Las Margaritas y los Naranjos

Urbanización de los hermanos Alberto Mejía y hermanos

Esta urbanización se desarrolló en predios de una finca rural de los hermanos Alberto y Carlos José Mejía Ochoa, de aproximadamente 10 cuadras, que “tenía una casa de habitación”, marcada en la puerta de entrada con el No 17-55 y que se encontraba al frente de la calle 22 o calle del Palo, y delimitaba así: “por un costado, con la calle 22 o calle del palo, en parte, como también con propiedad que fue de federico Vásquez; por un costado, con predios que fueron de Irene Montoya, hoy Urbanización “Los Naranjos”, en parte, como también con predios que fueron de Sinforoso Uribe y Félix restrepo, hoy urbanización los Naranjos continuación, por otro costado, o sea la parte de atrás, con predio que es o fue de herederos de Cecilio Londoño y la quebrada la Ayurá; y por el otro costado, con predios que son o fueron de Félix Restrepo, calle de Buga y propiedades que son o fueron de Alfonso Diaz y Luis Restrepo, según plano que se protocoliza”[1].

Los Hermanos Alberto Carlos José y Margarita Mejía adquirieron este lote en mayor extensión según la escritura No. 1791 de marzo 23 de 1959 notaría tercera de Medellín.

Posteriormente, a la finca rural se unió otros predios con propietarios e intereses en el negocio de lotear y vender casas, como es el caso de Margarita Mejía viuda de Ramírez, socia del proyecto, quien incorporó otro terreno aledaño de su propiedad[1]. Y finalmente el gestor de la urbanización y del negocio propiamente dicho fue Juan Restrepo A., quien representaba a la Sociedad Colombiana de Construcciones Ltda. (domiciliada en Medellín), y se encargaría de todo el proceso de construcción, venta y comercialización. La sociedad tenía inicialmente el nombre de “Ospina, Mesa y Restrepo Ltda.”, creada en 1941[2].

Como parte de sus obligaciones urbanísticas, en 1961 los socios y la Sociedad Constructora cedieron gratuitamente al municipio de Envigado las calles y carreras comprendidas dentro del globo de terreno, según escritura #33, del 5 de enero de 1961. Según los compromisos de la cesión de espacios al municipio, los trabajos de urbanización se acometerían en dos etapas, el primero sería el sector oriental del inmueble, (comprendido entre la calle 24 y 25, y la quebrada la Ayurá), y posteriormente el lote restante, si los propietarios estimaban conveniente que la Sociedad Colombiana de Construcciones Ltda., continuara la urbanización.

Otras ventas e hipotecas encontradas en el archivo de la notaría de la Urbanización Margaritas fueron: Ventas e hipotecas en 1960 de los hermanos Mejía a: Luis Alfredo Villegas Franco escritura #1295; Roberto Martínez Márquez #1296, de un lote de terreno #4 de la manzana H; Hernando de J. Uribe M. #1297, lote 27 manzana G; a Salvador Vásquez M. #1298, lote 36 manzana G; Rafael Ochoa Ochoa #1299, lote 34 manzana G; Hernando Vásquez Patiño #1300, lote 12 manzana G; Carlos Antonio Restrepo A. #1301, lote 28 manzana G; Diego de Jesús Uribe V. #1304 lote 26 manzana G.

También la Sociedad Colombiana de Construcciones Ltda. adelantó la construcción de la Urbanización Simón Bolívar en Itagüí[3].

[1] Escritura #1152 del 22 de julio de 1960: declaraciones de Alberto mejía y otros y Colombiana de Construcciones Ltda.

[2]  Escritura #1725 junio 3 de 1941 notaria primera de Medellín, se reformo con cambio de nombre en 1944 mediante escritura #1495 mayo 31, notaria tercera de Medellín.

[3] Venta a Jorge Luis Calderon Moreno, de lote de terreno, distinguido con el # 17 de la manzana 7 de la Urbanización, con una extensión de 240 varas por $6 mil pesos. #1294 de agosto20/60,notaría primera de Envigado.

[1] Escritura #1152 del 22 de julio de 1960: declaraciones de Alberto mejía y otros y Colombiana de Construcciones. Los propietarios compraron este inmueble mediante escritura #1791 del 23 de marzo de 1959, notaria tercera de Medellín; y su destino era “para ser urbanizado en beneficio reciproco de ambos exponentes”.

