historia breve de la plaza de mercado de envigado, siglo xx

Por Edgar Restrepo Gómez, Historiador.

Origen de la plaza en América[1]

Como Plaza Mayor se conoce a la plaza principal de algunas localidades en el urbanismo castellano e hispanoamericano. En muchos casos, particularmente en América, reciben el nombre de Plaza de Armas, porque estaban previstas como refugio en caso de un ataque a la ciudad, por lo que poseían guarniciones de armas.

El nombre oficial de muchas de ellas, al igual que el del resto de la toponimia urbana, ha sufrido cambios de naturaleza política. Por ejemplo en España ha sido corriente que se sustituyera por Plaza Real o Plaza de la Constitución alternativamente según cambiara el gobierno durante los siglos XIX y XX.

Como concepto urbanístico, de espacio abierto que permite el contacto y la comunicación entre los ciudadanos y una gran cantidad de funciones urbanas, nace de las plazas de arrabal o plazas de mercado a las puertas de las murallas, pero fuera del recinto amurallado, mientras que otras plazas propias del espacio mediterráneo con las que comparte la benignidad del clima, como el foro romano o el ágora griega, estaban en el mismo centro urbano. El zoco árabe era más corrientemente un espacio laberíntico de calles y no un espacio abierto. Las demás funciones urbanas estaban repartidas por la mezquita (religiosa y judicial), la alcazaba (militar), con lo que no había un espacio tan privilegiado como fueron las plazas mayores.

Con la expansión de las ciudades en España durante la Baja Edad Media y el Renacimiento, las plazas de arrabal fueron absorbidas por el caserío urbano, quedando en una posición más céntrica, incrementando la altura de sus edificios, proyectando los pisos superiores sobre soportales, e incluso homogeneizando el trazado de éstos siguiendo el trazado planificado por un arquitecto (Juan Gómez de Mora en Madrid, Nicolás Churriguera en Salamanca), llegando a cubrir las calles de acceso con lo que se obtiene un espacio cerrado continuo. Las funciones urbanas que cumplía, además de la original de mercado, se amplían a la de espacio político (con la ubicación de edificios municipales) y espacio de festejos y solemnidades, como corridas de toros, autos de fe de la Inquisición (la parte solemne, no la quema de los condenados, que se hacía en el brasero, en lugares más discretos), ejecuciones públicas de ámbito civil, sin olvidar la función de espacio de conflicto social, pues las plazas mayores son el referente de reunión en caso de motín de subsistencias (en el Antiguo Régimen) o de manifestación (en la Edad Contemporánea).

En América, las Plazas mayores son planificadas desde el trazado de las ciudades, como la Plaza de Mayo de Buenos Aires, o como en el Zócalo de México, por derribo de edificios previos.

En 1950, Robert Ricard[2] data el origen de la Plaza Mayor española en las últimas décadas del siglo XV y distingue dos tipos: noble y monumental (Madrid y Salamanca) y modesta con aire vulgar (Burgos, Segovia, Toledo), y deja constancia de que las ciudades musulmanas no las tenían. Agrega que en América era el centro y símbolo de la ciudad y organismo alrededor del cual se dio su vida. Podría decirse, sin gran exageración, que una ciudad hispanoamericana es una Plaza Mayor rodeada por calles y casas, más que un conjunto de calles y casas en torno a una Plaza Mayor. La Plaza Mayor americana, más grande que la española, no era monumental sino por los edificios que la rodeaban. Además de plaza municipal tenía la presencia de la Iglesia, residencia de las autoridades, tribunal y prisión.

Más tarde surgieron distintas vertientes que difirieron en cuanto al origen de la Plaza Mayor en España y en América (la indigenista destaca la influencia de ciudades prehispánicas como modelo de la ciudad de la conquista, y que en aquellas ya existían grandes plazas de ceremonias y mercado), pero lo cierto es que la política de España convirtió a América en un lugar de ensayos entre 1492 y 1573, plasmándose un modelo clásico de la ciudad colonial hispanoamericana que Jorge Enrique Hardoy[3] resume como: – Traza en forma de damero, repitiendo elementos, cuadrados o rectangulares. – La plaza era un elemento más. – Alrededor de ella eran construidos la Gobernación, el Ayuntamiento y la Iglesia. – Los lados de la plaza poseían arcadas. – Frente a las demás iglesias se dejaba una plazoleta. – La Plaza Mayor americana ocupaba entonces el lugar más importante de todas las plazas y no hubo ciudad que no la tuviera. Hasta los pueblos originarios creados por los jesuitas se organizaron alrededor de una plaza central.

