Origen del Coleccionismo musical de Envigado: Los cafés, bares, cantinas y graneros mixtos.

Arrieros, obreros, empleados, y trabajadores en general frecuentaron en el siglo XX varios sitios de bares, cantinas, graneros mixtos para escuchar y disfrutar de buena música, al calor de las cervezas y las vitrolas y pianos. Sus administradores y dueños se volvieron aficionados y empezaron a coleccionar generos y estilos de música, interpretes, conjuntos, y hoy poseen miles de discos de 78 rpm y lps, grabaciones en casete, portadas y catalogos que les han permitido poseer un saber.

Gabriel Ochoa es uno de los coleccionistas destacados, nacido en el sector de El Salado, al frente del bar la última copa, es hijo de arrieros y campesinos de la Catedral: «mi papa tenía una fonda, mas arribita del estadero de Miguel Cardona, en una casa antigua, allá mantenía una ortofónica, con muchos cerros de música, porque mi papa toda la vida le ha gustado. Cuando yo tenía 7 años, mi madre me pidió poner la música a los arrieros. Ellos bajaban el carbón al monumento de la madre, la tierra de capote, la leña, luego subían y se quedaban en la fonda. Nos encargábamos de echarle harina de trigo, maíz y miel a las bestias en los bongos, luego nos poníamos a poner la música, y los arrieros, en número de 10 a 15, se quedaban toda la tarde» .

En esa forma de trabajo novedosa para un niño, en el sector de El Salado, cuenta una anécdota: «poníamos la música con unas agujas  y una noche, estaba muy tarde como a las 6 de la tarde, no había agujas, y me dijo: “mire el gentío que hay y sin agujas no trabajamos esos discos”, vaya a la despensa que papa tiene una caja de puntillas y le bota la cabeza con las tenazas con que herraban a las mulas, y entonces le lleve varias y seguimos. Eso daña la estría de los discos, por eso es difícil conservar en buen estado esos discos antiguos. En esa oportunidad habían bajado muchos arrieros a escuchar música, de esa carrilera, como los hermanos Arango: Eliseo, Andrés, Tulio y Joaquín y su abuelo materno Manuel Giraldo y abuelo paterno Valeriano Ochoa Uribe. A mama y a mí nos tocaba adentro y mi papa sirviendo la cerveza, que era por cajas, se servía la pilsen o la casquimona como le decían. Al final de la noche, le dije “mama mira, acabamos con los discos”, “mijo necesitábamos el dinero para poder comer, papa consigue muchos, le traen por cajadas”. Ya con el tiempo y con sus hermanos, fidel, Aurelio, Jairo, Gustavo, Delio e Iván, comenzaron a administrar varias cantinas, algunas de su papa y otras como la ultima copa que fue de Manuel Flórez y luego de Miguel Cardona, quien le pidió que se la administrara, con un piano 1800. El tenía el estadero La Piragua. Su hermano Jairo administraba la del frente, su papa otra y la de playa rica que era el local de la junta de acción comunal (al frente del local actual del mismo nombre)».

Trabajo campesino combinado con la modernidad de los dispositivos de reproducción de música, como las vitrolas, la ortofonica, los pianos de marca Seeburg para poner a tocar de una selección de 50 discos o más. La compañía productora de los pianos J.P. Seeburg Piano Company, fue fundada en 1907 en la ciudad de Chicago (E.U.) y se especializó en pianos, orquestas y órganos de teatro que funcionaban con monedas. Esa cualidad de reproducir la música con instrumentos automáticos, hizo que la compañía tuviera mucho éxito. Como líder, se aseguro de fabricar pianos de gran calidad y duración, dignos del nombre J.P. Seeburg.

Continua don Gabriel contando era la dinámica y los apellidos de su familia, de origen arriero:

«Fueron cuatro pianos sonando, dos mil cienes y dos eme cien. La clientela eran los arrieros, y comenzó a subir gente de Envigado, como Enrique Henao a comprar música a mi papa. Le pregunte que si iba a empezar a vender la música a centavos, qué íbamos a poner. Me contestaba que había mucha. El trabajaba en Coltejer, en tintorería y tenía muchas relaciones con mucha gente. Trabajo 44 años. Los apellidos de mi papa eran Ochoa Uribe y la mama era de los giraldos de Caldas. Todos los abuelos provienen y se criaron en dos fincas: los zapotes y el roble, al frente de la finca de Pablo, la catedral. Era de Valeriano Ochoa Uribe. Mi abuelita era Uribe Uribe. Se dedicaron en la finca a cría de ganado, a bajar carbón, leña, tierra de capote, a joaquin Arango, que familiar de mi papa y mi mama, que tenía unas bodegas grandes al frente del monumento a la madre. Cultivaban también café pajarito, naranjos, plátano, yuca, tenía de todo.»

Lugar donde quedaba el bar As de Copas, hoy Billares La Merluza (El Salado), foto CHE.
Bar de Raúl Vanegas, sector El Socorro. Foto CHE

Compartimos un recorrido realizado con él en abril del presente año, ubicando esos lugares que convocaban diferentes personas para apreciar la música que ellos compraban en Medellín, en el eje cafetero, entre otros.

