Pedaleando, ando: apuntes para una historia del ciclismo en Envigado.

Por Edgar Restrepo Gómez

El ciclismo  o el uso de la bicicleta para la recreación, el deporte o la competencia, se inició con los obreros de Rosellón, quienes andaban en sus bicicletas  para ir y venir de la fábrica. En ella, cargaban su lonchera o “moga”, tenían parrilla y bombilla delantera, dinamo y corneta. Eran de las marcas Philips y Humber, muy pesadas, pero resistentes para las calles destapadas y el abuso de sus dueños.

Adicionalmente, los chicos en Envigado, adoradores de la velocidad y de la libertad, también utilizaron las bicis, los que no tenían con qué comprarlas, que era la mayoría, pues el precio de los primeros aparatos era inalcanzable, las alquilaban, aunque no estuvieran en mejores condiciones, pues andaban descovaladas, chocadas, desajustadas, roídas por tanta carrera, caída, descuido y uso. Pero servían para el aprendizaje, a punta de caídas, porrazos, choques, intentos. Claro que, por ser jóvenes, todo hacía parte de la diversión y de desfogar las ganas, como tirarse por las bajadas, viviendo la adrenalina del riesgo o de la emoción de sentir el viento en la cara. Todo hacía parte de lo mismo, como las exploraciones a otros barrios, ir más allá de los límites de su cuadra. Era un pasear con los amigos, con quienes se hacían carreras, retos de subida al salado o a la catedral. La bicicleta era la oportunidad de vivir ese espíritu libertario de ser joven. ¿Quién no aprendió a montar en esos arquiladeros, si no había forma de comprar una? La bici no estaba al alcance de todos.

El ánimo de descubrir esas sensaciones y esas aventuras estaban presentes en todas partes. En Bello, por ejemplo, la muchachada vivía la fiebre, como recuerda el escritor Reinaldo Spitaletta, en una de sus crónicas: “Cuántas caídas en esas “burras” que se alquilaban por un cuarto de hora, por media hora, por sesenta minutos. En ellas íbamos a Manchester, a La Cumbre, a Niquía, y en ocasiones por la autopista hasta Copacabana. Cuando no teníamos cómo pagar, las tirábamos en la acera y salíamos corriendo. Era sellar una condena: jamás nos volverían a alquilar ninguna de esas “chatarras”.” (https://spitaletta.wordpress.com/2017/07/09/bicicleta-de-calles-obreras/)

El inicio de la vuelta a Colombia (1951), estimuló aún más el uso de la bici.  Los años 50 son testigos de esos primeros héroes que enfrentaban la topografía colombiana, con sus carreteras destapadas, cruce de quebradas, clima de calor o frío, corriendo en grupo o en solitario, una proeza de la lucha solitaria, done el hombre y la maquina eran uno solo. Esa fiebre y novedad, sigue atrayendo gentes de todas las clases y edades, no hay quien haya tenido alguna vez en su vida, un pedazo de libertad de hierro, no hay quien haya experimentado la emoción de volar, del miedo al porrazo, del dolor de los raspones o golpes. En Envigado sigue hoy viva la expresión del nacimiento de un deporte que aún arrastra aficionados que cada fin de semana o en las noches, se aprovisionan y se visten con la indumentaria como debe ser, y trepan entre cansados y satisfechos por la vía al Salado y a la Catedral.

La idea de la una Vuelta a Colombia venía gestándose desde 1940. Las noticias sobre las competencias europeas como el Tour de Francia o el Tour del Porvenir despertaron el entusiasmo en el país y algunas pruebas entre Tunja, y Bucaramanga, Medellín y Sonsón, por vías carreteables se hicieron frecuentes; pero un evento organizado no vino a concretarse hasta 1951.

Los periodistas de El Tiempo Pablo Camacho Montoya y Jorge Enrique Buitrago “Miron”, junto con Efraín Forero, Donald W. Raskin, Guillermo Pignalosa y Mario Martínez, le propusieron al jefe de redacción de El Tiempo, Enrique Santos Castillo, que su periódico auspiciara y organizara la primera Vuelta a Colombia. Efraín Forero le propuso hacer una carrera de prueba entre Bogotá y Manizales para demostrar la viabilidad de su propuesta. Hizo la prueba, convenció a El Tiempo, al cual se sumaron otras empresas como Avianca, Bavaria, Avisos Zeón y la Flota Mercante Grancolombiana.

Para el 11 de agosto de 1950, El Tiempo anunció por primera vez la realización de la Vuelta a Colombia, seguido de un nuevo anuncio el 24 de noviembre de 1950 en el cual se concretó la cantidad definitiva de etapas a correr, así como la realización de la prueba para el mes de enero de 1951. De esta forma el 5 de enero de 1951, la vuelta a Colombia arrancó en la Avenida Jiménez de Bogotá, y recorrería diez etapas, un total de 1.233 kilómetros. De los 35 participantes iniciales, solo treinta lograron culminar la prueba. El primer campeón fue Efraín Forero quien ganó siete etapas; ​ el trayecto de la primera edición fue recorrido por Forero en 45 horas y 23 minutos, quien aventajó a Roberto Cano, “El Sastre de Envigado”, que llegó segundo luego de dos horas. La competencia fue exitosa y gracias a las emisiones radiales el país recibió durante quince días los detalles, transmitidos por la emisora Nueva Granada en la voz de Carlos Arturo Rueda, quien con su estilo peculiar le imprimía emoción a la carrera. Efraín Forero fue el primer campeón de la Vuelta a Colombia y Carlos Arturo Rueda lo bautizó como “El Indomable Zipa”.

Mientras tanto, en Envigado se creaba el primer Club Ciclístico del departamento de Antioquia, El Club Los Ases, que según el historiador Sacramento Garcés (Monografía de Envigado, 1964, p.101). fue fundado por Jacob Jaramillo, German Posada, Hernando Lotero U., Héctor Restrepo M., Darío Arango, Félix Carmona, Carlos Restrepo y otros. De ese club surgieron los corredores de la primera Vuelta a Colombia: Roberto Cano Ramírez, “El Sastre de Envigado”, Octavio “Petroleo” Echeverri y el “Gran” Pedro Nel Gil.

En un balance de las primeras cuatro vueltas a Colombia, se destacaba la participación de Antioquia, encabezada por los ciclistas envigadeños, Roberto Cano Ramírez y Pedro Nel Gil, representando a Envigado y Sedeco. En ese 5 de enero participaron con “bicicletas prestadas, demasiados grandes para sus físicos y con piñones con un máximo de 21 dientes, desafiaron el prestigio de los más consagrados ases nacionales, y se enfrentaron a las cuestas y a los climas que componen las dificultades del próximo evento ciclístico de América” (El Colombiano, mayo de 1955).

