Tras las huellas de un belga en suelo paisa

  • Tras las huellas de un belga en suelo paisa
  • Tras las huellas de un belga en suelo paisa
  • Agustín Goovaerts falleció a los 58 años de edad, en su natal Bruselas. FOTO cortesía

    Agustín Goovaerts falleció a los 58 años de edad, en su natal Bruselas. FOTO CORTESÍA

    • POR VALENTINA HERRERA CARDONA | PUBLICADO HACE 11 HORAS
 3 hijas tuvo Goovaerts con su esposa Jeanne M. Desmet, cuando vivió en Medellín. 1920 sería el año en que llegó a Medellín y además enseñaría en la Facultad de Minas.

Si alguna vez usted ha querido comprar un par de zapatos deportivos, de seguro le han recomendado ir al “Palacio”. O si ha pasado por la Plazuela de las Esculturas, quizás se ha topado con una edificación ajedrezada que parece sacada de un cuento de fantasía.

¿Las ha visto? Entre estas dos edificaciones hay mucho en común: además de estar conectadas por una de las vías principales de la ciudad, Carabobo, ambas son palacios y fueron imaginadas por el mismo artista.

El Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe y el Palacio Nacional son dos de las obras más representativas de Agustín Goovaerts, uno de los arquitectos más representativos de los años 20 de la creciente Medellín.

Pero ¿sabía usted que tiene en su lista más de 100 obras arquitectónicas? ¿Conoce otras? Les compartimos algunas.

Su llegada

“El Sr. Gobernador comisiona al Dr. Ed Champeau para que contrate, un arquitecto francés. Puede contratarlo para que venga a esta ciudad, haga el estudio del terreno, de los materiales de que se dispone, de la capacidad de los obreros, de las necesidades del Departamento, y con todos estos datos acopiados volverá a Francia a construir los planos y entregarlos con todos los detalles, de manera que uno de los constructores de Medellín pueda ejecutar la obra”.

Así consignaba la edición de EL COLOMBIANO, del 20 de febrero de 1916, el interés de un gobierno departamental, en tener un palacio, no un edificio, un palacio digno de la creciente Medellín, industrial y textil.

Era además un interés particular en que fuera un europeo y con formación conservadora, pues así lo requería la élite de la época, según explica Luis Fernando González, docente de la Universidad Nacional, sede Medellín.

Llegaría entonces un joven, no francés, pero sí belga, quien además de diseñar el Palacio de Gobierno, actual Palacio de Cultura Rafael Uribe Uribe, terminó por dejar su huella en más de 100 elementos arquitectónicos del departamento, entre edificios públicos y privados, monumentos, puentes y restauraciones.

“Pedro Nel Gómez, el mandatario departamental de ese entonces, se encontraba de viaje en Europa y contactó primero a un arquitecto que no pudo llegar por efectos de la guerra”, comenta González.

Luego contactaría a Goovaerts y su contratación no solo sería para diseñar y construir el palacio, “sino para dirigir la oficina de arquitectura del departamento. Ahí comenzaría una actividad muy febril en la construcción, no solo en Medellín sino en muchos municipios de Antioquia”, agrega el experto.

Según referencia Martha Vélez White, en su texto Agustín Goovaerts y la arquitectura en Medellín, este profesional nació en Bruselas en 1885 y se formó como arquitecto en la Escuela San Lucas, institución que además le otorgó un reconocimiento: Primer Premio de Arquitectura en 1905.

La bella Villa

A Medellín llegaría en marzo de 1920, cuando este era un territorio que comenzaba a evidenciar el cambio de una pequeña villa a una ciudad impulsada por la industria y el comercio.

Luis Fernando Arbeláez, arquitecto y urbanista, resalta ese momento histórico como aquel en el que se empezaron a consolidar una serie de obras públicas que daban indicio del cambio de Medellín en una gran ciudad.

“Los palacios, el Edificio Gonzalo Mejía, con su Teatro Junín y Hotel Europa, las iglesias de La América y El Sagrado Corazón, entre otras obras, son una serie de arquitectura de gran formato, que empezaron a señalar hitos en la historia y dinámicas de los barrios y plazas de la ciudad”, destaca Arbeláez.

