templo santa gertrudis la magna

La historia del templo católico como lugar central de la población y del territorio, de concentración, de brújula y eje principal del municipio, se remonta a la época del desarrollo rural, entre 1650 y 1770, cuando el visitador Francisco Herrera Campuzano, adjudicó los terrenos de Envigado, el Ancón e Itagui a Doña María de Quezada, viuda del capitan Juan Dazza. La venta de lotes de tierras atrajo a nuevos colonos, algunos españoles, que en compañía de sus esclavos, se fueron ubicando en la zona.

Varias familias como los Vélez, los Benítez, los Sotos, los Isazas, los Restrepos, los Fernández, entre otros, quienes conformaron las primeras generaciones de pobladores de toda la zona sur del Valle del Aburrá.   Las primera unidades de producción agraria son haciendas que incorporan todas las actividades propias, con establos, pesebreras, sementeras o parcelas con cultivos de pancoger, casa de molienda y

alojamiento para los esclavos. Un ejemplo típico de la hacienda colonial es la casa de la cultura, “Miguel Uribe Restrepo”, que conserva parte su estructura y disposición espacial.

El primer templo católico  se ubicó en el sector de San Rafael, construido por la familia De la Calle y su principal cabeza, Don Francisco de la Calle, quien construye una capilla en su hacienda en 1750, dedicada a Nuestra Señora de los Dolores, luego de obtener la licencia el 28 de julio del visitador Melchor Gutiérrez de Lara. Previamente habían obtenido autorización eclesiástica y justificado desde varios motivos: la existencia de aproximadamente 400 habitantes,

la necesidad de control social y moral, y el difícil traslado hasta la Villa de la Candelaria para los oficios religiosos.

Desde 1772, se inicia el proceso de erección de la parroquia en el parque principal con la gestión de las principales familias de la clase alta como los hacendados blancos para obtener los permisos eclesiásticos de Popayán, capital de la Diócesis y jurisdicción a que pertenecía la villa de la Candelaria de Medellín y por ende el territorio de Envigado.

El cura vicario de la villa Juan Salvador de Villa y Castañeda hizo la solicitud ante el obispo de Popayán, Jeronimo Antonio Obregon y Mena, para erigir dos parroquias por incremento de los pobladores: Envigado y Hato Viejo (Bello). En ese mismo año de 1772 se levanta el expediente eclesiástico para corroborar las condiciones de erección. Se comisiona a José Jerónimo de la Calle, miembro principal de la élite local, para que reúna la información necesaria, y  es así como se levanta un censo que da como resultado 2.163 personas y el testimonio de varios de los representantes de la sociedad rural envigadeña, quienes declaraban las condiciones del sitio y las posibles rentas y recursos para el sostenimiento de la nueva parroquia. Entre ellos, tenemos a Don Vicente Restrepo, cabeza del tronco familiar, del cual desciende José Felix y Cristobal, el primer sacerdote de la parroquia. Otros testimonios fueron: José Palacio Estrada, Antonio Arango y José Antonio Isaci Atuesta. Este donaría las tierras donde se levantaría a partir de 1776, la plaza, calles y manzanas del casco urbano de la ciudad.

El 13 de julio de 1773, el obispo de Popayán decreta la erección de la nueva parroquia, ratificado por el gobernador de la provincia Juan Jerónimo de Encizo, en septiembre del mismo año. Sin embargo la capilla construida en el sector de San Rafael continuó prestando sus servicios hasta tanto no se construyera la nueva iglesia en los terreno donados por Isaci Atuesta, para iniciar el nuevo poblado urbano. Es allí en San Rafael, donde comienza a ejercer su ministerio el padre Cristóbal José Restrepo Velez, desde diciembre de 1775.

Hacia finales del siglo XVIII, la nueva capilla en la nueva plaza se convirtió en el centro religioso de la población. No se tienen datos de su construcción, sin embargo hacia mediados del siglo XIX, se volvió insuficiente para albergar a los habitantes, por su crecido número. Esa sí como mas de 80 vecinos, el 25 de septiembre de 1859 dirigen una carta al presbitero Julián María Upegui pidiéndole que interviniera con el Obispo y obtener el permiso de demolición del viejo templo y edificar uno nuevo.

El 21 de noviembre del mismo año el Obispo dispuso que se organizara una Junta con tal fin. Los trabajos se iniciaron pero pronto hubo que suspenderlos debido a la guerra civil de 1860. El Pbro. Simón de J. Herrera, encargado de la Parroquia, se dirigió al Obispo de Medellín Valerio Antonio Jiménez el 20 de octubre de 1864 pidiéndole permiso para continuar con el Templo. El 25 del mismo mes, el obispo Jiménez concedió el permiso y ordenó, que como tenían que destruir la antigua Iglesia pues la construcción era en el mismo lugar, que si para celebrar la santa misa no había capilla en la población se habilitará una y en los días festivos se celebrará la santa misa en la plaza. De Capilla sirvió una de las habitaciones de la Casa Cural y en los días festivos se celebraba la santa misa en un tablado construido en el costado occidental de la plaza. El 16 de noviembre de 1864 se reanudó la construcción.

Tiempo después lo continuó, bajo la hábil dirección del ingeniero Henri Breche, el presbitero Jesús María Mejía, quien después de grandes esfuerzos y dificultades tuvo el gusto de terminarlo y hacerlo consagrar solemnemente el 24 de febrero de 1897.

Breche había llegado en 1856 a explotar minas en compañía de otros ingenieros franceses Adolfo y Pablo de Bedout, Armand de Coleville, Eugene Lutz y el conde Adolfo de Bourmount. El ingeniero francés se quedó un tiempo trabajando en algunas obras y retornó luego a Francia hacia finales del siglo.

imagenes recreativas del aspectos de los primeros pueblos

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