A partir de la experiencia española y americana, el 13 de julio de 1573 Felipe II promulgó las Ordenanzas de Descubrimiento y Población, tratando de homogeneizar la planificación y dejando en claro en ellas el carácter nuclear dado a la Plaza Mayor. Dentro de los usos dados a la plaza encontramos el mercado público espacio donde se efectúa la compra venta de productos agrícolas pecuarios y variadas mercancías una fuente de subsistencia para los pobladores centro generador de ingresos municipales, así anota Robert Ricard al afirmar que los conflictos entre las clases sociales se perdía en los días de mercado y de regocijo, pues los vecinos se confundían y olvidaban en las fiestas sus diferencias y estatus en el ámbito de la plaza.

Los inicios de la plaza de Envigado

El Cabildo determinó los días en que el mercado o feria funcionaba. En Envigado en el año de 1890[4] por ejemplo fueron acordados los días jueves y domingos. El domingo siempre ha sido un día de feria, como parte de la tradición comercial y religiosa, pero para la época se tomaron medidas en cuanto al cambio de horario para empezar y terminar las transacciones que allí se realizaban y querían ahora iniciar después de la misa parroquial hasta las cuatro de la tarde. Estas disposiciones se realizaban para evitar el escándalo de bares y clientes, el descuido en los trabajos y negocios y la decidida y el cumplimiento en general de los deberes eclesiásticos.  Asimismo, estos controles evidenciaban lo importante del mercado y la plaza  como centro cultural, social, económico y regulador de las relaciones entre los habitantes y sus autoridades.

Con la modernización del distrito de Envigado, de poblado a ciudad, en los primeros treinta años del siglo XX, la plaza de mercado se transformó en parque y se intentaron cambiar sus usos; aspectos ligados al crecimiento y modernización de la ciudad lo que llevarían a la construcción de plazas de mercado modernas[5]. El Concejo de Envigado, desde finales del siglo XIX encontró problemático que el mercado funcionará en el parque, por ello se resolvió asignar una suma de 200 pesos para el aseo de ésta, considerando que en este distrito no había plaza de mercado y que, “siendo la única y habiendo dos mercados semanales en la plaza se ensucia mucho y había que asearla frecuentemente”[6].  Desde 1850 la plaza contaba con una pila pública y un fontanero y se continuaba con esa disposición pues en 1907 se nombraba un comisario fontanero para su arreglo y aseo. Y en 1912 se hablaba de la construcción de un parque público en la plaza de la ciudad con fuentes de agua y demás obras de ornamentación [7].

La primera iniciativa de crear una nueva plaza de mercado data de 1898, cuando el municipio compró dos terrenos: a) una propiedad a Mercedes Echeverry que contenía casa de tapia y tejas con solar y que tenía los siguientes linderos: por el frente con la calle Giraldo; por el norte con la calle Félix de Restrepo y por el otro costado, consolas de la señora Fernanda Arango viuda de Agapito Arango[8].  B) una propiedad en 1914 a los señores Aquilino Sierra y Carlos Ochoa, que tenía los siguientes linderos: “por el frente, con la calle Giraldo; por la parte opuesta, con la casa del doctor Félix de Restrepo; por el este, con la calle de “Pedro Uribe”; y por el oeste con propiedad de Fernanda y Faustina Arango. La venta se realizó en $325.100 pesos de los cuales declararon haber recibido $165.000 pesos en dinero de contado faltando el resto. No se sabe el destino de los terrenos o si el municipio finalizó el pago de ambos terrenos.

