Presbitero francisco eduardo toro

Por:  Daniel Restrepo González, Envigado, marzo 3 de 2014.

nació en Salgar, Antioquia, el 28 de noviembre de 1944, hijo de don Bernardo Toro Santamaría y la profesora doña María Betancur Trujillo. Desde muy niño él se trasladó con su familia a Fredonia, donde murió su padre y laboró exitosamente como docente su mamá. Al terminar sus estudios primarios en Fredonia, ingresó al Seminario Menor de la Arquidiócesis de Medellín en 1958, donde cursó sus estudios secundarios y obtuvo su cartón de bachillerato. Desde 1963, o sea, hace cincuenta y un años, mora con su familia en Envigado. Hechos satisfactoriamente sus estudios filosóficos y teológicos en el Seminario Conciliar de Medellín, fue ordenado sacerdote por el Arzobispo Monseñor Tulio Botero Salazar el 6 de febrero de 1971, para bien de la Iglesia.

Ya sacerdote se desempeñó como vicario coadjutor de Armenia Mantequilla, Titiribí y Santa Bárbara. Fue nombrado párroco de San Pablo Apóstol en el Barrio París de Bello, y luego de San Eduardo Rey, en Machado, Bello también. Luego fue párroco de Santa Bárbara de la Ayurá, en Envigado, donde se desempeñó desde 1974 a 1978. Después de haber estado dos años como director espiritual en el Seminario Menor de Medellín, en 1979 y 1980, fue nombrado párroco de la Santa Cruz de Alcalá en Envigado, donde laboró desde 1983 hasta 1999. De allí pasó a desempeñarse como párroco de El Carmelo, en Itagüí, de 2000 a 2004. Fue trasladado luego a la Parroquia de la Niña María, en Envigado, donde labora actualmente desde 2004 hasta hoy. Marca el Padre Eduardo ¡treinta años de ejercicio pastoral en Envigado!. Merece todo nuestro reconocimiento y honor. Su obra cumbre en las tres parroquias de Envigado ha sido la construcción de sendos templos parroquiales, verdaderas joyas de arquitectura sagrada, de estilo colonial dos de ellos; conjunción te trapiche, de tejar,y de beneficiadero de café el otro, timbre y honor de Envigado. Emulan muy bien tales monumentos con el templo de Santa Gertrudis la Magna, obra que fue del benemérito Padre Jesús María Mejía Bustamante, nacido en Sonsón, forjador ilustre que fue del alma envigadeña. Es bueno dejar constancia de que uno de esos templos, el de Santa Bárbara de La Ayurá, fue edificado con un legado que, post mortem, y con ese fin, dejó doña Graciela Vásquez Lotero, más conocida en Envigado con el remoquete de“La Mona Vásquez”.

El trabajo parroquial del Padre Eduardo ha sido notable y ha dejado buenos frutos. Resalto sus homilías y sermones, muy bien estructurados, claros, concisos y contundentes. Actualmente tiene su parroquia de la Niña María organizada muy a tono con la época con el Sistema Integral de Nueva Evangelización, (SINE), que es un método de pastoral que muchas diócesis de América Latina, incluida la nuestra, han adoptado como estrategia para llegar a los files de la Iglesia, alejados o cercanos. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta la primera evangelización así: A quienes se les anunció el mensaje (kerigma) y se convirtieron, se les invitó a formar comunidad. A quienes formaron comunidad, se les congregó para la enseñanza (didajé) de los apóstoles y para la celebración de su fe. Y como fruto de este proceso, compartían sus bienes con los necesitados, de modo que no había entre ellos indigentes. Así pues, la primera evangelización tuvo estos momentos: Kerigma o conversión, Koinonía o comunidad, Didajé o enseñanza, Liturgia o celebración y Diaconía o compartir. En nuestras comunidades cristianas se trabaja consiguientemente en estos frentes pastorales: evangelización, comunidades, catequesis, liturgia, acción social, pastoral familiar, jóvenes y niños, salud, enfermos, ancianos, y rehabilitación. Habría mucho qué decir, contentémonos con sólo enumerar.

