daniel restrepo gonzález

 

Francisco Daniel Restrepo González nació en Envigado el 16 de febrero de 1932, hijo del doctor Francisco Restrepo Molina y de la institutora Graciela González Ochoa, hermana del doctor Fernando González Ochoa, ilustre filósofo, pensador y escritor envigadeño. Cursó sus estudios primarios en el Instituto Jesús María Mejía de Envigado, y los secundarios y eclesiásticos en el Seminario Conciliar de la Arquidiócesis de Medellín, habiéndolo ordenado sacerdote para esa misma Arquidiócesis monseñor Tulio Botero Salazar, el 31 de mayo de 1958.

Ejerció el ministerio sacerdotal en las parroquias de Fredonia y de Cisneros, en calidad de vicario parroquial; en la parroquia de San Juan de la Tasajera, en Copacabana, donde fungió como párroco y construyó el templo parroquial; fue párroco así mismo en Leticia, La Chorrera y Mirití en el departamento de Amazonas, región donde se desempeñó como misionero por once años. Lo que él considera como la mejor parte de su vida fue la dedicada al acompañamiento de niños, jóvenes e indígenas, a lo que dedicó su empeño, y por lo que da gloria a Dios.

Durante los años que laboró en el Amazonas dedicó su esfuerzo a la causa de la recuperación de las tierras, que eran en ese entonces propiedad de la nación, escrituradas a la Caja de Crédito Agrario Industrial y Minero, pues la nación hubo de comprarle los fundos comprendidos entre los ríos Caquetá y Putumayo a Julio César Arana, jefe de la infanda Casa Arana, caucherías que eran peruanas, y los indios, consiguientemente, no poseían una pulgada de tierra, llamándose ancestral e irónicamente “hijos de la madre tierra”. Gracias a la buena voluntad y buena gestión del señor presidente de la República doctor Virgilio Barco Vargas, se consiguió que les entregaran sus tierras en propiedad a los indios, en calidad de Resguardo, a través del INCORA, ¡siete millones de hectáreas! Logró implantar además el padre Daniel en el Amazonas la etnoeducación, contra viento y marea, y se dedicó ardorosamente a hacer que los indígenas se aceptaran como tales, y se sintieran orgullosos de su raza, de su sangre, de su lengua y de su cultura. En gratitud por la labor de recuperación de las tierras, un indígena de La Chorrera, llamado Ángel Kuyoteka Jifikomuy, noble y sabio, le regaló, escrita por él mismo en doce cuadernos de cien hojas, la MITOLOGÍA UITOTA, obra que publicó el padre Daniel en la editorial Lealón de Medellín, en 1997. Kuyoteka dedicó el libro así: “A Juzíñamui, Dios supremo. A Kïkïdabuinaima, Jefe de los mitos. A Noinuibuinaima, Príncipe de la tradición. Y al padre Daniel Restrepo, caudillo de la recuperación de nuestras tierras”.

Ha escrito el padre Daniel varios libros. Ellos son: El Doctor Francisco Restrepo Molina; San Fernando González, doctor de la Iglesia; Mensajes de Fernando González a los jóvenes de América; Fernando González, verdad, moral y Dios; La Historia chiquita del Seminario Menor de Medellín; Manual de convivencia del Seminario Menor de la Arquidiócesis de Medellín; Mis cuentos para muchachos; El padre Marianito; El padre Toñito; El padre Danielito; Los niños santos; Configurarse con Cristo Pastor; Reflexiones; La Virgen se llamaba María; Animales en la Biblia; Mohavá; La recta final; Fabulitas infantiles; Memorias de Tasajera; Memorias del Amazonas; Los indios de La Chorrera; Relatos de los indios; Versos, Affaniæ y Quijote sobre 13. Todos estos libros se hallan disponibles y pueden ser leídos con facilidad en la página WEB del Padre Daniel, cuyo link es: www.webpadargo.com .

