El Salado

Por Emmanuel Orozco, Historiador.

El barrio conocido como El Salado hace referencia tradicionalmente al sector suroriental de Envigado, en un inicio conformado por este barrio y el paraje el Chinguí[1]. Su nombre surge de las minas de sal que se encontraban en el área y cuyos residuos eran posibles de hallar en las quebradas que surtían de agua a los primeros pobladores.[2] Fue la cercanía de estos pobladores iniciales a las fuentes hídricas, que durante sus primeros años también fue conocido este sector con el nombre de La Ayurá. Resalta así que los asentamientos iniciales se dieron alrededor de esta quebrada3.  Este sector también ha sido conocido, sobre todo en su parte urbana, por el nombre de El Socorro, ya que los habitantes son altamente devotos de la Virgen del Socorro.[3]

Entre los primeros pobladores de esta zona de Envigado se encuentran arrieros y agricultores. Específicamente en El Salado la primera casa de la que se tiene registro es la perteneciente a la familia Correa hace más de 160 años.[4] 

El inicio de la tradición comunitaria: fundación de las Juntas de Acción Comunal 

Cuadro de texto: 	José Arcadio Torres. Líder comunitario cuya labor por la educación y la salubridad de El Salado es aún recordada.  La voz de la 6, No. 2, agosto de 2014, p. 8

La Junta de Acción Comunal en El Salado fue fundada el 7 de agosto de 1961 con el propósito de propender por el bienestar social, moral e intentar dar solución a los problemas que aquejaban a esta zona para la segunda mitad del siglo XX. El primer presidente de la junta fue José Arcadio Torres Ramírez, un notable vecino el cual había llegado de Santa Rosas de Osos a Envigado siendo niño. Entre las problemáticas resaltaban la necesidad de escuelas para los niños que debían cursar los primeros grados de la educación primaria, el acueducto y el mejoramiento de la carretera. Una de las primeras gestiones de las que se encargó la recién creada junta comunal fue la construcción en 1962 de un aula de 54 metros cuadrados que tenía el objetivo de albergar 40 niños para que recibieran clases. Para la obra se tenía un presupuesto de $3.000 pesos aprobados por el consejo municipal. Así mismo se intentó gestionar mediante la Alianza para el Progreso financiación la construcción de dos aulas más.[5] Ese mismo año se iniciaron los esfuerzos de la junta por llevar a cabo el proyecto que buscaba dotar al sector de agua e higienizarla, es por ello que el señor Torres tomó las riendas del proyecto y fue nombrado presidente del acueducto El Socorro. 

Durante los primeros años de la presidencia de José Arcadio se impulsó la construcción de la Escuela de Niñas El Socorro y la Escuela de Niños Santo Domingo Sabio. Así mismo fue el fundador del Liceo Cooperativo El Salado y el que es hoy el Colegio El Salado.[6] Esta junta ganó visibilidad mediante los comunicados y entrevistas que realizaban los integrantes de la junta en el periódico Opinión, como se ve claramente en la publicación del 26 de junio de 1962 en el cual se informa el mal estado de las carreteras y se hace un llamado al concejo municipal para que destine una partida presupuestal suficiente para cambiar los rieles por asfalto y mejorar las condiciones de la vía.[7]

El 28 de febrero de 1969 la Junta de Acción Comunal de El Salado envió una comunicación a la Junta Central de Acción comunal donde se resaltaba las labores realizadas el año anterior. Resalta en materia de saneamiento público la construcción de un acueducto por el valor de $25.000 pesos, un alcantarillado en el sector de La Pava con un costo de 6.000 pesos.  En materia de infraestructura dedicada a la educación se señala que se construyeron dos aulas para la Escuela Domingo Sabio por un valor de 40.000 pesos y la cancha de basquetbol para la cancha de este plantel educativo. Un dato importante de esta comunicación es que se menciona que “hay diez maestras enseñando en las dos escuelas, dos de ellas enseñando modistería y artesanía, lo que prueba que la revolución social la gestan las mismas comunidades con su unidad y voluntad en los trabajos del bien común.” [8]

Desde el año de 1972 las peticiones de la Junta de Acción Comunal de El Salado a la alcaldía municipal se volvieron más comunes. En una comunicación de septiembre 26 de 1972 se señalaba que era necesario invertir en la terminación del techo de dos aulas de la escuela de niñas, además afirman que “necesitamos las puertas de las escuelas y reflectores en la cancha de básquet de la escuela Domingo Savio”[9]. Además, reclaman que “respecto a la carretera, arreglo las cunetas ya que las fincas raíz pagan este impuesto y el de un alumbrado público inexistente. Hace 10 o 12 años teníamos cuadrillas de trabajadores que arreglan carreteras y caminos”[10].

