Primavera

Por Edgar Restrepo Gómez, Historiador

Este barrio esta enmarcado entre el polideportivo sur, la Avenida Las Vegas, la Urbanización Milán-Vallejuelos y la avenida 43A o avenida del Poblado, y la Finca La Paz. Fue y siguie siendo un paso obligado para ir a Sabaneta. Durante mucho tiempo fue un barrio marginal, de la sociedad, de la acción del estado, estigmatizado y gozaba de mala fama. Fue levantado en terrenos de la familia conocida como los Locos Correa, dueños de las tierras comprendidas actualmente entre Calle Basura en el norte hasta la clínica de la policía en el sur, y de las colinas hasta las riberas del río Medellín. En una parte de ese espacio se estructuró el barrio la Primavera como una espina de pescado, teniendo como columna la carrera 46 sur y a sus lados varias calles.

Plano de la urbanización Primavera, escritura #979 del 28 de septiembre de 1951, notaría primera de Envigado, Biblioteca José Félix de Restrepo.

Compra-venta de tierras

Don José Misael Calderon, «vecino de Medellín», impulsor y urbanizador del barrio La Primavera en 1951, en su protocolización del plano de la urbanización, declara que poseía un globo de tierra, situado en el paraje Tierra Blanca, con una área total de 51.913 varas cuadradas y que había adquirido de la siguente manera:

a) en una primera compra a Francisco Antonio Ochoa Correa y su esposa Margarita González, en una extensión de 41.913 varas (escritura #2467 del 17 de marzo de 1951 de la notaría cuarta de Medellín)

b) en una segunda compra a la señora Bernarda Ochoa Correa, en una extensión de 10.000 varas cuadradas (escritura # 961 del 25 de septiembre de 1951 de la notaría primera de Envigado). El lote tenía los siguientes linderos: por el frente con la carretera que de envigado conduce a Sabaneta; por un costado con propiedad de la señora Bernarda Ochoa; por el centro y el otro costado con predio de Faustina Correa, viuda de Ochoa. El terreno había sido una permuta con su cuñada Margarita González (escritura # 4016 de junio 23-1947, notaría cuarta de Medellín)

Igualmente, Calderón obtuvo un crédito de Doña Bernarda, en una suerte de juego financiero por la suma de $10.000 pesos sin pago de interés. Este crédito estaba respaldado en una hipoteca de varios lotes situados en el barrio Danubio, fracción de la América en Medellín (Escritura #963 del 25 de septiembre de 1951, notaría primera de Envigado).

La familia Correa

La familia Correa tuvo dos vertientes que poseían tierras en el sur de Envigado: los Correa Vélez y los Ochoa Correa.

El primer tronco y los cuales son los dueños de la mayoría de las tierras donde se levantaron las urbanizaciones Primavera y Milán descienden del matrimonio de Francisco Ochoa Mejía y Faustina Correa, y sus hijos fueron: Francisco Antonio, María Bernarda o Bernardina, María Bertilda, María Adelina, Agripina, Rosalina o Rosalía y Sofía.

El segundo tronco familiar descienden de la unión entre José de Jesús Correa Uribe y María Josefa Vélez Díaz, la cual procreó a 8 hijos: Honorato, José de Jesús, Carlos Antonio, Andrea, María Josefa y Félix Antonio, Rodrigo, María Guadalupe.

Para la presente historia es importante recalcar la figura de Francisco Ochoa Mejía, que por medio de su sucesión (juzgado primero civil del circuito de Medellín, el 6 de diciembre de 1941), su propiedad se avaluó por peritos del juzgado en $3.000.000 pesos, suma considerable para la época (sucesión del juzgado primero civil del circuito de Medellín, el 6 de diciembre de 1941, en la escritura #834 agosto 20 de 1982, notaría primera de Envigado).

Una hija suya, Sofía Ochoa Correa, como parte de la herencia, vendió un lote de terreno a Inversiones Milán Ltda (escritura #834 del 20 de agosto de 1982, notaría primera de Envigado), y su representante legal Alvaro Posada Moreno, quién posteriormente junto a otros terrenos, y conformando una nueva sociedad Edificadora Milán, construiría los diferentes condominios Milán en la década de los años 80.

La urbanización

Estuvo dividida en doce manzanas según el plano elaborado por el ingeniero Antonio Vega Molina y que fue aprobado por el municipio mediante el acta #99 del 30 de marzo de 1951.

Según Antonio López Velasquez, la nueva urbanización tuvo unos «mínimos requisitos», lo que a continuación demuestra el estado del terreno: «calles sin pavimentar, unicamente con granulado debidamente compactado; construcción de andenes, redes de acueducto y alcantarillado, más redes primarias de energía eléctrica y sin las secundarias para la distribucion domiciliaria, un lote destinado a una escuela» ( Datos importantes referentes al barrio Primavera y la escuela Concha Agudelo, septiembre 20 de 2001)

Primeros habitantes

Las primeras viviendas levantadas por sus habitantes provenientes de las industrias de Coltejer, Grulla y Peldar, entre otros; se hizo con recursos provenientes de la liquidación de sus cesantías parciales, pequeño ahorros, créditos como los de la cooperativa textil Rosellón ltda.

Es así como en 1952 la cooperativa compró algunas manzanas con sus lotes para ofrecerselos a sus asociados, como se puede ver en las transacciones evidenciadas en las escrituras de la notaría primera:

a) La manzana 7 con trece locales con una área de 3.146 varas cuadradas y la manzana 8 con quince locales, con una área de 3.756 varas cuadradas por valor de $35.865 de pesos. Calderon recibía diez mil pesos a la firma de la escritura y el resto, o sea los $25.865 de pesos al plazo de un año y un interés del medio por ciento (escritura No. 185 del 11 de febrero de 1952, notaría primera de Envigado) .

b) La manzana 9 de 3.572 varas dividida en 15 locales o lotes (escritura No. 1228 del 1 de septiembre de 1952, notaría primera de Envigado).

Las hermanas Rave Saenz son un claro ejemplo del papel de la cooperativa en la adquisición de vivienda. Raquel, Fabiola y maría quienes se constituyeron deudoras de la misma por la suma de $2.500 pesos y con una hipoteca sobre un lote de terreno sin edificar en paraje Ayurá (escritura #254 de marzo1 de 1952, notaría primera de Envigado).

Igual a las hermanas Rave, fue el caso de José Nicolas Montoya Mejía quien compró a la Cooperativa, el lote No. 10 de la manzana 9 de la urbanización, de 10 varas de frente y 23 de costado, por $1.449 pesos, los cuales pago con una cuota inicial de $776 pesos y el resto a un plazo de un año y 1% de interés de mora (escritura No. 1123 de octubre 5 de 1953).

Casa identificada con el número 46 sur-36 es la portada de La familia Montoya Palacio familia, se encuentra Don José Nicolás Montoya fundador del barrio, foto Centro de Historia de Envigado.

