barrio los Naranjos

Por Carolina Bentham Arias, Historiadora.

El barrio no tiene una fecha de fundación puesto que se formó con cuatro antiguos sectores, estos son: El Placer, Las Margaritas, San Mateo y El Seguro. Estos núcleos barriales fueron unificados por la Administración Municipal en 2005 y nombrados como Los Naranjos.

El nombre de “Los Naranjos”, cuentan sus habitantes, se debió a que en las fincas que lo precedieron había grandes cantidades de árboles frutales de naranjo (entrevista a Leoncio Álvarez, JAC, 25 junio de 2021)

En el archivo Central del municipio se encuentra una mención más antigua del lugar, en 1928, cuando el concejo realizó un compromiso con doña Mercedes Saldarriaga de Botero, dueña de la Finca Andalucía, a desaguar las aguas estancadas entre «…el punto de los Naranjos y el camino viejo de San Luis…» (acuerdo municipal No. 2 de diciembre 3 de 1928, Archivo del Concejo. Acuerdos)

De igual forma se menciona en 1944, en otro documento, la calle llamada El Placer, un contrato de arrendamiento de un predio de Ana Felisa Henao para campo de deportes (Archivo Central, Envigado. Caja 242. Carpeta 275. Folio 113r).

Finalizando la década de 1940, los contados vecinos de los parajes conocido como El Placer, Las Margaritas y Los Naranjos fueron testigos de la lenta pero constante urbanización de su entorno. Los dueños de los terrenos vendieron sus fincas y parcelas para dar paso a la modernidad: el crecimiento demográfico del municipio así lo demandaba.

Los árboles de naranjos que le dieron el nombre al barrio[1], los paseos familiares y con amigos a la quebrada La Ayurá, afluente que también fue el modo de subsistencia para algunos, -pues allí era el lugar de reunión de mujeres y hombres, unas para lavar la ropa de las familias y de los otros para extraer arena como modo de subsistencia-,las casas construidas en bahareque desaparecieron poco a poco[2], y dieron paso las casas hechas en material, a los trazados urbanísticos de la Junta de Valorización, a las obras de vivienda de la Sociedad Colombiana de Construcciones Ltda., y a la primera gran edificación del sector de la salud de los envigadeños, la Clínica Santa Gertrudis.

Panoramica con la iglesia de San Mateo en el centro. fotografo Gonzalo Santamaría, fuente: Imagenes de Envigado, 1850-2000, edición de 2007

Urbanización

Hacia 1950 comenzó una urbanización masiva de la parte norte de la zona 9, que inició con el barrio La Magnolia, al que le siguieron los barrios Bucarest, Los Naranjos (conocido como Las Margaritas) y, finalmente, en 1958, El Dorado (Campañas de Recuperación de la Memoria Colectiva de la Zona 9. 2006. p. 5).

La urbanización del barrio fue un proyecto de la Sociedad Colombiana de Construcciones Ltda, con domicilio en la ciudad de Medellín. La historia del terreno de la urbanización Los Naranjos está marcado así (Boletín Histórico #26 del Centro de Historia de Envigado):

1. Por adjudicación en el remate del juzgado 5 de Medellín, en el juicio de la sucesión de la señora Irene Montoya de Ramírez, realizado el 18 de diciembre de 1947.

2. Por compra a Eugenio Sanín según escritura 2168 de abril 17 de 1948 y 6089 de noviembre 18 de 1948 en la notaría primera de Medellín.

3. Por compra a Bernardo Ángel, en comunidad con Juan Restrepo A., y Rafael Mesa Salazar escritura 1681 de febrero 18 de 1949, notaría cuarta de Medellín. 4. La cuota de Rafael Mesa Salazar la adquirió su poderante Belén Fernández por adjudicación en el juicio de sucesión del doctor Rafael Mesa Salazar, juzgado 5 de Medellín, el 5 de abril de 1956, escritura 298 del 13 de marzo de 1958.

Clinica del ISS

Clinica del ISS, cuando funcionaba como IPS, adscrita al hospital Manuel Uribe Angel.

