cronología histórica de debora arango pérez

Por Edgar Restrepo Gómez, historiador y presidente del Centro de Historia Envigado. 2019

1907

El once de noviembre nace en Medellín, Colombia. Es la octava hija de un total de doce descendientes vivos que tuvo el hogar formado por Castor Arango y Elvira Pérez. Es bautizada con el nombre de María Débora Elisa.

“Pertenezco a una familia antioqueña en cuerpo y alma. Como tal fue muy numerosa: papá, mamá y doce hijos, cinco hombres y siete mujeres. Tres de los hombres trabajaron con mi papá en un almacén de talabartería que tenía en el centro de Medellín. Los otros dos fueron médicos. Carina, la hermana mayor, se casó y tuvo ocho hijos que han sido los sobrinos cercanos, pues los hijos de Tulio, que también son ocho, o se fueron muy pequeños para Bogotá o nacieron allí y el contacto con ellos ha sido en consecuencia muy tenue”[1].

Las inclinaciones artísticas de su familia: “Por el lado de mi papá claramente se conoce y quién sabe si también en los antepasados de mi mamá porque lo cierto era que ella poseía un gusto extraordinario, un arte especial que conducía a que cada cosa que realizara le quedara muy bella. Además de inteligente era dueña de esa capacidad. Pero concretándome en mis antecedentes artísticos, la tía Francisca, hermana de mi padre, trabajaba la cerámica de manera lindísima. Sus hijos tenían fama de hacer los pesebres más bellos de la región, al punto de que los sacerdotes los bendecían en razón de la perfección de sus trabajos”.

“Fui una niña feliz, muy consentida por todos, quizás por ser de las menores. Vivíamos en Medellín y en vacaciones de junio y de diciembre veníamos a esta casa de Envigado a temperar, porque era la casa de mis abuelos. Montábamos a caballo y todas éramos muy buenas jinetas. Considero que fui una niña corriente, estudiaba con mis hermanas y juntas asistíamos al mismo colegio. Entre los hermanos fuimos muy unidos y siempre nos apoyábamos mutuamente”[2].

Las muchachas eran juntas pa rriba y pa bajo, en especial Débora y Elvira, “La Mona”…Anselma, la viejita, nos cuidó desde que mi mama se casó hasta su muerte…la de las Arango es una historia de apoyo incondicional, de complicidad absoluta. Ambas renunciaron al matrimonio, por encontrar una vida en la que el amor filial lo suplió todo: “en Medellín salíamos mucho al cine, al teatro Avenida: Débora, la película más linda que vimos que a vos te gusto tanto este de los toros, de Rita Hayworth..¡Sangre y Arena!. “Eh, Ave María!”, aprueba Débora. Y se iban a juniniar. En la esquina del parque de Berrío se sentaban a conversar y a reírse toda la tarde en el almacén de doña Esther Restrepo de Laverde, manejado por Sofía Posada. Era delicioso ir a ver la ropa tan elegante que llegaba allá”[3].

1914.

Ingresa al colegio infantil de las Isazas, un establecimiento para la infancia de carácter privado. Contrae paludismo. Esta dolencia, junto con las de origen gastrointestinal, estaba entre las principales causas de mortalidad en Antioquia desde finales del siglo XIX. Incluso los médicos eminentes todavía no conocían a ciencia cierta el origen del paludismo. Una de las medidas recomendadas para combatirlo era el cambio de clima. Por ello, Débora Arango pasó durante su infancia varias temporadas con distintos familiares que vivían en las afueras. Por cerca de dos años estudió con las hermanas de La Presentación en el municipio de La Estrella, donde residía con Carina, su hermana mayor casada.

1925-1931

Superada su crisis de salud, regresa a Medellín e ingresa a estudiar en el colegio de María Auxiliadora, el cual junto con el de La Enseñanza, La Presentación y el Colegio Central de Señoritas, eran los únicos que impartían educación femenina en la ciudad. En aquellos años de la segunda década del siglo XX, a las mujeres no se les concedía el mismo título de bachiller que recibían los hombres, sino un certificado de estudios. En el currículo femenino se enfatizaba en la enseñanza de labores que las calificaban para un futuro desempeño doméstico, tales como modistería y culinaria, y otras que se creía contribuían al cultivo de su personalidad, como las manualidades, la música y en ocasiones la pintura[4].

En el colegio de María Auxiliadora enseñaba pintura la hermana italiana María Rabaccia, quien descubrió el gran interés y las especiales habilidades de Débora Arango con el pincel. En sus clases se copiaban al óleo imágenes europeas de distintos motivos y pronto le encargó que corrigiera los trabajos de sus condiscípulas. Tras seis años, la joven abandonó los estudios secundarios en los cuales se atrasaba con frecuencia debido a las secuelas de la enfermedad, y optó por dedicarse a la pintura[5].

“Yo estudiaba en el Colegio María Auxiliadora con monjas salesianas. Tenía entre mis profesores a una religiosa italiana de nombre María Rabaccia; poseía una gran sensibilidad y a ella debo reconocer parte de mi dedicación artística. Ella descubrió, como tu dices, mi talento y con mucha fuerza me repetía: “Sepa Débora una cosa: Dios le dio a usted esa habilidad y debe aprovecharla; el día que Él quiera se la quita y usted tiene que responder por eso”. Pienso que esto lo hacía porque si bien a mí me gustaba pintar, era un poco desjuiciada como cualquier muchacha joven y mi dedicación a esa actividad se daba a raticos y cuando buenamente me placía. Terminé ese año de estudio y la monja llamó a mi mamá para insistirle en la necesidad de que me dedicase a la pintura, porque eran dones que Dios me había dado y como a tales debía responder. Yo era una niña. No tenía más de quince años y ya la idea de poder entregarme al arte me llenaba de alegría”[6].

Para 1925, no era usual ni bien visto que una mujer optase por ser PINTORA. Se aceptaba esta actividad como un adorno a la condición de mujer, como decorativa a la concepción tradicional de feminidad, pero no como una profesión, pues se asociaba más a los referentes masculinos.

“No era como hoy que es normal que la mujer se dedique casi a cualquier actividad. Y, sin embargo, fíjate, mi mamá con su visión e inteligencia como que comprendió no sólo lo que la monja le dijo, sino mis posibilidades y mi vocación. Inmediatamente me ayudó a conseguir la entrada al Instituto de Bellas Artes en Medellín. Desde entonces tanto ella como mi papá y mis hermanos, sobre todo las mujeres, me apoyaron y me estimularon. Mi papá vivía fascinado. Mira que cuando empecé a pintar desnudos, una de mis hermanas, de las mayores, era un poquito escrupulosa y me decía: ” ¡Débora por Dios, no pintés eso, ve. . . qué cosa tan horrible”. Y sabes cuál era la respuesta de mi papá: “Dejála que pinte Jo que sea. El desnudo no tiene nada de malo y además son pinturas muy lindas”. Mi mamá pensaba lo mismo … Siempre fueron muy unidos, vivían muy de acuerdo. Mi papá fue un gran lector”[7].

“No alcance a enamorarme de ningún hombre y ningún hombre se enamoró de mí, porque yo era una figura rara”, dice el reportero Emerio Torres Pérez que nunca le llamó la atención el matrimonio porque el apego a su arte la libró de esa “tentación”. Por eso cuando a su vida llegó algún pretendiente que le sugirió dejar la pintura, Débora Arango le mostro la puerta de salida, aquella misma por donde había entrado. “Ni riesgo de cambiar mi arte por él. Si me safe de los maestros Eladio Vélez y Pedro Nel Gómez para pintar lo que quería, era un imposible inimaginable que fuera a aceptar lo que me ordenara otra persona”[8].

Su sobrina Cecilia Lodoño Arango de Estrada, hija de Raquel, hermana de Débora, decía en 1996 sobre su actitud al respecto del tema: “de su temperamento, es cierto, es casera y por eso se dedicó del todo al arte”. Doña Cecilia fue testigo de esas amistades que pasaron por la vida de la pintora, entre ellas el periodista Carlos Correa. Sin dudar, reafirma lo que Débora ha dicho: solo tuvo amigos, pues ni la flechó cupido, ni despertó amor; al respecto su ahijada reitera: “Nunca tuvo enamorados, aunque fue muy bonita”[9].

1931-1933

Recibe clases particulares de pintura con el maestro Eladio Vélez durante cerca de dos años. Cuando es nombrado como profesor del Instituto de Bellas Artes es su alumna durante otros dos años. Allí establece amistad con Luz Hernández, quien sería la modelo de sus primeros desnudos.

“Con el maestro Eladio Vélez aprendí de preferencia la técnica del retrato. Cultivé ese estilo con entusiasmo. Pero yo sentía algo que no acertaba a explicar. Quería no sólo adquirir la habilidad necesaria para reproducir un modelo o un tema cualquiera, sino que anhelaba también crear, combinar; soñaba con realizar una obra que no estuviera limitada a la inerte exactitud fotográfica de la escuela clásica. No sabía a punto fijo lo que deseaba, pero tenía la intuición de que mi temperamento me impulsaba a buscar movimiento, a romper los rígidos moldes de la quietud (…) un buen día hallé lo que buscaba. Los frescos de Pedro Nel Gómez me revelaron algo que hasta entonces desconocía, algo que no había tenido ocasión de aprender (…) los artistas que comulgamos con la escuela de Pedro Nel Gómez, vamos alejándonos de los viejos moldes y nos inclinamos cada vez más hacia la concepción modernista, revolucionaria del arte destinado a interpretar el anhelo de las masas”[10].

 1936

Conoce los frescos que pinta Pedro Nel Gómez en el Palacio Municipal de Medellín y se integra a su grupo de alumnas durante cerca de año y medio.

“fue el haber conocido los frescos pintados por él en el Palacio Municipal: me gustaron y me llegaron tanto que inmediatamente lo llamé para que me admitiera entre sus alumnos. Me comentó que tenía un grupo de cuatro señoras y que, si ellas me aceptaban, no tendría inconveniente. Me comuniqué con ellas, me aceptaron y así me convertí en su alumna”

 “El estilo revolucionario de Gómez abría ante mí un nuevo y vasto campo de realización y entre por esa senda. Fueron 3 años de intensa labor de aprendizaje. En mi segunda etapa estudios cultivo al principio de la acuarela y luego me inicié, ya al final, en la ejecución de desnudos. De la escuela del maestro Eladio Vélez conservó mucho en lo que en ella aprendí tal como puede verse en el cuadro La merienda. Se ha dicho que yo he realizado mi entrenamiento en la técnica al desnudo bajo la tutela directa del maestro Pedro Nel Gómez. esto no es bien exacto, pues, aunque sigo considerándome una discípula de Pedro nel, lo cierto es que todos los estudios de desnudos que he realizado los ejecutó a mi casa siguiendo a mi propia iniciativa. la técnica de Pedro nel ha influido poderosamente en mi estilo; pero yo he desarrollado el mío con temas propios, siguiendo mis personales inclinaciones”[11].

1937

Participa con sus obras en una exposición de alumnas de Gómez, comentada favorablemente en la prensa de la ciudad: “una exposición que realizamos en Junín, que era el centro de Medellín, las cinco discípulas de Pedro Nel. Una exposición que resultó muy aplaudida y elogiada por la prensa, especialmente el cuadro con el que yo participé que era, recuerdo, un pajarito encerrado en una jaula y se llamaba “Canarios”. Nos reunimos con Pedro Nel a comentar el éxito alcanzado y· él nos motivó para que nos soltáramos, pero sobre todo para que superáramos, la etapa del paisaje y de la naturaleza muerta. Abiertamente nos planteó el que nos introdujéramos en el desnudo, que era, a su juicio en ese momento y al mío también en este, lo más bello de la pintura. Mis compañeras se espantaron y enfáticamente rechazaron la idea de asumir esta temática”.        Cuadro de texto: Ilustración 1: Revista Colombiana, enero 1 de 1937,  donde Laureano Gómez publicó su articulo contra el Expresionismo.Imagen que contiene texto

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Descripción generada automáticamente“Pienso que fundamentalmente por moralismo y por esta razón me retiré de ellas y me dediqué a pintar sola. Con mis hermanos médicos ‘Tulio y Luis Enrique, adquirí algunos conocimientos de anatomía artística y conseguí las modelos: recuerdo que una era caleña, otra era escritora, Clemencia se llamaba y estaba casada con un extranjero. Comencé a pintar al tamaño natural añadiendo pliegos de papel. Invité a Pedro Nel para que fuera a ver mis trabajos y me desanimó, lo noté incluso alejándose de mí. Llamé entonces a Carlos Correa, gran artista y condiscípulo mío, quien tomó una posición completamente diferente: “Seguí adelante, es un gran trabajo, son pinturas muy bellas”, me decía[12].