La Junta de Acción Comunal de El Socorro se gestó debido a la necesidad que tenían los vecinos de mejorar la utilización de los recursos que llegaban desde la administración municipal, ya que gestionarlos y dividirlos para la totalidad de los vecinos solo desde la Junta de Acción Comunal del Salado terminaba siendo insuficiente para una gran parte del barrio. Debido a esto es que el 8 de octubre de 1973 se le otorga la personería jurídica y son nombrados Libardo Jaramillo como presidente, Eucario Torres como vicepresidente, Arcadio Torres de tesorero y Julio Bolívar de Fiscal[11].

Fue justamente en el año de 1973 donde las juntas de El Salado, El Socorro y la de Jesús de la Buena Esperanza unieron esfuerzos para llevar a cabo la construcción y adecuación de la calle principal que atravesaría y conectaría a estas tres comunidades. La dedicación de los vecinos fue tal que la obra fue culminada antes de lo previsto[12]. Al igual que muchas obras realizadas por las diversas juntas de Envigado, las que realizaron las juntas de El Socorro y El Salado fueron consolidadas gracias al apoyo del municipio, que eran los encargados de dar los materiales, mancomunadamente con la comunidad que, mediante convites y facilitando la mano de obra, establecieron un ritmo de trabajo comunitario envidiable. 

Sobre estos convites iniciales, impulsados con el objetivo de generar recursos extras para mejorar la infraestructura del barrio se realizaban los sábados y los domingos, menciona Conrado Suarez Vanegas que se veían “reforzados con un contingente de soldados de la Cuarta Brigada que llegaban al barrio desde los viernes y se hospedaban en la Escuela Santo Domingo Sabio. Esta organización de fin de semana se convertía en toda una romería popular, con la fiesta incluida en las horas de la noche; muchas de las mujeres de la época tuvieron espontáneos romances con los militares.”[13] 

Indudablemente una de las obras principales impulsadas por estos primeros lideres fue la construcción del Liceo Cooperativo de El Salado. Esta obra encontró apoyo en la administración municipal en el año de 1976 cuando mediante el acuerdo 079 del 14 de agosto de ese año se le cedió “a título gratuito y cómo una contribución del municipio a la obra del Liceo Cooperativo El Salado, a las acciones comunales de los barrios La Esperanza, El Chingui, El Socorro, y El Salado, el lote de terreno adquirido por él mismo, según escritura número 0785 del 11 de mayo de 1934 de la notaría tercera. de Medellín, con una cabida aproximada de 23038 mts” [14] En el segundo y tercer articulo de este acuerdo se establece que el lote es cedido con el único propósito de realizar la construcción de la planta física del tan anhelado liceo. 

La alcaldía en el año de 1977 firmó el contrato administrativo No. 023 con Mario Vega Vahos y Ruperto Peláez para la construcción del Liceo. Para ello se estableció “en el libro de presupuesto para la vigencia fiscal de 1977 aparecía una partida de $ 500.000.00 para la construcción de esta obra y en el libro de presupuesto correspondiente a la vigencia fiscal de 1978 una de $1.000.000.00. En esta forma en los libros de presupuesto figura una partida total de $1.500.000.00 para la construcción de este colegio.”[15] Se afirmaba pues que “la firma Mario Vega y Ruperto Peláez iniciaran el lunes 25 de julio de 1977 la construcción del Colegio Cooperativo El Salado, correspondiente a la licitación No. 001 adjudicada por el municipio a dicha firma y por la suma de 780.000.00.”[16]

Sin embargo, los problemas en la construcción no faltaron. La primera etapa contratada por 779.234. pesos comprendía solo la primera planta, hasta la losa de entrepiso. Lo cual hizo que se justificara que en estas condiciones no habría sido posible ocuparse pues el aligerante de la losa en base a cajones de concreto permitiría el paso de agua casi que como si estuviese a la intemperie. Se afirmó así que “si no se resuelve este problema, la acción del agua destruye la obra e impide el normal desarrollo de las actividades académicas. Para evitar este grave problema la solución más práctica, desde cualquier punto de vista, es la construcción de la mampostería y techo en tablilla y teja de barro de la segunda planta” [17] Además se mencionaba desde la alcaldía que “la administración no puede permitir que esta obra se convierta en un elefante blanco, es decir, no debe hacer una inversión por más de 900.000.00 en una edificación que no podrá utilizarse.”[18] Sumándole a la necesidad de aumentar el presupuesto para comenzar el segundo piso de la edificación, otro de los principales percances que se dio durante la construcción de la planta física del liceo fue la falta de cemento y de mano de obra a la cual se enfrentaron los constructores Vega y Peláez.

