El padre arquitecto que diseñó 3 parroquias en Envigado

El padre arquitecto que diseñó 3 parroquias en Envigado

fuente: periodico gente-Envigado. El padre Eduardo Toro, párroco de la iglesia San José de El Poblado (Medellín), es también un especialista en arquitectura.



Parroquia La Niña María.

Especializado en arquitectura paleocristiana, arte sagrado y bellas artes, estudios adelantados en las ciudades de Roma y Medellín, el padre Francisco Eduardo Toro es como ese artista que todos quisiéramos tener en nuestro barrio y comunidad.

Él está ahí, presente con sus conocimientos y ejerciendo como actual párroco de la iglesia San José de El Poblado. Un tipo diplomático en sus palabras, centrado con cada frase, como esos chispazos que la filosofía deja a quienes pasan por sus escritos.

Gracias a esas habilidades, este sacerdote pudo construir iglesias tan representativas en Envigado como La Niña María (barrio Bosques de Zuñiga), Santa Bárbara de la Ayurá (Uribe Ángel) y la Santa Cruz de Alcalá, las tres con el sello arquitectónico del padre Eduardo: el barroco.

Parroquia Santa Barbara de la Ayurá.

Al rescate del patrimonio
El valor de lo antiguo se pierde entre las nuevas generaciones, un reto que ha tenido que enfrentar este párroco en sus casi 50 años de trayectoria religiosa. “Es como si nos diera pena ajena de nuestro patrimonio y destruimos la arquitectura como si nada pasara. Por ejemplo, en Envigado ya muy poco se conserva, solo para darle paso a lo comercial, al cemento y a las vías. El propósito con esta arquitectura, también, es que los jóvenes conozcan y se acerquen más a su historia”, explica el padre Eduardo.

Y este objetivo se ha venido logrando, especialmente con las parroquias Niña María y Santa Bárbara de la Ayurá, cuya arquitectura se define como un neo-barroco hispanoamericano, estilo que se ha acercado más a los feligreses.

“Hay jóvenes que se muestran sensibles frente al arte, no solo de este tipo sino también en la música y las artes plásticas, eso ha hecho que se hayan acercado más a estas parroquias para contemplar todo su componente artístico. Sin embargo, el reto sigue muy grande porque nos falta sensibilizar a nuestros niños y jóvenes con estos temas históricos”.

Frente a sus construcciones y modos de percibir el patrimonio, Eduardo Toro también ha recibido fuertes críticas por parte de los llamados popularmente como parroquianos. “Cuando tuve que intervenir a la Niña María, un señor me dijo que yo estaba destruyendo la iglesia del barrio. A pesar de esa percepción continué con el proyecto y le dije a esa persona lo siguiente: Vea, hombre, le voy a hablar muy crudamente, pero así es la realidad. A la gente si le dan popó, pues popó come. Si después llega otro y les da un manjar, dicen no… mejor el popó. Nos acostumbramos a lo maluco“, agrega el sacerdote.

Cuando la Niña María y las otras iglesias en mención tuvieron su propia cara, las personas del barrio no se cambiaron por nada. Hoy en día viven orgullosos de sus parroquias.

Con lápiz y papel…
Por su labor en el sacerdocio, el padre Eduardo no tiene mucho tiempo para ejercer la arquitectura, pero siempre saca el ratico para plasmar su talento en el papel. “Además de dibujar también me gusta mucho trabajar la pintura y escultura. Es una pasión que siempre he tenido por el arte en general. Ya por el tiempo tan reducido no hago muchas cosas, pero el gusto está ahí”.

Es modesto y no le gusta mucho hablar de sus creaciones y de la percepción que tienen los vecinos de su trabajo como párroco, pero sabe que ha tenido una especial acogida en los sectores donde ha estado. “Los que más me conocen saben de mi faceta artística, pero es algo que no ando predicando de aquí a allá. Las redes sociales se encargan de eso (risas)”.

Asegura que ya no está para trabajar más en proyectos de arquitectura en la ciudad, pero que sí espera que los nuevos profesionales le brinden lo mejor a la comunidad. “Esto conlleva a que las personas puedan estar en un mejor lugar en cuanto a diseño y predicación para que hayan criterios claros de lo que son las iglesias, especialmente entre gente tan sensible con los detalles arquitectónicos. Es así como podrán sentirse en su propia casa”.

