Lucas de Ochoa y Tirado

Partida de bautismo en la Parroquia de la Candelaria de Medellín:

“Certifico, que en el libro 30 de Bautismos, folio 223 dice: “En 19 de enero de 1727, el Dr. Miguel María de Molina, bautizó, puso óleo y crisma a Lucas Javier, hijo legítimo de don Nicolás de Ochoa y María Ignacia Tirado. Fueron padrinos, D. Lucas de Ochoa y doña Bárbara del Maso. Esteban Antonio de Posada. Rubricado”. Es copia fiel. Medellín 24 de julio de 1962. Juan de J, Gutrimino”.

Casa solariega de los Ochoas

Don Lucas de Ochoa y Tirado, se radicó en Envigado. Tenía dos casas, dos cuadras arriba de la plaza principal entre las calles 20 y carrera 15; la una donde está hoy el mercado cubierto y la otra al frente, muy grande, estilo español. Ésta tenía una pieza alta, que miraba a lo que hoy es Barrio Mesa Jaramillo, desde ésta inspeccionaba los trabajos de agricultura, donde trabajaban sus hijos y sus esclavos. Dicha casa fue parcelada y la parte que quedaba en el crucero de las avenidas ya dichas, perteneció al Pbro, Jesús María Mejía, donde murió; hoy todo está en edificios comerciales.

La hacienda principiaba ahí y comprendía todo el barrio Mesa Jaramillo y todo lo que comprendía entre las quebradas Ayurá y Sebastiana, hasta la cordillera. Muerto don Lucas se dividió dicha hacienda entre sus hijos y nietos. Hoy son muy pocos los herederos que poseen pequeñas parcelas de ella.

Anécdotas o recuerdos de familia, que nos dan a conocer el carácter de don Lucas de Ochoa.

Contrajo D. Lucas, cuatro veces matrimonio como veremos más adelante. La primera esposa fue doña Luisa Vélez de Rivero y Posada; al pensar en el primer matrimonio con la Sta. Vélez, su futura suegra, doña Jerónima de Posada, rancia y linajuda dama envigadeña, se opuso tenazmente al matrimonio, alegando que su hija era de mejor familia que el pretendiente. Terco y enérgico y además herido en su amor propio, don Lucas callada y rápidamente viajó a la madre España, registró los archivos de Sevilla y de ahí trajo, debidamente documentados y probados, los pergaminos y papeles referentes a su abuelo Don Lucas de Ochoa y Alday de la villa de Madrid, mostrando “Que no tenía sangre mora ni judía, que había servido al Rey nuestro Señor por varios años, en asuntos de guerra y en la villa de Madríd” y probado con su noble abolengo, que no sólo merecía la mano de la bella dama doña Lucía, sino que superaba, humillando por decirlo así a doña Jerónima; poco después se celebró el deseado matrimonio.

De don Lucas se cuenta que cuando murió su primera esposa, la señorita Ignacia de Posada que lo había acompañado y ayudado en la enfermedad de su esposa, por la tarde fue a entregarle las llaves de toda la casa y escaparates y le preguntó don Lucas “¿Por qué?” y ella le contestó “que ya no era conveniente que ella permaneciera ahí”. Guardó silencio don Lucas y después de pensar un rato le dijo “Bueno, yo iré esta semana a su casa para que arreglemos el asunto y a los pocos días la hizo su esposa.

La segunda vez que quedó viudo, dejóle su esposa un niño recién nacido, al tratar de la madrina algunos pensaron en la señorita doña María Jesús Escobar, su vecina, y él se opuso, porque con ello contraía parentesco espiritual, lo cual podía ser impedimento para reemplazar la difunta, como ya lo había pensado, y con la cual se casó efectivamente.

Cuando perdió su tercera esposa, uno de sus hijos (Don Pablo), preparaba el matrimonio de uno de sus esclavos y quería hacerles por tal motivo una gran fiesta e invitó entre otras personas a la señorita Ignacia Arango y ésta le contestó: “No voy, porque ese viejo Lucas, apenas hace quince días que enviudó y de seguro que asiste a la fiesta y hasta se le ocurrirá a ese viejo antipático, que me case con él”

Tranquilizóla don Pablo, pues sería imposible que su padre asistiera a tales bodas, acabando de enviudar. Fue la dama y bailó con don Lucas, arreglaron ahí el matrimonio y pocos días después, se casaron y fue muy feliz con el “viejo antípático”.

