Envigado entre 1900-1930: proceso de modernización

Por Edgar Restrepo Gómez, Historiador

Para esta historia hemos considerado el proceso de modernización de Envigado como el desarrollo de diferentes aspectos que conducen al establecimiento de una estructura capitalista como es el fortalecimiento de un estado  con poder de intervención;  el cambio de una sociedad con nuevos actores sociales como los obreros con sus reivindicaciones;   una economía de mercado que demandaba diferentes productos, como las bebidas, el chocolate, las trilladoras, la cerámica, el tabaco, los molinos, las fundiciones, las curtimbrerías; unas industrias que introducían procesos técnicos y administración, así como nuevos ritmos y cambios culturales; un estado municipal que actualiza sus estructuras y su normatividad.

En Envigado existía desde 1870 aproximadamente varios talleres artesanales e inicio de producción dirigida especialmente a las nuevas regiones de la colonización del suroeste antioqueño. Así se desarrollaron las guarnielerías, comercializadoras, transportadores de arrieros, entre otras.

La estructura económica, base del cambio modernizador, estaba modificándose con la expansión de la economía cafetera y el comercio con el suroeste antioqueño. En Envigado, existía desde 1870 aproximadamente, varios talleres artesanales que dirigían su producción a las nuevas regiones de la colonización. Así se desarrollaron las primeras fábricas de textiles y de calzado como Rosellón y la Bota del día, respectivamente.

Según Jorge Orlando Melo en su trabajo sobre la modernidad en Colombia[1], además del mercado de mano de obra asalariada surgió un importante sector industrial basado en el empleo de maquinaria y energía mecánica, todo ello en un proceso de transformación capitalista de la economía donde se requería una ampliación de los vínculos con el mercado mundial y la destrucción de forma de producción tradicionalmente orientadas al autoconsumo.

Otro elemento de la modernización en Envigado fue la introducciónel proceso de cambio en la higiene y salud, llamado la “higienización del poblado”, y que pasa por reconocer una serie de problemas de una sociedad rural y precapitalista como la falta de tratamiento del agua,  de instituciones médicas, de medicamentos, procedimientos sanitarios. La sociedad envigadeña de principios de siglo XX, rural en su mayor parte pasa a ser una sociedad urbana y capitalista con una serie de implementación de prácticas higiénicas, medidas coercitivas e instituciones sanitarias como el hospital y el médico oficial, la junta de higiene y sus campañas y labores preventivas en los barrios y escuelas. No se puede perder de vista que el avance y la incorporación de las nuevas tecnologías de comunicación para el impulso de la economía capitalista introdujo contenidos y mensajes avanzados, en el cambio de valores sociales y percepciones acerca del trabajo, la riqueza, el empleo del tiempo, la función de la ciencia, entre otros.

De igual forma, la modernidad implica la actualización y consolidación de un Estado moderno[2] mas que en la ruptura de formas particulares de ejercicio del poder público, el establecimiento de un sistema tributario amplio, eficiente, confiables e impersonal, la conformación de una burocracia y un sistema policial capaces de imponer las decisiones del Estado. Otros elementos del proceso de modernización fueron el crecimiento del sector urbano, la eliminación de diferencias legales entre la población, el debilitamiento de la dependencia individual de estructuras estamentales, étnicas y familiares y el surgimiento de un sistema de clases sociales formalmente abiertas.

En contraste a los aspectos señalados dentro del proceso de modernización, las transformaciones culturales han sido muy lentas, porque la fundamentación social se basó en la defensa de la tradición, la filiación partidista con el partido conservador y la religión católica. Este moldeamiento se afianzó aún más con el impulso de la doctrina social de la Iglesia Católica, que a partir del concordato de 1887, filtró su ideología en la educación pública, el ritmo de vida, los códigos de conducta, las visiones del mundo.

Modernidad urbana

El municipio de Envigado, había obtenido un importante incremento de su población. En 1905 contaba con 6,527 personas, mas tarde en el censo de 1912 registraba 8,702 y, finalmente, en 1918 se remontaba a 9,642 habitantes, con un incremento del 60%, atraído por la naciente industrialización.

Además, era un poblado que en 1910, quedaba inicialmente delimitado por un área de tres cuadras a la redonda de la plaza central, pero posteriormente se incluyó la nueva calle Giraldo o avenida Víctor Escobar (calle 38 sur), al darse al servicio la estación del ferrocarril de Amagá “Manuel Uribe Ángel”, que quedaba en la parte baja y comenzaría a cobrar importancia por el trafico de pasajeros y mercancía.

Para 1926, Envigado quedaba demarcado entre nueve manzanas: “por el suroeste la quebrada la mina; por el noreste la quebrada la Ayurá; por el sureste la carrera Caldas de Mina a Ayurá; y por el noroeste la carrilera del ferrocarril de Amaga, de mina a la Ayurá”[3].

[3] Censo General de la Republica de Colombia, ministro de gobierno Pedro Carreño. Estadística Anual de la República de Colombia, 1905, Bogotá, pagina 40.Según la ley No. 2 del 16 de agosto de 1911, adicional a la ley No. 8 de 1904 sobre censo de población.acuerdo No. 42, julio 25, 1926

Su parte rural se enmarcaba por los caminos existentes al norte y oriente, con el camino a Rionegro y por un costado de la Ayurá; en la parte sur con el camino al corregimiento de Sabaneta (creado en 1899) y el paso por el río Medellín para comunicarse con Itagüí y La Estrella.

En el siglo XIX la población de Envigado tuvo un crecimiento moderado, en algunos episodios con un aumento importante que había encontrado su salida en las olas de migrantes y colonizadores constante hacia el suroeste, que permite afirmar que fueron cruciales para el desarrollo de varios pueblos como Fredonia, Abejorral, Jericó, Titiribí, entre otros.

En el plano educativo existían varias escuelas: de la fracción de Zúñiga, la de Ayurá, la de niñas de Chinguí, la del El Atravesado, la de Sabaneta y la principal del distrito: La escuela modelo o escuela urbana de varones. Un colegio privado el Uribe Ángel, en el sentido que era dirigido por maestros particulares y que recibía algunos fondos públicos.

En el avance de las telecomunicaciones, el distrito poseía una línea telefónica buena pero costosa ($20 pesos mensuales), y se mantenía la oficina telegráfica, por la cual se recibían y enviaban mensajes cortos, aunque con limitaciones dada la parcial cobertura en el territorio.

La modernización urbana viene de la expansión sobre las tierras de fincas particulares y prolongación de calles para dar salidas en todas las direcciones. Por ello, el mercado de tierras, la compra de propiedades, el remate de casas, la presión demográfica posibilitó el avance de la ciudad sobre su circunferencia rural.

El casco urbano de Envigado comienza a crecer durante los primeros años  del siglo XX con la continuidad de calles o callejones cerrados, otros son ampliados a través de importantes inversiones en compra de lotes y construcción y explanada de calles, que permitirán el mayor flujo de transporte y de personas en la población. Entre las calles que se prolongaron están unas que conducían hacia el oriente, en el Barrio Mesa Jaramillo y a la Fábrica Rosellón, que se convirtió en vía principal y carreteable. También se mejoró la vía hacia el sur de Sabaneta o apertura de calle hacia la nueva estación del ferrocarril, bautizada avenida Víctor Escobar.  Se continuo con las reparaciones de puentes para cruzar las quebradas La Ayurá y La Zúñiga, en el camino a Medellín.

En este crecimiento, el distrito en 1910, a través del Concejo inició la demarcación de los límites urbanos del distrito, sobretodo porque no existía en años anteriores ninguna medida al respecto y los órganos administrativos lo requerían para saber hasta donde era lo rural y lo urbano y establecer así la tributación de los predios y propiedades: “el Consejo Municipal como la Junta Distrital de caminos necesitan un dato cierto a fin de poder cada una de estas corporaciones para la buena marcha de los intereses del distrito, dar cumplimiento a sus deberes respectivos. Acuerda: articulo único: La demarcación del área de la población de este distrito medirá tres cuadras a la redonda, partiendo de las cuatro esquinas de la plaza pública, respectivamente, teniendo en cuenta que la calle de Miguel Uribe Restrepo, que es un poco prolongada, queda incluida en dicha demarcación”[4].

Como vemos en el mapa, el área estaba circunscrita por una plaza y tres caminos: al corregimiento de Sabaneta, el camino hacia el Retiro y Rionegro, y la vía a Medellín. Existía una zona céntrica y un barrio en formación el Mesa Jaramillo, de lento avance pero que conformaría el crecimiento hacia el oriente del territorio.

Como parte del mismo proceso de modernización de la región y de Medellín, en Envigado también se elaboró el plano de Envigado futuro (1922) fue una de las formas mejores de proyectar el crecimiento ordenado y futuro al sector urbano, con el incremento de su población con las industrias, establecer las zonas de expansión, el trazado de nuevas calles y manzanas, en especial a partir de esa demarcación de 1910 que partiendo desde la plaza establecía cuatro puntos de dirección a nuevos barrios, sobretodo las primeras casas de habitación obrera o los primeros barrios de obreros. Este crecimiento urbano implicó la exigencia de un mejor acueducto y alcantarillado con sus diferentes tuberías, desagües y filtros de agua potable a partir de la quebrada La Ayurá.

En ese Plano, se diseñó una plaza de mercado en 1922 donde exclusivamente se vendieran el comercio de frutas verduras y cereales y granos, es decir, que es a partir de la década de 1910, cuando comienza a formarse con paso seguro hacia la modernización del distrito, del poblado a la ciudad, caracterizada por los nuevos espacios especializados dedicado exclusivamente a las actividades, entre ellas, la casa consistorial, el centro de la vida administrativa, jurídica y política;  el matadero público, el hospital y por supuesto, la plaza de mercado, todos ellos constituyen la nueva organización de la sociedad y la economía del distrito.

Ampliación de calles y expansión de la malla urbana

El Consejo de 1902 ordenó la construcción de carreteras en las calles de la población aduciendo “el adelanto material, la comodidad y el ornato de las calles públicas”. Sin embargo, a raíz de la crisis económica y el estado de recuperación del país por la guerra de los mil días, el tesoro municipal no estaba en condiciones de asumir este mandato por tanto quedo a la espera mejores tiempos. El Consejo de todas formas reconocía la necesidad frente a los comienzos del nuevo siglo y los adelantos que estaba teniendo en materia de nuevas industrias y desarrollo; así como el estado de precariedad y de falta de calles adecuadas en el centro del distrito.  De hecho, tuvo que realizar un empréstito y una contribución directa por valor de $20.000 para cubrir los gastos que excedían a las rentas, es decir, un estado de déficit que demandaba especialmente el departamento de Gobierno con sus diferentes funcionarios y su aumento de sueldo. Entre el personal se encontraban los maestros a quienes se les adeudaba varios meses. Otro hecho que agravó las finanzas del municipio a principios del siglo XX fue la inflación y la devaluación de la moneda que impacto los artículos de consumo y en consecuencia los jornales y sueldos tanto de obreros como de empleados.

En 1908 se estableció unos impuestos a la circulación de carros ya que habían ocasionado diferentes daños en las calles, resuma recogida se destinarían a su reparación[1]. Los vehículos que transitaban a comienzos de siglo 20 en envigado eran vehículos de coches jalados por caballos que en algunas ocasiones eran carretas de mayor peso y por supuesto deteriorada las calles del distrito. Es así como en abril de 1910 se estableció una tarifa diferencia sobre estos coches o carros dependiendo sí el ancho de las ruedas con una tarifa de 50 centavos oro.  El incremento de impuestos tenía el propósito de ayuda en la carretera principal o departamental que comunicaba a Envigado con Medellín  especialmente. En esa época, de principios de siglo, el presupuesto de Obras Públicas se destinaba a varias obras: la terminación de la casa consistorial y el matadero público, la construcción de la pila así como encascajar la plaza; las reparaciones en el hospital, la conservación del acueducto y la compra de acciones en la compañía del alumbrado eléctrico.

Con las finanzas municipales más estables, sin déficit en el presupuesto, se procedió en 1909 a la apertura y continuación de 3 calles[2]:

  1. la de Giraldo hacia el Oriente
  2. la de Pedro Uribe hacia el sur, continuación de la cedida por el señor Lino Uribe O[3].
  3. la de Alejandro Vélez hasta empalmar con la de Pedro Uribe hacia el Oriente

Con la construcción del ferrocarril de Amagá, específicamente la estación Uribe Ángel, la compañía estableció contacto con el Consejo para abrir una calle qué comunicará el poblado con esta importante vía de transporte y concreto la apertura de dos calles: “una que partiendo de la misma estación libra Ángel empalme con la carretera que de esta plaza gira para Itagüí; y otra que partiendo de la misma estación en dirección Oriente venga a empalmar con la denominada “José Manuel Restrepo”, en la esquina de la casa del señor Rafael Escobar Isaza, crucero de dicha calle con la de “Alejandro Vélez”[4]. El Consejo estableció en el mismo acuerdo una financiación de $1.000 pesos oro incluidos en el departamento de Obras Públicas y mediante un crédito de la compañía del ferrocarril con el cual se compraron los terrenos necesarios para abrir la vía y en el pago de los obreros y el material necesario. Desde agosto de 1907 se había comenzado el estudio del trazado de la vía a cargo de los ingenieros Germán Uribe y Jorge Pérez, dos años después en julio de 1909, los perfiles y los planos entre Medellín y el distrito de Caldas Se habían terminado y se daba comienzo a la hora y la explosión de la banca el primer riel se clavó el 8 febrero de 1911 en una ceremonia donde estuvo presente el presidente antioqueño Carlos E. Restrepo y el primer superintendente de la empresa Camilo C. Restrepo. La estación de Envigado se inauguró el 15 de abril de 1911 y tomó el nombre de “Manuel Uribe Ángel” por iniciativa y sugerencia del presidente del Concejo municipal, Misael Osorio, a la compañía de ferrocarril. A través esta nueva vía de ingreso y circulación de personas y mercancías, se introdujo la nueva pila de bronce y una verja, para darle un nuevo carisma y prestigio a la plaza central.  

