El coleccionista admirador de Cosiaca: Enriquito Henao

Fue un importante coleccionista de música antigua, de los primeros y reconocidos de la ciudad de Envigado. Tuvo varios bares que dinamizaron la cultura musical del Envigado y enriqueció con la adquisición de discos de artistas, conjuntos  y géneros. He aquí algunos:

El Bar Benitín ubicado en las afueras de la empresa Rosellón con un billar, doce mesas y un piano M100 para cincuenta discos tocados por lado y lado (Alberto Burgos Herrera Cafés, Bares y música en Envigado, página 20). Allí se escuchó la mejor música de antaño: Lydia Mendoza, Alfonso Ortiz Tirado, Las Hermanas Padilla, Margarita Cueto, Tito Schipa, Briceño y Añez. En diciembre ponía la música de Guillermo Buitrago, Los Trovadores del Recuerdo, La Orquesta de Lucho Bermúdez; aunque también las voces líricas de Enrique Caruso, Beniamino Gigli o Carlos Julio Ramírez.

Otro Bar fue El Porteño, en el barrio Obrero y alusivo al puerto de la ciudad de Buenos Aires (Argentina) donde sonaba más los tangos, aunque también la campirana mexicana, la antigua y la colombiana andina. Por la fama del sitio hacia que vinieran gentes de Medellín,
Caldas e Itagüí.

El Bar Discoteca al frente de la Plaza de Mercado, tenía cuatro billares, diez mesas y un piano M100, y a igual que El Porteño, venían personas y coleccionistas de otras regiones a escuchar la música de Enriquito, pues para todos era el máximo coleccionista de Antioquia. Otro sitio fue un café llamado Músico Bar, entre la calle 37 y la carrera 40.

El Balcón o Voces del Recuerdo (en el «Guayaquilito», por la plaza de Envigado), uno cerca al parque, otro llamado Voces del Ayer, saliendo para Medellín cerca a Comfama, y el último en el sector de Rosellón llamado Bar o Salón Cosiaca, un bar que tenía un billar, cuatro o cinco mesas y un piano M100 de cincuenta discos. A igual que en los otros bares se escuchaba su extraordinaria discoteca “donde después de un tango raro de Carlos Gardel se oían Los Madrugadores, luego un vals de la Orquesta de Francisco Canaro y se remataba con una melodía napolitana de Beniamino Gigli. 

Cosiaca era un personaje que admiraba Enriquito, como le decían sus amigos. Siempre en sus negocios ponía dos retratos: el de Beethoven, famoso músico y compositor alemán y, Cosiaca,  el famoso humorista de Envigado, pues decía que era interesante pensar en ese dialogo entre dos portentos, uno de la música y otro del humor.

Enriquito era un gran aficionado al juego del billar, aca con Alonso Mejía. Archivo Alonso Mejía.

En sus salones decoraba las paredes con fotografías de algunas de las figuras destacadas de la canción de antaño como Juan Pulido, Ortiz Tirado, Juan Arvizu, Valente y Cáceres, Tito Guizar, Lydia Mendoza. Varios de ellos fueron pinturas de Raúl Piedrahíta, además de otros personajes típicos del pueblo envigadeño como Gavilán, La Paloma y Julia Talegos.

Igualmente, Enriquito puso sus trofeos de billarista y las menciones y premios de los históricos concursos de coleccionistas. “A un lado de sillas y mesas estaba el billar profesional marca Champion. Y es que Enriquito tuvo tres grandes pasiones que llenaron su vida, quizá como sustitutos a la ausencia de afectos: coleccionar discos, el billar -disciplina en la que se destacó como campeón de carambola libre- y las aves canoras. Estas aficiones las complementaba con la cacería y la pesca” (crónica de Gustavo Escobar Vélez, Los discos de Enriquito Henao, en eterno luto, Periódico El Colombiano, domingo, 28 de julio de 1996).

Cronica de Gustavo Escobar Vélez, 28 de julio de 1996, en el Periódico El Colombiano. Archivo Gustavo Escobar.

