toda los pobladores que habitan y disfrutan de la ciudad señorial, y enseñársela a sus hijos, pues en ella se muestran costumbres típicas ancestrales que ya se han perdido y que de alguna manera deberíamos
conservar.

Por: ALFONSO RESTREPO LONDOÑO, Miembro de Número

En mis primeros años de estudio, muy niño aún
visitaba con frecuencia la casa de uno de mis
condiscípulos, Teddy Smith, hijo del ciudadano inglés
Alfred Smith, residente en Medellín desde años atrás, y de
su señora esposa doña Elenita Vélez Escobar. En algunas
ocasiones allí veía llegar visitas de familiares o amigos,
sin reparar quién o quiénes eran y más aún en qué se
ocupaban, pues siendo de mucha más edad que nosotros,
nos manteníamos ajenos a sus conversaciones.
Muchos años después y sin contactos ya con Teddy
ni con sus padres debido a los rumbos diferentes que
íbamos tomando en la vida, vine a saber con gran sorpresa
que entre aquellas personas que allí asistían se encontraba
nada menos que Santiago Vélez Escobar, “El Caratejo”,
pues era hermano de doña Elenita. Cuánto lamento hoy
no haber disfrutado de ese personaje en su propia voz con
su repentismo, su chispa o su poesía porque fue uno de los
grandes de las letras colombianas. Pero era lógico:
nuestras mentes aún no estaban capacitadas para
comprender ese don maravilloso con que han sido dotados
por La Providencia muy pocos mortales, o tal vez digo, El
Caratejo fue prudente ante nuestra presencia juvenil. ¡Qué
lástima!
Pero pasemos a ver quién era Santiago Vélez
Escobar. Nació en el año de 1900 en donde quedaban las
famosas minas del Zancudo, Titiribí y era hijo de Santiago
Vélez Mejía y Dolores Escobar. Allí permaneció en los
años de su juventud, apareciendo con fecha de 1923 el
soneto que lo hizo famoso, “Hace un año Señor”, que dio
comienzo a la “demanda” que le entabló a una ingrata
mujer por el alquiler de su corazón ante el Juez Supremo.
Andariego como buen paisa, estuvo por Bogotá, el
Quindío y otros lugares del país, acompañado por su tiple,
para después venir a sentar bases en sus últimos 15 años
en la paradisíaca tierra envigadeña que amó sobremanera,
así le hubiera tocado vivir en un pequeño y humilde hotel,
media cuadra abajo del parque principal. Don Hernando
Garcés Uribe, quien lo conoció en 1941, en su “Semblanza
Anecdótica” al presentar el libro “La Demanda” que editó
el Centro de Historia de Envigado en 1991, escribió,
“improvisaba versos impecables con esa difícil facilidad
que Dios da tan sólo a unos pocos. Los versos le salían
espontáneos y rápidos en el momento preciso”, y Ernesto
González para la misma publicación decía, “Era un
fabricante al por mayor de retruécanos, chispazos y
décimas”. Agrego a lo anterior, que sus sonetos tienen
una pura confección en los cuales logra con juego de
palabras, expresar con delicada musicalidad una
composición perfecta y una marcha armónica de las ideas.
Todo en su poesía es belleza y agrada al lector que lo
absorbe completamente. Se puede decir que fue un poeta
que con humorismo dispuso de un gran ingenio agudo,
improvisando con facilidad única sobre los sucesos del
momento, ya el elogio a una reina, la boda de personajes o
a políticos de turno.
En el Bar La Bastilla de Medellín, el más
frecuentado por su grupo de amigos, y contertulios, hacía
gala de su repentismo y alguna vez que iban a operarlo de
los ojos temiendo quedar ciego, se expresó así:
Mi inquieta imaginación
se preocupa en pensar,
que si me van a operar,
puedo perder la visión.
Si con esta operación
se ha de acabar mi alegría,
yo sin ver la luz del día
prefiero estar enterrado,
porque con ojo sacado
no vale Santa Lucía.
Su habilidad poética, su maestría, era obra de una
gran inteligencia que lo acompañó durante toda su vida,
igual que su bohemia y quizás esta última fue la culpable
de su eterna soltería, como podemos notar en dos décimas
que extracto de su poema que dedica a un gran amigo con
el siguiente epígrafe, poema que tituló:
CANTO A MI SOLTERÍA
”No te cases pobre que la pobreza es mala
educación”.
Palabras de Jesucristo en las Bodas de Caná,
Capítulo IV, Versículo V del Evangelio de San Lucas”.
Siete novias tuve yo
y todas fueron bonitas;
de amor les dije mis cuitas
que cada una escuchó;
ninguna dijo que no,
que siempre haríamos la boda;
pero estos rones con soda
nos dejan en menoscabo,
y lo peor es el guayabo,
que nunca pasa de moda
En síntesis me quedé
lo mismo que las beatas;
no quise meter las patas,
por eso no me casé;
lo digo de buena fe
que pienso morir soltero;
sin dejar un heredero;
que eso sería un disparate;
a heredar versos . . . carate . . .
y nunca heredar dinero!
Una muestra de la forma cómo jugaba con las
palabras, podemos verla en la siguiente décima que le
escribió a Julio Vives Guerra, diciéndole que aún seguía
vivo, luego de que aquél publicara en 1945 en el periódico
El Tiempo de Bogotá, que El Caratejo había fallecido, la
cual tituló:
“PARA MORIR ME DEMORO”
(Matusalén)
Al leer tu anecdotario,
sentí enorme calofrío;
puesto que ya el cuerpo mío
se encontraba en un osario;
sentí un olor a incensario,
me vi entre cruz y ciriales
y para colmo de males,
aunque muerto no me amaño,
te invito dentro de un año
a mis tristes funerales.
Pero si JULIO tu aún VIVES,
por qué pues, me haces la GUERRA,
y me envías a la tierra,
en lo que en el Tiempo escribes;
si por acaso recibes,
esta carta que hoy te escribo,
espero pronto el recibo
y también la recompensa
de publicar en la prensa
que todavía estoy vivo.
A Vélez Escobar se le han musicalizado
por compositores de la talla del maestro Carlos Vieco,
entre otras sus obras, el pasillo “Al calor de tu afecto”, los
bambucos “Siempre tienes fría el alma” y “No quieras más
corazón”, etc., e interpretadas por agrupaciones como el
famoso “Dueto de Antaño”; pero la que lo inmortalizó
como lo anoté antes, fue “La Demanda” que se inicia con
su soneto “Hace un año Señor”, jocoso y sentimental en la
cual intervienen más de treinta poetas del país y aún del
exterior, coadyuvando en tan delicado proceso amoroso
con acusaciones, alegatos, testigos, etc., en forma
admirable, hasta su sentencia y castigo, sobre los cuales
transcribo apartes de algunos de ellos a continuación:
“HACE UN AÑO SEÑOR”
Hace un año, Señor, estoy queriendo
con todo el corazón a una mujer;
hace un año que en él está viviendo
y no quiere pagarme el alquiler.
A la ingrata le di mis ilusiones
y en pago de su amor se lo alquilé;
la cuenta me negó mil ocasiones
hasta hoy que ante Ti, la demandé.
Tu que eres Juez justísimo y severo,
haz que me quiera como yo la quiero
pues pierdo la paciencia y la razón;
Y si no me concedes lo que pido,
préstame el policía del olvido
para sacarla de mi corazón.
Santiago Vélez Escobar
Titiribí, 1923”
En “Contestación a la Demanda”, la acusada a
través de su apoderada (Rosa Tulia Varón, de Pereira,
dice: Allí encontré un retrato, una paleta, / una lira, el
pedazo de un espejo; / un carriel, un bastón y una muleta. .
./ era el cuarto Señor de San Alejo. // “Habla otro testigo”:
Ismael Santofimio Trujillo, de Ibagué. Yo no quiero Señor
ser un perjuro, /diciendo lo que él sólo me contó; / que la
mujer le debe, yo lo juro;/ pero sé que Santiago la buscó.//
De La Fiscalía Femenina de Santiago de Chile, escribió
NUBIA Ossaudon de Baeza, Tu “Demanda” ha caído
entre mis manos/ y yo he estudiado el caso con amor;/
imposible es fallar sin que se le oiga/ también a aquella
“ingrata” su razón.// Y del “Dictamen Pericial”, Nicanor
Velásquez Ortiz, de Ibagué, adujo. Construcción
antioqueña sobre zancos, /cuya base apuntala en los
barrancos/ de una quebrada de aguardiente y ron; // Hubo
“Un Juramento en Falso” (que según El Caratejo, tenía el
dedo plancho de jurar en falso). Intervino “La Defensa”
con Miguel Vargas Paul de Panamá: Qué ingrata . . No lo
soy. Por ilusiones, / por sueños nunca me llegué a ofrecer .
. ./ El ha callado . . . en tales condiciones/ no le podía,
Señor, corresponder.// “En Casación”, Francisco Campo
Rivera de Buga: A la Corte Suprema en Casación/ ha
subido, Santiago la querella/ que le entablaste a la mujer
aquella/ que fue inquilina de tu corazón.//
Se pronuncia “La Sentencia Final” y “Castigo”, por
Cesáreo Rocha Castilla de Ibagué: Creo que lo anterior es
suficiente/ si en mi disertación no me equivoco, / para
afirmar en forma concluyente/ que tú, poeta amigo, eres
un loco. // Y tú, acusada por indiferente/ codiciable mujer,
que amo y evoco, / malferiste al poeta?. . . delincuente / y
loca eres también . . o falta poco  // Pero como las causas
penales/ impiden condenar los anormales/ posesos del
amor o del demonio, // sentenciar para ellos no vacilo, /
perpetua reclusión en el asilo/ o pena capital: EL
MATRIMONIO 
La Demanda de Santiago Vélez Escobar, “El
Caratejo Vélez”, fue un juicio tan sonado, así haya sido
sólo poéticamente y en el papel, que seguirá haciéndolo
indefinidamente mientras exista la “excelsa” poesía.
Haciendo gala de sus extraordinarios chispazos, El
Caratejo, al viajar un día en el tranvía de la época para un
barrio de Medellín, notó que una conocida, de muy corta
estatura no lograba tocar el timbre para bajarse, con
sobrada amabilidad le dijo:
“viendo a Luz que en el tranvía
tocar el timbre quería,
y ella alcanzar no podía
le preguntó medio loco:
Lucerito se lo toco?”
Y a propósito del Miércoles de Ceniza, escribió en
alguno de ellos la siguiente décima:
“Te vi una cruz en la frente
hoy miércoles de Ceniza
y me causó mucha risa,
pues me acordé de repente
de aquel cura inteligente
que con ademán sereno
y un poquito de veneno
con una gran alegría
al ponérsela decía:
Eres polvo, pero ¡ah bueno!”
Y para no dejar escapar el matrimonio más “in”,
según la prensa, del señor Nicolás de Zubiría con una
hermosa y distinguida dama de la sociedad, escribió:
“Esta tarde en el Poblado
se nos casa Marta Elena
y cabría preguntar
si Nicolás subiría.”
Cuantas anécdotas más nos dejó su prolífica pluma
que quisiese plasmar acá. Por ahora disfrutemos esta corta
muestra del ingenio del “Caratejo” Santiago Vélez
Escobar, el cual falleció el 18 de enero de 1955, en la
Clínica Medellín, se fue su alma pero nos dejó sus poemas
y recuerdos.

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Considerado como uno de los principales fundadores de Envigado, ya que donó las tierras para levantar el templo para la parroquia,  la plaza principal y las ocho primeras calles.

Don José Antonio era hijo de  Don Juan Bautista Isaza y Goyenechea, vizcaino, quien trajo a Antioquia el apellido y contrajo matrimonio en Medellín el 30 de noviembre de 1682 con Doña María López Atuesta y estableció su residencia en Envigado.

De este matrimonio hubo tres hijos: José Antonio, Juan Gregorio y Francisco Javier. Todos dejaron descendencia la cual salió de Envigado para Medellín, Rionegro, Girardota, Barbosa, Abejorral y otras poblaciones.

A esta familia pertenecen: Dr. José Joaquín Isaza Ruiz, quien fue coadjutor de Envigado y más tarde Obispo de Medellín; Dr Lorenzo Isaza, que fue cura de Medellín; hermanas de éste fueron Doña Tecla y Doña Nicolasa religiosas carmelitas; Dr. Isidro Isaza y su hijo Isidro, abogados notables; Pbro. Francisco Isaza, quien fue cura de Santodomingo y capellán del ejército; Raimundo y Pío Isaza, notables farmaceutas y fundador de Venecia, el primero de estos.

En el Hospital San Vicente Fundación, falleció el médico Germán Vanegas Montoya, primer rector de la Institución Universitaria de Envigado.