El Circuito ciclístico de Envigado, que se hizo en la población y con ocasión de las fiestas del Carriel en 1952 y 1953, terminaban en el pasaje Jaramillo y Barrio Mesa y sirvió para el crecimiento de la euforia por el deporte de las dos ruedas y la vuelta a Colombia. Entre los destacados ciclistas de Envigado de la época se tiene a Héctor Mesa, Octavio Olarte, Fabio León Calle, Norberto Tamayo, Octavio Echeverry y Juan Montoya, entre otros.

Las siguientes biografías son una muestra de admiración por los héroes del caballito de acero, que le dieron protagonismo a la ciudad señorial y merecen ser destacados por sus diferentes proezas en el campo del ciclismo.

Octavio “Petróleo” Echeverri, campeón de velocidad pura

Pistero por excelencia, participó en una Vuelta a Colombia teniendo un buen desempeño sin ser esa su especialidad. Participó Octavio en representación de Colombia en los Juegos olímpicos de Melbourne en 1956, en un conjunto integrado por Ramón Hoyos, Jorge Luque, Pablo Hurtado, Jaime Villegas, Honorio Rúa, Leonel Ángel Mejía, Héctor Monsalve, Octavio Echeverri, Diego Calero, Mario Vanegas y Roberto Buitrago.  Los ciclistas también tenían cierto reconocimiento, por sus recientes actuaciones en México (Juegos Panamericanos 1955 y Juegos Centroamericanos y del Caribe 1954). Sin embargo, fue eliminado en la serie de los 1.000 metros sprint. En el kilómetro contra reloj Octavio Echeverri fue decimoquinto, con 1.14.8, mientras su rival, el italiano Leandro Faggin, a la postre oro, acreditó 1.09.08.

En la persecución por equipos se presentaron ocho países. En la ronda inicial el rival de Colombia era Pakistán, país que se retiró. Aun así, Colombia (con Ramón Hoyos, Octavio Echeverri, Honorio Rúa, Héctor Monsalve) debía hacer ‘cualquier’ tiempo para avanzar de serie, pero el guarismo de 5.09.02 fue el más pobre de todos en aquella tarde, por lo que no fue tenido en cuenta. Restaba la prueba de ruta de Gran Fondo en Carretera, a la cual asistieron Jaime Villegas, Jorge Luque, Pablo Hurtado, Rúa y Hoyos, quien tuvo el privilegio de comandar la competencia durante un buen trayecto, pero al final terminó de 13, como el segundo mejor latinoamericano, después del mexicano Magdaleno Cano (noveno). Jorge Luque abandonó la carrera tras una caída.

Más tarde sufrió un grave accidente en una motocicleta en el cual se fracturó una pierna y se retiró del ciclismo. En la actualidad es propietario de varios automotores al frente de los cuales se encuentra el popular “Petróleo”.

Foto en blanco y negro de un grupo de personas alrededor de una mesa

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Foto en blanco y negro de un grupo de personas en bicicleta

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Foto en blanco y negro de un grupo de personas

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Roberto Cano Ramírez

Roberto Cano Ramírez, llamado El Sastre de Envigado

Aunque nació en Fredonia (1927-1995), desarrolló su carrera ciclista en Envigado a la par de su oficio de sastre, por ello fue llamado El Sastre de Envigado. Desde su adolescencia empezó su pasión por la bicicleta, pues sacaba tiempo de sus labores campesinas en compañía de su padre Roberto y alquilaba una bici para descolgarse por las faldas de su pueblo natal. En 1950 corrió su primera prueba de competencia entre envigado y El Atillo, donde fue tercero y posteriormente ganaba la prueba de 100 km en las “olimpiadas” de Medellín.

Hizo parte del “Hall de la fama” en la primera época del ciclismo de competencia en Colombia y que abrió la afición y  la práctica a las generaciones de hoy, al lado de rivales como Efraín Forero “El Zipa”, José Beyaert, Oscar Orjuela, Oscar Oyola, ramón Hoyos, Martín Emilio “Cochice”Rodriguez, “Petroleo” Echeverry y Conrado Tito Gallo, entre otros. Fueron duras competencias, en las cuales recorrían distancias de 1.300 y 1.500 kilómetros, durante más de 15 días, en carreteras destapadas.

Cano Ramírez hizo parte del equipo de ruta que tomó parte por primera vez en esa especialidad en los Juegos Panamericanos de Buenos Aires (Argentina) en 1951, en el puesto 21 y sus compañeros de escuadra fueron Carlos Buitrago, Antonio Caro y Pedro Nel Gil.

Roberto con su compañero y competidor Pedro Nel Gil, archivo personal de su hija

Participó en la primera vuelta a Colombia, cuando contaba con 25 años y con la “colecta” de sus amigos que le dieron 250 pesos, con lo cual pudo comprar una bicicleta y un solo tubular de repuesto. El muchacho de 178 de estatura y 70 kilos de peso, no disponía de un peso para hacerse a equipos. Pero su participación fue muy destacada, ocupó el subcampeonato luego del Zipa Forero y de tercero fue “El Gran” Pedro Nel Gil, gran compañero y rival, decía que era un ciclista extraordinario “hizo hazañas que me sorprendían, se iba en una cicla de turismo desde Medellín hasta Sonsón en un día y regresaba, increíble que lo hiciera…los que más nos destacamos fueron gil y este servidor. El, fue patrocinado por una empresa (Coltejer) y a mí me colaboró el municipio de Envigado. Tuve apoyo moral y una bicicleta; fue lo único que llevé; ni acompañantes siquiera. Era una bicicleta de cuadro #60, bastante alta. Hoy en día el cuadro mío es 54, se imaginan ¿cómo quedaría yo ahí montado?, como en un camello. Ah, llevaba también varios implementos como una bomba para aire, aguja e hilo para remendar los tubulares en el camino, la caramañola con agua y un tubular atravesado al pecho. La carretera era de solo piedra, cuando uno caía le tenían que sacar con pinzas, las piedritas de los muslos y los codos. Los seguidores de la época en las diferentes ciudades, apenas horas después recibían la información sobre las clasificaciones, o la radio vespertina o la prensa un día después. Carlos Arturo Rueda era hincha mío, el sastre por aquí, el Sastre por allá, él me hizo mucha propaganda” (Reportaje: el Sastre de Envigado da las puntadas a su vida y la historia. El Colombiano, 1990)

Foto en blanco y negro de un grupo de personas posando para una foto

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Pedro Nel Gil Gallego,  a que hace alusión Roberto Cano,  era llamado El Gran Pedro Nel, o “El Tigre de Amalfi”, había nacido en Don Matías, el 21 de octubre de 1927,  y fue uno de los pioneros del ciclismo colombiano, considerado por los expertos antioqueños de la época como el fundador del ciclismo en su departamento.