«El barrio fue habitado inicialmente por obreros de Coltejer de las factorías Rosellón, Sedeco y otras empresas como Grulla y Peldar. Era gente humilde, sencilla, trabajadora. Todos los propietarios construyeron sus casas con sus propios recursos, con ayudas y préstamos de la empresa, las cooperativas y los convites que se formaban y practicaban la colaboración entre todos los vecinos, principalmente los días domingo, donde cada propietario que iba construyendo tenía el apoyo de su familia, hermanos y vecinos. Primavera ha sido tradicionalmente un barrio solidario, en esa época todos nos conocíamos. Aquí hicimos los amigos, corrió la primera infancia» (entrevista a Alberto Montoya, marzo 11 de 2022, hijo de José Nicolas, uno de los primeros habitantes del barrio)

En otras transacciones, Calderón hipoteca parte del terreno como se puede ver en tres movimientos:

1) con los hermanos Correa Vélez: Félix Antonio, Rodrigo, Honorato, José de Jesús y María Josefa para construir un acueducto que pasaría por sus predios y con servidumbre de desague de las aguas sucias

2) hipotecó la manzana 3 con una área de 2.302 varas cuadradas a Luis Eduardo Molina Vélez por valor de $5.450 pesos y al 1% mensual (escritura #171 febrero 8-1952, notaría primera de Envigado).

2) hipotecó cuatro locales de la manzana 9 a Jesús María Vélez por $2.000 pesos al 1 % mensual (escritura #170 febrero 8-1952, notaría primera de Envigado)

Otros nombres de los primeros pobladores fueron: Mario Ceballos, Iván Ramírez Chica, Daniel Tabares, Mario Ceballos, Enrique Díaz, Pastor Montoya, Antonio Torres,Honorio Hernandez, Jesús Restrepo Rojas, Mario Montoya Mejía y Antonio López Velásquez ( Datos importantes referentes al barrio Primavera y la escuela Concha Agudelo, septiembre 20 de 2001)

El progreso así del barrio con la llegada de familias de obreros y de otras partes, se materializa a sus diez años cuando se contabilizaban 83 familias, aproximandamente 500 personas y donde según el comite cívico (creado en 1953): «casi todos sus moradores son propietarios de la casa que ocupan, lo que seguramente contribuye a la armonía casi total que allí reina entre los vecinos» (Periódico Ecos de Envigado, 1960).

Antonio López fue uno de los lideres y primeros pobladores que impulsó el desarrollo y progreso de Primavera al ser uno de los presidentes de mayor duración del centro cívico y luego de la Junta de Acción Comunal. Fue muy respetado en la comunidad y a su gestión se debe el impulso del barrio en sus primeros años. También proyecto su vocación de servicio al ser presidente de Asocumanales, en la cual desarrolló actividades recreativas y de obra en otros barrios. Fue miembro de la Sociedad de San Vicente en Envigado.

La casa identificada con el número 46 b 33 era la vivienda de Antonio López, aún permanece. Foto Centro de Historia.
Antonio López y su hijo en la glorieta. Foto familia López
Inés Mira e hijo, esposa de Antonio López, foto familia López.

El centro cívico de Primavera

El progreso en general del barrio se debió en sus primeros años al impulso del Centro Cívico, creado el 3 de mayo de 1953 por 36 socios y que posteriormente se convirtió en Junta de Acción Comunal en 1963.

Ese 3 de mayo se reunierón la mayor parte de las personas que componían hasta el momento el barrio para analizar los diferentes problemas y necesidades existentes, «y se llegó a la conclusión de que era indispensable organizarse y unirse para buscar solución a la falta de electrificación y alumbrado en las calles, pavimentación, construcción de una escuela en un lote destinado con tal fin y procurar ante la Curia, la creación de una parroquia o por lo menos la construcción de una capilla» (documento de Antonio López)

La primera junta estuvo compuesta por Mario Ceballos como presidente; Iván Ramírez, secretario; Mario Montoya, tesorero y los dignatarios Antonio López, Pastor Montoya, Enrique Diaz y Jesús Restrepo. Cada quince días se reunían y cada seis meses celebraban asamblea general.

Para entender la energía de ese comite y de sus integrantes, el mismo antonio López comentaba: «se comenzó un trabajo intenso en varias comisiones y al cabo de pocos meses fueron pavimentadas las calles (con ayuda del urbanizador Misael Calderon). Y en el transcurso de dos años y después de vencer grandes dificultades, las empresas públicas de Medellín instalaron las redes secundarias y en pocos meses la directiva del Centro Cívico contrató la instalación domiciliaria (con Instalaciones El Rápido) de gran número de viviendas» (alrededor de 27) . (documento de Antonio López)

Para 1960, como cuenta la crónica del periódico Ecos de Envigado, tenían hasta la disponibilidad de siete telefónos, y el comite puso en funcionamiento la escuela Concha Agudelo Correa y la ornamentación de la plazoleta o glorieta donde habían erigido un monumento a la Santísima Virgen, además de la arborización de las calles. El comite, igualmente, había establecido el 8 de diciembre de cada año, la celebración de la Fiesta clásica de la patrona del barrio, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

El mismo periódico Ecos de Envigado resaltaba la labor del centro cívico: «se ha distinguido de este centro por su actividad y entérese en favor del barrio, por su respeto a las autoridades eclesiástica y civil y por el magnífico entendimiento con el vecindario que con razón lo secunda en sus nobles campañas. ha tenido cuatro presidentes, los señores: Mario Ceballos, Antonio López, Jaime Meza y León Ospina. Todos ellos entusiastas servidores y amigos del progreso».

La Escuela Concha Agudelo

Antigua sede de la Escuela Concha Agudelo, hoy un centro de desarrollo infantil, foto Centro de Historia de Envigado 2022.

Antes de la escuela existió “el Kínder de la señorita Cruz Helena” que era una tía de nosotros (familia Montoya Palacios), donde estudiamos varios de los muchachos de esa época, y teníamos una buena formación porque luego pasábamos directamente a la escuela Fernando González, al grado segundo, porque había una buena preparación al aprender a leer y escribir y las operaciones básicas de las matemáticas” (entrevista a Alberto Montoya, marzo 11 de 2022).

la maestra Cruz Elena Palacio (primera de izquierda a derecha) con sus hermanas Elvira, Carmen y María de Jesús, foto familia Montoya Palacio, 1980.

Como hemos visto atras, fue el centro cívico quien impulso la construcción de la escuela y se llamó Concha Agudelo, por insinuación del personero municipal Mario Gómez Uribe, activo colaborador, porque fue una maestra que se distinguió por su «espíritu cívico y dedicación a los niños».

Su construcción como lo dicen sus antiguos habitantes fue producto de la participación de toda la comunidad que traía material, puso mano de obra, y fondos en convites para su inauguración en febrero de 1960 con 16 niñas entre 6 y 7 años. tuvo un valor de $98.000 pesos. y tuvo como su directora a doña Herminia Salazar,natural del municipio de El Santuario (Antioquia).

la directora Herminia Salazar recibiendo un ramo de florez de manos de doña María de Jesús Palacio, foto familia Montoya Palacio, 1970.