La nueva calle tomó el nombre del importante sacerdote Víctor Escobar Lalinde, destacada figura por su inteligencia excepcional al dominar varios idiomas y conocimientos científicos, y quién en 1906 invitó a la Comunidad de las Reverendas hermanas Salesianas a hacer parte de la formación social y cultural de Medellín. Luego en 1917 se amplió esta “Avenida Escobar Lalinde” junto con la calle Girardot. También a través del ferrocarril se buscó la financiación de pasajes para los estudiantes de la Universidad de Antioquia que vivían en Envigado[5].

En octubre del mismo año de 1911 se dio también la apertura una serie de calles hacia el sur y el Oriente de la ciudad. “1ª. La continuación en dos cuadras hacia el sur de la denominada “Pedro Uribe”; 2ª. La continuación hacia el oriente de la calle Alejandro Vélez; la continuación hacia el oriente de la conocida con el nombre de “Alejandro Vélez”, a empalmar con la anterior y una cuadra más, hasta encontrar con terreno del sr. Lucas Pareja; y 3ª. la continuación, también hacia el oriente, de la llamada “Giraldo”, hasta el riachuelo “La Ayurá”. Los trabajos en la 1ª y 2ª se emprenderán sin demora y de preferencia a la 3ª”[6].  Para la apertura, el distrito obtuvo del señor Pedro Pablo González, la donación de varias fajas de terreno con la condición de que se acercarán de tapias las expresadas calles abiertas, se mantuvieran limpias y se empedraran. Si el distrito no cumplía el acuerdo, se comprometía a pagar una indemnización por perjuicios el señor González por valor de $10.000. González era una importante figura pública y política en el distrito por su papel en el concejo como presidente durante la década de 1900 y personero municipal en los años de 1920.

El arreglo de las calles siempre ha sido una preocupación constante del distrito, por tanto en 1920 y en vista del natural deterioro de las mismas por el clima y el tránsito de vehículos se aprovechó un empréstito por $5000 para su reparación[7]. Por igual también se normatizaba en el aseo y ornato de la ciudad, el desyerbe de las calles y el blanqueamiento de los muros y paredes y fachadas de las casas. Con el mismo empréstito se aprovechó la compra de las acciones de la empresa energía eléctrica con el fin de tener el control completo de las mismas, algo que era de conveniencia importante para el distrito dado el crecimiento y la importancia del suministro de energía y alumbrado eléctrico.

A pesar de las anteriores obras de prolongación de calles, amplitud de otras, encascajamiento de los pisos, construcción de tapias y compra de fajas de terreno, no se contaba con un plano arquitectónico del distrito que permitiera establecer un crecimiento ordenado y futuras zonas de expansión y desarrollo. Por tanto, se aprovechó el plano de Envigado futuro de 1921, elaborado por los señores Olarte Vélez y compañía y respaldado por la Junta Departamental de planos para de acuerdo con él, ejecutar el trazado, la apertura, la ampliación de las calles y la extensión a lo largo y ancho de las calles más angostas. La proyección del Envigado futuro declaraba en sus primeros artículos:

“Art. 2: Declárase de utilidad pública la adquisición de todas y cada una de las fajas necesarias para la plaza de mercado, el bosque, apertura y ampliación de calles en desarrollo del plano, a cuyo efecto se ejecutarán las expropiaciones a que hubiere lugar.

Art. 3: Prohíbase, entretanto, las edificaciones y reedificaciones sobre las fajas a que se refiere el artículo anterior, inclusive las fajas hacia las cuales ha de extenderse la latitud de las calles angostas existentes”.

 Igualmente se estaba pensando, en este nuevo plano de Envigado futuro, la proyección de las habitaciones para obreros, o barrios para obreros, dado el crecimiento de la industria y de los obreros como nueva clase social en el distrito. Es por ello, que la nueva industria de Rosellón, en cabeza de la compañía de Heliodoro Medina, en gestiones ante el concejo obtuvo la declaración de utilidad pública, la adquisición de la finca de propiedad de la señora doña Mercedes Restrepo de Pareja situado en el costado oriental o suroeste del poblado para proyectar la urbanización del Barrio Mesa Jaramillo[8]. Este proyecto de vivienda de iniciativa privada requería la aprobación de la municipalidad en cuanto a la construcción de calles, acueducto y alcantarillado, que debía realizar, pero por sus escasos recursos presupuestales no podía. Por esta razón, el concejo aprobó la autorización para contratar empréstitos por más de $10.000 con destino a la urbanización de los nuevos lotes y terrenos.  

Desde los primeros años de la fábrica Rosellón se construyó una vía principal que la comunicaba con el centro del distrito, y agilizaba sus procesos de transporte y producción. Dueña de los terrenos y de una de las principales calles del oriente, Rosellón proyectó la urbanización de esa parte de la ciudad.  La urbanización del barrio Mesa Jaramillo se inició en 1923[9], mediante un contrato entre el municipio y la familia Medina, (Heliodoro, padre y sus hijos Heliodoro y  Tulio)[10], fundadores junto a otros inversionistas y acaudalados comerciantes de Medellín, de la fábrica textil Rosellón.

Con diseños arquitectónicos y de ingeniería, los Medina trazaron calles y carreras, diseñaron el tamaño de los lotes y cuadras, la arborización, la construcción del acueducto y el alcantarillado[11], financiaron al distrito con diez mil pesos para estas obras, y además establecieron el nombramiento de las diferentes vías: la avenida central y las carreras Nariño, Camilo Torres, Sucre, Policarpa y Caldas que la atravesaban.

La urbanización del terreno también obedecía a la necesidad de crear “habitaciones de obreros” y obtener el máximo provecho del terreno que le compraron a la familia Pareja que lindaba con la calle principal de destino a la fábrica. El barrio Mesa Jaramillo es la expresión de la modernidad del capital privado en la transformación de la ciudad, tanto en la creación de nuevos procesos productivos como en el cambio de movilidad de la propiedad y la tierra, al convertir terrenos rurales en lotes urbanos de casas, en incorporar la propiedad de fincas improductivas y símbolo de estatus social al ciclo de comercio inmobiliario y capitalista de la nueva era que se inauguraba en Envigado.

En 1926 se continuó con el desarrollo de esta parte de la ciudad ya que por compra a Heliodoro Medina[12], obtuvo varios lotes y le dio continuidad a la avenida central, así como a las carreras mencionadas hacia el norte, en limites de terrenos de importantes propietarios como Lino Uribe O., y los hermanos Valeriano y Lisandro Ramírez[13]. También sí reglamento la construcción ochávez de las calles, es decir, que cumplieran una medida específica, no menores a un metro, en ángulos y lados iguales, para que se pudieran construir los aleros o techos especies especialmente aquellos que daban frente a la plaza central y calles principales[14]. Esta medida protegía a los transeúntes en sus desplazamientos por la población con respecto al sol y la lluvia.

En los casos revisados se encontró que los particulares no tenían ningún problema en ceder o negociar AA un precio módico los terrenos que se necesitarán para la prolongación de las calles es el caso D el mayordomo de fábrica de la parroquia envigado Diego Uribe quién en 1927 se dio dos importantes fajas de terreno que poseía  la Iglesia en el barrio mesa Jaramillo, entre las calles Félix de Restrepo Giraldo con el fin de prolonga hacia el lado norte de  la carrera Caldas y Policarpa.  Lo único que el señor Uribe, en representación de la iglesia, exigía era que el municipio “se obligue a hacer el perfil de las calles que abrirá por las cedidas; el cual habrá de ser igual que traen las carreras “Caldas y Policarpa”; y además que se comprometa a hacer los trazos en los terrenos de la Iglesia que quedan dando frente a las fajas cedidas cuando ello lo necesitaré”[15].

En igual sentido, en noviembre de 1927 y con el fin de ensanchar las calles Alejandro Vélez y Pedro Uribe, En frontera con el nuevo barrio mesa Jaramillo y con la proyección del nuevo edificio de la escuela modelo o actual escuela Fernando González; se compraron dos fajas de terreno al señor Pedro Nel Uribe por valor de $2.339 pesos[16].

EL TRANVÍA

El tranvía se ubica como un elemento importante del proceso de modernización que hemos comprobado en diferentes aspectos. Daba cuenta de una nueva forma de transporte de pasajeros entre Envigado y Medellín a lo que se constituyó en todo un avance tecnológico que configuraba una transformación de las formas tradicionales que habían dominado las comunicaciones entre ambas ciudades. Y complementaba de forma muy efectiva el transporte de pasajeros y mercancías que ya había iniciado el ferrocarril de Amagá con la estación Manuel Uribe Ángel en 1911.

Desde enero de 1927 el Consejo haya declarado de necesidad y conveniencia publica la construcción del tranvía municipal qué “partiendo del centro de la población vaya a empalmar con el distrito de Medellín por el camino carretero que en la capital conduce a Envigado”. Se autorizaba al personero municipal para que pusiera a entrar en acuerdo con ingenieros competentes e iniciar los estudios de la citada obra[17]. la sociedad de mejoras públicas se creó en 1925 y desde sus comienzos tomó como una de sus preocupaciones la construcción del tranvía como una obra de fomento y progreso para la población.

La sociedad de mejoras públicas había iniciado sus labores desde 1920 y logró conformar un grupo importante de líderes cívicos que estaban interesados en el adelanto de la población así como lo hacía su homóloga de Medellín. Consideró el tranvía como una obra de progreso y adelanto importantísimo para la ciudad. Este grupo tenía en su pensamiento la idea de progreso dada por las diferentes transformaciones técnicas y cambios en los ritmos de vida y la creencia en la capacidad de crear un mundo mejor. Pensaban que estos adelantos otorgaban mayor renombre a la ciudad y por eso a través del Consejo se hicieron excepciones tributarias y concesiones de aguas a las diferentes fábricas para su instalación. La Sociedad también intervino en el éxito de las negociaciones para qué el tranvía fuera una realidad[18]. este grupo de hombres participaban también de las diferentes posiciones en el Consejo y sus ideas estaban en armonía con los intereses privados.

El tranvía que se desarrolló en Envigado en la década de 1920, hacía parte de un sistema de transporte que se inició en Medellín en enero de 1887.  En un principio el servicio consistió en una serie de coches tirados por mulas su recorrido era desde la Plazuela de la Veracruz hasta el lugar que actualmente es el Jardín Botánico de la ciudad. Posteriormente, dicho sistema se amplió por la Avenida Bolívar y por Ayacucho, hasta llegar a la iglesia del barrio Buenos Aires.

La operación cambia en 1921 con la introducción de la electricidad, se pasa de la fuerza animal a la fuerza de la energía eléctrica. Se forma así, el Tranvía eléctrico. Este cambio hace parte de la introducción de las primeras plantas de generación y su introducción en la industria.  El uso de torres distribuidoras de energía a lo largo de los trayectos permitió ampliar su cobertura a otros sitios de la ciudad de Medellín como los barrios Robledo, Belén, La América, El Poblado y Manrique. En este punto del desarrollo del servicio, se posibilitó su prolongación hasta Rionegro y se llamó tranvía de oriente. En 1922, el sistema contaba con 22 kilómetros de rutas, tranvía tenía 12 coches para el servicio que movilizaban 9.150 personas al día; tres años más tarde, en 1925, el sistema ya tenía 36 kilómetros, atendiendo una población de 120 mil habitantes.

Con la masificación de los buses a gasolina en las ciudades colombianas, y el incremento de los vehículos particulares en Medellín, las operaciones del Tranvía empezaron a disminuir a partir de 1945 y ya para 1951, solo prestaba servicio la ruta de Aranjuez, que cerró ese mismo año.

Con la prestación del servicio hasta el barrio el Poblado, se dan las conversaciones entre el concejo de Envigado y el municipio de Medellín para extender la línea hasta la población y realizan varias acciones para dar luz al proyecto de tranvía para Envigado.

El concejo de Medellín produjo el Acuerdo 32 de 1928 donde oficializaba las obras necesarias para prolongar la vía del tranvía, del Barrio El Poblado al municipio de Envigado, previamente con un pacto donde el concejo de la ciudad, mediante acuerdo No. 16 del 29 de marzo de 1928, estableció los compromisos principales frente a la obra:

– la gestión necesaria para el trazado para el tranvía pues declaraba “de utilidad pública el tranvía que Medellín piensa extenderse por ese municipio y las gestiones necesarias para la expropiación de fajas y ocupación de terrenos de particulares en el caso de que esto sea necesario, siendo entendido que los gastos serán por cuenta de Medellín”.

La obra se realizaría completamente por el municipio de Medellín, quien administraría y explotaría su uso, y daría a Envigado “el 10% del producto neto de la línea”, es decir, recibiría el total de lo que pagarían los pasajeros de esa línea, menos los gastos de explotación y servicio de capital, según el artículo 4 del acuerdo.