Gran artista el Padre Eduardo, es pintor, escultor y arquitecto. Un gran anatomista. Él esculpió la estatua de Santa Laura Montoya Upegui, gran misionera antioqueña de talla universal, imagen que se venera en la capilla de las Hermanas Lauritas en Belencito. Hay una réplica de esta imagen, vaciada en bronce, obra también del Padre Toro, colocada en el atrio de la catedral de Jericó, cuna de la Madre Laura. Esculpió también el Padre Eduardo la estatua del Beato Marianito Euse Hoyos, imagen que se venera en la capilla del Seminario Conciliar de Medellín, y la de la Beata MaríePousepin, que se halla en la capilla de Los Ángeles, en el Noviciado de las Hermanas Dominicas de la Presentación de Tours. Modeló también el Padre Eduardo un Viacrucis de bronce que se venera en la capilla mayor de la Universidad Pontificia Bolivariana, varios crucifijos, de bronce también, y tiene gran cantidad de pinturas excelentes, entre las cuales yo quisiera destacar dos Vírgenes de Chiquinquirá: una que pintó para el Seminario Menor de Medellín, y otra para la iglesia de San Juan de la Tasajera en Copacabana, donde él desempeñó su diaconado en 1970. Obras suyas que merecen destacarse son el Vía Crucis de la Parroquia de Santa Teresita de Medellín, elaborado en mosaico; la Virgen de la Candelaria, que se halla en la Estación Parque Berrío del Metro de Medellín; la Candelaria, de la Estación Poblado; y la Madonna del Silencio, sita en la Estación Envigado. Estas dos últimas son copias de las obras originales de Grau y de Débora Arango, quienes personalmente le solicitaron explícitamente a él el favor de copiarlas en mosaico. Inmortales son los óleos del Padre Facundo Martín de la Parra, curita franciscano que celebró la primera misa en el Valle de Aburrá en 1541, en Tasajera; el cuadro del Ilustrísimo Señor Jacinto Contreras y Valverde, Obispo de Popayán, fundador que fue de la Parroquia de San Juan de la Tasajera en 1659; y el óleo del Maestro Tomás Francisco de Arnedo y Paladines de la Fuente, el hijo del gran Tiburcio, primer párroco que fue de Tasajera, cuadros que reposan en el templo de San Juan en Copacabana. Interminable me haría si pretendiera seguir enumerando pinturas y esculturas del Padre. Baste así.

Aunque al Padre Eduardo le viene el arte en forma innata, como incubado en su sangre, y desde niño ha pintado, recibió normas pictóricas del gran maestro Padre Martín Canys, Benedictino, y siguió cursos regulares de pintura con la gran artista doña Libe de Zulategui Mejía, en Medellín. Estudió arqueología en el Instituto Pontificio de Arqueología Paleocristiana, en Roma, donde obtuvo su licenciatura; hizo cursos de mosaico en Ravena, Italia, de dibujo en la Escuela Libre, afiliada al Instituto de Bellas Artes de Roma, y de restauración y escultura en el Instituto de Restauración Santa Clara de Bogotá.

Termino diciendo que el Padre Eduardo, como descendiente de colonos emigrantes de Envigado, pobladores insignes del suroeste antioqueño pujante, tiene profunda raigambre envigadeña, como lo demuestran los árboles genealógicos que me permito transcribir:

Lucas de Ochoa y Tirado

Ludgarda Ochoa (bautizada en Envigado)

Lucas Santamaría Ochoa (bautizada en Envigado)

Matilde Santamaría (bautizada en Envigado)

Bernardo Toro Santamaría

Padre Francisco Eduardo Toro Betancur

Alonso Restrepo Guerra

Alonso Restrepo y Atuesta

Gertrudis Restrepo

Francisca Vélez Restrepo

María Josefa Isaza

Antonio Santamaría

Felipe Santamaría

Lucas Santamaría

Matilde Santamaría

Bernardo Toro Santamaría

Padre Francisco Eduardo Toro Betancur.

Aunque no he rebujado suficientemente este tópico, me parece que el Padre Eduardo Toro desciende en línea recta del capitán Juan de ToroServero, casado con doña Catalina Zapata de Cárdenas Valero, residente que fue por un tiempo del Envigado antañón, cuya mansión solariega, semicampestre entonces, que se llamaba La Toro, estaba situada en lo que hoy ocupa en nuestro pueblo el barrio de El Dorado.

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