Paralelamente a estas exploraciones de Débora, se publica en la Revista Colombiana de Bogotá, un artículo en contra del expresionismo, por parte del importante líder conservador y gran figura influyente en la vida social y política de la época, Laureano Gómez:

“El expresionismo es un síntoma de pereza e inhabilidad del arte pues el arte es la actividad competente sometida a reglas descubiertas por la razón, morigerada por el gusto e iluminados por el sentimiento”, comentaba también que el movimiento artístico era el refugió de quienes “no sabían dibujar y habían olvidado el caudaloso y sabio legado de la antigüedad  occidental, y dejaban reproducir cómo era debido una impresión noble y delicada en el espectador”, y remataba: “cómo pretender lograr ese resultado cuando se carece de habilidad para reproducir con exactitud miras manos sonrisas contracción de los músculos matices de las actitudes?”[13]. Estas apreciaciones del caudillo conservador muestran en el fondo, un enfrentamiento que por entonces se producía entre el ideal del arte como reproducción y el arte como interpretación y expresión de nuevas realidades.  

1938

Hacia finales de los años treinta, la pintura antioqueña se encontraba agrupada en dos tendencias opuestas, cuyos enfrentamientos irónicos y agresivos pueden seguirse en la prensa de la época. La pintura de Pedro Nel Gómez se calificó de “revolucionaria” y “antiburguesa” y sus seguidores fueron llamados “pedronelistas”; mientras que los cuadros de Eladio Vélez fueron tachados de “reaccionarios, capitalistas y filisteos” por sus enemigos. Sus simpatizantes fueron llamados “eladistas”. formada entre los valores estéticos de las dos corrientes pictóricas en contradicción, Débora Arango empezó a pintar independientemente en 1938.

1939

Muere su madre. La prensa de El Colombiano, reseño así la muerte de Elvira Pérez:

Cuadro de texto: Ilustración 2 periódico El Colombiano, 1940“En la noche del martes último falleció en esta ciudad de una manera completamente inesperada, La señora doña Elvira Pérez de Arango, esposa don Castor de Arango, con quién había formado un hogar respetabilísimo en nuestra sociedad. doña Elvira estuvo recientemente en firma de gravedad, víctima del tifo, pero ya su salud se había restablecido casi por completo, cuando súbitamente le sobrevino un ataque al corazón que en breves instantes le produjo la muerte. la señora Pérez de Arango era la madre de los doctores Luis Enrique y Tulio Arango Pérez , profesionales ampliamente conocidos y apreciados en el cuerpo médico de Antioquia, y quienes tienen sus residencias el 1º en Medellín, y el 2º en la capital de la República desde hace largos años”[14].

Por su parte, el periódico El Diario, decía: “Bajo la tutela que formó con sus virtudes y con sus cualidades de matrona modelo, levantó una familia que ha sabido llevar en alto el ejemplo para hacerse a la estimación general”[15].

Participa en la Exposición de Artistas Profesionales organizada por Marco A. Peláez, secretario de la Sociedad de Amigos del Arte en el Club Unión de Medellín, entre el 18 y el 26 de noviembre de 1939. Presenta nueve obras, entre ellas los desnudos a la acuarela Cantarina de la rosa y La Amiga, y el retrato de grupo hermanas de la Presentación, premiado por los jueces para eludir los desnudos y a la vez reconocer el talento de la artista. Los desnudos despiertan gran escándalo en la ciudad, avivado por la prensa conservadora y por Eladio Vélez, quien buscó que la Iglesia censurara a la pintora.

Estas acuarelas estaban pintadas en pliegos de papel unidos. “Este procedimiento de unir pliegos de papel había sido utilizado por su amigo Carlos Correa hacia 1934 para pintar un desnudo titulado: la maternidad blanca. A diferencia de los desnudos de entonces pintados en Colombia, aquellas acuarelas son muy vivas, las poses están llenas de desparpajo, la modelo en muchos casos mira abiertamente al espectador y conserva su vello púbico”[16]. “Pueden los espectadores no gustar de la escuela o tendencias a las que aparece inclinada de Débora Arango, pero tendrán que confesar todos que en las obras de esta muchacha hay algo particular; algo que es temperamento, personalidad, vigor, atrevimiento artístico que ninguno de sus compañeros de salón posee, teniendo quizá alguno de ellos más dibujo y más técnica que ella”[17].

La polémica, sin precedentes en la prensa de Medellín, tomó un cariz político. El periódico liberal El Diario defendió con vehemencia la obra de Débora, decía que pertenecía a “una familia de tradición católica y cristiana conocida por su piedad sin estrépito sí por la novia pureza de su vida”; y puso como ejemplo los desnudos artísticos clásicos localizados en algunos lugares sagrados para mostrar que eran compatibles e invitó a ver la exposición por ser una excelente oportunidad para aprender a distinguir entre arte y falta de moralidad entre ética y estética.

Entre tanto la prensa conservadora como La Defensa, la obra de Débora eran “brochazos lúbricos”, “pinturas al deshabillé”, “falta de higiene moral”, de obras impúdicas que “ni siquiera un hombre deberá exhibir”. El mismo periódico desafío a la artista “dejarse publicar al pie del mismo cuadro con que han querido conquistar los lauros que considera muy marchitos”.

Débora Arango recibió el único premio de la exposición. Para sortear la polémica, el jurado, del que formaron parte Félix Mejía Arango (1895–1978), Carlos Posada Amador (1908–93) y José Posada Echeverri (1906-52), optó por otorgar el primer premio de $100 (cien pesos) a Hermanas de la Caridad, obra que muestra un grupo de recatadas monjas.

Imagen que contiene texto, periódico

Descripción generada automáticamenteLos “eladistas” rechazaron el fallo y en una carta de protesta dirigida al jurado dijeron: “vuestro concepto artístico es lastimoso, y vuestro fallo de unos razonamientos mezquinos y parciales (…)ahora no sabemos cómo os vais a depender de las lluvias desnudos y acuarelas que mañana reclamará premio”. Esta polémica estuvo enmarcada por el ambiente de cambio creado por las reformas políticas y económicas liberales emprendidas por la Revolución en Marcha (1934-38) del presidente Alfonso López Pumarejo, impugnadas por sus aguerridos opositores conservadores

Por otro lado, el pintor Ignacio Gómez Jaramillo (1910-1971) criticó duramente a la mayoría de los expositores por no ser pintores profesionales, como si eran en su opinión Eladio Vélez, Carlos Correa, Pedro Nel Gómez y él mismo.

Cuadro de texto: Ilustración 3: El Colombiano, 1940En entrevista al periódico El Diario, el 20 de noviembre de 1939, Débora explicaba su evolución en estos términos: “con el maestro Eladio Vélez aprendí de preferencia la técnica del retrato…pero yo sentía algo que no acertaba a explicar…soñaba con realizar una obra que no estuviese limitada a la inerte exactitud fotográfica de la escuela clásica…no sabía a punto fijo lo que deseaba, pero tenía la intuición de que mi temperamento me impulsaba a buscar movimiento, a romper los rígidos moldes de la quietud…un buen día hallé lo que buscaba. Los frescos de Pedro Nel Gómez me revelaron algo que hasta entonces desconocía, algo que no había tenido ocasión de comprender. El estilo revolucionario de Gómez abría ante mí, un nuevo y vasto campo de realización. Y entré por esa senda. Fueron tres años de intensa labor de aprendizaje…todos los estudios de desnudos que he realizado los he ejecutado en mi casa siguiendo mi propia iniciativa. La técnica de Pedro Nel ha influido poderosamente en mi estilo; pero yo he desarrollado el mío con temas propios, siguiendo mis personales inclinaciones” (El Arte no tiene que ver con la moral, afirma Débora Arango”).

La reacción de la familia en medio de la polémica fue de: “apoyo total. Solamente mi hermana, la que te contaba que era algo escrupulosa sufría un poquito, pero ella me respetaba y también me apoyaba. Algunos amigos de la familia se alejaron de nosotros; otros, se excusaban de asistir a la exposición y pedían ver las obras en privado … En fin…Pienso que hasta ciertos admiradores personales se atemorizaban sin que fuera tampoco una situación generalizada … Recuerdo que un pretendiente mío al ver el alboroto que se había armado seguramente se asustó y me insistía en que dejara eso, en que no me convenía. Simplemente le contesté que primero, que él estaba mi pintura y lo que yo pensaba de ella”[18].

 Ante la virulencia de las críticas hacia su obra, Débora tomo un tono tranquilo y “a pesar de ser católica y practicante, jamás sentí escrúpulo alguno. Siempre he tenido mi conciencia en paz y eso es lo importante”.

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Descripción generada automáticamente1940

Ilustración 4: Periódico La Razón, 6 de octubre de 1940

Débora participa el 12 de octubre, con tres acuarelas de gran tamaño en la Exposición del Primer Salón Anual de Arte Colombiano, en Bogotá, en el teatro Colón: Braseros, Matarifes y Montañas, por invitación del ministro de educación Jorge Eliecer Gaitán[19], importante caudillo liberal.

“He venido a Bogotá con el ánimo de exhibir mi obra pictórica de este año y de presentarme a la exposición Nacional de Arte colombiano, con la esperanza de obtener algún estímulo, proyecto pues dos presentaciones una en el teatro de colon integrada por 3 acuarelas cuya apertura tendrá lugar el próximo sábado y otra en el salón de la Biblioteca Nacional compuesta por trece acuarelas, entre las cuales figuraban seis desnudos” (Indulgencia, La Mística, Bailarina en Reposo; Friné y Bañista, entre otras) y cuadros de temas regionales ( Carteleras, Kisko, Plaza de Mercado, Hermanas de la caridad, Cartagena, El Bosque y En el Barrio)[20].

Ilustración 5:  Periódico El Diario, año 1940

“Yo era muy amiga de Amparito, la novia de Gaitán y ella me admiraba mucho. Le habló a él de mis pinturas hasta que logró interesarlo, al punto de que CO· m o Ministro de Educación me envió una tarjeta invitándome a realizar una exposición en el Teatro Colón de Bogotá. Fue realmente maravillosa. Gaitán mandó que se arreglara con todo esmero y que se adornara con flores y él como Ministro de Educación inauguró oficialmente la exposición. Asistió muchísima gente y la prensa y Cuadro de texto: Ilustración 6: Periódico El Colombiano, 1940Imagen que contiene texto

Descripción generada automáticamentegrandes personalidades de la capital se interesaron positivamente en mi obra. Y la anécdota no podía faltar: como en la esquina del Teatro Colón quedaba el Colegio San Bartolomé de los padres jesuitas, yo veía grupos de muchachos que corrían, entraban y salían y gritaban: “no salgas todavía” o “sal ya que el hermano no está”. Me fui a averiguar acerca de lo que sucedía y resulta que estos muchachos eran estudiantes de ese colegio y les habían prohibido asistir a mi exposición con la advertencia de que si lo hacían, serían expulsados … Por eso entraban a escondidas …”

Cuadro de texto: Ilustración 7:  Periódico El Colombiano, 1940Imagen que contiene texto, libro, suelo

Descripción generada automáticamenteLa vanguardia literaria del momento, representada por el poeta piedracielista Eduardo Carranza y por César Uribe Piedrahíta (1897-1951), presentaron la muestra. Uribe Piedrahíta escribió: “quien iba a suponer que de un rincón de la montaña austera de un ambiente timorato e hipócrita viniera una niña artista, pintora de grandes desnudos e iluminada con clara luz de la naturaleza inocente(…) Esta exposición de pintura ha de servir para rasgar el velo de falso pudor y de hipócritas prejuicios tras el cual se esconcen maliciosamente los moralistas corrompidos”[21].