Urbanización Los Naranjos

Era un terreno amplio, donde a veces se asentaba un circo «El Ataibe», y existía una cancha de futbol. Su primer nombre fue El Placer y existían pocas casas, luego tomó el nombre los Naranjos, porque existían arboles abundantes de la fruta.

A partir de 1953, con la instalación de la sede de los Seguros Sociales y su clinica «Santa Gertrudis» tomó impulso. Sus primeros pobladores fueron: Juan Ruiz, sinforoso uribe, Débora Zapata de Lopera, Marina Uribe, Bernardo Ochoa, la familia Martínez Vásquez, Atilano Gómez, Lila Pareja, Jaime Arango, Luis Antonio Restrepo, Rita Botero, Rosa Alzate, Bertha Mesa, JUan Carmona, eliceo Arcila, Vicente Santamaría, Ligía Ramírez, Débora Lopera y Martha Ruiz.

Su primera junta de Acción Comunal se fundó en 1984, en la diagonal 35D con la 32, y se conformó con Alberto Quiroz, Ofelia Villa, Mario Aguirre, Cecilia Arenas, entre otros. recibieron su personería jurídica No. 595 del 15 de noviembre de 1984. Esta Junta impusló la construcción de gaviones en la quebrada La Ayurá para evitar sus inundaciones, luego llegó la canalización actual.

La urbanización fue un proyecto de la Sociedad Colombiana de Construcciones Ltda., con domicilio en Medellín, y quien representaba varios socios Martín Bernal R., Juan Restrepo A., y Belén Fernández de Mesa[1].  La historia del terreno de la urbanización Los Naranjos está marcado así:

  1. Por adjudicación en el remate del juzgado 5 de Medellín, en el juicio de sucesión de la señora Irene Montoya de Ramírez, realizado el 18 de diciembre de 1947
  2. Por compra a Eugenio Sanín E. según escritura #2168 abril 17/48 y #6089 nov 18/48 en notaria 1era de Medellín
  3. Por compra a Bernardo Ángel, en comunidad con Restrepo A y Rafael Mesa Salazar ( #1681 feb 18/49, notaria cuarta de Medellín.
  4. La cuota de Rafael Mesa Salazar la adquirió su poderante Belén Fernández por adjudicación en el juicio sucesión del doctor Rafael Mesa Salazar, juzgado 5 de Medellín, el 5 de abril de 1956[2].

[1] El abogado juan J. Montoya, socio administrador de la firma social COLOMBIANA DE CONSTRUCCIONES LTDA, era apodera de Bernal R. (#6298 agosto 4/48, notaría 4 de Medellín); de Restrepo A. (#6508 del 18 de agosto/49, notaria 4 de Medellín); y Fernández de Mesa (#2813 mayo 2/56), notaria 4 de Medellín.

[2] Escritura #298 del 13 de marzo de 1958:

información tomada del libro: Tras la senda de Pastor: Pastor Garcés Londoño, 1915-1979, editorial Panamericana formas e impresos, Bogotá, 2015.

información tomada del libro: Tras la senda de Pastor: Pastor Garcés Londoño, 1915-1979, editorial Panamericana formas e impresos, Bogotá, 2015.

Importancia de la quebrada La Ayurá

La quebrada ha marcado el desarrollo del barrio. Posee una longitud de 15 kilómetros y sus principales
afluentes son las quebradas, El Palo, La Miel, El Salado, La Sebastiana y La Ahuyamera. Su
cuenca alta, va desde los límites con El Retiro hasta la quebrada La Pavita; su parte media,
corresponde hasta la antigua fábrica de Rosellón, hoy universidad de Envigado; y la baja,
hasta su desembocadura con el río Medellín.

Los predios alrededor de la quebrada, hasta inicios del siglo XX, eran fincas veraniegas de
familias adineradas de Medellín. Varias de estas, las visitaban durante la temporada de
vacaciones, y disfrutaban del generoso caudal para bañarse en ella y pasar el día. De igual
manera, los habitantes de Envigado aprovechaban también su cercanía, y alrededor de ella se
tejieron historias sobre espantos, fecundidad, lavanderas, areneros, pesca y construcción.