En un comunicado del 30 de noviembre de 1977 dirigido al director de obras públicas, escriben que “no es fácil ni practico ponernos a discutir si hubo o no dificultades en la consecución de materiales, y más aún pedir certificación en tal sentido. Como usted bien lo sabe el cemento es el elemento indispensable en todos los ítems para una obra de las características del Liceo Cooperativo El Salado, si este no se consigue en la actualidad, no pensemos si quiera los días de huelga.”[19] En la actualidad el Liceo Cooperativo lleva el nombre de Institución Educativa El Salado y una de las últimas intervenciones que realizaron en su planta física fue la del 2021 en la cual se empezó a construir un nuevo bloque. 

 

El transporte en El Salado: de los arrieros y las chivas a los reclamos por un transporte de calidad

Las condiciones geográficas del sector rural del barrio hicieron que por mucho tiempo las mulas fueran el medio de transporte predilecto de los primeros pobladores y sus mercancías. Sin embargo, con la expansión del barrio y el aumento de habitantes que no se dedicaban a la arriería o a actividades relacionadas con el sector rural y que debían desplazarse de forma más ágil a otros espacios del municipio, las chivas encontraron un espacio hacia la década de

1950. Las chivas se convirtieron en el transporte de los trabajadores que se desplazaban desde las veredas y el barrio hacia la plaza de Envigado o hasta Medellín. Como se menciona en el Informativo de Envigado, estos vehículos fueron ampliamente usados hasta el año de 1974 hasta que la comunidad mediante un paro cívico, generado por el cansancio de no tener un transporte publico adecuado y por el incidente con un conductor de chiva que le quitó la devuelta a un niño, se manifestó en contra el aumento de 50 pesos en el pasaje y de este medio de transporte. Finalmente, las chivas fueron remplazadas por buses.[20]

Sin embargo, con la llegada de los buses no se solucionó completamente el este tradicional problema de transporte que ha tenido el barrio. Aun para el año de 1996, en una entrevista publicada en el Informativo de Envigado a Jorge Luis[21], un habitante del barrio que hacía dieciséis años que habitaba allí al momento de la entrevista, se menciona que el servicio de transporte publico era precario y costoso en comparación con el costo del pasaje y el recorrido de otros servicios ofrecidos en territorios como Medellín. Se señala de esta forma que un bus de Medellín recorría distancias por diversos barrios que sumaban alrededor de 40 kilómetros y valía menos que el bus de El Salado que solo tenia un recorrido de 12 kilómetros. Así mismo deja ver esta entrevista que la ineficiencia y poca continuidad del transporte publico hacía que para esta década aun fuera común el uso de colectivos que suplían la falta de buses que realizaran recorridos por la zona rural del barrio. 

El trabajo comunitario en pro de la fe, la ciencia y la recreación: construcción de la Iglesia Santiago Apóstol y la biblioteca comunitaria José Arcadio Torres y la ludoteca

La iglesia de El Salado lleva por nombre Santiago Apóstol. Esta fue nombrada así por el cardenal Alfonso López Trujillo en el decreto 34 del 31 de julio de 1986[22] y fue construida por los vecinos que se agruparon en el Comité Proparroquia que tenía el objetivo de erigir y consolidar este espacio religioso en el barrio. Uno de los más notables integrantes del comité fue el primer presidente de la Junta de Acción comunal de El Salado, el señor José Arcadio Torres Ramírez.[23] Se informaba en la revista Distritos en el año de 1994 que si bien el templo aún no estaba terminado ya contaba con “[…]salón de reuniones, sala de velación, cripta y una casa para el sacerdote”[24] y se había consolidado como el lugar de culto de los campesinos que habitaban toda la zona rural de El Salado, pese a que durante sus primeros años de haber sido fundada la parroquia tuvo poca asistencia, así lo mencionaba el párroco José Miguel

Vallejo a los ocho años de haber sido erigida la iglesia.[25]

Pero los habitantes de El Salado no solo se han preocupado por las cuestiones de la fe. En el año de 1994 se comenzó a gestionar desde la Asociación de Padres de Familia de la Escuela Domingo Savio y el Comité Cultural de la Corporación Girasol la creación de una biblioteca comunitaria. El proceso duró alrededor de tres meses, en los cuales Blanca Libia Castañeda, Lucelly Castañeda y William Giraldo serían los vecinos que movilizaron a la comunidad para realizar el proceso de clasificación, descarte y montaje. Los libros fueron donados por la propia comunidad. Bernardo Torres fue el encargado de salir por el barrio, puerta por puerta, solicitando libros que los vecinos quisieran donar para llevar a buen término el proyecto. 