–Otra acción para ejecutar la construcción de la línea en Envigado fue la apertura de algunas calles públicas, porque la línea del tranvía en el casco urbano de la ciudad de Envigado, ocupó una de las calles vitales para el tránsito de vehículos (Cra. 43), con el fin de redistribuir la circulación de vehículos de ruedas ya que se iban a ocupar por el tranvía: la prolongación de la calle “José Manuel Restrepo” hasta empalmarla con la carretera que conducía a Medellín; abrir calles transversales que se unan con esa calle y la de “Miguel Uribe Restrepo”; y ensanchar la calle Miguel Uribe Restrepo, entre la portada Andalucía y la Plazuela “Chiquinquirá”.

Su construcción

Se inició su construcción en febrero de 1925 y se finalizó en marzo de 1929. y según la ley era una obra subvencionada por la nación, por ello los gastos de la obra fueron rigurosos. El servicio del tranvía a Envigado, se iniciaba en el cruce entre la calle San Juan con la Carrera Palacé y finalizaba en el “extremo de los rieles de la plaza del municipio, 10,40 mts hacia el norte del costado sur  de esta plaza. Pendiente máxima de 8%, a una velocidad de 30 km por hora”, Según informes del ingeniero Hermógenes Trujillo y el técnico Camilo Villa[19]. Se construyeron varios pontones o puentes de maderos, en las quebradas “Poblada”, “La Presidenta” y la “la Aguacatala”, con reforzamiento en su piso con baldosa de concreto, mientras los puentes en “La Zuñiga” y “La Ayurá”, fueron en arco de ladrillo. En “La Madre Vieja” fue un puente de concreto reforzado.

La línea atravesaba las calles y la plaza de “la fracción de El Poblado, en una longitud de 546 metros, entre las quebradas “La Poblada” y “La Presidenta”, y que, en las calles de Envigado, los rieles del tranvía atraviesan en 450 metros.

Inicialmente el tranvía fue trazado hasta la “fracción El Poblado”, iniciándose en febrero de 1925 y al terminarse la línea, se dio al servicio con carros “Edwards de gasolina”, construidos especialmente. Más tarde y resuelta la electrificación de la vía, se prolongó la vía hasta el Club Campestre. Luego por medio de un contrato suscrito entre el Municipio de Medellín y el Municipio de Envigado, según Acuerdo No. 47 del 26 de marzo de 1928, el tranvía se prolongó hasta su cabecera.

En diciembre de 1928, el alcalde de Medellín informaba de varios inconvenientes para la construcción relacionados con el ancho de la vía y se solicitó a la junta de Empresas Públicas Municipales procediera a ordenar la suspensión de todos los trabajos. El superintendente informaba que el municipio de Envigado no estaba cumpliendo con la consecución de las “fajas necesarias para ensanchar la vía dentro de su territorio”[20]. Posteriormente un comisión de concejales, luego de realizar visita a las obras, recomendaba que las autoridades de ambos municipios se entendieran para convenir la ampliación de la carretera[21].

 Después de terminada la obra y puesta al servicio, se iniciaron las gestiones para reclamar la subvención a que le daba derecho la ley por valor de $340.501.35 de pesos. En el valor estaba incluido el valor de un “rectificador de mercurio”, que hubo necesidad de instalar en “La Aguacatala”, para transformar y convertir la corriente de alimentación para la línea del tranvía, a las inmediaciones de Envigado.

En los gastos de construcción estaba el ensanche de la carretera “del sur o del Poblado” indispensable para su uso y de vehículos particulares, y fue realizada entre la empresa del tranvía y la Junta Municipal de Caminos de Envigado.

Para el servicio inicialmente se utilizaron cinco carros, aunque la línea tenía capacidad para diez carros más. Este material rodante fue pedido a la Compañía “Internacional General Electric Co”, de Estados Unidos, y manufacturados por la casa J.G. Brill Co, y eran carros en acero, cerrados, con truck doble 35 pies y 2 pulgadas de longitud, tipo 177 S-I-X, cada uno con motores General Electric tipo G.E. 258-C, equipo doble de control de aire, iluminación y con capacidad de 40 pasajeros sentados.

Electricidad y modernidad

En la década de 1910 la construcción de la estación Uribe Ángel del ferrocarril de Amagá; la instalación de la planta y la luz eléctrica además del montaje de diversas industrias como la de Rosellón (1914) y la fundación de la Sociedad de Mejoras Públicas (1920); constituyeron las primeras materializaciones del ideal de progreso y los cimientos de la modernización en Envigado. El ferrocarril fue uno de los símbolos de la modernización al movilizar pasajeros y mercancías diversas a lo largo del valle de Aburrá, y facilitó la introducción de maquinarias para las nacientes industrias. Por igual, motivó la apertura de una de las principales calles de ingreso a la población.

Uno de los principales aspectos de la transición a la modernidad fue la introducción de la energía eléctrica a la mayor parte de los procesos productivos tanto agrarios como industriales. Medellín había puesto el ejemplo con la primera planta y se inauguraba una nueva era de optimismo y de “progreso”, entendido como el adelantamiento material de las condiciones de vida de sus habitantes. La energía eléctrica marcó en Envigado un nuevo ritmo del pueblo rural a la ciudad industrial y capitalista. Los observadores sagaces y escritores como los periodistas contemporáneos observaban las transformaciones en los ritmos de vida, con la prolongación de la jornada laboral y diversas en las horas de la noche.

Los capitalistas de las casas comerciales (Hijos de Félix A. Correa y Cía., Vásquez Hermanos y Cía, Joaquín Berrío Gaviria y Cía) siguiendo el modelo de la Compañía Antioqueña de Instalaciones eléctricas de Medellín, fomentaron el negocio del alumbrado eléctrico y suministro de energía en Envigado con la promesa de construir una planta eléctrica a partir de la conformación de una Sociedad anónima, llamada Compañía de Instalaciones Eléctricas de Envigado.  Para obtener éxito en el emprendimiento de instalar alumbrado eléctrico, se debía obtener del concejo un privilegio exclusivo y concesiones para la empresa.  Por consiguiente efectuaron conversaciones con el concejo municipal, con ese fin y garantizar el éxito de la operación y aunque la Sociedad Anónima no estaba conformada legalmente mediante escritura, y con el reconocimiento de los accionistas con su porcentaje de participación, el distrito estaba dispuesto a concederles varias prerrogativas, el derecho sobre las aguas hasta intervenir en su organización. Y la forma de distribuir la luz en toda la población.

El Concejo sustentaba el valor de la obra, en el acuerdo No. 8 del 25 de junio: “siendo la ciudad de Envigado de bastante importancia y de algún adelanto material y que por lo mismo tiene los medios necesarios para proporcionarse un alumbrado eléctrico el cual entraña un principio de civilización y el progreso necesario para toda comunidad social…habiéndose dirigido dicha compañía al honorable Consejo en demanda de privilegio y concesiones para la empresa eléctrica, es debe prestarle decidido apoyo, interpretando así los patrióticos sentimientos del pueblo a quién representa, declarase urgente necesidad utilidad y conveniencia pública el establecimiento de una planta eléctrica que produzca luz y fuerza motriz para ser utilizadas en el municipio Envigado”[22] .

El suministro de energía eléctrica como un bien público se encontraba en el centro del primer acuerdo del Consejo, era un aspecto que entrañaba “un principio de civilización y el proceso necesario para toda comunidad social”. Palabras que encierran ese ideal de progreso que en Medellín era un símbolo de la modernidad.

Continuando con la copia del ejemplo de Medellín en Envigado también se creó una sociedad de mejoras públicas con funciones afines a su hermana gemela al fomentar la educación, la cultura y el civismo. Sus más claros logros fue la construcción y manejo y programación de un teatro y la administración de la biblioteca de cultura aldeana. El estado municipal y las diferentes administraciones entraron en la corriente de la modernización al crear las condiciones en infraestructura de equipamiento urbano y servicios públicos con el fin de apoyar la nueva corriente de industrialización que llegaba a la ciudad.

Volviendo a la creación de la Compañía de Instalaciones Eléctricas de Envigado de 1910, y su fin de  proveer el servicio de energía, es interesante ver las observaciones que realizó la gobernación a ese acuerdo inicial: creía que era “inconveniente y odioso los privilegios porque resultaban en situaciones arbitrarias y compatibles con la libertad de Industria”, recordaba el caso de Medellín donde aquella entidad había obrado con mucha ligereza al conceder el privilegio y esto afectó la equidad en los precios de las tarifas al público en general. Le sugería al distrito de Envigado que ofreciera a la compañía una subvención del Tesoro Público y tomará porcentaje de las acciones de la empresa, además desconfiaba de que la compañía que apenas se estaba organizando, se le concedieran derechos que consideraba ilegales porque los bienes del común no podía apropiarse de esa forma; la cesión desconocía el deber legal de respetar la propiedad ajena, entrañaría dificultades y reclamaciones por parte de sus dueños, o una indemnización en favor de la compañía[23].

En agosto de 1910, Misael Osorio, presidente del concejo, informaba al Gobernador de la reforma al acuerdo de junio sobre alumbrado eléctrico: “me cabe el honor de presidir, en su última sesión, aprobó en primer debate y de acuerdo con las observaciones que usía tuvo a bien hacerle al acuerdo No. 8 (del 25 de junio) sobre alumbrado eléctrico, un nuevo acuerdo reformatorio y adicional del primero que hoy tengo el gusto de remitir a su señoría por conducto de una comisión para que se sirva, en vista de él, conceder al concejo la licencia o facultad necesaria para conceder el privilegio, hecho lo cual pasará a segundo debate”[24].

Desde el 4 de julio el gobernador había hecho las observaciones sobre el citado acuerdo No. 8, y el concejo había creado uno nuevo el 18 de agosto, quedando así: “El distrito de Envigado sea la sociedad en calidad de préstamo y por el tiempo que dure el privilegio únicamente los sobrantes de aguas limpias (o mejor dicho los derechos en las sobrantes de agua no limpias) de propiedad municipal que después de salir del área la población puedan ser utilizadas por la empresa no quedando el distrito con obligación de ningún especie, ni la sociedad Con derecho a aumentar el agua por la los acueductos públicos sino que usara la que ordinariamente sobre por esta sesión la sociedad es obligada a pagar por su cuenta la mitad del sueldo del fontanero municipal el cual a su vez tendrá la obligación de cuidar qué pasa que no falte el agua en la planta eléctrica”[25] .

Los inversionistas de la nueva sociedad estaban nerviosos debido aquí para septiembre aún la Gobernación no había decidido sobre la reforma al acuerdo inicial de alumbrado eléctrico, (acuerdo No.21 del 18 de agosto). Esto se puede desprender de una comunicación del 8 de septiembre que el presidente del Consejo Misael Osorio le dirigía al secretario de gobierno departamental donde le solicitaba “se digne decir si el acuerdo ultimo sobre alumbrado eléctrico ha sido ya despachado o se demora todavía para ser recibido aquí; hace ya más de quince días que fue enviado a ese despacho. La junta directiva de la empresa eléctrica ha solicitado varias veces de esta corporación el resultado de su petición sobre privilegio teniendo hasta ahora en suspenso sus trabajos”.

Para octubre de 1910 estaba en firme el acuerdo No.21 y organizada la Sociedad, permitiendo la instalación de 36 focos en las esquinas y edificios públicos, “siendo de su cargo el suministro de materiales, útiles, enseres y obreros necesarios para ello”, todo por la cantidad de $44.742 pesos en la cual quedaban incluidos los derechos de instalaciones, cambio de lámparas y reparaciones. Para 1918, un nuevo contrato se realizó con la Sociedad para instalar otros 15 focos y contemplaba varias condiciones:  La tarifa era de $0,30 centavos oro por cada foco de 25 bujías; a no cobrar a la iglesia por consumo de luz, más de $0,2 centavos oro por foco hasta por cuatro horas y un recargo de $0,4 centavos; a mantener en buen estado las lámparas durante los cinco años que duraba el contrato (enero de 1918 a 31 de enero de 1922); el distrito se comprometía a pagar de los fondos comunes $30 pesos oro mensuales por los 55 focos .

Para la generación de energía se utilizó las aguas sucias en vista de que no podía obtener líquido en la parte alta por qué se afectaba el abastecimiento de la población. Las tarifas inicialmente estuvieron altas ya que el consejo no tenía ningún tipo de experiencia y conocimiento a la hora de regularlas de forma equitativa. Sólo con la asesoría del gobierno departamental y mediante la creación de otro acuerdo sí se logró equipararlas, además se estableció y se sustentaron los derechos sobre las aguas de las quebradas la Ayurá y la Sebastiana como bienes de interés público. En ese sentido el consejo aprendió durante el proceso y llevó a cabo reformas centralistas y de control monopólico sobre las empresas de servicios públicos. Así, la modernidad paso por un proceso de estado local como órgano que regía las relaciones, asumía realmente un poder de autoridad ante un poder privado y empresarial, transformando de paso la ideología jurídica y administrativa de sus autoridades y dirigencia al actualizarse el concepto de la “conveniencia e interés público”.

Organización de la Sociedad Instalaciones eléctricas de Envigado.

