Arriería y música en El Salado.

La ubicación de El Salado hizo del sector un paso para arrieros que transitaban con mercancías entre la zona rural y el casco urbano. La cultura de la arriería posibilitó que emergieran lugares de reposo para las bestias que ayudaban a los campesinos y recreación para los trabajadores que, luego de las arduas jornadas transportando leña, capote y carbón, deseaban escuchar música y tomar alguna bebida antes de continuar con su viaje. Una de las familias que se involucró en la creación y administración de estos lugares de paso fue la de Gabriel Jesús Ochoa Giraldo, un vecino del sector que ha habitado toda su vida en el barrio. Su padre adquirió varios bares en los cuales la música carrilera amenizaba la estadía de los arrieros, mientras que su esposa y el mismo Gabriel Jesús, a una corta edad, se encargaban de la comida y la bebida. Don Gabriel recuerda que “mi mamá me decía, yo por ahí con 7 años, mijo usted me ayuda a poner la música que llegaron los arrieros, que bajaban el carbón a Envigado al Monumento de la Madre, era la fábrica de acero, entonces bajaban el carbón, la tierra de capote, la leña, todo allá, y ya cuando subían se quedaban en la fonda, entonces nos encargábamos de echarle la harina de trigo, maíz y miel a las bestias.”1

Billar La Merluza, antiguamente el Bar El As de Copas

También estos lugares empezaron a ser frecuentados por melómanos que disfrutaban de la música carrilera, ya que en su mayoría todos estaba equipados con un piano en el cual se podía reproducir las canciones más emblemáticas de la música popular. Sobre la importancia de la música en el mundo de la arriería en El Salado comenta Gabriel Jesús Ochoa que “papá y mamá eran arrieros, tenían como ocho o diez mulas y tenían una fonda, más arribita del estadero de Miguel Cardona, una casa antigua y ahí tenía ella muchos cerros de música; a mi papá toda la vida le ha gustado la música, ahí comenzamos.”

Sitio tradicional y antiguo Cantina La Primavera, hoy es un granero. foto CHE

Sobre el tema de los pianos usados para reproducir la música, cabe destacar que uno de los personajes del barrio que sabía cómo realizarles mantenimiento a estos equipos de reproducción era Gabriel Velázquez. La familia Velásquez eran los dueños de un amplio terreno ubicado al frente de la Parroquia Santiago Apóstol, en el cual habitaban. Cuenta Gabriel Jesús Ochoa que “los Velázquez eran cinco hermanos, uno era relojero, el otro mecánico, el otro en Coltejer y las mujeres beatas, yo me mantenía con Gabrielito limpiando las piezas de los pianos en la casa vieja de ellos”

Uno de las cantinas más antiguas es La Primavera, que según el relato de don Gabriel existe desde hace 150 años. Además, cabe resaltar que en su momento fue una de las cantinas que mejor estaba equipada ya que contaba con dos pianos y se encontraba ubica da en la salida hacia la zona rural del municipio en donde se abastecían los viajeros antes de emprender su marcha. Esta cantina era ampliamente frecuentada por los arrieros que iban para La Catedra, San Luis y La Molina. Además, ahí mismo “había un tarro de miel, una caneca, de ahí sacaban la miel para los arrieros llevar, cogían cinco o diez kilos y se los llevaban.” En la actualidad aun posee su tradicional nombre, sin embargo ya no funciona como una cantina ya que se ha consolidado como un granero en el cual se puede conseguir diversos artículos y que abastece a las familias que viven en el sector. 

Otro de los lugares de recreación y que se estabeció como un punto de encuentro para los amantes de la música y la comunidad del barrio fue el bar el As de Copas. Narra el señor Gabriel Jesús Ochoa que el inicio de este bar se dio de la mano de un pastor, sin embargo, fue el hijo del pastor de nombre Tanael, el que le dio vida al lugar ya que era el guitarrista de una agrupación de música carrilera y

“tocaba la guitarra a toda hora y nos enseñaba, nosotros veníamos a verlo tocar.”  Luego, el bar pasó por varios dueños; se incluyen entre estos a Agustín Pareja y al hijo de Juan Molina, dos vecinos de Envigado.

