la chocolateria de envigado

Por: Edgar Restrepo Gómez

aspecto de la casa

Gusto de tradición

La manufactura del Chocolate fue una de las diferentes actividades productivas de los alimentos que alcanzaron cierto grado de industrialización y mecanización. A pesar de que como dice Roger Brew fuera “antieconómica e innecesaria”, pues se elaboraba de forma artesanal y doméstica, moliendo el cacao en cada casa.

En el siglo XIX, el cacao se compraba a los campesinos y secaba en patios al aire libre. Luego se entregaba a mujeres molenderas, encargadas de la dispendiosa labor de tostarlo y molerlo con piedras calentadas en fogones. El polvo resultante se mezclaba con agua y maíz amasándose durante varias horas, hasta conformar una pasta. Algunos viajeros dieron testimonio de la importancia del chocolate en la cotidianidad de bogotanos, caucanos y antioqueños, como una bebida estimulante que acompañaba las comidas.

La historia de los primeros intentos de manufactura industrial demuestra sus dificultades y fracasos pues el producto era inferior al elaborado de forma doméstica y aunque el proceso industrial utilizaba maquinaria parecido a las utilizadas en las minas, “no servían para dar al chocolate la textura y la consistencia necesarias”[1]. Los pioneros de la industria chocolatera implementaron el uso de calderas de vapor para moler los granos tostados previamente en hornos caseros. Hacia 1900 los molinos dependían de energía hidráulica, movidos por turbinas que utilizaron los saltos de agua de Antioquia y Caldas. la llegada de la electricidad permitió máquinas que drenaban las impurezas de la semilla y que la tostaba eficazmente. estos artefactos aceleraron los pasos de elaboración del chocolate y disminuyeron los costos.

El chocolate convive con tradiciones de consumo centenarias, como la de Chucula, elaborado con cacao y maíz, y hacia finales del siglo XIX se convirtió en una de las industrias colombianas de mayor tradición. La tecnología hidráulica, el mejoramiento de la ruta de comunicación y la disponibilidad de hombres, mujeres y niños para convertirse en obreros permitieron que algunas fábricas crecieran. Estas empresas fomentaron nuevos gustos en el interior de la sociedad situada entre la industrialización y la tradición agraria.

La industrialización del chocolate implica una transformación de las tradiciones y preferencias de consumo de la sociedad colombiana, que desde el siglo XX inició un proceso de urbanización. en Antioquia y Caldas se prefería el chocolate en agua, acompañado de arepas y bizcochos. En Cundinamarca y Boyacá se debía con leche y queso. las fábricas se adaptaron a sus preferencias y para ello recurrieron a estrategias publicitarias que incluían temas como tecnología de punta en la fabricación, estatus social y nutrición.

En Europa la tradición cultural establecía que a media tarde se tomará el té. En Colombia en especial las regiones  andinas, la tradición consistía en la toma de chocolate generalmente dulce caliente acompañado de la panadería local o parva.

Antecedentes

El antecedente más remoto de la primera fábrica de chocolate se remonta a 1864, cuando el Estado de Antioquia otorgó un privilegio exclusivo por diez años para establecer en Medellín a Antonio Mazuera de la Cuadra, una máquina de vapor para moler cacao, con una capacidad para moler 400 libras diarias. A pesar del privilegio, el concesionario no se atrevió.

Otros intentos fueron de Carlos Coroliano Amador, rico propietario de minas y empresas en 1888; del alemán Agustín Freidel y Timoteo Bravo en 1877. Solo alcanzó algún éxito con la fundación de la Fabrica de Chocolate la Antioqueña en 1899 por Juan B. Villegas con un chocolate de mejor calidad y de mayor aceptación.  En 1916 existían otras dos fábricas medianamente grandes en Medellín que producían dos mil libras diarias y empleaban 35 obreros entre las dos[2]. En Salamina y Sonsón existieron otras dos más pequeñas que atendían el mercado local.