Su exposición fue la oportunidad que tuvo el líder conservador Laureano Gómez para atacar a Gaitán, a través del periódico El Siglo: “Laureano Gómez afirmó que mis acuarelas eran un atentado contra la moral ciudadana, contra la cultura y contra el buen gusto y además, un irrespeto para el aristocrático lugar en el cual estaban expuestas y que Gaitán era quien estaba auspiciando semejantes inmoralidades”.

Al referirse a lo ocurrido en Medellín: “en efecto algunos periódicos de Medellín, “La Defensa”, por ejemplo, acogieron en sus columnas algunas críticas sobre mis cuadros, pero no como fuera de pensarse, críticas sobre su valor artístico, sino sobre su significado moral. Los mismos compañeros y colegas míos que hicieron reprocharme esa inclinación mía al desnudo y a la expresión de pasiones fuertes, que yo misma ignoraba y que produjo un extraño desconcierto entre quienes asistieron a la exposición” [22].

Como conclusión de su exposición en Bogotá, el periodista del Heraldo concluye: “En general, la obra de Débora Arango desconcertante, por tratarse de una mujer, admirable por la fuerza que esta misma circunstancia le imprime, e indudablemente valiosa en su concepción y en su factura”.

Además, ya desde 1937 Laureano Gómez había manifestado su desagrado frente a la obra y el movimiento expresionista, reivindicado por Débora, en un artículo de prensa que decía: “El expresionismo es un síntoma de pereza e inhabilidad del arte pues el arte es la actividad competente sometida a reglas descubiertas por la razón, morigerada por el gusto e iluminados por el sentimiento”, comentaba también que el movimiento artístico era el refugió de quienes “no sabían dibujar y habían olvidado el caudaloso y sabio legado de la antigüedad  occidental, y dejaban reproducir cómo era debido una impresión noble y delicada en el espectador”, y remataba: “cómo pretender lograr ese resultado cuando se carece de habilidad para reproducir con exactitud miras manos sonrisas contracción de los músculos matices de las actitudes?”[23]. Estas apreciaciones del caudillo conservador muestran en el fondo, un enfrentamiento que por entonces se producía entre el ideal del arte como reproducción y el arte como interpretación y expresión de nuevas realidades.  

En su defensa, la artista había declarado desde 1939: “Yo tengo mi convicción de que el arte, como manifestación de cultura, nada tiene que ver con los códigos de moral. El arte no es amoral ni inmoral. Sencillamente su órbita no intercepta ningún postulado ético[24]. Concretamente el arte se identificaba con la vida, que expresa las profundas realidades interiores de los seres humanos: “Mi especialidad es la figura naturalmente, y más que la figura la expresión. en el colorido prefiero los colores fuertes. – y en la expresión (pregunta el periodista): la expresión pagana, porque surge espontáneamente de mi temperamento. en alguna ocasión traté de dibujar el rostro caso de una mujer para hacer la mística y contra todas las fuerzas de mi voluntad resultó el rostro de una pecadora (…) debe ser qué veo en todos los rostros humanos pasión y paganismo (…) hago paisajes y desnudos porque en el paisaje y el desnudo de estar de naturaleza palpitante y escueta y créame que encuentro mayor arte en estos cuadros sinceros que en los amanerados y desfigurados por los prejuicios de la gente”.

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Ilustración 8: Periódico El Tiempo, 1940. De izquierda a derecha: Dario Achury Valenzuela, Gerardo Ospina, Débora, y Eduard Carranza, quien dió el discurso de presentación de la artista.

La exposición en la capital, como hemos visto, desató una controversia y puso de presente varios aspectos. En primer lugar, una nueva mentalidad estaba surgiendo como expresión de nuevas realidades sociales en contradicción de las concepciones tradicionales. Los defensores de estas concepciones tradicionales libran una batalla plástica para oponerse a lo que pudiera constituir un menoscabo al poder que derivaba de ellas. La pugna encontró una formulación en postulados estéticos enfrentando lo que llamo el columnista conservador José Mejía y Mejía “la estética de la reproducción con la estética de la interpretación”.

En segundo lugar, las discusiones sobre los desnudos también permitieron que emergiera con claridad la concepción dominante en la sociedad sobre la mujer y lo femenino. Para los defensores de la obra, desde ahora, Arango utilizaba el cuerpo humano como un medio para crear belleza y comunicar emociones, pero el cuerpo humano es el cuerpo de la mujer “fuente inagotable de inspiración a través de las edades “Luis Vidales entonces poeta vanguardista escribió: “Débora Arango, de masculina potencialidad del modelado y audacia en el trazo”.

Años posteriores, en 1986, Débora analizaba la mentalidad de los medios de comunicación y sus conceptos frente a su papel de mujer como artista: “Fijate que incluso para los seguidores de mi obra, para quienes la han admirado y aplaudido, como que no les cabía en la cabeza que proviniera de una mujer y por eso afirmaban: “Débora Arango, de masculina potencialidad en el modelado y audacia en el trazo” … “La obra de Débora Arango es desconcertante por tratarse de una mujer“. Un periódico liberal de la capital que me realizó una entrevista hace muchos años decía que “querían conocer esa mujer varonilizada que algunos diarios de Medellín habían pintado y se encontraron con una mujer encantadora, sencilla, íntegramente femenina, una mujer como casi todas las mujeres colombianas, pero que se diferencia de ellas en que tiene una virtud admirable: el valor“. Esto que te cito habla por sí sólo: Somos incapaces por naturaleza y cuando somos capaces es porque usamos atributos masculinos como la potencialidad, la fuerza, el valor… ¿Cómo te parece?”[25].

Participa en el Primer Salón Anual de Artistas Colombianos, donde de cuatro cuadros que tenía derecho a exponer, solo le exhiben dos: Braseros y En el barrio.

El alcalde de Medellín la nombra integrante de la Junta de Estética del Espacio Público y de Censura de cine del teatro María Victoria.

En un artículo de prensa titulado Débora Arango Pérez o la Bizarría Estética, nace el concepto de la expresión pagana: “Mi especialidad es la figura, y más que la figura la expresión. La expresión pagana, porque surge espontáneamente de mi temperamento. En alguna ocasión traté de dibujar el rostro casto de una mujer para hacer “La Mística”, y contra todas las fuerzas de mi voluntad resultó el rostro de una pecadora…yo misma no tengo la culpa. En todo caso no creo que esas inclinaciones respondan a un estado del alma identificado con esas expresiones. No siempre el artista se refleja en sus cuadros, y yo tengo un espíritu tranquilo, reposado y analítico. El fenómeno debe surgir probablemente de la interpretación emocional que me producen los demás. Debe ser -lo estimo- que veo en todos los rostros humanos pasión y paganismo[26].

1941

Dibuja en el Manicomio Municipal de Medellín y en el anfiteatro.

Inicia una etapa donde sus cuadros y pinturas se alimentarán de las diferentes problemáticas de la población de Medellín: el alcoholismo, la prostitución, la pobreza, los bares y la vida nocturna con sus clientes, todo pintados con fuertes colores y con deformaciones del rostro, como se puede apreciar en el cuadro los que entran y los que salen.

En 1941 solicita de sus hermanos Gerardo y Roberto Arango la cancelación de $3.000 pesos que recibió de la liquidación de la sociedad que tenían con su padre Castor Arango: “Les pido el servicio en forma muy comedida de atender a la cancelación; pero si ellos no les fuera posible, porque sus negocios sufran perjuicios que no deseo darles, qué convengamos la forma de pago, documento que debe otorgarse y lo demás propio de estos casos. No tomen ustedes esto a mala voluntad de mi parte, pues es el derecho que una mujer debe ejercitar en guarda de sus intereses, con lo poco productivas que son sus actividades, y en cumplimiento de un deber para conmigo misma”[27].

1942

La reproducción de sus obras en la Revista Municipal de Medellín, que incluye un artículo sobre la pintora junto a otro dedicado al arzobispo de la ciudad, despierta el rechazo de la Iglesia y de la prensa conservadora. La publicación, de índole oficial, consideró que Arango era el “máximo exponente de nuestro arte pictórico”. En el mismo ejemplar apareció un saludo protocolario al recién posesionado monseñor Joaquín García Benítez. Indignado por la vecindad con la pintora y los desnudos, el prelado pidió recoger la edición y en el Concejo de la ciudad tuvo lugar un fuerte debate. De nuevo la prensa conservadora atacó a la pintora y a la revista, la cual fue calificada como “publicación inmunda”. De la artista se dijo que “se complace en propalar a los vientos el corruptor e inelegante morbo de la lubricidad”[28].

Al respecto Débora comentaba: “Recuerdo cuando publicaron algunas de mis obras en la Revista Municipal de Medellín y en la misma edición había una foto y un saludo del Arzobispo de la ciudad. ¡No te imaginas lo que se armó! Hasta pornográfica me dijeron … Finalmente, decidieron recoger la edición por orden de la curia”[29].

Participa en el segundo concurso-exposición de pintura, realizado en el Museo de Zea de Medellín, con artistas profesionales: “con varios desnudos, entre ellos un cuadro que se llamaba “Adolescencia”. Esto llegó a oídos del arzobispo y con la opinión de que se trataba de una obra impúdica y no sé qué más cosas. El señor arzobispo me llamó a interrogarme y a recriminarme. Yo le pregunté si ya había llamado a Pedro Nel Gómez que también estaba exponiendo desnudos en el mismo lugar y en el mismo evento. Su respuesta fue: ” … es que él es hombre”. Le comenté que no sabía que existieran pecados de hombres y pecados de mujeres … Ante esto, no tuvo una respuesta valedera. Ahora bien, mis sacerdotes de “cabecera” siempre me apoyaron y me animaron a pintar lo que quisiera. Tenían una posición mucho más abierta. Más libre”. (Laverde Toscana, María Cristina “Una pintora proscrita”. En: “Así hablan los artistas”. Bogotá, Universidad Central, 1986).

Por otro lado, las damas de la liga de la Decencia también se habían quejado ante el arzobispo de la ciudad, quien la amenazó con la excomunión. “Él me llamó (el arzobispo), y tuve que ir al palacio arzobispal. Ignacio Isaza me acompañó para que no me fuera a dar tres vueltas. Me preguntó que de donde sacaba yo los modelos para esos cuadros. “son las hijas de las damas de la decencia”, le respondí. Me pidió que le explicara: “Sí, porque yo voy al club Campestre y ellas están en la piscina en todas las poses y de allá las saco”. Al salir, nos ordenó le lleváramos el cuadro para verlo. “Ese gusto no se lo vamos a dar, señor arzobispo”, le contesto Ignacio.

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Ilustración 9: “Manifiesto de los artistas independientes de Colombia”. En: Catálogo: Exposición de los artistas independientes. Museo Nacional de Colombia, 1944.

1944.

Ante el fracaso de la apertura del IV salón Nacional de Arte de Medellín, surgió La Exposición de artistas independientes, junto a otros colegas comoRafael Sáez, Pedro Nel Gómez, Gabriel Posada, Maruja Uribe, Jesusita Vallejo y Graciela Sierra, quienes firman el Manifiesto de los artistas independientes, inspirado tardíamente en los postulados americanistas del muralismo mexicano, específicamente de Siqueiros y Rivera en 1921, con la “llamada a los artistas de América”.  En él se plantea la importancia de la pintura al fresco como medio de enseñanza para el pueblo y aboga por una pintura independiente de Europa.