Finalmente, en la década de 1980 fue adquirido por el padre del Gabriel Jesús Ochoa. Durante los años en que la cantina fue administrada por la familia Ochoa Giraldo este espacio fue ampliamente frecuentado por el club de atletismo que el mismo Gabriel Jesús había conformado, ya que cuando su padre le cedió la administración “me dediqué aquí a hacer las fiestas con el atletismo de las mujeres, yo hice un club de atletismo con diecisiete mujeres del barrio y participábamos en los intermunicipales en la década del ochenta y aquí en la cantinita yo les daba el uniforme, y a lo último la acabé, la vendí y me fui para las otras, acá se escuchaba música carrilera de Los Madrugadores y Las Padillas”[1] En la actualidad el nombre del bar ya no es mas el As de Copas, fue remplazado con el nombre de billar La Merluza y aun es un punto de encuentro para algunos de los mas antiguos habitantes del barrio.  

La Ultima Copa fue también una de las cantinas más emblemáticas de El Salado. Sin embargo, esta tiene la particularidad que compartía sector con otras dos concurridas cantinas que se consolidaron allí mismo; estas eran Playa Rica y La Silga las cuales llegaron a ser administradas por la familia Ochoa Giraldo al mismo tiempo. Así lo recuerda Gabriel Jesús Ochoa Giraldo: “Yo manejaba la Ultima Copa, que me la había arrendado Miguel Cardona, mi papá manejaba Playa Rica y La Silga se la dio mi papá a Jairo con un piano 1100, al menor hermano mío. Mi papá nos surtió a todos, nos ayudaba, luego vendió Playa Rica a Guillermo Arcila”[2]

Bar La Última Copa, desde 1948. De los pocos lugares que aún se conservan.

La Ultima Copa se apuntaló como uno de los lugares más frecuentados por vendedores y arrieros, además de poseer el sello distintivo de las cantinas de El Salado: la música. Sobre esto don Gabriel comenta que “La Ultima copa tenía muchos cerros de música, ahí había un piano 800, en cambio mi papá tenia un m100 de 50 discos y otro de 24 discos en la sala […] Cuando uno manejaba esto las mulas llegaban a la Ultima Copa y eso era un negocio muy grande puro salvado, maíz, miel y eso era venda y compra café, todo lo que bajaban de la montaña lo comprábamos y vendíamos todo, asoleábamos el café al aire libre y le vendíamos a la federación. Nosotros abríamos desde las siete hasta las doce de la noche.”[3] En la actualidad las tres cantinas del sector que anteriormente le servían como lugar de descanso a los arrieros aun funcionan. Tanto Playa Rica, La Silga y la Ultima Copa atienden a transeúntes y viajeros, sin embargo ya los emblemáticos pianos que reproducían la música carrilera fueron remplazados por equipos modernos y las mulas fueron cambiadas por los taxis que a veces parquean allí. 

La Silga, de bar a tienda mixta.

[1] Entrevista a Gabriel Jesús Ochoa Giraldo, recuperada de:

https://www.youtube.com/watch?v=6CWIsU4tCsI&ab_channel=CENTRODEHISTORIA DEENVIGADO

[2] Entrevista a Gabriel Jesús Ochoa Giraldo, recuperada de:

DEENVIGADO

[3] Entrevista a Gabriel Jesús Ochoa Giraldo, recuperada de:

https://www.youtube.com/watch?v=6CWIsU4tCsI&ab_channel=CENTRODEHISTORIA DEENVIGADO

Fuente: Entrevista a Gabriel Jesús Ochoa Giraldo, por el Centro de Historia, julio 2022.

Total Page Visits: 61 - Today Page Visits: 1

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.