Así pues, terminando el año de 1953, se inaugura la Clínica de Santa Gertrudis, gestionada por el ISS (Instituto Colombiano de Seguros Sociales), y estuvo a cargo de las Hermanas Celadoras de los Enfermos, quiénes provenían de Gerona, España; llegaron al país en 1922, y tenían ya experiencia en la administración de servicios de salud de la Clínica Garcés, en la ciudad de Cali. En el primer piso de la Santa Gertrudis, ubicaron todo lo relacionado con la administración, las celdas de las enfermeras, el consultorio prenatal y general, odontología, tres salas de operaciones y veinticuatro celdas para pacientes “bien acondicionadas y en perfecto aseo”. En el segundo piso, la capilla, salón de conferencias para madres, servicio de clínica infantil y prematuras. A las salas de cirugía se les acondicionaron reflectores, puesto que la clínica contaba con planta de energía propia en el sótano. Desde su inauguración prestó servicio de pediatría y medicina interna (Periódico La Verdad. Envigado Diciembre 19, 1953. p. 6).

aparecen en la presente foto tomada en el salón del concejo municipal de Envigado en 1950, los propulsores de la clínica: gerente general de los Seguros Sociales en Colombia, Gabriel Barrientos Cadavid (centro), el alcalde Jesús Correa Viana; el presidente del concejo Bernardo Agudelo Bohórquez; el ingeniero Antonio Escobar Arango; y los médicos Alberto Robledo Clavijo, Israel Rendón y otros.

Durante todo ese tiempo estuvo a cargo de las hermanas religiosas, hasta que en 1980 ingresó el primer gerente a la clínica, el doctor Darío Carrasquilla quien la administró hasta el año de 1996, durante su administración amplió los servicios agregando, medicina interna y consulta por otorrinolaringología. La Clínica fue cerrada en 1996 por dos   razones, la primera fue por la construcción de clínica Santa María del Rosario y la segunda por la jubilación del doctor Carrasquilla. Para el año 1997 asignaron un nuevo gerente, el Doctor Hernando Zapata quien estuvo a cargo de la implementación de la Ley 100 de 1993 y de la reapertura de la Clínica (Sánchez B., Vheder, y Mejía, Julio J. Envigado: Entre La Montaña y El Río. Tomo II. Medellín: Alcaldía de Envigado, Concejo Municipal – Lealón, 2002. p. 685)

Otra vista de la clinica, notese el campanario, en la parte superior.

En consecuencia, todo el sector obtuvo un impulso comercial y urbanístico: viviendas para algunos obreros de la Fábrica de Textiles Rosellón, tiendas, graneros, cantinas, campo deportivo, parroquia y una escuela para señoritas.    

Parroquia San Mateo       

Fue así como poco a poco se fue configurando el barrio y para el año 1961, Monseñor Tulio Botero creó las parroquias de San Marcos, San Rafael y San Mateo, esta última en el barrio Los Naranjos. El primer párroco fue el sacerdote Enrique Betancur Acosta quien ofició las primeras misas en la capilla de la clínica Santa Gertrudis (Seguro Social); posteriormente la  administración ofreció las instalaciones de la escuela José Miguel de la Calle como sede provisional del templo (Parroquia de San Mateo. 40 años de evangelización. Triduo de acción de gracias. Parroquia de San Mateo Envigado, Septiembre 19, 20, 21,  2001. pp 8-13).

Hasta que se terminó la construcción de la iglesia “con la arena y piedras de la quebrada La Ayurá”(Campañas de Recuperación de la Memoria Colectiva de la Zona 9. 2006. p. 24) en el mismo año.

La comunidad de Los Naranjos fue muy activa en la manera de obtener recursos para su construcción: realizaron rifas, festivales, meriendas, colectas, y en cabeza del párroco Betancur, lograron construir la Casa Cural, adquirieron el Teatro Anacona, fundaron la Asociación Mutual San Mateo, la Legión de María, catequistas, grupos de adoración nocturna y Hora Santa, prestaron servicio médico gratuito para los vecinos del sector y en compañía de la organización Cáritas Internacional, auxiliaron a los menos favorecidos con “leche en polvo, panes, ropa y otros bienes”. En ese tiempo el templo permanecía todo el tiempo abierto a la comunidad, conformaron grupos que así realizaban la acción apostólica (Periódico La Verdad. Envigado diciembre 19, 1953 p. 1).