Gil terminó tercero en las primeras dos ediciones de la Vuelta a Colombia en 1951 y 1952. Luego de su primera participación a su regreso, la ciudad de Medellín le brindó una gran recepción tanto a Gil, como a su compañero de equipo, Roberto Cano por su destacado desempeño en la Vuelta. Se retiro luego de la tercera vuelta a Colombia, en su carta decía se iba dedicar al estudio y se había vinculado al bachillerato nocturno como una mejor forma de prepararse para su desempeño laboral. Sedeco Coltejer fue su compañía patrocinadora (El Gran Pedro Nel Gil, se retira del Ciclismo. Revista Lanzadera, No.220, mayo 16 de 1953).

Volviendo al “Sastre de Envigado”, se destacó en la práctica del deporte, porque a pesar de contar con afecciones cardíacas, Roberto corrió seis veces vueltas a Colombia, de 1951 a 1956, fue tercero en la segunda, quinto en la tercera y en las demás ocupó los diez primeros puestos.  También participó en 1951 en los Juegos Panamericanos en Argentina, con resultados malos “porque técnicamente no estábamos orientados, no existían entrenadores”. Al final de 1956, dejó la gran competencia, buscó trabajo en Medellín pero no le daban tiempo para entrenar, así que partió para Manizales, con el objetivo de hacerse entrenador de ciclismo competitivo, estando en dicha actividad hasta 1963. Entre sus pupilos estuvieron Rubiel Martínez, Arturo Castellanos, Fernando Gutiérrez y Peluca López. Fue fundador del ciclismo recreativo de Manizales en compañía de Rodrigo Villescas. En aquella ciudad conoció a su esposa Nubia Gómez, con quien tuvo dos hijos, lo cual hizo que se radicase allí.

En 1978 sufrió un accidente en un circuito recreativo en Medellín que lo dejó inválido. Cano participaba en representación de Caldas en los II campeonatos nacionales de ruta, en la categoría C, mayor nivel y de más de 40 años. Su retorno a tierras antioqueñas, le dieron el apodo de “El Hijo Prodigo”. Así fue el accidente: “en la recta de la Aguacatala, al sur de la ciudad, sintió en ese momento un ruido en la rueda trasera de su bicicleta, notando que tenía la puntilla suelta, de alguna forma se las ingenió y la compuso sin bajarse de la cicla, haciéndolo con el pie. Mas adelante notó que la puntilla de la rueda delantera estaba suelta, a lo que no puso mayor atención por la premura de no dejarse sacar del lote del cual hacía parte en ese momento. Fue entonces en el instante cuando quiso pararse en los pedales para tomar impulso y recuperar una luz que el lote le había sacado, fue cuando se salió la rueda delantera ocasionándole el accidente que hoy día lo tiene postrado. Sufrió lesiones en la columna vertebral, en la región cervical en la cual dos vértebras le presionan la médula por lo que su cuerpo perdió toda actividad motora desde el cuello para abajo. Gracias a la fisioterapia ha logrado movilidad en sus brazos y la cabeza” (El Colombiano, 1979, p. 12). Su familia tuvo que recurrir a la caridad pública para reunir los dineros necesarios para darle sepultura. Murió de cáncer, en febrero de 1995, a la edad de 68 años (Periódico El Tiempo, 14 de febrero de 1995). Roberto Cano Ramírez, antes de morir, observaba el Tour de France o la vuelta a España y sentía nostalgia por los tiempos en que corría y obtenía reconocimiento, también sentía alegría porque pensaba que había contribuido al crecimiento del deporte: “Hoy podemos decir que nuestro deporte es uno de los mejores del mundo por el coraje de los ciclistas. Técnicamente no es el mejor pero los muchachos demuestran capacidad y dejan en alto los colores de Colombia” (Archivo de Prensa y fotografía de Roberto Cano Ramírez, propiedad del Centro de Historia de Envigado, donado por su hija Diana Cano).

Mario «Papaya» Vanegas Jiménez, campeón pistero de Envigado.

  
Aunque nació en Amagá (1939), desde los dos años de edad fue traído a Envigado, y por eso se considera un hijo adoptivo de la ciudad. En el bachillerato inició su pasión por el ciclismo. Al principio aprendió a montar en bajada, luego a sus 12 años y en competencia con sus compañeros del Colegio La Salle, corrió la doble a Sabaneta. En ese primer intento, no le fue bien, se quedaba en las subidas, por eso sus amigos le decían que se dedicara a otro deporte. A los 13 años ingresó a la liga de ciclismo, en la cuarta categoría o llamada de principiantes, y en tan solo 2 años subió hasta la 1ª categoría o élite, pero en esta compitió solo en carreras de medio fondo y algunas válidas de ruta.

A los 17 años, corre los nacionales en representación de Antioquia en el velódromo 1° de mayo de la ciudad de Bogotá y se proclama, campeón. Arrastía Bricca, más que satisfecho con el desempeño de su pupilo dice que de regalo lo lleva como invitado al centroamericano de pista que se corre en Caracas (Venezuela), una vez allá, lo inscribe y le manifiesta que debe correr. Un frío inmenso de “miedo”, responsabilidad y compromiso, corrió por su cuerpo, debía enfrentarse a corredores mayores y con mucha más experiencia. Llegó el día de la competencia y poco a poco fue avanzando en los resultados clasificatorios hasta llegar a la final contra el italiano nacionalizado venezolano Leoni, corredor que 2 meses atrás había quedado entre los 8 mejores del mundo. Resultado del enfrentamiento: oro para “Papaya” Vanegas, era su primer título internacional y con tan solo 17 años (William Martínez Lobo Envigado dice, 2017)