Además de los libros anteriores, el Padre Daniel tradujo al latín doce de los veinticuatro libros del maestro Fernando González, su tío, y son éstos: El payaso interior: Mimus intimus; Una tesis: Thesis quædam; Pensamientos de un viejo: Vetuli cogitationes; Viaje a pie: Pedestre iter; Los negroides: Nigroides; El remordimiento: Remorsus; Nociones de izquierdismo: Ad lævam notiones; Salomé: Salome; Don Mirócletes: Domnus Mirocletes; El Maestro de escuela: Scholæ magister; El libro de los viajes o de las presencias: Liber itinerum vel præsentiarum; y la Tragicomedia del padre Elías y Martina la velera: Tragicomœdia Patris Eliæ ac Martinæ velarum opificis. Estas traducciones las realizó el Padre Daniel en agradecimiento a Fernando González, quien le regaló la Gramática Latina de Caro y Cuervo, cuando ingresó al Seminario Menor, en 1945, para que aprendiera latín.

Tiene el padre Daniel su página web, preñada de material interesante y abundoso. Allí podemos ver por ejemplo: Mis libros, Pinturas de mariposas, La película, Envigado, Cursos vocacionales, La Novena a la Niña María, el periódico juvenil Tiburcio, el periódico para niños llamado La Flauta, y la Homilía infantil, que abarca los tres ciclos litúrgicos A, B y C. ¿Y de qué trata todo esto? Quien abra dicha página, con el link arriba indicado, y lea atentamente, lo verá.

Como hay pícaros con fortuna, fue condecorado el padre Daniel por la Alcaldía de Leticia, Amazonas, en 1985, con la Medalla Monseñor Marceliano Canyes Santacana, en categoría de oro, por su aporte al Amazonas; y por el Honorable Concejo Municipal de Envigado con el Escudo de Envigado, también en categoría de oro, el 29 de noviembre de 2009.

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Apartes de algunas citas del Padre Daniel:    “Me preguntarán por qué afirmo que mi trabajo fue decisivo en la constitución del Resguardo de los indios del Amazonas, y que les conseguí siete millones de hectáreas. Les respondo:

Los indios trabajaron con denuedo y con buena voluntad y entusiasmo en pro de ese Resguardo desde 1979, pero nada lograron. Ellos eran “los pobres”, “los sin voz”, “los marginados”, impotentes para ganar una batalla contra los blancos y el poder. Pero, aunque débil y pobre, Dios me ayudó, me hizo fuerte, y les fui útil”.

Veamos cómo:

Los indios del Amazonas colombiano corrieron con buena suerte, digámoslo así, desde la venida de Cristóbal Colón en 1492 hasta 1900, tal vez por lo escondido de sus tierras. Lo que llaman “Descubrimiento de América” fue un atropello irracional y atroz, etnocidio y genocidio.

La primera visita foránea de que haya memoria en nuestra región amazónica fue la de Benjamín Larrañaga, pastuso que fundó a fines del siglo XVIII en las márgenes del río Igara-Paraná, en lo que hoy es Nof+k+, La Chorrera, “La Colonia Indiana”, para establecer caucherías.

Luego, hacia 1889, llegó de Iquitos, Perú, el infando Julio César Arana, y fundó la Casa Cauchera Peruana, más conocida como Casa Arana, en consorcio con Benjamín Larrañaga al principio, obteniendo más tarde el monopolio total de la empresa. Deportó muchos indios al Perú, esclavizó miles, y mató unos cuarenta mil, según lo atestigua el irlandés Sir Roger Casement, comisionado por el Foreign Office para establecer la verdad de las denuncias contra la compañía cauchera Peruvian Amazon Company, de capital británico, cuyo presidente era Arana. Casement reportó las atrocidades y brutalidades cometidas por la Casa Arana contra los indígenas de la región del río Putumayo, que eran los uitotos, los nonuyas, los muinanes, los andokes, los boras y los mirañas, en un documento conocido como El Libro negro del Putumayo. A partir de entonces la propiedad de las tierras quedó en litigio entre Colombia y El Perú. En 1922 se firmó el Tratado Salomón Lozano, que fijaba los límites actuales entre ambas naciones, pero en 1932 los peruanos atacaron militarmente el puerto de Leticia. En 1933 Colombia ganó definitivamente la guerra con la batalla de Tarapacá, en el río Putumayo, y pareció que advenía la paz.

En 1939, el gobierno de Colombia negoció la propiedad de las tierras con Julio César Arana y se las compró por doscientos mil dólares, con tal de que saliera del dicho predio, habiéndole entregado el Banco Agrícola Hipotecario cuarenta mil dólares como cuota inicial.