Salón de la Normal Superior de Señoritas, Envigado, 1957, Archivo Fotográfico Biblioteca Pública Piloto.

Normal Superior de Señoritas

Al tiempo que los vecinos se movilizaron en materia religiosa, también vieron la necesidad de brindar educación a las niñas del municipio, ésta las prepararía para “ser mejores amas de casa” y les enseñaría otros oficios.  Fue así como en 1952, se creó el Centro de Orientación Familiar “Dionisio Arango Ferrer”, que en un principio estuvo ubicado cerca al Parque de Envigado (donde al día de hoy se encuentra la sala de velación La Inmaculada carrera 42 #38AS-22) y que, finalizando el año de 1954, dictó clases de contabilidad, mecanografía, nociones de matemáticas, modistería, secretariado, entre otros. Luego varias dificultades, y en vista de una inminente clausura, la directora del Centro, doña Olga Medina, propuso que éste se convirtiera en Escuela Normal, lo cual se hizo realidad según el decreto departamental N° 153 del 16 de abril de 1956: “Por el cual se modifica la orientación de un plantel y se dictan otras disposiciones. El Centro de Orientación Familiar de Envigado continuará desarrollando el pensum y los programas propios de las Escuelas Normales Superiores, ciñéndose a los reglamentos propios de esa clase de planteles”. Así nació la Escuela Normal de Señoritas de Envigado.

En un primer balance del impacto de la obra educativa, el personero en 1956 comentaba: «“Si algún centro educacional constituye para Envigado un verdadero orgullo, es sin duda alguna esta excelente y notable casa de la cultura. Auspiciada por la dirección de educación del Departamento y sostenida por el municipio va a la vanguardia de los mejores establecimientos educativos; orientada por dignas e inteligentes profesoras, da todos los días las mejores pruebas de lo que ella representa, por tal motivo el Municipio no ha ahorrado esfuerzo alguno para su sostenimiento. Cuenta ya con un auxilio de $200 para este año y con la aceptación unánime por cuenta del Municipio en lo que a buena presentación se refiere. De allí que con el beneplácito de la Administración esta casa seguirá avante en el campo familiar de la educación envigadeña» (Archivo Central de Envigado. Caja 249. Carpeta 340. Informe Personero. 1956).

Foto Digar, año 1958, en una de sus primeras sedes, actualmente (2022) se encuentra la Sala de Velación La Inmaculada.

Cuando inició sus labores, la Normal no tenía una sede propia, por consiguiente, las clases se ofrecían en diferentes locales educativos como en la Biblioteca municipal José Félix de Restrepo de la Sociedad de Mejoras Públicas, también tenía una sede en una casa vieja frente a la Alcaldía y en la Residencia Social del municipio.

Por su crecimiento progresivo y de aceptación en la comunidad envigadeña, el concejo municipal mediante el acuerdo No. 3 del 21 de noviembre de 1958 estableció la construcción un local nuevo: “… destina la suma de 50 mil pesos para iniciar la construcción de un local amplio y que llene los requisitos pedagógicos e higiénicos para funcionamiento de la Normal Superior de Señoritas «Santa Gertrudis» de Envigado. $45 mil pesos para iniciar la construcción y $5 mil pesos para dotación de material de enseñanza» (Archivo Concejo Municipal, Envigado. Acuerdos 1958). El terreno adquirido fue comprado al doctor Gustavo Vásquez Uribe, situado en el barrio «El Placer» se destinaba exclusivamente para la construcción del local para la Normal y para una cancha de fútbol.

 La obra fue terminada en el año de 1965, con varios traspiés según informaba el periódico Expresión en 1960 “(…) pedimos que no demoren más la terminación de este importante centro de enseñanza. Los padres de familia anhelamos que la nueva Normal tenga más a su sección de magisterio, la sección de bachillerato completo, para que nuestras hijas puedan recibir la consiguiente educación y estén así más preparadas para iniciar una profesión que llene sus aspiraciones. Es el momento señores concejales de pensar en alto y en grande”[4].

