Cristalería Milán

Esta empresa se inició en 1969 con tres empleados, un capital de $45.000 pesos, aportado por sus socios fundadores Gilberto Mejía, y los hermanos Humberto y Jairo Tamayo Jaramillo. En esa época soñaban con fabricar artículos en madera y vidrio, como ceniceros, saleros, dulceras y decorativos para el hogar.

En 1971, se convirtió en Sociedad Limitada con un capital de diez millones de pesos y los hermanos Tamayo Jaramillo como únicos dueños. La Cristalería Milán se volvió una empresa mediana, con producción de lámparas de estilos clásicos y artículos de vidrio, fundición en cobre y aluminio, candelabros, espejos, consolas, mesas y otros decorativos para interiores. También diseñaron luminarias, faroles y postes decorativos para avenidas y parques. Estos productos permitió vender a otras ciudades y exportar a otros países.

En el año 2000 contaba con 68 empleados, formados en la empresa, con beneficios sociales de estudio y vivienda.

Los hermanos Tamayo además de administradores fueron diseñadores, capacitados en el Instituto Pedro Justo Berrío de Medellín, dirigido por los Padres Salesianos. Cristalería Milán se identifica con los colores amarillo y negro y logo-símbolo es un farol clásico (Revista Katharsis, noviembre de 1999, Institución Universitaria de Envigado, páginas 38-39).

Hoy Humberto Tamayo se ha dedicado a la restauración de autos antiguos, que han participado en el desfile de la Feria de las Flores; en carros de bomberos y un ejemplar de uno de los primeros tranvías de Medellín.  El carro de bomberos, tiene un significado especial, para él: “Siempre me gustaron los cuerpos de bomberos y después de hacer piezas para otros carros pensé que estaba a un paso de construir uno”, contó Tamayo. Fue así como fabricó la máquina para hacer el guardabarros y luego le tomó cinco meses construir las herramientas del carro y otros cinco hacer el ensamble para finalmente tener su cuerpo de bomberos.

Tiene ocho autos antiguos que pertenecen al Museo del Transporte.

Por eso, cuando el Museo del Transporte adquirió un vagón del tranvía, pensó en él como su restaurador. Ese vagón, al que Tamayo le dedicó varios meses para su renovación, lo han expuesto en diferentes lugares turísticos de la ciudad. Actualmente se encuentra en el parque Berrío y diariamente es visitado por los transeúntes. Tamayo se considera un enamorado de los ferrocarriles. Recuerda cuando su padre lo llevó al último viaje que hizo el vagón por la ciudad, algo que marcó su vida. “Me emocione mucho al restaurar el tranvía, fue una obra bonita porque la juventud no sabe de su existencia, los viejos sí y lo recuerdan con cariño”, relató Tamayo.

Ahora, él reconstruye el vagón de un tranvía que años atrás fue un restaurante llamado ‘La estación’ y que en la época de violencia del cartel de Medellín fue quemado.

Después de muchos años de estar abandonado, sus dueños decidieron dejarlo en manos de Tamayo para que él lo reconstruyera y así darle vida nuevamente al restaurante.

Este trabajo le tomó ocho meses y junto a tres ayudantes lo volvieron a hacer, puesto que el tiempo había acabado con lo poco que quedaba del vagón.

Fuentes: :http://www.octavioprensa.com/2012/08/el-rescate-de-una-joya-del-transporte.html

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