Resulta ser curioso que la primera estantería que tuvo la biblioteca fue realizada con seis ladrillos que hicieron las veces de pilares mientras que el soporte para los libros fue construido con algunas tablas y residuos de madera que sobraron de la construcción de la aun resiente Iglesia Santiago Apóstol. Otras instituciones también prestaron ayuda para consolidar este espacio. Los que más resaltan son la de la Escuela Santo Domingo Savio, ya que el rector Sigifredo Gómez ayudó a consolidar la biblioteca en un pequeño salón. La biblioteca José Félix Restrepo dio capacitación a los líderes de la iniciativa entorno a la organización y clasificación de los libros.[26] El último empujón lo dio el Programa de Participación[27] Ciudadana, con el cual se pudo abrir este espacio al público el mes de febrero de 1995.

La biblioteca no sería oficialmente nombrada hasta el año de 1997, año en el que se realizó un concurso público cuyo objetivo era escoger el mejor nombre posible. De esta forma se dictaminó que se recibirían propuestas para nombrar la biblioteca fruto de la labor comunitaria y un jurado compuesto por tres personas notables escogerían la mejor.  “El jurado conformado por Sr. Miguel Ángel Betancur de la I.E. El Salado, Sr. Juan Carlos Suarez, director de la Casa de la Cultura Miguel Uribe Restrepo y Sr. Marcos Vega periodista del Municipio de Envigado, decidieron que la propuesta que cumplió con los aspectos requeridos fue José Arcadio Torres Ramírez en homenaje póstumo a este líder.”[28] 

La primera iniciativa de Talleres Infantiles Comunales en el territorio envigadeño se desarrolló en el barrio El Salado en el año de 1979. Con la llegada de Alberto Gonzales R, a la dirección de Asocomunal se implementó la creación del taller Infantil Los Angelitos, con el cual se buscó atender las necesidades básicas y educativas de la primera infancia a través de la participación y la autogestión de los padres de familia de El Salado. Este espació dio tales resultados positivos que el modelo se implementó en los demás barrios. De esta forma para el año de 1995 existían en todo el territorio del municipio 19 talleres infantiles. Finalmente, la iniciativa tuvo tanto éxito que la administración municipal acogió los talleres como un programa más de la educación curricular.[29] En el 2010, Casi quince años después de la iniciativa de los Talleres Infantiles Comunales, el Instituto de Deporte y Recreación con la ayuda de la administración municipal en la alcaldía de José Diego Gallo inauguró y puso en funcionamiento las primeras ludotecas en Envigado, incluida la del barrio El Salado. Estos espacios abiertos al público buscaron brindar nuevas áreas de recreación a niños, jóvenes y adultos mayores. Así mismo fueron puestas a disposición para las actividades que la Junta de Acción Comunal quisieran realizar allí.

Zona de influencia del acueducto Cristal Peña Azul, Envigado. Anexo 6 del POT, p. 61

Construcción del acueducto Cristal Peña Azul en el año 1996, fuente: El Informativo de Envigado, No. 119, diciembre de 1996, p. 4

La lucha por la salud publica en el barrio: el alcantarillado y el centro de salud  

También en el año de 1996, la alcaldía municipal realizó una inversión de más de $3.500 millones de pesos para la construcción y adecuación del acueducto y el alcantarillado del barrio El Salado y en la consolidación de la empresa municipal encargada de realizar y administras las obras. La empresa fue llamada Asociación de Acueducto y Alcantarillado: Cristal Peña Azul y, como condición atípica, pese a ser una empresa industrial y comercial del estado la administración de ella fue cedida a personas pertenecientes a la comunidad del barrio, que demostrasen capacidad moral y profesional, por decisión del alcalde José Ignacio Mesa Betancur.[30] Sin embargo que la gente del barrio acogiera esta obra no fue tarea fácil. La tradición marcada por el acueducto rustico y comunitario hacía que varios vecinos vieran con malos ojos que se hiciera una obra de tal magnitud que remplazara los sistemas que ya estaban instalados. En los medios de comunicación municipales se informaba de esta situación afirmando que “como todo es costumbre, la población de esta zona se adoptó a subsistir con esta anormalidad, y hoy algunos mayores defienden – a puertas del próximo siglo – continuar viviendo el atraso que se registra, pues encuentran como razón, el temor de pagar unos cuantos pesos más al entrar la obra en funcionamiento.”[31]