La historia de su padre es diciente de los comienzos de su afición y su pasión por la música y el coleccionismos, cualidad heredada por él, y que aún mantiene en el cuartico de su casa en el Salado. Al respecto comenta la forma como su papa dejó la arriería, pasó a ser obrero y luego a dueño de los bares: «Cuando una borrasca se vino en el monte eliseo, y tapo la quebrada La Ayurá, entonces Coltejer se quedo sin agua. Entonces llamaron a todos los campesinos para que fueran a trabajar allá, a hacer unos muros. Allí recogían todo el agua para el publico y para todo, incluso Coltejer. Así comenzó a trabajar en la fábrica, tenía 14 años. Dejo las mulas, y más tarde montó los negocios. Trabajaba en la fabrica hasta las 2 de la tarde y se venía a abrir las cantinas, hasta las 9 de la noche, porque le tocaba madrugar a las 2 y media de la mañana. Luego Gustavo, mi hermano compro un bar con un piano mil cien al frente de la portería de la fabrica, con el dinero de venta de los negocios del salado y me lo dió a mi. En esa parte estaban otros bares:  el bar la chucha, otro del papa de biscocho y al frente estaba el de Enrique Henao, que luego también fue comprado por mi hermano Gustavo. Los bares tomaron auge por los clientes de la fábrica. Vendíamos tinto, con el piano mil cien y yo tenía mucha música. Me había dedicado a ir a Pereira, Armenia, Ibague a comprar música. También en la carrra bolivar con Palace en Medellín, en los cajoncitos de la acera, traían mucha música en la semana, saldos a cinco o diez centavos. Acumule tanta música que a lo último un compañero de escuchar música Alberto Ochoa». 

Es característico en el coleccionismo músical que la afición haya comenzado en el bar, la cantina, la fonda o el granero mixto, que aglutinaron en su momento a arrieros y campesinos, luego a los obreros, para quienes la diversión era escuchar, apreciar y disfrutar las melodías, canciones e intérpretes. Con el tiempo, los propietarios de los lugares, conformaron sus propias colecciones especializados en géneros y que hoy sus hijos en gran parte conservan. 

  • La calle de Rosellón o alrededores de la antigua fábrica textil se ubicaron diferentes bares que aglutinaron a los obreros y obreras alrededor de sus predilecciones musicales. El Café El Entrerriano administrado por los hermanos Quiroz Jesús maría y Julián, coleccionistas y dueños de otros bares en Medellín. El Bar de José Osorio fue de fama por el serivicio prestado exclusivo y dividido en una parte para las mujeres, obreras y empleadas de la fábrica en donde podían estar sin ser molestadas y escuchaban los boleros de Leo Marini, Hugo Romani, Gregorio Barrios, Lucho Gatica,Arturo Gatica, Alberto Granados y Daniel Santos, entre otros.
El Café El Entrerriano, cuadra abajo de la Iglesia San José.

Y otra parte para los hombres, que además de jugar al billar, escuchaban tangos como los de Óscar Larroca, Armando Moreno, Julio Martel, Raúl Berón, Raúl Iriarte, Alberto Castillo y Alberto Podestá, entre muchos. También escuchaban música antigua como al de Chicho y Margarita, Lorenzo Barcelata, Las Hermanas Padilla, Lydia Mendoza, Jorge Negrete y Pedro Infante. También en Rosellón estaba el bar de Enrique Henao (padre) y donde su hijo Enriquito se contagió por la música antigua y el coleccionar los discos. El bar Kennedy de Gustavo Ochoa (padre de Gabriel), el bar La Chucha (donde se jugaba cartas y los obreros consumían el famoso perico o sea, café con leche. El bar Shanghái (del papa de biscocho, otro coleccionista), el bar de Pedro Nel Mejía y el Bar Pachuzo, en el sector del Guaimaro al frente de la iglesia de San José .

Bar de Enriquito Voces del Recuerdo, Alonso Mejía y Enriquito Henao, Archivo Alonso Mejía.
  • Las cantinas y graneros mixtos del sector de El Salado, como El As de Copas, donde Gabriel formó un club de atletismo; el bar de Raúl Vanegas en el sector de El Socorro, un lugar tranquilo, especializado en música antigua y tradicional como José Moriche, Carlos Mejía, Tito Guízar, Tito Schipa, Alfonso Ortiz Tirado, Margarita Cueto, Juan Arvizu.
Bar La Última Copa, sector de El Salado. Foto CHE.
Bar La Silga, Foto CHE
  • Los bares en los alrededores de la Plaza de Mercado como el bar discoteca de Enriquito, con cuatro mesas de billar, diez mesas y un piano M100 donde se ponía la música campirana mexicana, arias de la ópera mundial, y todos los grandes de la época como Ortiz Tirado, Juan Pulido, José Moriche, Alba del Castillo y Libertad Lamarque. El Bar Aqui Es, en una de sus esquinas, años 1990; el Bar Escocia (aún existe); El Bar Ganadero fundado por Gabriel Antonio Arcila Ochoa alias «Bartolo», lugar donde los carretilleros y carniceros del sector armaban fiestas con la música guasca y campesina de Antioquia como las Estrellitas, Las Gaviotas, Los Relicarios, Los Pamperos, etc. Bar La Cueva
Bar Aqui Es, a un costado de la Plaza, esquina sobre la 38 sur.
  • Los bailaderos y discotecas del parque , siguen orbitando en los recuerdos de diferentes pobladores al evocar sus sitios de diversión en su juventud. Mencionamos solo algunos: La Macarena (costado occidental del parque principal); El Café Aventino, La Puerta del Sol, La Naranja Mecánica, Saint Tropez, Berioska, El Pandequeso, Zingara, Chaplín, La última Copa, entre otros. Unos desaparecidos, otros presentes, aunque transformados en otros espacios de menor bohemia.
Bar La Macarena, costado occidental del parque principal, Archivo Bar Shangai.
Don Gabriel Ochoa en la alcoba del segundo piso de su casa en El Salado, santuario de sus colecciones.

Fuentes: Alberto Burgos Herrera Cafés, Bares y música en Envigado.

Entrevistas a: Gabriel Ochoa, julio 2022, Gustavo Escobar Vélez.

Fotografías: Fotos Antiguas de Envigado, página Facebook.

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