La participación colombiana en los Juegos Centroamericanos de Guatemala en 1950, para competir en pista y ruta, impulsó la necesidad de construir un velódromo en Colombia. En esa competencia estuvo una delegación encabezada por Efraín Forero, quien ya se destacaba como uno de los mejores en el incipiente ciclismo rutero de la época, lo mismo que el entonces seminarista Efraín Rozo, Jaime Tarquino y Luis Ortiz. Esa cuarteta llegó a la final de la prueba de los cuatro metros, para enfrentar al favorito de Cuba, luego de dar cuenta de sus rivales como México, Guatemala, Venezuela, entre otros. El domingo 12 de marzo de 1950 pasaron a la historia del ciclismo colombiano derrotando en 5 minutos, 23 segundos, a sus encopetados rivales que hasta el momento nunca habían salido perdedores en esta prueba (El ciclismo colombiano en el mundo, Mundo Ciclístico ltda, coordinador Héctor Urrego Caballero, 2014)
El ciclismo de pista, donde “Papaya” Vanegas más se destacó, toma entonces mayor auge al construirse el primer velódromo en Colombia (1952), en el barrio Primero de Mayo al sur de Bogotá (aun hoy existente) y luego sería construido otro en Medellín (1956), cuna de los más grandes campeones de esta modalidad para Colombia. La preparación de Vanegas en el velódromo de Medellín le permitió participara en los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964, en la difícil prueba de la Velocidad Pura; mientras el ‘monstruo’ del momento Martin Cochise Rodríguez iniciaba allí su camino hacia la consagración mundial en una prueba que sería adoptada por todo Colombia, los 4.000 metros persecución individual.
Su carrera ciclista se puede resumir así: participó en cinco mundiales (Lieja, en Bélgica; Frankfurt, en Alemania, Zúrich, en Suiza; San Sebastián, en España y Varese, en Italia). Sus mejores figuraciones fueron en los olímpicos de Roma-60 y Tokio-64, cuando fue octavo y quinto en la prueba de velocidad, respectivamente. En Roma empezó muy bien, al derrotar en la primera ronda al inglés Karl Barton, por media rueda; luego, su rival fue el rumano Vasile Oprea, con el que fueron necesarias tres tandas para derrotarlo. Después enfrentó al francés André Gruchet y tras vencerlo obtuvo su cupo a los cuartos de final, fase en la que rivalizó con el anfitrión Valentino Gasparella, quien lo superó. El otro pistero, Diego Calero, ocupó el vigesimoctavo lugar (entre 35) en la prueba del kilómetro contra reloj al cronometrar 1:14, siete segundos más que el campeón, el italiano Sante Gaiardoni.
Otros títulos alcanzados fueron: 14 veces campeón nacional de velocidad pura; dos veces campeón bolivariano. (Bolivia y Ecuador); dos veces campeón americano. (Medellín y México); dos veces campeón centroamericano. (Jamaica y Venezuela y dos veces campeón panamericano (las dos en México). (fuente: Eduardo rueda Enciso, Citius, Altius, Fortius: Colombia Olímpica. Hazañas y desengaños en la historia deportiva del país. Revista Credencial Historia, No. 127, 2000.)

Estos fueron algunos de los corredores de la época que enfrentó a nivel mundial; Sergio Bianchetto (italiano) campeón mundial y olímpico; Giuseppe Beghetto (italiano) campeón mundial y olímpico, Angelo Damiano (italiano) campeón olímpico en tándem y 3° en mundial de velocidad, Patrick Sercú (belga) campeón olímpico del km. y gran velocista, fue ganador de la camisa verde del Tour de Francia 1974. Y tuvo grandes enfrentamientos con el trinitario Roger Gibbon a quien venció en los juegos centroamericanos y del caribe corridos en Jamaica y el mexicano José Luis Téllez.

En diciembre de 1962 la Federación de ciclismo no tuvo medios para enviarlo a los Juegos Americanos corridos en México, y fue cuando llamaron a Don Hernán Uribe propietario de Paños Vicuña quien se comunicó con el corredor para contarle lo de la llamada recibida de la Federación, preguntándole si deseaba y estaba en condiciones de hacer esa carrera; Mario le respondió que iba a “reventar la bicicleta” y sin dudarlo un momento lo patrocinó con todos los gastos pagos, esa medalla de oro obtenida frente a un uruguayo despertó en el mecenas el deseo de apoyarlo y fue así como desde sueldo, repuestos, atención médica y hasta una bicicleta traída de Italia no le faltó al deportista.

Una anécdota destacada: “Para poder prepararme en ruta en Italia donde lo hacía dos o tres meses por año me afilié al club Sociedad Assini, que tenía más de 300 deportistas, y en ese entonces circulaba los días miércoles una revista llamada Gaceta Deportiva; la cual publicaba las diferentes pruebas ciclísticas que se corrían el fin de semana en las distintas ciudades del país (Roma, Nápoles, Varesse, Milán etc.). Nos reuníamos el día miércoles y de acuerdo a nuestro perfil nos designaban la carrera que debíamos competir. En cierta ocasión a Martín (Cochise) y a mí, nos enviaron a un circuito de 80 km en Nápoles, la premiación era muy buena, pero los últimos kilómetros de la carrera eran en pavé, un piso en piedrecilla que maltrata las manos, luego de este tramo una recta final para el embalaje; recuerdo que le dije a Cochise, ponéte al frente del pelotón y tirá duro, que yo voy tras tuyo, así lo hizo y faltando 100 metros Cochise se abrió, lo que llamamos hizo el lanzamiento y yo pude ganar, aunque no era fácil, porque habían muchos sprinters en el remate”. (Martínez Lobo Envigado dice, 2017)

Fue entrenador de las Ligas de Ciclismo de Antioquia y Valle, con los cuales conquistó varios títulos nacionales, recordando el de campeón de la vuelta de la Juventud en 1973, conseguido por su pupilo Guillermo León Mejía. Luego pasó a ser el seleccionador nacional de Pista, en los Olímpicos de Winnipeg (Canadá), y en los mundiales en Suiza, España, Bélgica, Checoeslovaquia y México. También lo hizo como entrenador de ruta del seleccionado colombiano en la clásica Guillermo Tell, donde Patrocinio Jiménez se coronó Campeón de la Montaña. Fueron 10 años como seleccionador y entrenador de Colombia, y siguió como entrenador personal de Efraín Domínguez a quien dirigió en 1985 cuando este impuso 5 records mundiales en el velódromo de Bolivia.

De su familia se puede contar que siendo un estudiante conoció a su actual esposa Marta Silvia González Mejía, con la cual contrajo matrimonio a los 31 años, en 1970 y bendecido por el tío de la novia y párroco de la iglesia de San José Antonio J. González. De la unión existen dos hijas Mónica María (1974) y Paola Andrea (1977). La primera es la madre de Martina hoy de 5 años y Jerónimo que cuenta con 10 años, casada con Diego Carvajal y graduada en Ingeniería Administrativa. Su Segunda hija, Paola Andrea, es madre de Luciana de 6 años y Jacob de 10 años en la actualidad, casada con Héctor Ossa y nutricionistas de la U de A.
Mario “Papaya” Vanegas Jiménez, gracias a estar pensionado por su carrera laboral en la Ferretería La Bomba, de la que fue propietario por 30 años y a su cargo de entrenador de las ligas de Antioquia, Valle y de la Federación Nacional Colombiana de ciclismo, vive hoy en uso de buen retiro donde lo ha hecho toda la vida, en la ciudad de Envigado.

Célimo Antonio Montes Zuluaga, récord de resistencia

En una breve alusión sobre Célimo, el historiador envigadeño Sacramento Garcés, comentaba: “Pocas figuras han sido tan discutidas en el deporte colombiano como la de Célimo Montes Zuluaga, nacido en 1928, de Envigado, muchacho de color cetrino quien ha logrado el dominio de su voluntad sobre su propio organismo para desafiar las necesidades fisiológicas y hacer frente al hambre y a la sed con el estoicismo de un berberisco” (Monografía de Envigado, 1964, p.125).

