carlos mario londoño mejía

Por Edgar Antonio Aparicio M. y Amelia Sánchez Durango, Historiadores de La Universidad de Antioquia y miembros del Centro de Historia de Envigado

Nació en Envigado el 4 de noviembre de 1918 y murió en Bogotá el 3 de julio de 1991. Fueron sus padres Don Julio Londoño y Doña Rosa Mejía. Estudió en Envigado su primaria y su bachillerato en el Colegio de San José de la Salle en Medellín. Fue abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana donde se gradúa junto al expresidente Belisario Betancur Cuartas y el escritor y político Otto Morales Benítez. Hizo una Especialización en Ciencias Económicas.

En 1946 contrae matrimonio con Doña Ana Escobar de cuya unión nacieron 8 hijos. Don Carlos Mario vivió hasta 1951 en Samaria, una casa ubicada a la entrada de Envigado, a dos cuadras de la iglesia principal. De esa época recuerda con orgullo, reconocimiento y agradecimiento la mayor herencia que le pudo haber dejado su padre y que forjó su personalidad: «yo soy lo que soy gracias a la rigidez de mi papá», decía. Cuenta que en una ocasión él quiso dejar sus estudios, y en su gran sabiduría su padre le dice:

‘Bueno, si usted quiere, pero entonces me tiene que colaborar’. Lo levantó al otro día a las cuatro de la mañana y lo llevó a trabajar en una de las fincas cortando pasto y arreglando las matas de plátano. A las seis de la mañana, ya con las manos destrozadas por el trabajo, fue donde [su] papá y le dijo que prefería seguir estudiando.[1]

Desde ese momento se convirtió en un excelente estudiante. Siendo el mejor bachiller en su promoción, pronunció el discurso de despedida del curso. Inclinado pues a la vida intelectual y a la política, una vez sale de la Universidad, trabaja en varias entidades: director de la Biblioteca de la Universidad Pontificia Bolivariana, del Banco Alemán, del Departamento de Valorización de Medellín, Secretario de Gobierno de Antioquia, Diputado a la Asamblea, Concejal de Envigado. En 1952 viaja a Bogotá como Representante a la Cámara, en el gobierno del general Rojas Pinilla fue nombrado Secretario General de la Presidencia, gerente del Banco Central Hipotecario, fue el quinto gerente del Banco de la República cargo que ocupó desde enero de 1957 hasta junio del mismo año, reemplazando a ese gran benefactor de la cultura colombiana Luís Ángel Arango. Trabajó junto a el Doctor Belisario Betancur, fue profesor de la Universidad Nacional, del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Abogado de la Asociación Nacional de Industriales, Director Nacional de Prisiones, Director del Fondo de Estabilización de Aerovías Nacionales, Gerente de la Federación de Cafeteros, de la Flota Mercante Gran Colombiana, Presidente de la Comisión Revisora del Código de Comercio, Embajador en Portugal, Asesor de empresas alemanas, Gerente de la Corporación Financiera Popular, fundador de Seguros La Equidad. Además, colaborador en varias revistas nacionales y extranjeras.

Pero el gran aporte que dejó a sus conciudadanos, quedaron plasmadas tanto en su actuar personal como en el campo académico.

Fue un católico de profundas convicciones y hábitos. «Iba a misa diariamente y comulgaba siempre. Una de sus mayores alegrías espirituales fue haber conocido a Monseñor Escrivá Balaguer»,[2] cuenta su esposa. Por lo que participa en 1964 de la fundación de El Gimnasio de Los Cerros en Bogotá, siguiendo los principios del Opus Dei.

 Hombre serio, estricto y recto en sus cosas y en sus compromisos. Era introvertido a quien nunca se le escuchó una mala palabra y el vicio le aterraba. Siempre cumplió fielmente con su deber, pues «sin misión no hay hombres», como diría en uno de sus textos. Desde muy temprano se dedicaba a leer, y permanecía muchas horas en su cuarto de estudio.

Su gran pasión fue trabajar al servicio de los demás; vocación influenciada por la comunidad de los Hermanos Cristianos y fortalecida con sus estudios en la Universidad Pontificia Bolivariana. Su altruismo lo llevó a ayudar, sin demagogias, a mucha gente que no tenía dinero, y siempre estuvo pendiente de que quienes dependían de alguna forma de él, no tuvieran inconvenientes. Sus reflexiones lo llevaron a concluir en una profunda convicción de que el cooperativismo era el sistema económico útil y eficaz que necesitaba el país. Lo que lo llevó a cofundar Financiacoop.