En los estatutos de la compañía se determinaba que una sociedad anónima de capital limitado se formaría y se tendría su domicilio en Envigado y que su existencia iniciaba a partir del momento en que se elevará a escritura pública y que el objeto era la explotación del privilegio o derecho exclusivo de producir luz eléctrica para el alumbrado público o privado. En cuanto al capital de la sociedad se reconocía $500.000 de pesos en papel moneda y representada por acciones nominales de $1.000 pesos cada una. Las operaciones de la sociedad se iniciarían cuando los accionistas que firmen la escritura pública consignará la tercera parte del valor de sus acciones lo que se efectuará va el 19 de mayo de 1910 y las restantes cantidades; Los accionistas domiciliados en el hígado podría tomar hasta 20 acciones y los no domiciliados hasta 4 acciones; La compañía sería administrada por una Junta directiva compuesta por un presidente un vicepresidente un secretario antes Herrero que serán nombrados por la Asamblea General de accionistas por mayoría absoluta de votos también se establecía que todo administrador debía ser propietario de acciones.

La modernización eléctrica de sus primeras empresas: Rosellón y Calzado Rey Sol

Importantes y grandes casas comerciales Medellín y Antioquia estaban realizando grandes inversiones en las primeras industrias como fue el caso de Rosellón quién tenía entre sus socios, a las sociedades más acaudaladas, con capitales superiores a $400.000[26].

Una de ellas, Heliodoro Medina y Cía, se había constituido desde 1895 en casa comercial e introducía mercancías extranjeras, posteriormente como accionista de varios bancos y propietario de una importante propiedad en el paraje de Rosellón en Envigado, había comenzado a instalar una fábrica de tejidos de algodón en 1913.

Para la instalación de la fábrica se negoció con el Consejo Municipal una serie de condiciones de favorabilidad: exención de impuestos durante 20 años sobre introducción de maquinaria, materias primas y enseres para la fábrica, para su ensanche y explotación. Tampoco podrían ser gravados sus edificios con impuestos indirectos o directos sobre sus productos, fabricación, consumo y tránsito de sus vehículos a excepción de la contribución predial. De igual forma se obtuvo favorabilidad para pasar productos por los caminos públicos, aprovechar el agua de la quebrada ayuda para su planta eléctrica y en general acueductos para su producción[27].  A cambio, la empresa tendría como compromiso emplear en su establecimiento a los obreros del distrito de Envigado.

De igual manera el Consejo también negoció estas mismas condiciones de favorabilidad para la introducción de la fábrica de calzado Rey Sol, (fundada en 1919), mediante acuerdo No. 28 del 28 de octubre de 1912. Uno de los socios Joaquín Berrío Gaviria había solicitado y organizado este arreglo con el concejo y hacía parte de otras importantes casas comerciales y capitalistas de Medellín: Hijos de Félix A. Correa y Cía., Vásquez Hermanos y Cía, Joaquín Berrío Gaviria y Cía[28].

A diferencia de Rosellón no contaba con su propia generación de energía eléctrica y por tanto el acuerdo contemplaba el suministro a partir de la Sociedad de Instalaciones Eléctricas:

“que tal fabrica va a hacer productiva –que hasta hoy no lo es– la fuerza eléctrica que pueda producir la empresa de la luz eléctrica de esta ciudad, en la cual tiene el municipio una quinta parte, fuerza que será contratada por la sociedad de instalaciones eléctricas de acuerdo con el Consejo Municipal”.

En efecto, Rey Sol era propietaria de casi el 70% de la Sociedad de Instalaciones Eléctricas de Envigado, con 325 acciones de las 500 que la conformaban y que le daban control sobre su administración, la obtención de una rentabilidad en el consumo de la población y la posibilidad de reducir las tarifas de su empresa. Desde noviembre había contratado un suministro de 10 caballos de fuerza o 7.460 voltios por el termino de 25 años desde el 21 de enero de 1913[29].

En 1913, varios vecinos se mostraron en desacuerdo en el momento en que el municipio ponía a la venta 100 que tenía en la empresa de luz, mediante acuerdo No. 57 del 6 de octubre, argumentando la necesidad de construir locales para colegios en terrenos de su propiedad y por carecer de fondos para ello. Los vecinos argumentaban que “el municipio no tiene necesidad de hacer tal venta y desprenderse una renta que le produce por lo menos un dos por ciento mensual y el descontento es general en la población, si este asunto llega a verificarse. es por esto por lo que pedimos a Usía, que estudiado con todo su buen criterio, lo que acabamos de exponer, se sirva no aprobar el acuerdo, cuando este sea sometido a su consideración”[30].  La carta fue recibida el 11 y se determino pasarlo al personero municipal Javier Diez para su opinión sobre la conveniencia o no de la venta de las acciones. El personero respondió el 11 de noviembre: “A pesar de que yo no soy partidario de la venta por ahora de las cien acciones…no me opongo a que esa superioridad le dé la aprobación al acuerdo No. 57 que precede, antes por el contrario, opino que debe impartirse tal aprobación, pues aunque por ahora no hayan de venderse esas acciones, como estoy seguro de que no se venderán, se tiene por lo menos el permiso para venderlas en cualquier momento que ello sea de urgente necesidad”. Finalmente, el gobernador dio su aprobación al acuerdo “siempre que los edificios que se construyan con el producto de las rentas de licores, tabaco y degüello, y se hagan conforme a los planos aprobados por la junta departamental” [31].

Además de las empresas industriales otras actividades del sector agrícola se beneficiaron de la introducción  de la energía eléctrica, al autorizarlos en instalar dinamos con el fin de producir luz eléctrica: El 23 de enero de 1914 se autorizó a Venancio Díaz para poner en su finca El Ancón; otro caso fue el 12 de agosto de 1915 donde a Segismundo Garcés vecino de Sabaneta; y existe otro testimonio del 21 de enero de 1924, donde se autorizó a Alfredo Villegas para poner en su finca La Doctora.

Municipalización de la empresa de luz

Después de siete años, en que la empresa Rey sol mantuvo el control sobre la empresa de luz eléctrica, el municipio asumió la municipalización de tan importante servicio para la comunidad. En efecto, en un primer momento el concejo determino la compra de una parte de las acciones a la Rey Sol mediante acuerdo No 21 del 29 de agosto de 1920: “está demostrada prácticamente la conveniencia de que las empresas de servicios públicos sean de propiedad de las entidades nacional departamental o municipal.  Que la empresa de energía eléctrica de Envigado es propiedad particular en su mayor parte…”  y mediante acuerdo No. 20 del 23 de septiembre de 1924: “es de conveniencia la adquisición de una empresa energía eléctrica para que, administrada por el municipio, preste al público y a los particulares, un servicio eficiente”. En ambos casos, el concejo autorizó un empréstito de $5.000 pesos, en el primero y luego uno mayor por $20.000 pesos en el segundo. También se utilizarían los recursos para el arreglo de calles, el ensanche del matadero público y la higienización del servicio de aguas con un mejor acueducto[32].

Después de comprar las acciones de los demás particulares, El 26 de septiembre de 1926 el Consejo dio el último paso para la municipalización de la empresa energía mediante acuerdo número 53 donde declaraba “de propiedad absoluta del municipio de Envigado, la empresa de instalaciones eléctricas que perteneció a la compañía que la fundó”. El Concejo asumía la administración de la empresa y he determinaba que el personero fuera su gerente sin remuneración alguna. también mediante este acuerdo se derogaba el acuerdo número 8 del 25 de junio de 1910 por el cual se le había otorgado el privilegio a la compañía de instalaciones eléctricas para constituir dicha empresa[33].

Diferentes motivos llevaron al concejo a tomar la decisión de la municipalización: las quejas constantes de los vecinos sobre el servicio, el aumento de las tarifas prestadas por la empresa en manos privadas, la privación de una importante renta que habían empezado a ser crucial y el ejemplo en Medellín (1918), que había también retomado el control sobre las empresas de energía y servicios. Todo lo anterior se configura como parte del proceso de modernización, pues los bienes de la nación pasaron de las manos de los particulares (empresas o dueños privados) a manos del estado.

Sin embargo, por los compromisos pactados en la venta, la compañía Rey Sol, no salió perdiendo después de todo, pues obligaba al distrito a responder por los daños, el desabastecimiento de energía, los perjuicios para la empresa:

“se obliga (el municipio, a través de la compañía de luz,) en cado de ocurran daños en la acequia que conduce el agua potable para la población, y que una vez usada va al tanque de la planta, a arreglar inmediatamente dichos daños, poniendo al efecto el número de trabajadores que tal daño requiera a juicio del gerente y del Personero Municipal, trabajando los peones constantemente, aun de noche, hasta que el servicio de fuerza a que tiene derecho la compañía, se reanude. La compañía, a su vez, queda obligada a ayudar a la vigilancia de la acequia y a dar oportuno aviso al personero de los daños que en ella advierta; que en caso de que la compañía de calzado “Rey sol” reciba perjuicio por la carencia de fuerza que tiene en arrendamiento, debida esa carencia a decidía o descuido del municipio de Envigado, o de sus representantes, tal municipio queda en la obligación de pagar esos perjuicios estimados por peritos nombrados”; “que en caso de falla de fuerza en la fábrica de la compañía de calzado “Rey Sol” por hechos imputablesa mal manejo de la planta eléctrica, o por la no ejecución de actos conducentes a la producción de la fuerza arrendada, el municipio autoriza desde ahora a la compañía arrendataria, para ejecutar de acuerdo con el personero municipal y el gerente de la compañía de instalaciones eléctricas, las obras necesarias para volver a gozar de tal fuerza, y cobrar el valor de las obras[34].

Nueva planta eléctrica en Ancón

En los siguientes años el servicio eléctrico pasó por dificultades de abastecimiento debido al crecimiento de la demanda tanto por particulares como por empresas. Por ello, en 1925 se contrató al ingeniero Juan José Ángel para que realizase un estudio en los parajes de Ancón y Ayurá, con el fin de establecer una nueva planta eléctrica[35]. Al parecer no fue efectivo el contrato con el ingeniero Ángel porque en 1927 se realizó un nuevo contrato con la sociedad colectiva de Comercio de Tulio Ospina y compañía  para realizar varios trabajos como la medición de aguas del río Medellín, la selección del lugar más conveniente para la toma de aguas, la construcción de acequias que se instalaran para la planta eléctrica, el diseño, el presupuesto aproximado del costo de la obra así como la entrega de un plano general con las acequias y el acueducto[36]. También en mayo de 1927 se declaró de utilidad pública una zona de terreno para la nueva planta en la fracción de sabaneta y se autorizaba al personero municipal para comprar un terreno el señor Nolasco Escobar[37]. De igual forma, se decretó de “urgente utilidad pública la empresa de energía eléctrica para el alumbrado público del distrito, cuya construcción ha decretado el municipio por su cuenta, con planta generadora en el paraje de El Ancón” y aguas tomadas del río Medellín”[38].

Esta planta en el paraje del Ancón tuvo una capacidad generadora hasta de 350 kilovatios, teniendo en cuenta la fuerza de la caída que se utilizará y la eficiencia del equipo hidroeléctrico. Se calculaba el consumo de la población entre 150 a 200 kilovatios para los servicios particulares oficial y alumbrado público y se pensaba que la energía sobrante se dejaba como reserva para el mismo servicio oficial de alumbrado público y el servicio de particulares. (acuerdo 24 del 4 de junio de 1928). Con varias industrias en desarrollo también se creía “no está lejano el día en qué esa energía se emplee en su totalidad”.  Y para complementar la obra de la planta nueva eléctrica en Ancón se firmó un contrato para la construcción de una acequia que conduciría el agua del río Medellín desde el punto convenido para su toma.

Para 1930 el Consejo estableció dos importantes contratos con la casa alemana Schutte Bunemann y Cía de Bremen (Alemania), representada por Bernardo Von Griesheim, para la construcción de la planta eléctrica en Ancón: el suministro de la maquinaria; la construcción del edificio, los postes para la transmisión; el presupuesto total que comprendía la turbina, la tubería, el montaje de la línea trifásica y monofásica; el transporte, el teléfono, el cable, los transformadores y las redes. Todo por el valor de $23.300[39].

El distrito ponía a disposición del contratista alemán, la acequia que había construido con destino a la planta y que garantizaba la cantidad de agua suficiente para el trabajo en la turbina, en un promedio de 900 litros por segundo, según contrato celebrado con Tulio Ospina y compañía el 10 de marzo de 1928 y reformado el 10 de abril del mismo año[40].  Previamente a la construcción de la acequia, el municipio había comprado el 5 de noviembre de 1928, tres terrenos a Carlos E. Salazar, Bernardino Salazar y Martiniano Álvarez en el sitio conocido como Cañaveralejo o Pan de Azúcar[41].

En cuanto al valor de la obra, el distrito se comprometía a pagar dentro de 4 años a partir del funcionamiento de la planta. Los ingresos de la planta se determinaban así: las dos terceras partes del producto bruto mensual sería destinó al pago de capital e intereses la 3ª y Valdez a gastos de administración hizo un reconocimiento también di una tasa de interés del 12 por ciento anual sobre el valor total del contrato es decir $23.300 pesos.