Al salir de la iglesia el día de su último matrimonio, estaba el atrio lleno de curiosos y él al verlos dijo en alta voz “La otra vez que me case, lo haré a media noche para dejarlos burlados”, pero no le salió, pues su última esposa, le sobrevivió mucho tiempo.

Visitaba en una ocasión a don Lucas, la señora doña Catalina Vélez de Rivero, madre de los cuatro doctores Restrepo y conversando con él, en la parte alta de la casa, donde se divisa toda la hacienda donde en ese momento trabajaban todos sus hijos, manejando el arado; y le dijo que por qué no los mandaba al colegio como había hecho ella; a ésto le contestó él: “Si todos los hombres se hacen doctores, quién trabaja la tierra? Dios dijo: Ganarás el pan con el sudor de tu frente”.

(Lo que sigue lo escuché de labios de uno de sus hijos, que era mi abuelo).

Era don Lucas muy cuidadoso de la educación moral y religiosa de sus hijos. Después de suspender los trabajos de campo, tomaban lo que entre nosotros se llama la comida y se rezaba el santo rosario, entonando siempre don Lucas; se disponían los trabajos para el día siguiente y después los dejaba salir a la plaza, con estricta obligación de estar en la casa a las 8 p.m. y ¡ay de aquél que se demorara!, cuando llegaban a la plaza sonaban las ocho en el reloj y tenían que salir a la carrera para la casa. Por fortuna, decía mi abuelo, su madre doña Ignacia, era más compadecida y sin que don Lucas se diera cuenta les abría la puerta a los rezagados.

Era don Lucas, gran aficionado a los caballos y poseía algunos hermosos ejemplares, entre los cuales se hallaba “El Palomo”, su predilecto y únicamente para su uso personal, envidia de unos y objeto de admiración de todos, cuando el viejo lo cabalgaba usando arreos lujosísimos.

En mala hora lo vio Tolrá, gobernador de Antioquia y señor de vidas y haciendas y quiso tenerlo para lucirlo y lucirse en unos regocijos que se celebraban en la villa de Medellín. Pasó mensaje a don Lucas, pidiéndole una buena bestia, sin mencionar “El Palomo”, Don Lucas le remitió uno muy bueno, pero este no fue del agrado de Tolrá, que devolvió el caballo e hizo saber por escrito a don Lucas que se trataba única y exclusivamente de “El Palomo”. El viejo recibió la comitiva encargada de conducir el caballo, no obstante su indignación, los atendió con mucha cortesía, y dejando comprender su deseo de complacer al tirano, pidió permiso para ir al establo a preparar el animal, e invitó en seguida a los militares, para que lo acompañaran al establo. Después de algunas exhibiciones referentes a la educación del animal, del cuidado que prestaba a la voz de su amo, lo acarició y sacando repentinamente la pistola, sin dar tiempo de obrar a los oficiales, se la descargó en la oreja, causándole la muerte inmediatamente, y diciéndoles estas palabras se retiró del establo. “Diganle a Tolrá de mi parte, que en las ancas de “El Palomo” solo se han sentado las n….. de Lucas de Ochoa.

 Otra anécdota

Se cuenta que alguna vez una de sus hijas, tenía el proyecto de casarse. Tenía varios pretendientes y entre ellos había un profesional, un doctor. Le pidió consejo a don Lucas, quien le resolvió rápidamente el problema; “Hija, le dijo, esos doctorcitos no sirven para nada, cásese con un hombre que sepa cultivar la tierra, que se gane el pan fácilmente. Los doctores a veces no soy muy trabajadores y es mejor un hombre del campo, un agricultor, un hombre práctico”.

El doctor Arturo Mesa y Posada al tratar del apellido Ochoa de Envigado dice al hablar de don Lucas Ochoa Tirado.