El aumento de construcciones urbanas empezó a exigir una amplia y severa reglamentación y vigilancia tanto de la higiene como el aseo y el ornato de la ciudad. Los espacios bien construidos, sanos, higiénicos, con luz y abundante aire, y hasta con instalaciones sanitarias adecuadas, era una urgente necesidad, sólo alcanzable con una reglamentación municipal de por medio, que obligará a ceñirse a ciertas condiciones indispensables que llenarán los elementales preceptos de salubridad pública. Es así, como desde 1916 se reglamentó la venta de carnes obedeciendo preceptos de higiene y salubridad pública, al obligar a los expendedores a vender en “mesas cubiertas de protectores metálicos y balanzas debidamente calibradas, así como la obligación de asear con agua potable”[9]. Desde 1914, se solicitó al alcalde que por higiene pública ordenará a los expendedores a conducir la carne al mercado público en carros o en cajones apropiados pues los “zurrones” en que la transportaba no sólo estaban en lamentable estado de desaseo, sino que “la mosca, animal conductor de materias nocivas a la salud llegaba asentada en las carnes”[10].

De esta manera se inicia la modernidad en el siglo XX, con el discurso y las medidas higiénicas. Posteriormente con el dominio médico del orden urbano, se estableció la reglamentación de locales comerciales y expendedores de alimentos. Para el caso europeo, por ejemplo, como afirma Dominique Laporte, se pretendió con este discurso “devolver a la ciudad a la vista, para poder recorrer con la mirada sin impresionar al ojo y corromperlo”, algo similar a lo que ocurre en Medellín de principios del siglo[11].

Hasta el comercio de las frutas y carnes quedó inmerso en dicho discurso higiénico, pues la venta de esos productos fue propicia para el contagio de enfermedades, debido a las moscas y al manoseo de expendedores y compradores, lo mismo que el polvo. Con la idea del peligro de adquirir enfermedades o en procura del ornato de la ciudad, comenzó a disgustar aquello que se veía y que olía mal, lo que generó un frecuente rechazo público.

Expansión urbana

El concejo municipal mediante acuerdo No. 16, julio 10 de 1921, adoptaba el plano del Envigado futuro, un proyecto de regulación y planeación del territorio, y donde establecía la construcción de una nueva plaza. Para ello declaraba de utilidad pública “la adquisición de todas y cada una de las fajas necesarias para la plaza de mercado, el bosque, apertura y ampliación de calles en desarrollo del plano, a cuyo efecto se ejecutarán las expropiaciones a que hubiere lugar”[12]. Era comprensible las medidas de higiene y nueva plaza, debido al crecimiento de la población especialmente con la construcción de barrios obreros y la proyección del barrio Mesa Jaramillo por la empresa textilera Rosellón en 1923. En igual sentido, se declaraba la ampliación del matadero público y la creación del empleo de médico oficial[13]. Entre sus funciones estaba “reconocer los ganados y carnes destinados al consumo, en los casos dudosos y determinar si pueden o no darse al expendio”.

En junio de 1938, algunos vecinos solicitaron se realizará el mercado en otro lugar distinto a la plaza pública, puedes consideraban poco presentable el aspecto del mercado en la misma plaza, y lo creían un contraste nada agradable con el buen aspecto del parque.

personajes e imagenes de personajes de la Plaza.

Pero especialmente, los vecinos hacían énfasis en un lugar exclusivo, amplio, con mayores comodidades debido a “la continua llegada de visitantes de distintas poblaciones que terminan radicados en el municipio, aumentando la demanda de los productos allí vendidos”. Y para ello proponían que fuera en:

“el terreno que linda con el edificio que llamamos Uribe Ángel, pues además de estar en la parte central de la población, cuya conveniencia no se discute, presenta campo amplio y cómodo, a la vez que es propiedad del municipio que por sí para la ejecución de esta obra tuviera el municipio que comprar local, sería poco negocio el asunto, puesto que se trataría de una fuerte erogación, a la vez que tendrían que dejar de hacer uso para tal fin del mejor punto para ello, cuál es el mencionado atrás”[14].

Fin del mercado

Fue en 1940 cuando llegó a su final la realización del mercado en la plaza principal. El concejo municipal mediante acuerdo No. 11 del 8 de febrero, estableció su trasladó y creo partidas para su financiamiento. Luego de reunir a la comisión de Obras Públicas del municipio señaló el lugar donde debería efectuarse, destinado para ello el predio adyacente al local que ocupaba las empresas públicas municipales. También se acordó un horario con el fin de controlar el comportamiento de propietarios y usuarios:“la plaza de mercado estará abierta los jueves y domingos de las 5:00 del día a las 18 del mismo”. Después se ampliaría el horario 4 horas más, de las 3:00 de la mañana a las 8:00 de la noche.