 Ángel, López & cía

Esta casa comercial con sede en Medellín, es la encargada de crear la chocolatería en Envigado, y fue fundada por Alejandro Ángel Londoño y Jesús María López, y se dedicó a los servicios bancarios, la exportación e importación de mercancías, entre las ciudades de Medellín y Nueva York, donde se encargaba de la distribución y venta del café en los albores del siglo XX[3]. La sociedad creada por ambos socios para los negocios de café, crearon una importante trilladora en Medellín, que fue disuelta en 1924[4].

La Familia Ángel Londoño desempeñó un papel muy importante para el desarrollo de la industria y el comercio en Antioquia desde el siglo XIX cuando Alejandro Ángel Londoño (1860-1942), quien nació en Sonsón, fundó compañías relacionadas con la importación y exportación de mercancías, actividades económicas que continuó en asocio con sus hijos a través de la constitución de nuevas empresas y casas comerciales que consolidaron su importancia en la vida empresarial de Antioquia[5]. Entre sus negocios más conocidos estuvo la sociedad que tuvo con Pepe Sierra en la empresa de licores de Antioquia, llamada Sierra, Jaramillo y Cía. y la exportación de café a Estados Unidos.

La mayoría de las empresas creadas por Alejandro Ángel Londoño, permanecieron en manos de sus hijos y nietos durante el siglo XX, contribuyendo al progreso de la economía antioqueña, contribución que no sólo se puede medir por las empresas familiares que crearon sino porque fueron socios y fundadores de otras compañías.

Compañía de chocolates en Envigado

Envigado tenía condiciones propicias para la inversión industrial: aguas en caudal suficiente para producir energía eléctrica como fue el caso de Rosellón[6] y el apoyo de las autoridades políticas con privilegios y exenciones tributarias. Así, mediante acuerdo 3 del 10 de diciembre de 1913 se aprobó un contrato entre Jesús María López en representación de la sociedad Ángel, López y Cía, y el concejo municipal, con el fin de autorizar el uso de una parte del  agua de la quebrada Ayurá, para el movimiento de las maquinas en la fábrica. El distrito eximió a la fabrica por veinte años de toda contribución municipal y exención en impuesto predial y directo.

El 12 de noviembre de 1914, Jesús María impulsor de la compañía escribía a su socio y amigo Alejandro Ángel en Nueva York:

Esta para terminarse la fábrica que tenemos en Envigado y creemos que a principios de la semana próxima empezaremos a utilizarla; ha quedado sumamente bien construida y con maquinaria excelente y a no haber sido por los trastornos actuales estamos seguros de que hubiéramos obtenido allí muy buenos beneficios aunque a pesar de todo y como se trata de un artículo de primera necesidad, siempre contamos con que la empresa será productiva…”[7]

Comenta además que las compras de cacao de Cali y otras partes se estaban haciendo en pequeñas cantidades para “no dejarlas paralizadas cuando pudieran estar produciendo con éxito”, dado que la situación económica y las restricciones de comercio, producida entre otras por los efectos de la primera guerra mundial europea, no permitía obtener gran cantidad de materia prima como suministro.

Como se ha dicho anteriormente, las fábricas se construyeron cerca de fuentes de agua para mover las diferentes máquinas y contar con una fuente constante del líquido para la producción. los Edificios eran amplios para las labores de maquinaria, procesamiento del cacao, empaque y bodegas.  La chocolatería de envigado también contó con vías carreteables  que eran indispensables para el transporte de materias primas y productos terminados, qué comunicarán el centro de producción con el ferrocarril nuevo de Amagá.

La disponibilidad de hombres mujeres y niños para convertirlos en obreros permitieron que algunas fábricas de chocolates crecieran. Es así como vemos en las diferentes fotografías de la época, la incorporación en su gran mayoría de mujeres y niños, de acuerdo a la costumbre de que estos sectores de la población tenían mejor desempeño gracias a las diferentes cualidades que tenían cómo responsabilidad y habilidad, interés en el trabajo, cumplimiento y docilidad. se puede decir qué la mayor parte de las labores realizadas en la fábrica de chocolates correspondía a la habilidad manual y a la utilización de maquinaria por parte de la fuerza masculina.  Los grupos de trabajadores de la fábrica de chocolate se asimilaban a los tipos de trabajadores de las trilladoras de café o procesadoras del grano en Medellín y sus alrededores.  Desconocemos sus condiciones de trabajo, aunque no eran diferentes a las de otras industrias qué imperaron en los primeros años de la industrialización: jornadas largas de 14 horas, salarios bajos, supervisión y control constante, condiciones sanitarias precarias, poca estabilidad, sin servicio médico o permanencia en el puesto de trabajo.

