Samuel Arturo Meza y Posada

Por: LUIS ALBERTO RESTREPO MESA, Miembro de número

“Los hombres verdaderos, son los hombres de conocimiento, los hombres que  saben ver, les conocen la verdadera realidad de las cosas a través de los sueños”.

En el transcurso de mi vida he visto desfilar a muchos de mis compañeros, pero se me nublan los ojos cuando viene a mi mente el imborrable recuerdo de la persona de SAMUEL ARTURO MEZA Y POSADA. Al partir dejó huérfanos a sus amigos, a su Envigado del alma y al Centro de Historia de Envigado, a quien le entregó el fruto sazonado de una vida cargada de experiencias.

Se fue el capitán, que Dios lo tenga en la gloria eterna y en su seno, como lo tenemos nosotros en el corazón. Carly dice: “El genio es el infinito arte de trabajar con paciencia”, así trabajó incansablemente Meza y Posada, como un noble varón  de virtudes cristianas.

Nació en Medellín el 14 de enero de 1.894. Al analizar su figura, es situarse en un ser superior en el sentido de la palabra, de clara inteligencia y de completísima formación histórica, desde su juventud conoció la Literatura y compuso versos, se ubicó en el cuadro de los médicos colombianos, conocía a perfección la Medicina, obtuvo el título de Médico Cirujano en la Universidad de Madrid en España, y se especializó en Alemania; era exquisito en su trato, tenía conciencia de su autoridad, muchas gentes sabían que podrían recurrir a él con la confianza de encontrar en su persona el sapiens, el utilis y el conciliarium.

Pertenecía a una de las familias más distinguidas de Medellín, de prosapie  como hombre de visión, venía de  ascendencia de hombres y mentes organizadas y prácticas.

Fue uno de los grandes de la poesía, lo conocieron en Aránzazu en la Séptima Feria de la Cabuya cuando participó con su famoso poema: “ELOGIO A LA CABUYA”, ocupando un puesto destacadísimo, cuando dijo:

”Yo vengo a saludarte con métrica sencilla,

oh Fique, oh agave, oh pita, industria y maravilla

bajo el paraguas rubio de corruscante sol,

diadema de plantío que ostenta el embeleco,

sin dolo ni inquietudes, ni inquinas de arrebol.”

Este poema consta de diez y siete estrofas todas muy bien concatenadas y que hoy reposan en la literatura del Departamento de Caldas, con el premio de un cetro por su decir castizo. Es de admirar que por sus esfuerzos históricos e investigativos era tal su erudición que se quedaba uno estupefacto por su capacidad de conocimientos de la Historia Colombiana y Universal.

Amigo de los archivos, construía ciencia auténtica, la hacía avanzar como pocos lo han hecho y fueron muy sabias las lecciones aprendidas de un buen Historiador de su talla.

Era un intelectual de la más pura estirpe, toda vez que era sobrino del doctor Andrés Posada Arango, prestigioso científico, botánico y naturalista, de reconocimiento internacional: una planta de la familia de las cucurbitáceas lleva su nombre científico llamadas:”posadae spheracorpa” cuyo nombre vulgar es, el Tarralí.

Es autor de varios libros: Minas de Antioquia, Elogio de los Animales, La Parálisis Infantil, que vino a ser su tesis de grado, Biografías Sintéticas de Médicos Antioqueños, Gestas de Amor y de Sangre, sobre la guerra de Marruecos, los Médicos de la Colonia y la Independencia, Léxico Médico Popular de Colombia.

El doctor Meza y Posada es socio fundador del Centro de Historia de Envigado y fue su primer Presidente, el que desempeñó con lujo de detalle, igualmente la Secretaria del Centro de Historia, llegando a ser secretario perpetuo, se firmaba con el seudónimo “Álvaro de Galamanca y el Bachiller Oviedo”.

Ingresó a la Academia de Historia de Antioquia como Socio Correspondiente, en diciembre 4 de 1.941 y Socio de Número en noviembre de 4 de 1.958; perteneció a varias Academias y Centros de Historia  a nivel Departamental y Nacional.

Escribió en varios periódicos tales como el Colombiano, Obrero Católico y varias revistas de medicina e Historia.

Ejerció la medicina en varios municipios de Antioquia y en Manizales cuando se vinculó a campañas parasitarias y adelantó múltiples acciones sanitarias de educación popular y sus últimos años de vida se los dedicó a la Historia en donde desempeñó el cargo de profesor en varios colegios.

Falleció en su querido Envigado el 6 de enero de 1.965 donde se le dio cristiana sepultura.

También llevó encomiables iniciativas desde la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín. Fue condecorado con la medalla de oro de la Cruz Roja de Envigado en el año de 1.947 ya que era uno de los que más colaboraba con dicha institución a nivel Departamental y Nacional. Fue delegado al III Congreso Hispanoamericano de Historia celebrado en Cartagena de Indias en el año de 1.961.

Se especializó en Neumocardiología y adelantó sus prácticas sobre la materia en los hospitales de San Juan de Dios, San Carlos y en Madrid siendo médico de cabecera de los Reyes de España.

Posteriormente se matriculó en la Escuela de Tisiología y se hace discípulo de los distinguidos médicos Verdés, Montenegro, Mut y Calandre y en España toma parte de algunas actividades académicas.

Regresa a Colombia y empieza el ejercicio de su profesión como legista de la infancia en Medellín y Santa Fe de Antioquia.

En Medellín fundó la revista de la Cruz Roja y publicó algunos folletos entre los cuales se destacan: la religión y la ciencia, son muy interesantes algunos sobre las quebradas de Envigado, (la Ayurá y la Doctora) escribió en el periódico Ceibas de Envigado varios artículos de valor histórico para ciudad.

Fue un gran enamorado de los animales y por tal motivo fundó en Medellín la sociedad protectora de los animales, saco varios trabajos importantes como el estudio histórico del caballo.

Sólo a la luz del espíritu, la historia del hombre adquiere una explicación satisfactoria; y por eso la anécdota toma vivencia de su tradición como un esfuerzo creador que hace grande a la persona, y pone de presente que vale vivir al servicio de los demás; sea nuestra familia quien obtiene el valor de su sangre o por el desconocimiento que se tiene del compañero de aventuras o en su muerte, o la amistad cuando emana caridad. Pero la Historia nos enseña que no todo está perdido pues heredé para estos tiempos el sitial de Socio de Número del Centro de Historia de Envigado, que él tuvo a bien fundar.

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