Varias generaciones de vecinos y familias han pasado por la escuela, como lo atestiguan las calificaciones, fotografías y relatos de apellidos como los Palacio Mazo y Montoya Palacio (ver recopilaciones).

Las hermanas Montoya Palacio: Mariela, Miriam y Marina, 1971, grado primero. Foto Glossy.

También la escuela fue escenario y referente cultural muy importante para la comunidad de Primavera desde su sociabilidad ya que se celebraban eventos diversos como las famosas veladas nocturnas, «con espectáculos de obras de teatro, fonomímica y las señoras e hijas hacían bailes, zarzuelas españolas como la del Soto del parral, los gavilanes, eran épocas muy sanas, donde había mucha diversión». ( entrevista Alberto Montoya, marzo 11 de 2022)

Como se estableció en esa primera reunión del centro cívico, los primeros habitantes del barrio tenían como necesidad una parroquia, por esta razón y a partir de 1959, se celebró la eucaristía los días domingo en el parque glorieta o en la escuela, durante cinco años hasta la creación de la iglesia María Reina de la Paz, en el barrio cercano del mismo nombre. Su primer sacerdote fue Abelardo Sossa (documento de Antonio López). Igual en el monumento a la Santísima Virgen que habían levantado era lugar de culto, porque el centro cívico había establecido el 8 de diciembre de cada año, la celebración de la Fiesta clásica de la patrona del barrio: Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Familia del barrio en la glorieta, al pie del monumento a la Santísima Virgen, año 1957.

Bandera Roja

Fue un sector del barrio Primavera y tuvo su propio renombre por los sucesos que ocurrían en el bar Bandera Roja. El escritor Reinaldo Spitaletta, realizó una cronica en 1992 con base en una entrevista a Iván Vélez, bailarín de tango y exobrero textilero, nacido hace 52 años en esa calle, y titulada «Historias de puños y puñaladas (Crónica de un barrio donde nacían muchos y se criaban los más guapos), cuenta que Miguel Alfredo en la década de los años 50, «puso una cantina en una de las dos esquinas del entonces naciente barrio. Y, para sacarles la chispa a los godos, pintó una bandera roja en la pared exterior del bar. Desde esos tiempos de convulsiones sociales tal calle comenzó a llamarse así: Bandera Roja«.

El Bar se convirtió en un lugar de rumba con bailadores de tango y música del Caribe como la Sonora matancera y Daniel Santos. La visitaban gente de toda condición y en especial, iban los malevos, peleadores y gente problemática. Y así se gano su mala fama, impulsado por los sermones de los sacerdotes de Envigado. Por ejemplo, el padre Antonio J. González Arango advertía desde la iglesia San José, templo central en los obreros de Rosellón: “¡Cuidado con ir a Bandera Roja!. ¡Allá van a bailar mujeres desnudas!”. Frase que de seguro fue más un incentivo para visitar el lugar.

Los vecinos del lugar y del barrio vivieron así una estigmatización ante foraneos y locales. A los chicos del sector Bandera Roja que estudiaban en la escuela del Dorado le tenían desconfianza y por eso cualquier incidente eran a los primeros que les echaban la culpa: “Nos ponían en la parte de atrás del salón. Cuando algo se perdía, ahí mismo decían: eso fue algún negro de Bandera Roja que se la robó”, recuerda Iván Vélez.

Los malevos que asistían a Bandera Roja, también frecuentaban las canchas, mangas y espacios naturales donde consumían mariguana y aguardiente en rumbas freneticas. Así lo hicieron en los alrededores del Barrio La Estación, como comenta Octavio Cordoba: «La Estación tenía mala fama,  porque los mariguaneros se iban a fumar por la carrilera, en especial en un palo de mangos grande, y allá se iban a fumar los sábados y domingos, hacían unas sancochadas hasta media noche, tomaban alcohol, y pasaban bueno. Nosotros los veíamos desde lejos. La gente decía: “ombee, es que usted vive en la estación, ave maría hermano, eso es una olla”, y sí, en realidad hubo dos o tres muertos en esa época, en la calle de la 37 sur, al frente de la biblioteca Debora Arango, enfrentamiento entre uno y otro por la novia» (Entrevista en septiembre de 2021)

Existía la costumbre entre los muchachos de Bandera Roja, así como entre los de la Estación, de ir al matadero y beber sangre de las reses sacrificadas, como superstición de fuerza y energía. Cuenta Reinaldo Spitaletta en su crónica que «escogían al novillo más negro y mas bravo porque creían que así se les transmitía su fiereza» ( https://spitaletta.wordpress.com/2015/05/01/historias-de-punos-y-punaladas/), pues su cultura era vivir para la escaramuza y la pelea.

Aunque el barrio adquirió mala fama por Bandera Roja, lo cierto es que era un lugar de gentes esforzadas, que se divertían en el baile del tango, el pasodoble y el porro. Dado su marginalidad del centro de Envigado y de su influencia social y religiosa, el barrio La Primavera tenía sus propios avances y desafíos de progreso. Sus vecinos levantaron sus casas modestas y han salido adelante con sus familias. Como la familia de Tomas Alfredo Alvarez, quien trabajó vendiendo revuelto en el pasaje Sucre de Medellín y levantó siete hijos (Entrevista a Ruth Alvarez y su hija Luz Angela Diez, abril 2021). También se unieron a pavimentar sus calles a través de comites y formaron para ello su junta de Acción comunal, debido al abandono del municipio. Cuenta Luz Angela que cuando hizo parte de la junta, se enteró que el barrio en la división administrativa tenía otro nombre: Santa Gertrudis. Ella dice que fue una forma de borrar un pasado escabroso, de apelar a la santa para «borrar tanto pecado y sinverguencería». Sin embargo, en la memoria colectiva permanece aún el nombre, así la cantina haya desaparecido hace mucho tiempo.

1978: Parque metropolitano sur o Polideportivo

En terrenos adquiridos por el municipio durante la administración de Julio Cesar Echeverri, se desarrollo en Envigado la sede para los XIII juegos Centroamericanos y del Caribe.

Mediante acuerdo No. 031 del 1 de junio de 1978, el concejo autorizo al alcalde la contratación de un empréstito por valor de diez millones de pesos con el fin de comprar los terrenos y financiar la construcción de los escenarios deportivos (Archivo Histórico del concejo municipal, acuerdos de 1978).