Planta de tratamiento de agua potable del acueducto Cristal Peña Azul. Fuente: Alcaldía de Envigado, Hoja de vida de los acueductos del municipio de Envigado, anexo 6 del POT, p. 66

Sin embargo, era ampliamente reconocido en los medios que “ninguno de los acueductos está construido técnicamente y mucho menos poseen las normas de salubridad que exige la Seccional de Salud de Antioquia. De otro lado, los alcantarillados fueron construidos a pulso de su propio desarrollo, en centrándose trazos donde la tubería mayor corre por debajo de muchas viviendas.” Esta necesidad de mejorar el servicio de acueducto y el rechazo de algunos sectores poblacionales al proyecto de modernización hicieron necesario que el alcalde se desplazara en varias ocasiones para socializar el plan de acción. El 14 de noviembre de 1996 fue el día en que se realizó la entrega del convenio por parte de la alcaldía a la comunidad. En esta reunión, José Ignacio Mesa Betancur vociferó “…quienes no estén de acuerdo con la obra que se expresen”[32], solucionó las ultimas dudas que surgieron por parte de los voceros de la comunidad y firmó el convenio dándole vía libre a la cuantiosa inversión. 

En última instancia, con esta acción se buscó institucionalizar y mejorar la calidad del alcantarillado que fue construido de manera rustica por la comunidad veinticinco años antes por la iniciativa del vecino Francisco Pérez, cuya su frase célebre “Hay que bañar de agua esta vereda”[33] aún es recordada. En el año de 1982 varios líderes de los barrios Chinguí y Francisco Restrepo Molina se dieron cuentan que “el agua que tomaban de la quebrada La Ahuyamera, estaba completamente contaminada y salieron a inspeccionar los afluentes de las altas montañas de Envigado y allí se decidió tomar agua de la quebrada El Palo para dar inicio al proyecto que llamar Acueducto Cristal Peña Azul.” Este solo logró resultados notables hasta el año de 1991 que hubo un sistema constante de alcantarillas y agua domiciliaria que era suplida por esta quebrada y fue potenciado finalmente por la inversión municipal en el año de 1996. 

fotos de la chocolatería antes de ser demolida. Iván Uribe Fernández, la Chocolatería. Archivo Central de Envigado, Obras Públicas, caja 57, 467, S.F. 13 de enero de 2005.

Para esta década de 1990 la salud publica fue uno de los temas más movidos en la agenda de la Junta de Acción Comunal, la necesidad de mejorar las condiciones de salubridad del sector. Uno de los desarrollos más importantes en temas de infraestructura, salud y mejoramiento de las condiciones de vida para la comunidad del El Salado fue la construcción del centro de salud del barrio.  Desde la alcaldía se realizó una convocatoria pública con el objetivo de realizar un Centro Satélite de Salud en el barrio El Salado. La propuesta ganadora fue la realizada por por el ingeniero Mauricio Villegas Peláez. De esta forma, se firmó en el año de 1993 la contratación directa No. 02-93 la cual buscó llevar a cabo este proyecto para el cual se destinó un total de 10´912.447,06 de pesos y cuyo plazo para la construcción y entrega fue de 45 días.[34]  Para el año 2014 se buscó llevar a cabo dos proyectos que mejorarían la infraestructura de los espacios de salud del barrio. El primero de ellos era el Centro de Encuentro Ciudadano el cual iba a estar provisto, entre muchas otras cosas, de un auditorio para 220 personas, 1 ludoteca, 1 placa polideportiva, 4 aulas para reuniones y 1 comedor comunitario. El otro proyecto que fue planeado para ese año es el de la Unidad Básica de Atención el cual abarcaría un área total de 2.630 metros cuadrados en los cuales estarían destinados a prestar servicios de vacunación, RX, atención básica en medicina general y odontología.[35] 

En la actualidad el acueducto Cristal Peña Azul sigue funcionando, sin ánimo de lucro y con el objetivo de brindar a la comunidad un acueducto publico domiciliario. Además, aun es propiedad de la comunidad ya que todo usuario es dueño debido a su organización cooperativa e ideales democráticos.[36] La entidad suerte de esta forma el área urbana de los barrios La Mina, El Salado – Socorro y Chingüí.