Ese mismo año mediante otro acuerdo se aprobó la construcción de la cubierta y para ello se autorizó al personero municipal contratar un técnico en el ramo, quien debía realizar el plano del inmueble[15] y luego se nombró una comisión que estudiará la posibilidad de asfaltar la plaza principal de Envigado. De esta manera, la plaza principal derivo en parque, un sitio de encuentro, lleno de jardines, fuente ornamental, reja y lugar de las ceibas centenarias y las palomas. Características que hoy permanecen.

Con el traslado de las actividades, y prohibición de vender en el parque principal, un grupo de vendedores de fruta, el 16 de junio de 1941,  transmitieron su queja al concejo: “en el curso de varios años estuvimos derivando el sustento personal y el de nuestras familias de la venta de frutas en la plaza principal y no podemos negar que la venta nos daba modo y facilidad de vivir, no nadando en la abundancia, pero sí con el pan seguro de cada día, principalmente en los días domingos y más Feria del año, por la afluencia de paseantes especialmente de turistas… Pues bien sabido es que son los forasteros y demás gentes de Medellín que a visitar llegan los únicos compradores de frutas en este municipio”[16].

Pasos iniciales

En 1942 se inicia el proceso de la Plaza de Mercado con la compra del terreno ubicado en el barrio Mesa Jaramillo a los señores  Sinforoso Uribe D., (apoderado de lino Uribe Mejía), Carolina Uribe Mejía y Pedro Luis Quiroz H.; por valor de $9.200 pesos con una extensión de 3226 metros cuadrados, y que tenía los siguientes linderos: “por el norte con la calle No. 21 que iba hacia Rionegro; por el Oriente, con propiedad de Pedro Nel Escobar; por el sur con propiedad de Eulogio Diez A. y Rubén González, a dar con la carrera que se abrirá desde la calle 20; siguiendo por dicha carrera y con propiedades Rubén González y Mercedes Uribe, a salir a dicha calle; y, por el Occidente, con propiedades de Manuel Uribe, lote de terreno que se reservan los vendedores y de Sacramento Garcés E.[17].

Como parte de los nuevos vientos de cambio y modernización iniciadosel Gobierno nacional encabeza Alfonso López Pumarejo, reglamento en 1943, las nuevas plazas de mercado con disposiciones que exigían a los municipios tener las oficialmente instauradas y, en caso de ser insuficientes, “ampliarlas o establecer nuevos sitios de expendio dentro del perímetro urbano, de modo que los productores encontrarán siempre facilidades para vender directamente sus productos”.  De igual forma, se exigió no cobrar impuestos, contribuciones o derecho alguno, ni prohibir a los campesinos que vendieran los víveres en cualquier parte del perímetro urbano, cuando no se les hubiera señalado sitio adecuado en los mercados.

Sin embargo, la obra tuvo un desarrollo lento: al año de la compra de los predios, en 1943, el municipio contrata el diseño y el levantamiento de los planos, con la firma de ingenieros y arquitectos Félix Mejía y Carlos Obregón[18], quienes habían realizados otros importantes edificios en Medellín; luego en diciembre de 1944, obtiene un empréstito con la Cooperativa de Municipalidades de Antioquia por valor de $60.000 pesos[19]. Este paso permitió la construcción de una primera parte y adecuar los espacios para los venteros. Así continuo hasta 1955, cuando el concejo autorizo adquirir otros $40.000 pesos para terminar el sector comprendido entre las calles 20, 21 y 15A y 15[20].  Ese año, era apremiante terminar su construcción por la “urgente necesidad dado el crecimiento de la población y el volumen de los negocios que en la plaza se realizaban”.

Los trabajos de esta segunda parte fueron realizados por la firma Colombiana de Construcciones a cargo del ingeniero Juan J. Montoya, por valor de $144.837 pesos[21], financiados mediante un empréstito de la Cooperativa de Municipalidades de Antioquia por la suma de $100.000 pesos. Por otra parte, los planos serían elaborados por la firma Aristizábal, Fajardo, Vélez Ltda., con el compromiso de presentar la explanación y nivelación del terreno excluyendo el movimiento de tierra la retirada de los escombros y los llenos necesarios, los cuales se harían en cascajo sucio.