Partiendo de este postulado le insertó a la actividad económica una nueva dinámica que le permitiera fuerza, expansión y comunicación, acorde con la modernización del capital social, donde lo que trataba fuera de que grandes masas de la población participaran en las inversiones de capitales y consideraba que uno de los medios de capitalización social, el más eficaz era el cooperativismo:

“…porque tiende a configurar todo un sistema abierto, frente al muy cerrado del capitalismo… Sin la acción capitalizadora de las masas, la política distributiva tendrá consecuencias adversas al desarrollo económico. Se necesita a la vez redistribución y desarrollo. Y no será posible lograrlo si conjuntamente con el poder político y sindical no se desenvuelve el poder económico de las masas y con ello su clara responsabilidad en el proceso de acumulación de capital.”[3]

Los movimientos cooperativos, no solo mejoraban la actividad económica sino que proporcionaban una profunda transformación del viejo capitalismo, pensaba, al analizar los cambios dados tanto en Europa como en los Estados Unidos. Tenía claro que las cooperativas para ser exitosas requerían de un proceso de educación y de adaptación del medio donde les tocare actuar. Era conciente que en los diversos sectores a operar requería vencer muchas resistencias, que se veían agudizadas por las ideologías y el cambio en las costumbres.[4]

Nunca le preocupó de donde vinieran las ideas, siempre y cuando la exposición de ellas, fuera coherente con las propuestas y diera solución a lo que, en su criterio y de acuerdo a sus hondas preocupaciones, era indispensable resolver desde la política y la economía. Admiró las ideas de Fernando González y del líder político Rafael Uribe Uribe, de quienes aprendió la honestidad, la creatividad y la independencia para resolver los problemas del país.

En 1965 viajó a la ciudad de Roma como conferencista invitado al Centro Europeo d´ ell” Educazione, al ll Curso Internacionale de Assistenza Técnica para hacer una serie de exposiciones acerca de la nueva economía iberoamericana y el cooperativismo.

Fue así, como en varios de sus textos introdujo todas las opiniones y análisis que sobre determinado tema se hubieran hecho. Vemos entonces ideas de personas tan diferentes a su pensamiento como Max Scheler, Wolfgang Goethe, José Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno, entre otros. “Acerca de porqué utilizó sus ideas para aclarar las propias, él dice que, aunque no fueron intelectuales cristianos, ‘también la vocación está en el centro de su pensamiento y de su vida’”.[5] Esto lo vemos en su libro “VOCACIÓN Y PROFESIÓN”.

Es autor de varias obras sobre temas financieros y de hacienda pública. Entre los cuales tenemos: – ECONOMÍA SOCIAL COLOMBIANA, de la que diría Francisco de Paula Jaramillo: “…esgrime una tesis que fue para mí absolutamente revolucionaria; nunca esperé que viniera de un hombre de la formación doctrinaria de Carlos Mario. El destino universal de los bienes en la tierra y, de ahí, la expropiación sin indemnización de los territorios improductivos. Todas esas tesis las elaboró a partir de su vocación cristiana y de su estudio de las encíclicas.”[6]

El Dr. Londoño Mejía, debido a su interés por la Justicia Social, buscaba “sistemas económicos que suplantaran al capitalismo y al consumismo y que valoraran a la persona humana por encima del dinero”.  En 1953 el Dr. Armando Escobar Muñoz a manera de comentario acerca sobre dicho libro dice:

Inicia su ensayo con un estudio sobre el derecho de propiedad. Asienta como principal basamento de la propiedad “que todas las cosas de este mundo son obra de Dios. Es Él quien las ha concebido y quien las ha realizado. De manera que su esencia y existencia proceden de Él únicamente”. De esta concepción, eminentemente católica, colige el autor como consecuencia lógica “que el cristiano debe enfocar su obra económica en dirección hacia el hombre y hacia Dios; es decir, en el orden de la justicia y de la caridad.[7]

Todo esto llevo a que el Dr. Alfonso Restrepo Moreno, gobernador de Antioquia, le pusiera en forma jocosa, el sobrenombre de Carlos Marx Londoño.

– VOCACIÓN Y PROFESIÓN

– LIBERTAD Y POSICIÓN JURÍDICA EN LOS TERRITORIOS NACIONALIZADOS.

– DERECHO INDIVIDUAL DEL TRABAJO, 1959

– LA PARTICIPACIÓN DE LOS TRABAJADORES EN LOS BENEFICIOS DE LA EMPRESA, 1962

SOCIALIZACIÓN DE LA UNIVERSIDAD, 1979

Su último, ya estando enfermo, fue para conmemorar los 20 años de Financiacoop.

Por sus servicios recibió las siguientes condecoraciones: Orden Militar 13 de junio de la República de Colombia, Orden del Mérito de la República del Ecuador y el Collar del Cóndor de Los Andes de la República de Bolivia.

[1] http://pensamientoycultura.unisabana.edu.co/index.php/pyc/article/view/1105/2692

[2] Ibíd.

[3] LONDOÑO M., Carlos Mario. El Estado y la acción política del cooperativismo. S. f. s. e. págs. 30- 31.

[4] Ibíd., p.88.

[5] http://pensamientoycultura.unisabana.edu.co/index.php/pyc/article/view/1105/2692

[6] Ibíd.

[7] Ibíd

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