Adicionalmente, cerca de la quebrada La Ayurá, estaban ubicadas las escuelas rurales de niñas y niños, como se evidenció en la visita del Inspector Nacional de Educación Primaria, Pastor Velásquez Sierra, en el año de 1944 y quien le realizó varias solicitudes al entonces Personero Municipal, Pedro Luis Quirós. Para la escuela rural de varones, solicitó: “esta escuela corre el peligro de ser clausurada de un momento a otro, o al menos de alternar su trabajo en el local de la de niñas, dada sus pésimas condiciones» (Archivo Central de Envigado. Caja 160. Carpeta 21. Folio 38r – 38v.)

En medio de todos estos cambios que experimentó no solo el barrio Los Naranjos, sino también todo el municipio de Envigado, la quebrada La Ayurá seguía su curso, pareciendo ajena al agitado estilo de vida que comenzaba a percibirse, sin embargo, fue directamente afectada por este.

Vida Social

En el barrio existieron algunos lugares de encuentro y una amplia actividad comercial. Al frente de la Clínica Santa Gertrudis, hubo una tienda que fue referente, se llamó: tienda Los Naranjos, allí se reunían personajes de todos los barrios adyacentes a departir (Entrevista a Gonzalo Santamaría, Envigado 1 de octubre de 2021).

También hubo otros establecimientos comerciales, como lo demuestran las siguientes solicitudes: “Licencia de funcionamiento N° 122, se concede licencia al señor Mariano Agudelo Colorado, para el funcionamiento de un granero mixto ubicado en el barrio Las Margaritas de este municipio, durante el año de 1965, sometiéndose a la plena observancia de todas las disposiciones legales y de manera muy especial a las previstas por el Código de Policía” (Archivo Central de Envigado. Caja 412. Carpeta 182. Folio 142r.).

Otra solicitud indicaba: “Yo Bertha Quiroz de Nuñez, comedidamente sirva concederme licencia para el funcionamiento de un establecimiento de heladería denominada Heladería Portuguesa, ubicada en el barrio San Mateo de esta ciudad en la carrera 17 y que ha venido funcionando desde tiempo atrás”(Archivo Central de Envigado. Caja 412. Carpeta 186. Folio 93r.).

También el Teatro Anaconas, además de proyectar películas, era centro de reunión del Sindicato de Trabajadores de Grulla: “señores Alcaldía de Envigado: por medio de la presente damos cuenta de la realización de la Asamblea General el día 30 de los corrientes en el local del Teatro Anaconas a las 10 de la mañana. El motivo de dicha reunión, es el de informar y dar instrucciones relacionadas con la disciplina de la huelga. Agradecemos esta oportunidad para expresar nuestro reconocimiento a dicha dependencia tan fielmente representada por usted, y esperamos que durante el transcurso de la huelga no causemos ninguna molestia a la ciudadanía”(Archivo Central de Envigado. Caja 411. Carpeta 185. Folio 235r).

Los vecinos eran muy unidos y solicitaban al municipio: “Los abajo firmantes, mayores de edad y residentes de la carrera 21 del barrio Los Naranjos y barrio La Sebastiana (…) nos dirigimos a ustedes para que se sirvan poner en consideración los siguientes puntos: (…) la Oficina de Valorización, está empeñada en llevar a cabo el arreglo y pavimentación de la carrera 21, barrio La Sebastiana y otros (…) no hemos enterado que el tramo comprendido entre la Normal y la quebrada la Ayurá, la obra proyectada es solo arreglo y pavimentación de dicha vía sin tener en cuenta el ensanche, pedimos a ustedes que se haga también el ensanche correspondiente para que la obra quede completa y así el barrio que en su mayoría lo habitamos gente de pocos recursos económicos se evite en un futuro nuevas erogaciones”(Archivo Central de Envigado. Caja 412. Carpeta 187. Folio 209r).