Este joven apasionado por la bicicleta quería abrirse camino en el mundo ciclístico, a través de romper récords de resistencia en bicicleta y en circuitos deportivos. Se sabe que en Medellín, completó 60 horas de incesante pedaleo, por igual se presentó en otras ciudades de Colombia y países de Suramérica.

En un artículo títulado 100 horas en bicicleta, aparecido en el periódico local El Vigia, (mayo 15 de 1954), comentaban del esfuerzo de Celimo y de la desconfianza y desvalorización de su actividad. Dice así el comentario periodístico:

«En la semana que hoy termina, en las páginas deportivas de todo el mundo se vieron comentarios sobre una noticia, que más bien qué noticia en parecer de muchos, debería haber aparecido en la sección: “aunque usted no lo crea” u otras por el estilo que aparecen en los periódicos. pero lo de las 100 horas en bicicleta no es obra de la fantasía pues en Medellín tuvimos la oportunidad de ver y apreciar al que pudiéramos llamar el FAKIR de la bicicleta se trata del muy envigadeño CELIMO MONTES ZULUAGA, quien un día, un feliz día y por ganarse unos pesos permaneció en un parque de Cali durante 20 horas está dando pedal a sus cicla sin tocar tierra. así poco a poco se fue haciendo el deportista (a pesar de muchos) quien más tarde recorrería la ciudad del país siempre de triunfo en triunfo mejorando cada vez su su récord de horas. en este triunfar, parece un designio del más allá, todos tenemos que encontrar obstáculos, y así le sucedió al resistente envigadeño; en algunas ciudades tuvo las autoridades en su contra, en otras a los periodistas quienes decían que eso no era deporte, que los días de ese loco estaban contados e infinidad de cosas más. nadie en su pueblo es profeta. Celimo Montes Zuluaga salió para los países del sur y allí encontrará un ambiente más propicio«.

Por la época, fueron comunes estos eventos de desafíos ciclísticos. El ciclista conseguía algunos patrocinadores en la ciudad del evento y así obtener algún rendimiento financiero. En la fecha y lugar marcado, generalmente una plaza o calle en el centro de la ciudad, donde fuera posible conseguir más público, realizaba el desafío de quedarse pedaleando ininterrumpidamente, sin colocar el pie en el suelo, sin desembarcar de la bicicleta durante el mayor tiempo posible.   Una estructura de apoyo simple era montada. No eran pocas las dificultades a ser enfrentadas, entre ellas la monotonía de estar siempre girando en un corto recorrido, muchas veces, en calles sin calzado o pavimentación con paralelepípedos irregulares. Lluvia, frío, problemas mecánicos, sueño eran desafíos extras a ser vencidos.

En Santander con el auspicio de la Liga de Ciclismo del Norte de Santander y el apoyo económico de algunas casas comerciales de la ciudad, se propuso batir su propio registro de sesenta horas, dándole vueltas al parque Santander. Para el viernes 30 de mayo de 1952 programó iniciar su llamada, “sensacional prueba de resistencia”, y como estrategia de mercadeo y espectáculo, se presentó en la redacción del principal diario de la ciudad, para la entrevista de rigor que siempre hacía en todas las ciudades a las que llegaba y que le permitía tener la acogida y despertar el entusiasmo de las gentes y sus medios. La prueba comenzó a las ocho de la mañana y duró hasta las ocho de la noche del día domingo 1 de junio. En esa época no se tenían jueces ni protocolos que permitieran un estricto seguimiento, aunque sí había testigos, sobre todo de los medios informativos, quienes vigilaban y daban fe de la autenticidad de los registros. En nuestro caso, los cálculos realizados dicen que el ciclista recorrió 2.880 veces el circuito del Parque Santander y que después de un riguroso chequeo se constató que había recorrido 1.752 kilómetros, aunque el récord impuesto no hacía referencia a la distancia recorrida sino al tiempo que había permanecido sobre la bicicleta. Estos datos quedaron a disposición de la Liga y quedaron como parte de la memoria de sus actividades, que dicho sea de paso, eran bastante frecuentes entonces. Así se sabe que el brasileño Lothario Waechter, en 1964, realizó 82 horas de permanencia con un recorrido de 1.200 kilómetros, tratando de batir el récord de Celimo de 80 y del mexicano Carlos García Zacateca de 50 horas.

En la Paz (Bolivia), en el estadio Olímpico completamente lleno y con la presencia del Presidente Víctor Paz Estensoro, el ciclista envigadeño, especialista en pruebas de resistencia, batió el récord de permanencia, pues estuvo sentado en su cicla en movimiento por el término de 100 horas. El cable telegráfico del consejero de la embajada colombiana en Bolivia decía: “La Paz, 2 de mayo de 1954. el Colombiano. Medellín. Con abrazos Presidente Paz Estensoro, aclamaciones Colombia en repleto Estadio Olímpico, ciclista envigadeño Célimo Montes Zuluaga cubrió record cien horas continuas, día y noche, desde miércoles, una tarde, hoy cinco tarde. Viva Antioquia. Pedro Nel Giraldo. Consejo Embajada”.

De este personaje del recuerdo no quedó mucha información en la ciudad. Su objetivo siempre fue recorrer ciudades y países con el ánimo de progresar en su propósito de establecer un registro mundial que tuviera ese reconocimiento y parece que así lo logró.

Haciendo un seguimiento de sus movimientos, al parecer partió hacia Venezuela y luego hacia el sur del continente, donde cada día mejoraba sus registros y era muy apreciado entre las gentes de los medios, pero especialmente de la radio. Primero estuvo de paso por Ecuador, en donde protagonizó unas pruebas en las principales ciudades y luego de su paso por Perú, país en el cual no tuvo mayor recibo, se trasladó a Bolivia, en donde desplegó todas sus habilidades en las pruebas de su preferencia, recibiendo de sus admiradores recompensas gratificantes y jugosos premios económicos que le permitieron llevar un tren de vida bastante cómodo.

En su récord de resistencia en Argentina, citamos la crónica del periodista Jaime Gnecco Hernández El Ciclista Colombiano Célimo Montes, publicada en su blog Periscopio (2008):

“En 1953 me había enterado en Bogotá de la proeza que había realizado el ciclista colombiano Célimo Montes, quien montado en su bicicleta en el velódromo capitalino, había puesto una marca mundial de permanencia en bicicleta creo que en noventa o noventa y cinco horas, pero lo importante no fueron las horas que duró montado en su caballito de acero sino las condiciones en que lo hizo, ya que durante esos cuatro días cayó tanta agua en Bogotá como debió haber sido en el diluvio de Noé, con una temperatura que se la regalo.