En su “músico bar” se jugaba además de billar, ajedrez, cartas y domino. Se hacían tertulias con amigos como Garrote (“mensajero de Mao Tse Tung), Alfonso Martínez (dueño de una cultura musical y literaria envidiable), Miguel Correa Sánchez (le decían La Vaca, dueño del bar El Sestiadero en el municipio de Caldas y aficionado a la música antigua), León “Bizcocho” Acosta (otro coleccionista destacado) y «El Barbas» Hernán Morales. El bar musical de Enriquito fue un referente cultural de Envigado al lado de otros como el Bar La Yuca de Orlando Mesa y de la Puerta del Sol.  Otros coleccionistas también se aparecían por allí para apreciar los discos de 78, intercambiar o tertuliar de música como Francisco Londoño “Pescadito”.

Con su querida idolo: Lydia Mendoza. Fotografía Archivo Gustavo Escobar.

Fue un admirador de la cantante mexicana-estadounidense Lydia Mendoza, y estuvo en el homenaje que se le hizo en tierras antioqueñas al lado de otros coleccionistas como Gabriel Ochoa, Horacio Villa y Francisco Londoño “Pescadito”. “Visitaba los negocios de sus colegas: a Rubio en Copacabana, Roberto Mejía y Gustavo Arteaga en Medellín” (Ibid. crónica de Gustavo Escobar Vélez).

Otros ídolos de la música que Enriquito admiraba fueron el tenor mexicano Alfonso Ortiz Tirado, Margarita Cueto, Octavio Mass Montes, Agustín Lara, Silvio Spaventa, entre otros.

fotografía de Enriquito, tomada del libro de Alberto Burgos Herrera Cafes, Bares y música en Envigado, página 19.
Visita de Lydia Mendoza y sus admiradores entre los coleccionistas en 1980: Gabriel Ochoa, Horacio Villa, Pedro Baena y Francisco Londoño “Pescadito”. Fotografía: Archivo de Gabriel Ochoa
Lydia Mendoza, fue una guitarrista y cantante estadounidense de estilo Tex-mex, norteño, y de música tradicional mexicano-estadounidense. Fue conocida como «La Alondar de la Frontera». Fotografía: Archivo de Gabriel Ochoa
Gabriel Ochoa con la famosa cantante mexicana Lydia Mendoza cuando visitó Envigado en 1980. Fotografía: Archivo de Gabriel Ochoa

Su afición por el coleccionismo le proviene de su padre que acostumbraba reunir monedas viejas y otros elementos viejos de hierro. Su casa paterna estaba ubicada en la calle de la fábrica Rosellón, donde existían varios negocios de cantinas, donde se molía música antigua continuamente y era frecuentado por los obreros y obreras. En ese ambiente nació su afición musical. De adulto tuvo varios negocios que enriquecieron su acerbo. Se dice que poseía una importante colección que provocaba envidia entre sus colegas y la cual tenía en parte exhibida en su traganíquel Seeburg M-100. Incluso era muy celoso de ella como comentan varios de los que lo conocieron como Gabriel Ochoa, Luis Arango y Guillermo León Hernández «Kaiser» del municipio de Caldas:

“Era un coleccionista ideático, si ponían tres o cuatro veces el disco en el piano, lo saca porque decía que se lo rayaban. Si alguien llegaba con ruana a su establecimiento, se la hacía quitar porque creía que tenía una grabadora por debajo”.

Gabriel Ochoa, el coleccionista del sector El Salado, trae una anecdota sobre ese aspecto:

«¿Es verdad que Enriquito era tan quisquilloso que si alguien entraba de ruana al local, lo esculcaba para haber si le iba a grabar la música? Es verdad, en el año 1972, Luis Arango, Delio Ochoa ( su hermano) y yo que éramos muy aficionados a la música y nos gustaba grabar. Una vez fuimos en diciembre al bar Voces del Ayer, donde tenía todos los pájaros, habíamos cobrado la prima de Coltejer, que eran 25 y 30 pesitos. Delio llevaba la grabadora, y le dije: vamos a echarle a un disco para que le pongas la grabadora, recostada contra el piano, que no lo hemos podido conseguir nunca, los Diez mandamientos de Juan Pulido y la canción de Lydia Mendoza y familia llamada Las Violetas. Habíamos comprado media de aguardiente y media de ron, y Enriquito estaba muy contento. Entonces le echamos 10 centavitos al piano. El se dio cuenta que lo estábamos grabando. Y ahí mismo le pego una patada a la grabadora y fue a parar a la calle. Delio que estaba muy prendido y era muy bravo, y que esta en estos momentos en silla de rueda, le dijo: -no era para tanto, no tenías porque tirarme la grabadora, yo creía que se podía grabar ese disquito, pero no es problema, ¿cuanto vale?, -dijo: es muy sencillo vale 5 pesos cada uno. Llegó Enriquito saco el de Juan Pulido y cuando fue a sacar el de Lydia Mendoza, le dije, usted no me lo saca, de pronto me lo raya, ya le pague los 5 pesos, haber yo saco el disco que me lo voy a llevar”. Ese fue el problema con él, porque no se lo deje sacar porque sabía que me daña el disco, porque el disco que no podía conseguir, él lo dañaba».