La Ayurá bordea los límites hacia el norte de Los Naranjos. Su influencia ha sido notable en la configuración del barrio como lugar de esparcimiento, también donde las lavanderas y areneros desarrollaban sus oficios para el sustento de los hogares, como proveedora del acueducto del municipio, con sus crecientes, con la construcción de puentes que comunicaron los diferentes barrios y, por último, con las obras de la canalización.

Cuentan los habitantes más antiguos del barrio, que en esta quebrada algunos aprendieron a nadar; otros, sacaban arena para venderla. Las mujeres de los barrios La Sebastiana y Los Naranjos buscaban un lugar cómodo en la quebrada, donde hubiera una piedra grande y aplanada, para lavar la ropa de las familias adineradas del municipio[1]

De ella, también se benefició la fábrica de Rosellón, la cual era cercana al barrio y lugar en donde varios de los vecinos laboraban. 

Cerca de la quebrada, se encontraban las escuelas rurales de niñas y niños, como se evidencia en la visita en el año de 1944, del Inspector Nacional de Educación Primaria, Pastor Velásquez Sierra, y quien le realizó varias solicitudes al entonces Personero Municipal, Pedro Luis Quirós. Para la escuela rural de varones, escribía:

“esta escuela corre el peligro de ser clausurada de un momento a otro, o al menos de alternar su trabajo en el local de la de niñas, dada sus pésimas condiciones”.

Igualmente, para la escuela de niñas solicitaba la:

“construcción de una escala adecuada a la entrada del camino, y la cesión total del lotecito o predio del frente, para así poder ofrecer campo suficiente para los cultivos a los niños de una y otra escuela”[2].

La tradición oral, atribuye a la quebrada poderes de fecundidad en las mujeres. Cuentan que la señora Dolores Giraldo de Giraldo, campesina, tuvo 12 hijos en un mismo día, producto de bañarse diariamente en la Ayurá; y que don Lucas Ochoa, natural de Madrid-España, y asentado en territorio envigadeño, tuvo novecientos descendientes, y que doña Concepción Soto y Ochoa, nieta de don Lucas y casada con Bautista Uribe, tuvo 33 hijos. También decían que la fertilidad “milagrosa” se debía a que los curas benedictinos, que habitaban cerca, dejaban la quebrada lista para fecundar mujeres. Uno de los médicos parteros de Envigado, Nepomuceno Jiménez, aseguraba que la Ayurá tenía en su cauce metales radioactivos que alteraban la normal fecundidad de las mujeres, haciéndolas más fértiles. Estos metales provenían de los árboles de comino crespo que se encontraban en la rivera de la quebrada y que era el preferido por los ebanistas para la construcción de muebles[3]. Por otra parte, la escultora Sonia Tamayo de Puerta, realizó una obra alusiva a la quebrada. Se trataba de una escultura de hierro oxidado y piedra que, en su forma, representa una mano sosteniendo la piedra entre sus dedos. La Piedra tiene un diámetro de 2.69 metros y una tonelada de peso que “la quebrada La Ayurá labró ininterrumpidamente desde tiempos inmemoriales y que finalmente depositó junto al puente de La Paloma”10. Esta escultura primero estuvo ubicada en la Cristalería Milán y posteriormente en el parque frente al Hospital Manuel Uribe Ángel, sector que hace parte del barrio Los Naranjos


[1] Entrevista a Gonzalo Santamaría.

[2] Archivo Central de Envigado. Caja 160. Carpeta 21. Folio 38r – 38v.

[3] Valencia, Pedro Nel. Ayurá fuente de leyendas. Publicación del Metro de Medellín.

https://twitter.com/metrodemedellin/status/126686562878846976210 La Piedra.  Envigado, noviembre, 2007. p. 7.

murales en la quebrada

Posteriormente, la Junta de Acción Comunal Los Naranjos, hizo un homenaje a las
tradiciones envigadeñas y a las familias de los primeros pobladores del barrio, colocando
imágenes en mosaicos dentro de la canalización de la quebrada. En estos se pueden observar
personajes, familias y lugares tradicionales del municipio, lo cual refleja el sentido de
pertenencia de la comunidad con su entorno.

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