Estos son los puntos:

  1. El arte es una de las formas de la actividad humana, necesario al desenvolvimiento de los pueblos.
  2. los artistas colombianos independientes, queremos sentir, ante todo, la pintura como americanos. Queremos sentirnos afines con todos los artistas del continente, pero distintos y en grupos en cada uno de los países americanos.
  3. propendemos por la instauración del fresco en el país, como pintura para el pueblo.
  4. es el Estado el que necesita a los artistas como fuerza de la economía nacional, y no los artistas del Estado.
  5. El arte tiene su propia política
  6. En nuestra República, cada sección formará su grupo de artistas independientes.
  7. La obra de intercambio en la pintura mural al fresco debe ser recíproca.
  8. antes que un beneficio económico, buscamos educar artísticamente a nuestros pueblos.
  9. Pintura INDEPENDIENTE, es pintura independiente de Europa.
  10. respetamos profundamente todas las culturas antiguas y modernas; pero declaramos que ellas no son transmisibles, menos en América. Esas gigantescas culturas no nos pertenecen.
  11. El grupo de artistas independientes forma parte activa del movimiento continental que ya está trabajando intensamente como un hondo sentido americano, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego.
  12. una revolución en el arte es un florecimiento; y
  13. Lo grandioso en el sentido heroico de nuestra época será uno de los grandes objetivos de los artistas americanos. Medellín, febrero de 1944

Es el año más prolífico de la artista, con numerosos oleos: la lucha del destino, adolescencia, los que entran y los que salen, retrato de Matilde, desnudo, el Regreso y maternidad.

1945

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Descripción generada automáticamenteCuadro de texto: Ilustración 10:  Periódico La Nueva Generación, 22 de enero de 1945Se traslada a vivir con su padre, cuatro hermanas y un hermano a Casablanca, hogar de sus abuelos localizada en Envigado, cuya construcción se remonta a la década de 1870.

Las hermanas no les faltaba programa en Envigado, salían a montar a caballo hasta Caldas, en una época donde se veía bien que una mujer montara de falda y de lado. Débora no, cabalgaba de slack y de frente, a pesar de las frases groseras que recibía. En la noche: “salía en su coche, la joven Débora de sombrero y empuñando la cabrilla con guantes blancos”[30].

Sale comentario periodístico de Guillermo Forero Benavides director del Periódico La Nueva Generación, resaltando las cualidades de su obra: “Desarrollar hasta el máximo la personalidad humana, exaltar todos sus atributos buenos o malos pero expresión de ese subfondo de la conciencia de los hombres, dar una expresión artística a esas fuerzas sentimentales o instintivas pero permanentes y fundamentales que hacen del hombre la indisoluble unión de animal y espíritu, tales son, en mi concepto, las directrices que por imposición de su propia personalidad estética…los artistas son al fin y al cabo, los escrutadores de la vida humana”[31].

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Ilustración 11: Pasaporte de Débora, 1940. Fuente: Cuaderno de notas, Santiago Londoño.

1946

Conoce a New York en compañía de su hermana Elvira y luego estudia durante tres meses en México pintura al fresco o mural en la Escuela Nacional de Bellas Artes, bajo la dirección del maestro Federico Cantú. Ninguno de sus antiguos profesores en Medellín quiso darle una simple carta de recomendación:

“¿Débora, para usted ha sido muy difícil ser artista en este medio?  Pues mira. yo creo que no tanto y por todo lo que hemos hablado. Mi familia fue definitiva para allanar mi camino, pero sobre todo mi temperamento, mi manera de ver y sentir la vida, mi tranquilidad frente a las cosas. Siempre he confiado en mí y en mis capacidades y por esto a pesar de la avalancha de críticas y de la oposición a mi obra, nunca dejé de pintar. No lograron impedírmelo. Lo único que me prohibieron y contra lo cual nada pude hacer fue el realizar mis murales. La sociedad no me lo permitió por haber cometido el delito, como te decía de pintar desnudos. Solamente hace muy pocos años me ofrecieron la posibilidad, cuando ya físicamente no podía: por el reumatismo y la anemia aguda que padecía era incapaz de enfrentarme a esas grandes paredes con las que tanto soñé”.

Quería estudiar muralismo por sobre todas las cosas y como en Colombia no tenía oportunidad, pues decidí viajar a los Estados Unidos. Allí me invitaron a exponer mis obras en el Museo de Arte de Nueva York, pero desafortunadamente no pude aceptar. Debía viajar a México para iniciar mis estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Me admitieron sin recomendación y mi única carta de presentación fueron las obras que llevaba conmigo. Así aprendí la técnica del “fresco”. Regresé a Medellín y me dediqué a experimentar”[32].

Pero también regreso a Colombia para atender los problemas de salud de su padre, “quedo como 18 años en silla de ruedas y me dediqué a cuidarlo. Eso era mucho viejo tan hermoso. Todo le gustaba, era un gran lector y un padre maravilloso. Entonces hice cerámicas en la Locería Colombiana. Los zócalos de Casablanca y una jarras y platos decorados, ahí los ve”[33].

1948

En la antigua sede de la Compañía de Empaques (actual sede administrativa de Almacenes Éxito, y centro comercial Viva Envigado), gerenciada por su cuñado Jaime Londoño, pinta su único mural al fresco en un lugar público, llamado Recolectores de fique (2.40 x 540 mts). 

“Lo pinté en la fabrica de un cuñado. Su temática estaba referida al cultivo y transformación de la cabuya en todo su proceso. Eran recuerdos de infancia. Cuando niña, tuve la oportunidad de observarlo y valorarlo detenidamente, pues vivíamos cerca a un lugar donde cultivaban y elaboraban la cabuya de manera muy artesanal. Sin embargo, fue un trabajo del que no quedé muy satisfecha; quizás por ser el primero, tuvo muchos vacíos”. (Laverde Ibid., página 48).

“El muralismo colombiano tuvo los mismos principios que el muralismo mexicano; casi todos los muralistas viajaron a México y conoció de cerca a Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Muchos de sus trabajos guardan una semejanza específica, no sólo en el campo ideológico sino del nivel de la figuración exaltada y simbólica, en la complejidad de la composición de los murales, En la necesidad de retomar los temas históricos para volver a contar la historia y en la inevitable búsqueda de la identidad a través de la reivindicación de la raza indígena” (Ana María Escallón, Las artes plásticas en el siglo XX: los ojos se despiertan. En: gran enciclopedia de Colombia, Tomo arte uno, círculo de lectores, 2007, Casa Editorial el tiempo, página 21).  Recordemos que Débora había firmado en 1944 El Manifiesto de los artistas independientes que afirmaba: “la instauración del fresco en el país, como pintura para el pueblo, buscamos educar artísticamente a nuestros pueblos”.

Sigue por la radio los violentos acontecimientos ocurridos el 9 de abril en Bogotá a raíz del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán; dibuja y pinta a la acuarela distintas imágenes alusivas a los hechos.

“De política nada. Nunca hablamos de eso en la casa. Mi mamá se volvió conservadora porque los liberales se llevaron a la fuerza su único hermano y lo mataron en la guerra de los mil días. Mi papa era liberal, pero muy religioso. Hacía con frecuencia el viacrucis y le gustaba mucho la hora católica. Yo nunca he votado, no más una vez por Belisario. Ni liberal ni conservadora. Yo lo que he sido es muy metida”.

1951

Muere su padre.

Ilustración 12: Autorretrato con mi padre (1950)

En junio de 1951 se inaugura en Bogotá el I Salón de Arte Femenino.  El crítico de arte de origen polaco Casimiro Eiger (radicado en Colombia desde 1943) se pregunta por la legitimidad y el significado de un muestra artística que se organizaba alrededor de la categoría de “lo Femenino”: “Lo que caracteriza una exposición de carácter serio es la calidad de los participantes y, ante todo, la absoluta y radical separación entre los artistas de vocación definida y los aficionados, incluso de los desierto talento…y que habrían debido integrada en el salón femenino artistas reconocidas en todo el país y que han demostrado su talento con exposiciones individuales cómo Alicia Cajiao, Lucy Tejada Sofia Urrutia, Hena Rodríguez, Débora Arango[34].

1954

 Viaja a partir de marzo por primera vez a Europa, a España y sigue cursos de dibujo, pintura mural y cerámica en la Academia de San Fernando en Madrid, luego se trasladó a estudiar a Florencia y París, con el fin de ejercitarse más en la pintura mural que había iniciado en México. Por ello, la prensa de Medellín comentaba que igualmente otras artistas también habían viajado a ese país con ese mismo propósito: Olga Yepes de Castaño y Lola Vélez[35].

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Ilustración 13: Recorte de prensa, 7 de marzo de 1954

Visita con frecuencia el Museo del Prado, donde se interesa especialmente por El Greco, Goya y Rivera. Su propósito era “conocer de cerca a las figuras más destacadas de las artes plásticas españolas, su quehacer y sus inquietudes en el momento por que atraviesa el mundo”[36].

En una anécdota, recuerda años después, que en un viaje a Tánger, pierde un grueso cuaderno de bocetos a manos de la mucama del hotel.

En abril de 1954, Débora recorre la región de Cataluña en compañía del poeta Jorge Montoya Toro, y especialmente en Barcelona asisten a la tertulia de importantes escritores como Luys Santa Marina, Joaquín Montaner y Bartolomé Soler. Visitando exposiciones de pintura en La Casa Grifé & Escoda, su director “vio las acuarelas de la pintora antioqueña, le brindó gentil y desinteresadamente exponer en aquel local uno de los más prestigiosos salones de Barcelona.  El cronista de la visita José del Castillo comentaba que varios críticos de arte le habían ofrecido otras salas de exposición: “El suyo es un triunfo tan grande que, para calibrarlo se necesita saber que las salas de exposiciones se contratan con una temporada por delante, que los gastos iniciales son enormes y que sólo se ofrecen con un fuerte tanto por ciento sobre la venta a los consagrados. Yo tengo la impresión que la primera sorprendida fue ella. No pensaba ni en exponer, ni en una unanimidad tan grande de la crítica y de los directores artísticos de salas y galerías. Ella se encogía un poco, con su timidez característica. Si declino las invitaciones, porque le urgía marchar a Madrid, era más bien por no enfrentarse tan recién llegada con el éxito que se le venía encima con los brazos abiertos”[37].

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Ilustración 14: Dos Paisas en Cataluña. Periódico El Colombiano, abril de 1954.

En una entrevista luego de su viaje a Europa y a la academia de San Fernando comentaría entre otras cosas: “La labor del artista es de permanente progreso, de proyección hacia sí mismo, y es claro que tras visitar los museos europeos en donde se encuentra la creación de los más grandes artistas, el contacto con las gentes, el paisaje variable, las ciudades milenarias incitan a revaluar conceptos, al análisis profundo, a recrear si la palabra es admisible…Viajar es renovarse, para el que se dedica al arte como para el que se dedica a la literatura indispensable conocer otros horizontes, barajar temperamentos, empaparse de la diversidad de caracteres que pueblan la tierra. El maravilloso recreo que supone viajar espero realizarlo de nuevo cualquier día de estos”[38].

A su regreso, Débora realizaría trabajos de cerámica que comprendía jarrones, platos, tazas y diversidad de objetos, en intervalos de tiempo con sus trabajos de pintura.

1955

Abre una exposición por invitación del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid el 28 de febrero, con treinta obras, la cual es clausurada al día siguiente por orden del gobierno del General Francisco Franco.

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Ilustración 15: En la sala de exposiciones del Instituto de Cultura Hispánica, de izquierda a derecha: Debora Arango, Eduardo Caballero Calderón, Eduardo Carranza, Ramon de Zubiría y Maruja Ronuez.

