Fallece miembro del Centro de Historia: Jairo Trujillo Mejía

en el día de hoy ha fallecido nuestro compañero Jairo después de luchar contra el covid-19. El fue director de la Revista Gotas de Tinta (version digital: https://www.gotasdetinta.co/.

En ese medio cuenta parte de su historia en las crónicas de Jose Felipe. Invitamos a leerlas y acercarnos así a sus experiencias personales.

Fue miembro de los centros de Historia de Itagui, Fredonia y envigado. Escritor, poeta y editor de libros, entre ellos, La Historia de Rosellón.

A continuación extraimos la parte final de sus memorias:

“Tantos años después de aquellos acontecimientos aquí narrados, el mundo y mi país no son los mismos. Con todo lo que ha ocurrido, los ires y venires que se han sucedido, la puja entre la luz y la oscuridad continúa, entre el mañana y el ayer. Siempre ha sido así y en el futuro será igual. No hay una línea recta ascendente o descendente. Todo se da en zigzags, en péndulos, en subidas y bajadas. A veces se aprende, a veces se repiten los malos pasos, en unos lugares se avanza y en otros se vuelve a la oscuridad del pasado, como ocurre en esta martirizada patria mía. Y en ocasiones el monstruo que crean las fuerzas del pasado devora a sus mismos patrocinadores.

Nuestro país sigue aferrado a un conflicto por la tierra, no para ponerla a producir sino para ostentar el poder de tenerla, como si aún viviéramos en la Colonia. Somos un país urbano, con una mentalidad colonial. Como ya no existen los títulos nobiliarios, hay quienes ostentan o se inventan títulos de doctor, magister y otros y sigue el don o el horrible patrón como rezago del pasado. Somos borregos de unos capataces de finca, crueles y despiadados, que se arrodillan frente al amo del Norte y azotan a los de abajo con el látigo de púas o los ametrallan y pisotean como hormigas. Hacemos intentos por modernizarnos, logramos algunos avances, pero salen los de arriba y nos vuelven a tirar hacia el pasado y no dejan que se aplique la frase del himno nacional: que cese la horrible noche.

Y como si fuera poco, el país se ha convertido en un narcoestado, corrupto y sediento de sangre, que estimula nuevamente la guerra y sueña con enfrentarse militarmente a un país vecino y hermano. Por todo el territorio nacional, en las grandes ciudades, en los pueblos y en los campos las bandas que llaman de microtráfico los ilegales tienen permeada toda la economía y la vida de la población. Esa enorme red de delincuentes y de muerte, que tiene enredado a buena parte de la población de todos los estratos, es la base social de los políticos que gobiernan a nuestro país desde que empezó este siglo. La economía es artificial y salida de lo normal, pero logra crear una sensación de bienestar transitorio y anormal. Es un país donde la ceguera que describiera Saramago se ha vuelto una epidemia nacional. ¡Cuándo será que ese otro país que sueña con el progreso, con el mañana, con la modernidad y con la luz se hará sentir y cambiar el panorama!

Pues bien, fue por mis nietos que nació la idea de este libro y de otros que espero tener tiempo para escribir.

Y regresando a la charla con el niño, éste vuelve a intervenir:

‒¿Y qué hacías por en esas tierras tan lejanas? ¿Por qué te llevaste a mi abuela y a mis tíos tan chiquitos? ¿Por qué mi papá nació por allá?

‒Porque soñábamos y queríamos que el sol saliera para todos. Porque en este mundo la oscuridad es para la mayoría y sólo unos pocos disfrutan de la luz. Y desde que me casé y estuvimos juntos, tu abuela siempre anduvo a mi lado y los hijos siempre iban con nosotros como los pollitos detrás de su madre. Porque mi familia siempre ha sido parte de mi vida. Fue una generación que pensaba en un cambio y actuaba como pensaba.

Nada de eso fue en vano. De nada de lo que he hecho me arrepiento.

Septiembre de 2019.”

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