En la calle 36 con la carrera 35 de Envigado, estaba ubicado el granero de Carlos Ruiz, cercano al bar El Conejo y al Seguro Social. Se caracterizó por ser un granero mixto con piano, decía el hijo de Carlos Ruiz: “el granero de mi papá quedaba en los Naranjos; él era un hombre muy conversador y humanitario y le aseguro que era más lo que fiaba que lo que vendía. Atendía a los niños y a las señoras por una ventanita, para que no entraran a la parte de la cantina, pues allí se tomaba cerveza y aguardiente. Vendía petróleo por galón o por botella, el mismo que se usaba en las cocinas para los fogones de mechón. Vendía leche por vasos. Como el granero era al frente del Seguro Social, allá iban los papás de los niños recién nacidos, unos a comprar mecato para trasnochar si la espera era toda la noche y otros a celebrar con aguardiente el feliz acontecimiento. A los bebedores que les daba hambre, papá les fritaba huevos y chorizos en el fogón de gasolina; como yo le llevaba el almuerzo todos los días en un porta comidas, papá me daba parva dulce para llevar al colegio. En la cantina había una mesa de billar para carambola libre y mucha gente iba a jugar lo que se llamaba pizca, que son cuatro palos negros y uno blanco, mi papá también jugaba y apostaba y seguro que lo vi perder muchas veces”(Burgos Herrera, Alberto. Cafés, bares y música en Envigado. Pp. 184-185).

La Ayurá

La Ayurá y sus afluentes. fuente: Area Metropolitana

Es innegable la importancia de la quebrada La Ayurá para el municipio de Envigado y en especial para el barrio Los Naranjos. Posee una longitud de 15 kilómetros y sus principales afluentes son las quebradas, El Palo, La Miel, El Salado, La Sebastiana y La Ahuyamera. Su cuenca alta, va desde los límites con El Retiro hasta la quebrada La Pavita; su parte media, corresponde hasta la antigua fábrica de Rosellón, hoy universidad de Envigado; y la baja, hasta su desembocadura con el río Medellín[6].

Yurá, es el nombre original de la quebrada. Este vocablo tiene raíces indígenas y, según los historiadores locales, significa “perico ligero”. En el siglo XIX, conservaba esta primera denominación y es muy probable que durante algún tiempo coexistieran ambas, hasta que se impuso Ayurá. Según las indagaciones del licenciado en español y literatura, José Ignacio Henáo Salazar, Yurá es un nombre de raíz indígena, pero no procede de la lengua de los primeros nativos del actual territorio envigadeño. Fue un nombre traído por los españoles o indígenas que los acompañaban. En ese sentido, si las huestes llegaron desde Perú, su raíz sería Quechua, y significaría “Quebrada Blanca”; si la expedición incursionó desde el Golfo de Urabá, su origen sería Chibcha, y significaría “Quebrada Refrescante” (Preciado, Bibiana. Canalizar para industrializar. La domesticación del río Medellín en la primera mitad del siglo XX. Bogotá: Uniandes, 2015, p. 80)

Los predios alrededor de la quebrada, hasta inicios del siglo XX, fueron fincas veraniegas de familias de Envigado y de Medellín. Varias de éstas, las visitaban durante la temporada de vacaciones, y disfrutaron del generoso caudal para bañarse en ella y pasar el día. Así lo testimonia el propio filosofo de Otra parte:

“… Pescábamos con dinamita y anzuelo aprendiendo a preparar carnadas de aguacate, guayaba y lombriz, y con la ilusión de cocinar una ´viuda´ pasábamos todo el día empelotos a la orilla del río… El río era grande, porque había selvas, y esas arboledas misteriosas nos separaban del resto del mundo”( Boletín Histórico #25,noviembre de 2019, Historia de la casa museo «Otra Parte», página 13, autores: Edgar Restrepo y Pedro Nel García)

De igual manera, los habitantes de Envigado aprovecharon también su cercanía, y alrededor de ella se tejieron historias sobre espantos, fecundidad, lavanderas, areneros, pesca y construcción.

Lavanderas en la quebrada La Ayurá, foto cortesía Lina Garcés.