“el montaje y el arreglo de la exposición fue de los más hermosos que he tenido en mi vida. Las banderas española y colombiana a la entrada, y hasta el último detalle se tuvo en cuenta. Llegó la noche de la inauguración y el encargado de su apertura era Eduardo Carranza (consejero cultural de Colombia en España). Yo estaba radiante, plena. El tiempo pasaba y él no hablaba y en el salón no cabía una persona más. Le pregunté sobre lo que sucedía. ”Nada, dejemos lo de las palabras para después “, me respondió. Yo no entendía, pero tampoco sospechaba algo desagradable. A la noche siguiente cuando regresé con unas amigas francesas, todo estaba apagado y la gente en tumulto esperando afuera. Intentamos averiguar lo que ocurría y el portero contestó que las luces se habían dañado. Al otro día me informaron que mis cuadros habían sido retirados por orden no sé de quién. Sin ningún tipo de explicación. Nadie fue capaz de poner la cara y contarme las razones. Fue un golpe durísimo. Inmediatamente regresé a mi país”[39].

Es posible que el gobierno español de Francisco Franco haya resuelto cerrar la exposición por recomendación de Laureano Gómez que se encontraba en esa época de visita en Madrid y que había escrito duras críticas a la obra de Débora. El partido conservador consideraba que su obra, no correspondía con los ideales de la cultura nacional que pregonaba, es decir, con la fundamentación y origen hispánico, pues Débora estaba enmarcada en el movimiento cultural artístico del grupo Bachué que defendía la identidad a partir de las raíces indígenas americanas y las expresiones populares y sociales de la población colombiana.

Bourdieu, en Las reglas del arte (1995), expone cómo la determinación social de la producción artística se hace no sólo en relación con la producción sino la recepción de la obra. Es decir, el contexto histórico y político no sólo condiciona la creación de la obra, las prácticas de los artistas, sino que también determina la configuración de la mirada que se arroja sobre ellas y la valoración de las mismas[40].

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Ilustración 16: sala del Instituto de Cultura Hispánica, 1955

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Ilustración 17: Presentación de la exposición por la crítica Elisa Mujica, 1955.

Por ello dentro del balance de las artes plásticas en el siglo XX, la crítica de arte Ana María Escallón comenta: “Ella es realmente la pintora que representa su época bajo cualquier circunstancia, y es la única que sirve de puente hacia ese repentino despertar del arte moderno, que ocurre al final de la década del cincuenta”[41].

Viaja por distintos países. Regresa a Colombia y expone cerámicas en el Centro Colombo Americano de Medellín.

Estando en Madrid, le escribe a su hermana “Elvia: esta boletica por si no les ha llegado la carta en donde les digo donde voy a tomar el barco. hago la correría por Europa saliendo de aquí el 13 de mayo a las 8 de la mañana y regreso a principios de junio. (esto para ustedes solas porque pienso decir que me gaste 3 meses en la correría). así que el dinero me lo mandas si no pues unos pocos días antes de mayo, el primero si es posible para tener tiempo de hacer los cambios, dí en el banco que la Universidad nos va a llevar en la excursión y qué necesitamos el dinero antes, si no puedes no te preocupes que en 8 días llega muy bien. El dinero de julio creo que me lo vas a tener que mandar a (dirección) Santander avenida de los gastos número 15 Villa Pilis ) donde estuve veraneando el año pasado, que como me tengo que ir unos días antes Para recibir el equipaje no alcanza a llegar aquí antes de marchar, pero eso ya te lo avisaré con tiempo, y aquí mediatamente llegue. yo les pondré tarjetas de todas partes y el todo es que el dinero me llegue para tener con qué comprarles las cosas porque por qué debiera si no me quedo, no tengo pago casi por cuotas. dile a Jaime que me puede enviar el dinero para los cuadros cuando quiera que ella pronto los terminan y que arregle para mandarlo como mejor te convenga a ti. Dile a raca que si ella sabe si Olga mando las 100 pesetas de las cachirulas de las muñecas que encargó, que sí Gata no le dijo que yo las debo y que hay que pagarlas. Son tres dólares dile a Raca que ella sabe hacer mejor las cosas. Yo no las he pagado porque no tengo mucho dinero disponible. Adios, Débora.” (correspondencia enviada, Madrid, 17 de abril de 1955, archivo Eafit, sala patrimonial)

Mostró a mediados de 1955 en el Centro Colombo Americano de Medellín sus cerámicas, con la colaboración de la Locería Colombiana, por intermedio de Elkin y Norman Echavarría.

1957

Participa con un boceto para fresco en el concurso para decorar la capilla de la fábrica de textiles Coltejer y es rechazada. Del jurado formaba parte la crítica Marta Traba, quien la visita en Casablanca y le sugiere cambiar de estilo y seguir el de Alejandro Obregón.

Realiza exposición en la Casa Mariana (avenida La Playa con la carrera Córdoba), a partir del 4 de mayo, con el patrocinio del padre Juan Escobar, sacerdote jesuita, fundador de la Congregación, con motivo de los veinte años de existencia. Fueron en total 37 obras, diez oleos y veinte y cinco acuarelas, algunas de las cuales fueron: Invierno, Desintegración (realizada en España), El Cachorro de Sevilla, Alma de Dios, El Poeta Alberto Gil Sánchez, Procesión, Cantaclaro, La despedida, Ciegos, Carga Humana, Transeúntes, Soledad, Campesina, La Barra, Generación, El Promesero, Paternidad, El Hombre, buscando el Niño, entre otras.

Dos días después de inaugurada, Débora decide clausurarla, a raíz de los tumultos y manifestaciones en contra de la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla.

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Ilustración 18: Periódico El Colombiano, 1957

El Periodista y analista de arte José del Castillo, realiza la comparación de la obra de Débora de Débora con el escultor extremeño José Barragán, a través de un elemento común: el realismo.

1958

Se realiza en Casablanca, la presentación de los programas y obras del Instituto del Sagrado Corazón, dirigido por el padre Joaquín Emilio Castaño, párroco de la Veracruz. Una de las hermanas de Débora, Elvira pertenecía a su junta directiva en compañía de otras personas como Eloísa de Villa, Marta Botero de Arias, Isabel de Restrepo, Eugenia Ángel de Vélez, Eloísa de Gutiérrez y Nel Rodríguez. Se realizó un cocktail y obtener apoyo a la obra del instituto por parte de las autoridades departamentales representadas en el gobernador del departamento brigadier general Pioquinto Rengifo y su señora, Eloísa Gutiérrez de Villa, y el alcalde de Medellín Darío Lodoño Villa con su gabinete. En medio del acto pasaron cortos filmados de la obra por Enock Roldán.

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                            Ilustración 19: Periódico El Colombiano, 1957

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Ilustración 20: Reunión en Casablanca, con el gobernador de Antioquia, alcalde de Medellín, y otras personalidades sobre la obra del Instituto del sagrado corazón. Débora se encuentra a la izquierda.

1959

Viaja a Inglaterra como acompañante de su sobrina. Toma cursos de pintura y cerámica en el Technical College of Reading de Londres.

“cuando ingresé al Technical College, encontré poco que aprender en materia de pintura mural, oleo y acuarela. Me dediqué a la cerámica y creo que obtuve muy afortunadas experiencias. Allá enseñan todo lo que pudiera llamarse “secretos” del oficio…se aprende a fabricar, modelar y pintar cerámica, desde las miniaturas de juguetería hasta vajillas suntuosísimas de tipo cortesano”[42].

1960

Expone cerámicas en el Museo de Zea. Realiza distintos viajes por Europa.

Regresa a Colombia y no vuelve a exhibir durante 15 años, aunque continuo pintando: “Yo sentía que mi obra no tenía ningún valor artístico. Nunca me pude persuadir de lo contrario. Me sentía descontenta y me veía muchos defectos” “(tuvo que quedarse y luego en silencio) Es que se me hacía la vida imposible. Hasta mis amigas dejaron de saludarme. Yo era como condenada a muerte. ¡qué cosa tan horrible! Y les voy a decir más: cómo le parece que una vez exponiendo en el Club Unión una señora me llama y va y me dice: “Ay, Deborita, como le parece que, ay, yo sé que usted tiene unos cuadros muy lindos, pero, ay, cuando voy al Club no me atrevo a entrar a ese salón. Ay, ¿me muestra los cuadros a mí sola en su casa?”, y le dije: No señora, no se los muestro, porque si no puede verlos allá, mucho menos puede verlos aquí”[43].

Julio 11 de 1962: en el saludo a una amiga, comenta que estuvo muy enferma de gripa “me tuvo quince días en cama, de médico, tan mal que creí me moría”. Pensaba irse con unos familiares a tomar “baños de mar” pues la “gripa me dejo agotadísima”[44].

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Ilustración 21: Estadía de Débora en Londres, Periódico El Colombiano, 1962.

1963

Viaja de vacaciones en diciembre a Barbados, con sus hermanas Matilde, Lucila y Elvira. “No nos hemos arrepentido de nuestra decisión, estamos encantados con el mar limpio, las hermosas playas y el ambiente tranquilo. Débora, quien es pintora, se arrepiente de que hasta ahora una rodilla enferma le haya impedido pintar algunas de las escenas de las islas. Sin embargo, espera estar en los próximos tres días. La familia planea regresar a Barbados el año que viene, y agregó: “arreglaremos la próxima vez para pasar unas vacaciones más largas para que podamos estar en barbados para las festividades navideñas”. Estarán en Barbados durante tres semanas en esta ocasión”[45].

1975

Después de más de quince años de alejamiento de las salas de exposiciones, la Biblioteca Pública Piloto de Medellín presenta más de un centenar de sus obras, acontecimiento que no recibió mayor atención por parte de la prensa, pero que fue la ocasión para muchos de descubrir la obra pictórica de Débora Arango. Para entonces, Marta Traba, pionera en la crítica de arte, ya había publicado su Historia Abierta del Arte Colombiano[46], y Salvat editó el mismo año la Historia del Arte Colombiano, libros en los que se ignoró su nombre, al igual que en el Diccionario de artistas en Colombia de Carmen Ortega Ricaurte[47].

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Ilustración 22  Periódico El Colombiano, 1963

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Ilustración 23: Reportaje periódico local de Barbado, 1963

Entusiasmada por la exposición, vuelve a pintar durante unos dos años, en los que produce algunos óleos satíricos y numerosas acuarelas de bañistas, parejas, mujeres en distintas situaciones, paseantes, payasos, y en general, tipos humanos de la más variada condición.

El debilitamiento de su salud la llevó a donar la mayor parte de su obra al Museo de Arte Moderno de Medellín, lo que daría a partir de 1995, en sucesivos reclamos para su devolución ante autoridades locales y nacionales, pero de forma infructuosa. Del total de su producción vendió muy pocas piezas, tanto porque no encontraba mercado como porque prefirió conservarlas para sí misma.

1978

Se constituye el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) y Débora realiza la donación de 233 obras en un momento en que se sentía muy enferma y deseaba que su obra se preservara de forma adecuada, con una divulgación y conocimiento en la población colombiana.

1983

El periódico El Mundo le dedica una crónica, titulado había una vez una pintora…, que retrata el momento de su vida a comienzos de la década del ochenta y el accidente personal:

“Nadie quería ver lo que la pintura pintaba, por terror o por temor, todos la repudiaron y acusaron. De ahora la pintura este cuento estaba adelantada. su creación no era para esa época…, ni los caballos ni la carroza de cristal. nadie nunca volvió a saber de la pintora, sigue aún como la bella durmiente, sólo que su sueño está en un país que desprecio su obra y por esto siguen en un profundo sopor y no quiere despertar. esta es la pintora envigadeña muy conservadora en sus actos, muy liberal en su arte. vive en su propio espacio, un espacio cerrado, construido con cuadros y violencia. así son casi todas sus obras, violentas, fuertes de gran movimiento y con el desgarramiento que seguramente ha dejado en Débora esa manifestación de repudio que hace 40 años sufrió. Ella con su cara niñita, a pesar de sus 60 y tantos años, ese andar despacio como cuidando no importunar su producción ya tan mal tratada. Suave, fugaz, aparece como el desajuste entre su mansedumbre y la “brutalidad” de su obra. No encaja su figura menuda y delicada con todo el movimiento feroz de cada cuadro, cada uno la delata en su juventud ya lejana pero que aún viven en su estudio y en su galería. Su rutina de pintora se ha topado con la pasividad, no por su gusto, si no por qué las cosas suceden donde nunca han debido suceder. Débora se rompió su brazo derecho y con él se rompió el quehacer diario. Por ahora, sólo le queda recorrer, mirar e imaginar lo que vendrá después, cuando se recupere”[48].