Mientras que las zonas rurales que se ven beneficiadas con este son las veredas de El Escobero y El Vallano. También se ve beneficiada la comunidad por infraestructura del sistema La Pavita, un sistema de acueducto que funciona en El Salado. En el POT del 2011 se informaba que “La Pavita tiene servicio alterno del acueducto Cristal Peñazul, y en un sector de aproximadamente el 20% de esta área tiene factibilidad técnica de ser abastecido por la red de Empresas Publicas de Medellín. La mayoría de estos usuarios no tienen las redes separadas para el agua cruda y el agua tratada, por lo cual el agua tratada del acueducto Cristal

Peña se contamina.”[37]

 

La idea de El Salado como un lugar de recreación y contacto con la naturaleza

Para el mes de agosto de 1962, el periódico Opinión informaba que en la zona de la quebrada Ayurá perteneciente a El Salado se había registrado numerosos visitantes y turistas del resto del valle de Aburrá que iban a este terreno rural motivados por el verano, las supuestas aguas fertilizantes de la quebrada y la posibilidad de realizar encuentros al aire libre. En esta publicación además se afirma que, probablemente con el paso del tiempo este sector se convertiría en un paseadero predilecto por los turistas y habitantes de Envigado.[38]

Desde la Junta de Acción de El Salado se lanzaba una petición a la alcaldía para mejorar la infraestructura para poder convertir en esta zona en un lugar turístico. De esta forma solicitaban respetuosamente que era necesario que se mejorara el alumbrado público ya que los “visitan unos 2 o 3 mil turistas populares entre sábado y domingo. para las fiestas de Nuestra Señora del Socorro en octubre y durante noviembre y diciembre aumentan los turistas lo cual justifica nuestra aspiración de convertir El Salado en zona de camping destinado a todo el Valle de Aburrá.”[39]

El aumento de los turistas en este sector rural ha hecho que los habitantes de El Salado constantemente reclamen la protección del habitad y la responsabilidad ambiental de los turistas que por allí transiten.[40] Pese a esto, el aumento del turismo consolidaría la construcción de las dos etapas que conformarían el Parque Ecoturístico El Salado. La primera etapa fue construida en el año 2002. En esta etapa inicial se construyeron 230 m2 de sede de acceso, se construyeron 12 quioscos, 2 miradores, 210ml de sendero elevado y 575m2 de sendero peatonal. Adicional a esto se realizaron 10 talleres de sensibilización y se imprimieron 2000 cartillas para la campaña divulgativa para el buen uso del nuevo parque. Esta primera etapa tuvo un costo total de 1´255.832.244 de pesos.[41]

La segunda etapa fue construida en el año 2004 y esto incluiría la adecuación de esta zona rural en tres zonas delimitadas entre las quebradas La Ayurá y La Miel y las veredas El

Vallano y El Escobero, lo cual es un área total de 170.000 metros cuadrados, de los cuales 18.233 fueron construidos durante la primera etapa y 4.617 en la etapa segunda. El costo inicial de la construcción de esta segunda etapa fue de 1.690.214.344 de pesos sin embargo la firma encargada de realizar la construcción, Agil S.A., solicitó un valor adicional de 840.000.000 de pesos.43

Durante la construcción de esta etapa, el municipio adquirió la finca llamada La Chocolatería, la cual le pertenecía a la familia Vélez Vélez. Esta propiedad era “una edificación de un piso con planta en “L”, muros en tapia, cubierta en teja de barro con caña brava y pañete y corredores perimetrales con columnatas en madera, presentando además adiciones y reformas con mampostería en ladrillo.” [42] La compra de la propiedad se efectuó el 12 de noviembre de 2004 y fue destinada para que las oficinas de los contratistas, interventores y demás trabajadores encargados de llevar a cabo la fase dos del ecoparque fueran allí instalada. Sin embargo, un sismo ocurrido el sábado 13 de noviembre y dos torrenciales aguaceros en los días martes 16 y jueves 18 de este mismo mes hicieron que un muro de la vivienda se derrumbara el 4 de diciembre[43]. El 9 de diciembre, luego de la visita enviada desde la Inspección Municipal, se dio la orden de que el inmueble fuera desalojado y demolido, y se instalaran las oficinas del personal en la vereda El Vallano [44] 

Hallazgos arqueológicos año 2013. Periódico La Piedra, No. 167, año XIV, octubre de 2013, p.5