De forma posterior el alcalde Alvaro Velasquez suscribió una promesa de compraventa de los terrenos a la familia Correa Vélez y Correa Jaramillo, el 24 de julio de 1978, en dos porciones: la primera en una extensión de 5.860 metros cuadros y la segunda en 477. Cada metro cuadrado por valor de $750 pesos, siendo un valor total de $4.828.455 pesos. Sin embargo las familias citadas debían al departamento de valorización la suma de $2.472.751 de pesos por las contribuciones de la obra 121 (avenida Las Vegas). De tal forma que sólo el saldo restante de $2.080.703 pesos fueron pagados a sus dueños en el plazo de cuatro años y con un interés de 12% anual.

acuerdo No. 031 del 1 de junio de 1978, Archivo Histórico del Concejo.
Promesa de compraventa entre el alcalde Julio Cesar Echeverri y las familias Correa Vélez y Correa Jaramillo, archivo histórico del concejo municipal, 1978.
fuente: Memorias de los XIII juegos centroamericanos y del caribe, tomo I, Medellín, 1978. Biblioteca Centro de Historia de Envigado.

Los años 60

los hijos de las primeras familias de obreros comenzarón a «adueñarse» del espacio, a sentirlo suyo, y en terrenos aledaños, en las calles y en la glorieta, fueron centro de sus juegos y eventos comunitarios. “lo que más recuerdo son los amigos de la época, jugábamos futbol en “la manga de don Manuel”, terreno que hoy ocupa el polideportivo sur, en la calle, en el round point de Primavera había una pequeña cancha de futbol, donde también se hacían aquellos eventos para recoger fondos para cubrir necesidades del barrio…principios de los 60, existió en Primavera un equipo de futbol: Deportivo Palmira, fue famoso porque tenía buenos jugadores y le iba bien en los torneos donde participaba. Así nos fue despertando el gusto por el futbol.»(entrevista a Alberto Montoya Palacio, marzo 2022).

las tierras aledañas a la carrilera y las orillas de río Medellín fueron desde el principio, sitios de interés por la diversas actividades al aire libre que propiciaba para todos: «la manga de juegos era lo que es hoy el polideportivo, una manga que nosotros invadíamos porque los locos Correa nos perseguían con machete, haciendo tiros al aire, porque le dañábamos los cultivos, pero era el lugar de juegos, que se extendía hasta abajo, hasta el río, porque era un lugar que llamaban las playas, después de pasar la carrilera, allí habían palos de mango, muchos se bañaban en el río, así bajara sucio. Ir a tirar piedra, a jugar, también se hacían las caminatas con los pequeños, las mamas llevaban los niños allá, o la escuela los llevaban y hacer los sancochos. Y otros a recoger la vía de arriba abajo del ferrocarril de estación a estación, de sabaneta a Envigado, y tirando monedas a los rieles para que el tren las aplastaran» (entrevista al Mono Zapata, junio de 2022)

Los eventos sociales como bailes y representaciones tuvieron cabida en el barrio: «También se hacían unas veladas nocturnas en la escuela Concha Agudelo (construida ya en 1960), con espectáculos de obras de teatro, fonomímica y las señoras e hijas hacían bailes, zarzuelas españolas como la del Soto del parral, los gavilanes, eran épocas muy sanas, donde había mucha diversión…En la adolescencia se hacían bailes en las casas para recoger fondos para alguna actividad como los uniformes o inscripción para los equipos de fútbol. Para los años 60 y 70 donde empezamos a conformar equipos para jugar en algunos torneos con el objetivo de viajar y jugar en los pueblos, hacíamos unos paseos 3 o 4 veces al año. Inicialmente eran partidos con las selecciones de los municipios».

Sitios de diversión

Taberna Chaplin, al lado de Cingara, sobre la 43A o avenida de el Poblado,

«Ya en la adolescencia 18 y 20 años ya empieza uno a visitar ciertos sitios por aquella época estaban muy de moda como el estadero El Pilón y luego las tabernas Zíngara y Chaplin que estuvieron de moda. En el Pilón recuerdo que iba mucho porque allá se presentaban dos grupos musicales uno que llamaban Los Elphos y los famosos Ayers que deben estar cumpliendo sus 50 años. Eran dos grupos que muchas veces alternaban en estas tabernas y era un espectáculo verlos. Fueron dos tabernas muy emblemáticas de aquella época» (entrevista a Alberto Montoya Palacio, marzo 2022). Por aquella época de los años 60 y 70, la juventud iba al «famoso andén» del parque, muy visitado por la gente de Medellín y la clase alta los fines de semana. Estos lugares permanecían abiertos toda la noche y tenían su reconocimiento: La Jaén, Otraparte, Mi Casa, La Macarena, El Estadero El Paraíso, Jardines y la Puerta del Sol.

«Recuerdo que en la heladería la Jaén no perdía un fin de semana para ir en barra con los amigos o la familia, a disfrutar de aquel espectáculo con Hernán Betancur y Fabio Paramo, organistas de muy buena calidad que animaron mucho esas veladas de las noches de bohemia del viejo Envigado».

En cuanto al barrio, a la glorieta se presentó cine en blanco y negro en la noche, y no podía faltar los sitios para ver televisión, una diversión novedosa para la chicos: «a finales de los años 50 recuerdo cuando llegó el primer tv a blanco y negro a la casa de Enrique Hernández y veíamos las primeras telenovelas como El Enigma de Diana y Destino a La Ciudad«. Hubo casas de vecinos famosos por tener los primeros televisores y permitir a los chicos ver los programas como la tienda de don Everardo donde jugában cartas, hacían fisiculturismo porque era el dueño era «gomoso». Esa tienda se ubicó en lo que un antiguo habitante llamaba «la esquina dle movimiento»: «porque ahí se enamoraba, se peleaba, se cantaba, se jugaba futbol, se hacía de todo, ahí nos encontrábamos para ir a otro lugar, a cine, o simplemente para departir ahí» (entrevista al Mono Zapata, junio de 2022).

El Club Unión Juvenil

En los años 70, se vivió un entusiasmo juvenil por la participación y le dió una dinámica diferente al barrio, y a las actividades de la Junta de Acción Comunal, como lo comenta el Mono Zapata: «el  club permite que cambie de alguna la dinámica del barrio, se hacen a sus camisetas, a un nombre, a una personería jurídica, y ellos empiezan a generar paseos, deporte, lecturas distintas, y en esta dinámica lo que se ve son muchachos entusiastas, algunos en bachillerato ya,  con ganas de generar cosas buenas, y eso va gestando dentro de la junta de acción comunal, una mirada distinta, que va abandonando un poquito el mero pico y el azadón de hacer el andén, lo que se sigo haciendo durante muchos años, supera un poco los convites, y se empiezan a generar otras búsquedas» (Entrevista 8 de marzo-2022)

Otro habitante Alberto Montoya, corrobora las acciones del club que se desplego en varios frentes:

a) culturales: con del desarrollo de un par de festivales de poesía, una obra de teatro (El Taita), asistencia al colegio la presentación a obras clásicas de la zarzuelas y un remedo de un festival de la música Go – Go y Ye- Ye en la escuela Concha Agudelo.