1984

Se despertó de nuevo el interés por la artista, a raíz del premio de la “Secretaría de Educación y Cultura de Antioquia de las Artes y las Letras” y de la consecuente gran exposición retrospectiva del museo de Arte Moderno de Medellín.

Cuadro de texto: Ilustración 24: Periódico El Colombiano, 24 de mayo de 1993.Imagen que contiene texto, foto

Descripción generada automáticamente“Fue el primer premio que otorgaba la Secretaria de Educación. Para mí fue muy emocionante porque después de tantas luchas pensaba que mi obra y mi trabajo nunca serían reconocidos. El premio me lo entregó el mismo Gobernador (Nicanor Restrepo Santamaría) y, te repito, como que no creía que fuera para mí. Al fin y al cabo, me sentía proscrita. Esta distinción tuvo mucha resonancia y considero que fue importante tanto para que me propusieron las dos exposiciones”.

“Cuando Tulio Rabinovich, director del Museo de Arte Moderno de Medellín, me propuso la exposición retrospectiva de mi obra, sinceramente no quería aceptar. Pensaba: ” tanta brega. tanto esfuerzo para lo mismo. ¡No vale la pena! “. El me insistía con el argumento de que en los últimos años las cosas habían cambiado muchísimo. Al final acepté, mandé mis cuadros y el montaje que se hizo de ellos fue muy bello… Realmente fue un éxito. Asistió gran cantidad de gente y por fin la prensa dejo su silencio. Ya premiada la cosa era diferente. Por esto agradecí tanto el premio mencionado. Con él rompí mi encierro consciente y voluntario de muchos años. Durante este tiempo pinté infatigablemente porque la pintura se confunde con mi vida. Somos una sola persona. Si mi obra producía tanto problema, si no gustaba y era atacada a diestra y siniestra, pues muy sencillo: no la mostraba y eso hice a lo largo de tantos años” (Laverde Ibid., página 52).

Sale el libro “Así hablan los artistas” de María Cristina Laverde Toscana, con una entrevista a Débora Arango llamada “Una pintora proscrita”. Bogotá, Universidad Central, (1986).

Recibe el 14 de septiembre el premio Flautista Uyumbe, de la Escuela Popular de Arte.

Es albacea del testamento de su hermano Gilberto Arango Pérez, según escritura #343 de mayo 29 de 1951[49].

1985

El 20 de marzo se abre una sala de exposiciones en la Casa de la Cultura “Miguel Uribe Restrepo”, con su nombre y donde se reunieron 33 artistas.

El 24 de abril recibe la distinción del Periódico El Mundo, “El Mundo de oro” en el área de la cultura: “exaltamos el esfuerzo que usted ha hecho para lograr destacarse y enriquecer el ámbito cultural”[50].

1987

El Instituto Colombiano de Cultura, Colcultura, y el Museo de Arte de Moderno de Medellín (MAMM), le rinden homenaje con motivo del XXXI Salón Nacional de Artistas celebrado en Medellín, lo cual hace que el periódico El Tiempo titula: “Al fin: reconocimiento a Débora Arango”[51].

En junio protocoliza la donación de 240 obras realizadas entre 1934 y 1977 al MAMM[52].

En el mismo mes se realizó el lanzamiento oficial del libro sobre la pintora, editado por el MAMM con patrocinio de Telecom, la obra reunía la obra completa con textos de Beatriz González, Santiago Lodoño y Darío Ruíz.

1992

Su obra incluida en la muestra América: The Bride of the Sun, realizada en Amberes, Bélgica, conmemorativa de los 500 años del descubrimiento de América.

1993

Exposición enhomenaje a la artista presentada por la Universidad de Antioquia.  A raíz de la exposición, la periodista Beatriz Gómez comentaba: “Ahora la pintura de Débora Arango es valorada en muchos países del mundo y la artista es considerada en este momento como la Frida Khalo colombiana”[53].

1994

Recibe la Orden Nacional al Mérito, impuesta por la ministra de Relaciones Exteriores, Noemí Sanín, en ceremonia especial y ante amigos y familiares en Casablanca.

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1997

Recibe varias distinciones: el doctorado Honoris Causa en Artes y Letras, por la Universidad de Antioquia; La medalla ciudad de Envigado; la medalla Porfirio Barba Jacob de la alcaldía de Medellín, La Cruz de Boyacá en el grado de Gran Cruz por el Congreso Nacional en 1994.

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Ilustración 25: Recibe en Casablanca, medalla alcaldía de Medellín, 1996. En la foto: Luis Pérez, secretario de educación, y el alcalde Sergio Naranjo, 1996.

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Ilustración 26:  Guillermo Gaviria, gobernador de Antioquia, condecora a Débora, 1995

1995

Se realiza una exposición en el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga con patrocinio de Suramericana de Seguros y un ciclo de conferencias Cuatro temas en la obra de Débora Arango Pérez, durante un mes[54].

Decían las directivas del Museo: “estamos muy complacidos de poder ofrecer a la comunidad la oportunidad de conocer las obras originales de quien consideramos es la más notable pintora antioqueña, cuyo aporte determinó un nuevo rumbo a la pintura colombiana. Durante la exposición se realizarán eventos de apoyo tales como conferencias, conversatorios, visitas guiadas, publicaciones en los diarios y prensa locales cuyos textos haremos llegar a usted”[55].

Ya Débora no se siente capaz de retomar la pintura y solo le queda contemplar sus cuadros en los salones de Casablanca. Así comenta en un reportaje del periódico El Mundo: “Muchas veces siento deseos de volver a pintar, pero ya no puedo. La pintura se siente y yo ya estoy muy gastada(… ) En su casa de Envigado, la que habita hace 50 años, una construcción antigua de grandes habitaciones ubicadas alrededor de un patio al mejor estilo de las del pasado siglo, con amplios corredores, llena de sus obras donde reflejó sus emociones y sentires, con espacios verdes que invitan al descanso y con objetos cargados de pasado, Débora Arango disfruta de su soledad y es feliz[56].

El 16 de junio la Universidad de Antioquia le otorga el título “Honoris Causa de Maestra en Artes Plásticas” en el Paraninfo de la Universidad (Plazuela de San Ignacio) y en ceremonia privada en Casablanca, el 17, lo recibe de manos del rector Jaime Restrepo Cuartas:

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Ilustración 27: Débora recibe el título y el escudo que le otorgó la universidad.

“He estado muy contenta con toda esta gente tan querida. Me han abrumado con tantos honores. Mi último cuadro fue el de Doña Berta y Belisario, hice un dibujo y ya no fui capaz de ponerle los colores, aunque me están haciendo un tratamiento en las manos contra la artritis. Pero estoy feliz, esta es una recompensa a todo lo que yo he sufrido en esta vida”[57].

El crítico de arte Santiago Londoño, uno de sus biógrafos, escribió una carta de propuesta con sus motivos para recomendar el Doctorado a Débora: “en su pintura se manifiestan y reflejan tanto situaciones íntimas del ser humano como del ser en sociedad…su vida personal es ejemplo del artista comprometido con su propia obra…durante largos años su obra fue sometida al olvido y al rechazo de ciertos sectores sociales en la ciudad…por la posición crítica que asumió, los valores estéticos que desarrolló y la temática que abordó…las razones anteriores muestran que la pintora es merecedora de un oportuno reconocimiento académico en vida, que la enaltece tanto a ella como a la universidad y a su facultad de artes”[58].

El presidente Ernesto Samper Pizano, la felicita mediante carta el 6 de junio: “recibí complacido la noticia de su título…su gran trayectoria artística y la calidad de su obra, la han hecho merecedora del reconocimiento…como primer mandatario quiero enviar un especial saludo de felicitación”[59].

El 26 de julio de 1995, Débora recibe la visita del expresidente Belisario Betancur con su hija Beatriz.

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                    Ilustración 28: 26 de julio, visita de Belisario Betancur, 1995.

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Ilustración 29:  Belisario Betancur observa el cuadro inconcluso de Débora Belisario se encarama en Bertha (Hernández de Ospina, lider conservadora). Fue uno de sus ultimas obras. 1995.

Ilustración 30: Débora Arango, eterna rebelde. Periódico El Mundo, 27 de septiembre de 1995.

Manifiesta en carta del 21 de julio a Tulio Ravinovich, amigo y director del Museo de Arte Moderno, le sean devueltos las obras que le había donado al museo, como había escrito desde el 8 de junio: “te pido que atiendas mi deseo de que esta pequeña parte de mi obra quede en manos de mi familia que en este momento es lo que verdaderamente anhelo, además de considerarlo supremamente justo[60].

El sábado 23 de septiembre recibe la medalla al mérito cultural Gerardo Arellano, del Ministerio de Educación Nacional, mediante acto especial en su casa, de manos de la ministra María Emma Mejía. Por igual momento, se le otorgó al escritor Manuel Mejía Vallejo.

La resolución del ministerio decía: “(Débora ha creado, a lo largo de su vida, una obra plástica original, audaz y con responsabilidad social que la sitúa entre los artistas más notables de su generación, no solo en Colombia sino en América Latina y que encontró en la temática social aliento para su originalidad”[61]. Y con la ayuda de María Emma Mejía y Belisario Betancur, quien le dijo en su visita que la apoyaría, se programó en 1996, una exposición itinerante de sus pinturas en España, Bélgica, Alemania y Francia.

Por otro lado, aprovechando el momento, Débora se empeña en que el museo de arte moderno, le devuelva las obras donadas. Realiza diligencias ante el secretario de educación de Medellín, Luis Pérez, “te estoy adjuntando los documentos que me pediste para tu información, de acuerdo a la petición que Débora viene haciendo al Museo de Arte Moderno de Medellín. De antemano te agradezco las gestiones que puedas hacer para poder darle a ella el gusto de cumplir su deseo”[62].

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Ilustración 31: Medalla Gerardo Arellano entregada por la ministra María Emma Mejía.

Por igual le escribe a la ministra de Educación María Emma Mejía, el 27 de septiembre luego de su condecoración: “quiero ahora también manifestarle mi agradecimiento, al interés que le puso a la petición que vengo haciendo al MUSEO DE ARTE MODERNO DE MEDELLÍN, para que revoque la donación que hice de los cuadros de mi casa, en un momento de mi vida, en el que me encontraba triste y agobiada, y que ahora es mi deseo que éstos queden en mi familia, ya que considero justo que esta familia que es la que me da cariño y cuidados pueda participar y disfrutar de una pequeña parte de esta obra, que como usted bien sabe es parte fundamental de mi vida de artista. Le acompaño los papeles que le pidió a mi sobrina Cecilia y espero inmensamente agradecida, que su gestión logre conseguir el deseo que me llenaría de felicidad y tranquilidad. Quedo a la espera de sus noticias, que estoy segura serán el motivo que acabará por hacerme sentir plenamente feliz ya que éste, es la única intranquilidad en mi vida” [63].

Débora recibe la condecoración Bodas de Diamante de la Sociedad de Mejoras Públicas de Envigado, en la celebración de sus 75 años de existencia, como acto académico en la Biblioteca José Félix de Restrepo.

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Ilustración 32:  Entrega de la medalla a Débora por parte del presidente de la Sociedad Delio Valencia Ríos, a la izquierda Francisco Zapata, presidente de la Asamblea de Antioquia.