El ecoparque ha resultado ser todo un reto para la comunidad de El Salado. Han debido adecuarse al alto grado de foráneos que se aventura a explorar las veredas y al deterioro que esto significa en el ecosistema. En una entrevista realizada un habitante de la vereda El Vallano y publicada por La Voz de la 6, se evidencia que el deporte y el arte se consolidaron como los motores de este sector. Menciona el habitante en el reportaje que “el hacer, me permite acercarme y emitir directamente el mensaje, de iniciar el proceso de recuperar esta vereda con caminatas a meditar, realizar pranayama, abrazar árboles y bañarnos en agua viva. experiencia sensible espiritual que se fue convirtiendo en “plogging” (Unión de Deportes y ecología), el recoger basura mientras se camina en bolsas que después depositamos en los cestos ubicados en la vía pública por Enviaseo de la alcaldía de Eenvigado.”[45] Además de lo anterior, este sector se ha convertido recientemente en un foco de interés de la comunidad académica debido a los hallazgos arqueológicos que los investigadores han encontrado en la zona. Uno de los mas notorios y recordados fue cuando en el 2013 se encontró “cerámica asociada a unos pisos en piedra que corresponden a una vivienda que existiera hacia finales del siglo 19, la parte propiamente de la vivienda y algunas estructuras adicionales posiblemente las  animales”.[46] Esto ha ayudado a comprender mejor la dinámica y las costumbres que tuvieron los primeros colonizadores de la zona rural del barrio. 

 Hallazgos arqueológicos año 2013. Periódico La Piedra, No. 167, año XIV, octubre de 2013, p.5

Bibliografía 

  • Alcaldía de Envigado. (2006). Imágenes de envigado 1860 – 2006.
  • Alcaldía de Envigado. (2010). Boletín Histórico del Centro de Envigado “José Manuel Restrepo V”. Edición Bicentenaria (20).  
  • Burgos, Alberto. (2011). Cafés, bares y música en Envigado. Medellín: Alcaldía de envigado. 
  • Del Valle, Francy. (S.F). Historia y geografía del municipio de Envigado. Envigado: secretaria de educación y cultura de envigado. 
  • Gómez, Marilyn. (2009). Tejidos de Memoria. Promoción de la identidad cultural a través de la recuperación de la memoria histórica de la Zona 6. Envigado: Alcaldía de Envigado. 
  • Sánchez, V. & Mejía, J. (2002). Envigado entre el rio y la montaña. Medellín:

Editorial Lealon. Tomo I. 

  • Sánchez, V. & Mejía, J. (2002). Envigado entre el rio y la montaña. Medellín: Editorial Lealon. Tomo II. 
  • Suarez, Myriam. (1998). Estudio socioeconómico y reseña histórica de la plaza de mercado de envigado. Envigado: Asociación comerciantes plaza de mercado de envigado. 

Archivo  

  • Archivo Central de Envigado, Fondo de Obras Públicas. 
  • Archivo del Concejo Municipal de Envigado.
  • Departamento Administrativo de Planeación de Envigado 
  • Archivo Histórico de Antioquia, Planoteca. 
  • Centro de Historia de Envigado, Hemeroteca.  

[1] Periódico La Voz de la 6, No. 1, julio de 2014, p. 2.

[2] Francy Esther del Valle. Historia y geografía del municipio de Envigado. Secretaria de educación y cultura de envigado, p. 241.

[3] Ibid. Del Valle, p. 242.  La voz de la 6, No. 1, julio de 2014, p. 2.

[4] Francy Esther del Valle. Historia y geografía del municipio de Envigado. Secretaria de educación y cultura de Envigado, p. 244. 

[5] Opinión, No. 50, junio 26 de 1963, p, 1. 

[6] Periódico La Voz de la 6, No. 2, agosto de 2014, p. 8.

[7] Opinión, No. 50, junio 26 de 1963, p. 6. 

[8] Junta de Acción Comunal del Salado, Comunicación a la Junta Central, Archivo Central de Envigado, Fondo Histórico, S.F, caja 564, tomo 17, febrero 28 de 1969.

[9] Archivo del Consejo Municipal. Comunicación entre la JAC y la alcaldía. 

[10] Correspondencia Recibida, caja 632, carpeta 44. S. F. septiembre 26 de 1972. Archivo del Consejo Municipal. Comunicación entre la JAC y la alcaldía.  Correspondencia Recibida, caja 632, carpeta 44. S. F. septiembre 26 de 1972.

[11] Periódico La Voz de la 6, No. 1, julio de 2014, p. 2.

[12] Periódico El informativo de Envigado, No. 136, año 13, agosto de 1998, p. 4 -5.  

[13] Periódico El informativo de Envigado, No. 136, año 13, agosto de 1998, p. 4 -5.

[14] Concejo Municipal de Envigado. Acuerdo número 079 del 14 de agosto de 1976. Archivo histórico del concejo municipal. Acuerdos municipales.Folio 273.

