William Ponce, coleccionista y estudioso de la música académica

Don William nos recibió en su casa, en el barrio El Dorado para compartir y dar a conocer parte de su gran colección de música. Es un físico graduado de la universidad de Antioquia, con maestría y doctorado en Estados Unidos, miembro de número de la academia colombiana de ciencias exactas, físicas y naturales, y aunque se retiró hace un par de años, mantiene el vínculo con los estudiantes. 

Igualmente, participa en la emisora cultural de la misma universidad con un programa “música del siglo XX”, en el cual aborda compositores, melodías, géneros que le permiten seguir contribuyendo al conocimiento y a la difusión de la música en el departamento.

William nos comenta que se inició en el coleccionismo hace 25 años, cuando conoció a otro coleccionista famoso de Bucaramanga Carlos Pinto Buenahora, quien se instaló en Medellín a finales del siglo pasado, “entonces me sedujo la colección de esa música de 78 rpm y empecé a coleccionar en ese momento”. En su ambiente familiar estuvo presente la fuerte influencia de su abuela, maestra jubilada, quien le gustaba cantar melodías de Sarita Herrera, Margarita Cueto y Pilar Arcos. Desde pequeño tuvo inclinación por tener y escuchar los discos, cuenta que se crio en un barrio de tango: Enciso (Medellín), donde se escuchaban estas melodías en los bares El Viejo Paris y Puerto Arturo, por eso dice sonriente: “El Tango fue mi canción de cuna”.

También recuerda que con la primera moneda que se ganó como monaguillo en la iglesia de niño Jesús de Praga compro la tercera sinfonía de Beethoven. Y de ahí en adelante siguió comprando discos, luego se interesó por la música del siglo XX. Y en todos sus viajes al exterior, tanto como estudiante como conferencista y de turista, aprovechaba para comprar y venir con sus maletas llenas de libros de música, de física y de discos. Y dice de forma orgullosa: “He llegado a tener una discoteca que ni siquiera las emisoras la han tenido”.

Esa semilla de la discoteca de Pinto ha ido creciendo con el tiempo, de un fondo inicial de diez mil discos ha pasado a tener más de 20 mil, en variados géneros, con especialidades en la música colombiana, en el período de la música acústica, antes de 1926. A parte tiene la colección de música clásica o académica que es muy grande, puede tener alrededor de 15 mil discos compactos y  long play incluyendo la obra completa de grandes compositores como Beethoven, Bach, Brahms, entre otros.

Precisamente contribuye con el conocimiento de estos grandes músicos con su programa radial, que realiza desde el 2010. Es una labor de difusión y análisis de las piezas musicales del siglo XX, una época que considera muy especial porque la música tuvo importantes desarrollos técnicos que aún perviven. Para él, el compositor más grande es Juan Sebastián Bach, del barroco tardío, luego está Arnold Schonberg, fundador de la segunda escuela de Viena, el primer compositor que hizo música tonal y luego dodecafónica.

William Ponce y su esposa Marta Quintero

Y como muestra de esa pasión por el coleccionismo y la apreciación musical, guarda las “joyas de discos” en diferentes estantes de su casa de dos plantas, distribuidos en la sala, el comedor, la pieza del reblujo, su estudio, su alcoba, de forma ordenada e impecable. Por ejemplo, en la sala tiene los de Guty Cárdenas (cantante, guitarrista y compositor mexicano, además de representante de la trova yucateca), y 300 discos de José Moriche, el tenor español, y dice que probablemente sea la colección más grande que existe en Colombia. Al preguntarle la razón de tan marco interés, me dice que es por su voz y el tipo de música que grabo, piezas muy importantes del reportorio colombiano con el cantante bogotano Arturo Patiño.

En el comedor tiene 1500 discos de 78, de Margarita Cueto, Juan Pulido y Juan Arvizu, Alcides Briceño y Jorge Añez (el dueto colombiano más importante que hubo), Ortiz Tirado y Pilar Arcos. De estos, calcula que tiene de cada uno, entre 150 y 200 discos. En otro estante del mismo lugar hay 1500 discos de música argentina, de cantantes como Alberto Gómez y Roberto Firpo. En esta parte de la colección tiene el género de tango que le gusta desde pequeño, aunque también tiene folclor argentino.

En el cuarto de reblujo tiene otra importante parte de la gran colección, unos 3500 discos de 78, centenares de cds de música académica, y me dice: “si usted me pregunta cuál es el más importante que tengo, es un disco de 1900 hecho en el Vaticano. Es una grabación del último castrato que hubo en la historia de la música: Alessandro Moreschi (cantante lírico italiano).

su gran coleccion de discos compactos y de música académica

Porque esta joya lo lleva a afirmar con autoridad que se ha preocupado por tener discos originales, es decir, primeras grabaciones, no reproducciones ni reimpresiones, “el coleccionista debe tener discos originales”. En un rincón del reblujero posee 120 discos originales de Gardel, “importante en la música popular, no sólo por el tango y el cine que hizo, sino que fue de los primeros hombres que hizo grabaciones eléctricas, fue el primer cantante que doblo la voz consigo mismo”.

De ese pequeño cuarto, subimos al segundo piso y entramos en su salón de estudio, donde además de los equipos de computo, tiene una victrola de 1902 (comprada hace 20 años a Carlos Mario Restrepo) y una colección de música colombiana, valiosa para su gusto. Música entre 1900 y 1910, de los payadores argentinos y cantantes como Ignacio Corsini, Gabino Ezeiza, Betinoti. Al pie de su escritorio tiene un pequeño estante con discos compactos de compositores rusos del siglo XX. Igualmente, abre el closet y muestra otra colección con muchos dvds, entre ellos tiene las operas completas de Mozart, y la obra completa de Beethoven, Ravel, Brahms, una edición histórica de Bela Bartok, destacado porque gravaba música folclórica de su país.

