Primavera

Por Edgar Restrepo Gómez, Historiador

Este barrio esta enmarcado entre el polideportivo sur, la Avenida Las Vegas, la Urbanización Milán-Vallejuelos y la avenida 43A o avenida del Poblado, y la Finca La Paz. Fue y siguie siendo un paso obligado para ir a Sabaneta. Durante mucho tiempo fue un barrio marginal, de la sociedad, de la acción del estado, estigmatizado y gozaba de mala fama. Fue levantado en terrenos de la familia conocida como los Locos Correa, dueños de las tierras comprendidas actualmente entre Calle Basura en el norte hasta la clínica de la policía en el sur, y de las colinas hasta las riberas del río Medellín. En una parte de ese espacio se estructuró el barrio la Primavera como una espina de pescado, teniendo como columna la carrera 46 sur y a sus lados varias calles.

Plano de la urbanización Primavera, escritura #979 del 28 de septiembre de 1951, notaría primera de Envigado, Biblioteca José Félix de Restrepo.

Compra-venta de tierras

Don José Misael Calderon, «vecino de Medellín», impulsor y urbanizador del barrio La Primavera en 1951, en su protocolización del plano de la urbanización, declara que poseía un globo de tierra, situado en el paraje Tierra Blanca, con una área total de 51.913 varas cuadradas y que había adquirido de la siguente manera:

a) en una primera compra a Francisco Antonio Ochoa Correa y su esposa Margarita González, en una extensión de 41.913 varas (escritura #2467 del 17 de marzo de 1951 de la notaría cuarta de Medellín)

b) en una segunda compra a la señora Bernarda Ochoa Correa, en una extensión de 10.000 varas cuadradas (escritura # 961 del 25 de septiembre de 1951 de la notaría primera de Envigado). El lote tenía los siguientes linderos: por el frente con la carretera que de envigado conduce a Sabaneta; por un costado con propiedad de la señora Bernarda Ochoa; por el centro y el otro costado con predio de Faustina Correa, viuda de Ochoa. El terreno había sido una permuta con su cuñada Margarita González (escritura # 4016 de junio 23-1947, notaría cuarta de Medellín)

Igualmente, Calderón obtuvo un crédito de Doña Bernarda, en una suerte de juego financiero por la suma de $10.000 pesos sin pago de interés. Este crédito estaba respaldado en una hipoteca de varios lotes situados en el barrio Danubio, fracción de la América en Medellín (Escritura #963 del 25 de septiembre de 1951, notaría primera de Envigado).

La familia Correa

La familia Correa tuvo dos vertientes que poseían tierras en el sur de Envigado: los Correa Vélez y los Ochoa Correa.

El primer tronco y los cuales son los dueños de la mayoría de las tierras donde se levantaron las urbanizaciones Primavera y Milán descienden del matrimonio de Francisco Ochoa Mejía y Faustina Correa, y sus hijos fueron: Francisco Antonio, María Bernarda o Bernardina, María Bertilda, María Adelina, Agripina, Rosalina o Rosalía y Sofía.

El segundo tronco familiar descienden de la unión entre José de Jesús Correa Uribe y María Josefa Vélez Díaz, la cual procreó a 8 hijos: Honorato, José de Jesús, Carlos Antonio, Andrea, María Josefa y Félix Antonio, Rodrigo, María Guadalupe.

Para la presente historia es importante recalcar la figura de Francisco Ochoa Mejía, que por medio de su sucesión (juzgado primero civil del circuito de Medellín, el 6 de diciembre de 1941), su propiedad se avaluó por peritos del juzgado en $3.000.000 pesos, suma considerable para la época (sucesión del juzgado primero civil del circuito de Medellín, el 6 de diciembre de 1941, en la escritura #834 agosto 20 de 1982, notaría primera de Envigado).

Una hija suya, Sofía Ochoa Correa, como parte de la herencia, vendió un lote de terreno a Inversiones Milán Ltda (escritura #834 del 20 de agosto de 1982, notaría primera de Envigado), y su representante legal Alvaro Posada Moreno, quién posteriormente junto a otros terrenos, y conformando una nueva sociedad Edificadora Milán, construiría los diferentes condominios Milán en la década de los años 80.

