el cine en Envigado

El miercoles 8 de junio, en el auditorio de la Casa de la Cultura Miguel Uribe Restrepo, se llevó a cabo un encuentro con Guillermo Santamaría, proyeccionista y telonero, y Luis Guillermo Correal, miembro de varios cines club locales, para hablar y recordar momentos del cine en Envigado. Recordemos que la semana anterior Guillermo Santamaría había expuesto sus dibujos de cine, en el hall de la alcaldía, en una muestra interesantísima para la historia de Envigado, sus habitantes y su impacto en la mentalidad local.

Toda la rica experiencia de Guillermo Santamaría viene de su padre que trabajó durante más de 45 años en el teatro Colombia de Envigado. Guillermo también además de proyeccionista, fue telonero, hacía los grandes afiches que ponían al frente de los teatros como en los teatros El Cid o El Lido, afiches de ocho metros, en tela costeña, eran pintados a mano. También de su padre aprendió a manejar las maquinas, lo que le permitió desempeñarse en los teatros de Medellín, reemplazando a los operadores en sus días libres.

Su familia estuvo involucrada con el cine, porque además de su papa y él, su hermano trabajo en los teatros de Medellín como el de Oviedo y la hermana gerente de cine colombia. Fue «una familia de película» como bien lo dice. El tema de la cena era sobre cine, «¿cómo le pareció tal o cual película? que hueso tan horrible…»

Comenta que le toco estrenar en el teatro municipal las peliculas: titanic, harry potter, el señor de los anillos, y eran «teatros de combate», es decir, que las copias que traían debían ser repartidas entre los demás. un mensajero en bicicleta llevaba la copia, «eran seis bobinas de 20 minutos», eso pasaba más con las peliculas de estreno simultaneo. La censura era realizada por los curas, por ejemplo, el padre Pablo Villegas las veía en la mañana y recortaba las escenas que no le gustaban. A la película El Tigre de Bengala le tuvo que quitar una danza árabe porque le parecía muy vulgar. La censura llegaba de Bogotá, cuando cada película traía una carta, y en cada pueblo había un censor que supervisaba que se ejecutara. Las anecdotas se suceden en un frenesí de recuerdos de la mano de Santamaría.

Por ejemplo, cuenta que las primeras películas eran de nitrato de plata y se quemaban muy facil. La cinemateca de México se quemo hace unos años por esa razón. Por eso, los archivos filmicos deben tener unas condiciones precisas para preservar este patrimonio.

En los teatros de Envigado, en especial el teatro Colombia, continua Santamaría, se vió todo el cine méxicano. Cuando llegaron las películas norteamericanas a la gente no les gustaba, porque las tenían que ver con subtítulos. En los sectores de clase alta en ocasiones tenían la costumbre de filmar sus eventos sociales, pero tenían que ir a Panamá a que le revelaran el material. Así mismo, maquinas de ocho o super ocho, donde exhibían sus filmaciones. También estaba la clandestinidad de ver el llamado cine rojo o X, por las amenazas de ir a la carcel o ser excomulgado. Debían mostrar la cédula para certificar 21 años. Lo veían «cuatro o cinco viejos verdes» y armaban una reunión al son de unos aguardientes. Esas películas las vendía Santamaría padre. Ciertos curas veían por un hueco en el teatro y justificaban el fisgoneo, con el pretexto de ver «cómo confesaba a la gente». Según la película, mirar cuantos padrenuestros le mandaban. Correal recuerda que el padre julio guardó los recortes de los besos censurados.

Correal comenta que hicieron la bienal de cine en 1985 y 1987 con ayuda de Focine, y que el teatro municipal se inauguro en 1993, en la alcaldía de Jorge Mesa Ramírez. Hizo parte como asistente primero y luego como promotor del cine club llamado CINE OJO EN 1978. Empezó con cine francés y alemán, porque el Instituto Goethe traía las películas a Medellín y las distribuía a las personas que querían. Les mandaban una cartilla grande con un inventario de las nuevas películas del cine alemán o clásicas, y era gratis. «Simplemente nosotros teniamos que ir por ellas a Medellín. Era un cine muy fino, y con un trasfondo cultural, filosófico y crítico, para aprender a ver cine». Entre los asistentes había que recoger el dinero para pagar los pasajes con el fin de ir por la película. Entre los fundadores estuvieron Mauricio Correa, quien tuvo una librería y Olga Correa. Correal ingreso al club en la presentación de una película en el teatro El Dorado, llamada EL GOLPE.

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