Ahora estábamos en Buenos Aires, en el año 54 y escuchamos la propaganda según la cual Célimo se proponía batir su propio récord y ponerlo en 120 horas, cinco días exactos y su intención era hacerlo en el Circuito KDT, en los bosques de Palermo. Emocionado, ya que las cosas de Colombia no son lo mismo en el exterior que en el propio país, informé a cuantos colombianos pude de los antecedentes de este muchacho y con varios me dispuse a visitar el Circuito KDT a fin de darle ánimos al paisano que se había comprometido en semejante patriada.

Llegamos como a las ocho de la noche y lo vimos a Célimo pedaleando con unos chicos argentinos que lo acompañaban en sus bicicletas, eran como doce y se desplazaban en silencio; nos pareció que era lo más adecuado para que cualquiera se durmiera encima de las bicicletas, por lo que empezamos por decirle a Célimo que éramos colombianos y que veníamos a tratar de ayudarlo de la manera que creíamos más efectiva, haciéndole ruido para que no se durmiera- Y ahí mismo empezamos, cuando el hombre iba en su segundo día.

Alrededor de las doce a una de la mañana, los muchachos de las bicicletas se fueron y nosotros también quedando solo los controles de la Asociación Ciclística, esa noche éramos sólo cuatro, pero al día siguiente trajimos un escuadrón de colombianos y nos organizamos para que la gente no faltara en toda la noche, por lo que cada día era más numerosa y más efectiva nuestra presencia en beneficio de la vigilia de Célimo, cuya fortaleza admirábamos todos y eso nos retroalimentaba para ayudarlo mejor. Uno de los días vimos en una caseta del Circuito un médico y dos practicantes, quienes nos informaron se encontraban ahí para atender a Célimo por cualquier cosa, y ya entre estudiantes de Medicina, nos confiaron que a las seis de la mañana y a las seis de la tarde, Juan Domingo Perón llamaba por teléfono para que le informaran cómo iba el muchacho colombiano.

Esto no nos sorprendió pues sabíamos de la devoción de Perón por la gente joven y especialmente por los deportistas, pero sí nos golpeó emocionalmente el hecho que nada menos que Perón, se interesara por la suerte de un colombiano fuera de su patria y ya se volvió una consigna entre todos que Célimo no se durmiera para que el sábado a las doce del día, cuando terminaba la prueba, se bajara de su bicicleta ayudado por Perón, ya que él lo había prometido.

Y así fue no más. A las doce menos cuarto se parquearon tres Cadillacs negros imponentes de uno de los cuales descendió Perón preguntando cómo estaba el muchacho colombiano; Célimo, que casi desfallecía, al oír que Perón estaba ahí por él, sacó fuerzas no sé de donde, se irguió sobre la silla y comenzó un fuerte pedaleo que impresionó al General, no se explicaba cómo, después de tantas horas, era capaz de tal embalaje y a las en punto, entre todos, Perón incluido, lo descendimos de su caballito y lo pusimos en la camilla de una ambulancia que lo llevó raudo al Hospital de Clínicas. Mes y medio después, la diputada Delia de Parodi, en una concentración de deportistas en el Luna Park, le entregó a Célimo, en nombre de Perón, las llaves de un automóvil Auto Unión.” (http://periscopiodejotaerre.blogspot.com.co)

Sin embargo, el país que lo acogió con mayor interés y donde obtuvo los mejores beneficios fue en Brasil. Allí no solamente fue coronado como ‘el rey del pedal’, sino que sentó cabeza, siendo atrapado por las redes del amor. Fue en junio de 1956 en que su fama llegó a lo más alto del pedestal. A raíz de la conmemoración del centenario de la fundación de Ribeirao Preto, además de los actos tradicionales como el reinado de belleza, los bailes, desfiles y el infaltable cotejo futbolero, Botafogo versus el Comercial FC, los equipos locales, y la entrega de galardones y premiación de medios a personajes y especialmente a locutores, lo que más llamaba la atención era el desafío del colombiano quien había prometido batir el récord mundial de 100 horas seguidas, ininterrumpidas, en la plaza 15 de Noviembre, la principal de la ciudad.

Al año siguiente, se casó con la española Luzdivina Pérez González, de quien había quedado prendado en Araçatuba, en los tiempos en que hacía una de sus competencias, esta vez de 120 horas. Este matrimonio le permitió legalizar su estadía en el país, ya que había ingresado como turista y por su permanencia irregular en el país debía mantenerse aislado y evadiendo la acción de las autoridades para evitar su deportación. Situación bastante incómoda cuando se trataba de presentarse en los lugares donde se promocionaba, pero que con la complicidad de los mismos agentes del orden con quienes había establecido amistad, lograba su cometido. Su récord personal fue establecido en 1958 con 150 horas (6 días y 6 horas).

En 1971 abandonó a su mujer y a sus seis hijos y desapareció. Fue localizado veinte años después en Bahía, tiempo durante el cual tuvo otros ocho hijos con dos mujeres. Murió en 1998 a los 69 años en la ciudad de Feira de Santana.” (El récord de Célimo Montes, Periódico La Opinión, 21 junio de 2017, Gerardo Raynaud D., gerard.raynaud@gmail.com, http://www.pressreader.com)

El radista Juan Francisco Garcés Correa, de Envigado a Buenos Aires (Argentina)

hoja del diario de Juan Garcés Correa, archivo y Biblioteca Centro de Historia de Envigado.
postal de recuerdo y constancia del radista Juan Garcés, por su paso por la provincia de Córdoba, Argentina

   

Otro de los aficionados por el ciclismo destacado en Envigado, fue el joven de 20 años Juan Garces Correa, que emprendió en 1952, un recorrido en bicicleta entre Envigado y Buenos Aires, Argentina. El reto deportivo, como él lo llamó, se inicia el 8 de junio y lo finaliza el 7 de octubre, después de recorrer más de siete mil kilómetros, y cinco países. Su historia se ha extraído de su diario de viaje, donde constan las anotaciones, los recortes de prensa local, los sellos y constancias de los puestos fronterizos, policiales y autoridades políticas y consulares. Este diario reposa en el Centro de Historia de Envigado y fue donado por el protagonista de esta historia.

Juan Francisco fue hijo de Sacramento Garcés y de su segundo matrimonio con Emma Correa Vélez, perteneció al Club Los Ases, donde participó en diversas carreras y la cual era un colectivo que animaba a la práctica del deporte en modalidad de competencia, recreativa o de turismo. De ese club surgieron los corredores de la primera Vuelta a Colombia: Roberto Cano Ramírez, “El Sastre de Envigado”, Octavio “Petroleo” Echeverri y el “Gran” Pedro Nel Gil.  Fue del Club Los Ases, de sus amigos y de la Sociedad de Mejoras Públicas, de donde obtuvo el apoyo económico para obtener la bicicleta de turismo, marca alemana Hofmann, y los medios para realizar el viaje.