b) Cívicas, que se orientaron a apoyar la construcción del liceo La Paz. La rectora de esa época Consuelo Barrera, convocó a una reunión de padres de familia y creó lo que  ella misma  denominó El círculo de amigos del liceo de la Paz compuesto por comités de los barrios a los que atendería el liceo. (La Paz, Santa Gertrudis, El Dorado, Las Casitas, Primavera). «La estrategia del círculo era realizar un reinado entre las representantes  de los barrios para recoger fondos que ayudaran a terminar de adecuar y cubrir las necesidades de dotación del incipiente Colegio. Por parte del comité del barrio la Paz el líder fue Pablo Escobar. Por aquella época él no había incursionado en las actividades que todos conocemos. El reinado (por mayor recaudo de fondos)  lo logró el barrio Primavera. La representante fue Amanda Molina que fue coronada como reina. Las reuniones, los bailes, bingos y actividades para recoger fondos, los hacíamos en las casas de don Hernando Calle y Gabriel Restrepo. Ellos, sus señoras y otras muy activas, eran constantes animadores y promotores de varios eventos para lograr el objetivo de ganar el concurso» (entrevista, abril 2022).

c) Las recreativas principalmente bailes en las casas de algunos de los integrantes del club para recaudar fondos y con ellos hacer paseos. Como logistica estaba había un miembro que hacía de tesorero y otro de revisor fiscal para cobrar el valor de la entrada en la puerta y al interior «estaban las comisiones que se encargaban de manejar el bar, hacer empanadas, recoger envases y ayudar a dejar la casa organizada al final del baile. Con algo de malicia le decíamos al encargado de programar la música que de vez en cuando pusiera un “bolerito” como Perfidia o Señora bonita» (Ibid, entrevista Alberto Montoya).

d) Las deportivas: cuenta también Alberto Montoya que fundaron un equipo de futbol que «inicialmente estaría orientado a buscar y jugar partidos amistosos con las selecciones de los pueblos más cercanos y atractivos de Antioquia. Se llamó Real Juventud. Aunque la mayoría de integrantes del club eran mujeres, por obvias razones debimos buscar otros muchachos o amigos que formaran parte del equipo, pero nunca fueron partícipes del club Unión Juvenil. Fuimos a Támesis, Yolombó, El Retiro, Jericó y al corregimiento de San Antonio de Prado muchas veces. Ya en los años 70 nos animamos y decidimos participar en el torneo de la primera categoría de la liga municipal de fútbol de Itagüí. Fuimos a participar allí porque considerábamos que el nivel del torneo en Envigado era demasiado alto y exigente y no queríamos hacer el ridículo. En Itagüí, sí marcábamos diferencia».

El Club Unión juvenil contó con la presencia de amigos de los barrios Primavera y de La Paz. Algunos de ellos Luz María y Argemiro Escobar, hermanos del mencionado señor, Pedro Nel Vásquez hijo del gran educador Gustavo Vásquez, estos del barrio La Paz. Del barrio Primavera William Cadavid, Jairo Clavijo, “las Bedoya” hijas de don Arnoldo y Edilma. En la casa de estos últimos realizábamos las reuniones y se convirtió como en una especie  de la sede del club. «Allí nacieron muchos noviazgos o amores platónicos que simplemente terminaron en eso».

Carnet del Real Juventud y su jugador José Alberto Montoya, 1973. Archivo Personal de Alberto M.

Los años 70 en Primavera fueron de un auge en la sociabilidad de los chicos y jóvenes. Por tener una sola entrada por la 43A, le decían al barrio La Botella, tenía una calle principal de doble vías y una glorieta en medio, y calles laterales que fueron objeto de diversos juegos.

«Nosotros teníamos la calle como espacio de juego, porque era poco el carro que entraba y salía, hasta hace unos años en la parte alta del barrio, cerca a la 43, fue la terminal de buses que iban sino hasta ahí, que no seguían hacia Sabaneta, se devolvían desde allí. Por eso en la zona se formaron talleres, bares, granero, por eso se formaron los primeros negocios del barrio, y más hacia abajo surgen el de mama libia, una tienda normal de barrio» (Mono Zapata) .

Zona antigua de la terminal de buses de Envigado.

Las mangas aledañas también eran los espacios de diversión, por ejemplo lo que es hoy el Polideportivo, los terrenos de los locos Correa, quienes «nos perseguían con machete, haciendo tiros al aire, porque le dañábamos los cultivos, pero era el lugar de juegos, que se extendía hasta abajo, hasta el río, porque era un lugar que llamaban las playas, después de pasar la carrilera, allí habían palos de mango, muchos se bañaban en el río, así bajara sucio. Ir a tirar piedra, a jugar, también se hacían las caminatas con los pequeños, las mamas llevaban los niños allá, o la escuela los llevaban y hacer los sancochos. Y otros a recoger la vía de arriba abajo del ferrocarril de estación a estación, de sabaneta a Envigado, y tirando monedas a los rieles para que el tren las aplastaran. Era una despensa de alguna manera, encontrábamos frutas, animales para cazar, salían con conejos salvajes…» (Entrevista al Mono Zapata)

Se reconocen los lugares de diversión: las tierras de los locos Correa, los Ochoas con sus cultivos de caña brava, ladrillera Milán con sus lagunas y «charcos», donde precisamente murió ahogado un hermano del Mono Zapata de 13 años; las playas del río Medellín, las caminadas por la carrilera y la subida en un eventual tren que pasaba.

referentes de historias y encuentros: la esquina del movimiento.

«los encuentros en la cantina a escuchar tango, (yo aprendí a enamorarme del tango en Primavera). A ese lugar le llamábamos la esquina del movimiento, dos cuadras abajo de la 43, encontrábamos la tienda de los mazos, que ahora desaparece y la esquina de tocaño (el nombre se debe porque al dueño le decían así), famosa porque sonaba un piano con tangos todo el día. Ahí la gente bebía con un ambiente muy acogedor. Por eso cuando yo cumplo mis 18 años me tomaba los guaros allá, a escuchar los tangos y meterle monedas al piano, aprendo a silvar los tangos y a conocer a mi novia, una cosa bien bonita. Estaba la tienda de Everardo donde jugábamos cartas, donde se hacía fisiculturismo porque era un gomoso de eso, se ve televisión porque en las casas no había casi de eso, y prestaba la sala para que todo el mundo viera tv. Era un esquina de movimiento porque ahí se enamoraba, se peleaba, se cantaba, se jugaba futbol, se hacía de todo, ahí nos encontrábamos para ir a otro lugar, a cine, o simplemente para departir ahí. Era una cosa muy bonita porque el marihuana estaba en este extremo, allí estaban los novios y las novias, los que bailan tango, los pelaos jugando futbol apostando dos o tres pesos, todo junto ahí en ese espacio de referencia social y cultural».

Las tendencias políticas

Las relaciones políticas en el barrio se han dado entre la JAC y los diferentes líderes, concejales, alcaldes y partidos políticos. Las diferentes administraciones municipales han ayudado con las contrataciones de obras y comités. Ya el barrio no tiene necesidades de acueducto y electricidad como en años anteriores, ahora se pretende mejorar las aceras, el mantenimiento del parque o glorieta principal y el fomento de microempresas sostenibles, para que la comunidad participe.