Además se determinó que las fundaciones se vaciarían en concreto ciclópeo 1:3:5 (es decir uno de cemento, 3 de arena y 5 de piedra) con 40% de piedra; los pisos serían en baldosa de granito 0.25 cmts x 0.25 cmts, pulida a máquina; la mampostería de Adobe y todos los muros indicados en los planos, construido Senado de primera calidad, hecho a máquina tipo guayabal; todos los muros de dependencia circulaciones, etc, llevarían guarda escobas en baldosa de granito esmerilado; los chapados de todos los sanitarios debería ser en baldosas de porcelana blanca de fabricación nacional (corona), hasta una altura de 1,20; las cristas irían rematadas en torito, la losa queda sobre la entrada principal del cielo raso en maya llevaría sobre el revoque pintura al óleo las puertas en más Sony ti el acabado de fachadas en bloques de granito lavado revoquen mortero de cemento y enchapados en ladrillo galleta.

Debido al costo de la obra, el fisco municipal no pudo construir los locales, así que se autorizó al Personero para que, con el auditor de control previo de la Contraloría, se realizara contrato con los nuevos inquilinos de la plaza para su construcción y de acuerdo con los planos. El valor se fue descontando de los arriendos mensuales que debían pagar al municipio[22].

Los cambios introducidos se miraban con optimismo, el personero Carlos José Osorio en un informe al Alcalde Guillermo Mesa Ríos en 1956 comentaba:

“Situada en la parte central de la ciudad se halla esta obra de inobjetable trascendencia y de innegable necesidad, suelo unas mejoras leves se le han podido introducir, como lo es la dotación de pocas ventanas, unas 15 con sus correspondientes vidrios, lo cual evita la perturbadora acción de las lluvias, se han localizado en los puntos de mayor necesidad y de más utilidad para los moradores de este lugar. entre otras mejoras, esta la construcción en estilo moderno de la cocina con las comodidades y modalidades del caso, con dicho trabajo aumentan buena parte de las entradas al fisco municipal. consciente de la administración y velando siempre por el progreso de la ciudad, el Consejo administrativo autorizado al señor alcalde y personero para adquirir un empréstito a fin de continuar lo construido y prolongarse la calle 20 la parte correspondiente a la plaza, de manera que al finalizar el año, envigado podrá contar con su moderna e higiénica plaza de mercado, obra está que dará mayor realce a la vida administrativa y progresista de esta ilustre ciudad. contando con la cuestión fiscal y dado el valor del empréstito en sólo 3 años se cubrirá el valor de este, porque ha de tenerse en cuenta que el producido mensual que es en la actualidad de más de $2,200, puede aumentarse una vez construida hasta el doble de lo actualmente recaudado. En fin, se ha llenado una necesidad inaplazable y se ha dotado a la ciudad de una inmensa obra[23].

Hacia 1960 se finalizó la construcción estructural de la plaza, mas no la adaptación de sus galerías; catalogadas arquitectónicamente de estilo republicano, con una función de espacio público y de encuentro social se convirtió en uno de los principales referentes culturales, así como en un importante centro comercial para la alimentación de la población envigadeña.

El Reglamento

Aunque se terminó de forma parcial una cubierta de la plaza, fue necesario crear un Reglamento dado que las normas eran según el “saber y entender” del administrador y ocurrían escándalos, desorden y desaseo, entre otros problemas. Una vez terminada su estructura se dictó el nuevo reglamento para la plaza; considerándola una necesidad social de primer orden en el distrito, parámetro que debía adoptarse en las galerías construidas, así como en las futuras.

Por acuerdo No. 30 del 26 de agosto de 1960, se estableció un personal administrativo con sus funciones y de libre nombramiento y remoción del alcalde, conformada por un administrador general, cargo para el cual se nombró a Guillermo Vélez Santamaría; un ayudante del administrador, un celador nocturno y tres porteros.

Entre las normas tenemos:  

1.el horario entre las 6 a.m. y las 5:30 p.m, los domingos y festivos, hasta la 1 p.m. Y una sirena para dar aviso de la hora de cierre.