Cuentan los habitantes más antiguos del barrio, que en esta quebrada algunos aprendieron a nadar; otros, sacaron arena para venderla. Las mujeres de los barrios La Sebastiana y Los Naranjos buscaban un lugar cómodo en la quebrada, donde hubiera una piedra grande y aplanada, para lavar la ropa de las familias, estos espacios eran respetados por cada una de ellas mediante acuerdos tácitos y de costumbre, y así evitaban conflictos si alguna invadía el espacio de la otra[8].

De ella, también se benefició la fábrica de Rosellón, la cual fue cercana al barrio y lugar en donde varios de los vecinos laboraron.

Cuenta las leyendas locales que a la quebrada se le atribuyeron poderes de fecundidad en las mujeres. La señora Dolores Giraldo de Giraldo, campesina, tuvo 12 hijos en un mismo día, producto de bañarse diariamente en la Ayurá; y que don Lucas Ochoa, natural de Madrid-España, y asentado en territorio envigadeño, tuvo novecientos descendientes, y que doña Concepción Soto y Ochoa, nieta de don Lucas y casada con Bautista Uribe, tuvo 33 hijos. También que la fertilidad “milagrosa” se debía a que los curas benedictinos, que habitaron cerca, dejaron la quebrada lista para fecundar mujeres. Uno de los médicos parteros de Envigado, Nepomuceno Jiménez, aseguró que la Ayurá tenía en su cauce metales radioactivos que alteraban la normal fecundidad de las mujeres, haciéndolas más fértiles. Estos metales provenían de los árboles de comino crespo que se encontraban en la rivera de la quebrada y que era el preferido por los ebanistas para la construcción de muebles (Valencia, Pedro Nel. Ayurá fuente de leyendas. Publicación del Metro de Medellín. https://twitter.com/metrodemedellin/status/1266865628788469762).

Lo cierto es que, a pesar de las leyendas a su alrededor, su influencia de la quebrada fue notable en la configuración del barrio Los Naranjos: como lugar de esparcimiento, también donde las lavanderas y areneros desarrollaron sus oficios para el sustento de los hogares, como proveedora del acueducto del municipio y de la fábrica Rosellón, con sus crecientes, con la construcción de puentes que comunicaron los diferentes barrios y, por último, con las obras de la canalización que evitaron las inundaciones de las casas vecinas a ella.

Primera Junta de Acción comunal en los Naranjos

Antigua sede Junta de Acción Comunal, al lado la Normal Departamental en construcción.

La primera Junta de acción comunal que tuvo el barrio se constituyó el 29 de febrero de 1984 donde algunos vecinos se reunieron en la casa ubicada en la diagonal 35 D con la 32. La primera junta estuvo conformada por: Alberto Quirós (presidente) Alejandro Álvarez (vicepresidente), Ofelia Villa (tesorera), María Aguirre(fiscal) y Cecilia Arenas (secretaria). Los vocales fueron: José Restrepo, Omar Cano, Darío Espinosa, Alonso Restrepo y Gerardo Flores. Este último grupo creo el comité de Deportes.

Finalmente, la personería jurídica fue aprobada por el departamento de Antioquia, mediante la resolución número 595 de noviembre 15 de 1984. Entre varias obras más importantes de la Junta de acción comunal estuvo la construcción de gaviones Que se levantará en la quiebra antes de la canalización, hace más de 20 años, con el fin de evitar las avalanchas e inundaciones de la quebrada La Ayurá.

Posteriormente, la Junta de Acción Comunal Los Naranjos, hizo un homenaje a las tradiciones envigadeñas y a las familias de los primeros pobladores del barrio, colocando imágenes en mosaicos dentro de la canalización de la quebrada. En estos se pueden observar personajes, familias y lugares tradicionales del municipio, lo cual refleja el sentido de pertenencia de la comunidad con su entorno.

Posteriormente, la Junta de Acción Comunal Los Naranjos, hizo un homenaje a las tradiciones envigadeñas y a las familias de los primeros pobladores del barrio, colocando imágenes en mosaicos dentro de la canalización de la quebrada. En estos se pueden observar personajes, familias y lugares tradicionales del municipio, lo cual refleja el sentido de pertenencia de la comunidad con su entorno.

parte de los murales realizados por la Junta de acción comunal en los muros de la canalización de la quebrada La Ayurá
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