“Don Lucas se sabe que un hombre laborioso, un hombre ejemplar, honrado como los viejos caballeros de Castilla, un ciudadano modelo, un cariñoso padre de familia, un esposo perfecto. Hemos tenido el dolor de no encontrar su tumba. Parece muy probable, por las averiguaciones que hemos hecho, que sus restos fueron depositados en un osario común. Desde este periódico hacemos un reclamo a los envigadeños. Sobre todo a las autoridades civiles. Don Lucas de Ochoa debía tener en Envigado una estatua. Lo merece como fundador de una familia dignísima, ilustre por muchos títulos, que es honra de la República y de la raza que ha dado tantos hombres eminentes.

Sobre su heráldica diremos, que es muy expresica y meritoria. Su escudo de armas tiene un lobo pintado, animal simbólico que representa el valor y el heroísmo; tiene además una flor de lis, que significa nobleza y varios cuarteles en el campo, también de significación honorable y plausible.

Concluyamos este breve esquicio lamentando como asunto deplorable que no haya una biografía completa de don Lucas Ochoa, que no haya un busto, ni una estatua, ni en Envigado ni en Antioquia que recuerde su nombre y que es una familia muy española, muy digna de sus méritos y cualidades, muy honorable y de una nómina de hijos ilustres. Mucho falta por escribir sobre este apellido, mejor diré falta la historia del apellido Ochoa.

Damos esa idea a los historiadores jóvenes que la escribirían con opulencia de datos, con orgullo y con gusto en honor de la lógica y de la historia. La Familia Ochoa, es semejante a algunos árboles frutales, que tienen también flores, es decir, perfuman la historia y fructifican con provecho, irradian fecundidad y lozanos frutos y ponen una aureola de luz y belleza en el libro majestuoso de la historia de Colombia. Cuando se había con la verdad y la justicia siempre se tiene razón”. Samuel Arturo Mesa y Posada.

Partida de defunción de don Lucas de Ochoa,

Parroquia de Santa Gertrudis

El Infrascrito

Certifica:  

Que en el libro 5 de defunciones, folio 11 N° 120, se encuentra una partida que a la letra dice: “En el Cementerio de la Parroquia de Envigado, a tres de abril del año de mil ochocientos treinta y ocho se dio sepultura eclesiástica con entierro mayor, al cadáver del señor Lucas de Ochoa, casado con la señora María Ignacia Arango, se le administraron los Santos Sacramentos de la penitencia, comunión y extremaunción. Doy Fe. José Joaquín Escobar Pbro. Rubricado. Expedido en Envigado el 6 de mayo de 1963.

Darío Villegas L. – Pbro.

 Genealogía de los Ochoas

Casó don Lucas de Ochoa y Tirado cuatro veces.

La primera en Medellín el 28 de enero de 1769 con doña Luisa Vélez de Rivero, de este matrimonio se procrearon 4 hijos. Don Pablo, don Valeriano, doña Juana, y Doña Josefa. Era doña Luisa hija de Ignacio Vélez y Doña Jerónima de Posada.

Caso segunda vez don Lucas en Medellín el 30 de diciembre de 1781 con doña María Ignacia Posada, hija de don Miguel Jerónimo Posada y doña Rosalía Mauris; se criaron 7 hijos: don Fabián, don Lucas, don Manuel, don Baltasar, doña María Antonio o Antonina, doña María Jesús y doña Juana.

Casó tercera vez don Lucas el 12 de septiembre de 1796 con doña María Jesús Escobar, hija de don Manuel Escobar y Micaela Angel, solo tuvo dos hijas: doña María Antonia y doña María Rita.

Casó don Lucas cuarta vez el 17 de noviembre de 1800 con doña María Ignacia Arango, hija de don Manuel Arango y doña Angela Roldán; de este matrimonio quedaron 7 hijos: don Juan de Dios, don Pedro, don Alberto, don Nicolás, don Tadeo, don Juan Antonio y doña Irene.

Fuentes:

Pbro. Marcelino Ochoa Ochoa. Don Lucas de Ochoa, Genealogía del gran progenitor de los Ochoas de Antioquia y Caldas. Medellín Editorial Granamerica 1963, p 26 -30.

Campuzano, Jairo Andres (Compilador) Fuentes documentales para la historia empresarial. Universidad Eafit, Testamento de lucas de Ochoa y Tirado, julio 17 de 1834.

Total Page Visits: 29 - Today Page Visits: 1