2. los porteros debían verificar el pago del impuesto de los productos.

3. la adjudicación de los puestos por medio de licitación pública.

4. A ninguna persona se le permitía el arrendamiento de más de un local.

5. Las condiciones del arrendamiento del local.

6. Sanciones de multas a las faltas de la conducta moral “intachable”, vocabulario soez (art. 19), conversaciones vulgares o sexuales en alta voz, actos contra el pudor o libertad u honor sexuales, promoción de riñas (art. 20) de los arrendatarios.

7. Carnet de sanidad expedido por la Dirección Municipal de Higiene.

8. Las entradas y los costados debían estar libres de vendedores.

9. Prohibición de la venta de pólvora o productos explosivos, así como productos inflamables, y la venta de globos.

10. Prohibición de venta e ingestión de bebidas alcohólicas.

11. la cafetería será dada en arrendamiento por licitación pública por termino de un año, prorrogable hasta por cinco años, y llevar las normas de higiene sanitaria.

Uno de los restaurantes más antiguo de la Plaza: Restaurante Señorial desde 1960

Dinámica comercial

Esta nueva administración rindió un primer informe al alcalde y personero municipal sobre las labores de arrolladas en el que se denunciaba abiertamente que: “la plaza según su numeración interior responde a un número de 152 locales, pero en realidad, según la cantidad de recibos de pago mensual son 100 locales interiores y 14 locales Exteriores”[24]. Igualmente, solicitó rescatar el parqueadero que estaba ocupado por automóviles de servicio público de la Flota Restrepo, lo que demostró lo difícil que fue para la administración “normalizar” y “regular” los viejos comerciantes de la plaza principal, en las nuevas galerías.

La adjudicación de puestos se hizo por medio de licitación pública, para luego pasar a heredarse. Se decretó además un nuevo horario de atención al público: la plaza permanecerá abierta todos los días de la semana desde las 6:00 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde, con excepción de los domingos y días festivos que cerrarían sus puertas a la 1:00 de la tarde, para lo cual la personería procedió a instalar en la plaza una sirena que diera aviso del cierre del local.

El discurso higiénico, siguió imponiéndose, por eso los concejales en 1960, decretaron que cada seis meses los propietarios de los locales debían realizar un examen profiláctico y poseer un carnet de sanidad. Y para el aseo se instalaron tanques a un lado del parqueadero. De igual manera, se les exigió manejo del vocabulario al sancionar con multas las expresiones de vulgares “o sexuales en alta voz”, serían sancionados por el alcalde del distrito[25].

un personaje del lugar: AGUILA, alias de Cornelio Antonio Lopera Salazar, nacido un 9 de septiembre de 1939 en Montebello, vive hace 63 años en Envigado, en el barrio La Mina, casado, tuvo cinco mujeres y tres hombres, desempeño el cargo de mensajero y oficios varios para los comerciantes y dueños de los negocios.

Con el fin de controlar las ventas extemporáneas o transitorias, definidas como aquellas ventas que no eran permanentes ni diarias, sino que se presentaban ocasionalmente, sobre todo los días de mucho mercado (viernes y sábados); los venteros de esta clase fueron ubicados en diferentes partes de la plaza y se les cobró semanalmente un impuesto, teniendo en cuenta la cantidad de productos que ofrecieran y el tiempo requerido para la venta[26].

En cuanto a la administración de la plaza, se conoce una carta del sindicato de locatarios de 1959 que se quejaban ante el alcalde por el desempeño del señor Teófilo Correa: “persona que no es grata para la mayoría de los locatarios que con sus procedimientos irregulares esta sembrando el caos y el desorden, obligando a los inquilinos a mirarlo con desconfianza porque no llena a cabalidad sus funciones como persona imparcial y culta(…) somos muchos los locatarios que estamos perseguidos por la malquerencia del señor Correa, quien cuando no le gusta el sujeto, trata por todos los medios de perjudicarlos, amenazando con quitar los puestos (…) es hombre descuidado como administrador por la puertas y cerraduras destartaladas, sin poner cuidado o se afane en hacerlas arreglar, quedando en inseguridad los puestos (…) no queremos señor alcalde, lanzar otros cargos, porque naturalmente, como usted nos lo manifestó a algunos de los firmante, usted necesita una prueba legal (…) estamos dispuestos a probar con declaraciones de personas imparciales y honorables”.[27]

