ALFONSO MEJIA MONTOYA

Por: Luis Alberto Restrepo mesa. (Fallecido miembro Centro de Historias de Envigado.)

Dibujo de Alfonso Mejía Montoya

Nació en Envigado, el 15 de abril de 1902, sus padres fueron Ildefonso Mejía y Susana Montoya Garcés. Alfonso realizó sus estudios primarios en la escuela Manuel Uribe Ángel; los secundarios en el liceo de la Universidad de Antioquia, donde culminó su carrera de Derecho. Su tesis de grado se llamó “Esbozo económico-jurídico de la propiedad horizontal”, trabajo destacado por ser el primer estudio sobre el tema.

El doctor Alfonso Mejía Montoya, es descendiente del raigambre vizcaíno y segoviano, refrescado por las brisas del Duero y la estirpe de los Mejías, aparece un ancestro en Colombia en el año de 1.620, en la persona de don Juan Mejía Tovar y radicado en Santa Fe de Antioquia, y quien más tarde se extendiera por el territorio patrio, y algunos de sus descendientes fijaran sus tiendas en la prospera ciudad de Envigado, cuna y gloria de este distinguido profesional.

Cuan grande y satisfactorio es recordar estos valores egregios de Envigado, que le dan grandeza a su ciudad y a la Historia. Ejerció el doctor Mejía el don de señorío y fue famoso por su honor y su inteligencia, fue un historiador sin tacha, manejaba las cosas con buen tino, amigo de todos en sus trece años, como presidente del Centro de Historia de Envigado, y nos dejó como herencia el ejemplo y el amor por su Envigado que tanto amó.

Su cuerpo fue sepultado en paz para eternizar su recuerdo, pero su ejemplo, como auténtico linaje  que va de generación en generación, y quienes tuvimos el honor de conocerlo, podemos dar testimonio de su sabiduría y su bondad exquisita, cada uno de los miembros contemporáneos del Centro de Historia.

Durante trece años ocupó la presidencia del Centro, tuve la oportunidad de conocerlo profundamente, por su dedicación a la investigación histórica, y a la que obsesivamente rindió culto, produciendo sus frutos sazonados para futuras generaciones envigadeñas.

Trasegaba siempre por la biblioteca, buscando afanosamente los datos que le permitieran conocer algo nuevo y de valor para sus investigaciones históricas.

Amaba a sus amigos y con ellos fue leal y sincero, a veces los regañaba por no estudiar o porque no le cumplieran con el Centro de Historia; les exigía cumplimiento con todas las tareas que demandara la Institución, y después de las reuniones mensuales del Centro, le gustaba tomarse unos tragos, y recordar en tales oportunidades pasajes de su tierra natal, anécdotas de sus contemporáneos; le agradaba que le contaran los retazos de su juventud. Grave fue su indignación cuando en  alguna ocasión  en la esquina del parque principal, frente a la Casa Cural, sembraron un pino, se dio a la tarea de hablar con las autoridades  del municipio, casi todos los días para que lo cambiaran por una Ceiba, tanto fue su lucha que lo consiguió y se sintió muy contento, porque él decía que Envigado era la tierra de las ceibas, saco una famosa carta felicitando las autoridades por tal hecho.

Tenía un gran espíritu de mando, exigía cumplimiento a todos los miembro de número y correspondientes del Centro de Historia, lo mismo que a las autoridades del municipio, llegó a ocupar el cargo de Alcalde Honorario en los días del centenario de la ciudad (1975), estuvo atento en todas las festividades, era una personalidad portentosa, se esmeraba por su pueblo ya que lo quería y se sentía el mejor envigadeño.

Su patria chica la llevo siempre en sus pupilas y en su corazón; se deleitaba escribiendo de las figuras egregias de Envigado, su conversación era amena y a veces nos recitaba sus famosas décimas de la Defensa del Canecida”, que la recordaba con lucidez, ya que era un poeta de gran inteligencia, en “Las gradas del mismo Concejo Municipal llego a recitar la famosa décima, cuando fue despedido como abogado de la personería de Envigado en el año de 1.942; también fue muy recodado cuando en el mismo año fue concejal y presentó el famoso acuerdo para crear el liceo Manuel Uribe Ángel en Envigado.

Le tocó editar bajo la presidencia del Centro de Historia,  seis boletines de historia, en los cuales honró la memoria de los doctores: José Félix de Restrepo y José Manuel Restrepo, así como la de los padres de la Calle  (Jerónimo, Alberto María y José Miguel) describiéndolos como las figuras más connotadas de la Historia de Envigado.

El trabajo de posesión como miembro correspondiente de la Academia de Historia de Antioquia, versó sobre la vida y obra de Alejandro Vélez Barrientos, de un valor trascendental en  Envigado, inflamado con un verbo ardoroso por su pluma en donde da muestras de ser un valioso historiador. Merece especial reconocimiento el trabajo sobre la industria textil en Antioquia y en especial en su Municipio, en donde sostiene que fue el padre Cristóbal de Restrepo primer párroco de Envigado, el fundador de la industria textil en Antioquia, y que los primeros telares se crearon en Envigado y que esto es un aporte vital al bienestar económico y social para los antioqueños, sirviendo de base a la moderna y poderosa industria textil y lo califica como un prueba apodíctica, por tratase de una declaración del ilustre Cabildo de Medellín.

El doctor Alfonso Mejía, nació en el año de 1.902, y se graduó de abogado en la universidad de Antioquia en el año de 1.927, su tesis para recibir el grado versó sobre la “Propiedad Horizontal”. Se casó con la matrona Carlina Cuervo Restrepo en el municipio de Ituángo, de cuyo matrimonio dejó varios hijos que viven en Envigado y entre ellos se destacó el doctor Augusto Mejía Cuervo, en la profesión de abogado habiendo egresado de la Universidad Bolivariana de Medellín.