 Le sobreviven su esposa Clemencia Grisales García y sus hijos Carlos Andrés y María Isabel Vanegas Grisales.
cuenta en un anecdotario con su hermano Javier lo siguiente: “Te enteraste de que había terminado mi ciclo en la Universidad de Medellín, pues los dos proyectos que allí lideraba se acabaron por sustracción de materia. Con el cambio de rector se enterró el proyecto de Facultad de Ciencias de la Salud y por las nuevas políticas, la Facultad de Educación iba a ser cerrada, situación que arrastraba consigo el Posgrado en Educación Sexual que también dirigía. A comienzos del año 98 recibí tu oportuna llamada en un momento en que aún no habían aflorado en mí sentimientos de angustia, por estar disfrutando de mis vacaciones… más si de incertidumbre. Hola monito… ¿cómo vas? Te comenté la situación y de la forma más elemental (eso se llama humildad) me dijiste: téngame una hoja de vida que yo hablo con el Gobernador. Conocedor de los vaivenes de las promesas que hacen los políticos con algo de escepticismo alisté el documento. Cómo no recordar que vos mismo -de camino para tu casa-, arrimaste al apartamento de
la Castellana por mi hoja de vida. Al día siguiente me volviste a llamar: Tranquilo monito que ya Alberto dio instrucciones precisas y tu hoja de vida está en la oficina de relaciones laborales de la Gobernación. Esperá que de allí te van a llamar… Dicho y hecho. Dos días más tarde recibí la llamada para presentarme a dicha dependencia y posteriormente en la Dirección Seccional de Salud para ser
vinculado a la División de Seguridad Social.” (evocando al negro: http://javiervanegas.weebly.com/uploads/3/5/6/6/3566684/evocando_al_negro.pdf)

Hizo parte de la conocida familia envigadeña Vanegas Montoya, cuyos hijos han ocupado importantes cargos profesionales en sectores público y privado, en la academia, el periodismo, y en el gremio mercantil de Medellín.

En 2016, ocupaba un destacado cargo administrativo en el Hospital San Vicente de Paul de Medellín y era integrante del Consejo Superior de la Institución Universitaria de Envigado en representación de los exrectores.

Por Daniel Restrepo González

nacio en Envigado, el 31 de agosto de 1935, hijo de Julio Roberto Molina y Graciela Jaramillo. Es envigadeño raizal. Su abuelo Emiliano Molina Jaramillo y su bisabuelo Francisco Molina Pérez, eran de Envigado también. Ingresó Darío al Noviciado Franciscano el 3 de enero de 1953, en Cali. Emitió su Profesión Temporalel 4 de enero de 1954, también en Cali, y su Profesión Solemne el 6 de enero de 1957 en Ubaté, Cundinamarca.Recibió la Ordenación Presbiteralel 28 de octubre de 1961, en Bogotá,y recibió la  Ordenación Episcopalel 29 de junio de 1977, en la Capital dela República.

Monseñor Darío Molina ha prestado durante su vida destacados y múltiples servicios pastorales y apostólicos. Veámoslos:

Fue Vicerrector o Vicemaestrodel Seminario Mayor Franciscano y Profesor en Propiedad de Teología Moral en la Universidad de San Buenaventura, en Bogotá (1961-1963). Fue profesor de Teología Moral en la Universidad de San Buenaventura, en Bogotá (1967-1977). Fue Rector o Maestro en el Seminario Mayor Franciscano de Bogotá (1967-1969). Fue Decano de Teología en la Universidad de San Buenaventura de Bogotá (1967-1969 y 1972-1975). Fue Consejero o Definidor Provincial de la Santa Fe, en Bogotá (1968-1970). Hizo las veces de Decano de Filosofía en la Universidad de San Buenaventura, de Bogotá (1969-1972). Fue Secretario General de la Universidad de San Buenaventura de Bogotá (1972-1975). Fue Miembro del Consejo Ampliado de la Provincia (1970-1972). Fue Director Nacional de IDES (Instituto de Doctrina y Estudios Sociales de la Conferencia Episcopal de Colombia), en Bogotá (1972-1977). Fue Obispo Auxiliar de Bogotá (1977-1984), Obispo de la Diócesis de Montería (1984-2001), Obispo de la Diócesis de Neiva (2001- 18 de abril de 2012), Presidente de la Comisión Episcopal de Universidades (1977-1987), Miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social (1987-1990), Miembro de la Comisión Mixta (Obispos-Religiosos) (1990-1993), Miembro de la Comisión Episcopal de Cultura y Evangelización (1993), Fundador de la Universidad Pontificia Bolivariana en Montería (1993),primer Rector de la Universidad Pontificia Bolivariana de Montería (1995-2000),a su cargo estuvo la dirección y construcción completa de la Obra del Seminario San Esteban Protomártir, en honor a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, de la Diócesis de Neiva (2003-2009).

ESTUDIOS QUE REALIZÓ

Cursó su educación primaria en el Colegio Parroquial Jesús María Mejía de Envigado (1943-1947).

Hizo sus Bachillerato en el Seminario Menor Franciscano de Cali (1948-1952).

Estudió Filosofía en Bogotá, (1954-1957), y Teología también allí (1958-1961).

Obtuvo su Licenciatura y Doctorado en Sagrada Teología con especialización en Teología Moral, en la Universidad Lateranense de Roma y en la Academia de San Alfonso de la misma Ciudad (1963-1967).

Fue Experto en Cuestiones Sociales en el Secretariado Nacional de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal de Colombia (1972-1977) y del Instituto Latinoamericano de Desarrollo Social (ILADES), en Santiago de Chile (1973).

PUBLICACIONES:

Ha sido colaborador de la Revista “El Ensayo” de la Porciúncula, del Colegio Mayor de San Buenaventura en Bogotá (1955-1961). Cofundador y colaborador de la Revista “Franciscanum”, de la Porciúncula, del Colegio Mayor de San Buenaventura, de Bogotá (1959-1961). Hizo su Tesis de Licenciatura en Teología sobre Los Autores Sacramentólogos en los diez años anteriores al Concilio Vaticano, en Roma, en la Universidad del Laterano (1965). Su Tesis de Doctorado en Teología, con especialización en Moral, versó sobre “Los Mandamientos en la Justificación según el Teólogo Franciscano Guillermo de la Vega”, y la presentó en Roma, en la Universidad del Laterano y en la Academia de San Alfonso de Ligorio (1967). Hizo en colaboración con otros un “Curso de Doctrina Social de la Iglesia”, en el Secretariado Nacional de Pastoral Social, en Bogotá (1979). Trabajo suyo o publicación anual diocesana es: “Diócesis de Montería: Organización”, con diez y siete volúmenes publicados (1985-2001). Comprende: Motivos, Directorio, Calendario, Otros trabajos de carácter diocesano, Montería. Trabajo o publicación anual de la Diócesis de Neiva: Organización 2001, a la fecha diez y nueve volúmenes. Ha publicado además otros trabajos de carácter Diocesano.

SUCESIÓN EPISCOPAL

 LINAJE APOSTÓLICO  DE MONSEÑOR DARÍO MOLINA JARAMILLO:

 Obispo Ramón Darío Molina Jaramillo, OFM (1977)

Aníbal Muñoz Duquecardenal † (1951)

Antonio Samorécardenal † (1950)

Clemente CardenalMicara † (1920)

Pietro Gasparricardenal † (1898)

François-Marie-BenjaminCardenalRichard de la Vergine † (1872)

Joseph HippolytecardenalGuibert, OMI † (1842)

Obispo de San Eugène-Charles-Joseph de Mazenod, OMI † (1832)

Padre Carlo Odescalchi, SJ † (1823)

Giulio MariaCardenaldellaSomaglia † (1788)

HyacintheSigismondcardenalGerdil, B. † (1777)

MarcantonioColonnacardenal(Jr.) † (1762)

Papa Carlo della Torre Rezzonico † (1743)

Papa Prospero Lorenzo Lambertini † (1724)

Papa Pietro FrancescoOrsini de Gravina, OP † (1675)

PaluzzocardenalPaluzziAltieriDegliAlbertoni † (1666)

UldericoCardenalCarpegna † (1630)

Luigi cardenalCaetani † (1622)

Ludovico Ludovisicardenal † (1621)

Arzobispo GaleazzoSanvitale † (1604)

GirolamoCardenalBernerio, OP † (1586)

Giulio Antonio CardenalSantorio † (1566)

ScipionecardenalRebiba † (1570)

¿Quién duda que este envigadeño vale la pena? Y obsérvese un dato curioso: De entre miles de sacerdotes que ha dado nuestra ciudad, el único que ha escalado la dignidad episcopal ha sido Monseñor Darío. ¿Porqué nunca ha fulgurado su fama, o aparecido su nombre en algún boletín…?

 

Comerciante. Banquero. Minero. Agricultor.

Nació en 1807.  Hijo de Javier de Restrepo Isaza, al parecer, importante comerciante, y de María Teresa Escobar Vélez.
Hermano de Luciano Restrepo. En 1854 fundó, en compañía de su hermano Luciano, la casa de “Restrepo y Cía.”, con el objetivo esencial de “hacer comercio de toda especie de mercancías nacionales, extranjeras, agricultura, minería, que tengan por conveniente”, ésta se conformó con dinero en efectivo, propiedades agrarias y acciones de la mina El Zancudo que ya cada uno Tenía individualmente. Tras la venta de sus acciones en El Zancudo en 1861, la casa “Restrepo y Cía.” se convirtió en el respaldo bancario de esa empresa y de Carlos Coriolano Amador. “Restrepo y Cía.” fue un gran impulsor de la siembra de tabaco en el suroeste antioqueño. Junto con Luciano fue accionista de la empresa del telégrafo eléctrico Colombiano. “Restrepo y Cía.” fue accionista del Banco de Antioquia.

En 1875 la sociedad “Restrepo y Cía.”, sin cerrar su almacén de mercancías importadas, fue transformada en banco.

Fuentes:

Mejía Cubillos, Javier.  Diccionario Biográfico y Genealógico, de la élite antioqueña y viejocaldense segunda mitad del siglo XIX y primera del siglo XX.

Fuentes documentales para la historia empresarial: siglo XIX en Antioquia.

 

 

Comerciante. Banquero. Político. Minero. Ganadero. Agricultor.

Nació en envigado el 12 de enero de 1812 y muere  en Medellín, en 1885.

“Pasó su infancia en Amagá, dedicado a la finca sus padres llama a La clara. fue discípulo en su juventud de Víctor Gómez representante de la primera escuela lancasteriana que hubo en Medellín. Estudio lengua Latina con José Ignacio Escobar. se matriculó en 1827 en el curso de filosofía que regentaba Timoteo Duarte, intelectual de la época, con quién estudió además aritmética, gramática y lógica. Representaba don Luciano el hombre de inquietudes intelectuales del siglo XIX.

Fue boticario durante un corto periodo de su vida con escaso caudal instala un pequeño almacén Medellín, en donde empieza a tener reputación de intelectual y hábil comerciante mercancía de Jamaica. No abandona sus actividades intelectuales y toma lecciones de derecho con Joaquín Emilio Gómez. en ambas ramas boticaria abogado aprendió bastante para aliviar numerosas dolencias y para la defensa de sus cuantiosos intereses en los litigios que la astucia la mala fe le han promovido.

Una característica prevalece e n la vida de don Luciano, y es su apego a las virtudes caste lla nas, atribu ida a la he rencia de su antepasado d on Alonso López de Restrepo, y que curiosa y co ntradic to riame nte se mezclaron con el ideal d e la ideología libe ral que se abre paso e n ese siglo. Viajó a Eu ropa co n el ánimo de reconocerse en el señorío y abolengo d e s us nt a~ados, sin que por esto pe rdie ra la curiosidad por las grandes transfo rmaciones ideológicas, tecno ló gicas y científicas que se impon ían en la Eu ropa de entonces” (Restrepo Yusti, Manuel. en Boletin Cultural y Bibliográfico, Vol. 25, No. 17, 1988).

En 1854, Luciano Restrepo y su hermano José Manuel constituye una compañía cuyo objeto era “hacer comercio de toda clase de mercancía nacional y extranjera”,  con capital de $84.750, aportado por los socios con rubros provenientes de acciones en la mina El  Zancudo A partir de 1873, la sociedad Restrepo y compañía comenzó a emitir billetes qué gozaban de gran aceptación por estar respaldados con la firma de Luciano Restrepo.