[15] Alcaldía Municipal de Envigado. Autorización pago nota final construcción Liceo Corporativo El Salado Archivo Central de Envigado. Obras Publicas, caja 4, carpeta 19, sin foliar, 1978.

[16] Director de Obras Públicas. Certificación de construcción. Archivo Central de Envigado.

Obras Publicas, caja 4, carpeta 19, sin foliar, 1997.

[17] Alcaldía Municipal de Envigado. Autorización OTRO-SI al contrato No. 023-77. Archivo Central de Envigado. Obras Publicas, caja 4, carpeta 19, sin foliar, 1978.

[18] Alcaldía Municipal de Envigado. Autorización OTRO-SI al contrato No. 023-77. Archivo Central de Envigado. Obras Publicas, caja 4, carpeta 19, sin foliar, 1978.

[19] Alcaldía Municipal. Asunto sobre el cemento en la construcción del liceo. Archivo Central de Envigado.Obras Publicas, caja 4, carpeta 19, sin foliar, 1977.

[20] Periódico El informativo de Envigado, No. 136, año 13, agosto de 1998, p. 4 -5.

[21] Periódico El informativo de Envigado, No. 114, abril de 1996, p. 3. 

[22] Periódico La voz de la 6, No. 1, julio de 2014, p. 11.

[23] Periódico La voz de la 6, No. 2, agosto de 2014, p. 8.

[24] Revista Distritos, noviembre – diciembre de 1994, p. 45. 

[25] Revista Distritos, noviembre – diciembre de 1994, p. 45.

[26] Periódico La voz de la 6, No. 7, noviembre de 2016, p. 5.

[27] Periódico La voz de la 6, No. 2, agosto de 2014, p. 8.

[28] Periódico La voz de la 6, No. 2, agosto de 2014, p. 8.

[29] Periódico El Informativo de Envigado, No. 110, noviembre de 1995, p. 9. 

[30] Periódico El Informativo de Envigado, No. 119, diciembre de 1996, p. 4. 

[31] Periódico El informativo de Envigado, No. 119, diciembre de 1996, p. 4.

[32] Periódico El informativo de Envigado, No. 119, diciembre de 1996, p. 4.  

[33] Periódico El informativo de Envigado, No. 119, diciembre de 1996, p. 4.  

[34] Alcaldía de Envigado. Resolución No. 193. “Por medio de la cual se adjudica la contratación directa No. 02 – 93. Archivo Central de Envigado. Obras Publicas, caja 33, carpeta 284, sin foliar, 1993.

[35] Periódico El informativo de Envigado, No. 119, diciembre de 1996, p. 4.  La voz de la 6, No. 1, julio de 2014, p. 11.

[36] Asociación del Acueducto Cristal Peñazul, “Quienes somos”, visitado el 5 de abril de 2022, http://www.acueductocristalpenazul.com/p/acerca.html. 

[37] Alcaldía de Envigado. Hoja de vida de los acueductos del Municipio de Envigado. Anexo 6 del POT 2011, p. 66. 

[38] Periódico Opinión, No. 53, agosto 31 de 1962, p. 7. 

[39] Archivo del Consejo Municipal. Comunicación entre la JAC y la alcaldía. 

Correspondencia Recibida, caja 632, carpeta 44. S. F. septiembre 26 de 1972.

[40] Periódico El informativo de Envigado, No. 119, diciembre de 1996, p. 4.  La Piedra, No. 144, octubre de 2011, p. 5. 

[41] Corporación Autónoma Regional del Centro de Antioquia. Acta de liquidación final.

Archivo Central de Envigado. Obras Publicas, caja 51, carpeta 421, S. F, 2002.  43 Iván Uribe Fernández. Archivo Central de Envigado. Obras Publicas. Caja 78, carpeta 682, S. F, 2005.

[42] Iván Uribe Fernández, La chocolatería. Archivo Central de Envigado, Obras Públicas, caja 57, 467, S.F, 13 de enero del 2005.

[43] Iván Uribe Fernández, La chocolatería. Archivo Central de Envigado, Obras Públicas, caja 57, 467, S.F, 13 de enero del 2005.

[44] Paula Arango Acevedo, Desalojo. Archivo Central de Envigado, Obras Públicas, caja 57, 467, S.F, diciembre 9 de 2004. 

[45] Periódico La Voz de la 6, No. 23, octubre de 2021, p. 2.

[46] Periódico La Piedra, No. 167, año XIV, octubre de 2013, p. 5.

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