La urbanización

Estuvo dividida en doce manzanas según el plano elaborado por el ingeniero Antonio Vega Molina y que fue aprobado por el municipio mediante el acta #99 del 30 de marzo de 1951.

Según Antonio López Velasquez, la nueva urbanización tuvo unos «mínimos requisitos», lo que a continuación demuestra el estado del terreno: «calles sin pavimentar, unicamente con granulado debidamente compactado; construcción de andenes, redes de acueducto y alcantarillado, más redes primarias de energía eléctrica y sin las secundarias para la distribucion domiciliaria, un lote destinado a una escuela» ( Datos importantes referentes al barrio Primavera y la escuela Concha Agudelo, septiembre 20 de 2001)

Primeros habitantes

Las primeras viviendas levantadas por sus habitantes provenientes de las industrias de Coltejer, Grulla y Peldar, entre otros; se hizo con recursos provenientes de la liquidación de sus cesantías parciales, pequeño ahorros, créditos como los de la cooperativa textil Rosellón ltda.

Es así como en 1952 la cooperativa compró algunas manzanas con sus lotes para ofrecerselos a sus asociados, como se puede ver en las transacciones evidenciadas en las escrituras de la notaría primera:

a)la manzana 7 con trece locales con una área de 3.146 varas cuadradas y la manzana 8 con quince locales, con una área de 3.756 varas cuadradas por valor de $35.865 de pesos. Calderon recibía diez mil pesos a la firma de la escritura y el resto, o sea los $25.865 de pesos al plazo de un año y un interés del medio por ciento (escritura No. 185 del 11 de febrero de 1952, notaría primera de Envigado) .

b)la manzana 9 de 3.572 varas dividida en 15 locales o lotes (escritura No. 1228 del 1 de septiembre de 1952, notaría primera de Envigado).

Las hermanas Rave Saenz son un claro ejemplo del papel de la cooperativa en la adquisición de vivienda. Raquel, fabiola y maría quienes se constituyeron deudoras de la misma por la suma de $2.500 pesos y con una hipoteca sobre un lote de terreno sin edificar en paraje Ayurá (escritura #254 de marzo1 de 1952, notaría primera de Envigado).

Igual a las hermanas Rave, fue el caso de José Nicolas Montoya Mejía quien compró a la Cooperativa, el lote No. 10 de la manzana 9 de la urbanización, de 10 varas de frente y 23 de costado, por $1.449 pesos, los cuales pago con una cuota inicial de $776 pesos y el resto a un plazo de un año y 1% de interés de mora (escritura No. 1123 de octubre 5 de 1953).

Casa identificada con el número 46 sur-36 es la portada de La familia Montoya Palacio familia, se encuentra Don José Nicolás Montoya fundador del barrio, foto Centro de Historia de Envigado.

«El barrio fue habitado inicialmente por obreros de Coltejer de las factorías Rosellón, Sedeco y otras empresas como Grulla y Peldar. Era gente humilde, sencilla, trabajadora. Todos los propietarios construyeron sus casas con sus propios recursos, con ayudas y préstamos de la empresa, las cooperativas y los convites que se formaban y practicaban la colaboración entre todos los vecinos, principalmente los días domingo, donde cada propietario que iba construyendo tenía el apoyo de su familia, hermanos y vecinos. Primavera ha sido tradicionalmente un barrio solidario, en esa época todos nos conocíamos. Aquí hicimos los amigos, corrió la primera infancia» (entrevista a Alberto Montoya, marzo 11 de 2022, hijo de José Nicolas, uno de los primeros habitantes del barrio)

En otras transacciones, Calderón hipoteca parte del terreno como se puede ver en tres movimientos:

1) con los hermanos Correa Vélez: Félix Antonio, Rodrigo, Honorato, José de Jesús y María Josefa para construir un acueducto que pasaría por sus predios y con servidumbre de desague de las aguas sucias

2) hipotecó la manzana 3 con una área de 2.302 varas cuadradas a Luis Eduardo Molina Vélez por valor de $5.450 pesos y al 1% mensual (escritura #171 febrero 8-1952, notaría primera de Envigado).