Don Fernando Restrepo Soto y los dos hermanos Restrepo Escobar, junto con don Coriolano Amador, millonario de la época, emprendieron parte del proceso de urbanización del sector de Guayaquil.  El gobierno del señor Recaredo Villa es derrotado y le correspondía Luciano asumir la presidencia del Estado (1880-1885)

Los antioqueños no podemos olvidar que don Luciano, como fundador y alma del Banco de Restrepos & Cía. y cofundador del Banco de Antioquia, fue uno de los padres de la Banca en nuestro departamento. Ni que, a través de su casa comercial y de la Sociedad Minera El Zancudo (la más grande empresa antioqueña del siglo XIX, de la cual fue el segundo mayor accionista) fue uno de los principales propulsores del comercio, la agricultura y la minería en la Antioquia de su tiempo. Ni que fue un determinante dinamizador de procesos tan significativos como el de la colonización del Occidente Antioqueño.

Además, fundó diversas instituciones cívicas de valía y fue uno de los más corajudos y pundonorosos adalides de la democracia en nuestra comarca. Como militar, defendió el orden constitucional en el decenio de 1830, y, como líder civil, fue diputado, en 1857; vicepresidente de la provincia de Antioquia, en 1862; tres veces secretario del Despacho (1862, 1877, 1878-79) y uno de los Constituyentes de Rionegro, en 1863.

La curia y la diligencia con que desempeñó estos altos cargos fueron motivo para que, años después, el presidente de la República Francisco Javier Zaldúa lo designara Ministro de Guerra. Sin embargo, en esa oportunidad, Rafael Núñez y su camarilla se atravesaron en el nombramiento e impidieron la posesión de don Luciano.

Finalmente, en 1881 don Luciano fue elegido Presidente del Estado Soberano de Antioquia, dignidad desde la cual realizó grandes obras en favor del transporte y de las comunicaciones, decretó la fundación de varios municipios, celebró con civismo las fiestas patrióticas, se esforzó por amainar el conflicto que había entre el gobierno liberal y la Iglesia, dirigió los destinos del Estado con suma austeridad y ecuanimidad y siempre actuó con extrema honradez.  Dato importante a la hora de evaluar su visión de la administración pública es que, a lo largo de sus tres años y medio en el poder, donó su sueldo de gobernante a obras de beneficencia.

Como presidente de Antioquia, fue uno de los principales protagonistas de la guerra de 1885, en la cual lucharon las tropas liberales antioqueñas, gobernadas por don Luciano, contra las cuadrillas conservadoras de Rafael Núñez.  Después de intensas batallas, los liberales fueron vencidos y don Luciano debió desistir. Tras la derrota, el presidente Restrepo fue retenido por el nuevo gobierno conservador, el cual, para liberarlo, le exigía el pago de un “comparto de guerra”, equivalente a una considerable parte de su fortuna. Hasta el último minuto, el dignísimo líder se negó a entregar un solo céntimo a los conservadores, y habría muerto en la cárcel de no ser porque, sin su consentimiento, sus hijos, al verlo gravemente enfermo, cancelaron la suma del rescate.  Falleció don Luciano, el 2 de julio de 1885, a las pocas semanas de entregar el poder.

Como escribiera el general Rafael Uribe Uribe: “La biografía de don Luciano Restrepo debería ser la historia del comercio de Antioquia”

Familia

Hijo de Javier de Restrepo Isaza (sobrino de José Felix de Restrepo), al parecer, importante comerciante, y de María Teresa Escobar Vélez. Fueron sus abuelos paternos: Don Vicente Restrepo y Catalina Vélez. Sus abuelos maternos: Don Ricardo Escobar y doña Teresa Vélez.

Estudió en el Colegio Mayor del Rosario, en Bogotá. Ejerció la profesión de farmacéutico hasta el año de 1831, cuando marchó a la Costa Atlántica, como teniente del batallón que comandaba el coronel Isidoro  Barrientos.

Retirado del servicio militar se dedicó al comercio con gran actividad en la ciudad de Medellín, logrando gracias a su habilidad para los negocios, amasar una gran fortuna, llegando a ser uno de los hombres más acaudalados de su tiempo. Por su actividad comercial se trasladó a Kingston, allí aprendió inglés y francés. Vivió un tiempo en Inglaterra, las Islas Canarias, Francia, España y Suiza, donde fue tratado de una tuberculosis. Cuando en su juventud volvió a Colombia, luego de recuperarse la tuberculosis en Suiza, se casó en Santa Marta, en el año de 1848,  con Josefa María Díaz-Granados Torres,  nacida en 1822.

Fue fundador en 1854, junto a su hermano José Manuel, de la importante casa “Restrepo y Cía.”; ésta, en principio, se dedicó al comercio de importaciones, y al manejo de propiedades rurales, sin embargo, con el tiempo se concentraría en el negocio bancario. Luciano integró a sus hijos a la firma. Luego integró a Alejandro Villa Latorre, esposo de su hija María Teresa.

Para 1907 hacían parte de la firma los nietos de Luciano: los Restrepo Restrepo, Villa Restrepo y Restrepo Wills. “Restrepo y Cía.” fue socia durante la primera etapa de la Sociedad del Zancudo, siendo los segundos mayores accionistas de la firma, entre los otros socios estaban José María Uribe Restrepo, Luis María Arango Trujillo, Leocadio María Arango Uribe, Agapito Uribe y Sinforiano Hernández; los Restrepos vendieron su participación a Juan Bautista Mainero en 1864.

De manera individual, o a través de la casa familiar, fue accionista de una empresa de vapores, del Banco de Antioquia y de la Compañía de Cerámica Antioqueña. Junto a Fernando Restrepo Soto y Coriolano Amador, emprendió parte del proceso de urbanización del sector de Guayaquil. En 1866 Luciano y José Manuel tomaron acciones de la empresa constructora del Telégrafo Eléctrico Colombiano; la casa “Davidson, Stiles y Woolsey” de Nueva York, el Estado colombiano y otros comerciantes importantes del país, también fueron accionistas. Importó ganado Holstein en 1884.

Carrera política.

Fue diputado a la Asamblea de la provincia en 1844, 1860 y 1863. Fue secretario del estado en 1877, durante la administración de Julián Trujillo. Presidente del estado de Antioquia entre el 1º de noviembre de 1881 y el 11 de marzo de 1885. Se menciona que durante su administración entró en conflicto, en 1884, con el presidente Rafael Núñez.

Fue amigo personal de Fernando Restrepo Soto, y con el tiempo algunos de sus hijos se casarían. Luciano, luego de morir, le dejó 48 créditos por cobrar a sus hijos, todos ellos sumaban un valor de $580.000. Cinco de estos créditos a cobrar eran a socios del Zancudo, a Carlos Amador y su mujer, a Juan D. Carrasquilla, a Dabeiba y Tadeo Hernández, a Mainero y a la Sociedad del Zancudo. Todo ello sumaba casi un tercio de la fortuna de Luciano.

Fuentes:

Restrepo Yusti, Manuel.  Comerciantes y banqueros: el origen de la industria antioqueña. En Boletín Cultural y Bibliográfico, Banco de la Republica, Vol. 25, No. 17, 1988.

Garces, Sacramento Monografía de Envigado. 1964. p.144.

Vélez, Sergio Esteba Bicentenario de un grande de Antioquia . 9 de Noviembre de 2011 Articulo Prensa El Mundo.

Mejía Cubillos, Javier.  Diccionario Biográfico y Genealógico, de la élite antioqueña y viejocaldense segunda mitad del siglo XIX y primera del siglo XX.

Campuzano Hoyos, Jairo (compilador) Fuentes documentales para la historia empresarial: siglo XIX en Antioquia. Universidad Eafit. 2006

 

 

Por: Gustavo Montoya Marín

En el hogar de don Hipólito Montoya Restrepo y de Doña Pastora Sánchez, residentes en Envigado, Antioquia, nació Francisco Javier el 13 de agosto de 1927 en Medellín, debido a que allí había mejores servicios médicos.

La familia Montoya Sánchez estaba integrada además de los padres, por nueve hijos: dos mujeres y siete varones. Nuestro biografiado ocupaba el séptimo lugar, de mayor a menor.

El abuelo, don Hipólito Montoya Garcés, llamado familiarmente Polo, había nacido en El Retiro pero se estableció en Envigado, a fines del siglo diecinueve. Allí se casó con doña María Jesús Restrepo y tuvieron seis hijos entre los cuales don Hipólito Montoya Restrepo era el mayor nacido el 31 de diciembre de 1892. Lo llamaban cariñosamente Lolo. Fue uno de los fundadores del Banco Republicano y allí laboró toda su vida. El mencionado ente empresarial dio origen al actual Banco de Bogotá de la ciudad de Medellín. En ese hogar cristiano y modesto creció Francisco Javier.

Sus primeros estudios los realizó en Envigado y los secundarios en el Colegio San José de Medellín. El ejemplo de su hermano Roberto, un poco mayor, que había ingresado hacía poco tiempo en la orden Franciscana, influyó para que Francisco Javier ingresara al noviciado de la comunidad en 1945. El convento que estaba ubicado en Cali era dirigido por sacerdotes sabios y virtuosos. Las anécdotas edificantes, curiosas y hasta picarescas fueron narradas magistralmente por Francisco Javier, años después,  en su libro titulado “Ocurrencias Frailunas” cuya primera edición fue en 1990.

Concluído el noviciado en Cali, el joven Francisco Javier pasó a Bogotá a adelantar estudios filosóficos y teológicos en el Convento ubicado en la avenida Chile contiguo a la Iglesia de la Porciúncula.

En 1955 en la recién renovada iglesia de san Francisco de Bogotá, recibió la ordenación sacerdotal, en ceremonia presidida por monseñor Andrade Valderrama, Obispo letrado y modelo de virtudes.

Posteriormente el nuevo Sacerdote celebró su primera misa en Envigado, que para él ha sido su patria chica, y en esa oportunidad lo acompañó amablemente el eminente Sacerdote Germán Montoya Arbeláez.

Con gran entusiasmo se preparaba en el dominio del idioma Japonés con el Profesor Nimuro Okanda, porque según sus planes, pensaba viajar como misionero al gran país del sol naciente y hasta había despachado tres cajas de libros por anticipado, cuando el superior Fray José Miguel López le pide el favor de trasladarse a Ibagué donde lo necesitaba en el Colegio Cisneros al pie de la iglesia San Roque.

Fray Javier cambia inmediatamente sus planes y se dirige obedientemente a la ciudad musical. Allí permanece un año hasta que la comunidad requería a un Fraile para atender a un sacerdote de la orden, enferma, y Fray Javier se ofreció de inmediato y en ese menester estuvo un año, en Bucaramanga. El Colegio “Virrey Solís” vino a ser su segundo establecimiento educativo hasta cuando en la Institución Franciscana de Montería se presentaron nuevos problemas y fue destinado para afrontarlos.

Viajó con el padre Provincial Fray José Miguel López y se entrevistaron con el Gobernador y ante la falta de apoyo institucional, Fray Javier resultó de Párroco en San Bernardo del Viento y en esa oportunidad, quien lo creyera, uno de sus acólitos fue el reconocido periodista Juan Gossain.

Fray Javier recuerda que su familia tenía un almacén y que el joven Juan ya era un líder estudiantil que pronunciaba calurosos discursos en los cuales aludía con frecuencia a las batallas pírricas.

De aquellos años fueron la crónicas desde San Bernardo del Viento que hicieron conocer al personaje de la cadena R.C.N. Fray Montoya refiere que el papá de Juan Gossain no quería que éste fuese abogado.

De San Bernardo fue trasladado al colegio San Luis Rey, de Armenia, contiguo a San Francisco y allí permaneció entre 1957 y 1958, posteriormente fue enviado al Fray de la Serna de Medellín a dictar filosofía y matemáticas durante tres años. Regresa a Cali, al colegio Pió XII y nuevamente vuelve a San Bernardo del Viento. Iba con el cargo, además de Párroco del pueblo, de

Visitador Escolar de Montería.

En esta segunda oportunidad volvió a ver a Juan Gossain cuando se preparaba a salir para Cartagena a estudiar periodismo. Durante aquella estadía llevó la imagen de San Francisco que vigila la entrada a la población. De su labor como Visitador Escolar, menciona una escuelita donde los niños no habían aprendido a leer y escribir, por incompetencia de la profesora, que de inmediato fue cambiada por doña Yolanda Smith quien debe vivir aún en Montería.

De San Bernardo salió para el Rafael de la Serna de Medellín. Aprovechando su estadía allí, hizo Antropología en la Universidad de Antioquia y tuvo el honor de ser de la primera promoción en 1967. Al año siguiente Monseñor Gerardo Valencia Cano, Obispo de Buenaventura, fundó el Museo Antropológico y con el visto bueno del superior de la Orden logró que Fray Javier Montoya se hiciera cargo de su dirección. Doce años duró la institución y durante ese lapso, fue su Director y dirigió simultáneamente la Revista Etnia muy leída en los círculos culturales del país. Tiempo después el Museo pasó a ser una dependencia del Museo Nacional conservándole el nombre original. Fray Javier recuerda con agradecimiento a don Agustín Restrepo, alto Directivo de Ecopetrol quien colaboró enormemente con la obra.