En posterior modificación al contraro del 8 de septiembre de 1930, el distrito se comprometió “asegurar mejores rendimientos a los producidos de la empresa de energía eléctrica para la amortización del costo que sea queda a deber al contratista”; a no gravar con contribuciones a la empresa durante la vigencia de la casa contratista y en general a garantizar el pago de la deuda por el valor de la obra[42].

modernidad industrial

la demanda de mano de obra en las primeras industrias llegó a un desplazamiento paulatino de campesinos a obreros aunque los salarios no eran muy atractivos sin embargo envigado desde finales del siglo 19, había tenido un importante crecimiento poblacional y esta manera excedente permitía que se emplearon en las nuevas industrias ya que no se requería mayor capacitación para su empleabilidad. En este caso se utiliza mucho las recomendaciones de familiares y conocidos en las industrias cualquiera que podía solicitar empleo, se le daba no había unos filtros de selección de personal. Hasta bien avanzado el siglo la década del 50 todavía existían familias o personajes a los cuales se recurría para obtener una recomendación y un puesto, como fue el caso de la fábrica de rosellon.

La llegada de la industria también introdujo un elemento de modernidad con una nueva clase social: que fueron los obreros con sus demandas, huelgas y relaciones sociales. Las administraciones de las fábricas también se introdujeron otros elementos en este aspecto de la modernidad:  los reglamentos disciplinarios y horarios, la especialización en el trabajo, la relación hombre- máquina, los salarios y sus prestaciones, la vigilancia y supervisión de autoridades locales y externas, las condiciones sanitarias, y en general un nuevo ambiente de trabajo y tensiones entre lo público (el concejo y la alcaldía) y lo privado(las empresas y sus dirigentes y abogados), entre capital y trabajo.

Existe una enorme diferencia entre la vida diaria los antioqueños que vivieron en 1900 la de aquellos que lo hicieron medio siglo más tarde. en las primeras décadas sobre todo durante los años 20 llega la soledad de lo moderno a la región y uno de sus signos es el cambio en la distribución de la población. Según el censo de 1905 sólo una cuarta parte de esta se clasifica como urbana, proporción que se aumenta a la mitad en 1950.

en el valle aburra se incrementa la población debido a la atracción que ejercía sobre las poblaciones rurales la creación de industrias con salarios más altos. 

Envigado tenía una proporción de concentración mayor de la población en el sector rural que en el urbano. aunque esto tiende a cambiar a partir de 1910 con la nueva reorganización territorial y el atractivo de las primeras fábricas.

al igual que en Caldas, Tolima y Valle durante los años 20 en Antioquia se generaliza el trabajo asalariado en las obras públicas en las trilladoras de café y las nuevas textileras manufacturas de fósforos gaseosa cerveza cigarrillos chocolate y jabones entre otros el personal se compone en su mayoría de mujeres a las que se les paga más barato que los hombres en 1923 el 70% del empleo fabril estaba en manos de obreras pero en la década siguiente de que el trabajo se hace más calificadas empiezan a ser sustituidas lentamente por hombres. (Historia de Antioquia, la vida cotidiana por Patricia londoño, página 331)

Simultáneamente las diferentes industrias como la fábrica textil de Rosellón o las chocolaterías comenzaron a tratar de obtener la favorabilidad y los privilegios en la utilización de los servicios públicos como el uso del agua, especialmente en la quebrada la Ayurá y la Sebastiana. Rosellón  obtuvo privilegios que defendió hasta 1925, cuando finalizó. Esto fue objeto de disputa jurídica durante varios años implicó el pago y contratación de un abogado especialmente para llevar a cabo estos litigios. cuando el municipio estuvo mejor organizado y asesorado jurídicamente, se dio a pleitear los derechos y los pagos de impuestos y la recuperación del uso de las aguas.

Es indudable que la Asamblea departamental ante el avance y el desarrollo de los municipios que tenían industrias se vio la necesidad de incrementar la organización administrativa con diferentes ordenanzas.

La población obrera en envigado se concentró inicialmente en la fábrica Rosellón. Comienza su producción con 100 telares en 1914 y tenía 120 obreros entre hombres y mujeres; y para 1925 tenía 500[43]. Igualmente, la fábrica de calzado La Bota del día que incrementa su personal hacia la década de 1930. La industria fue el germen y origen de la clase obrera que se aglutinó a través del movimiento y los partidos obreros, para reivindicar la reducción de la jornada laboral, el pago por vales, la ausencia de Seguridad Social, las pésimas condiciones de higiene, los despidos sin justa causa sí, los castigos con multas, el acoso sexual a las mujeres trabajadoras. 

La fábrica Rey Sol que había iniciado en 1919 había aprovechado la generación de energía eléctrica y había establecido los talleres en los cuales trabajaban 40 hombres y 30 mujeres distribuidos en diferentes secciones en 1931[44].

El peso significativo del sector obrero en las ciudades tuvo efecto a largo plazo en el crecimiento de la población. Envigado pasó de tener 9654 habitantes en 1918, a tener 17.054 en 1935, un incremento de casi el doble de su población en un lapso de 15 años. Este crecimiento tiene parte explicación por la inmigración al municipio de diferentes personas del sur del departamento, en especial por el atractivo del empleo en una diversidad de industrias como las fábricas de calzado grulla, la bota del día, la fábrica rey sol, una empresa de curtimbres, varias fábricas de bocadillos, entre otras. Según la monografía de 1941, la industria manufacturera empleaba un total de 1,081 trabajadores[45].

 El movimiento obrero comenzó a tener protagonismo a partir de la formación de los primeros partidos y movimientos socialistas en la década de 1920. periódicos como el luchador, órgano de difusión del Partido Socialista, creado en 1919, pregonaban la necesidad de expedir leyes qué protegiera el trabajo obrero. La huelga de las obreras en Bello en febrero de 1920 fue un ejemplo de lucha y reivindicación obrera. Varias de las protestas que se produjeron respondían a buscar soluciones concretas a los problemas de cada fábrica. En Rosellón el primer intento de huelga o “trastorno” como lo llamaron sus directivas, se realizó en marzo de 1920, cuando las directivas de la fábrica decidieron suprimir varios puestos de trabajo y rebajar los sueldos. Sin embargo no fue exitoso pues según el gerente Heliodoro Medina “se habían logrado vencer en su mayor parte y las fábricas estaban en producción satisfactoria”. Para diciembre del mismo año y debido a la disminución de las ventas se cerraron las fábricas. El balance final de la compañía de ese año registraba la pérdida de más de $6,300 pesos. Sólo hasta febrero de 1921 se reanudó la producción[46]. La compañía no pasaba por un mal momento, pues estaba sobre endeudada con los bancos, la comprar de 100 nuevos telares se resolvió venderlos en Europa y las ventas estaban disminuidas. Aunque el fin de la guerra, daba esperanzas de recuperación.

En 1929 hubo dos momentos de huelga en Rosellón en una los mecánicos se habían negado a continuar trabajando por la previsión de usar retazos para la fabricación desde sus delantales; y en otro movimiento, 186 Obreras y 14 obreros protestaron por la decisión de rebajar los salarios en un 25 por ciento en unos casos y otros en un 50%.  Además, argumentaban que “hace algún tiempo estamos soportando malos tratos tras forzar hasta por 11:00 diarias por orden del señor administrador Ricardo Correa”[47].

Estas huelgas fueron breves y condujeron a rápidos arreglos y reflejaban la situación económica obrera marcada por el alza del costo de la vida que siguió al fin de la 1ª Guerra Mundial. pero sobre todo estaban siendo impulsadas por la organización sindical el influjo de la revolución rusa de 1917 y las condiciones concretas de vida de los trabajadores, en situación muy deficiente de higiene seguro industrial, vivienda e ingresos[48].  

Sin embargo, el descontento permanecía latente y para la década del 30 en medio de la crisis económica y del desempleo, se desató la gran huelga de 600 obreros de 1936 en Rosellón. Es importante resaltar que el contexto de esa huelga viene dada por el avance del sindicalismo con la aprobación de siete sindicatos en 1933 y quince en 1935. Por otro lado, el Gobierno liberal de Alfonso López Pumarejo, inclinado por el apoyo de los trabajadores, había obtenido la ley 83 de 1931, la cual definía los tipos de sindicato, autorizaba las Confederaciones Obreras y determinaba que sólo serían legales las huelgas aprobadas por las dos terceras partes de los miembros del sindicato, así como establecía los contratos colectivos. 

La huelga de 1936 se destaca porque produjo la solidaridad de los dirigentes políticos y de la sociedad en general. A pesar de que el gobernador y el alcalde desplegaron la fuerza de la policía en  los alrededores de la fábrica y en los puntos de reunión de los obreros en la ciudad. La prensa como el Heraldo de Antioquia constataba que el movimiento evitaba las violencias las bebidas alcohólicas y “elementos comunistas”. El comercio en general de la población prestó su apoyo a través de la provisión de víveres para sostener el paro, por igual habían recibido auxilios de la Estrella, itagüí y Caldas. La compañía apoyada por el Gobierno departamental y el Gobierno nacional en cabeza de Alberto lleras Camargo mantenía una presión para debilitar el movimiento huelguístico, es así como sí tuvieron varios obreros y Obreras con el cargo de ser filtrados comunistas. Persuadir a la oficina del trabajo qué movimiento no había hecho el las formalidades que establecía la ley para los conflictos laborales cómo la conciliación establecida en la ley 21 de 1920 y por ello había declarado el movimiento de protesta fuera de la ley. otra medida fue abrir las puertas de la fábrica para invitar a las Obreras que retomaran sus labores reconociéndole los salarios correspondientes a los días de paro transcurridos.

Finalmente, la huelga obtuvo aceptación de sus pliegos de petición después de 16 días de paro. Para ello fue fundamental la mediación del gobernador J. Echeverri y el contexto de la “amenaza comunista que se cierne sobre el continente” al decir del ministro de Gobierno Alberto lleras Camargo en que decía: “la necesidad de reprimir o contener por lo menos la agitación comunista”[49].

El proceso de modernización introduce sus transformaciones a partir de dos principales elementos: las fábricas y los obreros. Las primeras con sus jornadas laborales, el reconocimiento de salarios, el reglamento, la subordinación y las exigencias de producción, la presión sobre autoridades locales, el desarrollo de barrios, y el paternalismo empresarial. Los segundos con sus reivindicaciones, reclamación de derechos, su amparo en una legislación laboral y social, la dependencia económica, la solidaridad de otros sectores sociales y políticos en sus luchas, un pensamiento de lucha, una economía y sociedad dinamizada por estos nuevos protagonistas.

Año de inicio Nombre de industria propietarios
1914 Fábrica de tejidos Rosellón Sociedad Comercial Heliodoro Medina y Cía
1919 Calzado Rey Sol Hijos de Félix A. Correa y Cía., Vásquez Hermanos y Cía, Joaquín Berrío Gaviria y Cía
1914 La Chocolatería Ángel, López & cía
1915 Fabrica La Bota del día Abrahám Lotero Sánchez
1919 Fabrica de Chocolates Santa Gertrudis Sociedad Lotero Carmona y Cía
1919 Fabrica de Calzado Rey Sol Banco de Sucre, Hijos de Félix A. Correa & Cía, Pedro Vásquez Uribe, Eduardo Vásquez Jaramillo, Julián Vásquez Uribe, Eduardo Correa Isaza, Josefa M. Restrepo de Vasquez, Inés Vásquez de Pérez
1914 Taller de Fundición Sinforiano Restrepo
1912 Taller mecánico (fundición y ferrería) Cía. Industrial de Restrepo, Botero y Cía.

Modernidad en Higiene y salubridad

La situación de higiene, aseo y salubridad en Envigado, a comienzos del siglo XX no era la mejor.  El desaseo y los hoyos en las calles, los animales deambulando sin control, la plaza principal con basura; la falta de pintura y mantenimiento en las fachadas de las casas, así como las yerbas crecidas, conformaba un aspecto general deplorable en salubridad, termino popular para referirse a las condiciones sanitarias de un lugar.  Los alcaldes hacían continuos llamados a los propietarios especialmente de la plaza con el fin de pintar y asear sus alrededores. Así se desprende de un acta de visita del Prefecto del Centro a la ciudad, un 17 de septiembre de 1890: “debe cuidarse de que los caños y desagües de las calles se mantengan en perfecto estado de limpieza y evitar que en las casas de habitación situada dentro de la demarcación de la ciudad haya cerdos y otros animales inmundos. Debe perseguirse sin tregua ni descanso la embriaguez el juego y la vagancia y prohibir que anden animales vagando por las calles”[50].

El estado de la salud en Envigado y su población en este período de tránsito hacia la modernidad, pasa por reconocer una serie de problemas de una sociedad rural y precapitalista como la falta de tratamiento del agua,  de instituciones médicas y de higienización de la ciudad; a una sociedad urbana y capitalista con una serie de implementación de prácticas higiénicas, medidas coercitivas e instituciones sanitarias como el hospital y el médico oficial, la junta de higiene y sus campañas y labores preventivas en las escuelas.

Envigado a igual que otras ciudades de Antioquia sufrieron desde comienzos del siglo diferentes epidemias como la disentería, la gripe, la viruela y aunque no se tienen datos registrados de la morbimortalidad sufrida por estas epidemias, sí se reconoce por diferentes informes de la Academia de Medicina, los efectos que ocurrían sobre la población en especial la niñez como el tétano, el beri beri y la fiebre carbunclosa[51].