En 1964, Caja de Crédito Agrario Industrial y Minero (llamado comúnmente La Caja Agraria), le pagó el dinero restante a Víctor I. Israel, causahabiente de Julio César Arana, y se firmó en la Notaría 5ª de Bogotá la escritura pública 2880, quedando la Nación, en cabeza de la Caja Agraria, en dueña de los fundos amazónicos. ¡Recuérdese que se trataba de siete millones de hectáreas!

En 1975 el INCORA constituyó el Resguardo Indígena de los grupos andoque y uitoto de Monochoa y Aduche, en la margen izquierda del río Caquetá, a nivel de Araracuara.

En 1979 los indígenas de La Chorrera le pidieron a la División de Asuntos Indígenas la creación de un Resguardo. Firmaron el documento petitorio “los consejeros indios” Rafael Faerito, Ramón Giagrekudo y Víctor Martínez.

En 1982 reiteraron los indios su petición de Resguardo, pero se les respondió que el doctor Mariano Ospina Hernández, gerente general de la Caja Agraria se oponía, alegando que las tierras eran de propiedad de la Caja.

El 26 de marzo de 1982, le solicitaron los indios al INCORA la constitución de una Reserva Indígena. La respuesta fue negativa.

El 10, 11 y 12 de noviembre de 1982 los indios celebraron en La Chorrera “el día del Indio”. Allí manifestaron al gobierno el deseo de recuperar sus tierras, pero la respuesta fue contundente y negativa.

En 1983 los doctores Cámel Durán, y Eduardo Rozo, habiendo visitado la región, le pasaron un informe al INCORA solicitando de nuevo la creación de un Resguardo. Tampoco esto se llevó a efecto.

En 1984 el INCORA intentó constituir una Reserva, pero la Caja, a través de su Mariano Ospina nefando, lo impidió.

En 1986 comenzó la Caja Agraria a construir edificios en La Chorrera, pues quería trabajar con el chigüiro y el ceje; y, aunque inconclusos, los inauguró el 12 de julio, con la presencia del doctor Mariano Ospina Hernández y algunos funcionarios del gobierno.

Los días 11, 12 y 13 de octubre de 1986 se llevó a cabo el Primer Congreso Indígena de La Chorrera, presidido por Reinaldo Giagrekudo, Alejandro Teteye, Raúl Teteye y Gil Farekade. Participaron todos los indios del Predio Putumayo. En vano se habló de Resguardo.

El 12 de octubre nació el COIDAM, (Confederación Indígena del Alto Amazonas). En la misa, donde estaban los altos dignatarios de la Caja Agraria, el padre Daniel hizo una homilía sentida y contundente, donde planteó con toda claridad sus posiciones con respecto a las tierras de los indios, y ofreció su frente, (bien amplia por cierto), a las balas, en pro de la causa indígena. Todos los indios aplaudieron. Y hasta hoy lo recuerdan.

El Padre Daniel Restrepo, quien había llegado ese año de 1986 por segunda vez a La Chorrera, en calidad de párroco y director del Internado Indígena, apenas se percató de la existencia del conflicto de tierras, y de que los indios, que se han llamado por antonomasia “hijos de la madre tierra”, eran huérfanos. ¡Y a la lid! Ese mismo día le remitió una carta bravita al doctor Mariano Ospina Hernández, reclamándole las tierras para los indios, y él le respondió, bravito también, negándose rotundamente a entregárselas.

Se enviaron memoriales a la Caja Agraria y al Gobierno, y los hizo firmar. El Padre tuvo que recorrer dos veces el río Igara-Paraná, de cabecera a bocana, pesquisando las firmas de los indios; se remitieron multitud de cartas, se hicieron reuniones en Bogotá con el INCORA, con FUNCOL (Fundación Comunidades Colombianas), con el INSTITUTO AGUSTÍN CODAZZI, con varios Ministerios, con la División de Asuntos Indígenas, con los Institutos Descentralizados. Mientras tanto los artículos de prensa iban y venían…, hasta que advino el triunfo: ¡El 17 de octubre fue reemplazado el doctor Mariano Ospina Hernández por el doctor Carlos Villamil Cháux, en la gerencia general de la Caja Agraria, con la consigna expresa de entregarles la tierra a los indios!