El reto de la industrialización del chocolate y del procesamiento del cacao implicaba una red previa de distribución y compra del producto como materia prima que se hizo a través de las redes de agencias de café. Cultivadores tanto de cacao y de café permitieron que se obtuviera la provisión de las fábricas de chocolate.

El ambiente de inversión del nuevo siglo XX, luego de la guerra civil de los mil días, encontró una recepción positiva en el gobierno de Reyes, quien según el historiador económico Gabriel Poveda Ramos, despegó el crecimiento industrial en Antioquia: “El nuevo presidente Rafael Reyes, posesionado en 1901, puso a andar nuevamente el erario nacional con la ayuda del oro de tres antioqueños: Lorenzo Jaramillo, Alejandro Ángel y José María (Pepe) Sierra. Sus medidas impulsaron la economía del país con un vigor que nunca antes se había visto. Así, la industria antioqueña, ubicada en Medellín y tres o cuatro municipios (como Envigado) aledaños, despegó definitivamente en un proceso de crecimiento único y pionero en Colombia”[8].

Ospina Vásquez comenta que “la chocolatería estaba medianamente extendida. Las unidades productoras no eran grandes, y no habían suplantado a la fabricación casera. El control estaba medianamente concentrado” [9]. Ya en 1906, en los comienzos industriales de la región se crearon varias industrias de chocolates: Fábrica de Chocolates “Chaves y Equitativa” (en Robledo), fábrica de chocolates Amador Villegas y “Cruz Roja” (1920), luego Compañía Nacional de Chocolates (1924). Esta situación de estímulo a la inversión privada provino de las políticas proteccionistas y políticas de fomento del gobierno de Rafael Reyes.

Fusión e iniciativa

La chocolatería de Envigado (de Ángel, López y Cía.) hacía parte de un conjunto de empresas de tamaño reducido: la compañía industrial de chocolates y café que gerenciaba Francisco Arango V. y que producía su famosa marca “Martillo”; la compañía de Carlos E. Cardona en Belén, y su marca “Cardona”; la compañía de Eliseo y Pedro Luis Londoño en el barrio La América y su marca “Yunque”; la de los hermanos Cardona Enrique y Gregorio en el barrio Salazar de Rionegro; la de Echeverri Duque & Cía., en Salamina (Caldas); la de Jesús Botero, en Medellín; la compañía de chocolates San Bernardo; y la de Gutiérrez y Villegas en Sonsón, con la marca de chocolates “Disco” y “Corona”.

En 1920 todas estas compañías se fusionaron en una nueva que tomo el nombre de Compañía de Chocolates “Cruz Roja”, dueña de la famosa marca de chocolate Cruz. La iniciativa de adquirir y absorber las compañías fue principalmente de Jesús María y su hermano Carlos E., a través de su sociedad comercial Ángel López & Cía., donde tenía como principal socio a Alejandro Ángel Londoño y en menor medida de Roberto Sandino, Federico Lalinde[10] y Alejandro Restrepo L[11].

El objeto social de la nueva compañía decía: “El montaje y la explotación de fábricas de chocolate en esta ciudad o en cualquiera otra de la república; el establecimiento de almacenes o agencias para las ventas de sus productos; la compra y venta de cacao en grano y en general cualquier otro negocio lícito que resulte conveniente a juicio de la junta directiva”[12].

Los primeros administradores y miembros de junta directiva, fueron: Gerente, Jesús María López Vásquez, Consejero primero, don Gabriel Ángel E., Consejero segundo, don Carlos E. López Primer suplente, don Federico Lalinde, Segundo suplente, don Roberto Sandino y Secretario, Alejandro Restrepo L.