En su diario comentaba ante el reto deportivo:“sólo me anima un interés puramente deportivo; quiero demostrar la pujanza y valentía de que es capaz la raza antioqueña; deseo con este raid colaborar a que cada día se acreciente más la unión y fraternidad de los países hermanos de la América del sur; y dedico los triunfos deportivos que logre obtener a Envigado, mi ciudad natal, y a mis padres: Sacramento Garcés y Emma Correa”.

El 16 de junio ingresa al Ecuador por Tulcán, y en Quito, solicitó la ayuda de los colombianos residentes en la ciudad, mediante una pequeña colecta, y así poder continuar su recorrido. El periódico El Sol, de Quito comentaba en apoyo del joven Garcés: “Hacemos un llamamiento a los colombianos a nombre de Garcés Correa, llamándoles la atención sobre el hecho de que, la culminación del raid no sólo constituiría un triunfo para Juan Garcés, sino para todo el ciclismo colombiano”.

El 27 de junio atravesó la frontera ecuatoria-peruana  por la localidad de Aguas Verdes, llegando a Lima, la capital del Perú, el 16 de julio, donde permaneció una semana para emprender la marcha hacia el sur, pasando por las ciudades de Ica, Nazca y otras menores.

En Lima, una de las mayores satisfacciones de Juan Francisco, fue ser recibido en medio de una multitud cuando se jugaba el partido de futbol entre el Deportivo Cúcuta de Colombia y la Universidad Católica de Chile, en el estadio de la Universidad de San Marcos, inaugurado el 13 de mayo de 1951.

El domingo 20 de julio, a las once de la noche, llegó a Arequipa. En esta ciudad, expresaba a un medio local que no había sufrido “percance digno de mención. Algunos desperfectos en la maquina y nada más. Se muestra optimista con el feliz resultado de su empresa. Al despedirse con un cordial apretón de manos, nos encargó hiciéramos público su agradecimiento hacia los dirigentes del ciclismo local (Liga Provincial de Ciclismo de Arequipa) señores A. Romero y Dr. Carlos Odam por las facilidades que le han prestado, así como para el Sr. Pedro P. Diaz, Gerente de Fábricas “América”, por una casaca de cuero que le ha obsequiado” (Periódico Noticias, Arequipa, martes, 5 de agosto de 1952).

De Arequipa paso a Moquegua y Tacna, donde tuvo algunos días de estadía y descanso, el 9 de agosto prosiguió su marcha a Chile, cruzando la frontera peruana-chilena el día 15, en La Yarita, en donde el teniente de frontera, le deseaba que “cumpliera su propósito con toda felicidad y lleve un grato recuerdo del Perú”. (Diario de Juan F. Garcés) En Bolivia, el Diario La Paz, comentaba el recorrido realizado por Garcés por Ecuador, Perú y Chile, siguiendo la ruta panamericana. Permaneció 20 días en la capital “donde recibió atenciones y cooperación de las autoridades y deportistas, mostrándose muy complacido por la hospitalidad del pueblo boliviano”. En este país, obtuvo apoyo de la Asociación Departamental de Ciclismo y se alojó en el cuartel de carabineros, “donde permanecerá hasta el viernes que seguramente proseguirá el raid con dirección a Potosí, donde piensa llegar en dos etapas”.

El 1 de septiembre sale de La Paz a las 6 de la mañana, con dirección a la ciudad de Oruro, donde llega el 3, después de pasar por Patacamaya y Caracollo. En aquella ciudad lo reciben el comandante y jefe de policía, la Asociación departamental de ciclismo y el alcalde municipal. El 6 de septiembre cruza la frontera boliviana-argentina en el pueblo de Villazón, donde el comandante de policía de frontera “le desea un buen éxito durante su recorrido por Suramérica, haciendo notar que hoy abandona el territorio boliviano, enviando el saludo a la gendarmería de la república de Argentina” (Diario de Juan F. Garcés)

Del 7 al 9 de septiembre pasa por los pueblos de Abra Pampa, Humahuaca y Huacalera en la provincia de Jujuy (Argentina), desde allí Juan Francisco escribió al periódico El Colombiano sobre la cercanía de la meta. El periodista Racso, desde su columna Chupando Rueda, contaba a sus lectores: “en su carta escrita con mano emocionada, nos cuenta de sus aventuras por tierras ecuatorianas, peruanas, etc. Cómo se perdía por las cordilleras y las lágrimas que derramaba al recordar con frenesí las tardes envigadeñas, los consejos y caricias de sus padres, de sus hermanas, el recuerdo de aquellos amigos sinceros. Es profundamente emocionante salir aventurando por tierras extrañas y saber que después de sufrir más de un centenar de penalidades, se logra culminar exitosamente lo prometido”.

La provincia de Jujuy se ubica en el extremo noroeste de Argentina, posee gran diversidad de paisajes y climas debido a la topografía, por la gran cantidad de cadenas montañosas orientadas longitudinalmente de norte a sur.

Después de recorrer las poblaciones de Maimara y Tumbaya, llega el 9 de septiembre a la ciudad de San Salvador de Jujuy, capital de la provincia de Jujuy. Para esa época del  año y en el momento de pasar Juan Francisco, era la temporada de verano, con un clima cálido y suave, y con pocas precipitaciones.

Entre los días 12 y 13 entra a la provincia de Salta, a través de las poblaciones de General Guemes, Río Piedras Metán y Rosario de la Frontera, a 50 kilómetros de la ciudad de Salta, capital de la provincia. En la ciudad de San José de Metán o Metán como es conocida, nuestro raidista se presentó en el cuartel de los Boy Scouts argentinos “Agrupación Juramento”, donde descansó por un par de horas y recibió aliento con un “feliz viaje”. Metán es un activo centro agrícola-ganadero, destacándose la producción de oleaginosas: soja, porotos, cereales (maíz y trigo -este último en invierno-), ganadería bovina y frutales: cítricos y arándanos.

En Rosario de la Frontera, población rodeada por más de 10000 hectáreas de cerros y bosques, Juan Francisco se hace amigo de Hugo Rau Montaldi, quien de su propio puño y letra, escribe en el diario: “Ya que estas realizando el sueño de tu vida, de unir espiritualmente las naciones de toda América del sur, y máxime hoy que te encuentras tan cerca de la meta, que con este sacrificio quede en lema para toda la juventud del mundo, y sea “luchar y vencer”, pero siempre que la lucha sea en bien de todos y no para mal”.

