El ‘parquecito’ infantil que se resiste a morir

El ‘parquecito’ infantil que se resiste a morir

fuente: ciudad sur, 21 de mayo. 2019. El ‘parquecito del Inder’ como muchos lugareños y foráneos de Envigado lo conocen, cumplirá este año 33 años de vida. Con una piscina, una cancha de tenis y un carrusel fue inaugurado en diciembre de 1986, era, para su época, un gran parque de diversiones. Después fueron llegando otras atracciones mecánicas que sirvieron para tardes enteras de distracción de los más pequeños de la familia. Pero hoy la historia es diferente.

POR: JULIANA VÁSQUEZ POSADA | MAYO 21 DE 2019

Violeta y dos de sus amigas dan vueltas en los “huevos”, una especie de rueda pequeña en la que giran sobre su propio eje mientras miran al frente todo el tiempo, luego bajan y corren hasta los pasamanos y lisaderos que están a unos cuantos pasos y siguen jugando mientras sus papás las observan de cerca. Venir al parquecito se les ha vuelto rutina, pues aquí reciben las clases de iniciación y formación deportiva del Inder de Envigado al menos dos veces por semana.

Los demás niños aún están entrenando en la placa polideportiva. En el barco de pelotas juega Daniel, de 6 años, solo, mientras su abuelo intenta tomarle una fotografía. Las demás atracciones están solas, quizá más tarde cobren vida cuando los pequeños terminen de entrenar: Por ahora reina el silencio y al fondo dos abuelas conversan en una baquita a la espera de la hora de inicio de su clase de musicoterapia.

Con los años la espectacularidad de las atracciones se fue perdiendo, muchas nunca fueron cambiadas y hoy son solo estructuras viejas y oxidadas que no se pueden usar y que están ahí para aportar al look descolorido del lugar. Ni la rueda panorámica, ni el tobogán seco ni las sillas voladoras volverán a funcionar, su deterioro es tal que arreglarlas y hacerles mantenimiento ya no es una opción.

El parque es un universo diferente, inimaginado para quienes solo lo ven desde los barrotes anaranjados que se convirtieron en un punto de georreferenciación en plena calle 43 A. El espíritu del parque se transformó, sí. Hoy no es un parque de diversiones aunque siga llevando el nombre de ‘Parque Recreativo’. Es más bien un espacio de encuentro que la administración municipal, en cabeza de su Instituto de Recreación y Deportes, ha destinado para el desarrollo de otras actividades de esparcimiento, formación, actividad física y prácticas deportivas para todos los envigadeños, sin importar su edad.

Y este espacio que entró un poco en desuso para los más pequeños, al menos en lo que a diversión se refiere, pues el promedio mensual de niños que ingresan es de 1.500, se convirtió en una opción de formación para las instituciones educativas que ocupan la agenda de las dos ludotecas disponibles y para la Secretaría de Movilidad que realiza los cursos de educación vial en la pequeña pista de carros que limita con el barrio El Dorado. Además, algunas clases como yoga, hidroaeróbicos, musicoterapia y spinning tienen una participación recurrente de usuarios de más del 70%.

Al parque pueden llegar cada mes entre 4.000 personas en épocas de lluvia o hasta 9.000 usuarios cuando el verano asecha, y en su gran mayoría ingresan con boletería subsidiada por la administración. Las dos piscinas, como en los viejos tiempos, siguen siendo uno de los grandes atractivos para las familias que acuden con sus hijos más pequeños los fines de semana, por eso el uso de este espacio se asigna por turnos de una hora.

“El parque es un referente en Envigado. Aquí tenemos actividades de recreación, educación física y deportes para toda la familia, como por ejemplo el Centro de Iniciación y Formación Deportiva para que los chicos de 5 a 9 años encuentren ese deporte con el que sienten afinidad, que existe hace más de 20 años, y que es un programa ejemplo en Antioquia”, aseguró la gerente del Inder, Beatriz Elena Pabón.

PROMESAS NO CUMPLIDAS

El mantenimiento de la infraestructura del Parque Recreativo es responsabilidad de la Secretaría de Obras Públicas de Envigado, pero desde el año pasado las intervenciones se han venido a menos y hoy el mantenimiento es mínimo porque “el Municipio tiene proyectada una remodelación”.

El sueño de tener un nuevo parque, más amplio y con más espacio público no es nuevo. Era uno de los planes de la actual administración, pero hasta ahora apenas se han podido adelantar los diseños, que tuvieron un costo aproximado de 400 millones de pesos.

El futuro parquecito se conectaría con el parque Las Ilusiones de El dorado, tendría senderos, ciclorruta, zona de picnic y más atracciones acuáticas para los niños. Su construcción tendría un valor aproximado de 7.000 millones de pesos y se haría en tres fases: primero el cambio de las atracciones mecánicas, luego la zona acuática y finalmente las zonas administrativas, “solo la primera etapa cuesta alrededor de 2.500 millones de pesos, pero hoy no los tenemos”, aseguró el secretario de Obras Públicas, Sergio Ríos.

Al fondo suena el crujir del trencito que en medio de un vaivén recorre la pequeña pista. Sobre él viajan seis niños en busca de un paseo, de tal vez algo de adrenalina, pero a la primera vuelta se desencantan aunque algunos de ellos se siguen riendo ante la atenta mirada del joven bachiller encargado de la atracción mecánica.

El tren se detiene y parece que la vida allí también lo hace. Es un sábado tranquilo y solo la lluvia agita la tarde. Aunque allí no siempre es así, las actividades empresariales o cumpleaños, le dan el color que poco a poco este lugar va perdiendo. Ya dos generaciones han disfrutado de sus juegos, ahora el parquecito se resiste a morir y espera por una segunda vida.