Otro amigo Gustavo Escobar Vélez también evoca a Enriquito:

“Lo conocí recién llegado de Cali, en 1970, en el negocio Músico bar, localizado en aquel entonces diagonal a la plaza de mercado. Tenía 25 años. Una vez que me paré afuera a observar el lugar, a Enriquito le llamó mucho la atención que yo observara bastante los cuadros, entonces me invitó a entrar, cuando vi el traganíquel me emocioné mucho porque ya estaba muy metido en la investigación, y el amor a la música vieja. Le caí muy bien, y se sorprendió de que a mí tan joven me estuviera gustando esa música, luego empezó a mostrar los discos, sin dejarme tocarlos”.

El 15 de junio de 1996 Enriquito fue asesinado en su bar Cosiaca, en la misma casa donde vivía con sus hermanas, era separado y tenía un solo hijo. No es claro el motivo. Tuvo un criadero de palomos exóticos y gallinas, era aficionado a la caza y la pesca. Muy cuidadoso en su vestir, y de un gusto refinado en la música, con un contraste asombroso -dice Gustavo Escobar- le gustaba la música norteña que llaman guasca como las hermanas Padilla, los madrugadores, Lydia Mendoza y a la vez de las grandes voces de la lírica.

Con la muerte de Enriquito se fue parte de la tradición del patrimonio musical de Envigado, al decir de Gustavo Escobar:

“Compartió conmigo horas gratas e inolvidables escuchando orquestas famosas y voces mayores de antaño, clásicas y populares. Enriquito, yo sé que me perdonaste el que no hubieras ganado el trofeo en el último concurso (La Planta, Caldas) hace unos años. En esa ocasión no ganaste, pero, en cambio, ocupaste y ocuparás el primer lugar en la memoria de quienes te conocimos” (Ibid. Crónica de Gustavo Escobar)

Gabriel Ochoa comenta: «Un disco que no tuviera él y tuviera otro, y que no lo vendiera, lo mandaba a robar o quebrar, recogió toda la música en el Salado, en Sabaneta, por la Loma del Chocho, en Copacabana, en donde hubiera piano que tuviera música, bregando que le vendieran, haber que conseguía, de todas formas lo considero el Papa de todos nosotros los coleccionistas» (entrevista sep 22 de 2022).

Ubicación del Musico Bar de Enriquito en Envigado. Fotografía Archivo: Gustavo Escobar
Firma autografa de Enriquito, Fotografía Archivo: Gustavo Escobar

Fuentes: Entrevistas a Gabriel Ochoa, Luis Arango, Guillermo León Hernández, Gustavo Escobar Vélez.

Libros: Alberto Burgos Herrera Cafes, Bares y música en Envigado.

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Un comentario

  1. Cosiaca Fue un excelente humorista. Hay muchos cuentos de él y Pedro Rimales. Yo desde muy pequeño escuchaba muchos cuentos de arrieros y otras personas. Aún cuentan todavía. No se sabe en verdad si estos dos personajes existieron de verdad o acaso sólo eran sólo cuentos. En Santo Domingo hay un lugar donde hay un negocio llamado Pedro Cosiaca y Pedro Rimales y habian unos cuadros en lugar alusivos a estos personajes. Siendo yo aún menor de edad y mi tío tomaba cerveza en ése lugar yo me sentaba en la acera a esperarlo a que se tomará las cervezas y luego nos íbamos para la finca que quedaba llegando a San Roque.

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