Así dice la crónica de ese día: “Débora! Débora! Débora! gritaron los envigadeños el pasado lunes a su ingreso a la biblioteca José Félix de Restrepo por donde pasó el artista más querida y admirada de los envigadeños, la maestra de las artes plásticas Débora Arango, quien fuera condecorada por la sociedad de mejoras públicas entidad que celebró sus 75 años existencia. Débora, embargada por la emoción, levantó los brazos en señal de respuesta triunfadora a sus admiradores y, como los héroes populares, pasó al gran salón con una enorme sonrisa en sus labios. hacía muchos años no salía de su Casa Blanca para recibir un galardón y lo hizo porque lo sintió, una condecoración que fue creada únicamente única y exclusivamente para ella, porque la sociedad de mejoras públicas lo quiso así en sus bodas de diamante, entregarla por una sola vez a la persona que fuera autentico timbre de orgullo para la ciudad. En un alud de emociones, que difícilmente la sociedad envigadeña olvidará, se le impuso la condecoración a devora en medio del atropellado agite de fotógrafos. también se le entregó la orden de la democracia a don Delio Valencia Ríos, presidente del SMP, desde hace 25 años concedida por el Congreso de la República, así como la medalla al mérito cívico y el escudo ahora envigado sumados un torrente resoluciones de distintas entidades.

Finalmente, y cuando se dio paso a la recepción social, más de la mitad de los asistentes en grupos de cuatro o cinco, se hizo fotografiar con la pintora, le pidió autógrafos, le acarició los hombros y las manos, la beso y hasta hubo algún discreto que quiso postularla como candidata por el Consejo de Envigado. cuenta los muros de su Casa Blanca qué digo ahora no puedo conciliar el sueño en toda la noche, cavilando sobre lo que le había sucedido esa noche en la que fue tan feliz”[64].

En septiembre de 1995, la alcaldía de Envigado le otorga a Débora la orden Ciudad de Envigado de manos del alcalde José Ignacio Mesa Betancur, en el hall del palacio municipal. En el mismo acto se condecoraron a los actores Luis Mesa y Robinson Díaz. La orden fue creada en junio de ese mismo año por el concejo municipal para “destacar los méritos de las personas naturales y jurídicas que constituyen timbre de honor para los envigadeños”[65].

El martes 24 de octubre de 1995, Casablanca es objeto de robo, cuando desconocidos ingresan y sustraen tres obras realizadas con la técnica del carboncillo y tituladas Maternidad, Paternidad y Pordioseros, avaluadas en seis millones de pesos. Las obras se encontraban colgadas en el estudio de la artista, situado en la parte de atrás de la casa. Días más tarde son recuperados, ya que son abandonados en la Iglesia San Juan de Dios (calle Colombia con carrera Cúcuta). En años anteriores también fueron robados de unas exposiciones realizadas en Pereira y Cali, los cuadros titulados Sor Josefina y Segadoras[66].

1996

El 26 de marzo se realiza una exposición retrospectiva en la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República en Bogotá.

Lanzamiento del libro Débora Arango: el Arte de la Irreverencia, Litografía Especial, Alcaldía de Medellín (Luis Pérez Gutiérrez) , septiembre de 1996.

El 26 de marzo de 1996, el municipio de Envigado durante la administración del alcalde José Ignacio Mesa Betancur inauguró la nueva Escuela Superior de Artes Débora Arango, como dependencia de la Casa de la Cultura. El nombre de la escuela surgió del resultado concertado entre alumnos y directivos del plantel. A la ceremonia inaugural asistió la señora Cecilia Lodoño, sobrina de Débora, en representación de la pintora, quien se encontraba, por esos días, disfrutando en las playas del Caribe[67].

Se crea la Asociación de mujeres de Envigado “Débora Arango”, con apoyo de la oficina de Desarrollo Comunitario, en número de 200 mujeres entre amas de casa y profesionales. “porque el nombre?: por guerrera, porque en sus clases con señoras de la alta sociedad, con el maestro Pedro Nel Gómez, prefirió pintar la realidad social a pintar florecitas”[68].

1997

El periódico El Colombiano hace un reportaje sobre su vida y obra. En una parte de él, Débora lo estimaba como un honor, pero en otra parte solicitaba una rectificación en la que el Museo de Arte de Medellín no era el lugar ideal para dejar su obra. “Desafortunadamente en un momento de mi vida, cuando me sentí enferma, hice esa donación de la que hoy me arrepiento profundamente”[69].

El 17 de diciembre recibe homenaje en el Teatro Metropolitano de Medellín con el otorgamiento de la Cruz de Boyacá por parte del gobierno de Ernesto Samper. Adicionalmente se publicó una biografía del Ministerio de la Cultura, junto con un documental y un CD-Rom.

En carta al presidente le manifiesta:

“Nunca podría imaginarse el honor y el placer que sentí con su condecoración de la Cruz de Boyacá y su presencia en la imposición de ella. El acto que tuvo lugar el miércoles 17 de diciembre colmo mi vida de satisfacción y orgullo y como usted bien lo dijo, después de tan dura carrera como artista que me tocó vivir, para mí fue el cambiar toda esa angustia por una felicidad plena” [70].

Débora recibió apoyo del gobierno de Ernesto Samper, a través de suministra María Emma Mejía, que reivindicó su obra con distinciones como la Cruz de Boyacá, por lo que en carta al presidente, le dice: “Quiero manifestarle de nuevo mis sentimientos de agradecimiento por la gran deferencia que he tenido para con mi obra y mi persona”[71]. Por ello, es entendible que con respecto al proceso 8.000 donde el presidente fue absuelto, Débora en carta a Samper del 14 de junio de 1996, le dice: “No podía dejar pasar el día sin manifestarle mi alegría por el fallo de la Cámara de Representantes, con el cual se hace justicia a su nombre, a su honra y a su imagen ante el país y el mundo. Pedí mucho a Dios por usted y su familia para que los ayudara en estos momentos tan difíciles para que su nombre quedara intacto ante la opinión pública. Espero tener la oportunidad de volver a tenerlo en mi casa, pues disfruté mucho su visita”[72].

 Lanzamiento del libro: Débora Arango: vida de pintora de Santiago Londoño Vélez.

El crítico de arte y biógrafo, Santiago Lodoño analiza en un artículo periodístico la manera como se exhibe la obra de Débora por parte del Museo de Arte Moderno de Medellín y justifica la idea del artista de que le sean devueltas los 233 cuadros donados en 1987: “en 1986, Débora sufría serios quebrantos de salud y animada por la gran exposición retrospectiva que el MAMM organizó en 1985, se inclinó por dejar su obra en Colombia. Once años más tarde, en 1997, con grandes esfuerzos económicos, el Museo inauguró una ampliación de su sede y la sala Débora Arango. Durante este lapso, bajo la directa responsabilidad de la entidad y sus funcionarios, se han perdido obras como la acuarela “Sor Josefina” y otras han sufrido por las condiciones de almacenamiento, iluminación y transporte a que han sido sometidas”[73].

El 20 de diciembre, responde los señalamientos  la directora del MAMM, Natalia Tejada: “el Museo siempre se ha sentido muy honrado con la valiosa donación que la artista ha hecho a la institución de parte muy importante de su obra, la cual ha sido divulgada en todo el país y en el exterior en numerosas exposiciones, publicaciones, artículos, conferencias y con la construcción de su sala principal en homenaje a la artista, por lo cual lleva su nombre (…) El objetivo del Mueseo es presentar siempre la obra de Débora Arango de modo que pueda adivinarse en ella el proceso creativo o la evolución temática de la artista. De esta manera se establece una relación entre la obra y los espectadores y entre ella misma (…) si Débora Arango está últimamente obteniendo el reconocimiento que debió otorgársele desde hace muchos años, se debe en parte a la labor de difusión permanente y variada de su obra por parte del MAMM”[74].

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Ilustración 33: Reunión el 11 de noviembre de 1998 con el maestro Fernando Botero y el alcalde Juan Gómez Martínez, sobre el nuevo proyecto para el Museo de Antioquia.

Participa en noviembre de la exposición “Los Albores de la modernidad en el arte colombiano, un homenaje a los artistas antioqueños”, por parte del Museo de Arte Moderno de Bogotá a cargo de su directora Gloria Zea. “La muestra posee una importancia excepcional dado que se ocupa de las décadas del 20, 30, y 40, un momento de la plástica nacional que estableció las bases fundamentales de nuestra modernidad. La exposición estará organizada en siete grandes módulos: acuarela, gráfica, caricatura, ilustración, diseño publicitario, dibujo y fotografía”[75].

1998

Se vincula al proyecto del maestro Fernando Botero sobre el Museo de Antioquia. A finales de los años noventa, y gracias a la donación de Botero y a una inversión pública de más de 40.000 millones de pesos, la institución vivió un segundo nacimiento. Se mudó al Palacio Municipal y ocupó 18.000 metros cuadrados, renovados por la Alcaldía de Medellín y complementados con la construcción de la Plaza Botero. El proyecto recibió el nombre “Medellín Cultura Viva” y dio pie a otras iniciativas asociadas al urbanismo, el arte y la cultura. La carta de Débora al maestro Botero del 19 de octubre dice:

“Por medio del señor alcalde Medellín, el doctor Juan Gómez Martínez, con quién me reuní ayer en mi casa, me he enterado del proyecto enorme grandioso para nuestra ciudad cómo será, el nuevo museo que tendrá su principal atracción en su obra ya reconocida desde hace mucho tiempo a nivel mundial. Es para mí un honor inmenso y considero que es muy generoso de su parte manifestó el deseo de que varias de mis obras estén allí exhibidas, algo que haré con gran gusto y con gran orgullo” (donación de dos cuadros: Adolescencia y Guillermina.)[76].

1999

Recibe visita el 13 de julio, en Casablanca, de una delegación encabezada por el ministro de Educación Germán Bula Escobar, el alcalde Héctor Londoño Restrepo, el concejal Mario Vélez Calle y el director del informativo de Envigado Conrado Suárez Vanegas. El ministro había llegado a la ciudad para otorgar el título de “Municipio Caminante” y el reconocimiento por elevar la calidad de la educación en el municipio[77].

2000

Débora realiza una donación de dos cuadros al museo de Antioquia: Adolescencia y Guillermina.

2001

Se presenta una selección de su obra en la Casa de las Américas en Madrid (España), un anhelo que tenía desde que sus cuadros fueron descolgados en 1955, por orden del dictador español Francisco Franco. Fue una exposición itinerante de sus pinturas en España, Bélgica, Alemania y Francia. Desde el otorgamiento de la medalla al mérito cultural Gerardo Arellano, del Ministerio de Educación Nacional, mediante acto especial en su casa, de manos de la ministra María Emma Mejía en 1995 y con la visita del Expresidente Belisario Betancur se había comprometido con ella, en ese propósito:

“Bueno presidente -Débora cambia de conversación-, una cosa sí le voy a pedir, en España la gente fue muy querida y transparente conmigo pero el gobierno español, cuando yo llevé mis cuadros allá, me los hizo descolgar y me quede con esa cola, ja,ja,ja, -y nuevamente volvió la sonrisa, el color y la luz al rostro de la pintora. Eso fue en la época de Franco-la interrumpió Belisario. “Y entonces me dije: algún día volveré y colgaré estos cuadros aquí, para demostrarles que Débora no era ningún pegote, ja,ja,ja”. Belisario la observa y, sin dificultad, suelta una sonora carcajada. “Vamos a ver Débora, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores y de las embajadas, no creo que sea difícil. Eso se puede realizar. Vamos a ponernos en ese trabajo -le promete Belisario”[78].

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Ilustración 34: Visitantes en 1999 en Casablanca: sentados el ministro de Educación Germán Bula Escobar, Débora, el alcalde Hector Londoño; de pie, el concejal Mario Vélez y Conrado Suárez.