2) hipotecó cuatro locales de la manzana 9 a Jesús María Vélez por $2.000 pesos al 1 % mensual (escritura #170 febrero 8-1952, notaría primera de Envigado)

Otros nombres de los primeros pobladores fueron: Mario Ceballos, Iván Ramírez Chica, Daniel Tabares, Mario Ceballos, Enrique Díaz, Pastor Montoya, Antonio Torres,Honorio Hernandez, Jesús Restrepo Rojas, Mario Montoya Mejía y Antonio López Velásquez ( Datos importantes referentes al barrio Primavera y la escuela Concha Agudelo, septiembre 20 de 2001)

El progreso así del barrio con la llegada de familias de obreros y de otras partes, se materializa a sus diez años cuando se contabilizaban 83 familias, aproximandamente 500 personas y donde según el comite cívico (creado en 1953): «casi todos sus moradores son propietarios de la casa que ocupan, lo que seguramente contribuye a la armonía casi total que allí reina entre los vecinos» (Periódico Ecos de Envigado, 1960).

Antonio López fue uno de los lideres y primeros pobladores que impulsó el desarrollo y progreso de Primavera al ser uno de los presidentes de mayor duración del centro cívico y luego de la Junta de Acción Comunal. Fue muy respetado en la comunidad y a su gestión se debe el impulso del barrio en sus primeros años. También proyecto su vocación de servicio al ser presidente de Asocumanales, en la cual desarrolló actividades recreativas y de obra en otros barrios. Fue miembro de la Sociedad de San Vicente en Envigado.

La casa identificada con el número 46 b 33 era la vivienda de Antonio López, aún permanece. Foto Centro de Historia.
Antonio López y su hijo en la glorieta. Foto familia López
Inés Mira e hijo, esposa de Antonio López, foto familia López.

El centro cívico de Primavera

El progreso en general del barrio se debió en sus primeros años al impulso del Centro Cívico, creado el 3 de mayo de 1953 por 36 socios y que posteriormente se convirtió en Junta de Acción Comunal en 1963.

Ese 3 de mayo se reunierón la mayor parte de las personas que componían hasta el momento el barrio para analizar los diferentes problemas y necesidades existentes, «y se llegó a la conclusión de que era indispensable organizarse y unirse para buscar solución a la falta de electrificación y alumbrado en las calles, pavimentación, construcción de una escuela en un lote destinado con tal fin y procurar ante la Curia, la creación de una parroquia o por lo menos la construcción de una capilla» (documento de Antonio López)

La primera junta estuvo compuesta por Mario Ceballos como presidente; Iván Ramírez, secretario; Mario Montoya, tesorero y los dignatarios Antonio López, Pastor Montoya, Enrique Diaz y Jesús Restrepo. Cada quince días se reunían y cada seis meses celebraban asamblea general.

Para entender la energía de ese comite y de sus integrantes, el mismo antonio López comentaba: «se comenzó un trabajo intenso en varias comisiones y al cabo de pocos meses fueron pavimentadas las calles (con ayuda del urbanizador Misael Calderon). Y en el transcurso de dos años y después de vencer grandes dificultades, las empresas públicas de Medellín instalaron las redes secundarias y en pocos meses la directiva del Centro Cívico contrató la instalación domiciliaria (con Instalaciones El Rápido) de gran número de viviendas» (alrededor de 27) . (documento de Antonio López)

Para 1960, como cuenta la crónica del periódico Ecos de Envigado, tenían hasta la disponibilidad de siete telefónos, y el comite puso en funcionamiento la escuela Concha Agudelo Correa y la ornamentación de la plazoleta o glorieta donde habían erigido un monumento a la Santísima Virgen, además de la arborización de las calles. El comite, igualmente, había establecido el 8 de diciembre de cada año, la celebración de la Fiesta clásica de la patrona del barrio, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

El mismo periódico Ecos de Envigado resaltaba la labor del centro cívico: «se ha distinguido de este centro por su actividad y entérese en favor del barrio, por su respeto a las autoridades eclesiástica y civil y por el magnífico entendimiento con el vecindario que con razón lo secunda en sus nobles campañas. ha tenido cuatro presidentes, los señores: Mario Ceballos, Antonio López, Jaime Meza y León Ospina. Todos ellos entusiastas servidores y amigos del progreso».

La Escuela Concha Agudelo

Antigua sede de la Escuela Concha Agudelo, hoy un centro de desarrollo infantil, foto Centro de Historia de Envigado 2022.