Durante el tiempo que estuvo en Bogotá tuvo la feliz oportunidad de viajar a Estocolmo a estudiar Etnología durante tres años. Allí conoció al célebre Henry Wassen quien a su vez había sido discípulo estrella del Barón de Northern Skill.

Vuelve al Fray Rafael de la Serna donde fue Rector por siete años. En la actualidad trabaja en Pastoral y  Relaciones Humanas y en sus ratos libres escribé cuentos de terror y elabora camándulas por cierto muy hermosas. Entre los libros escritos y publicados por Fray Javier figuran: “Antología de Creencias, Mitos, Teogonías, Leyendas y Tradiciones de algunos aborígenes colombianos”, dos tomos; “La estirpe olvidada”, monografía sobre las Cunas de Urabá; “Los Yaguas o los hijos adoptivos de Colombia”; “Los Bari o Motilones del Catatumbo”; “Etnobibliografía Misional Colombiana”; hasta aquí los de enfoque antropológico. De carácter Histórico se pueden mencionar: “San Francisco de Asís”; “reseña histórica del colegio Fray Rafael de la Serna”; “Hechos de la vida real indígena Colombiana.” De corte Literario, entre relatos y cuentos están:

“Lecturas para descansar”, más de ocho tomos; “Miscelánea literaria”, alrededor de diez tomos; “Relatos de misterio”; “Relatos de Terror”; una serie de libritos muy simpáticos que han ido saliendo últimamente. Un texto de trabajo científico titulado: “Técnica Aconsejable para una Investigación de Campo”.

El estilo de Fray Javier es claro, limpio y salpicado del humor franciscano que conduce al lector a devorar las páginas una tras otra. En forma muy sencilla se descubre la erudición y experiencia universal de quien las escribe. En el fondo, su obra es ejemplarizante y pedagógica.

Sólo resta añadir que Fray Javier Montoya Sánchez pertenece a varias Instituciones tales como la Colombiana de Museos; la de Folclor Nacional y a dos Internacionales de prestigio universal: La Icom – Alam de Paris, y la National Geographic Society de Washington. Desde estas páginas se presenta su nombre a las Academias Colombianas de Historia y de la Lengua como un digno candidato a esas entidades.

nació en Envigado el 16 de febrero de 1932, hijo del doctor Francisco Restrepo Molina y de la institutora Graciela González Ochoa, hermana del doctor Fernando González Ochoa, ilustre filósofo, pensador y escritor envigadeño. Cursó sus estudios primarios en el Instituto Jesús María Mejía de Envigado, y los secundarios y eclesiásticos en el Seminario Conciliar de la Arquidiócesis de Medellín, habiéndolo ordenado sacerdote para esa misma Arquidiócesis monseñor Tulio Botero Salazar, el 31 de mayo de 1958.

Ejerció el ministerio sacerdotal en las parroquias de Fredonia y de Cisneros, en calidad de vicario parroquial; en la parroquia de San Juan de la Tasajera, en Copacabana, donde fungió como párroco y construyó el templo parroquial; fue párroco así mismo en Leticia, La Chorrera y Mirití, Amazonas, región donde se desempeñó como misionero por once años. Lo que él considera como la mejor parte de su vida fue la dedicada al acompañamiento de niños, jóvenes e indígenas, a lo que dedicó su empeño, y por lo que da gloria a Dios.

 

Durante los años que laboró en el Amazonas dedicó su esfuerzo a la causa de la recuperación de las tierras, que eran en ese entonces propiedad de la nación, escrituradas a la Caja de Crédito Agrario Industrial y Minero, pues la nación hubo de comprarle los fundos comprendidos entre los ríos Caquetá y Putumayo a Julio César Arana, jefe de la infanda Casa Arana, caucherías que eran peruanas, y los indios, consiguientemente, no poseían una pulgada de tierra, llamándose ancestral e irónicamente “hijos de la madre tierra”. Gracias a la buena voluntad y maravillosa gestión del señor presidente de la República doctor Virgilio Barco Vargas, se consiguió que les entregaran sus tierras en propiedad a los indios, en calidad de Resguardo, a través del INCORA, ¡siete millones de hectáreas! Logró implantar además el padre Daniel en el Amazonas la etnoeducación, contra viento y marea, y se dedicó ardorosamente a hacer que los indígenas se aceptaran como tales, y se sintieran orgullosos de su raza, de su sangre, de su lengua y de su cultura. En gratitud por la labor de recuperación de las tierras, un indígena de La Chorrera, llamado Ángel KuyotekaJifikomuy, noble y sabio, le regaló, escrita por él mismo en doce cuadernos de cien hojas, la MITOLOGÍA UITOTA, obra que publicó el padre Daniel en la editorialLéalon de Medellín, en 1997. Kuyoteka dedicó el libro así: A Juzíñamui, Dios supremo. A Kïkïdabuinaima, Jefe de los mitos. A Noinuibuinaima, Príncipe de la tradición. Y al padre Daniel Restrepo, caudillo de la recuperación de nuestras tierras.

 

Ha escrito el padre Daniel varios libros. Ellos son: El Doctor Francisco Restrepo Molina;San Fernando González, doctor de la Iglesia;Mensajes de Fernando González a los jóvenes de América; Fernando González, verdad, moral y Dios; La Historia chiquita del Seminario Menor de Medellín; Manual de convivencia del Seminario Menor de la Arquidiócesis de Medellín; Mis cuentos para muchachos; El padre Marianito; El padre Toñito;El padre Danielito; Los niños santos; Configurarse con Cristo Pastor; Reflexiones; La Virgen se llamaba María; Animales en la Biblia; Mohavá; La recta final; Fabulitas infantiles; Memorias de Tasajera; Memorias del Amazonas; Los indios de La Chorrera;Relatos de los indios;Versos, Affaniæy Quijote sobre 13. Todos estos libros se hallan disponibles y pueden ser leídos con facilidad en la página WEB del Padre Daniel, cuyo link es: www.webpadargo.com .

 

Además de los libros anteriores, el Padre Daniel tradujo al latín doce de los veinticuatro libros del maestro Fernando González, su tío, y son éstos: El payaso interior: Mimusintimus; Una tesis: Thesisquædam; Pensamientos de un viejo: Vetulicogitationes; Viaje a pie: Pedestre iter; Los negroides: Nigroides; El remordimiento: Remorsus; Nociones de izquierdismo: Ad lævamnotiones; Salomé: Salome; Don Mirócletes: DomnusMirocletes; El Maestro de escuela: Scholæ magister; El libro de los viajes o de las presencias: Liberitinerumvelpræsentiarum; y la Tragicomedia del padre Elías y Martina la velera: TragicomœdiaPatrisEliæacMartinævelarumopificis. Estas traducciones las realizó el Padre Daniel en agradecimiento a Fernando González, quien le regaló la Gramática Latina de Caro y Cuervo, cuando ingresó al Seminario Menor, en 1945, para que aprendiera latín.

 

Tiene el padre Daniel su página web, preñada de material interesante y abundoso. Allí podemos ver por ejemplo: Mis libros, Pinturas de mariposas, La película, Envigado, Cursos vocacionales, LaNovena a la Niña María, el periódico juvenil Tiburcio, el periódico para niños llamado La Flauta, y la Homilía infantil, que abarca los tres ciclos litúrgicos A, B y C. ¿Y de qué trata todo esto? Quien abra dicha página, con el link arriba indicado, y lea atentamente, lo verá.

 

Como hay pícaros con fortuna, fue condecorado el padre Daniel por la Alcaldía de Leticia, Amazonas, en 1985, con la Medalla Monseñor Marceliano Canyes Santacana, en categoría de oro, por su aporte al Amazonas; y por el Honorable Concejo Municipal de Envigado con el Escudo de Envigado, también en categoría de oro, el 29 de noviembre de 2009.

 

* * *

 

Me preguntarán por qué afirmo que mi trabajo fue decisivo en la constitución del Resguardo de los indios del Amazonas, y que les conseguí siete millones de hectáreas. Les respondo:

 

Los indios trabajaron con denuedo y con buena voluntad y entusiasmo en pro de ese Resguardo desde 1979, pero nada lograron. Ellos eran “los pobres”, “los sin voz”, “los marginados”, impotentes para ganar una batalla contra los blancos y el poder. Pero, aunque débil y pobre, Dios me ayudó, me hizo fuerte, y les fui útil.

 

Veamos cómo:

 

Los indios del Amazonas colombiano corrieron con buena suerte, digámoslo así, desde la venida de Cristóbal Colón en 1492 hasta 1900, tal vez por lo escondido de sus tierras. Lo que llaman “Descubrimiento de América” fue un atropello irracional y atroz, etnocidio y genocidio.

 

La primera visita foránea de que haya memoria en nuestra región amazónica fue la de Benjamín Larrañaga, pastuso que fundó a fines del siglo XVIII en las márgenes del río Igara-Paraná, en lo que hoy es Nof+k+, La Chorrera, “La Colonia Indiana”, para establecer caucherías.

 

Luego, hacia 1889, llegó de Iquitos, Perú, el infando Julio César Arana, y fundó la Casa Cauchera Peruana, más conocida como Casa Arana, en consorcio con Benjamín Larrañaga al principio, obteniendo más tarde el monopolio total de la empresa. Deportó muchos indios al Perú, esclavizó miles y miles, y mató unos cuarenta mil, según lo atestigua el irlandés Sir Roger Casement, comisionado por el Foreign Office para establecer la verdad de las denuncias contra la compañía cauchera Peruvian Amazon Company, de capital británico,cuyo presidente era Arana.Casement reportó las atrocidades y brutalidades cometidas por la Casa Arana contra los indígenas de la región del río Putumayo, que eran los uitotos, los nonuyas, los muinanes, los andokes, los boras y los mirañas, en un documento conocido como El Libro negro del Putumayo. A partir de entonces la propiedad de las tierras quedó en litigio entre Colombia y El Perú. En 1922 se firmó el Tratado Salomón Lozano, que fijaba los límites actuales entre ambas naciones, pero en 1932 los peruanos atacaron militarmente el puerto de Leticia. En 1933 Colombia ganó definitivamente la guerra con la batalla de Tarapacá, en el río Putumayo, y pareció que advenía la paz.

 

En 1939, el gobierno de Colombia negoció la propiedad de las tierras con Julio César Arana y se las compró por doscientos mil dólares, con tal de que saliera del dicho predio, habiéndole entregado el Banco Agrícola Hipotecario cuarenta mil dólares como cuota inicial.

 

En 1964, el Banco de Crédito Agrario Industrial y Minero (llamado comúnmente La Caja Agraria), le pagó el dinero restante a Víctor I. Israel, causahabiente de Julio César Arana, y se firmó en la Notaría 5ª de Bogotá la nefanda escritura pública 2880, quedando la Nación, en cabeza de la Caja Agraria, convertida en dueña de los fundos amazónicos en total. ¡Recuérdese que se trataba de siete millones de hectáreas!

 

En 1975 el INCORA constituyó el Resguardo Indígena de los grupos andoque y uitoto de Monochoa y Aduche, en la margen izquierda del río Caquetá, a nivel de Araracuara.

 

En 1979 los indígenas de La Chorrera le pidieron a la División de Asuntos Indígenas la creación de un Resguardo. Firmaron el documento petitorio “los consejeros indios” Rafael Faerito, Ramón Giagrekudo y Víctor Martínez.

 

En 1982 reiteraron los indios su petición de Resguardo, pero se les respondió que el doctor Mariano Ospina Hernández, gerente general de la Caja Agraria se oponía, alegando que las tierras eran de propiedad de la Caja.

 

El 26 de marzo de 1982, le solicitaron los indios al INCORA la constitución de una Reserva Indígena. La respuesta fue negativa.

 

El 10, 11 y 12 de noviembre de 1982 los indios celebraron en La Chorrera “el día del Indio”. Allí manifestaron al gobierno el deseo de recuperar sus tierras, pero la respuesta fue contundente y negativa.

 

En 1983 los doctores Cámel Durán, y Eduardo Rozo, habiendo visitado la región, le pasaron un informe al INCORA solicitando de nuevo la creación de un Resguardo. Tampoco esto se llevó a efecto.

 

En 1984 el INCORA intentó constituir una Reserva, pero la Caja, a través de su Mariano Ospina nefando, lo impidió.

 

En 1986 comenzó la Caja Agraria a construir edificios en La Chorrera, pues quería trabajar con el chigüiro y el ceje; y, aunque inconclusos, los inauguró el 12 de julio, con la presencia del doctor Mariano Ospina Hernández y algunos funcionarios del gobierno.

 

Los días 11, 12 y 13 de octubre de 1986 se llevó a cabo el Primer Congreso Indígena de La Chorrera, presidido por Reinaldo Giagrekudo, Alejandro Teteye, Raúl Teteye y Gil Farekade. Participaron todos los indios del Predio Putumayo. En vano se habló de Resguardo.