El 14 pasa por San Miguel de Tucumán, ciudad más grande y capital de la provincia de Tucumán, situada en el noroeste de la República Argentina, a 1.311 km de la ciudad de Buenos Aires. En esta ciudad, Juan Francisco completaba 96 días de viaje y se propuso visitar a varias autoridades para obtener ayuda: al gobernador de la provincia Luis Cruz, al intendente municipal, ingeniero Roberto Delgado, y a las autoridades del ciclismo local.

El 17 de septiembre retoma su camino y pasa por Santiago del Estero, y el 21 a la ciudad de Córdoba, capital de la provincia de Córdoba y ubicada en la región central del país, a ambas orillas del río Suquía, conocida como llanura pampeana y donde los veranos son húmedos, con días calurosos y noches templadas. Hay un aspecto peculiar que aparece en las anotaciones del diario, a partir del 22 de septiembre, y es el propósito de entrevistarse con el “Presidente General Don Juan Domingo Perón”. De seguro fue una iniciativa de los diferentes personajes que Juan Francisco se encontró a partir de la ruta y que él vio como una forma de obtener mayor apoyo a su esfuerzo, en las últimas etapas, donde más lo necesitaba. Así escribieron Ramón Baigorria, subcomisario de Avellaneda, Alejandro Roldán, de la comisaría de cordoba y el secretario general de la gobernación Guillermo A. Taborda., quien lo recibe en la casa de gobierno, el 23 de septiembre, y anota en el diario: “Le deseo el mejor de los éxitos en este lírico peregrinar por los senderos de la nueva Argentina, realidad maravillosa del patriotismo legendario del General Perón, arquetipo del héroe nacional, y de la señora Eva Perón, eterno palpitar del corazón de la argentinidad”.

El 25 de septiembre pasa al sur de la ciudad de Córdoba, por los pueblos de Toledo, Pilar, Oncativo, Oliva y James Craik. El 26 por Tío Pujio y Villa María. El 27 por Bell Ville y San Marcos, donde el juez de paz Custodio Olivares, le escribe: “hace constar que en la fecha llegó a este pueblo el raidista colombiano Juan Garcés Correa, a quien en su viaje de confraternidad le deseamos feliz éxito, y rogamos para que su patria Colombia, pueda alguna vez corear un nombre como el nuestro ¡Juan Perón y Evita!, padres de la patria, y únicos reconquistadores de una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. ¡Adelante Juancito! Y que Dios te proteja”.     

Eva o Evita Perón, como era conocida, murió el 26 de julio de 1952, a los 33 años de edad, y había marcado la vida del pueblo argentino con su obra social de gobierno y por tanto era llamada la “Jefa Espiritual de la Nación”. Exactamente dos meses después de su fallecimiento, Juan Francisco cruzaba por una Argentina doliente y en luto nacional.

Evita escribió un texto llamado Mi Mensaje, donde da una idea de la naturaleza de su pensamiento en los últimos días de su vida: “Me rebelo indignada con todo el veneno de mi odio, o con todo el incendio de mi amor —no lo sé todavía— en contra del privilegio que constituyen todavía los altos círculos de las fuerzas armadas y clericales. […]

A Perón y a nuestro pueblo les ha tocado la desgracia del imperialismo capitalista. Lo he visto de cerca en sus miserias y crímenes. Se dice defensor de la justicia mientras extiende las garras de su rapiña sobre los bienes de todos los pueblos sometidos a su omnipotencia… Pero más abominables aún que los imperialistas son las oligarquías nacionales que se entregan vendiendo y a veces regalando por monedas o por sonrisas la felicidad de sus pueblos”.

El 2 de octubre, Juan Francisco llega a la importante ciudad y puerto de Rosario, sobre el río Paraná, situada en el sureste de la provincia de Santa Fe, estaba a un solo paso de alcanzar la meta, solo lo separaban 300 kilómetros de su meta: Buenos Aires.

La ciudad de Rosario fue cuna de figuras futbolísticas como Lionel Messi, César Luis Menotti, Gerardo Martino, Marcelo Bielsa, entre otros. A igual que destacadas figuras políticas y artísticas como Ernesto Che Guevara, Roberto Fontanarrosa, Libertad Lamarque, Fito Páez, Antonio Berni.  El principal sector económico era el manufacturero de la agroindustria, y constituiría en los próximos años de 1960 a 1980, en el mayor centro de procesamiento de oleaginosas del mundo. En este principal puerto, le presta ayuda el presidente de la Asociación Ciclista Santafereña Adolfo Benedetti, quien lo “felicita por su gran esfuerzo y en nombre de todas las entidades como así sus admiradores y lo felicita para que su raid termine con el mayor éxito como se lo merece y que quede grabado este esfuerzo en la historia del deporte mecánico mundial”. Por igual, Juan Francisco visita la delegación rosarina de la Confederación General del Trabajo, poderosa asociación de los trabajadores de Argentina, puntal del gobierno populista de los Perón.

    

También recibe solidaridad de la delegación y unidad básica femenina, del Movimiento Femenino Peronista, en cabeza de Lidia H. de Olivares:“!Adelante! Garcés Correa y en todos los pueblos que toque, tanto en esta patria grande, como en su querida patria profese lo que significó Eva Perón para todos los humildes, y lo agradecido que esta su pueblo con ella, y que luego de dos meses de su viaje a la inmortalidad, aún la lloran en todos los rincones. Sea usted también peronista y ruegue a Dios, que en su patria, nazca un Perón y una Eva Perón para bien de todas las generaciones”.

El 4 de octubre reanuda el camino, pasando por Villa Constitución, San Nicolás de los Arroyos y Urquiza, donde pasa la noche. Al 6 de octubre se encuentra en San Antonio de Areco, a 113 km de Buenos Aires. Finalmente, el 6 de octubre llega a la capital, donde obtiene la certificación del cónsul de Colombia: “Hago constar que hoy siete de octubre de 1952, se presentó al consulado general de Colombia el señor juan Garcés correa, con pasaporte número 81635, expedido por la gobernación de Antioquia el 23 de mayo de 1952, manifestando que ayer llegó a esta ciudad, terminando así su raid ciclista, iniciado en Medellín”.

Referencias de la historia del ciclismo en Envigado:

Entrevista y archivo personal de Diana Cano (hija del «Sastre» de Envigado, facebook)

Historia de la Vuelta a Colombia.

Imágenes de Envigado, Tomos I y II (2006 y 2015); Revista Lanzadera, Monografía de Envigado (1964, 3era. edición);

Diccionario Biográfico de Antioqueños (2008).

Gil Ochoa, Horacio (2002) La Bicicleta, mi cámara y yo. Fondo Editorial Biblioteca Publica Piloto y Editorial Universidad de Antioquia.

Cura Burgos (1964) El Libro del año: Historia gráfica del deporte y arte taurino.

Imagenes de Envigado, Tomos I y II (2006 y 2015)

Revista Lanzadera.

Monografía de Envigado (1964, 3era. edición)

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