Antes de la escuela existió “el Kínder de la señorita Cruz Helena” que era una tía de nosotros (familia Montoya Palacios), donde estudiamos varios de los muchachos de esa época, y teníamos una buena formación porque luego pasábamos directamente a la escuela Fernando González, al grado segundo, porque había una buena preparación al aprender a leer y escribir y las operaciones básicas de las matemáticas” (entrevista a Alberto Montoya, marzo 11 de 2022).

la maestra Cruz Elena Palacio con sus hermanas Elvira, Carmen y María de Jesús, foto familia Montoya Palacio, 1980.

Como hemos visto atras, fue el centro cívico quien impulso la construcción de la escuela y se llamó Concha Agudelo, por insinuación del personero municipal Mario Gómez Uribe, activo colaborador, porque fue una maestra que se distinguió por su «espíritu cívico y dedicación a los niños».

Su construcción como lo dicen sus antiguos habitantes fue producto de la participación de toda la comunidad que traía material, puso mano de obra, y fondos en convites para su inauguración en febrero de 1960 con 16 niñas entre 6 y 7 años. tuvo un valor de $98.000 pesos. y tuvo como su directora a doña Herminia Salazar,natural del municipio de El Santuario (Antioquia).

la directora Herminia Salazar recibiendo un ramo de florez de manos de doña María de Jesús Palacio, foto familia Montoya Palacio, 1970.

Varias generaciones de vecinos y familias han pasado por la escuela, como lo atestiguan las calificaciones, fotografías y relatos de apellidos como los Palacio Mazo y Montoya Palacio (ver recopilaciones).

Las hermanas Montoya Palacio: Mariela, Miriam y Marina, 1971, grado primero. Foto Glossy.

También la escuela fue escenario y referente cultural muy importante para la comunidad de Primavera desde su sociabilidad ya que se celebraban eventos diversos como las famosas veladas nocturnas, «con espectáculos de obras de teatro, fonomímica y las señoras e hijas hacían bailes, zarzuelas españolas como la del Soto del parral, los gavilanes, eran épocas muy sanas, donde había mucha diversión». ( entrevista Alberto Montoya, marzo 11 de 2022)

Como se estableció en esa primera reunión del centro cívico, los primeros habitantes del barrio tenían como necesidad una parroquia, por esta razón y a partir de 1959, se celebró la eucaristía los días domingo en el parque glorieta o en la escuela, durante cinco años hasta la creación de la iglesia María Reina de la Paz, en el barrio cercano del mismo nombre. Su primer sacerdote fue Abelardo Sossa (documento de Antonio López). Igual en el monumento a la Santísima Virgen que habían levantado era lugar de culto, porque el centro cívico había establecido el 8 de diciembre de cada año, la celebración de la Fiesta clásica de la patrona del barrio: Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Familia del barrio en la glorieta, al pie del monumento a la Santísima Virgen, año 1957.

Bandera Roja

Un sector del barrio Primavera y que tuvo su propio renombre por los sucesos que ocurrían en el bar Bandera Roja.

El escritor Reinaldo Spitaletta, realizó una cronica en 1992 con base en una entrevista a Iván Vélez, bailarín de tango y exobrero textilero, nacido hace 52 años en esa calle, y titulada «Historias de puños y puñaladas (Crónica de un barrio donde nacían muchos y se criaban los más guapos), cuenta que Miguel Alfredo en la década de los años 50, «puso una cantina en una de las dos esquinas del entonces naciente barrio. Y, para sacarles la chispa a los godos, pintó una bandera roja en la pared exterior del bar. Desde esos tiempos de convulsiones sociales tal calle comenzó a llamarse así: Bandera Roja«.

La cantina se convirtió en un lugar de rumba con bailadores de tango y música del Caribe como la Sonora matancera y Daniel Santos. La visitaban los malevos, peleadores y gente problemática. Y así se gano su mala fama, impulsado por los sermones de los sacerdotes de Envigado. Por ejemplo, el padre Antonio J. González Arango advertía desde la iglesia San José, templo central en los obreros de Rosellón: “¡Cuidado con ir a Bandera Roja!. ¡Allá van a bailar mujeres desnudas!”. Frase que de seguro fue más un incentivo para visitar el lugar.