La idea era modernizar la industria con nuevas maquinarias y procesos; adoptar nuevos sistemas de administración, monopolizar la oferta de chocolates y ampliar los mercados a nivel regional y luego a nivel nacional.

El 12 de abril de 1920, se formalizó la Compañía de Chocolates Cruz Roja, mediante escritura pública No. 1043 de la notaría primera de Medellín, con un capital de $4.000 pesos de oro, dividido en 400 acciones a $10 pesos oro cada una, donde la sociedad poseía 395 acciones; y en la junta directiva se mantenían Jesús María López y Gabriel Ángel Escobar (hijo de Alejandro Ángel Londoño)[13].

Pronto la iniciativa empresarial y en medio de los efectos de la crisis de 1920, impulsó el ingreso de otras compañías, lo que obligó a reformar los estatutos y a aumentar el capital a $500.000 pesos oro, con 50,000 acciones a $10 pesos oro cada una[14].

A raíz de que el nuevo nombre de la compañía era el mismo del organismo internacional y del reclamo del comité directivo del mismo para que no autorizaba su emblema para ser utilizado como marca comercial y de fábrica; se determinó el cambio de razón social, mediante escritura pública No. 2166 del 10 de octubre de 1924, tomando el nombre definitivo de Compañía Nacional de Chocolates.

[1] El Correo de Antioquia, No. 51 del 7 de julio de 1899: citado por Roger Brew, pag 344

[2] Memoria del Ministerio de Hacienda, 1916. La fabrica más grande era la misma que había sido fundada por Amador y la otra pertenecía al bogotano Enrique Chavez, creada en 1907, Citado por Brew, Ibid.

[3] Córdoba Ramírez, Beatriz Y. y Vélez Franco, Olga E. De arriero en Sonsón a comerciante en la gran Manzana : Alejandro Ángel Londoño, pionero de la industrialización antioqueña. Trabajo de grado,2016. Universidad de Antioquia

[4] Ibid. Página 50 según el historiador Víctor Álvarez, la trilladora llegó a tener 330 obreros.

[5] Inventario Archivo Familia Ángel Londoño (1914-1996), Sala de Patrimonio documental. Universidad Eafit.

[6][6] Restrepo, Edgar Historia de Rosellón (1912-1943): en el yunque del trabajo, Envigado se agiganta. Centro de Historia de Envigado.2017, pág. 18 y 26.

[7] Archivo Familia Ángel Londoño. Correspondencia enviada y documentos notariales de Ángel López & Cía., nov. 1914- sep. 1922. FAL 2. Sala Patrimonial, Biblioteca Universidad Eafit, Medellín.

[8] Poveda R., Gabriel La industria en Medellín, 1890-1945. En: Historia de Medellín, Tomo I, página 311

[9] Ospina Vásquez, Luis Industria y Protección en Colombia, 1810 y 1930, Faes, página 420 y 422.

[10] Ricardo, José María y Federico Lalinde P. crearon en abril de 1919 una compañía y sociedad anónima: la “Sociedad de Urbanización Mutuaria”, dedicada a los negocios de “urbanización en forma mutuaria” y venta de los Seguros de Muerte. En: Jaramillo, Roberto Luis y otros. La sede de Otrabanda, publicado por la Compañía Suramericana de Seguros S.A., Medellín, 2004

[11] Antioquia: tierra de trabajo y progreso. Editorial Interprint, Medellín, 1961.página 177.

[12] escritura pública No. 1043 de la notaría primera de Medellín. En: Fuentes documentales para la historia empresarial,  Tomo II. Las sociedades comerciales y la industrialización de la alimentación humana en los primeros veinte años del siglo xx en Medellín, Diana Londoño Correa.

[13] Botero H., Fernando Industrialización en Antioquia. Genesis  y consolidación 1900-1930, Medellín, Universidad de Antioquia, 1984. Páginas 85-86.

[14] Escritura pública No. 1057 del 14 de abril de 1920 de la notaría primera de Medellín. Biografía Económica de las industrias de Antioquia. Gómez Martínez, Fernando y Puerta, Arturo. 1947, Tipografía Bedout, Medellín, pagina 121-124.

Total Page Visits: 9 - Today Page Visits: 1