La falta de condiciones sanitarias en la conducción del agua, de fontaneros vigilantes, de educación en los ciudadanos, de limpieza de fachadas y calles, de la disposición de las basuras y el uso correcto y alcantarillado de las aguas sucias fue el origen de enfermedades como la fiebre tifoidea causada por la salmonella que se propagaba por agua o alimentos contaminados por un portador humano, como se mencionaba en 1914 (Acuerdo 13 del 1 de abril). El sistema de la conducción de agua en la ciudad de Envigado no era el más adecuado porque se hacía por canaletas al aire libre o atanadores qué podría tener filtraciones de aguas sucias. 

Para 1914 la situación de higiene y aseo de la ciudad de Envigado continuaba igual que en 1890. El estado de desaseo de la población con aguas sucias al descubierto o estancadas y depósito de basuras en las calles más centrales estaba al orden del día. Se consideraba que propiciaba la propagación del tifo si la situación de falta de higienización de la ciudad continuaba. Las autoridades intentaron persuadir y hasta penalizar a los propietarios de las casas para que barrieran y recogieran las basuras, desyerbaran los frentes de sus casas y especialmente recogieran los animales y cerdos que ambulaban sin control. Otra medida para dar “ornato” fue la exigencia de andenes con sus baldosas y el empedramiento de la entrada a las pesebreras y cocheras, todo bajo la vigilancia y energía del alcalde para sancionar con multas o cárcel si era el caso. La disposición de las basuras según en el acuerdo se hacía con la recolección de unos “carreros” y se disponía su arrojamiento en las afueras de la ciudad no especificando un lugar para su depósito[52].

Con respecto a los andenes en enero de 1918, el concejo estableció sus dimensiones, un metro en la demarcación de la plaza y en las cuadras por fuera de ella, de la plaza hasta dos cuadras en 75 centímetros y en las cuadras restantes de 50. “las construcciones mandadas se harán procurando la mayor uniformidad en cuanto a la latitud e inclinación, para lo cual se atenderá el dictamen del señor personero municipal y del señor alcalde del municipio”[53].

Instituciones sanitarias e higienización de la ciudad.

El primer centro hospitalario de Envigado se constituyó en 1888 por la donación de Mariana Uribe de Duque, hermana de Manuel Uribe Ángel, con la condición de que se adecuara y ampliara el edificio, además de convertirse en una institución de caridad en el tratamiento de enfermedades para pobres y familias de bajos recursos. El Consejo determinó una suma aproximada de $10.000 para los gastos de construcción bajo la supervisión de un patrono junto con el personero municipal. Se esperaba que el término del contrato y de acuerdo con el compromiso inicial, el hospital quedara como propiedad exclusiva y única del municipio[54]. El contrato celebrado con el doctor Manuel Uribe Ángel el 1 de abril de 1903 establecía que se debía gastar del tesoro esa suma anterior en el edificio del hospital con el fin de adquirir la propiedad definitiva.  En consecuencia y con el propósito de cumplir el compromiso, el Consejo contrato al señor Ildefonso Restrepo para las reparaciones por valor de $7000 [55].

Sin embargo, el año de 1903 constituía un tiempo de dificultades para las finanzas del municipio, el cual tuvo que realizar la repartición de una contribución directa sobre los habitantes por valor de $70.000 como un remedio para poner equilibrar los ingresos y los gastos, así como las obligaciones del pago de los empleados, las escuelas y los trabajos del hospital[56]. En el presupuesto de 1904 se estableció un auxilio de $100 mensuales para este hospital de beneficencia o caridad y también se decidió en mayo por parte del Consejo trasladar la escuela pública de niñas en uno de los locales del hospital. De esta manera se disponía de un local aledaño a la casa consistorial la cual podría el distrito arrendar y obtener un ingreso. “dar en arrendamiento para un colegio privado el local que pertenece la citada Casa Consistorial”[57]. Efectivamente el local fue ocupado por el colegio y era administrado por particulares llamado Manuel Uribe Ángel. La escuela de niños del centro no tendría problemas ya que estaba en un local suficientemente administrado por los hermanos de La Salle. El 16 de junio de 1904 muere el Dr Manuel Uribe Ángel y el Consejo como un acto de memoria y homenaje coloca un retrato al óleo en el salón principal del hospital[58]. El doctor se había constituido en patrono del hospital y estaba dirigiendo los trabajos para su reparación y ampliación.

El hospital de caridad tuvo dificultades en sus inicios por las dificultades económicas del distrito, responsable de su mantenimiento y funcionamiento, hasta el punto de que la directora de la escuela de niñas era la misma que dirigía la institución.  A veces pasaba meses sin nombrar un director encargado llamado Sindico del hospital de Caridad[59]. Sólo en 1906, el concejo estableció su reglamento y la facultad de nombrar el patrono (acuerdo No. 125, febrero 11) y en noviembre de 1910, apenas contrató la construcción de cañerías para llevarle agua potable, así como el arreglo de la calle en 1913[60]. El suministró se hacía cargando recipientes desde la pila principal.  También se continuo con sucesivas obras de reedificación o reparación de salones entre 1916 y 1919[61].

Otra dificultad del hospital eran sus crecientes gastos que ponía en riesgo su misión como institución de beneficencia y caridad. El 19 de octubre de 1910, la hermana San Alfredo como directora del hospital y la escuela solicitaba aumento en el auxilio concedido: “Pues como usted bien sabe el número de pobres y huérfanos ha aumentado lo mismo que el precio de los víveres, y con la pequeña suma de ochocientos pesos ($800 pesos) que recibo mensualmente, no es posible sostenerlos, pues resulta un peso diario para cada uno”[62]

Sólo en junio de 1918 se creó el empleo de medico de sanidad municipal, y en este caso por presión de la Asamblea Departamental mediante y de la Junta de Higiene del Departamento, con sede en Medellín. Las funciones asignadas eran las siguientes:  visitar los enfermos del hospital; Dictar medidas higiénicas para combatir las epidemias; practicar necropsias; supervisar el estado de salud de los estudiantes en las escuelas para evitar el contagio de enfermedades; cerciorarse del Estado de las drogas en las farmacias y boticas y en general, rendir informes periódicamente a la Junta departamental al Consejo y al alcalde. En noviembre y con la creación de la amenaza de propagación de la epidemia de la gripe o influencia en el municipio se creó una comisión de asistencia pública compuesto por el médico oficial el presidente del Consejo, dos concejales, el alcalde y el personero: “hacer efectiva la desinfección de las casas de gentes pobres en que la enfermedad se presente; proveer de drogas, alimentos, vestidos, ropa de cama a los enfermos que carezcan de recursos; y por último solicitarle señor alcalde se sirva impedir las reuniones y espectáculos públicos en que por la aglomeración de personas constituye peligro”[63].  Para llevar a cabo la revisión de las casas y la labor de desinfección, se estableció agentes de policía sanitaria, identificados con la insignia de la cruz roja en su brazo izquierdo. Hasta no nombrar un veterinario, el médico cumplió también la labor de examinar las reses de ganado mayor y menor en el matadero público, aptas para el consumo humano.

El médico de sanidad municipal está enmarcado en un proceso de control, como figura central de una intervención autoritaria de la medicina y especialmente, en el ordenamiento de la ciudad. Es un elemento de modernidad en la higienización, como bien dice el historiador Jorge Márquez Valderrama: “El cuerpo médico de cada ciudad era una entidad oficial medicalizadora, es decir, Es una institución al servicio de la regularización de los flujos materiales mercancías vidas humanas y organismos vivos de entre los circuitos de la ciudad”[64].

El médico y el hospital fueron instituciones modernas  e instrumentos a su vez de la regulación del orden social, especialmente de las personas que no se sujetaban al nuevo orden del siglo XX, y especialmente prestaba servicio a las personas de bajos recursos, “los más indisciplinados, lo inhóspitos, los rústicos”( como diría la academia de medicina y las autoridades) e incivilizados los que tenían mayor propensión a enfermarse y a propagar las epidemias[65]. El hospital es una entidad de asistencia clasista, con prioridad sobre las clases bajas ya que las demás podían pagar y aliviar sus enfermedades y por consiguiente estaban fuera de su radio de acción. En estas clases primaba el uso del médico particular y la compra de los medicamentos con sus propios recursos.

En ningún momento el Municipio como estado y directo responsable de la salubridad de la población estableció como obligación la prestación del servicio médico y hospitalización a todas las personas sin distinción de clase social o ingresos. Creó el hospital de caridad para remediar a un sector vulnerable y como un acto de caridad religiosa, no como una política estatal, tanto es así que los presupuestos de rentas y gastos del distrito, cada año desde principios del siglo ninguno contemplaba el Departamento de Salud. Su política de salubridad se dirigía principalmente al estado del agua y su conducción, al ornato y estado de las calles y atacar los brotes epidémicos.

En 1920 se estableció una rama de la medicina urbana, en el presupuesto de rentas y gastos del municipio con el nombre de Departamento de beneficencia e Higiene con el fin de sostener las labores de asistencialismo, el pago del médico, la compra de vacunas para combatir la viruela o la enfermedad infectocontagiosa, para conducir los enajenados al manicomio, el traslado a los lazaretos y compra de medicamentos para las enfermedades populares como la venérea y la sífilis[66].

De igual forma el 11 de mayo de 1922 se instaló la Junta Municipal de lucha contra la tuberculosis, de conformidad a la ley 66 de 1916 y la orden de la Junta Departamental del 9 de mayo, conformada por el alcalde Heliodoro Zapata, el personero municipal Javier Diez, el medico del municipio Luis Eduardo Uribe y Eliseo Saldarriaga, secretario de la alcaldía. En sus primeras medidas fue establecer el nombramiento de empleados suplentes, un auxilio monetario del concejo para un pabellón de aislamiento de los tuberculosos agregado al hospital y obtener de la Junta departamental una serie de avisos para fijarlos en los lugares públicos.

El manejo de los alimentos en la plaza con las mesas y carne en el matadero público.

Dentro de la higiene urbana como elemento del proceso de modernización, se encontraba el control del consumo de carne de los mataderos, carnicerías y en general se extendió el uso de la “higiene de las carnes” llama bromatología en el vocabulario médico de la época.   En el pensamiento higiénico se consideraba que el sacrificio por fuera del matadero público podría ser un foco de infección, en especial la circulación de animales como cerdos y caballos por las calles sin ningún control por parte de sus dueños. Incluso para darle orden a la venta de cerdos se creó una feria en 1924, pues era motivo de quejas continuas de los vecinos[67].  En 1915 se realizó el arreglo del matadero público y se reglamentó las ventas de carnes, pues existía la preocupación de que se convirtiera el edificio destinado para el sacrificio de animales en “un foco activo de propagación de innumerables enfermedades si no se le atienden las atenciones indispensables de higiene”[68], en especial la conducción de las carnes hacia los puestos de venta, los arreglos del edificio consistían básicamente en cañerías empedrado arreglo de los Corrales y carros apropiados para el transporte. Es entendible la preocupación dada las condiciones sanitarias y la amenaza de tifo en la población, como ocurrió en 1918. Una de las medidas ante la propagación de epidemias y el foco de infección que representaba el matadero, el concejo estableció en 1925 la separación entre veterinario y médico, con la aprobación del reglamento para el matadero[69], donde el primero debía examinar a los animales antes de su sacrificio y por consiguiente, si las carnes eran aptas para el consumo. Posteriormente, el médico veterinario cumplió funciones de inspector de sanidad con elementos como un microscopio para examinarlas[70].

El médico también debía de realizar visitas para inspeccionar el estado de higiene y hacer cumplir lo que ordenaba el acuerdo No. 20 de 1915 en el cual se obligaban a los hoteles y casas de asistencia en la población a llevar una estricta guarda de la salubridad pública. Es por eso que en 1922 el alcalde Heliodoro Zapata le solicitaba al médico oficial y presidente de la Junta permanente de sanidad Luís Eduardo Uribe, la práctica de una visita en vista de que no se daba cumplimiento al acuerdo[71].

Fue difícil para las autoridades obligar a sus habitantes en el propósito de mantener el aseo en las calles y la pulcritud de fachadas, pues se dan dos momentos con iguales medidas, una en 1920 para barrer, desyerbar y blanquear y otra en 1928 obligando en ambos momentos con multas a los dueños o inquilinos de los predios y casas. Se contemplaban estas acciones en diferentes épocas del año y de la semana: Blanquear los frentes de los edificios que quedan en la plaza en marzo y septiembre; a deshierbar los frentes en febrero, junio y octubre; y a barrer los frentes dos veces a la semana, los lunes y viernes[72]. La medida del concejo para llevar salubridad y ornato a Envigado, dependió casi siempre de la voluntad enérgica de los alcaldes para su éxito, como se desprende de un decreto del alcalde Heliodoro Zapata que desplegó dos agentes de policía y su secretario para que recorrieran la población y “anotar a las personas que no hubiesen acatado aquellas ordenes, para aplicarles la sanción que establece el acuerdo citado (de 1920)[73]”. Varias personas fueron sancionadas con multa de $2 pesos oro: Francisco Ochoa, Jesús M. Restrepo, Enrique Montoya y Felipa Gutiérrez.

La fuente y Plaza de mercado.

Energía y agua potable eran elementos indispensables y necesarios para la nueva y creciente población de comienzos del siglo XX. Sin embargo, continuaba el sistema de aprovisionamiento de agua a través de canaletas y otros sistemas de conducción del agua desde la quebrada La Ayurá en su parte alta hasta la parte central que abastecía varias manzanas de casas y residencias.