Los vecinos del lugar y del barrio vivieron así una estigmatización ante foraneos y locales. A los chicos en la escuela del Dorado, les tenían desconfianza y cualquier incidente eran a los primeros que les echaban la culpa: “Nos ponían en la parte de atrás del salón. Cuando algo se perdía, ahí mismo decían: eso fue algún negro de Bandera Roja que se la robó”, recuerda Iván Vélez.

Los malevos que asistían a Bandera Roja, también frecuentaban las canchas, mangas y espacios naturales donde consumían mariguana y aguardiente en rumbas freneticas. Así lo hicieron en los alrededores del Barrio La Estación, como comenta Octavio Cordoba: «La Estación tenía mala fama,  porque los mariguaneros se iban a fumar por la carrilera, en especial en un palo de mangos grande, y allá se iban a fumar los sábados y domingos, hacían unas sancochadas hasta media noche, tomaban alcohol, y pasaban bueno. Nosotros los veíamos desde lejos. La gente decía: “ombee, es que usted vive en la estación, ave maría hermano, eso es una olla”, y sí, en realidad hubo dos o tres muertos en esa época, en la calle de la 37 sur, al frente de la biblioteca Debora Arango, enfrentamiento entre uno y otro por la novia» (Entrevista en septiembre de 2021)

Existía la costumbre entre los muchachos de Bandera Roja, así como entre los de la Estación, de ir al matadero y beber sangre de las reses sacrificadas, como superstición de fuerza y energía. Cuenta Reinaldo Spitaletta en su crónica que «escogían al novillo más negro y mas bravo porque creían que así se les transmitía su fiereza» ( https://spitaletta.wordpress.com/2015/05/01/historias-de-punos-y-punaladas/), pues su cultura era vivir para la escaramuza y la pelea.

Aunque el barrio adquirió mala fama por Bandera Roja, lo cierto es que era un lugar de gentes esforzadas, que se divertían en el baile del tango, el pasodoble y el porro. Dado su marginalidad del centro de Envigado y de su influencia social y religiosa, el barrio La Primavera tenía sus propios avances y desafíos de progreso. Sus vecinos levantaron sus casas modestas con techo de paja y han salido adelante con sus familias. Como la familia de Tomas Alfredo Alvarez, quien trabajó vendiendo revuelto en el pasaje Sucre de Medellín y levantó siete hijos (Entrevista a Ruth Alvarez y su hija Luz Angela Diez, abril 2021). También se unieron a pavimentar sus calles a través de comites y formaron para ello su junta de Acción comunal, debido al abandono del municipio. Cuenta Luz Angela que cuando hizo parte de la junta, se enteró que el barrio tenía otro nombre. En una forma de borrar un pasado escabroso, en la división administrativa se le designo el nombre de Santa Gertrudis, una forma de apelar a la santa para «borrar tanto pecado y sinverguencería». Sin embargo, en la memoria colectiva permanece aún el nombre, así la cantina haya desaparecido hace mucho tiempo.

1978: Parque metropolitano sur o Polideportivo

En terrenos adquiridos por el municipio durante la administración de Julio Cesar Echeverri, se desarrollo en Envigado la sede para los XIII juegos Centroamericanos y del Caribe.

Mediante acuerdo No. 031 del 1 de junio de 1978, el concejo autorizo al alcalde la contratación de un empréstito por valor de diez millones de pesos con el fin de comprar los terrenos y financiar la construcción de los escenarios deportivos (Archivo Histórico del concejo municipal, acuerdos de 1978).

De fomar posterior el alcalde Alvaro Velasquez suscribió una promesa de compraventa de los terrenos a la familia Correa Vélez y Correa Jaramillo, el 24 de julio de 1978, en dos porciones: la primera en una extensión de 5.860 metros cuadros y la segunda en 477. Cada metro cuadrado por valor de $750 pesos, siendo un valor total de $4.828.455 pesos. Sin embargo las familias citadas debían al departamento de valorización la suma de $2.472.751 de pesos por las contribuciones de la obra 121 (avenida Las Vegas). De tal forma que sólo el saldo restante de $2.080.703 pesos fueron pagados a sus dueños en el plazo de cuatro años y con un interés de 12% anual.

acuerdo No. 031 del 1 de junio de 1978, Archivo Histórico del Concejo.
Promesa de compraventa entre el alcalde Julio Cesar Echeverri y las familias Correa Vélez y Correa Jaramillo, archivo histórico del concejo municipal, 1978.
fuente: Memorias de los XIII juegos centroamericanos y del caribe, tomo I, Medellín, 1978. Biblioteca Centro de Historia de Envigado.

