Primavera

Este barrio esta enmarcado entre el polideportivo sur, la Avenida Las Vegas, la Urbanización Milán-Vallejuelos y la avenida 43A o avenida del Poblado, y la Finca La Paz. Fue y siguie siendo un paso obligado para ir a Sabaneta. Durante mucho tiempo fue un barrio marginal, de la sociedad, de la acción del estado, estigmatizado y gozando de mala fama. Fue levantado en terrenos de la familia conocida como Los Locos Correa, dueños de todas las tierras hasta las riberas del río Medellín. En ese espacio se fue levantando una calle y a lado y lado varias casas, y al costado de la carretera otras. Pronto obtuvo fama debido a sus habitantes que vivían del rebusque, y en especial de un bar llamado Bandera Roja.

El escritor Reinaldo Spitaletta, realizó una cronica en 1992 con base en una entrevista a Iván Vélez, bailarín de tango y exobrero textilero, nacido hace 52 años en esa calle, y titulada “Historias de puños y puñaladas (Crónica de un barrio donde nacían muchos y se criaban los más guapos), cuenta que Miguel Alfredo en la década de los años 50, “puso una cantina en una de las dos esquinas del entonces naciente barrio. Y, para sacarles la chispa a los godos, pintó una bandera roja en la pared exterior del bar. Desde esos tiempos de convulsiones sociales tal calle comenzó a llamarse así: Bandera Roja“.

La cantina se convirtió en un lugar de rumba con bailadores de tango y música del Caribe como la Sonora matancera y Daniel Santos. La visitaban los malevos, peleadores y gente problemática. Y así se gano su mala fama, impulsado por los sermones de los sacerdotes de Envigado. Por ejemplo, el padre Antonio J. González Arango advertía desde la iglesia San José, templo central en los obreros de Rosellón: “¡Cuidado con ir a Bandera Roja!. ¡Allá van a bailar mujeres desnudas!”. Frase que de seguro fue más un incentivo para visitar el lugar.

Los vecinos del lugar y del barrio vivieron así una estigmatización ante foraneos y locales. A los chicos en la escuela del Dorado, les tenían desconfianza y cualquier incidente eran a los primeros que les echaban la culpa: “Nos ponían en la parte de atrás del salón. Cuando algo se perdía, ahí mismo decían: eso fue algún negro de Bandera Roja que se la robó”, recuerda Iván Vélez.

Los malevos que asistían a Bandera Roja, también frecuentaban las canchas, mangas y espacios naturales donde consumían mariguana y aguardiente en rumbas freneticas. Así lo hicieron en los alrededores del Barrio La Estación, como comenta Octavio Cordoba: “La Estación tenía mala fama,  porque los mariguaneros se iban a fumar por la carrilera, en especial en un palo de mangos grande, y allá se iban a fumar los sábados y domingos, hacían unas sancochadas hasta media noche, tomaban alcohol, y pasaban bueno. Nosotros los veíamos desde lejos. La gente decía: “ombee, es que usted vive en la estación, ave maría hermano, eso es una olla”, y sí, en realidad hubo dos o tres muertos en esa época, en la calle de la 37 sur, al frente de la biblioteca Debora Arango, enfrentamiento entre uno y otro por la novia” (Entrevista en septiembre de 2021)

Existía la costumbre entre los muchachos de Bandera Roja, así como entre los de la Estación, de ir al matadero y beber sangre de las reses sacrificadas, como superstición de fuerza y energía. Cuenta Reinaldo Spitaletta en su crónica que “escogían al novillo más negro y mas bravo porque creían que así se les transmitía su fiereza” ( https://spitaletta.wordpress.com/2015/05/01/historias-de-punos-y-punaladas/), pues su cultura era vivir para la escaramuza y la pelea.

Aunque el barrio adquirió mala fama por Bandera Roja, lo cierto es que era un lugar de gentes esforzadas, que se divertían en el baile del tango, el pasodoble y el porro. Dado su marginalidad del centro de Envigado y de su influencia social y religiosa, el barrio La Primavera tenía sus propios avances y desafíos de progreso. Sus vecinos levantaron sus casas modestas con techo de paja y han salido adelante con sus familias. Como la familia de Tomas Alfredo Alvarez, quien trabajó vendiendo revuelto en el pasaje Sucre de Medellín y levantó siete hijos (Entrevista a Ruth Alvarez y su hija Luz Angela Diez, abril 2021). También se unieron a pavimentar sus calles a través de comites y formaron para ello su junta de Acción comunal, debido al abandono del municipio. Cuenta Luz Angela que cuando hizo parte de la junta, se enteró que el barrio tenía otro nombre. En una forma de borrar un pasado escabroso, en la división administrativa se le designo el nombre de Santa Gertrudis, una forma de apelar a la santa para “borrar tanto pecado y sinverguencería”. Sin embargo, en la memoria colectiva permanece aún el nombre, así la cantina haya desaparecido hace mucho tiempo.

Fachada de la casa de la Familia Alvarez, sobre la avenida 43A, o carretera a Sabaneta.
Pobladores originales de Primavera: Tomás Alfredo Alvarez Ochoa y María Rosalía Ochoa correa, padres de Ruth Alvarez
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