Su padre Ildefonso Mejía

Su padre Ildefonso (La Estrella, 23 de enero de 1874-18 de junio de 1928, Medellín), fue abogado, y tuvo varios cargos oficiales: en 1895,  prefecto de la provincia del centro, juez municipal de Medellín, juez de los circuitos de Titiribí, Sopetrán, Amalfi y Yolombó. Ayudó a fundar la primera casa correcional de menores “San José” en 1914.

Además fue muy activo como periodista en 1902, en plena guerra de los mil días, al fundar y dirigir  un semanario llamado “La Palabra”, de orientación conservadora. Alcanzó a tener diez ediciones, cuando fue clausurado por el gobernador Rafael Giraldo Viana. En el Boletín Histórico del Centro de HIstoria de Envigado, No. 7 de 1979, se reprodujo el artículo “El Tren del Domingo”, como respuesta a la polemica con otro periodista y columnista de otro periódico “La jóven Antioquia”.

En el Centro de Historia

Siendo presidente del Centro de Historia de Envigado, en 1969, reiniciar sus labores, luego de estar suspendido durante 15 años, desde 1954.  Entre sus estrategias fue la publicación del Boletín Histórico, por lo cual publicó cinco ediciones con los trabajos de sus miembros.

Organizó y coordinó la IV asamblea de los centros de historia de Antioquia, que se realizó en Envigado, dentro de la programación del Bicentenario de la ciudad , entre el 14 de julio de 1975 y el 11 de abril de 1976. Con apoyo del concejo municipal, mediante acuerdo No. 30 de 1975, publicó el libro “Semblanzas de los vicarios superintendentes José Jerónimo, Alberto María y José Miguel de la Calle” (abril, 1977. Editorial Argemiro Salazar & Cía Ltda.)

Describió con gran admiración los pro-hombres de Envigado que han ocupado la Gobernación de Antioquia, sostiene que don Juan Santamaría quien fue bautizado en la capilla que construyó don Francisco Ángel de la Calle, en la loma de San Rafael; fue gobernador de Antioquia en el año de 1.936, a la vez fundador y padre de Jericó en Antioquia.

El presidente Mejía Montoya participó y llevó la representación en los congresos nacionales de historia en 1969 en Bucaramanga; en Ocaña en 1970; en Cúcuta en 1971; Pasto en 1973; Medellín en 1974; y en Santa Fe de Antioquia en 1978.  de Igual manera estuvo en las asambleas de historia de Rionegro, Marinilla, Sonsón, Envigado, Santa Fe de Antioquia y Jericó.

En el Congreso de Historia de Medellín en el homenaje ofrecido por el Centro de Historia de Envigado en el jardín botánico asombró a los visitantes con la declamación de sus famosas décimas: – defensa del canecida -, un alegato que presentó al juzgado penal de Copacabana en el año de 1.946 en donde demostró su famosa defensa, sobre la muerte por envenenamiento de un perro y donde se condenaba a un carnicero por daño en cosa ajena; muy conocido en la prensa nacional en donde alegó como abogado penalista que no había ninguna determinación legal que impidiera la presentación de un alegato en verso y ajustado en derecho en su formulación penal, para que el juez permitiera que el demandado quedara libre de toda culpa. La concurrencia a tan recordado acto se rió con buena gana, y aplaudieron al doctor Mejía por tan majestuosa obra en décimas, dado a la obra por su perfección, lo que le valió la aceptación por parte del juez  y quedó en los anales de la jurisprudencia como doctrina penal y a la vez literaria.

orden al mérito

El 2 de agosto de 1.976 el Colegio de Abogados de Antioquia le confirió la orden al mérito profesional como abogado, condecoración muy meritoria por cierto, ya que el doctor Mejía Montoya se desempeñó por largos años como profesor de derecho penal en la Universidad de Medellín y ,hoy por hoy, varios abogados egresados de dicha universidad lo recuerdan con cariño como son los doctores – Francisco Santamaría y Alfonso Mejía Maya.

Ocupó los cargos de investigador en la Oficina de Investigaciones Criminales, secretario privado del rector de la Universidad de Antioquia, oficial escribiente de la Asamblea de Antioquia, inspector tercero de policía, Juez Tercero Civil Municipal, Juez promiscuo de Yolombó, Abogado de la personería de Medellín por doce años, Magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de Rionegro, Concejal de Envigado y de Bello, destacado periodista, director de Ceibas en Envigado, Alcalde Honorario de Envigado en el bicentenario, fue miembro de número de la Academia Antioqueña de Historia y del Centro de Historias de Envigado, publicó el libro: “Semblanzas de los Varones Ilustres  de Antioquia”, el doctor Alfonso Mejía Montoya, supo amar, y logró ser amado, su bondad como una de sus cualidades humanas, era generoso, amable, caritativo y muy buen amigo, se difundía como se esparce el perfume y penetraba hasta lo más profundo de su alma, los miembros del Centro de Historia de Envigado le reconocieron su actitud y sus cualidades como un historiador de destacadas cualidades, a ėl le debo lo conocimientos como un discípulo que le aprende al maestro, ¡gracias apreciado maestro! por esa inolvidable experiencia que tuve en mi vida y que gracias a este noble amigo, es por lo que soy y he sido dentro del Centro e Historia, porque me enseñó cómo se ama a mi ciudad, que dignamente la llevo en mi alma y en mi corazón. – Siempre llevaremos el recuerdo inolvidable del amigo, del compañero y del historiador.

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