Eladio Cañas Restrepo

Por: Pedro Nel García Arroyave, Miembro de número del Centro de Historia de Envigado

Para quienes conocimos a Eladio Cañas, uno de los más importantes gestores culturales en el municipio de Envigado y tal vez el mejor exponente del cine callejero, nos trae a la memoria su entusiasmo y abnegación por su trabajo como baluarte en la proyección del séptimo arte en diferentes escenarios públicos y privados de la localidad.

Escuelas, tabernas, parques, bibliotecas, asilos, entidades de la tercera edad, corporaciones culturales, eran los escenarios predilectos en que se sentía a plenitud en el oficio que llevaba en su corazón y con el cual sería recordado y admirado por los amigos y aficionados en estos menesteres de brindar esparcimiento por una vocación artística y humana.

Nacido en una reconocida familia envigadeña, – mi padre fue un artesano que elaboraba las sillas de las tradicionales peluquerías locales –,  comentaba con orgullo Eladio de José Cañas Vanegas su padre, el muy recordado “J C” y de Doña Consuelo Restrepo Cárdenas su madre, matrona muy envigadeña. Había llegado a este mundo un 12 de Abril de 1970, y de él lo hicieron marchar, pero no para el recuerdo de sus amigos, en el amanecer de un trágico 4 de Enero de 2004, cuando los jinetes del apocalipsis cabalgaban como “machos cabríos” por estos parajes del Sur del Valle de Aburrá.

“Cine Andariego”, el celuloide llevado a los escenarios donde las personas amantes del séptimo arte lo requerían, fue su maravillosa propuesta en que estuvo inmiscuido y en la cual brindaba todo su entusiasmo por que “disfruto lo que hacía” y además, se sentía pleno al llevar el cine como era antes de que existieran las salas de exhibición que ahora conocemos; cine transeúnte, de un paraje, una aldea, un corregimiento, un pueblo a otros, más allá, donde lo permita el escenario, a lomo de mula, a pie. Es que así era como se conoció el cine en nuestro medio. Era sinónimo de libertad; la que Eladio quiso ejemplarizar a través de su noble oficio de llevar esparcimiento, cultura, conocimiento, mundos idos y por venir. La magia del cine.

La estirpe de nuestro entrañable amigo: su timidez como síntoma de nobleza. Su sinceridad como principio básico de humanismo. Su laboriosidad como complemento de su entusiasmo.

Y es que la mejor táctica para publicitar sus películas era “radio memba”, como solía decir a sus amigos. Desesperado para que su público se enterara de sus novedosas proyecciones, era el contacto verbal con los eventuales asistentes a sus funciones, que le permitía conocer personas,  películas, vínculos culturales. y qué no decir del tejemaneje al proyectarlas:

“Llevó su virtuosismo a saberlo todo acerca del cine. Conocía desde el alma de un proyector de Lumiére hasta las intimidades de las cámaras digitales. Fue coguionista de argumentales, camarógrafo y extra en un cortometraje. En “Cine Andariego”, era técnico, conferencista, el de las reseñas y los contactos, recordó Uver Valencia, en crónica para El Tiempo. El todero Eladio cobraba el córner y hacía el gol de Cabeza”. Así escribió para El Colombiano Oscar Domínguez Giraldo, en su columna de opinión “Columna Desvertebrada”, sobre su personalidad.

Porque, también, como expresaba otro de sus más fervientes contertulio y amigo:

“Se la pasaba hablando de cine, podía hacer un análisis técnico de las máquinas de proyección,…un recuento de los cineclubes a lo largo de la historia de la ciudad, o un catálogo de las grandes producciones clásicas o contemporáneas de la cinematografía universal; podía quedarse horas hablando de un director, de una película, de cómo fue filmada, de los premios que ganó o de los textos que sobre ella escribieron especialistas y críticos”, rememora Sergio Restrepo J. su compinche de “Otraparte”

O como lo explora Faber Cuervo, en unas notas escritas en honor a su memoria sobre su quehacer artístico y humano: “Para Eladio no había película mala. Él hacía sospechar al espectador de que más bien había ojos que no sabían mirar aspectos sutiles de las cintas. Claro que Eladio, casi siempre, proyectó películas de una buena calidad, cine no comercial, no apto para masas consumidoras del último grito en taquilla”.

Fueron varias las instituciones universitarias en las que estudio nuestro amigo: Alumno de ingeniería mecánica en la Universidad Nacional de la cual creemos adquirió la habilidad para manipular y descubrir los mecanismos de los aparatos en que proyectaba las cintas. Más adelante se matricula en la Universidad de Antioquia, en comunicación social, que  “cuando se dio cuenta de que el enfoque era periodismo y de que no había posibilidad de hacer video se retiró también, cuando ya llevaba cinco semestres”, recuerda su hermano Miguel Ángel.

En su recorrido con “Cine Andariego” trabajó en diferentes proyectos de fomento audiovisual con la fundación “Stultífera Navis”, la corporación Casa Museo “Otraparte”, la Universidad Nacional, Metroseguridad,  la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín, la Corporación Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia en la que participo en varias muestras de cine y en otros varios proyectos e instituciones culturales.

Escribió uno de sus biógrafos sobre su quehacer que: “Entró a un taller de apreciación cinematográfica organizado por la corporación “Región” y asesorado por Dunav Kuzmaniv, tiempo durante el cual tomo la decisión definitiva: Eladio quería vivir del cine”.

De esta forma conformó con un grupo de amigos la corporación Primera Mirada, institución que se dedicaría a hacer video y en la cual comenzó produciendo Cara y Crisis, un argumental sobre la redistribución de la pobreza en el caso de dos hombres solitarios, dueños de unas cantinas y sin clientes para atender”, argumenta Uver Valencia en una nota sobre el amigo ido.

Recuerda uno más de sus admiradores:

“Lo malo de uno morirse – o de que lo maten-, es que uno no termina muriéndose del todo. Se pasa a ser parte del recuerdo de los familiares y amigos que lo vieron vivir a uno. Por eso me indignó un poco asistir a este velorio. Todos tratando de regresar un poco a ese ser que falta desde ahora y para siempre. Armando todos lo que creemos recordar para reafirmar la existencia de quien recordamos. Es inútil, aunque cierto decir que quedás entre nosotros. En el recuerdo vivo de todo lo que vivenciamos que hiciste, en la imagen vívida de todo lo que supimos que fuiste, Eladio”. Reitera en la soledad del amigo, Gabriel Jaime Lopera.

Estas líneas, son a la vez básicas, pero también insuficientes, para describir el carisma, la bondad, el amor por su quehacer cultural a través del cine,  de éste enviado de los ángeles que siempre será recordado por quienes lo conocimos y del cual nos sentiremos orgullosos de haber compartido un pedazo de su existencia.

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