 

El 12 de octubre nació el COIDAM, (Confederación Indígena del Alto Amazonas). En la homilía de la misa, donde estaban los altos dignatarios de la Caja Agraria, el padre Daniel hizo una homilía sentida y contundente, donde planteó con toda claridad sus posiciones con respecto a las tierras de los indios, y ofreció su frente, (bien amplia por cierto), a las balas, en pro de la causa indígena. Todos los indios aplaudieron. Y hasta hoy lo recuerdan.

 

El Padre Daniel Restrepo, quien había llegado ese año de 1986 por segunda vez a La Chorrera, en calidad de párroco y director del Internado Indígena, apenas entonces vino a percatarse de la existencia del conflicto de tierras, y de que los indios, que se han llamado por antonomasia “hijos de la madre tierra”, eran huérfanos. ¡Y a la lid! Ese mismo día le remitió una carta bravita al doctor Mariano Ospina, reclamándole las tierras para los indios, y él le respondió, bravito también, negándose rotundamente a entregárselas.

 

Se enviaron memoriales a la Caja y al Gobierno, hechos firmar por el Padre Daniel, quien tuvo que recorrer dos veces el río Igara-Paraná, de cabecera a bocana, pesquisando las firmas de los indios; se remitieron multitud de cartas, se hicieron reuniones en Bogotá con el INCORA, con FUNCOL, con el INSTITUTO AGUSTÍN CODAZZI, con varios Ministerios, con la División de Asuntos Indígenas, con los Institutos Descentralizados, mientras artículos de prensa iban y venían…, hasta que advino el triunfo: ¡El 17 de octubre fue reemplazado el doctor Mariano Ospina Hernández por el doctor Carlos Villamil Cháux, en la gerencia general de la Caja Agraria, con la consigna expresa de entregarles la tierra a los indios!

 

El 15 de noviembre fue el doctor Carlos Villamil Cháux a La Chorrera, se reunió con los indios por la noche, les dijo que ellos no tenían una pulgada de tierra, pero que a la Caja no le interesaba tampoco tenerla. Y les prometió que muy pronto les serían entregadas como suyas. Alborozo general. Grandes aplausos. Para el 6 de diciembre ya estaban los indios organizados en Cabildos, exigencia del INCORA, según la ley 89 de 1890, con el fin de que hubiese una persona jurídica que recibiese los títulos de propiedad de las tierras y la posesión del Resguardo. ¿Y quién los organizó en Cabildos? ¡Daniel Restrepo González! Esto es: el diablo haciendo hostias.

 

En febrero de 1987 el doctor Carlos Villamil Cháux les escribió a los indios que ya estaba tramitada la creación del Resguardo.

 

El 11 de diciembre el INCORA y la Caja Agraria negociaron las tierras. Se permutaron por cuarenta y dos millones, cuatrocientos doce mil pesos colombianos.

 

Llamó telefónicamente el Señor Presidente Barco al Padre Daniel Restrepo solicitándole el favor de tenerle organizados los indios del Predio Putumayo para el 23 de abril, pues iría con sus ministros a hacer entrega de las tierras a los indios, en calidad de Resguardo, tierras que se les entregarían con título de propiedad inalienable, inembargable e imprescriptible. ¡Creyó el Padre que estaba sonámbulo!

 

Y el 23 de abril llegó el Señor Presidente Virgilio Barco Vargas a La Chorrera, a hacer la entrega formal de las tierras y a dar por constituido el Resguardo, mediante la Resolución 030 del mismo 23 de abril. Llegó con su esposa, los sus ministros, El Gerente General de la Caja Agraria, el Gerente General del INCORA, los Presidentes de los Institutos Descentralizados y otras personalidades. El Padre Daniel recibió al señor presidente al bajar de su avión, con un pasacalle duro que rezaba: “Entregar lo que se debe en justicia no es generosidad, sino hacer lo que hay que hacer”. El doctor Barco se le acercó, lo abrazó, y le dijo: “Lo felicito por peleador. Si no hubiera sido por su pelea, no estuviéramos en esta fiesta”.

 

El 28 de julio le escribió el doctor Manuel Ramos Bermúdez, jefe de Adquisición de Tierras del INCORA, al padre Daniel una carta donde le decía. “La historia converge hacia usted si de merecimientos y gratitud se trata”.

 

Lo que digo en esta carta es toda la verdad, nada más que la verdad, y la digo, aunque, confesándolo y narrándolo, ofenda mi modestia.

 

Abónemelo todo el Cristo que dijo: Venid, benditos demi Padre, a poseer el Reino, porque tuve hambre y me disteis de comer, etc. (Mt. 25, 34 40), y que ni un vaso de agua que se brinde al más pequeño, se quedará sin recompensa (Mc. 9, 41). Y abónesele todo a la Iglesia, que en su nombre y por ella trabajé. Acuérdate, Dios mío, para mibien, de todo lo que hice por este pueblo (Nehemías, 5, 19).

 

Para terminar, incluyo el listado de los destinatarios de mis cartas infinitas. En ello se ve mi lucha. Conservo esas cartas, y sus respectivas respuestas. Ojalá algún día pudiera publicarse un librito con este material completo.

 

* * * *

 

1.986

 

El 22 de mayo,a Monseñor Marceliano Canyes, Prefecto Apostólico de Leticia.

El 13 de julio,a Monseñor Marceliano Canyes.

En Julio,una carta abierta al Doctor Mariano Ospina  Hernández, Gerente General de la Caja Agraria.

El 14 de julio,al Doctor Mariano Ospina Hernández.

El 1o. de agosto,al Doctor Narciso Gross Roca, asesor general del Proyecto de la Caja Agraria en Chorrera.

El 6 de agosto,a los indígenas, exhortándolos a la lucha.

El 7 de agosto,al Gerente General de la Caja Agraria, creyendo ya reemplazado al Doctor Ospina.

El 8 de agosto, “al Doctor así”.

El 17 de agosto,a Reinaldo Giagrekudo, Corregidor de Chorrera.

El 9 de septiembre,al Arquitecto de la Caja, Carlos Arturo Gómez.

El 11 de septiembre,al Doctor Mariano Ospina Hernández.

El 21 de septiembre, al Gerente General de la Caja Agraria, presentándole un memorial de los indios.

El 25 de septiembre, al Gerente General de la Caja.

El 29 de septiembre, al Gerente General del Incora.

El 30 de septiembre,a Monseñor Marceliano Canyes.

El 1o. de octubre, al abogado Bernardo Cortés Díaz.

El 15 de octubre, a Monseñor Marceliano Canyes.

El 16 de octubre,al Doctor Mariano Ospina Hernández.

El 18 de octubre,al nuevo Gerente General de la Caja Agraria, Doctor Carlos Villamil Cháux.

El 18 de octubre, a Monseñor Marceliano Canyes.

El 21 de octubre,al Padre Miguel JunyentRafart, Misionero Capuchino de San Rafael, Amazonas.

El 29 de octubre,a la Hermana Magdalena González O, Misionera Laurita.

El 29 de octubre,al Doctor Roque Roldán Ortega.

El 30 de octubre,a CEPROIAC.

El 15 de noviembre,al Doctor Carlos Villamil Cháux.

El 15 de noviembre,a Monseñor Marceliano Canyes.

El 16 de noviembre,al Padre Antonio Jover.

El 17 de noviembre,al Padre Miguel YunjentRafart.

El 19 de noviembre,a la Hermana Magdalena González O.

El 22 de noviembre, al Padre Miguel YunjentRafart.

El 23 de noviembre,al Padre Marino Marín Marmolejo, Párroco de Araracuara.

El 27 de noviembre,al Doctor Gustavo Navia Reyes, Comisario Especial del Amazonas.

El 6 de diciembre,a la Hermana Magdalena González O.

 

1.987

 

El 10 de abril,al Doctor Fabio Bermúdez Gómez, Gerente General del Incora.

El 9 de mayo,al Cabildo Indígena de Santa Rosa.

El 10 de mayo,al Doctor Fabio Bermúdez Gómez.

El 24 de mayo,al Doctor Fabio Bermúdez Gómez.

El 25 de mayo, al Padre Guillermo Rozo Luque, Capuchino.

El 25 de mayo,al Doctor Raúl Arango Ochoa, Jefe de la Sección de Resguardos Indígenas del Incora.

El 25 de mayo,al Doctor Martín von Hildebrand, Jefe de la División de Asuntos Indígenas.

El 26 de mayo,a Monseñor Marceliano Canyes.

El 5 de junio, al Padre Guillermo Rozo Luque, O. F. M. Cap.

El 21 de junio, a Monseñor Marceliano Canyes.

El 23 de junio,a los Doctores Miguel Ángel Palomino, Eduardo Rozo Molina, Álvaro Rojas, Pablo Rojas, Francisco Quiñones, Óscar Prada, y al Mayor Luis Antonio Sanabria.

El 30 de julio,al Doctor Jaime Monroy, Jefe de la Sección de Resguardos del Incora.

El 7 de agosto,a Dagoberto Castro, Presidente del Cabildo de Arica.

El 8 de agosto,al Doctor Gustavo Navia Reyes, Comisario del Amazonas.

El 9 de agosto,a Monseñor Marceliano Canyes.

El 1o. de septiembre,al Doctor Fabio Bermúdez Gómez.

El 18 de septiembre, al Doctor Diego Chaves.

El 18 de septiembre, a Monseñor Marceliano Canyes.

El 2 de octubre, al Doctor Carlos Villamil Cháux, Gerente General de la Caja Agraria.

3 de octubre,a Alejandro Teteye, a Reinaldo Giagrekudo y demás líderes indígenas.

22 de octubre,a Monseñor Marceliano Canyes.

8 de noviembre,al Doctor Álvaro Tirado Mejía, Consejero Presidencial para los Derechos Humanos.

8 de noviembre,a los Doctores Cámel Durán E., Eduardo Rozo Molina, Raúl Arango Ochoa, y Roque Roldán Ortega.

11 de noviembre,a los Doctores Adolfo Triana Antorveza y Miguel Vásquez Luna, agregados de Funcol.

18 de noviembre,a los indios del Igara-Paraná.

18 de noviembre,al Doctor Diego Chaves.

18 de noviembre,a los Gerentes del Incora y de la Caja Agraria.

24 de noviembre,al Doctor Francisco Quiñones, abogado de la Caja Agraria.

27 de noviembre,al Teniente del ejército Luis M. Camargo Bolaños.

2 de diciembre, a Monseñor Marceliano Canyes.

12 de diciembre,al Doctor Carlos Villamil Cháux.

12 de diciembre,al Doctor Fabio Bermúdez Gómez.

12 de diciembre, a Claudia Cano Correa, de El Espectador.

16 de diciembre, a Monseñor Marceliano Canyes.

16 de diciembre,al Padre Guillermo Rozo Luque.

18 de diciembre, a Enrique Dutcha, Dagoberto Castro, Alejandro Teteye, Mariano Ñeñetofe, Manuel Yoabore, Tarsicio Paa y Blas Candre, Presidentes de Cabildos Indígenas.

25 de diciembre, a Gilberto Fajardo, Presidente del Cabildo de Mïe.

26 de diciembre, a Rigoberto Cobete, Presidente del Crim.

27 de diciembre,a la Organización Indígena de Puerto Alegría.

 

1.988

 

3 de abril, al Padre Guillermo Rozo Luque, O. F. M. Cap.

19 de abril,al Doctor Fabio Bermúdez Gómez, Gerente del Incora.

23 de abril, al Señor Presidente de la República, Doctor Virgilio Barco Vargas.

23 de abril,a Monseñor Marceliano Canyes.

24 de abril,al Presidente de la República, Doctor Virgilio Barco Vargas.

24 de abril,al Doctor Manuel Ramos Bermúdez, Jefe de Adquisición de tierras del Incora.

24 de abril, al Doctor Carlos Villamil Cháux.

24 de abril,al Doctor Fabio Bermúdez Gómez.

24 de abril, al Doctor Eduardo Rozo Molina.

24 de abril, al Padre Guillermo Rozo Luque.

24 de abril, al Doctor Guillermo Guevara Álvarez.

24 de abril,al Coronel Luis Antonio Sanabria.

24 de abril, al Doctor Martín von Hildebrand.

24 de abril, al Doctor Raúl Arango Ochoa.

24 de abril, al Doctor Jairo Charry Rivas.

24 de abril, al Doctor Cámel Durán

24 de abril, a la  Hermana Magdalena González.

24 de abril, al Doctor Antonio Hernández Gamarra.

24 de abril, al Doctor Miguel Ángel Palomino Suárez.

25 de mayo,a Monseñor Marceliano E. Canyes.

27 de mayo, al Doctor Antonio Hernández Gamarra, Gerente General del Incora.