Familia Palacio Mazo

La historia de la familia comienza en Yarumal, al contraer matrimonio Marco Antonio Palacio (6 de octubre de 1924- 9 de diciembre de 1999) y Cruzana Mazo (16 de mayo de 1922), ambos fueron hijos naturales, y  tuvieron 10 hijos: Javier Alfonso, Orlando Alberto, Emilio, blanca nidia, Silvia nelly, Aida, María Lucelly y Gladys Amparo.  Tres fallecieron: Orlando fue asesinado, y dos por enfermedad de su trabajo en la industria del calzado.

Fotografías de Marco Antonio y sus hijos en Yarumal

Fotografía de Marco Antonio y sus hijos en Yarumal, archivo de la familia Montoya Mazo.

En vista de su situación económica y como una forma de buscar mejor futuro, Marco Antonio decide trasladarse a vivir con su familia a Envigado, al barrio de la Sociedad de San Vicente de Paul, el barrio Pio XII. Era una casa pequeña con dos alcobas, una sala, un baño y un corredor.  Marco Antonio trabajaba en empresas de calzado como Calzado Rey Sol.

Barrio Pío XII

monumento a Pio XII en el barrio, construido por la Sociedad de San Vicente de Paul.

Recuerda María Lucelly Palacio Mazo: “pagábamos de arriendo $25 pesos, éramos 15 personas. En san Vicente vivíamos nueve, era una casa pequeña, tenía dos piezas y la salita y un corredor donde se extendían las colchonetas para dormir, para luego madrugar a trabajar. Y luego, nos venimos a vivir a Primavera. Yo estudie en Yarumal, en la Rosenda Torres hasta quinto de primaria, mis hermanos en el liceo la paz. Jairo y Oscar estudiaron el bachillerato”.

Su padre Marco Antonio, fue muy inclinado a adoptar niños abandonados como Héctor Iván mejía, Ángel Guerra, Julián Vélez, Aurelio, Ocariz Gómez, entre varios niños que ayudo, porque como dice su hija María Lucelly : “era muy humanitario, él hacía todo por los animales y la gente desamparada. Yo lo quise mucho por eso y pensaba que estaba haciendo bien. Los niños fueron muy respetuosos. Y aunque no eran propiamente parientes, éramos una familia”.

un hijo adoptivo: Angel Guerra, fotografía archivo familia Palacio Mazo.

Casi todos los hermanos se casaron y formaron familia a parte excepto María Lucelly, quien se encuentra al lado de doña Cruzana y es su compañía y cuidadora. En este momento, vive también con ellas Oscar, en una casa al lado de la antigua escuela “Concha Agudelo”, identificada con la calle 46 sur # 46C-36.

El traslado a la nueva vivienda, lo recuerda muy bien María Lucelly: “eso fue el 20 de julio de 1969, ese día estuvieron transmitiendo la llegada del hombre a la luna. Desde esa fecha hasta hoy, hemos vivido en esta casa del barrio La Primavera, porque la primera, situada en el extremo de su calle principal, se inundó ese día por una borrasca  y la directora Erminia Salazar, les dijo que se vinieran a vivir allí. En retribución ella y doña Cruzana trabajaban en la escuela, con el aseo y la alimentación de los niños. Doña Cruzana recibía $40 mil pesos mensuales, mientras María Lucelly no recibió nunca un salario, y eso que hacía de todo. Además, ayudó con familiares, vecinos y miembros del comité cívico del barrio a construir la escuela, vendiendo empanadas, transportando material, etc.

En esa época, de los años 50, el barrio Primavera era una especie de botella, su única entrada quedaba por la actual avenida del poblado o carrera 43A, y hacia el occidente tenía como límite extremo la escuela, no existía el Polideportivo sur y la avenida Las Vegas (construidos hacia finales de la década de los años 70), solo estaba la carrilera del  ferrocarril, las mangas de los Correas y las playas del río Medellín.