Inconvenientes y criticas

En 1969, el alcalde decía que “el acelerado crecimiento del municipio ha hecho ya insuficiente la actual plaza de mercado cubierto. podría pensarse en la adquisición del lote de tierra para la construcción de la plaza de mercado moderna y funcional, que, como es inversión que da renta, se financiaría con un prestito largo plazo. El plan presentado por y que va aprobada por acuerdo #18 de junio del año en curso, cubre la mayor parte de la necesidad del municipio y en su ejecución pondré el mayor interés, contando naturalmente con vuestra colaboración”. Y como complemento a las palabras del alcalde el vicepresidente primero de la corporación edilicia comentaba que entre diferentes obras como la construcción de una moderna cárcel la terminación de la normal de la paz, entre otras decía que “ya no sé concibe que una plaza de mercado está en el centro de la ciudad, debería pensarse para un futuro una plaza en las afueras de ella”.

Sin embargo, la plaza era vista en 1970, desde la prensa, como una fuente de gastos municipales, un “inmenso elefante blanco”, según un cronista del diario Presencias, conformado más o menos así: unas 40 carnicerías, 80 puestos de fruta y verduras, un local para la agencia mayoritaria, 14 locales sobre la calle 21 y carreras 15 y 15ª para restaurantes, almacenes eléctricos, 4 locales para floristería y 25 graneros y pequeños comerciantes de cacharros, entre otros; y concluía: “El costo de este paquidermo es por avalúo aproximado de un millón de pesos, que no producen ni siquiera un 0,04% de renta” El costo de este paquidermo está avaluado en un millón de pesos, que producen ni siquiera un 0,04%, es decir ojalá llegará al 1%.  El local ya es inadecuado, obsoleto y su situación en el centro de la ciudad no le hacía nada presentable y que con el dinero de su venta bien podría hacerse algo diferente en otro lugar. Una obra más que requiere Envigado, cuando faltan menos de 5 años para el bicentenario de la misma” [28].

Ante esta crítica, el Concejo municipal propuso en agosto de 1971 un ensanchamiento con una segunda planta. Inicialmente asignó dos millones de pesos, pero luego en septiembre, mediante acuerdo No. 81, modificó la suma y solo determinó un millón. Este hecho hizo que las expectativas de mejoramiento se frustraran y el proyecto de su ampliación fuera parcial.

Una vista de su interior, año 2022.

Diversidad comercial

En la plaza de mercado se encontraban todos los productos y artículos alimenticios tales como hortalizas víveres carnes además de la venta de cacharros, etc, y al igual que a finales del siglo 19 persistían el escándalo el desorden y el desaseo. Es por ello que en 1911 mediante acuerdo el número 30 del 26 de agosto se determinó un reglamento para darle orden y limpieza a los diferentes usos y espacios del lugar, y evitar así una serie de vicios Morales y sociales.

Desde 1917 se tenía establecido algunas normas sobre todo para expendio de carnes, donde los propietarios debían pagar un arriendo en donde guardan sus productos años más tarde en 1935 el impuesto por cada mesa diga no mayor era de 40 centavos y para menos 30 centavos. Otros artículos como cacharros y demás para las frutas en menor cantidad eran los que pagaban 15 centavos.

Para la década del 90 se hizo una clasificación de los locales por actividades económicas para hacer más rentable el inmueble comercial es así como se estableció que el grupo uno comprendía bares restaurantes cantinas alimentarias cafeterías tiendas 1000 vistas depósitos y agencias mayoristas con un impuesto de $900 pesos el metro cuadrado. a cambio el grupo estaba formado por carnicerías legumbres fruterías expendio de huevos graneros y otros comestibles y pagaban MXN$750 por metro cuadrado y el grupo 3 con almacenes especie de flores artesanías misceláneas y otros a razón de MXN$600 por metro cuadrado.  Para 1996 este impuesto se incrementó en un 25% porque contemplaba el valor mensual de la administración de los diferentes puestos y porque se consideró que estaban muy bajos en relación a los que registraban en general en otros mercados. Para 1998 el incremento fue del 30% por metro cuadrado.