Un punto de acopio central era la fuente que estaba ubicada en el centro de la plaza, y que era utilizada como abastecimiento por las casas y manzanas situados alrededor[74];  y algunos acueductos construidos expresamente para las escuelas y las oficinas públicas. Esta pila de fuente de agua se convirtió posteriormente en un adorno, decoración y símbolo de la plaza en los siguientes años de transformación urbana y se mantiene hoy como reminiscencia del pasado.  El personaje del fontanero público hizo su entrada en las nuevas exigencias para la supervisión de la pila, la limpieza de las posetas y las cañerías[75].

La plaza tampoco escapo a los nuevos vientos del cambio urbano y del proceso de modernización, pues como lugar de mercado de víveres, había comenzado a transformar su uso, como el parque principal, donde se desarrollaban las principales actividades recreativas, religiosas, políticas y culturales del distrito.  Y se introdujo también la noción de plaza de mercado, como un espacio propio en la venta, buscando ornamento e higiene, el cobro de los tenderos, al consumo de ganado menor y la organización en toldos o puestos de venta[76].

El un nuevo paisajismo del punto central de la población implicaba la pérdida de su carácter rural y precapitalista, a un nuevo significado simbólico de poder político, cultural y religioso. La pila se mantuvo, pero aparecieron otras significaciones: las esculturas a sus más destacados hombres: el médico Manuel Uribe Ángel y luego el sacerdote Jesús María Mejía. Estas nuevas configuraciones simbólicas sustituyen las antiguas connotaciones de sociedad rural, donde se exhibían varias mesas de “comino forradas en láminas de hierro con sus toldos”. Para 1921 se contempló en el Plano del Envigado Futuro, una plaza de mercado donde exclusivamente se vendieran el comercio de frutas verduras y cereales y granos.

Con la construcción de la Casa Consistorial, a un costado de la plaza central, a partir de la década de 1910, comienza a reafirmarse aún más el paso hacia el cambio de la modernidad del siglo XX, cuando se dan las transformaciones que convierten el antiguo distrito y poblado a la gran ciudad, caracterizada por los nuevos espacios especializados, como la Casa Consistorial, donde residía el poder político y civil: la alcaldía, el juzgado, la cárcel, y el concejo. Otros lugares de cambio en los espacios de la modernización fueron el matadero público, el hospital y por supuesto, la plaza de mercado, todos ellos constituyen la nueva organización de la sociedad y la economía del distrito.

La plaza de mercado comenzó a gestarse en 1921 cuando se adopta el Plano del Envigado Futuro[77], elaborado por la firma de ingenieros Olarte, Vélez y Cía., y donde se declara de “utilidad pública la adquisición de todas y cada una de las fajas necesarias para la plaza…”, un lugar de comercio general, fundamental para la economía del distrito y de su familias. Para la época, la asamblea departamental legisló con la necesidad de otorgar una planeación efectiva al crecimiento de los distritos afectados por la industrialización, la inmigración campesina, la expansión de los barrios y calles.

Pero solo hasta la década de 1940, que se logró concretar la construcción con planos de la firma Nuri de Félix Mejía y Carlos Obregón, quienes habían desarrollado importantes obras arquitectónicas en Antioquia, y en especial, Obregón había diseñado la casa Otraparte del escritor Fernando González[78]. Los terrenos fueron comprados en 1942 a Sinforoso Uribe D. (apoderado de Lino Uribe Mejía), Carolina Uribe Mejía y Pedro Luis Quiroz H., por valor de $9.200 pesos y un área de 3.226 metros cuadrados.

Acueducto

El tránsito hacia la modernidad y la higienización de la ciudad fue la implementación de un eficiente, limpio y constante servicio del acueducto. En el Envigado pre-moderno, el uso del agua se concentraba en la preparación de alimentos, la recreación, oficio de la bandera de ropa y extrañan material de construcción de la quebrada.  Igualmente existía el uso de baños tradicionales en el cual se utilizaban los diferentes “pajas de agua” y acueductos comunales. También se construyeron acequias rudimentarias que conducían y desviaban el agua hacia las viviendas. Se utilizaban recipientes desde las fuentes pilas y pocetas públicas hasta sus casas. Otro elemento fue la construcción de aljibes donde existían brotes y filtraciones de agua natural.

Desde siglo XIX se estableció un acueducto rudimentario que alimentaba a algunos edificios de la administración y casas particulares también se construyó una fuente pública en 1875[79]. Aunque el abastecimiento era desigual, debido a la  trayectoria de las líneas de conducción, desde la bocatoma en la parte de arriba de la quebrada hasta el centro urbano. Los habitantes cercanos acaparaban o reducían el flujo del líquido. Se puede afirmar que en esta etapa pre-moderna del distrito, entre 1860 y 1920, estuvo marcada por  la propiedad privada del acueducto y las fuentes de agua, y el insuficiente control y supervisión de las autoridades distritales. Estas se limitaban a vigilar que las acequias no tuvieran obstrucciones ni daños que no afectarán los caminos y a intervenir en los ocasionalmente en los conflictos que se producían entre los diferentes propietarios y sus derechos.

otro uso tradicional del agua fue como recurso de la fuerza hidráulica para accionar los trapiches y moler la caña de azúcar, afianzando una producción panelera. Entre ellos tenemos los Trapiches de La finca Andalucía de José Julián Saldarriaga y su hija Mercedes Saldarriaga de Botero, y Ruben Uribe. Entre ellos y la comunidad existieron disputas por el flujo del agua y el abastecimiento.

En 1900 se señalaba los problemas del acueducto cómo era los daños de los diferentes caños que obstruían el movimiento libre del agua así como en algunos estaba en pésimo estado que impedía que llegara de forma continua el agua a las oficinas en las escuelas públicas[80]. En 1903 el concejo señalaba las funciones del fontanero público como una forma de atacar el problema entre ellas estaba la atención permanente sobre el acueducto para que no faltara el suministro; que la caja general de repartimientos estuviera en perfecto estado para que pudieran servirse la cárcel, las escuelas públicas, la fuente y hospital. De igual forma, el fontanero tenía la responsabilidad y el cuidado de que no faltara  el agua en el matadero público para su aseo y evitar las obstrucciones y limpieza en los desagües[81].

De otra parte también el Consejo estableció una inversión importante para la reparación del acueducto en agosto de 1903 al asignar la cantidad de $10.000 para realizar las respectivas obras y para que “presten satisfactoriamente el servicio”[82]. Sirven para algo tú qué modificar la inversión y la suma presupuestada inicialmente ya que para enero de 1904 se comentaba que no había alcanzado la suma decretar en el acuerdo No. 78 del agosto pasado[83].  Desde 1902 el municipio había evidenciado problemas de ingresos por ello tuvo que vender unas faldas de terrenos de su propiedad en las fracciones de ayuda i ching y con el fin de que se remediará la mala situación del tesoro municipal y pudiera aumentar el pago de los empleados en un 33 por ciento como dice el acuerdo de mayo 11 de 1902. En ese mismo sentido se aumentaron los impuestos a los diferentes negocios y comercio del distrito como los impuestos a las galleras y a la venta de madera o caña brava. Aunque en el acuerdo se evidencia que el aumento a los establecimientos de diversión y juegos tenía un objetivo y era de poner “desenfreno de todos los vicios que por los regocijos públicos se realizan en los 3 días del distrito”[84]. La medida no tuvo mayor extensión en el tiempo ya que el 9 de mayo de 1903 mediante otro acuerdo se anularon los impuestos anteriores porque causaba mayores perjuicios a los más pobres y se dificultaba el recaudo mismo entre los billares y las galleras[85]. En agosto también de 1903 se aumentaron los derechos de pago en el matadero público por el encarecimiento de los costos para mantener un buen estado el establecimiento[86]. Para septiembre se compensó la perdida de ingresos con el gravamen a otros establecimientos: zapaterías, peluquerías o barberías, herrerías, carpinterías, pero especialmente a los de tejidos y fabricación de esculturas.

En este contexto tributario y de la necesidad de mejorar el presupuesto público y así poder financiar las obras del acueducto, se dio a la tarea de hacer unas ventas de pajas de agua y  sobre todo porque diferentes personas habían hecho ofrecimientos para su compra:

“Acuerda: art. 1:  Decretase la venta hasta de 50 pajas de agua de las pertenecientes al distrito; aert.2: el agua que se venda se tomará por el respectivo comprador en las cajas generales de repartimiento o donde pueda hacer lo mejor siempre que no lesione derechos ajenos legalmente adquiridos”[87].

No era suficiente el suministro, se requería que fuera agua verdaderamente potable. Por eso se diseñó la construcción de un desarenaredo en las mejores condiciones para un mayor aprovechamiento del liquido, que correspondía a un buen estado de las cañerías y en el lugar apropiado. Ese lugar fue determinado por una comisión en un punto de bifurcación de las aguas del Barrio Guanteros y del centro del distrito, un terreno y propiedad del señor Manuel F. Calle[88].

A partir de allí, cada año se dispuso en el presupuesto municipal una suma de 100 pesos para reparaciones del acueducto y construcción del desarenaredo, se incrementó en $320 pesos en 1906, y la obra fue  terminada en 1908. Sin embargo, con el incremento de la población en la década de 1910, la demanda mayor de las industrias, así como el establecimiento de comercio y oficinas públicas, la obra se vio pronto rebasada y en 1912 se estaba comprando algunos predios para instalar otro desarenaredo, en el sector San Cayetano a igual que un colegio[89].

Como hemos señalado la prestación del servicio de acueducto y uso del agua fue un claro síntoma de modernización debido a la exigencia de retomar el control y el monopolio sobre el uso del agua por parte del estado.  Por ello se produjo la ley 113 de 1928 en el cual se apoyaba el aprovechamiento de las corrientes y las calles de agua para la producción de fuerza hidráulica y energía hidroeléctrica, norma que reforzaba el Artículo 677 del Código Civil de 1895 que estipulaba que los ríos y las aguas que corrían por causas naturales eran bienes de la nación y de uso público excepto las aguas que nacían y morían en las propiedades[90].

Es por eso que en 1916, el concejo mediante dos acuerdos el No. 10 del 24 de abril y el No. 12 del 22 de mayo, estableció una reglamentación del uso del agua y se estableció que era propiedad de la nación, una medida que intentaba remediar la alta demanda y la reglamentación para su uso y goce ya que se reconocía por parte del Concejo la necesidad de distribuir equitativamente su uso.

“Es prohibida la venta de agua del municipio cualquiera cantidad que sea y en la forma que pretende dársele a la enajenación como absoluto o plena propiedad. podrá darse para usufructuarla en calidad de arrendamiento. Qué edad el Consejo autorizada para prestar el agua en la cantidad y por el tiempo que estime conveniente, siempre que las circunstancias lo requieran y el bien general lo exija”[91].  

No fue tarea fácil por parte de la autoridad municipal tanto el Consejo como el alcalde controlar el uso del agua por parte de particulares e incluso este último hizo una crítica en el sentido de que el acuerdo no ayudaba a la equidad en el suministro pues “10 o 15 individuos serán los que puedan  tener la propiedad sobre el agua”[92].

Sin embargo, los vecinos no hacían buen provecho del acueducto. Para febrero de 1918 se presentaban serios problemas en cuanto a aseo, mantenimiento y aprovechamiento indebido de los vecinos que ponían lavaderos y chiqueros: el personero describía así la situación: “Dicho acueducto se halla en pésimo estado de desaseo pues debido a nuevos desagües caen sobre él las aguas lluvias y en sus orillas se han construido lavaderos y chiqueros; muchos vecinos han llegado hasta llevar parte del agua a sus casas sin títulos conocidos”[93].

Para remediar en parte la situación descrita por el personero municipal el Consejo en 1920 creó una comisión de aguas para determinar el derecho sobre el agua por parte de los particulares y obtener una renta importante de ingresos en el cobro del suministro a través del arrendamiento de las pajas de agua : el Consejo decía en sus justificaciones lo siguiente: “debido a la falta de una fiscalización activa, muchos vecinos están tomando el acueducto del municipio agua que no les pertenecen, uno sin títulos de ninguna clase y otros por falta de medidas; el municipio está privada de una renta de consideración ; y  debe establecer en consecuencia una fiscalización muy activa y enérgica de tal servicio”[94].

Finalmente, el control del Estado como elemento de la modernización se completa en 1933 con la conformación de las empresas municipales de servicios de energía eléctrica y acueducto que jugó también en una forma de organizar los servicios públicos, el avalúo, la clasificación  de las aguas y la determinación del valor de las tarifas así como la instalación de canalizaciones de agua y energía fueron sus funciones principales.


[1] Acuerdo No. 21 del 6 de abril de 1908, A.H.C.

[2] Acuerdo No. 6 del 21 de febrero de 1909, A.H.C.

[3] Mediante acuerdo No. 28 del 5 de febrero de 1917, se determino la construcción de tapias en la calle Pedro Uribe por valor de $130 pesos.

[4] Acuerdo No. 43 del 23 de febrero de 1911, A.H.C.

[5] García, Pedro Nel Historia de la estación del ferrocarril Manuel Uribe Ángel. Boletín Histórico No. 24 noviembre de 2018,  página 90.

[6] Acuerdo No. 66 del 2 de octubre de 1911, A.H.C.

[7] Acuerdo No.21 del 29 de agosto de 1920. A.H.C.

[8] Este nombre buen honor educador e historiador José María Meza alamillo, director del archivo departamental de Antioquia docente de cátedra de la Universidad de Antioquia y miembro de la Academia antioqueña de historia.