El periódico local Ecos de Envigado, en una nota de prensa de 1960, comentaba sobre el centro cívico del barrio:

Al centro cívico del barrio se debe el levantamiento de la Escuela CONCHA AGUDELO CORREA, la ornamentación de la plazoleta donde se erigió un Monumento a la Santísima Virgen, y la arborización de las calles.

Doña Cruzana comenta que la escuela tomo ese nombre, debido a la señora que donó el terreno para su construcción. María Lucelly añade que debido a los costos de su mantenimiento y el pago de los profesores, el municipio cogió su administración y luego fue cedida por la acción comunal durante la presidencia de Antonio López.

Las imágenes a continuación de Oscar Oswaldo Palacio Mazo y su hijo Oscar David son el testimonio de la manera como la escuela marco muchas vidas del barrio La Primavera y La Paz. Ellos también estudiaron allí.

Oscar David Palacio, fotografía archivo familia Palacio Mazo.

En los últimos años de su vida, don Marco Antonio Palacio, se dedicó a la fabricación y reparación de calzado, fue el zapatero del barrio, al arrendar una piececita cerca de la glorieta. “La gente lo quería mucho, le gustaba tomar cervecita a diario y participaba en todas las actividades del barrio, en especial de los concursos de baile de tango. Era muy alegre en los diciembres” (María Lucelly). Dos de sus hijos también se dedicaron a trabajar en las fabricas de calzado lo que a largo plazo hizo que se enfermaran y murieran debido a la inhalación de los pegantes.

La familia Palacio Mazo no fue ajena a la violencia de los años 80, cuando el narcotráfico transformo los valores y la sociedad envigadeña. Orlando, uno de los hijos del matrimonio Palacio Mazo, fue asesinado por error un 24 de diciembre. Ella a punto de cumplir sus 100 años de existencia aún recuerda el hecho: “Cuando me pasé a vivir a Primavera, tenía 10 hijos, se han muerto los tres mayores. El uno lo mataron acá en el parque, un 24 de diciembre, paso un muchacho y lo mato. Dizque porque se había robado unos gallos y el que se los robo fue el vecino, pero como eran tan amigos y tenían la misma camiseta ese día (Orlando y León Calderón), el asesino se confundió. El muchacho dijo que se había equivocado”. Complementa Doña María Lucelly: “Ese día tenían la misma camiseta verde los dos. Y Orlando salió, al lado de la glorieta, en la tiendecita, de los chinos (así le decían a los zapatas). Entonces ahí fue donde lo mataron. Y el asesino (Javier) era de una banda del barrio obrero”. Cuenta doña Cruzana que el victimario le pidió perdón y que incluso fue al velorio, ella sin embargo lo denunció y pago cárcel. Luego al salir fue asesinado un 25 de diciembre de 1994.

Orlando Palacio Mazo, archivo familia Palacio Mazo.

La violencia del barrio en ese auge de las bandas y chicos armados, vio la desaparición de varios muchachos, algunas personas dicen que a manos de la temida oficina de Seguridad y Control, por causa de la limpieza social, ya que eran consumidores habituales de sustancias sicoactivas.

Doña María Lucelly dice que a pesar de eso, no hacían mal a nadie “eran muy queridos”, menciona a varios de ellos, y algunos de los desaparecidos: Ana Petaca (alias de Omar) y Adolfo Bustamante.

Finalmente, esta corta historia de la familia Palacio Mazo, queda con doña Cruzana, con la movilidad reducida pues sufrió un accidente en el año 2016 que hizo que le amputaran sus piernas, una sordera y una catarata en su ojo izquierdo. A pesar de ello, mantiene una entereza admirable y va para su cumpleaños número 100, que piensa celebrar con toda su familia, el 16 de mayo de 2022, con toda la alegría porque son pocos los que llegan a su edad.

Familia Alvarez Ochoa

Fachada de la casa de la Familia Alvarez, sobre la avenida 43A, o carretera a Sabaneta.
Pobladores originales de Primavera: Tomás Alfredo Alvarez Ochoa y María Rosalía Ochoa correa, padres de Ruth Alvarez
Total Page Visits: 73 - Today Page Visits: 1