9 de junio, al Padre Cayetano Mazzoleni.

13 de junio,al Padre Guillermo Rozo Luque.

29 de junio, a Monseñor Marceliano Canyes.

15 de julio, al Padre Guillermo Rozo Luque.

26 de octubre,a la Doctora Marina Garzón Benavides, Jefe de la Sección de Resguardos Indígenas del Incora.

9 de noviembre,a la Doctora Marina Garzón Benavides.

10 de noviembre,a Reinaldo GiagrekudoPakaya.

 

Daniel Restrepo González

“el 15 de junio de 1877 nació en esta ciudad el señor General de la República D. Jesús María Sosa Garcés; se distinguió como pundonoroso y bizarro militar en nuestras pasadas contiendas civiles. especialmente en la histórica Batalla de Palonegro de la “guerra de los mil días”, en la cual dio positivas demostraciones de heroísmo; Que posteriormente desempeñó con gran probidad y patriotismo altos cargos oficiales, como los de Prefecto de la Provincia de Fredonia, Secretario de Gobierno del Departamento de Jericó, Inspector General del Ejército Nacional, Secretario del Ministerio de Guerra y encargado del mismo en la Administración del Presidente Dr. Carlos E. Restrepo, así como los de senador de la República y miembro de la Junta Directiva del Ferrocarril de Antioquia y, además, formó parte de la Embajada Militar que representó a Colombia en la celebración del centenario de la Independencia de Venezuela, en donde fue condecorado por el Gobierno de ese país con la Orden del Libertador; Que con motivo de su fallecimiento, acaecido el 9 de febrero de 1941 en la ciudad de Medellín, el Presidente de la República Dr. Eduardo Santos, el Gobernador del Departamento de Antioquia Dr. Aurelio Mejía, la Administración de Envigado y otras entidades, expidieron laudatorios ‘denetos de duelo; Que el Sr. General. Sosa G., hermano del notable educador envigadeño D. Tristán .Sosa Garcés, quien fue cofundador .y ,Rector del ilustre “Colegio Uribe Angel”, contrajo matrimonio con la noble dama jericoana doña Rosa Lemos Mejía y fue esposo y padre amantísimo y ejemplar ciudadano”. ( resolución del Centro de Historia de Envigado, 1941)

Nació en Envigado el 15 de junio de 1877. Murió en Medellín, el 9 de febrero de 1941. Hijo de Tristán Sosa y Lucrecia Garcés Mejía. Teniente coronel en la batalla de Palonegro, donde resultó herido y estuvo a punto de ser enterrado vivo. Prefecto de la Provincia de Fredonia. Representante a la Cámara. Secretario General de la gobernación de Jericó. Inspector General del Ejército. Enviado Extraordinario a Venezuela. Secretario del Ministerio de Guerra. Encargado del Ministerio de Guerra, durante la administración del Doctor Carlos E. Restrepo Restrepo. Miembro de la Junta Directiva del Ferrocarril de Antioquia. Senador de la República. Se casó en Jericó, con Rosa Lemos Mejía, padres de 8 hijos, seis hombres y dos mujeres.

Fuentes:

Repertorio Histórico. Academia Antioqueña de Historia, 1941, página 345.

Gallo Martínez, Luis Alvaro DICCIONARIO BIOGRÁFICO DE ANTIOQUEÑOS, 2008

Garces, Sacramento  Monografía de Envigado, 1964, página 122, 186

Familia Osorio

En el año de 1884 llega don Tomás Osorio Álzate y su familia de Amalfi, invitado por el párroco de Santa Gertrudis Jesús María Mejía, un escultor de reconocido renombre con el fin de instalar un taller de escultura religiosa. Don Tomás había nacido en La Ceja en 1831. Sus hijos Misael, Jesús, Pedro y Francisco heredaron la tradición y el talento de su padre, quien murió en Envigado en 1907.

Misael Osorio Ramírez, hijo de don Tomás nació en Carolina del Príncipe, el 22 de noviembre de 1877, tuvo dos matrimonios de los cuales quedaron 14 hijos. Conservó un taller abierto por más de 45 años, fue uno de los primeros que empezó a exportar obras artísticas a otros países. Realizó muchos santos para Envigado, como para Sabaneta; fue contratado para múltiples trabajos en otros municipios cercanos.

Don Tomas ya instalado en la ciudad, realizó varios trabajos en la iglesia y pasada la guerra civil de 1885, trasladó su taller provisionalmente a Belén para esculpir las diferentes figuras para semana santa como le había encargado el sacerdote Baltasar Vélez de aquella parroquia. Duro siete meses y retorno a Envigado hasta cuando se retiró del trabajo en 1906, dándole campo a su hijo don Misael Osorio, quién desarrolló la producción con importante diferentes figuras religiosas para varias parroquias de Antioquia como la de Rionegro, Santa Barbara, Pacora, Santa Rosa de osos, Jericó Prado y otras. Don Misael a partir del momento en que se hace cargo de la dirección del taller establece una sección para arquitectura religiosa que se encargaba de altares, sagrarios púlpitos Bautista serios y demás obras necesarias para el culto. Algunas muestras de arquitectura religiosa están en las parroquias de Caldas y Amagá.

Don Misael contrajo matrimonio en dos ocasiones, la primera con doña Rita Isaza A.; y la segunda con doña Dolores Ochoa A., con quien tuvo 14 hijos, todos ellos dedicados a diferentes actividades pero ninguno artista.

Desde 1907 desarrolló su taller en la ciudad de Envigado y al mismo tiempo se ocupó de múltiples actividades como el periodismo, su participación en la sociedad de mejoras públicas, como concejal del municipio personero municipal y miembro de diferentes juntas administradoras.

Sin exagerar, se puede decir que al morir Don Misael, el 11 de febrero de 1951, su taller había producido más de 1560 imágenes religiosas de distintos tamaños, incluso varias de ellas están distribuidas en diferentes lugares de la ciudad envigado.

su primera obra con la imagen del Arcángel San Gabriel, el segundo patrono de la ciudad pues durante muchos años fue venerada por todos los habitantes. Otra imagen fue la de Nuestra Señora de las Mercedes patrona titular de Caldas y una tercera obra escultórica en madera fue un grupo de pesebre para la parroquia de Belén.

Veamos a continuación una carta que escribió don Misael al secretario de la gobernación, pidiendole se le exceptuara del cargo de concejal:    

 

Envigado, julio 21 de 1904. Señor secretario de gobierno. Medellín.

Señor: Por su respetable conducto me dirijo a su señoría el gobernador manifestándole lo que sigue:

Por voluntad popular fui elegido consejero principal para el período en curso, del cual empleo fue obsesionado. si yo fuera hombre capaz de desempeñar ese empleo sin perjuicio, lo haría con gusto por llenar los deseos de mis comitentes y cumplir mis deberes de buen ciudadano, trabajando en favor de este pueblo.

Pero sucede señor secretario que mi profesión de escultura religiosa, es enteramente incompatible con el empleo referido, una vez que esa profesión exige cuidados sumos, mucha atención y ninguna interrupción durante la difícil ejecución de una obra; pues usted señor secretario comprende que el genio e inspiración de un artista, para que dé un feliz resultado, no puede ser interrumpido por ninguna cosa extraña, y mucho menos por las intrincadas cuestiones municipales. Por otra parte, mis trabajos se atrasan, quedo mal con mis compromisos, y el taller se cae porque pierde su crédito. además de buena voluntad y sin remuneración ninguna, he venido patrióticamente desde años atrás prestando mis servicios.

Entrada la revolución fui personero municipal dos años; luego concejal principal, secretario del Consejo y suplente el personero, tres empleos a la vez. más tarde miembro adjunto en contribución directa, ahora actualmente secretario ad hoc del alcalde, en un asunto dificilísimo y fuera de estos, otros muchos más.

Así pues, como al desempeñar, por patriotismo, estos empleos,  he conocido por experiencia que soy altamente perjudicado, y que hay completa incompatibilidad entre mi profesión y el empleo que hoy ejerzo, por eso ahora hago mi solicitud según lo permite la ley.

Por las razones expuestas, solicito usted respetuosamente se Silva recabar de su señoría el gobernador el que se me es q se desempeñar el empleo de consejero para que fui elegido y llamaré mi reemplazo al respectivo suplente.

Espero que un Gobierno progresista como el que hoy rige los destinos de Antioquia accederá a mí súplica y con eso coadyurará al desarrollo y adelanto de las Bellas Artes, siendo una de ellas la escultura. Acompañó la prueba testimonial en que fundo mi solicitud que espero sea despacha favorablemente.

respetuoso y su señoría el señor secretario, Misael A. Osorio  (Tomado de: ARCHIVO HISTORICO DE ANTIOQUIA, fondo Gobierno-municipios, año 1904)

 

PRIMEROS ARTISTAS TALLADORES EN ENVIGADO.

Autor:  Darío Tabares.

El 16 de noviembre de 1860 los envigadeños dirigidos por el padre Jesús María Mejía iniciaron la construcción del templo de la iglesia Santa Gertrudis. Trajeron artistas que poseían técnicas notables y se inició la gran empresa de la cual, muchos envigadeños aprendieron el arte religiosa y artístico de las capillas europeas.

La afición a la talla por parte de los envigadeños fue clara herencia española. Se creó una gran fábrica de tres diferentes estilos en absoluta armonía.

  • Los primeros talladores ornamentales fueron los hermanos Carvajal, los artistas más adultos aseguran que la estatua del monumento de la madre fue construida por ellos.

En el templo de la iglesia Santa Gertrudis, el altar se realizó entre 1882 y 1898; trabajaron allí: Tomás Osorio, Andrés Rojas, Juan Muñoz, Fermín Isaza, Alejo Vieco, Rosendo Muñoz, Isaac Zapata, Lazara Muñoz, Manuel J. Montoya y José María Zapata.

  • De los hermanos Carvajal, Andrés Rojas sobresalió como alumno, se especializó en cristos. En 1854 en el sector de la Mina vivió toda su vida y allí murió en 1922. Fue un buen dibujante, excelente tallador y escultor. Construía sus propias herramientas, así también, sus pinturas de colores minerales que él investigó y desarrolló. Andrés talló las esculturas de los dos ladrones, respecto a lo cual Fernando González dijo: “[…] son dignos del crucificado”. Así mismo el pintor Padre Julio Jaramillo exclamó: “No conozco otra parroquia que tenga semejantes ladrones, tan bellos y artísticos, ninguna iglesia se da ese lujo”.
  • Francisco Eladio Rojas Velásquez, hijo del maestro Andrés Rojas, nace en Envigado el 28 de enero de 1881, también en el sector de la Mina y muere el 18 de noviembre de 1954. Un obsesionado con la talla y la escultura al igual que su padre. Trabajó para muchos talleres; uno de sus hijos continúa con esta tradición en Paris trabajando para el museo Louvre.

 

Y Santiago Rojas Arcila, cuya obsesión artística y personal, lo ha volcado en su casa del Guaimaro en Envigado.

 

  • Envigado es la escuela de imaginería religiosa en Antioquia. Álvaro Carvajal participa en esta escuela en 1887. Dedicado a la talla ornamental y escultura en madera, junto a sus hijos Rómulo y Constantino, quienes montaron un gran taller escultórico. También enviaron varias obras a países extranjeros.

 

  • Estos primeros talladores fueron motivados por el padre Jesús María Mejía Bustamante, constructor del templo, y quien estuvo en la Iglesia por 50 años.

 

  • Pablo Estrada Bustamante, fue un gran escultor y tallador de varias imágenes de Semana Santa, de la procesión 11 son suyas. Por muchos años trabajó para Pavezgo. Realizó el cristo resucitado del cementerio. De este taller también comienza la historia de Darío Tabares, muchas veces de pequeño fue a observar cómo realizaban las esculturas y el maestro Pablo Estrada le recriminaba y lo despedía diciéndole: “¡Váyase a su casa para que le den el tetero!”. Aun así, persistió, hasta que finalmente logró acompañarlo hasta sus últimos días en el taller en los bajos del colegio Restrepo Molina y, en los talleres de Don Pacomio Vélez en su fábrica de Pavezgo.

 

fuentes:

Darío Tabares:  http://dariotabaresm.blogspot.com/2012/04/primeros-artistas-talladores-en.html

Lodoño González, Alberto los santos de Misael Osorio. Artículo en: Imágenes de Envigado, 1860-2006. Pagina 237.

Restrepo Mesa, Luis Alberto: Mi Historia de Envigado y otros escritos. 2014. Pagina 96.

Falleció el 14 de enero de 2010, en la ciudad de Medellín, fue  jefe de redacción de Caracol Radio en Antioquia y de amplia trayectoria en otros medios radiales, durante más de 30 años de ejercicio. Vanegas Montoya, o el negro, como le decían sus hermanos, murió en la tarde del miércoles, después de 14 días de convalecencia (desde 30 de diciembre de 2009) de una arritmia cerebral.