En los años 70 surge la Anapo (la Alianza Nacional Popular del general Gustavo Rojas Pinilla), hay personajes del barrio que se movieron en ese movimiento. Han dejado hijos con ese ideario de la política. De igual forma se han visto permeada la comunidad por el manejo de los caciques locales de la ciudad y han existido momentos difíciles. Así recuerda el Mono Zapata un suceso en los años de 1981-82:

“Yo recuerdo una vez cuando hicimos una cena para los festivales, con espectáculo de música, un mago y un payaso,  e invitamos a los políticos de Envigado, con tarjeta en mano, y eso tenía un costo, con $5.000 pesos. Con la intención de que ellos nos pagaran y nos consumieran, llegaron como 10 concejales borrachos, se sentaron en las mesas, le servimos media de guaro y la cena. A la hora de finalizar, les agradecíamos su asistencia por los micrófonos y se levanta uno y quiere hablar de política y nosotros no quisimos. Entonces se volvió un conflicto. No pagaron ni boleta ni la comida. Ellos se creían que deben ser invitados y merecedores. En medio de todo eso, surge un grupo de personas, que somos de una línea muy liberal, con intereses más sociales menos particulares, y eso va generando es divisiones política y señalamientos que lo pueden poner en peligro. Uno de esos muchachos, ya siendo un señor mayor, sigue radical y peliando, soñando que este país puede ser distinto. Se mantiene peleando con las administraciones” (Entrevista, marzo 2022).

Aunque ha sido ayudado por miembros y líderes del partido liberal, en ocasiones la comunidad del barrio ha demostrado una rebeldía frente a medidas que han considerado arbitrarias:

“¿El barrio tiende al liberalismo? Liberal mucho y rebeldes, no dejamos que nos clavaran segunda calzada de la Avenida Las Vegas. Primavera y las Casitas movimos eso contra el INVAL.  Alcalá por su estrato con muchachos de la universidad, con su pensamiento político de una visión global como “no al expansionismo yanqui”, y nosotros en Primavera que ha tenido un pensamiento de principios y de defender los intereses reales de la comunidad. Cuando estos grupos de Alcalá se mezclan con nosotros, ellos quieren llevar la avanzada con pasquines y nosotros le decimos que no. Hacíamos acciones por ejemplo de quema de muñecos representando el INVAL, una cosa grande que hicimos hermano, fue una convocatoria grande y un recorrido que arrancó de Primavera. Vienen gente con pancartas de Las Casitas, Bandera Roja y Alcalá. En ese momento estaba de alcalde Diego Mesa, y estaba firmando un acuerdo de no pólvora en Envigado. Y ese muñeco estaba lleno de pólvora. Marchamos protestando por todo Envigado. Llegamos un gentío a la alcaldía, niños, señoras, ancianos. Sin un discurso concreto, y cantábamos una especie de letanías contra el INVAL. Unas protestas cantadas, como si fuera rezando. Prendimos ese muñeco y descargamos pancartas en la puerta de la alcaldía. No hubo presos, no hubo nada. ¿se preguntaban qué paso en Envigado?. La gente decía que nosotros éramos un conflicto. Después de muchas reuniones, logramos que no nos cobraran la segunda calzada. Fue un movimiento social”.

El partido político que ha tenido mayor presencia es el liberalismo. La comunidad ha participado al lado de concejales liberales que han tenido presente sus necesidades.  Se recuerda por los diferentes y antiguos pobladores la presencia de Jorge Mesa Ramírez, en sus  primeros años de carrera política y cuando poseía una fabrica de zapatos en una de las esquinas de la primera cuadra. Otro líder político fue el médico Víctor Yépez quien tuvo su consultorio y fue muy reconocido por la comunidad y le permitió llegar al concejo (entrevistas a Daniel botero, y Carlos Alberto Zapata Valderrama, El mono zapata, 8 marzo 2022).

Hoy la comunidad se reúne en el parque para recoger ayudas de solidaridad con los damnificados del invierno, la violencia contra la policía, la tenencia responsable de las mascotas, noches de cine en la calle de Tocaño, el cumpleaños de doña Cruzana Mazo, entre otras actividades.

Violencia y narcotráfico, años 80

En los años 80,  Primavera se transforma porque se abren ciertas calles, y se amplía la Avenida Las Vegas y el Polideportivo Sur. Igualmente se expande la movilidad social y cultural con los nuevos barrios aledaños como los Condominios Milán, los Almendros, Sol de Plata, Vallejuelos.

Se introducen otras dinámicas al barrio, aunque la delincuencia y la venta de droga sigue permeando el espacio. “Primavera ya no es un lugar que no solo se vende marihuana, sino que se van creando otros expendios de bazuca o coca o perico, es un lugar obligado para ir al matadero para ir al polideportivo, para buscar a la regional, para ir a la paz y el Trianon”.

En sus dos extremos al oriente con la carrera 43ª y al occidente con la Avenida se forman unas discotecas, el Pilón, la Zingara, Chaplín y  abajo la 1234. “Es un desfile de sicarios, que pasan, hacen sus transacciones, y contactos. Con el polideportivo y la dinámica del futbol profesional, somos inundados. Fácilmente se mataba en Primavera, iban a matar, los pelaos estrenaban el revolver disparando sin control. El barrio en las noches era lleno de gentes, los niños jugando en las calles, las señoras conversando en las puertas, en un día normal de un atardecer de un domingo, se produjo una balacera pasando una moto disparando el parrillero, como en el oeste, al lado y lado, la gente corretiando, en esas había un muchacho que le decíamos “el viejo” estaba departiendo en el anden, después de jugar futbol, y una bala perdida lo mató. Hubo un grupo de sicariato llamado los Helechos, que se fundan a partir de un bar que hubo en la Paz, en una esquina, y ese grupo iba para arriba y para abajo disparando a la loca por los barrios. Una vez, en otro hecho de violencia del barrio, un sardino conocido como la belleza, de 12 y 13 años se cae de su moto en la glorieta, y otro va a recogerlo entonces se levanta todo “asado” y le dispara, diciéndole que porque tenía que recoger”.

Los años 80 ve transformar su juventud en Envigado. Los pelaos  se involucran en bandas, modas, sicariato, consumo de sustancias sicoactivas, enriquecimiento rápido. Varios de ellos migran a Estados Unidos a conseguir dinero y retornan a derrochar “a ser ostentosos y transformar las casas de sus padres” (Entrevista Mono Zapata, marzo 2022).

Violencia y narcotráfico, años 80

En los años 80,  Primavera se transforma porque se abren ciertas calles, y se amplía la Avenida Las Vegas y el Polideportivo Sur. Igualmente se expande la movilidad social y cultural con los nuevos barrios aledaños como los Condominios Milán, los Almendros, Sol de Plata, Vallejuelos.