[9] Acuerdo No. 26 del 24 de julio de 1923. Restrepo, Edgar. Historia Rosellón (1912-1943) En el yunque del trabajo, Envigado se agiganta, (2017), página 105

[10] Heliodoro y Tulio habían comprado el terreno al presbítero Luis Felipe Pareja para propósitos de urbanización. Acuerdo No. 13 del 2 de junio de 1923, A.H.C.

[11] Acuerdo No. 4 del 19 de enero de 1925, A.H.C.

[12] Notaría segunda, escritura pública No.1303 de fecha, de 2 de agosto de 1923

[13] Acuerdo No. 6 del 18 de enero de 1926, A.H.C.

[14] Acuerdo No. 16 del 18 de abril de 1927, A.H.C.

[15] Acuerdo No 29 del 19 de julio de 1927, se aprueban contrato entre Carlos Ochoa personero municipal y Diego Uribe, mayordomo de fábrica de la parroquia de Envigado.

[16] Acuerda No. 39, del 2 de noviembre de 1927, A.H.C.

[17] Acuerdo No. 6, del 24 de enero de 1927. A.H.C.

[18] Valencia Ríos, Delio pagina 851. En: Monografía de Envigado, entre la montaña y el río. 2002. Reseña Histórica de la Sociedad de Mejoras Públicas. Grupo de líderes: Esteban Vásquez Mejía, Julio Uribe Estrada, Misael Osorio, Pedro Escobar, Domingo Aristizábal, Sacramento Garcés, Antonio Restrepo Molina, Pedro Nel Uribe, Antonio Arcila, Sigifredo Tamayo, Antonio Callejas, Jorge Santa María y Enrique Jiménez.

[19] Informe de 1930 al Concejo de Medellín. Ficha No. 408363 Archivo Histórico de Medellín.

[20] Acta 140, diciembre 12 de 1928. Concejo de Medellín. A.H.M.

[21] Acta 143, diciembre 15 de 1928. Concejo de Medellín. A.H.M.

[22] Acuerdo NO. 8 del 25 de junio de 1910, sobre alumbrado eléctrico.

[23] Observaciones del gobernador al acuerdo NO. 8 del 25 de junio, Carta al Concejo, julio 4 de 1910. A.H.C.

[24] Fondo Gobierno-municipios, 1910, A.H.A.

[25] Acuerdo 21, del 18 de agosto de 1910. A.H.C.

[26]Restrepo Gómez Edgar  Historia del rosellón página 14.  las casas comerciales espera Jaramillo y compañía mes hermanos y compañía Uribe hermanos y compañía las familias Uribe Santa María los Restrepo Vásquez y los morenos.

[27] Acuerdo número 22 del dos de agosto de 1912. sin embargo el Consejo municipal lo demandó por la excepción de impuestos obteniendo una sentencia favorable del Tribunal contencioso administrativo de Antioquia en mayo de 1920, por lo cual el Consejo y la empresa tuvieron que renegociar el cobro de la tributación.

[28] Centro de Historia de Envigado, historia Fabrica Calzado Rey Sol, www.centrodehistoriaenvigado.com

[29] Escritura Pública No. 1629 del 12 de noviembre de 1912, de la notaría segunda de Medellín.A.H.A.

[30] Carta al gobernador, octubre 7 de 1913, de más de 37 vecinos de la localidad. A.H.C.

[31] Carta del personero al gobernador, 11 de noviembre de 1913, A.H.C.

[32] Acuerdo No. 24 del 5 de noviembre de 1924. Se aprobó la suma de $3.545 pesos oro para la compra de las 325 acciones de las 500 en que estaba dividida la compañía de luz.

[33] Acuerdo No. 53 del 26 de septiembre de 1926 A.H.C.

[34] Acuerdo No. 24 del 5 de noviembre de 1924

[35] Acuerdo No. 21, octubre 25 de 1925. el estudio de una caída propia para el establecimiento de una planta eléctrica para el distrito y a elaborar y entregar los planos, presupuesto de gastos y especificaciones de la maquinaria que se requiera para el montaje de la planta”. Por la suma de $ 150 pesos

[36] Acuerdo No. 15, marzo 29 de 1927: “determinar la localización del edificio para la planta, y además rendir un el informe en caballos o kilovatios, la fuerza qué se puede obtener”.

[37] Acuerdo No. 19 mayo 2 de 1927, “autorizase el señor personero municipal paren el caso no poder llevar a efecto negocio formal con dicho señor Escobar actual propietario o que quien sea su dueño o si no pudieras llevar los efectos nuevo negocio o ser justo precio, procédase inmediatamente establecer un juicio de expropiación”.

[38] Acuerdo No. 4, enero 7 de 1928:

[39] Acuerdo No. 22 del 24 de septiembre de 1930.A.H.C.

[40] Acuerdo No. 22 del 24 de septiembre de 1930.A.H.C.

[41] Acuerdo No. 17, abril 15 de 1928; No. 42 y 43 del 5 de noviembre de 1928 y No. 3, diciembre 22 de 1928. A.H.C.

[42] Acuerdo No.41 marzo 4 de 1931. A.H.C.

[43] Restrepo Edgar Historia de Rosellón, página 31

[44] Antioquia Industrial, 1931. Director José Hoyos, Medellín, Editorial Bedout.

[45] Monografía de Envigado, Cervecería Unión , 1941, página 213

[46] Actas de Junta Directiva de Rosellón No.17 de agosto 5 y No. 23 de enero 12. Archivo Coltejer.

[47] Carta del 18 de mayo, al señor alcalde municipal por los representantes de los obreros y Obreras de la fábrica Rosellón, firman Rafael Fernández, Carmen Castro, Ermelina Vanegas, Soledad Londoño. Oficios recibidos 1929, caja 69, No. 397. A.H.E.

[48] Osorio Iván Darío historia del sindicalismo. En: historia Antioquia 1991 Sudamericana de seguros página 281.

[49] Restrepo Edgar Historia del Rosellón, 2017,    página 64

[50] Archivo Histórico de Envigado (A. H.E.), acta de visitas, 1890, carpeta C1-8.

[51] Alvarez Echeverri, Tiberio La academia de medicina y el desarrollo de la salud.  En: Historia de Medellín, Tomo I, 1996, p  ágina 277

[52] Acuerdo No. 13, abril 1 de 1914. AHC

[53] Acuerdo No. 9 del 11 de enero de 1918. A.H.C.

[54] Acuerdo No. 66, enero 15 de 1903. Archivo Histórico del Concejo (A.H.C.)

[55] Acuerdo No. 96, mayo 2 de 1904, A.H.C. Como el hospital era accionista en la mina vendecabezas del distrito Rio sucio y debía contribuir con los gastos para su laboreo; el concejo determinó una suma de $1.000, sino quería ser sancionado según el código de minas. Acuerdo No.119, Octubre 30, de 1904.

[56] acuerdo71 del 23 de mayo de 1903, A.H.C.

[57] Acuerdo 71 del 23 de mayo de 1903. AHC

[58] Por el cual se une a la memoria del Dr. Manuel Uribe ángel No.99, junio 20 de 1904

[59] comunicación del alcalde lino Beltrán al secretario general de la Gobernación, Junio 24 de 1908,  acusaba recibo del 17 de junio en que da cuenta de haber excusado al señor Diego Uribe del empleo del síndico del hospital de caridad de esta ciudad. El alcalde propone para el cargo a Misael Osorio.

[60] Acuerdo No. 37, noviembre 10 de 1910, aprobación contrato No. 24, por $2.018 con Tomas Castrillón. AHC. Acuerdo No. 39, diciembre 31 de 1910, aprobación contrato No. 25, por Marco A. Palacios (alias Nuñez) se compromete arreglar el acueducto que conduce el agua al hospital de caridad, suministrar 8 estacones para hacer una estacada en la parte en donde se dividen las aguas de guanteros y el centro por valor de $656 pesos. Contrato No. 24 para conducir agua al Hospital. Acuerdo No. 52, mayo 25 de 1911. Arreglo de la calle por contrato No. 17 de Acuerdo 59 de octubre 31 de 1913.

[61] Acuerdo No. 23, diciembre 19 de 1916, contrato No. 12, con Benjamín cortes, por $173 pesos, ejecutar obras en las escuelas: escuela de niñas u hospital. No.38,  mayo 7 de 1917 se aprueba contrato con Luis Felipe Quiroz y molina, reedificar en el hospital, donde funciona la escuela urbana de niñas, los seis salones situados en la parte sur del edificio y el zaguán. No. 40, junio 18 de 1917, aprobación contrato No. 19, con Luis Ochoa, para reparar cuatro piezas centrales del edificio del hospital que sirve de escuela de niñas. No. 41, septiembre 3 de 1917, se aprueba pagaré. A nombre de Luis F. Quirós, por $192 pesos por efectos suministrados para el edificio del hospital, destinado a escuela de niñas. No. 45, octubre 15 de 1917, se aprueba un contrato No. 32 con Luis maría Ochoa para reparar la parte norte del edificio del hospital, en donde se haya situada la cocina

[62]Comunicación de Misael Osorio, presidente del concejo, en carta al secretario de hacienda, transcribe solicitud de la reverenda hermana San Alfredo. Octubre 20 de 1910. A.H.A., fondo Gobierno-municipios, correspondencia, 1910

[63] Acuerdo No. 53 del 14 de noviembre de 1918. A.H.C.

[64] Márquez Valderrama Jorge Ciudad miasmas y microbios: la irrupción de la ciencia pasteuriana en Antioquia, Medellín, Editorial U de A., 2005, página 77.

[65] Ibid, Políticas sanitarias en Antioquia antes de 1880. Página 81.

[66] Acuerdo No. 2 del 21 de diciembre de 1923, No. 27 junio 15 de 1927, gastos para la curación de personas pobres atacadas de enfermedades venéreas y sifilíticas según artículo 133 de la ordenanza 50 de 1919, A.H.C.

[67] Acuerdo No. 19 del 20 de septiembre de 1924. A.H.C.

[68] Acuerdo, No. 1 del 18 de noviembre de 1915.

[69] Acuerdo No. 51, septiembre 19 de 1925, A.H.C.

[70] Acuerdos No. 7, enero 19 de 1926 y No. 43, agosto 8 de 1926, No. 6 enero 15 de 1930, No. 6 enero 25 de 1928 A.H.C.

[71] Aviso público de la Alcaldía, 2 de diciembre de 1922, Heliodoro Zapata, A.H.E., caja 24 Documento No. 29.

[72] Acuerdo No. 27 del 19 de junio de 1928.

[73] Decreto de junio 13 de 1922, A.H.E, correspondencia recibida, Carpeta 66-folio 353

[74] Acuerdo No. 8, de 1915, se exige fuente pública en la plaza del municipio.

[75] Acuerdo No. 98 del 31 de mayo de 1904. A.H.C.

[76] Acuerdo 116 del 10 de septiembre de 1904. A.H.C.

[77] Acuerdo No. 16 del 10 de julio de 1922, A.H.E.

[78] Vélez White, Mercedes (2003) Arquitectura Contemporánea en Medellín. Colección Biblioteca Básica de Medellín. Medellín. ITM.

[79] Actas del concejo, 30 de mayo de 1875, A.H.E.

[80] Acuerdo No. 25, del 12 de agosto y No. 27 del 26 de agosto de 1900. A.H.C.

[81] Acuerdo No. 74, agosto 1 de 1903, A.H.C.

[82] Acuerdo No. 78, agosto 8 de 1903, A.H.C.

[83] Acuerdo NO. 90 del 16 de enero de 1904. A.H.C.

[84] Acuerdo No. 52 del 18 de mayo de 1902

[85] Reducción del impuesto a las galleras acuerdo No. 88 del 2 de diciembre de 1903

[86] Acuerdo No. 80 del 9 de septiembre de 1903.

[87] Acuerdo No. 86 del 2 de diciembre de 1903. A.H.C.

[88] Acuerdo No. 110, febrero 19 de 1905. A.H.C.

[89] Acuerdo No. 45, del 30 de junio de 1912. Al parecer la construcción del desarenaredo de 1912 no fue efectivo y el concejo decidió en 1925, trece años después construir otro con ayuda de los ingenieros de la fábrica Rosellón en la parte alta y cerca a la quebrada la Ayurá, en una finca de propiedad de Lino Uribe y Víctor Calle. Acuerdo No. 19, septiembre 12 de 1925. A.H.C.

[90] El control del Estado se centralizó más con la creación de la comisión especial de aguas en el Ministerio de Industria y trabajo en 1936, decreto número 266 del 13 de febrero.

[91] Acuerdo No. 10 del 24 de abril de 1916, A.H.C.

[92] O gestión del alcalde al acuerdo el 12 de mayo de 1916, A.H.C.

[93] Correspondencia recibida visita al acueducto municipal de propiedad del municipio, 1918 caja 67 No. 368. A.H.E.

[94] Acuerdo No. 25 del 24 de noviembre de 1920. A.H.C.


[1] Melo, Jorge Orlando Algunas consideraciones globales sobre “modernidad” y “modernización” en el caso colombiano. http://www.jorgeorlandomelo.com/modernidad.htm#10

[2] Tovar Zambrano, Bernardo La intervención económica del Estado en Colombia 1914-1936. Biblioteca Banco Popular 1984.

[3] acuerdo No. 42, julio 25, 1926

[4] Acuerdo No. 1 del 14 de febrero de 1910.