Proseguimos hacia su alcoba con la misma actitud generosa como cuando un padre orgulloso muestra sus hijos. Allí en un estante bajo al pie de la ventana se encuentra con la música que considera la más valiosa: la música colombiana de 1910, las primeras grabaciones de Pelón y Marín, la de los hermanos Uribe; discos e hitos colombianos como el canto del antioqueño, grabación original de un poeta español llamado Pedro Vinart, y según él, es la única discoteca donde esta. También están discos del barítono español Emilio Sagi Barba, la soprano francesa Ninon Vallín, Moriche Patiño, Arturo Patiño, música Lírica como los discos originales del tenor italiano Enrico Caruso; el primer tema colombiano que se grabó en la RCA Víctor en abril de 1908, un pasillo Colombiano de Pedro Morales Pino, interpretado por el trío Bandurrias y guitarra, de los cubanos Hidalgo Reynoso y Villalón.

Para terminar este mostrario de sus “hijos más destacados”, explica el contexto del himno oficial de Colombia antes de ser establecido oficialmente por Marco Fidel Suárez en 1923, y agrega que hubo otras grabaciones históricas y de mucho valor como el Himno republicano tocado  al piano por Emilio Murillo, el himno cantado por una soprano española Emilia Sánchez realmente llamada Emilia Vergeri; la primera grabación antes de ser himno oficial por la Arthur Pryor’s Band en 1910, diez años antes. También muestra el disco de la lira antioqueña (1911), en una gira por Estados Unidos. Sigue sacando discos y exhibe el primer himno grabado con la primera máquina portátil en Bogotá, para luego hacerlo en acetato en Norteamérica: es el himno famoso de Tito Schipa pieza obligada en todo coleccionista, y como aspecto destacado, fue la primera vez que se grabó con todas las estrofas. Y mientras saca de su funda el disco con la grabación de Schipa y lo mira con atención, da otra puntada para ser un verdadero coleccionista: “una cosa bien importante de un disco: el estado en que este, debe estar impecable para ser una pieza de colección”.

Y relata cómo una vez un amigo de edad le dijo que vio en cierta ocasión ese mismo himno pero en dos discos de 78, de 10 pulgas por lado y lado, y concluye: “sería una pieza valiosísima si existe, es de las cosas que los coleccionistas andamos buscando y le rogamos al cielo que algún día la encontremos”.

Volviendo al comedor y terminando este recorrido, don William me muestra la primera acta de fundación de la Corporación de Coleccionistas de Envigado “Daniel Uribe Uribe”.  Me va diciendo quienes eran y qué hacía cada uno de los fundadores: Carlos Fernández O. (primer fiscal, profesor jubilado de la U de A.), William Ponce G., Aníbal rojas (el dueño del Bar Atlenal), Oscar Rivillas A. (dueño del bar El Señor Tango), Guillermo Tamayo (hijo y coleccionista de música ecuatoriana), Orlando Rodríguez, José Restrepo, Carlos Mario Restrepo (dueño de la Cabaña del Recuerdo), Guillermo Tamayo (padre), León Acosta (comerciante y transportador de Caldas, negociante de discos), Gabriel Ochoa, Guillermo Ramírez Q. (contador y primer tesorero), Carlos Rendón (maestro de canto, fue presidente de cortiple), Gildardo Cardona (con bar en El Salado, de familia de coleccionistas), Gerardo Rave (dueño del Salón La Florida), Rafael Agudelo, Marta Quintero R. (su esposa y primera secretaria) , Héctor Londoño R. (alcalde en esa época), Francisco Londoño (pescaito, dueño de dos bares La Gruta Simbólica y Con lo de antes) y Rubén Darío Londoño R. (hermano de Hector).

victrola de 1902

Su ingreso a la corporación le ha traído grandes satisfacciones, incluida su actual esposa doña Marta Quintero, quien estuvo como secretaria y fundadora de la misma en los primeros años. Comenta que el origen de la corporación estuvo en los concursos de música entre los coleccionistas, quienes exhibían su buena música y un jurado determinaba los ganadores. Él estuvo en cinco certámenes, pero esa forma estaba creando malestar, como dice don William: “obviamente los que salían felices eran los ganadores y los demás quedábamos un poquito incomodos, yo nunca gané, entonces decidimos junto con Carlos Mario Restrepo acabar con esos concursos e iniciar otras actividades donde lo principal era el compartir la música, entonces ahí nace la corporación a principios del año 2000”.

Con el ímpetu de la idea se formalizaron los estatutos, redactados por el historiador Vedher Sánchez y se aprobaron en la primera asamblea el 18 de mayo de 2002, realizada en el estadero La Florida de Gerardo Rave, que quedaba al frente de la iglesia de San José. Don William fue presidente durante diez años y también estuvo como vicepresidente Héctor Londoño otro gran coleccionista, que en ese momento era el alcalde de Envigado.

A la Corporación siguen llegando nuevas personas y más jóvenes, según su director Sergio Quiroz, porque coleccionar es natural al ser humano que quiere retener para sí un objeto que considera valioso. Una provisional conclusión a este recorrido por la colección valiosísima del profesor William Ponce, fruto de su pasión y amor por el arte musical, suma perfección del genio humano.

Y como bien dice la escritora Susan Sontang en su libro El amante del volcán (1992):  La necesidad del coleccionista tiende precisamente al exceso, al empacho, a la profusión. Es demasiado…Y es lo suficiente para mí. Alguien que vacila, que pregunta. ¿Necesito esto? ¿Es realmente necesario?, no es un coleccionista. Una colección es siempre más de lo que sería necesario. «El amante del volcán» (1992), Susan Sontag

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