Desde el principio mostró inclinación y preferencia por las informaciones económicas y políticas, y se destacó entre sus compañeros de oficio y en las empresas radiales como un hombre ponderado, de infinita paciencia, tranquilidad y buena redacción de textos periodísticos

Conciliador, sereno, amable con todos, Javier Vanegas también destacaba por su prudencia, capacidad de síntesis para la información y por sus buenos contactos para la consecución de las informaciones

Además del Radioperiódico Clarín, Javier Vanegas Montoya trabajó en Supernoticias de Antioquia, al lado del Juan B, Cataño, en el Noticiero Económico Antioqueño, de Jota Enrique Ríos, y en Ondas de la Montaña, antes de transitar durante dos décadas por el Servicio Informativo de Caracol Radio en Antioquia, donde fue Jefe de Redacción

Apasionado por la información política nunca tuvo distingos ni favoritismos entre los partidos, líderes y jefes de los colectivos políticos, pese a su cercanía y amistad con todos los dirigentes del departamento.

A la cadena radial Caracol en Medellín ingresó el dos de octubre de 1986 y, siendo Editor Regional, se retiró el siete de septiembre de 2003, tras gestionar su pensión laboral

Estaba casado con la señora Marta Cecilia Arias, con quien tuvo una hija, Carolina, quienes le sobreviven, junto a sus hermanos Alfredo, Fray Rubén Darío, Luz Elena, Marina, Raúl, Álvaro, Carlos Mario, Germán y Hernando

 

Por:  Daniel Restrepo González, Envigado, marzo 3 de 2014.

nació en Salgar, Antioquia, el 28 de noviembre de 1944, hijo de don Bernardo Toro Santamaría y la profesora doña María Betancur Trujillo. Desde muy niño él se trasladó con su familia a Fredonia, donde murió su padre y laboró exitosamente como docente su mamá. Al terminar sus estudios primarios en Fredonia, ingresó al Seminario Menor de la Arquidiócesis de Medellín en 1958, donde cursó sus estudios secundarios y obtuvo su cartón de bachillerato. Desde 1963, o sea, hace cincuenta y un años, mora con su familia en Envigado. Hechos satisfactoriamente sus estudios filosóficos y teológicos en el Seminario Conciliar de Medellín, fue ordenado sacerdote por el Arzobispo Monseñor Tulio Botero Salazar el 6 de febrero de 1971, para bien de la Iglesia.

Ya sacerdote se desempeñó como vicario coadjutor de Armenia Mantequilla, Titiribí y Santa Bárbara. Fue nombrado párroco de San Pablo Apóstol en el Barrio París de Bello, y luego de San Eduardo Rey, en Machado, Bello también. Luego fue párroco de Santa Bárbara de la Ayurá, en Envigado, donde se desempeñó desde 1974 a 1978. Después de haber estado dos años como director espiritual en el Seminario Menor de Medellín, en 1979 y 1980, fue nombrado párroco de la Santa Cruz de Alcalá en Envigado, donde laboró desde 1983 hasta 1999. De allí pasó a desempeñarse como párroco de El Carmelo, en Itagüí, de 2000 a 2004. Fue trasladado luego a la Parroquia de la Niña María, en Envigado, donde labora actualmente desde 2004 hasta hoy. Marca el Padre Eduardo ¡treinta años de ejercicio pastoral en Envigado!. Merece todo nuestro reconocimiento y honor. Su obra cumbre en las tres parroquias de Envigado ha sido la construcción de sendos templos parroquiales, verdaderas joyas de arquitectura sagrada, de estilo colonial dos de ellos; conjunción te trapiche, de tejar,y de beneficiadero de café el otro, timbre y honor de Envigado. Emulan muy bien tales monumentos con el templo de Santa Gertrudis la Magna, obra que fue del benemérito Padre Jesús María Mejía Bustamante, nacido en Sonsón, forjador ilustre que fue del alma envigadeña. Es bueno dejar constancia de que uno de esos templos, el de Santa Bárbara de La Ayurá, fue edificado con un legado que, post mortem, y con ese fin, dejó doña Graciela Vásquez Lotero, más conocida en Envigado con el remoquete de“La Mona Vásquez”.

El trabajo parroquial del Padre Eduardo ha sido notable y ha dejado buenos frutos. Resalto sus homilías y sermones, muy bien estructurados, claros, concisos y contundentes. Actualmente tiene su parroquia de la Niña María organizada muy a tono con la época con el Sistema Integral de Nueva Evangelización, (SINE), que es un método de pastoral que muchas diócesis de América Latina, incluida la nuestra, han adoptado como estrategia para llegar a los files de la Iglesia, alejados o cercanos. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta la primera evangelización así: A quienes se les anunció el mensaje (kerigma) y se convirtieron, se les invitó a formar comunidad. A quienes formaron comunidad, se les congregó para la enseñanza (didajé) de los apóstoles y para la celebración de su fe. Y como fruto de este proceso, compartían sus bienes con los necesitados, de modo que no había entre ellos indigentes. Así pues, la primera evangelización tuvo estos momentos: Kerigma o conversión, Koinonía o comunidad, Didajé o enseñanza, Liturgia o celebración y Diaconía o compartir. En nuestras comunidades cristianas se trabaja consiguientemente en estos frentes pastorales: evangelización, comunidades, catequesis, liturgia, acción social, pastoral familiar, jóvenes y niños, salud, enfermos, ancianos, y rehabilitación. Habría mucho qué decir, contentémonos con sólo enumerar.

Gran artista el Padre Eduardo, es pintor, escultor y arquitecto. Un gran anatomista. Él esculpió la estatua de Santa Laura Montoya Upegui, gran misionera antioqueña de talla universal, imagen que se venera en la capilla de las Hermanas Lauritas en Belencito. Hay una réplica de esta imagen, vaciada en bronce, obra también del Padre Toro, colocada en el atrio de la catedral de Jericó, cuna de la Madre Laura. Esculpió también el Padre Eduardo la estatua del Beato Marianito Euse Hoyos, imagen que se venera en la capilla del Seminario Conciliar de Medellín, y la de la Beata MaríePousepin, que se halla en la capilla de Los Ángeles, en el Noviciado de las Hermanas Dominicas de la Presentación de Tours. Modeló también el Padre Eduardo un Viacrucis de bronce que se venera en la capilla mayor de la Universidad Pontificia Bolivariana, varios crucifijos, de bronce también, y tiene gran cantidad de pinturas excelentes, entre las cuales yo quisiera destacar dos Vírgenes de Chiquinquirá: una que pintó para el Seminario Menor de Medellín, y otra para la iglesia de San Juan de la Tasajera en Copacabana, donde él desempeñó su diaconado en 1970. Obras suyas que merecen destacarse son el Vía Crucis de la Parroquia de Santa Teresita de Medellín, elaborado en mosaico; la Virgen de la Candelaria, que se halla en la Estación Parque Berrío del Metro de Medellín; la Candelaria, de la Estación Poblado; y la Madonna del Silencio, sita en la Estación Envigado. Estas dos últimas son copias de las obras originales de Grau y de Débora Arango, quienes personalmente le solicitaron explícitamente a él el favor de copiarlas en mosaico. Inmortales son los óleos del Padre Facundo Martín de la Parra, curita franciscano que celebró la primera misa en el Valle de Aburrá en 1541, en Tasajera; el cuadro del Ilustrísimo Señor Jacinto Contreras y Valverde, Obispo de Popayán, fundador que fue de la Parroquia de San Juan de la Tasajera en 1659; y el óleo del Maestro Tomás Francisco de Arnedo y Paladines de la Fuente, el hijo del gran Tiburcio, primer párroco que fue de Tasajera, cuadros que reposan en el templo de San Juan en Copacabana. Interminable me haría si pretendiera seguir enumerando pinturas y esculturas del Padre. Baste así.

 

Aunque al Padre Eduardo le viene el arte en forma innata, como incubado en su sangre, y desde niño ha pintado, recibió normas pictóricas del gran maestro Padre Martín Canys, Benedictino, y siguió cursos regulares de pintura con la gran artista doña Libe de Zulategui Mejía, en Medellín. Estudió arqueología en el Instituto Pontificio de Arqueología Paleocristiana, en Roma, donde obtuvo su licenciatura; hizo cursos de mosaico en Ravena, Italia, de dibujo en la Escuela Libre, afiliada al Instituto de Bellas Artes de Roma, y de restauración y escultura en el Instituto de Restauración Santa Clara de Bogotá.

Termino diciendo que el Padre Eduardo, como descendiente de colonos emigrantes de Envigado, pobladores insignes del suroeste antioqueño pujante, tiene profunda raigambre envigadeña, como lo demuestran los árboles genealógicos que me permito transcribir:

Lucas de Ochoa y Tirado

Ludgarda Ochoa (bautizada en Envigado)

Lucas Santamaría Ochoa (bautizada en Envigado)

Matilde Santamaría (bautizada en Envigado)

Bernardo Toro Santamaría

Padre Francisco Eduardo Toro Betancur

 

 

Alonso Restrepo Guerra

Alonso Restrepo y Atuesta

Gertrudis Restrepo

Francisca Vélez Restrepo

María Josefa Isaza

Antonio Santamaría

Felipe Santamaría

Lucas Santamaría

Matilde Santamaría

Bernardo Toro Santamaría

Padre Francisco Eduardo Toro Betancur.

 

 

Aunque no he rebujado suficientemente este tópico, me parece que el Padre Eduardo Toro desciende en línea recta del capitán Juan de ToroServero, casado con doña Catalina Zapata de Cárdenas Valero, residente que fue por un tiempo del Envigado antañón, cuya mansión solariega, semicampestre entonces, que se llamaba La Toro, estaba situada en lo que hoy ocupa en nuestro pueblo el barrio de El Dorado.

 

 

 

Por:  Manuel Uribe Angel

Nacio Alejandro Restrepo en la ciudad de Medellín, el 20 de diciembre de 1853,hijo de su Fernando y María Concepcion, personas de caracter intachable, y de excelentes cualidades domésticas, habían reunido, merced a la labor constante, a clara inteligencia en los negocios y a probidad ejemplarisima, cuantioso caudal, y se hallaban en condición de dar a sus hijos no solamente pan y abrigo para el cuerpo, sino alimento abundante para el espíritu.

De 1860 a 1861, asistió Restrepo como escolar a la escuela primaria dirigida por Justiniano Mesa y Wenceslao F. Lince. En 1866 entró a estudiar al colegio de Jesús, establecimiento del Pbro. José María Gómez Angel y de Cándido Molina. Allí permaneció hasta 1869, donde cosechó opimos frutos de instrucción general y de educación personal, como por ejemplo: Gramática Castellana, contabilidad, Algebra, Geometría, Astronomía, Fisica, Francés, Religión, Geografía General y especilamente, del Estado de Antioquia. Esta última bajo nuestro dictado.

En 1870 entrpo Restrepo Callejas en la Universidad de Antioquia, regentada por Román de Hoyos, donde permaneció hasta los primeros años de 1873. Allí continuo sus estudios de Física y Francés; hizo los de trigonometría, geometría práctica y filosofía; principió los de inglés, quimica, histología y anatomía descriptiva. El inglés y la quimica bajo la dirección de Pedro Herrán y los de anatomía con Julian Escobar, discípulo y amigo.

 

 

Por:  Daniel Restrepo González

nació en Envigado el 17 de noviembre de 1972, hijo de don Darío Osorio y María Rita Arango. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Alejandro Vélez Barrientos, y los secundarios en la Unidad Educativa San Marcos. Ingresó al Seminario Conciliar de Medellín en 1990, donde cursó sus estudios reglamentarios de filosofía y teología, habiendo sido ordenado sacerdote el 6 de agosto de 1968 por el Excelentísimo Señor Don Alberto Giraldo Jaramillo, arzobispo de la Ciudad. Hoy se desempeña el Padre John Jairo como párroco en la Parroquia de Santa María Mazzarello en Belén, fracción de Medellín, y se halla empeñado en la construcción de un templo parroquial de estilo minimalista, ultramoderno y bellísimo, con la valiosa asesoría del Padre Francisco Eduardo Toro Betancur, su amigo y mentor, y del arquitecto Elkin Fernando Rodríguez, señor de garra y escuela.

 

Cursó en Roma el Padre John Jairo estudios prolongados y profundos en la Pontificia Universidad Gregoriana, en la Facultad de Historia y Bienes Culturales de la Iglesia, licenciándose con una profunda y admirable tesis llamada La figura del Crucificado desnudo, contribución para un estudio iconográfico e iconológico, en 2011, tesis que elaboró bajo la dirección del Profesor R. Mons. Daniel Emilio Estivill, cuyos tres capítulos son:

 

I Semántica del desnudo precristiano.