El 15 de noviembre fue el doctor Carlos Villamil Cháux a La Chorrera, se reunió con los indios por la noche, les dijo que ellos no tenían una pulgada de tierra, pero que a la Caja no le interesaba tampoco tenerla. Y les prometió que muy pronto les serían entregadas como suyas. Alborozo general. Grandes aplausos. Para el 6 de diciembre ya estaban los indios organizados en Cabildos, exigencia del INCORA, según la ley 89 de 1890, con el fin de que hubiese una persona jurídica que recibiese los títulos de propiedad de las tierras y la posesión del Resguardo. ¿Y quién organizó a los indios en Cabildos? ¡Daniel Restrepo González! Esto es: el diablo haciendo hostias.

En febrero de 1987 el doctor Carlos Villamil Cháux les escribió a los indios que ya estaba tramitada la creación del Resguardo.

El 11 de diciembre el INCORA y la Caja Agraria negociaron las tierras. Se permutaron por $42.400.000 pesos colombianos.

Llamó telefónicamente el Señor Presidente Virgilio Barco al Padre Daniel Restrepo solicitándole el favor de tenerle organizados los indios del Predio Putumayo para el 23 de abril, pues iría con sus ministros a hacer entrega de las tierras a los indios, en calidad de resguardo con título de propiedad inalienable, inembargable e imprescriptible. ¡Creyó el Padre que estaba sonámbulo!

Y el 23 de abril llegó el señor presidentea La Chorrera, a hacer la entrega formal de las tierras y a dar por constituido el resguardo, mediante la Resolución 030 del mismo 23 de abril. Llegó con su esposa, sus ministros, el Gerente General de la Caja Agraria, el Gerente General del INCORA, los Presidentes de los Institutos Descentralizados y otras personalidades. El Padre Daniel recibió al señor presidente al bajar del avión, con un pasacalle duro que rezaba: “Entregar lo que se debe en justicia no es generosidad, sino hacer lo que hay que hacer”. El doctor Barco se le acercó, lo abrazó, y le dijo: “Lo felicito por peleador. Si no hubiera sido por su pelea, no estuviéramos en esta fiesta”.

El 28 de julio le escribió el doctor Manuel Ramos Bermúdez, jefe de Adquisición de Tierras del INCORA, al padre Daniel una carta donde le decía: “La historia converge hacia usted si de merecimientos y gratitud se trata”. Y el padre respondió: “Lo que digo en esta carta es toda la verdad, nada más que la verdad, y la digo, aunque, confesándolo y narrándolo, ofenda mi modestia. Abónemelo todo el Cristo que dijo: Venid, benditos de mi Padre, a poseer el Reino, porque tuve hambre y me disteis de comer, etc. (Mt. 25, 34 40), y que ni un vaso de agua que se brinde al más pequeño, se quedará sin recompensa (Mc. 9, 41). Y abónesele todo a la Iglesia, que en su nombre y por ella trabajé. Acuérdate, Dios mío, para mi bien, de todo lo que hice por este pueblo (Nehemías, 5, 19)”.

Nota final: El Padre Daniel Restrepo González falleció en Envigado el día 5 de septiembre del presente año (2017), a los 85 años víctima de una penosa enfermedad de la piel, adquirida durante su permanencia en las selvas Amazónicas, donde prestó sus servicios apostólicos por algún tiempo. Murió el día anterior de la llegada del Papa Francisco a Colombia, y fueron realizadas sus exequias en la Parroquia de Santa Gertrudis la Magna el día 6. Su cadáver permaneció en capilla ardiente en la Iglesia Principal de Envigado hasta las 3 de la tarde, hora en que se celebraron sus honras fúnebres. Éstas fueron acompañadas por un gran número de sacerdotes, religiosos y religiosas, de diversas comunidades, al igual que los miembros de su familia. El pueblo envigadeño y sus autoridades civiles se hicieron presentes para sus exequias dentro del Templo y rindieron un efusivo adiós a tan emérito hijo de éstas tierras. 

El Centro de Historia de Envigado, se une junto a la Administración Municipal, al pesar que nos deja el abandono de este mundo tan magnánimo personaje, y envía a su hermano el Padre Alberto Restrepo González, escritor y colaborador nuestro, al igual que a los demás miembros de su familia, nuestras sinceras notas de condolencia, por la pérdida de un ser tan apreciado en nuestro Municipio.

Henry Gallo Flórez, miembro de número del Centro de Historia de Envigado.

Datos tomados de su propia historia y facilitados por la amiga colaboradora Profesora Claudia Ossaba A.

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