2003

Recibe la Cruz de Boyacá en grado de Comendador, de manos del presidente Álvaro Uribe Vélez, el 20 de noviembre, en Casablanca:

“Uribe Vélez tiene un gran talento y lo quiero mucho. Fue un honor muy grande. A veces veo que hay gente que me mira como si fuera una viejita que me tratan como haciéndome un favor, pero cuando Uribe anunció que me iba a poner la Cruz me dijo: “no venga por ella”. Y él vino aquí. Yo parecía una novia esperándolo, me parecía oír sus pasos en la casa(…)”. Un día después del acto realizado en su casa, apareció un enviado del gobierno con un fusil para que Débora se lo pintara al presidente, según cuenta Virgelina López, la mujer que la cuida.  Para que terminara con la violencia y los males de la nación”[79]..

2004

Sus 233 obras donadas en 1987 por Débora al MAMM, son declarados bienes de interés cultura de carácter nacional, por parte del Ministerio de Cultura,resolución 0316 del 25 de marzo de 2004.

Recibe la orden de la Democracia José Félix de Restrepo por parte del Concejo de Sabaneta, donde se exhiben 20 cuadros suyos:

“La condecoración se agrega a una larga lista que empezó a fraguarse en la década de los 80 cuando recibió el premio a las artes y las letras de Antioquia y que incluye la Cruz de Boyacá.

A sus 96 años, frente a un televisor, un mueble con exquisitas cerámicas suyas, antiguas fotos de sus padres Cástor Arango y Elvira Pérez, y otra de la pintora con sus 1.53 metros en plena juventud, está sentada en una silla, María Débora Elisa Arango Pérez”[80].

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Ilustración 35:  Con el presidente Álvaro Uribe Vélez, de quien recibió la Cruz de Boyacá en el grado de Comendador, el 20 de noviembre de 2003.

Recibe el 22 de abril de 2004, una mencion de honor de la Camara de Comercio Aburrá Sur de manos de su presidente Jhonny Vélez.

Presidente de la Camara de Comercio Aburrá sur Jhonny Vélez en el año 2004.
dice la placa: “usted es la precursora de la liberta de expresión en la pintura colombiana…”

2005

Fallece el domingo 4 de diciembre, a la 1:30 p.m., en Casablanca.


[1] Laverde Toscana, María Cristina “Una pintora proscrita”. En: “Así hablan los artistas”. Bogotá, Universidad Central, 1986

[2] Laverde Toscana, M. C. Ibid., página 4.

[3] El Colombiano, enero 14 de 1996.

[4] Londoño, Santiago, Débora Arango, la más importante y polémica pintora colombiana.  Versión resumida de la conferencia dictada el 16 de agosto de 1996 en la Biblioteca Luis Ángel Arango, con motivo de la exposición retrospectiva de la artista. La fuente principal de este artículo son diversas entrevistas sostenidas con la pintora, entre octubre de 1995 y octubre de 1996. Revista Nómadas, No. 6, marzo de 1997, Bogotá, Fundación Universidad Central.

[5] Londoño, Santiago, Ibid., página 2.

[6] Laverde Toscana, M.C. Ibid., página 9

[7] Laverde Toscana, M. C., Ibid., página 8

[8] Débora Arango, eterna rebelde. Periódico El Mundo, miércoles 27 de septiembre de 1995.

[9] Vení, yo te presento Mi Débora Arango. Periódico El Colombiano, 14 de enero de1996

[10] Periódico El Diario, 20 de noviembre de 1939

[11] Periódico El Diario, 20 de noviembre de 1939

[12] Laverde Toscana, M.C. Ibid., página 11

[13] El Expresionismo como síntoma de pereza e inhabilidad en el arte. Revista Colombiana, Bogotá, Vol.VIII, No. 85, enero 1 de 1937.

[14] Recorte de prensa, 1939. Archivo Familia Arango Pérez, universidad Eafit, sala patrimonial.

[15] Recorte de prensa, 1939. Archivo Familia Arango Pérez, universidad Eafit, sala patrimonial

[16] Santiago Londoño, Paganismo, denuncia y sátira en la vida de Débora Arango. En: Débora Arango, Editorial Villegas editores.

[17] Recorte de prensa, 1939. Archivo Familia Arango Pérez, universidad Eafit, sala patrimonial

[18] Laverde Toscana, María Cristina “Una pintora proscrita”. En: “Así hablan los artistas”. Bogotá, Universidad Central, 1986.

[19] Resolución No. 91 del 17 de septiembre de 1940 del Ministerio de Educación Nacional

[20] La Artista Débora Arango lleva sus obras a Bogotá. Periódico El Heraldo de Antioquia, 1940

[21] El Heraldo de Antioquia, octubre 3 de 1940, Débora Arango, una discípula del Expresionismo

[22] Entrevista. El heraldo de Antioquia, 3 de octubre de 1940.

[23] Laureano Gómez, “El expresionismo como síntoma de pereza e inhabilidad en el arte”, reproducido en  Álvaro Medina, Procesos del arte en Colombia, Bogotá, 1988.

[24] Periódico El Diario, noviembre 20 de 1939, En: Débora Arango, 1996, Villegas Editores

[25] Laverde Toscana, María Cristina “Una pintora proscrita”. En: “Así hablan los artistas”. Bogotá, Universidad Central, 1986.

[26] columna Rubrica, El Colombiano, octubre 7 de 1940.

[27] correspondencia enviada, 1941-2012, carpeta DAP 1, Archivo Débora Arango (A.D.A.), Universidad Eafit

[28] Londoño, Santiago Débora Arango, la más importante y polémica pintora colombiana, página 7.

[29] Laverde Ibid., página 51.

[30] Vení, yo te presento mi Débora Arango. Periódico El Colombiano, 14 de enero de 1996.

[31] Periódico La Nueva Generación, 22 de enero de 1945

[32] Laverde Toscana, María Cristina “Una pintora proscrita”. En: “Así hablan los artistas”. Bogotá, Universidad Central, 1986, página 48.

[33] Débora Arango, Cuaderno de notas: 100 años de nacimiento: edición conmemorativa  textos de Santiago Lodoño Vélez, Medellín, Gobernación de Antioqiua; editorial Tragaluz, 2007, p.20

[34] Eiger, Casimiro. “Salón Femenino.” En: Crónicas de arte colombiano (1946-1963), 208- 211.

Bogotá, Colombia: Banco de la República, 1995.

[35] Recorte de prensa, 7 de marzo de 1954. Recorte de prensa. (A.D.A.), Universidad Eafit, Sala Patrimonial.

[36] Diario de la Falange “Solidaridad Nacional”, 1954.

[37] Dos Paisas en Cataluña. Periódico El Colombiano, abril de 1954.

[38] Una pintora que hace obra: Débora Arango. Reportaje de Rodrigo Sangiral. Periódico El Colombiano, sección el Colombiano literario,1954.

[39] Laverde Ibid., página 51.

[40] Yepes, Rubén. Arte Moderno y gobierno en Colombia. En: Cuadernos de Música, artes visuales y artes escénicas. Vol.6, No.1, enero-junio de 2011, página 14

[41] Las artes plásticas en el siglo 20: los ojos se despiertan. En: gran enciclopedia de Colombia, Tomo arte uno, círculo de lectores, 2007, Casa Editorial el tiempo, página 212

[42] Periódico El Colombiano, 1962

[43] En la Casa de Débora Arango. Periódico El Colombiano, edición dominical, agosto de 1988.

[44] correspondencia enviada, archivo Eafit, sala patrimonial

[45] Reportaje periódico local de Barbado, 1963

[46]Historia Abierta del Arte Colombiano, Cali: ediciones Museo La tertulia, 1974.

[47] Londoño, Santiago, Ibid., página 11.

[48] Periódico El Mundo, 29 de septiembre de 1983.

[49] Agosto 22 de 1986, correspondencia enviada. Archivo Débora Arango, Universidad Eafit, sala patrimonial.

[50] Carta del director Darío Arizmendi Posada, el 8 de mayo de 1985, correspondencia recibida. Archivo Débora Arango, Universidad Eafit, sala patrimonial, carpeta DAP-25.

[51] Periódico El Tiempo, 1 de noviembre de 1987, lecturas dominicales, página 14.

[52] Escritura Pública No. 188 del 21 de enero y No. 7028 del 21 de octubre de 1987. Archivo Débora Arango, Universidad Eafit, sala patrimonial. Documentos notariales. Carpeta DAP-28.

[53] Periódico El Colombiano, 24 de mayo de 1993

[54] La virtud del valor en la obra de Débora Arango a cargo del curador Alberto Sierra, María Cano y Débora Arango: espíritus rebeldes por la cineasta Camilo Lobo Guerreroy La Meta de Débora Arango: ver algo distinto, por Beatriz González. Fuente: Periódico Vanguardia Liberal, abril 16 de 1995.

[55] Carta de Juan José Ortiz, Lucila González y Maria Elena Muñoz, marzo 21 de 1995, Archivo Débora Arango, universidad EAFIT, Correspondencia recibida.

[56] Débora Arango,  eterna rebelde. Periódico El Mundo, miércoles 27 de septiembre de 1995

[57] Esta es una recompensa a todo lo que yo he sufrido. Periódico El Colombiano, 17 de junio de 1995.

[58] Carta al profesor Jorge Pérez, Editorial U. de Antioquia y miembro del consejo superior. Abril 24, de 1995. Archivo Débora Arango Pérez, Universidad Eafit, Sala Patrimonial, correspondencia recibida.

[59] Carta a Débora Arango de Ernesto Samper Pizano. Junio 6, de 1995. Archivo Débora Arango Pérez, Universidad Eafit, Sala Patrimonial, correspondencia recibida.

[60] Archivo Universidad Eafit, sala patrimonial, correspondencia enviada, julio 21 de 1995

[61] Exaltan obras de Débora Arango y Manuel Mejía.  El Colombiano, septiembre de 1995.

[62] septiembre 29 de 1995. Correspondencia enviada. Archivo Débora Arango, Universidad Eafit, sala patrimonial

[63] septiembre 27 de 1995. Correspondencia enviada. Archivo Débora Arango, Universidad Eafit, sala patrimonial

[64] Periódico El Colombiano, septiembre de 1995.

[65] Orden ciudad de Envigado para Débora Arango. Periódico El Colombiano, septiembre de 1995

[66] Roban tres obras la artista Débora Arango, y Recuperan bocetos de Débora Arango. Periódico El Colombiano, 1982.

[67] Nueva Escuela de Artes Débora Arango. Periódico El Colombiano, 27 de marzo de 1996, página 8B

[68] Periódico El Colombiano, marzo 8 de 1999, página 12 A.

[69] Archivo Universidad Eafit, sala patrimonial, correspondencia enviada, diciembre 16 de 1997.

[70] Archivo Universidad Eafit, sala patrimonial, correspondencia enviada, julio 21 de 1995.

[71] Archivo Universidad Eafit, sala patrimonial, correspondencia enviada, julio 22 de 1995.

[72] Archivo Universidad Eafit, sala patrimonial, correspondencia enviada, junio 14 de 1996.

[73] El desacierto de una colección.  Periódico El Mundo, 6 de diciembre de 1997.

[74] El MAMM y la obra de Débora Arango: Homenaje permanente. Periódico El Mundo, 20 de diciembre de 1997.

[75] Carta de la directora Gloria Zea, noviembre 18 de 1997, Bogotá, Archivo Universidad Eafit, Sala patrimonial, correspondencia recibida.

[76] Archivo Universidad Eafit, sala patrimonial, correspondencia enviada, octubre 19 de 1998.

[77] Envigado se graduó de municipio Caminante. Periódico El Informativo de Envigado, agosto 1999, No.148

[78] Débora Arango y Belisario Betancur: aquí entre nos, te cuento… Periódico El Colombiano, 28 de julio de 1995. Archivo Universidad Eafit, sala patrimonial, recorte de prensa.

[79] Periódico El Tiempo, lecturas dominicales, 29 de febrero de 2004

[80] Débora por siempre. Periódico El Tiempo, 29 de febrero de 2004, lecturas dominicales.

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