La Ayurá: nueva propuesta de patrimonio natural y cultural

El jueves 2 de junio, en el parque Eocturistico El Salado, la mesa de trabajo conformada por diferentes personas y el Centro de Historia presentaron en sociedad y ante el alcalde Braulio Espinosa, el documento que sustenta los valores estéticos, históricos y simbólicos, naturales, para ser declarado nuevo patrimonio de la ciudad.

El proceso de declaratoria sigue con el trámite ante el Instituto de Patrimonio de Antioquia por parte de la administración, y esperamos que junto con el plan de manejo y protección, logré para Envigado por primera vez, su reconocimiento patrimonial.

Como coordinador de la mesa de trabajo estuvo el concejal Leo Alzate y la líder de la Secretaría de Cultura María Teresa Naranjo, junto a diferentes gestores ambientales y culturales, que creyeron posible el proyecto.

También se han vinculado al proyecto los Niños Guardianes de la Quebrada La Ayurá, de los colegios e instituciones educativas oficiales aledañas a la microcuenca.

La mesa de trabajo de la microcuenca La Yurá es un grupo de ciudadanos comprometidos con la defensa y apropiación del patrimonio cultural natural, que desde el mes de febrero del año 2020 ha trabajado en el proceso de investigación, enfocados a identificar los valores patrimoniales de la microcuenca La Yurá, esto con el fin de que sirva como sustento para la solicitud de declaratoria como patrimonio cultural natural del Municipio de Envigado.

Esta Mesa de trabajo está conformada por:

  • Leo Alexánder Alzate Suárez – Concejal Municipio de Envigado 2020 -2023 
  • Agustín Gutierrez Henao – Director Ecosistemas y Biodiversidad de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Agropecuario. 
  • Maria Teresa Naranjo – Asesora Despacho de la Secretaría de Cultura 
  • Angela Maria Rios Rojas – Mesa Ambiental de Envigado y Mesa de Patrimonio Cultural de Envigado
  • Daniel Botero García – Docente Institución Educativa José Manuel Restrepo Vélez- JOMAR
  • Guillermo Marín – Historiador 
  • Edgar Restrepo Gómez – Presidente Centro de Historiador de Envigado y Docente
  • Johana Tabares Bahena – Ingeniera Forestal 
  • Manuela Cano – Estudiante Ciencias Políticas 
  • Juan Diego Bedoya – Asistente concejal Leo Alzate 

El principal interés de esta iniciativa es otorgarle a nuestra microcuenca, un lugar preponderante dentro de la dinámica social del municipio, como eje fundamental de la construcción de lo que somos hoy como territorio, de nuestra historia,  y en la construcción del tejido social y cultural. 

Sus orillas han atestiguado el crecimiento y desarrollo de nuestras calles, muros y jardines. Sus aguas han bañado nuestra oralidad, nuestras creencias. Su corriente ha arrullado nuestras noches y ha visto amanecer nuestros sueños como municipio.

Seguramente fue en la época en la que todo lo bello, lo magnificente, fue creado, que estas tierras llenas de vigas comenzaron a existir; seguramente, también, desde ese mismo instante, las aguas, sagrada sangre de la madre naturaleza, bañaron las carnes verdes de los titanes dormidos que hoy llamamos cordilleras. Y es desde esos mismos tiempos que se sembró, en estas brañas montañeras, la semilla de amor y respeto que distingue la idiosincrasia envigadeña.

Nuestro devenir como pueblo está atravesado, de forma ineludible, por la relación que nuestros constructos sociales han establecido con la Quebrada Yurá, testigo silente y fluyente de la fundación, historia, y el desarrollo de Envigado. Su nombre funciona, casi, como sinónimo del municipio, ese nombre que parece tener muchos orígenes y ninguno a la vez. Por cuenta de la obra de Manuel Uribe Ángel, uno de los padres mentores de esta, nuestra primera patria, hemos sabido que “Yurá” es un vocablo que proviene de la lengua de los yanaconas, primeros habitantes de esta región, y que significa “perico ligero”. Esta primera acepción otorga a la quebrada un vínculo muy estrecho con la tierra que baña de oriente a sur-occidente. 

No obstante, sin ánimo de refutar esta última relación, investigaciones más actuales sugieren que “Yurá” tendría un origen más lejano de lo que siempre hemos pensado como lugareños. En el Archivo Histórico de Antioquia se puede constatar que, hasta 1824, el nombre original de la quebrada era Yurá, y en documentos emitidos luego se evidencia la adhesión de la “a” inicial que da el nombre actual. Con ese dato en mente, José Ignacio Henao Salazar, doctor en filosofía de la Universidad de Lérida, España, arrojó con su trabajo académico nuevas luces frente al tema.

Refiere, por ejemplo, que gran parte de los conquistadores que llegaron a estas tierras, habían pasado previamente por Perú. Allí, en lengua quechua, también existen vocablos que sugieren un interesante origen para el nombre de nuestra quebrada. Uno de ellos es “yura”, aplicado a cualquier tipo de vegetación, y, por otro lado “yuraj” o “yurag”, que significa “blanco”. Y, la verdad es que, viéndolo bien, cualquiera de los dos casos también se acomoda a nuestra fuente hídrica: es una microcuenca con una importante presencia de vegetación (también de fauna), y, por otro lado, se ha caracterizado históricamente por tener aguas cristalinas. De hecho, en Arequipa, existen unos baños termales (y una región) cuyo nombre es Yura. Así las cosas, pudiera pensarse que se guarda cierta relación. El hecho, sin importar de dónde venga la palabra, es que este pueblo nombra la quebrada desde que tiene memoria colectiva. Sus aguas calmaron la sed de muladas y arrieros, albergaron a La Llorona, a muanes, duendes y brujas, lavaron mugres y pesares, vieron caer la tragedia y levantarse la alegría, calmaron calores y hambres, e, inclusive, entre leyenda y realidad, han sido símbolo de fertilidad de tierra y mujeres, porque esta Yurá, o Yurá, la vegetal y blanca, la cristalina, es un pequeño Nilo que también fecundó las bases de nuestras vigas.

El documento presentado es un esfuerzo que responde al interés, con tintes de necesidad, de volver nuestra mirada a la quebrada, a sus aguas, sus orillas, y todo lo que circunda ese hábitat de majestad y calma. Las líneas que componen estas páginas pretenden devolverle a la microcuenca su nobleza y frondosidad, para que aguas abajo vuelva a correr el respeto que, como comunidad, debemos a esta madre de las aguas. Volver los ojos a ella, apunta de nuevo hacia ella la pluma y el interés general, como ya lo hicieron celebérrimos autores, tales como el ya cita Uribe Ángel, Sacramento Garcés, “Ñito” Restrepo o el poeta bumangués Aurelio Martínez Mutis, de quien citamos la siguiente copla:

Con la profunda melancolía,

Del que en la Patria ya no confía,

Llegué a la Villa del Aburrá.

Y mi entusiasmo por la bandera,

Se ha fecundado como si hubiera,

Bebido el agua de la Yurá.

Confiamos en que este sea el inicio de un camino de reivindicación y patrimonialización de esta, la madre de las aguas que parió a nuestro municipio.

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