Se introducen otras dinámicas al barrio, aunque la delincuencia y la venta de droga sigue permeando el espacio. “Primavera ya no es un lugar que no solo se vende marihuana, sino que se van creando otros expendios de bazuca o coca o perico, es un lugar obligado para ir al matadero para ir al polideportivo, para buscar a la regional, para ir a la paz y el Trianon”.

En sus dos extremos al oriente con la carrera 43ª y al occidente con la Avenida se forman unas discotecas, el Pilón, la Zingara, Chaplín y  abajo la 1234. “Es un desfile de sicarios, que pasan, hacen sus transacciones, y contactos. Con el polideportivo y la dinámica del futbol profesional, somos inundados. Fácilmente se mataba en Primavera, iban a matar, los pelaos estrenaban el revolver disparando sin control. El barrio en las noches era lleno de gentes, los niños jugando en las calles, las señoras conversando en las puertas, en un día normal de un atardecer de un domingo, se produjo una balacera pasando una moto disparando el parrillero, como en el oeste, al lado y lado, la gente corretiando, en esas había un muchacho que le decíamos “el viejo” estaba departiendo en el anden, después de jugar futbol, y una bala perdida lo mató. Hubo un grupo de sicariato llamado los Helechos, que se fundan a partir de un bar que hubo en la Paz, en una esquina, y ese grupo iba para arriba y para abajo disparando a la loca por los barrios. Una vez, en otro hecho de violencia del barrio, un sardino conocido como la belleza, de 12 y 13 años se cae de su moto en la glorieta, y otro va a recogerlo entonces se levanta todo “asado” y le dispara, diciéndole que porque tenía que recoger”.

Los años 80 ve transformar su juventud en Envigado. Los pelaos  se involucran en bandas, modas, sicariato, consumo de sustancias sicoactivas, enriquecimiento rápido. Varios de ellos migran a Estados Unidos a conseguir dinero y retornan a derrochar “a ser ostentosos y transformar las casas de sus padres”… “Y con el tiempo unos pelados se hacen sicarios, que se van del barrio, que matan en el barrio, porque vienen los grupos por ellos, o ellos van y matan, y el barrio se vuelve una calentura, porque hay una mezcla de personajes que van y vienen. El barrio estaba en una crisis comunitaria muy tenaz de violencia. Pero realmente los famosos duros se van gestando por fuera en La Paz, el Trianón, Alcalá y los pelaos del barrio se involucran en acciones diversas, se vuelven los idiotas útiles, van a robar y matar en otros lugares, pero son fácilmente sacrificados en ese juego, van desapareciendo y los que migran. Logran sortear esas dificultades y se apartan de lo ilegal.” (Entrevista Mono Zapata, marzo 2022).

Una de las familias que padeció esta violencia fue la familia Palacio Mazo. Orlando, uno de los hijos del matrimonio Palacio Mazo, fue asesinado por error un 24 de diciembre. doña Cruzana Mazo su madre, a sus 100 años de existencia aún recuerda el hecho: “Cuando me pasé a vivir a Primavera, tenía 10 hijos, se han muerto los tres mayores. El uno lo mataron acá en el parque, un 24 de diciembre, paso un muchacho y lo mato. Dizque porque se había robado unos gallos y el que se los robo fue el vecino, pero como eran tan amigos y tenían la misma camiseta ese día (Orlando y León Calderón), el asesino se confundió. El muchacho dijo que se había equivocado”. Complementa Doña María Lucelly: “Ese día tenían la misma camiseta verde los dos. Y Orlando salió, al lado de la glorieta, en la tiendecita, de los chinos (así le decían a los zapatas). Entonces ahí fue donde lo mataron. Y el asesino (Javier) era de una banda del barrio obrero”. Cuenta doña Cruzana que el victimario le pidió perdón y que incluso fue al velorio, ella sin embargo lo denunció y pago cárcel. Luego al salir fue asesinado un 25 de diciembre de 1994.

Orlando Palacio Mazo, archivo familia Palacio Mazo.

La violencia del barrio en ese auge de las bandas y chicos armados, vio la desaparición de varios muchachos, algunas personas dicen que a manos de la temida oficina de Seguridad y Control, por causa de la limpieza social, ya que eran consumidores habituales de sustancias sicoactivas.

Este ingrediente adicional hace que la violencia del barrio en ese auge de las bandas y chicos armados, vio la desaparición de varios muchachos, algunas personas dicen que a manos de la temida oficina de Seguridad y Control, por causa de la limpieza social, ya que eran consumidores habituales de sustancias sicoactivas. “En la época de (la Oficina ) de Seguridad y Control, eso fue una cosa atroz, empiezan las desapariciones,  Papi, Jorge, Montoya, un viciosito del barrio, Adolfo bustamante, Jorge Petaca, son gente del paisaje, marihuaneros, no eran tan peligrosos como los asesinos del paramilitarismo, eran ladronzuelos y consumidores de su droga” (entrevista a Doña María Lucelly Mazo y mono Zapata, marzo 2022) Otro habitante Mario de Jesús Correa Vélez corrobora la violencia ejercida por la oficina de Seguridad y Control, al mencionar a otro joven que le decían el diablo, fue asesinado a la entrada del barrio.

Varios habitantes confirman que hubo casas de expendio en el barrio, sin embargo la institucionalidad en cabeza del comandante de policía no era eficaz en combatirlas:

“Hubo un comandante de policía, aquí en Envigado, en alguna ocasión reúne a las acciones comunales (1986-1988), y dice que va a acabar con los expendios de vicio, y que contemos qué pasa en cada sector y todos ingenuamente lo hacemos y resulta que este señor tenía sociedad con estos expendios. Las acciones comunales quedaron como unos sapos, con mucho miedo, porque en esa época ya se estaban moviendo cosas mucho más pesadas. Hacen los “famosos allanamientos” no encuentran nada, el comandante gana y los expendios continuaban. Primavera se volvió un lugar obligado de paso y atractivo para que los visitantes lleguen a comprar droga” (entrevista al Mono Zapata, marzo 2022).

Familia Palacio Mazo

La historia de la familia comienza en Yarumal, al contraer matrimonio Marco Antonio Palacio (6 de octubre de 1924- 9 de diciembre de 1999) y Cruzana Mazo (16 de mayo de 1922), ambos fueron hijos naturales, y  tuvieron 10 hijos: Javier Alfonso, Orlando Alberto, Emilio, blanca nidia, Silvia nelly, Aida, María Lucelly y Gladys Amparo.  Tres fallecieron: Orlando fue asesinado, y dos por enfermedad de su trabajo en la industria del calzado.

Fotografías de Marco Antonio y sus hijos en Yarumal

Fotografía de Marco Antonio y sus hijos en Yarumal, archivo de la familia Montoya Mazo.

En vista de su situación económica y como una forma de buscar mejor futuro, Marco Antonio decide trasladarse a vivir con su familia a Envigado, al barrio de la Sociedad de San Vicente de Paul, el barrio Pio XII. Era una casa pequeña con dos alcobas, una sala, un baño y un corredor.  Marco Antonio trabajaba en empresas de calzado como Calzado Rey Sol.