Uno de los arquitectos que más admira el religioso es Luis Barragán, un mexicano que con sus diseños se apropió de la cultura del “país manito” y quiso que las nuevas generaciones no perdieran el amor por su tierra. “Tenemos que conservar ese cordón umbilical que una la modernidad con nuestra historia. No se puede hacer nada nuevo sin conocer lo que ya se hizo. Por eso mi admiración por Luis Barragán, quien hace unas creaciones modernas maravillosas, pero basadas en la cultura colonial mexicana”.

Además de ser un personaje reconocido en El Poblado, el padre Eduardo también tiene su marca en el municipio de Envigado, donde estos tres templos hacen alarde del talento que él le ha brindado a esta forma de construcción. “Si yo fuera un artista, pues estaría dedicado de lleno a ese oficio, pero tengo una misión como sacerdote que me lo impide… pero, no crean, acá sigo diseñando, esculpiendo y dibujando como más me gusta”.

fuente: periodico El Tiempo. https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1960159
Por:
 ANDRES FELIPE CANO 10 de julio 2005 , 12:00 a.m.

Entre misas y horas nocturnas en su taller reparte su tiempo el padre Francisco Eduardo Toro, párroco de la capilla la Niña María del Barrio Zúñiga de Envigado, quien ha realizado obras como la Virgen de La Candelaria, de la Estación Parque de Berrío del Metro; un mosaico sobre los misterios del rosario, en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Itagí y esculturas de la Madre Laura y el Padre Marianito.

Este párroco nacido en Salgar, pero criado en Envigado, sintió desde pequeño su vocación sacerdotal y artística, mezcla que comenzó desde su bachillerato en el Seminario Menor de Medellín. Entre sus estudios figuran el Seminario Mayor, donde se ordenó en 1972, una especialización en pintura y arte sagrado dictada por un benedictino catalán; otra en iconografía paleocristiana en el Instituto de Arqueología Paleocristiana de Roma (Italia) y un curso sobre figura humana, en el Instituto de Bellas Artes de la misma ciudad.

Trabaja técnicas como la escultura en bronce a la cera perdida, modelado en arcilla y talla en madera, además del dibujo, la aguada y el mosaico; pero sus preferencias son el dibujo y el modelado en arcilla.

Entre sus obras se encuentran cuatro esculturas de Cristos desnudos, que están distribuidos en el Museo de Arte Religioso de Santa Marta, su residencia y algunas colecciones particulares. Aunque reconoce que estas obras causaron una reacción negativa por parte de un obispo, el padre reitera que sólo buscaba mostrar como el Señor asumió la humanidad nuestra totalmente y como esa humanidad está llena de santidad.

El arte no es pecado.

“Existen personas eclesiásticas y no eclesiásticas que son moralistas, que piensan que no hay pecado si las figuras están cubiertas, pero que si están destapadas hay pecado. Creo que el arte nunca se puede mirar desde el punto de vista del pecado, sino que hay que mirarlo desde el punto de vista de una creación y esa creación une al artista con Dios, quien no creó al hombre vestido sino desnudo, tanto que todos salimos desnudos del vientre”.

A pesar de esa opinión adversa, el párroco continuó con su labor y, aunque su temática no se basa en el desnudo, reconoce que lo ha estudiado bastante, y aclara que es obediente con los obispos. Dice que si tiene necesidad de expresarse por medio del arte, debe escuchar un llamamiento que viene por vocación y el cual no puede frustrar.

“Pintar la figura humana desnuda es una meta que debe proponerse todo estudiante de arte, porque es allí donde se resume toda la naturaleza, todo lo que se ve, porque llegar a dominar en términos de dibujo la anatomía humana es llegar prácticamente a una meta de mucha perfección”.

Aunque asegura que a mucha gente le parece difícil que mezcle dos actividades como evangelizar y pintar, considera que las mejores predicaciones las realiza desde la pintura, más que desde la palabra, y recuerda que mucha gente lo busca porque sus vidas han cambiado, a partir de la observación de un rostro de Cristo que él mismo pintó, en la Iglesia de la Santa Cruz de Alcalá.

De igual manera, cree que con su trabajo artístico puede llegar a catequizar más que sus compañeros sacerdotes, quienes se limitan a la hora o media hora que tienen para predicar, mientras que su obra de día y de noche está hablando.

“Espero llegar a comunicar y evangelizar más con el trabajo escultórico o pictórico que pueda hacer, porque pintar y esculpir es como la esencia misma de mis capacidades.

Por otro lado, lo que busco es comunicar quien es el Señor y evangelizar por medio de la imagen, con la cual se puede leer con más posibilidad de entendimiento que con las mismas palabras”, concluye.