II Semántica de desnudo cristiano.

III Iconografía del Crucificado desnudo.

 

Es una tesis hermosa, ajustada a la moral, digna y pulcra, limpia y totalmente respetuosa del cuerpo de Jesús y de su santa desnudez.

 

Fue que el Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros (Jn. 1, 14), aunque hay quien se escandalice de ello y de él, que dijo con énfasis: ¡Ay de aquelque se escandalizare de mí! (Mt. 11, 6).

 

Bellas son las pinturas de John Jairo, e igualmente sus esculturas. Hablan ellas con elocuencia del Padre Francisco Eduardo Toro Betancur, su maestro, como frutos del fiel discípulo que son.

 

Sobresalen entre sus cuadros, a mi parecer, el de San Juan de la Cruz, para el cual posó como modelo su hermano Carlos Andrés, piloto de aviación casado con la médica psiquiatra Clara Catalina Cossio Uribe, y padre de Martín, que pugna por nacer; el Ecce Homo, autorretrato de John Jairo; Santa Teresa de Jesús, figura para la cual posó su hermana Claudia Marcela, bella mujer que se halla próxima a contraer matrimonio con Juan Diego Peláez, periodista de la U. P. B.; el Niño Jesús, para el cual posó su sobrino Andrés Felipe Osorio Mendoza. Digna de consignarse aquí es la leyenda que ilustra la vida de la Santa: Se le apareció en las escalas un niño. Él le preguntó: –¿Tú quién eres? –Soy Teresa de Jesús. –¿Y tú quién eres?Soy Jesús, de Teresa quiero ser. De allí la real y verdadera conversión de la Santa. Hermoso es también el proyecto de San Juan Evangelista, que se halla en la Parroquia del mismo nombre en Medellín, y digna de encomio la decoración de la capilla del Convictorio de Medellín en Roma, casa donde se hospedan los sacerdotes arquidiocesanos que estudian en la Ciudad Eterna.

 

Si esto es John Jairo hoy, cuando es apenas un muchacho, que frisa en los cuarenta y dos, aunque empieza su barba a canar, ¿a qué alturas llegará mañana?

 

¿Y es de Envigado John Jairo? ¡Mire, si no!:

 

Hijo de doña María Rita Arango, es nieto de Mileque (Octavio Arango Ramírez), el señor de la fragua que llamábamos en ese entonces los niños, taller el suyo donde había un rincón especial para tornear trompos infantiles en naranjo y en guayabo, y es biznieto de Don Emilio Arango, el que pinta y despinta. Era él Manuel Jenaro Emilio Arango González, descendiente de don Esteban de Arango y Zafra, nacido este último en Villagonzález, feligresía de San Martín de Arango, en el Valle del mismo nombre, en la Provincia de Asturias. Era su solar en Pravia y San Martín de Arango, donde están el Valle de Arango y el río Aranguín, juguetón y cristalino. ¿Y por qué el que pinta y despinta? Porque, salido de cordura por el amor acuciante de Marcelina Bonifacia Ramírez, abandonó sus estudios de medicina, en los que fue sobresaliente, y se dedicó al licor y a pintar y a despintar la fachada de su casa, inscrita en la carrera 13 con la calle 23 en ese entonces, cuadra y media abajo del parque principal de Envigado, muy cerca de la del doctor Francisco Restrepo Molina. Clavaba en la pared don Emilio mallas de alambre con unos clavos enormes y tapas de cerveza; empañetaba la tapia con boñiga o con cemento; pintaba de blanco, la semana siguiente de rojo, luego de azul, con círculos y cuadros y rombos rosados, amarillos y violetas; empañetaba de nuevo; forraba el muro en latas o en ladrillos; revocaba otra vez y pintaba por fin…, hasta que las ventanas, que eran de las que llamaban en ese tiempo arrodilladas, quedaron empotradas en unas grutas de espanto. Los transeúntes, al llegar a la casa de don Emilio, tenían que bajarse de la acera, que se les acababa la acera. Pariente es John Jairo de Débora Arango Pérez, genialísima pintora envigadeña, zarandeada y condenada por el arzobispo Cayzedo porque pintaba mujeres desnudas, monjes en la bacinilla, y cabalgaba a horcajadas; de Luisa Arango, hermana de don Emilio, que ordeñaba las vacas en la calle y blanqueaba los muros exteriores de su casa trepada en una escalera de guaduas, embozada en su bata medioluto; de Mamá Pacha Arango, vanidosa mujer que se colgaba aretas bambalinas elaboradas por ella misma con vidrios de botella y alambritos de cobre; de Delfinita Arango, que se trepaba a correr por los techos de las casas en camisón violeta gritando: ¡Yo tengo once mil ganas!; y de Vicente Ramírez, solterón conocido con el remoquete genial de manos de araña, el sacristán artífice de colgandejos, festones, estandartes, altares, monumentos, pesebres y perendengues. Se le augura a John Jairo mucha suerte. Ya es un grande, aunque empezando su vida.

 

Por:  Edgar Restrepo Gómez

Párroco de la iglesia de Santa Gertrudis, ha dejado importantes obras: conformó el colegio parroquial  “Francisco Restrepo Molina”, anteriormente Instituto “Jesús María Mejía”,luego que su primer director Vicente González falleciera. Para su sustitución trajo a los hermanos cristianos de la Salle  y construyó el edificio para su funcionamiento.  Otras dos obras fue el hospital Manuel Uribe Ángel y el asilo  como contribución a los pobres. Con su liderazgo levantó la estatua en bronce del padre Jesús María Mejía y la celebración del centenario de su nacimiento. Además compró los terrenos aledaños al cementerio para su ensanche e inició  la construcción del templo de San José en Rosellón.

nacido en Granada (Antioquia), el 18 de octubre de 1886, fue hijo de Recaredo Duque e Isabel  Rivas. Hizo sus estudios de primaria en su pueblo y su bachillerato  en el Seminario de Medellín, de donde se ordenó sacerdote el 1 de noviembre de 1910. En la Revista Cultural “Envigado” trae un pequeño recuento de su vida sacerdotal:

“Mi primer nombramiento fue coadjutor de Marinilla con mi compañero de seminario y ordenación, el sr. canónigo Benjamín Urrea, pero esta coadjutoría se acabó para mí pronto porque el santo sacerdote Andrés María Gómez me pidió para que fuera su coadjutor en Barbosa, donde trabajé por más de tres años. En seguida fui párroco de Venecia por voluntad del excelentísimo sr. Caycedo, de grata memoria; en dicha parroquia estuve 18 años, de 1914 a 1932, allí me tocó construir el templo actual en honor de San José, patrono de Venecia.

En 1932 me nombró el mismo sr. Caycedo, párroco de Titiribí, donde actué hasta 1942. En el mes de enero de 1943 me nombró párroco de Envigado el excelentísimo sr. García, puesto que desempeñó actualmente” ( No. 1, julio de 1956, pág. 21-22, )

A la muerte de Duque (1957), lo sucedió en la parroquia de Santa Gertrudis el presbítero Pablo Villegas López, quien estuvo por 16 años (1957-1973)

Por:  Edgar Restrepo Gómez

Nace en Envigado, el 26 de noviembre de 1794, hijo de Don José Ignacio Vélez de la Calle y Micaela Barrientos Ruiz.

Desciende por parte de su  padre José Ignacio, de dos familias importantes:  los Vélez de Rivero y los de la Calle. Entre los ascendientes importantes se encuentra el capitán Juan Vélez de Rivero y su esposa Manuela de Toro Zapata, de familias de conquistadores y españoles de segunda generación.

Alejandro se emparentaba con Alberto María de Calle, el sacerdote realista y uno de los doctores destacados de esa familia, por parte de su abuela paterna, María Antonia de la Calle Sánchez. Por eso de él recibirá los primeros conocimientos en la hacienda de la familia Calle.

Por igual se emparentaba con José Manuel Restrepo Vélez, gran historiador y hombre de estado en los primeros años de la república, por parte de su abuelo paterno, Cristóbal de Vélez Rivero Restrepo. Queda huérfano de padre pronto lo que obliga a su madre doña Micaela Barrientos a hacer frente a la sustentaciòn del hogar

estudios

Sus primeros estudios se inician con su padre José Ignacio y el padre Alberto Marìa de la Calle en Envigado; luego en Medellìn, con José Félix de Restrepo. Siendo jóven entra a la academia de Francisco J. de Caldas en Rionegro, donde inicia sus estudios de ingeniería civil.

Aunque participó en los primeros movimientos de independencia, en la reconquista fue hecho prisionero. Sin embargo, los comandantes españoles apreciaron sus conocimientos en ingeniería y fue liberado por sus servicios  al jefe del estado mayor del ejèrcito español expedicionario Pascual Enrile. Se conoce que dirigió la obra de El Puente de Arco, sobre la quebrada Santa Elena. Luego de la Batalla de Boyacá, y nombrado Córdova comandante militar para la liberación de la provincia de Antioquia, Alejandro es nombrado comandante del batallón Girardot “compuesto por hijos de las familias altas de medellín” (p. 141 Monografía de Envigado, edición de 1964)

Con el batallón Girardot y junto con el batallón que formó Córdoba en Rionegro, actuó en varios combates. Como ingeniero ayudó a fortificar los puertos de Honda y Nare, el montaje de artillería en Angostura de Carare.

Liberado el país de la Nueva Granada del dominio español, y siendo presidente encargado El general Francisco de P. Santander, Alejandro Vélez es nombrado capitán de ingenieros en Estado mayor General, en momentos en que el libertador Simón Bolívar emprendía la campaña libertadora del sur (Ecuador, Perú y Bolivia).

cargos ocupados

Entre 1826 y 1829 fue nombrado cónsul de Colombia en los Estados Unidos. en 1830 fue diputado por Antioquia a la asamblea constituyente en el “Congreso admirable”.

Entre el 20 de julio y el 11 de diciembre de 1830 fue nombrado gobernador de Antioquia y junto con su secretario Mariano Ospina Rodríguez reorganizaron la administración de la provincia. En su mandato se fundó el municipio de Fredonia. Ellos representaban al grupo antioqueño del partido conservador.

En mayo de 1831 ocupó la cartera del ministerio de Relaciones Exteriores, luego formó parte del Consejo de Estado.

Muere el 19 de marzo de 1841, en medio de una guerra civil conocida como “guerra de los supremos”.

Destacamos que su hermano Manuel Vélez Barrientos ayudó a urbanizar el sector nordeste de la ciudad de París (Francia)

 

Por:  Edgar Restrepo Gómez

nació en Envigado el 8 de octubre de 1939, hijo del doctor Francisco Restrepo Molina y doña Graciela González Ochoa.

Es un hombre inteligente, agudo, penetrante y analítico. Devorador de libros, profundamente ilustrado. Se ordenó de sacerdote en Manizales, el 23de agosto de 1964, de manos de monseñor Arturo Duque Villegas. Fue Vicario Coadjutor en Chinchiná, párroco en San Diego, Arboleda, Montebonito, Filadelfia, Palestina y María Auxiliadora en el barrio Aranjuez de Manizales. Ejerció su ministerio sacerdotal en Panamá, con los padres Sulpicianos, donde trabajó con excelentes resultados en el Seminario Conciliar. Magníficas fueron sus relaciones con los Sulpicianos y con el arzobispo McGrath. Se desempeñó muchos años como profesor del Seminario de Yarumal, en otros seminarios y envarios colegios de religiosas.

Ha publicado varios libros, originales, profundos, agudos e interesantes todos ellos, que son: Para leer a Fernando González;Testigos de mi Pueblo;Raíces aldeanas de la corrupción;Realidad y cultura latinoamericana;Elementos para una concepción del mundo;Modernidad, tardomodernidad, postmodernidad, transmodernidad y evangelización; y Escuelita, selección esta última de algunas de sus columnas del mismo nombre que sostuvo por once años en el periódico El Colombiano de Medellín.

Tiene otras obras inéditas, eruditas y profundas. Lástima que no se hayan dado a la estampa. Y son ellas: Los ciclos del olvido;El otro;El silencio empieza mañana;El libro de Laudes y El libro de Vísperas;La cuenta del Otario;Icnocuicatl (que es Los cantos tristes);Astrolabio;Versos (dos volúmenes);CosmovisiónI, II, y III; y varios otros sin titular aún.

Cráneo poderoso, Alberto es sabio y hondo, gran filósofo y teólogo, versado en antropología, en cosmovisión, en sociología, en literatura y en todo lo que pueda llamarse “saber”. Ha sido siempre admirado y reconocido por sus discípulos, que lo buscan, lo consultan y lo aclaman.

Posee en la web una página que puede consultarse en este link: www.escuelitadealberto.net – Allí pueden leerse sus libros, maravillosos, admirables, profundos y densos.