Conclusiones finales

Al construirse la cubierta del techo, el entorno adquirió un nuevo sentido en la transformación del centro, esto iba de la mano también de cambios importantes de la ciudad, pues venirse fortaleciendo el patrimonio colectivo, resultado de una percepción del progreso local en contraste a la difícil economía nacional. en el 2004 es dado un nuevo proyecto intervención de la fachada sobre la calle 38 sur especialmente para solucionar los cables y redes eléctricas, las humedades, las tuberías expuestas y elementos arquitectónicos como marquesinas y ventanas completamente deterioradas.

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[1] http://www.icarito.cl/2009/12/cual-fue-la-importancia-para-los-espanoles-la-plaza-de-armas.shtml/

[2] La Conquista espiritual de Mexico, 1986, fondo de cultura económica.

[3] El Proceso de urbanización en América Latina, (1974).

[4] Archivo Histórico del Concejo de Envigado (en adelante AHCE), acuerdos 1882-1932, Acuerdo No. 6 del 27 de septiembre de 1890.

[5] Fernando Botero Herrera Regulación urbana e intereses privados de Medellín (1890-1950)m, página 326. En: Historia de Medellín, Tomo I, Editorial Compañía Suramericana de Seguros (1996)

[6] AHCE, actas 1881-1893, acta del 22 de febrero de 1907.

[7] AHCE, acuerdo del 13 de octubre de 1850, acta No. 9 del 2 de noviembre de 1907, acuerdo No. 2 del 2 de enero presupuesto del departamento de obras públicas.

[8] Escritura No. 1296, del 18 de julio de 1898, notaría primera de Medellín.

[9] Acuerdo No. 17 del 11 de septiembre de 1916, AHCE.

[10] Acta del concejo No. 31, del 8 de julio de 1914.

[11] Domenique Laporte Historia de la Mierda, Pre-textos, 1989, paginas 31-35.

[12] AHCE, acuerdo No. 16, del 10de julio, elaborado por la firma Olarte, Vélez y Cía.

[13] AHCE, acuerdo No. 18 del 28 de julio y No 21 del 7 de octubre de 1921.

[14] Memoriales 1939, 6 de junio de 1938, AHCE.

[15] Actas de 1940, No. 18 del 14 de marzo. AHCE.

[16] Memoriales, 16 de junio de 1941, AHCE. Se quejaban también de que la administración venía otorgando licencia a gentes de fuera del distrito, como Itagüí y Medellín, para que se instalaran en los antiguos puestos de la vieja plaza de mercado y en los sitios de donde fueron ellos desalojados.

[17] Acuerdo No. 53 del 1 de diciembre de 1942, AHCE. En las actas del concejo se encuentra la discusión sobre la compra del terreno porque el señor Pedro Nel Escobar propietario una faja de terreno adyacente, se negaba a la venta, indispensable para el ensanche de la plaza.

[18] Acuerdo No. 3 del 4 de febrero de 1943. AHCE.

[19] Acuerdo No. 30 del 14 de diciembre de 1944. AHCE

[20] Acuerdos No.32 y 35 del 13 de diciembre de 1955, donde se unifica la deuda, por $100.000 pesos.

[21] Contrato No. 2094 y aprobado en el Concejo Administrativo, acuerdo No. 32  de diciembre 3 de 1955 y No. 10 de mayo 17 de 1957. Acuerdo No. 31 de septiembre 4 de 1959 y No. 24 de junio 10 de 1959, Archivo Histórico del Concejo.

[22] Acuerdo No 20, junio 3 de 1960, Archivo Histórico del Concejo.

[23]Informe del Personero al alcalde, Archivo Central. Caja 249, carpeta 342. 1956.

[24] Proyecto de acuerdo de 1961, acuerdos 1960-1964. AHCE.

[25] Acuerdos 1960-64, acuerdo No. 30 del 26 de agosto de 1960.

[26] acuerdo No. 30 del 26 de agosto de 1960.

[27] Firman 23 personas, noviembre 19 de 1959, Archivo Central y administrativo de Envigado, Caja 244, carpeta 285)

[28] Periódico Expresión, abril 19 de 1970,  pág.5.

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