Por otra parte, de acuerdo con González, aunque en Medellín ya se estaban gestando obras significativas, como el caso de la Catedral Metropolitana, la llegada de Goovaerts significó la consolidación de un momento en la arquitectura de la ciudad.

Al estilo Goovaerts

Además de las obras mencionadas, la creatividad y estilo de Goovaerts están impresos en muchos referentes de la ciudad.

Algunos de ellos son la antigua Escuela de Derecho y la Facultad de Medicina, ambas de la Universidad de Antioquia. La última tiene declaratoria como Bien de Interés Cultural Nacional, de la misma institución.

La capilla del Cementerio San Pedro, algunos monumentos funerarios ubicados allí, la capilla del Hospital San Vicente de Paúl y uno de sus pabellones, y el asilo de ancianos (San Juan con Niquitao), son otras obras que han sobrevivido al avance del progreso urbano.

La lista continúa, aunque muchas de sus creaciones ya no sean visibles. Una de las más representativas, por ejemplo, era la cárcel La Ladera, lugar donde actualmente hay un Parque Biblioteca que lleva el mismo nombre. O el Edificio Calpe, donde también funcionó la administración municipal.

Pero no solo sería Medellín la ciudad de sus creaciones. Al ocupar el cargo de arquitecto departamental, sus planos y diseños llegaron a algunos municipios de Antioquia.

Hoteles en Abejorral y El Peñol, iglesias en Betania, Santa Rosa de Osos, Caramanta, Sonsón, entre otros; edificaciones en Ciudad Bolívar, Valparaíso y Rionegro, hacen parte del inventario arquitectónico de Goovaerts, entre muchas creaciones.

Incluso, hasta Manizales y Bogotá llegó el belga para dejar huella con su disciplina y estilos únicos.

Definir un estilo arquitectónico en las obras de Goovaerts es complicado, pues “a pesar de ser tradicionalista, impregnó una corriente artística diferente en cada obra. Sus creaciones son un libro de estética arquitectónica de Medellín”, asegura González.

Una alianza clave

Agustín Goovaerts no trabajó solo. Junto a Félix Mejía, uno de los arquitectos antioqueños más destacados de la época, formó la sociedad Félix Mejía y Cía., y así engrosaría más el registro de diseños y obras, con las que le daría, según recuerda González, un verdadero aire de ciudad a Medellín.

Con esta sociedad, construiría la mayoría de sus obras privadas, en especial casas para familias adineradas, así como reformas, mejoras e intervenciones, una de ellas, la realizada a la fachada de la iglesia San Ignacio, en el Centro de la ciudad.

Dejar huella

La influencia del trabajo de Goovaerts daría paso a un interés por continuar con la arquitectura de gran formato.

Algo que Arbeláez define como “arquitectura industrial, es decir, aquel grupo de obras realizadas por las grandes compañías que pensaban en mostrar su prestigio y reconocimiento a través de estas grandes estructuras, que a su vez fueron ubicadas en puntos estratégicos de la ciudad. Eso es algo que se dio luego del trabajo de Agustín”, agrega el urbanista.

A lo que Vélez complementa con su apreciación de la obra de Goovaerts como la unión de la belleza en los diseños con la alta calidad constructiva, pues “su esfuerzo de adaptación e integración de saberes técnicos han aportado mucho al desarrollo de nuestra arquitectura posterior”.

Es así como el interés en construir un palacio llevó a que la ciudad se enriqueciera con una variedad arquitectónica que no solo es reflejo de la capacidad creativa de la época, sino que es testimonio y memoria de uno de los momentos históricos más importantes de Medellín: sus inicios y consolidación como ciudad industrial. Una ciudad que, como ahora, vive en la idea del progreso.

CONTEXTO DE LA NOTICIA

MI PERCEPCIÓNPROTEGER LA OBRA DE GOOVAERTS

La obra de Agustín Goovaerts necesita ser catalogada y registrada, para así mejorar su difusión y protección. Esto como respuesta a la urgente necesidad que tiene la ciudad de conservar su patrimonio arquitectónico, una de las evidencias materiales más importantes para la memoria de la cambiante y transformada Medellín.