Barrio Pío XII

monumento a Pio XII en el barrio, construido por la Sociedad de San Vicente de Paul.

Recuerda María Lucelly Palacio Mazo: “pagábamos de arriendo $25 pesos, éramos 15 personas. En san Vicente vivíamos nueve, era una casa pequeña, tenía dos piezas y la salita y un corredor donde se extendían las colchonetas para dormir, para luego madrugar a trabajar. Y luego, nos venimos a vivir a Primavera. Yo estudie en Yarumal, en la Rosenda Torres hasta quinto de primaria, mis hermanos en el liceo la paz. Jairo y Oscar estudiaron el bachillerato”.

Su padre Marco Antonio, fue muy inclinado a adoptar niños abandonados como Héctor Iván mejía, Ángel Guerra, Julián Vélez, Aurelio, Ocariz Gómez, entre varios niños que ayudo, porque como dice su hija María Lucelly : “era muy humanitario, él hacía todo por los animales y la gente desamparada. Yo lo quise mucho por eso y pensaba que estaba haciendo bien. Los niños fueron muy respetuosos. Y aunque no eran propiamente parientes, éramos una familia”.

un hijo adoptivo: Angel Guerra, fotografía archivo familia Palacio Mazo.

Casi todos los hermanos se casaron y formaron familia a parte excepto María Lucelly, quien se encuentra al lado de doña Cruzana y es su compañía y cuidadora. En este momento, vive también con ellas Oscar, en una casa al lado de la antigua escuela “Concha Agudelo”, identificada con la calle 46 sur # 46C-36.

El traslado a la nueva vivienda, lo recuerda muy bien María Lucelly: “eso fue el 20 de julio de 1969, ese día estuvieron transmitiendo la llegada del hombre a la luna. Desde esa fecha hasta hoy, hemos vivido en esta casa del barrio La Primavera, porque la primera, situada en el extremo de su calle principal, se inundó ese día por una borrasca  y la directora Erminia Salazar, les dijo que se vinieran a vivir allí. En retribución ella y doña Cruzana trabajaban en la escuela, con el aseo y la alimentación de los niños. Doña Cruzana recibía $40 mil pesos mensuales, mientras María Lucelly no recibió nunca un salario, y eso que hacía de todo. Además, ayudó con familiares, vecinos y miembros del comité cívico del barrio a construir la escuela, vendiendo empanadas, transportando material, etc.

En esa época, de los años 50, el barrio Primavera era una especie de botella, su única entrada quedaba por la actual avenida del poblado o carrera 43A, y hacia el occidente tenía como límite extremo la escuela, no existía el Polideportivo sur y la avenida Las Vegas (construidos hacia finales de la década de los años 70), solo estaba la carrilera del  ferrocarril, las mangas de los Correas y las playas del río Medellín.

El periódico local Ecos de Envigado, en una nota de prensa de 1960, comentaba sobre el centro cívico del barrio:

Al centro cívico del barrio se debe el levantamiento de la Escuela CONCHA AGUDELO CORREA, la ornamentación de la plazoleta donde se erigió un Monumento a la Santísima Virgen, y la arborización de las calles.

Doña Cruzana comenta que la escuela tomo ese nombre, debido a la señora que donó el terreno para su construcción. María Lucelly añade que debido a los costos de su mantenimiento y el pago de los profesores, el municipio cogió su administración y luego fue cedida por la acción comunal durante la presidencia de Antonio López.

Las imágenes a continuación de Oscar Oswaldo Palacio Mazo y su hijo Oscar David son el testimonio de la manera como la escuela marco muchas vidas del barrio La Primavera y La Paz. Ellos también estudiaron allí.

Oscar David Palacio, fotografía archivo familia Palacio Mazo.

En los últimos años de su vida, don Marco Antonio Palacio, se dedicó a la fabricación y reparación de calzado, fue el zapatero del barrio, al arrendar una piececita cerca de la glorieta. “La gente lo quería mucho, le gustaba tomar cervecita a diario y participaba en todas las actividades del barrio, en especial de los concursos de baile de tango. Era muy alegre en los diciembres” (María Lucelly). Dos de sus hijos también se dedicaron a trabajar en las fabricas de calzado lo que a largo plazo hizo que se enfermaran y murieran debido a la inhalación de los pegantes.

La familia Palacio Mazo no fue ajena a la violencia de los años 80, cuando el narcotráfico transformo los valores y la sociedad envigadeña. Orlando, uno de los hijos del matrimonio Palacio Mazo, fue asesinado por error un 24 de diciembre. Ella a punto de cumplir sus 100 años de existencia aún recuerda el hecho: “Cuando me pasé a vivir a Primavera, tenía 10 hijos, se han muerto los tres mayores. El uno lo mataron acá en el parque, un 24 de diciembre, paso un muchacho y lo mato. Dizque porque se había robado unos gallos y el que se los robo fue el vecino, pero como eran tan amigos y tenían la misma camiseta ese día (Orlando y León Calderón), el asesino se confundió. El muchacho dijo que se había equivocado”. Complementa Doña María Lucelly: “Ese día tenían la misma camiseta verde los dos. Y Orlando salió, al lado de la glorieta, en la tiendecita, de los chinos (así le decían a los zapatas). Entonces ahí fue donde lo mataron. Y el asesino (Javier) era de una banda del barrio obrero”. Cuenta doña Cruzana que el victimario le pidió perdón y que incluso fue al velorio, ella sin embargo lo denunció y pago cárcel. Luego al salir fue asesinado un 25 de diciembre de 1994.

Orlando Palacio Mazo, archivo familia Palacio Mazo.

La violencia del barrio en ese auge de las bandas y chicos armados, vio la desaparición de varios muchachos, algunas personas dicen que a manos de la temida oficina de Seguridad y Control, por causa de la limpieza social, ya que eran consumidores habituales de sustancias sicoactivas.

Doña María Lucelly dice que a pesar de eso, no hacían mal a nadie “eran muy queridos”, menciona a varios de ellos, y algunos de los desaparecidos: Ana Petaca (alias de Omar) y Adolfo Bustamante.

Finalmente, esta corta historia de la familia Palacio Mazo, queda con doña Cruzana, con la movilidad reducida pues sufrió un accidente en el año 2016 que hizo que le amputaran sus piernas, una sordera y una catarata en su ojo izquierdo. A pesar de ello, mantiene una entereza admirable y va para su cumpleaños número 100, que piensa celebrar con toda su familia, el 16 de mayo de 2022, con toda la alegría porque son pocos los que llegan a su edad.

Familia Alvarez Ochoa

Fachada de la casa de la Familia Alvarez, sobre la avenida 43A, o carretera a Sabaneta.
Pobladores originales de Primavera: Tomás Alfredo Alvarez Ochoa y María Rosalía Ochoa correa, padres de Ruth Alvarez
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